Homo Deus

16/04/2017

Una huella digital con un chip

 

Aunque tras acabar Sapiens dije que seguramente no lo leería, no pude resistirme a adquirir el Homo Deus de Yuval Noah Harari. Empecé con ello un día soleado en un parque del que nos echaron los empleados municipales a causa de una visita de Estado que nunca ocurrió. Luego las visitas familiares me han empedido concluirlo con diligencia. El libro es bastante diferente a lo que el título parece prometer, que suena a bioingeniería y transhumanismo y cosas de esas que le preguntan luego en las entrevistas.

Todas esas cosas las veo bastante más lejanas de lo que el autor sugiere (ni 2100 ni leches, y esa predicción que toma de Frey y Osborne con la probabilidad de que determinadas profesiones desaparezcan para 2033 – 99% telemárketing, 98% árbitros deportivos, 89% panaderos… me parece bastante ridícula), pero está claro que habrá mucho de automatización y de sustitución del ser humano en tareas, aunque me parece que no será ni tanto ni tan pronto. Íbamos a llegar al año 2000 en platillo volante y vestidos con papel de alumnio y ahora esto. De hecho, el propio Harari parece no creérselo mucho tampoco y hasta mete un interesante fragmento sobre Marx y la imposibilidad de predecir la Historia. En fin, que en 2033 espero seguir por aquí y poder corroborar mi acertada intuición.

Pero este libro hay que leerlo no sólo por lo que promete y no cumple sino por las pequeñas cosas que enseña. A mí me gustan mucho las anécdotas y una muy famosa y seguramente apócrifa que había visto atribuída a Einsten y Bertrand Rusell y anónimas bellezas nórdicas aparece aquí protagonizada por Anatole France e Isadora Duncan. Es aquella en que la dama plantea al docto varón que deberían tener un hijo “¿se imagina que tuviéramos un hijo, con mi belleza y con su inteligencia?” a lo que el caballero responde “¿se imagina usted que saliera con mi belleza y con la inteligencia de usted”?. También tiene por ahí una de mis favoritas de ciencias políticas, la del jerarca soviético que pregunta “¿quién se encarga del abastecimiento de pan a la ciudad de Londres”?. La sorprendente respuesta es, obviamente “nadie”.

Esto conecta con ideas que creo que veremos más a menudo, como lo que llama dataism. A mí me gusta lo de meter en el mismo saco, el de las “religiones”, tanto a las que solemos considerar como tales como al marxismo, nazismo, liberalismo y otras. Quizá podría haber elegido algún otro término como “cosmovisiones” pero tanto da. Lo del datismo creo que es bastante nuevo pero creo que considerar al comunismo como sistema centralizado de de producción y al capitalismo como sistema descentralidado de la misma cosa tendrá cierto recorrido en el campo de las ideas. (A lo mejor me está pareciendo interesante tan sólo porque trabajo en una empresa de big data y es la jerga del oficio).

Dejemos el oficio y pasemos a la vocación. Dice Harari que los 23.000 comunistas que había en Rusia en 1917 fueron capaces de imponerse a los 3 millones de miembros de la clase media y alta mediante formas más eficientes de organización y que es imposible organizar eficientemente a las masas sin crear algún tipo de ficción. La descripción de cómo una ficción se desmonta en tiempo real: los sucesos que acabaron con Ceaușescu y la habilidad del ala blanda del comunismo rumano para ponerse al frente de la liberación creando una ficción alternativa son un ejemplo muy interesante.

Más allá de la política una idea muy principal del libro es que el cambio tecnológico es creativo y la esfera política (moral, religiosa, etc.) es reactiva. Hay en esto algo de Marx y como todo se define por las relaciones de producción, pero en general llevo años sorprendido de cuánta gente confía en un cambio político que cambie las cosas cuando la mayoría de los que se vienen dando en los últimos tiempos son diminutos. Aquí hago compatible el análisis marxista y cierto cinismo de individualista liberal: como la mejora de tus condiciones de vida dependa de un cambio de gobierno, estás jodido.

