Mnemotecnia planetaria

03/01/2017
Carteles

Carteles

El mes pasado en la guardería andaban contándoles a los niños cosas del espacio.

Hicieron una nave espacial de cartón. No estoy seguro de que el sistema solar sea lo mejor que se puede explicar a niños que no saben qué partes tiene un árbol o cómo se llaman las estaciones del año, pero la intención es loable.

Me fijé en unos carteles que había en la pared que conformaban una regla mnemotécnica para recordar los nombres de los planetas del sistema solar en inglés.

Debe de ser antigua. Lo curioso es que la regla sirve si se incluye Plutón, pero no había imagen del antiguo planeta. Y es una lástima ya que en 2015 se obtuvieron imágenes maravillosas de Plutón y Caronte.

My Very Easy Method Just Speeds Up Naming Planets 

(Mi muy sencillo método simplemente acelera nombrar los planetas)

Las iniciales de Mercury-Venus-Earth-Mars-Jupiter-Saturn-Uranus-Neptune-Pluto.

No conozco una regla mnemotécnica semejante en español (acabo de descubrir que también existen) y en este caso concreto me parece más complicado recordar la regla que los nombres de los planetas sin más.

En inglés está el problema añadido (al menos a mí me lo parece) de que ni la E de Easy suena como la de Earth ni la U de Uranus suena como la de Up.

Sé que la enseñanza memorística está muy desprestigiada, pero algunas cosas como los días de la semana y las tablas de multiplicar y los nombres de los planetas del sistema solar hay que memorizarlas sin más y no tiene demasiado sentido hacerlo de otro modo.

Entrada a modo de homenaje al degradado Plutón (1931-2006). No es la primera vez.

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Pasado colonial

22/09/2014
Casi no se ve

Desde aquí casi no se ve

Ya he tocado en varias ocasiones el tema del callejero de Dublín, incluso en una de ellas hice mención expresa a la falta de interés político por “nacionalizar” el nombre de las calles. Los de cultura anglosajona, incluídos los que se dicen celtas, suelen ser bastante pragmáticos y tienden a conservar convenciones y tradiciones. Por supuesto, el nacionalismo irlandés es un factor ideológico importante en la historia de Irlanda del último siglo y medio y es obvio que sin esa fuerza no existiría un país llamado Irlanda aunque la isla con ese nombre haya existido desde tiempo inmemorial. Sin embargo no es una fuerza tan meticulosa a la hora de reinventar la historia como los nacionalismos que se dan en otros lugares.

Un poco mejor

De aquí se ve un poco mejor

Hace unas semanas vi una entrada en un blog sobre historia local que sigo con atención. Trataba de  calles que habían conservado su nombre “británico”. Aquí pongo unas fotos de Pearse square, que antes se llamó Queen square y donde aún puede verse la antigua placa. Obviamente pasar de hacer los honores a la reina a hacérselos a un dirigente nacionalista fusilado tras el levantamiento independentista de 1916 es todo un cambio, per quizá desde la perspectiva hispana lo peculiar es que se no se oblitere la antigua placa.

 Ni siquiera ha habido un interés sistemático en eliminar todos los restos simbólicos de la monarquía británica en la isla. Cierto es que una población cercana que se llamaba Kingstown se llama ahora Dun Laoghaire y que el último puerto donde fondeó el Titanic, Queenstown, ya no lo encontrarán en los mapas puesto que ahora se llama Cobh. En cambio he pasado varias veces por Prince of Wales Terrace, que es aproximadamente el nombre más “colonial” que uno pueda imaginarse.

En general lo que llaman “memoria histórica” consiste en escoger qué recordar y escoger de qué olvidarse. Mi opinión sobre la actividad del movimiento social que utiliza esa expresión en España en los últimos años puede considerarse ambivalente y es larga de explicar. Baste con decir que me resulta interesante, formativo y agradable que se pueda visualizar la realidad histórica del país en detalles como sus antiguas placas.


Qué se debe memorizar

07/12/2013

Un asunto que me interesa bastante es el de la memoria en casi todos sus sentidos, aunque en estas líneas voy a dejar a un lado la memoria política e histórica para plasmar una idea muy sencillita sobre la memoria en la educación.

Empezaré con una sobresimplificación conocida como es esa de que la educación durante el franquismo se basaba en que el alumno memorizara datos sin comprenderlos, siendo el ejempo más característico la lista de los reyes godos. Tengo una anécdota más curiosa aún sobre el teorema de Pitágoras que ya contaré algún día.

Siguiendo con el esquema simplista, luego se pasa a una etapa en la que se evita que los alumnos tengan que memorizar y por ejemplo al estudiar Historia se dice que las fechas no son importantes, sino el comprender los mecanismos y tal.

Y me imagino que como en todos estos procesos pendulares en el medio estará la virtud, que al final es imposible no memorizar algunas cosas y si el año 1492 no te evoca nada el sistema educativo no ha hecho un trabajo fino contigo. El abecedario se memoriza, las tablas de multiplicar se memorizan; el vocabulario de un idioma extranjero se memoriza y se acaba adquiriendo por contacto y así una serie de cosa. Aprender por mecanización no es necesariamente malo y a veces y dependiendo de lo qué se trate es el único sistema posible. Eso no quiere decir que el ser humano no deba adquirir conocimiento mediante otros ejercicios ni que deba poner sus esfuerzos en convertirse en loro, que básicamente es en lo que consisten las oposiciones a varios puestos jurìdicos importantes en España, por poner un ejemplo.

