Macedonia prenacional

22/01/2019

Lo de Sarajevo en 1914

He agarrado el The Balkans de Mark Mazower que leí el año pasado para un rápido intercambio tuitero a propósito del cambio de nombre de la República de Macedonia, que se supone que pronto será Macedonia del Norte.

El interés con que adquirí esta edición de bolsillo que acabé leyendo en el bus era el de averiguar cuánto podría aprender sobre una región relativamente extensa y compleja de Europa en un volumen de apenas 150 páginas. Mi suposición era que bastante poco y como en tantas otras ocasiones minusvaloré mi ignorancia.

Por ejemplo hay un capítulo, el segundo, dedicado a la situación de la zona “antes de la nación”. Y tiene fragmentos bastante interesantes como el que lo inicia:

A principios del siglo XX los patriotas griegos y búlgaros luchaban por la lealtad de los campesinos cristianos ortodoxos de la Macedonia otomana. Resultó ser más difícil de lo que habrían podido esperar. Un activista griego lo describió así “Cuando llegué a Salónica la idea de los campesinos griegos y la gente sobre la diferencia entre la iglesia ortodoxa griega y los cismáticos búlgaros era bastante poco sólida. Me percaté de esto porque cuando les preguntaba a ver qué eran – Romaioi (griegos) o Voulgaroi (búlgaros) – se me quedaban mirando con cara de no entender nada. Se consultaban entre ellos para ver qué era lo que querían decir mis palabras y haciéndose cruces me respondían con ingenuidad: “Bueno, somos cristianos… ¿qué es eso de romaioi y voulgaroi?”

En otra parte del mismo capítulo se explica que la palabra romaioi (romanos, en el sentido de habitantes del Imperio Romano de Oriente) se utilizaba para describir a los griegos ya que la antigua palabra “helenos” había pasado a significar algo así como paganos. En otro párrafo del mismo capítulo se comenta que hasta el siglo XIX “turco” era una forma despectiva de referirse a los campesinos de Anatolia “ningún musulmán dice de sí mismo que es turco, llamárselo es un insulto”.

El caso es que como explica el autor:

La indiferencia de los súbditos cristianos del Sultán ante las categorías nacionalistas refleja su sentido de pertenencia a una comunidad definida por la religión en la que las diferencias lingüísticas entre griegos y búlgaros importaban menos que su creencia compartida en el cristianismo ortodoxo. Estos encuentros marcaron el momento en que los heraldos del moderno concepto de política étnica llegaron al medio rural y se encontraron con un mundo prenacional.

Y esto queda ilustrado con la apatía que recibe como respuesta de los lugareños de los alrededores del lago Prespa un activista búlgaro llamado Danil que trataba de explicarles que siendo búlgaros deberían tener sacerdotes búlgaros y oír misa en esa lengua, a lo que ellos replicaban que muchos hablaban griego y que además la liturgia la conocían en griego. Para la frustración del militante las gentes del lugar ni sabían que eran búlgaros ni que deberían tener clero búlgaro. Ni les importaba.

Y esto me ha traído a la memoria un programa de la BBC que estuve escuchando unos días después de que Tsipras y Zaev llegaran al acuerdo que se ha llamado precisamente del lago Prespa. El mundo prenacional de identidades fluidas es complicado de entender para mucha gente desde uno en que el que ya están solidificadas. Macedonia era una zona de colisión y mezcla de culturas (no es por nada que el postre se llama así) e incluso a partir de 1913, una vez que las fronteras se consolidaron haciendo que las preguntas de los nacionalistas pasaran a ser comprensibles para los paisanos (y otras cosas como que los dialectos búlgaro y macedonio se consolidaran por separado) ha seguido habiendo eslavos y albaneses en la República Helénica (y el reportaje de la BBC trata entre otras cosas macedónicas de la exclusión de los primeros).

La próxima vez que me dé por traducir un par de párrafos de este libro introductorio será también sobre la fluidez de la identidad pero en el ámbito religioso, episodios parecidos a los que alguna vez copié de un libro de historia de Kosovo.