Un trocito sobre Marx que me ha gustado bastante, traducido por servidor:

Pero Marx se olvidó de que los capitalistas también sabían leer. Al principio tan sólo un grupo de discípulos se tomaba a Marx en serio y leía sus escritos pero cuando esos agitadores socialistas ganaron adeptos y poder los capitalistas se alarmaron. También ellos escudriñaron El Capital adoptando muchas de las percepciones y herramientas del análisis marxista. En el siglo XX todo el mundo, del muchacho de la calle al presidente aceptó el enfoque marxista de la economía y la Historia. Incluso los capitalistas acérrimos que rechazaban el pronóstico marxista con vehemencia utilizaban el diagnóstico marxista. Cuando la CIA analizaba la situación de Vietnam o de Chile en los años sesenta dividía la sociedad en clases. Cuando Nixon o Thatcher miraban al globo se preguntaban quienes controlaban los medios de producción esenciales. Entre 1989 y 1991 George Bush supervisó la caída del Imperio del Mal comunista para acabar siendo derrotado en las elecciones de 1992 por Bill Clinton. La estrategia de campaña de Clinton se resumía en “es la economía, estupido”. El propio Marx no habría podido decirlo mejor.

Al parecer el único aspecto animista de la Biblia, libro-guía de la civilización judeocristiana es la serpiente que habla a Eva. En el inicio cierra capítulo dejando claro que no hay que confiar en los animales y las cosas que hablan (que en las religiones anteriores del animismo primitivo eran muchas).

La división del pensamiento moderno, que llama “humanismo” en tres tipos, ortodoxo (liberal), comunista y evolutivo (cuyo exponente extremo sería el nazismo) me recuerda un poco al triángulo que suelo utilizar para ubicar ideológicamente (aunque el que me gusta bascula entre la libertad, la redistribución y la tradición (liberalismo-socialismo-conservadurismo)

En un mismo capítulo aparecen tres personaje históricos sobre los que tengo que investigar más: Hong Xiuquan, Davayanda Saraswati y el Mahdi.

Al final quedamos en que va a haber muchos cambios tecnológicos que por un lado harán la vida más fácil y por otro más complicada. A los que estén en la parte de arriba de la pirámide lo primero, a los de abajo lo segundo, a los de más abajo quizá les resulten indiferentes. Para los que quedamos en la parte media-alta, que somos los que leen este tipo de libro, los efectos serán contradictorios y profundizaran un poco en lo que venimos viendo desde hace treinta años (hundimiento de las clases medias occidentales, primera generación que vive peor que sus padres, reducción de la natalidad, próxima redución drástica o desaparición de las prestaciones sociales en la vejez). Al final todo se reduce a ser capaz de mantener capacidad de ingresos a través del empleo, y si este se mecaniza a través de la propiedad de lo que sea que produzca el beneficio que antes producía el empleo. Ser dueño del robot que hace el trabajo que antes hacía uno (por simplificar, esto puede ser a través de acciones, y hay otros tipos de rentismo que podrían servir como sustitutos: propiedad de inmuebles). En la parte biológica tengo menos esperanzas y no veo eso de que los seres humanos vayan a vivir doscientos años, ni realmente lo quiero.

Hasta aquí mis notas desestructuradas. Se puede leer y reflexionar sobre procesos actuales, más que sobre la posibilidad improbable de que vaya a haber un homo deus. El cataclismo climático o nuclear sigue siendo un triste final más probable.


Los ingenieros del alma

13/09/2015
Portada constructivista

Portada constructivista

Creo que hay varios a los que la Unión Soviética siempre nos parecerá un un infierno fascinante en el que a pesar de todo lo consabidamente negativo encontraremos algo que nos atraiga. Encontré este libro en un saldo y me lo llevé. Creo que en parte porque conocía la famosa frase de Stalin y quizá también por la portada constructivista. Ahora he aprendido que el discurso en el que el hombre de acero sentenció que los escritores eran “ingenieros del alma” fue pronunciado el 26 de octubre de 1932 en un encuentro con intelectuales y que de los cuarenta y tantos  presentes, doce no sobrevivieron al periodo de las purgas.

Hoy también un puñado de asuntos que ya hemos tocado, como la desecación del mar de Aral, Isaak Babel, las hidrocracias de WittfogelTurkmenistán , los ríos a los que dio nombre la expedición de Alejandro Magno, y el mar Caspio, aunque más concretamente se trata la albufera de 18.000 km² adyacente al mismo y llamada Kara Bogaz (garganta negra) que da título a la novela de Konstantín Paustovski, novela que es el tema principal de este libro. El título parece nombrar a un proyecto sin duda mucho más ambicioso, pero a una novela de loa a Stalin y las proezas de la ingeniería hidrológica soviética le viene al pelo.

