Episodios Nacionales: El Grande Oriente

11/05/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La cuarta novela de esta serie es El Grande Oriente, que sigue teniendo como escenario la España y en especial el Madrid de 1821.

Me ha gustado menos que otras y en parte no la he podido disfrutar por mi desconocimiento de los detalles del convulso periodo del Trienio Liberal, algo a lo que intentaré poner remedio en cuanto sea posible.

Un elemento que ha llamado mi atención e ha sido “la grande y altísima y por mil títulos eminente y siempre española sociedad de Los Comuneros.”, también llamada Sociedad o Confederación de los comuneros, sociedad secreta similar a la masonería pero de corte más netamente español. “Comuneros” como Bravo, Padilla y Maldonado:

-¡Confederación! ¡Padilla! ¿Qué ensalada es ésa?

-En el primer artículo de los estatutos se dice que nos reunimos y nos esparcimos por el territorio de las Españas con el propósito de imitar las virtudes de los héroes que, como Padilla y Lanuza, perdieron sus vidas por las libertades patrias.

-¿Y la Confederación se divide en talleres?

-¿Qué talleres? Eso es cosa de artesanos. Aquí todos somos caballeros. Llámase nuestro jefe el Gran Castellano; la Confederación se divide en Comunidades, éstas, en Merindades; éstas, en Torres, y las Torres en Casas Fuertes. Todo es caballeresco, romancesco, altisonante. Si la masonería tiene por objeto auxiliarse mutuamente en las pequeñeces de la vida, nosotros nos reunimos y nos esparcimos, asimismo se dice… para sostener a toda costa los derechos y libertades del pueblo español, según están consignados en la Constitución política, reconociendo por base inalterable su artículo 3.º Nada de empeñitos; nada de lloriqueo de destinos ni de asidero de faldones. El artículo 17 del capítulo 2.º, dice que ningún caballero interesará el favor de la Confederación para pretender empleos del Gobierno. ¿Qué tal? Esto se llama catonismo. ¡Hombres incorruptibles! ¡Pléyade ilustre! Tenemos Código penal, alcaides, tesoreros, secretarios. Nuestras logias se llaman Fortalezas, a las cuales se entra por puente levadizo nada menos. La admisión es peliaguda. Está mandado que al iniciar a alguno no se revele nada del objetivo y modo de la Confederación; pero yo le digo a usted todo, todito, porque confío en su discreción y prudencia.

-¿Y se puede ver eso? ¿Se puede ir allá? -dijo Salvador, demostrando curiosidad-. Supongo que habrá juramentos y pruebas…

-Le presentaré, Sr. D. Salvador. Nuestra Confederación se honrará mucho con que usted entre en ella.

-No; preguntaba si se puede ir a las Fortalezas como se va al teatro, para ver, para reírse un rato.

-Amigo mío -dijo Sarmiento con gravedad-, no es cosa de risa una sociedad donde se jura morir defendiendo a la patria y donde se cumple lo que se jura.

-Eso es lo que no se ha probado todavía.

-Yo se lo probaré a usted, se lo probaré -exclamó vivamente Don Patricio, apoyándose en la escoba como un centinela en el fusil.

-Si usted me hiciera el favor… -indicó sonriendo Monsalud.

-¿De probárselo?

-No; de callarse. Un momento nada más, queridísimo amigo mío.

Para enterarme de los qués y los porqués de comuneros y otras organizaciones de aquellos tiempos tales como carbonarios, anilleros o pasteleros he estado hojeando “Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, y especialmente de la francmasonería”” de Vicente de la Fuente (1870) y la tesis doctoral El trienio constitucional en la obra de Pérez-Galdós de Ricardo Martínez Cañas (2002).

Otro aspecto de interés es el discurso en el capítulo XIX que parece indicar que 1821 fue la primera ocasión histórica en la que se planteó la posibilidad de una república española con visos de realidad. Pero esto también lo tengo que confirmar.


De vuelta al laberinto

23/07/2017

El laberinto español

Hoy hemos vuelto a El laberinto español, libro que es un clásico del hispanismo hecho por británicos. Yo lo había leído hará unos quince años y mi veredicto es que aunque tiene ideas curiosas que quizá hubiera sido más difícil recopilar para un autóctono (al menos hasta el punto de crear una obra así) también está llena de tópicos y paridas (una que sale mucho es la del carácter castellano por oposición al de otras regiones para explicar casi cualquier cosa).

Voy a poner un ejemplo de la patria chica:

The Basques have a long tradition of liberty and self-government. Down to 1840 they had their own parliament, courts of law and mint.

Uno puede hacer el esfuerzo de imaginarse las juntas generales como parlamento, que ya es forzar un poco los términos, pero ya quisiera saber yo qué tribunales vascos* y que casa de la moneda son esos a los que se refiere. Desde luego da la impresión de una organización territorial mucho más compleja de lo que en realidad había.

En esta relectura me he fijado (que supongo que antes me había pasado inadvertido) en el origen británico de las logias masónicas españolas, cosa que desconocía. Una vez estuve en el Archivo de Salamanca donde incluso tenían montada una para la exhibición. La masonería ha quedado para la historia y me sigo preguntando qué podríamos decir que ha sustituido la función social que tuviera.