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La caravana avanza

16/08/2014
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Portada

Un poco de lectura ligera, que estamos en agosto. He encontrado algunas gangas en literatura de viaje y estoy dándoles curso. Por ejemplo, esta historia de viajes y antropología del turco İrfan Orga radicado en el Reino Unido y que vuelve a su país para encontrarse con el grupo etnotribal de los Yürük o Yöruk, nómadas de los montes Tauros y otras partes de Anatolia y los Balcanes (Bulgaria, Macedonia) que hoy en día no se diferencian tanto del resto de la sociedad turca, pero que en el mundo preindustrial mostraban diferencias significativas que no tengo claro hasta qué punto se pueden considerar étnicas, regionales, nacionales o qué. Volvamos a poner la imagen de los charcos de Gellner. Entiendo que la posición de los yürük con respecto a la mayoría de su país a principios del siglo XX podía ser análoga a la de los bereberes en Marruecos y en el fondo no tan distinta a la de los hurdanos cuando Luis Buñuel fue a rodar “Las Hurdes, tierra sin pan”.

The Caravan Moves on (La caravana avanza) es el título de este libro escrito en 1958 y del que no hay traducción al español. No está claro cuándo se produjo el viaje del autor, aunque en un momento hable de treinta y dos años de república y eso lo pondría en 1955, pero según su hijo que escribe el epílogo la fecha es imposible. Otras veces se habla de “cuarto de siglo de modernización”. El viaje comienza en Esmirna y sigue por Afyon, Konya y Meram hasta Karadağ en los montes Tauros, donde se encuentran los yürük.

Orga (1908 – 1970), residente en Londres desde los años cuarenta ofrece una mirada interesante a la vez que infrecuente en los libros antropólogicos y que me es especialmente cara. No es la mirada del extranjero que llega y compara, ni la mirada del erudito del lugar que explica porque conoce, sino la mirada del que regresa. No sólo está la percepción de haber vivido en diferentes espacios geográficos, sino la de haber vivido diferentes sistemas y eras, nacido en los estertores del califato otomano, formado en los albores de la Turquía republicana y emigrado a Occidente después, todas las perspectivas hacen que su modo de escribir, sin sobreentendidos, resulte comprensible al lector que mira la Turquía de los años cincuenta desde esta parte nuestra del mundo. A uno le dan envidia los escritores que se desenvuelven con soltura en una lengua que no es la que aprendieron de niños. Orga no es precisamente Conrad y según se explica en epílogo la prosa está revisada por su esposa, oriunda de Wicklow cerca de Dublín.

Respecto a los yürük de aquel tiempo, que casi nada tendrán que ver con los actuales, nada que sorprenda en demasía: Superstición, curanderismo, atraso, ausencia de ciencia e industria, repetición reiterativa de rituales, carencias materiales, consideración de la mujer como propiedad, importancia desmedida de la vestimenta y los modos de preparación de los alimentos, venganzas tribales, crímenes “de honor” y todas esas cosas que hoy nos horrorizan en partes del mundo islámico, pero que en el fondo en nuestras sociedades occidentales también han prevalecido hasta anteayer y que aunque hoy sólo algunos grupos como los gitanos conservan durante la mayor parte de nuestra historia han sido los valores mayoritarios para casi toda la población.

Más allá del exotismo apreciable en que para intentar curar una herida los chamanes soplen sobre ella cuarenta y una veces y media (sin que nadie conozca la razón del número) o que la forma de que una moza casadera exprese su enamoramiento sea colocar su cuchara apuntando hacia el exterior de la mesa para indicar que ya le corresponde comer en la mesa de otro, en el fondo su cultura está compuesta de trivialidades tribales que el mundo no habrá llorado tras su desaparición. Hay a quien le encanta el mito del buen salvaje y ve en estas comunidades “naturales” un modo de vida sencillo y puro que a mí no me parece más que opresión hacia el individuo. No es que se pueda hacer demasiado por forzar el ritmo de su adaptación al mundo moderno y a valores liberales, pero a diferencia de la mayor parte de la gente que se molesta en leer antropología y estas cosas, la “desaparición” de estas culturas no me parece ningún drama y sí un gran avance que seres humanos que nacen en un entorno específico no se vean condenados a vivir como sus antepasados y tengan acceso al desarrollo económico y la libertad.

Tauros