La biografía de Paustovski y su evolución de escritor servil durante el estalinismo hasta la disidencia durante el Deshielo valen al autor neerlandés como el hilo conductor de un texto que sirve para aprender detalles sobre la construcción y características de los canales de la URSS (el Belomor, que va del mar Blanco al Báltico tiene poco más de tres metros de profundidad) hasta aspectos sobre la burocracia, la censura del Glavlit y el sistema de premios y dachas para escritores afectos al régimen. Hay mucha información sobre Máximo Gorki, que hizo el camino inverso entre la discrepancia y el servicio soviético, pero se echan en falta datos sobre muchos otros autores. No sólo de los disidentes y emigrados como Pasternak y Bulgákov, sino de los purgados como Babel o de los “supervivientes” como Grossman.

En el asunto de las grandes obras de trasvase, el gran plan de revertir el curso de los ríos soviéticos para que su caudal irrigara el sur (переброска = perebroska) la idea de Marx-Wittfogel es sugerente: “cuanto mayores sean las obras hidráulicas que un estado acometa más despóticos serán sus dirigentes”. Da que pensar con respecto a nuestra dictadura de inaguraciones de pantanos. Curiosamente, un miembro de la minoría que aún justifica el plan soviético dice que es lo mismo que se hace con el Colorado en EEUU o con el Tajo en España, lo cual me da que pensar sobre el río ibérico.

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Google Books


Marx en caricatura

19/12/2012

Grüss Gott!

Como no voy a menudo por España, hace muchos años que no he estado en la sede de lo que fue el PCE de mi localidad. Situado en un barrio de la parte alta que pide el calificativo de obrero a gritos, constaba de una oficina y un bar. En una de las paredes del bar había un mural en el que aparecían los tres hermanos Marx más famosos (Groucho, Harpo y Chico)  con Carlos Marx. Casi igual. Cuando era pequeño mis padres me llevaban allí y tomaba mosto, que era algo que no sé por qué no hacía en casa y sólo en los bares. Conectando ideas relativamente conexas, no recuerdo haber ido al cine con mis padres más que a ver un par películas de Cantiflas y otras dos de los Hermanos Marx.

A diferencia de lo que me ocurría hace una década, mi nivel de alemán ya no es el de un niño de dos o tres años, sino el de uno de cinco o seis. En consecuencia, tengo que buscar lecturas apropiadas y el otro día en Hamburgo me compré el bonito libro cuya portada adorna la entrada. Grüß Gott! Da bin ich wieder! – Karl Marx in der Karikatur (“Buenos días nos dé Dios, aquí estamos otra vez – Carlos Marx en caricatura” según mi traducción más que discutible).

A mí me parece que está muy bien, porque me hacen mucha gracia estas cosas. Entiendo que 220 páginas de viñetas, ilustraciones y fotomontajes en las que el abuelo barbudo aparece por todas partes no sean del agrado de todo el mundo,  pero para algo hemos estudiado políticas.

Volviendo a lo de la competencia idiomática, diré que leer tebeos, libros de citas celebres y en general cositas cortas me parece un buen camino para progresar en el aprendizaje de una lengua. La gente muchas veces peca de ambiciosa e intenta con tochos difícilmente asimilables desde el primer día.

Estaba pensando si poner alguna de las viñetas, pero hay tantas y tan buenas que no sé ni cual escoger. Veo que muchas están disponibles en la red, así que a lo mejor enlazo a alguna aquí debajo si hay demanda popular. Entretanto, sólo comentaré que hay varias del mundo hispano pero sólo dos de España, que son obra del dibujante José Ramón, que salía en los programas infantiles de TVE durante los años ochenta y que fue el primer dibujante al que vi en acción. De hecho, hay un garabato de un hombre con corbata que aún hago de vez en cuando y que aprendí de una de sus explicaciones en la tele. Antes de eso José Ramón había hecho los carteles de las campañas electorales del PSOE del 77 y el 79 y esto está más relacionado con la cuestión marxiana.


La fiesta de navidad

06/12/2011

El viernes pasado se celebró la fiesta de navidad de mi empresa. Era 2 de diciembre pero ¿qué más dará?. Este año vi el primer arbolito navideño el día 1 de noviembre, en un centro comercial que tengo cerca del trabajo. La navidad ha pasado de ser un día a ser una semana, luego casi dos, después un mes y ahora se acerca al trimestre. Son las necesidades de la economía, supongo.