Pero la razón de mi relectura es que me parecía recordar que en el libro se razonaba que el éxito del anarquismo en Andalucía se debió a la pre-existencia de un colectivismo de carácter religioso. En el momento en que lo leí pensé que había que ver lo que fue el anarquismo en España y cómo acabo quedando en nada pero años después me pareció ver muchos rasgos ácratas primero en lo que se llamó el 15-M (yo no vivía en España en 2011, pero leo a la gente y me parece una movida cuyos efectos se sobrevaloran mucho) y luego en el cajón de sastre de Podemos. Así que me he acercado a ver si salvando todas las distancias la descripción de Brenan se podía aplicar en algo a lo que llevamos un lustro viendo.

It may be thought that I have stressed too much the religious element because Spanish Anarchism is after all a political doctrine. But the aims of the Anarchists were always much wider and their teaching more personal than anything that can be included under the word politics. To individuals they offered a way of life: Anarchism had to be lived as well as worked for. To the community they offered a new world founded exclusively on moral principles. They never made the mistake of thinking, as the Socialists did, that this could be achieved merely by providing a higher standard of living all round.

La verdad es que el socialismo español también tuvo un carácter hasta cierto punto religioso, mucho más en línea con lo que es la sociedad… lejos del modelo mesiánico, el PSOE sería el “católico no practicante” de los partidos.

Dr Borkenau, who in his book on the Civil War has given such an admirable account of the Spanish Anarchists, particularly stresses this. Their hatred of the upper classes, he declares, is far less economic than moral. They do not want to possess themselves of the good living of those they have expropriated, but to get rid of their luxuries, which seem to them to be so many vices. And anyone who has lived for long in a Spanish village, even in one which has not been affected by anarchist ideas, will have noticed how characteristic is this disapproval of even the most elementary luxury. The vices of the men of to-day, the stern virtues of their forefathers are constantly cropping up in their conversation. Smoking, though general, is always condemned, and it is common to hear workmen boasting of the few pence a day they can live on.

Citando El reñidero español y la superioridad moral. Lo último de todo lo hago yo mucho también y ya veo que es un rasgo español porque a mi mujer, que no lo es, le parece rarísimo.

Al siguiente  párrafo le quitas los doce terratenientes y el cura del final y lo cambias por la casta de corruptos del PP y el Ibex 35 y te has saltado ocho décadas para quedarte en el mismo sitio.

The wicked who have so long oppressed the earth are to be eliminated and then the age of peace and mutual tolerance will automatically begin. Such hopes are surely not to be taken seriously. It argues a great deal of simplicity to believe that out of the welter of violent revolution in a modern country such a state less form of society could appear. Only in small towns or in villages where the immense majority were labourers or poor peasants, prepared to work their land in common, would anything of the kind be possible. But what in the mind of Bakunin was a mere revolutionary’s day-dream has appealed to Spaniards precisely because they are accustomed to think so much in terms of their own village. A change, that in a highly organized community would be quite Utopian, might be feasible here. When therefore the Anarchist says, “to introduce the Golden Age you have only to kill the wicked who prevent the good from living as they wish to”, there is always at the back of his mind the village with its three thousand small peasants and landless labourers. By getting rid of a dozen landowners and a priest, the rest can divide up the land and live happily.

Y leyendo este he tenido presente a Amancio Ortega y sus donaciones al sistema nacional de sanidad.

A typically Spanish inability to distinguish between those who have enriched themselves by “lawful” means and those who attempt to do so by pure robbery and violence lies at the bottom of this. It is a mentality that goes with certain political and social conditions one finds it, for example, in the New Testament.

Total, que más que influencia del nuevo testamento en el anarquismo español y en sus conexiones con la izquierda parlamentaria yo lo que diría es que es fácil establecer símiles: La superioridad moral de los creyentes y el paraíso a la vuelta de la esquina. Casi es más fácil creer que vendrá deus ex machina que mediante el ordenancismo, pero ahí estamos.

*Actualización 24-JUL-27: Hoy se me ha ocurrido que puede referirse a la Sala de Vizcaya de la Chancillería de Valladolid, que dejó de existir en 1834. En fin.


Analogías con los años treinta

25/10/2015

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Cuando uno lee Historia de España de los años treinta del siglo pasado (seguramente sea la década sobre la que más se lee) se encuentra uno con muchas referencias a la masonería. Nunca he sabido demasiado de la masonería y me imagino que eso implica que su labor de sociedad secreta la están haciendo bien. En Salamanca he visto el Archivo Histórico Nacional (sección Masonería y Guerra Civil) donde uno puede entrar a una sala que es la reconstrucción de una típica logia. El carácter secreto o reservado de esta sociedad y todas las semiverdades y mentiras que se hayan podido decir de ella -como la famosa conspiración judeomasónica que tanto inspiraba al de El Ferrol- son los principales desafíos para saber en qué consistía (¿consiste?) en realidad su actividad.

Lo que sí que parece cierto es que fue un punto de encuentro de diversas personalidades que tuvieron mucho que decir en la vida política y social del primer tercio del siglo XX en España y que parece haberse esfumado por completo o, al menos, haber perdido la mayor parte de su importancia real o ficticia. Los teóricos de la conspiración han encontrado otros chivos expiatorios de más difícil ingreso (¿cuánto hay que pagar para ser del club Bilderberg?) y los políticos y los que parten el bacalao se encuentran ahora en los clásicos reservados de los restaurantes y en los palcos de los estadios de fútbol.

Tengo que trabajar un poco más esta analogía, pero  me parece que el fútbol es el sustituto de la masonería en la España del siglo XXI.