La venganza de don Mendo

01/07/2017

La vengaza de don Mendo

Hoy está el día lluvioso y me han dejado solo en casa. Me ha dado por releer una de aquellas lecturas del bachillerato: La venganza de don Mendo. Y no es la primera vez. La lectura en verso ofrece un estímulo al cerebro similar al de la música. Releo porque olvido, pero hay tres o cuatro momentos que por más que vuelva pasar por ellos creo que siempre me van a hacer mondarme de risa: la descripción del juego de las siete y media es uno de ellos.

Últimamente sólo leo textos clásicos o de calidad contrastada. En general no hay gran cosa que el comentario de un aficionado pueda añadir a un clásico, así que vamos con uno lateral. Esta obrita de teatro la la leímos en clase a varias voces, creo que en 2º de BUP, con gran deleite de un público por lo general desinteresado por todo lo que se aprendía en aquelas aulas, incluido el que esto escribe.

Flashback: Por aquellos primeros noventa puede ver también (luego la he visto más veces), una película de 1977, dirigida por Garci que se llamaba Asignatura pendiente. Ofrece una visión de ciertas clases urbanas en el momento de la Transición. Por generación y tal me recuerdan un poco a mis viejos. En los créditos del final viene un “Y a Miguel Hernández, que se murió sin que nosotros supiéramos que existía” con el que creo que muchos de esa generación se identificaron mucho porque era verdad que de algún modo les habían robado la oportunidad de haber conocido a Machado (Antonio) y a Lorca y a Miguel Hernández y tantos otros.

En cambio yo, creciendo en los años ochenta siempre tuve muy presente al menos la biografía de estos tres autores que he citado. Pero a pesar de haber leído el Don Mendo en BUP, tan sólo hace unos pocos años que he sabido cuál fue el triste final de su autor, Pedro Muñoz Seca, nada desmerecedor su infortunio del de los otros. Esto es alguna venganza de la Historia. Será imposible pero tendríamos que olvidarlo o recordarlo todo.

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Buzón eduardiano

04/12/2016
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El tranvía, el buzón y la parada del 130

Contando todas las etapas de mi vida en Dublín y las varias zonas de la capital en las que he residido es probable que Abbey street, la calle de la antigua abadía sea la vía urbana por la que más he transitado. Sin embargo a nada que uno se fija en las cosas hasta el mobiliario urbamo puede sorprenderle a uno. Donde servidor tomaba antaño el bus 130 para ir a Clontarf hay un buzón que seguro que ya por entonces allí estaba. Más que nada es que contiene el monograma real de Eduardo VII, el hijo de la reina Victoria que a causa de la longevidad de su madre sólo reinó entre 1901 y 1910, un reinado breve como es probable que suceda con el próximo ocupante del trono británico. Lo lógico es pensar que el buzón esté en ese lugar desde la primera década del siglo XX.

Después llegó la independencia y a estos buzones, que en Gran Bretaña son iconos rojos como las cabinas telefónicas, los pintaron de verde y así han seguido. Hay también otros buzones verdes instalados ya en época republicana, pero este ejemplar no es el único que queda de los tiempos en que toda la isla formaba parte del imperio.  Tengo vistos varios con sus coronas e intentaré documentarlos por si encuentro también alguno georgiano de Jorge V, victoriano o incluso anterior.

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Monograma real de Eduardo VII

Ya escribí un par de veces (1,2) que en Irlanda el pasado imperial no es demasiado problemático. No creo que entendieran demasiado la campaña para la retirada de placas del Instituto Nacional de la Vivienda  que he visto en la prensa la semana pasada. Obliterar es desmemoria histórica.