La fiesta de navidad de la empresa se celebra a principios de diciembre por razones económicas (cuanto más tarde es más caro) y también de aforo (en la navidad del calendario, mucha gente parte hacia sus familias y no están dispuestos a renunciar a eso por tan importante acto social). Creo que en España cada vez se va extendiendo más esta tradición de la cena de navidad de la empresa, y creo que no me equivoco si digo que es una cosa yanqui y que lo español de toda la vida era el lote o cesta con productos navideños; pero tampoco me sorprendería si me dicen que hay lugares en Iberia en los que se lleva haciendo décadas.

En la compañía para la que trabajaba en 2006 se montó un tinglaodoo espectacula. Trajeron a decenas de empleados desde todas las oficinas de Europa: tres días a tutiplén con todos los gastos pagados, vuelos, hoteles y lo que se les ocurriera gastar de la tarjeta de la empresa, más tres días no trabajados por la jeró. Para los que vivíamos en la ciudad del cuartel general no fue nada especial. Nos invitaban a cenar a un hotel, pero yo no lo hice por dos razones. Una es que me dan pereza estas cosas y la otra era que había que ir con esmóquin. No dispongo de tan selecta prenda, pero en aquellos días descubrí que a) se puede adquirir uno por 300 euros b) se puede alquilar para una noche por 70 euros. Como soy más dado al análisis coste-beneficio que a la ostentación pensé para mis adentros ¡vaya invitación para cenar de los cojones! y excusé mi ausencia.

Pero el detalle del esmóquin y el dineral que supuso traer a toda la gente de cada oficina europea a finales del 2006 da un poco la dimensión de cómo estaba el patio financiero antes del estallido de la burbuja de las hipotecas basura en los EEUU. En agosto de 2007 la compañía tuvo que vender su cartera de hipotecas estadounidenses a 42 céntimos el dólar y pocas semanas después se canceló la cena de navidad de 2007 y ya no volvió a haber. Lo que cambian las cosas de un año para otro. Alguno que se habia comprado el esmoquin pensando en amortizarlo a lo largo de varios años lo habrá tenido que llevar a las bodas y los bautizos. Por cierto, la prestigiosa financiera yanqui entró en quiebra en algún momento de 2009. ¡Ah, los esmóquines!

Este año tampoco he ido a la fiesta de mi nueva empresa. Como compañía tecnológica son en apariencia menos capullos, aunque el dinero siempre sea el dinero. Aquí entre mis razones sigue destacando la pereza, pero le voy a sumar el que llevo más de dos años sin probar alcohol y el que no tengo casi nada en común con mis nuevos compañeros (o debería decir compañeras pues el mujerío es muy mayoritario). En realidad tengo más razones por si estas me fallan y en algún momento dado me veo acorralado y en la perspectiva de tener que asistir:

Tengo dudas de que una compañía deba apoyar festividades de tipo religioso. No soy muy radical con eso y por eso no tengo la convicción, sino la duda. A la vez, estoy en contra de que las compañías intenten inmiscuirse en la vida privada de las empleados con actividades fuera del horario laboral. Agradezco el gesto si es sincero, pero creo que también puede formar parte de una estrategia de fidelización que no casa con mi espíritu mercenario. Este año se ha reforzado mi fe en estas creencias con lo que le ha sucedido a una chica que trabaja en mi equipo, que quería ir a la fiesta.

Resulta que como está contratada a través de una agencia, no tenía derecho a la cena gratuita, pero ella estaba dispuesta a pagársela. Eso ya me parece mal, porque somos menos de cuarenta en la oficina y no creo que haya muchos eventuales, así que ya podían haber sacado el dinero de algún lado. Luego se ha enfadado cuando se ha enterado de que además, la compañía iba a dar cinco cupones para bebidas alcohólicas sólo a los empleados, y a ella de nuevo le tocaba pagarse la priva. Yo no tengo mucha idea de esto del espíritu navideño pero sí la sensación de que no se puede hacer mucho peor. De hecho, al final del puro cabreo, la chica ni ha ido.

Porque en la vida hay muchas desigualdades, y somos bastante eficientes camuflándolas. Sólo hay que ver que al consejero-delegado, que ganará millones y que vino a visitarnos, todo el mundo lo llamaba John y no señor Johnson. Pero si en un fiestorro navideño haces obvio lo de que hay individuos alfa e individuos beta, es que te lo has montado muy mal.

También me parece un poco ingenuo no saber de qué va la historia, cuando aunque hagas lo mismo que todos en realidad te han contratado a través de una ETT. El abuelo tenía razón cuando escribió que las relaciones humanas las determinan las relaciones con los medios de producción o algo de eso.

Hay que leer más a Marx y menos a Walt Disney.