Ahora bien, yo voy a poner el péndulo donde yo quiero. No me parece mal, por ejemplo, que a un alumno español se le pida memorizar los diez ríos más largos de la península Ibérica. Al fin y al cabo son ríos importantes cuyos nombres uno ha de oír muchas veces a lo largo de la vida. Esos hidrónimos son datos de una importancia que podría decirse objetiva.

En cambio, me parecieron muy discutibles esos exámenes en los que había una pregunta que le exigía a uno recordar “las diez características del arte gótico”, que al fin y al cabo eran una clasificación que se había inventado un tipo y que podía ser diferente a la de otro autor cualquiera. No es que las características no fueran interesantes, el problema es que el mecanismo para determinar la competencia y el aprovechamiento de la asignatura era la capacidad de recordar una lista subjetiva que no existe en el mundo real del mismo modo que unos ríos.


Memoria ajedrecística y número de jugada

25/10/2013
William Shinkman, White Rooks, 1910

William Shinkman, White Rooks, 1910

Últimamente la cobertura de los torneos de ajedrez de elite es una maravilla. En mis tiempos uno podía apenas ver unas cuantas partidas en las revistas que se publicaban un mes después de que se celebraran. Ahora en cuanto empiece noviembre podré disfrutar del encuentro por el campeonato del mundo desde casa.

Una de las cosas que me gustan de los torneos modernos son las entrevistas de después de la partida, donde entre otras muchas cosas que los comentaristas ya han mencionado durante el  juego, los protagonistas comentan sus impresiones.

Hay una cosa que me llama la atención de los jugadores de la elite. No sólo recuerdan las jugadas y las secuencias precisas, sino que parecen ser conscientes también del número preciso de cada jugada.

Unos cuantos escalones más abajo recordamos aproximadamente las jugadas, y probablemente fallamos másen posiciones cerradas en las que el orden preciso no es determinante y en los apuros de tiempo, donde las cosas a veces suceden demasiado deprisa como para poder fijarse en la memoria. Puede decirse que recordamos el argumento de la película sin recordar exactamente los diálogos; pero lo del  número de jugada es algo que me llama la atención. Sólo suelo recordar algunos en algunas aperturas que tengo estudiadas, y eso es de tanto haberlos visto. Y luego sí, aproximadamente y con relación a la fase de la partida,  la parte de la planilla en que uno anota  y la distancia con el control de tiempo.

Obviamente esforzarse en eso no va a convertir a nadie en un gran jugador. Recordarlo es probablemente una consecuencia de serlo, pero sin músculo no se puede ser velocista y sin una  memoria fuerte no se  puede ser maestro de ajedrez.

Hace muchos años me llamaba la atención un jugador de mi club, maestro FIDE, que necesitaba un tablero con las coordenadas para poder anotar bien las jugadas. A mí me costaba entender que un jugador de esa fuerza desconociera la notación algebraica, pero eso debe de ser como el músico que toca de oído sin saber leer las notas en el pentagrama. Con más o menos ciencia así jugamos casi todos.


Mi brillante cerebro

29/08/2012

No el mío, obviamente. Debo decir que briliant-brillante es lo que denomino un falso amigo de intensidad. En inglés, o por lo menos en el inglés que se habla en Irlanda, briliant es una palabra que se vende muy barata y se utiliza a la menor ocasión. En español queda reservado a genialidades que se dan con mucha menos frecuencia.

He estado mirando este vídeo de National Geographic, My Briliant Brain, en el que la ajedrecista Susan Polgár, antes Zsuzsa, cuenta algo de su historia. Su biografía se utiliza para explicar algunos rasgos del cerebro, en especial los relativos a la memoria. Hace unos pocos días he estado hablando de ajedrez con unos amigos a los que les interesa, aunque no son jugadores y precisamente saqué el asunto del reconocimiento de patrones y cómo es relativamente sencillo recordar la posición de cada pieza en un momento dado durante una partida, mientras que resulta casi imposible recordar un número incluso menor de piezas si están colocadas de modo aleatorio. Es un aspecto que aparece en el vídeo.

Respecto al argumento central del vídeo. Sí, es muy importante la educación y sólo se puede llegar a un cierto niveld e competencia en algunas actividades cuando se practican desde la infancia. De todos modos, hay una parte importante que está reservada a la genética. No parece del todo casual que Polgár, además de haber pasado por el método educativo de su padre, sea una judía centroeuropea, siendo los askenazies un grupo étnico que ha dado tantos ajedrecistas ilustres y más premios Nóbel que ningún otro en relación a su población.

El camino hacia el éxito en todo consiste en vocación, práctica (pero tiene que ser práctica intensa, no vale con ir a pasar la tarde) y un ratio de victoria/derrota de alrededor del 70%-80%


Puertos y memorias

13/02/2012

Dublín: alrededores del distrito financiero

Cerca de mi barrio hay un establecimiento por delante del cual paso a menudo. Ahora es una especie de restaurante, pero recuerdo que en el pasado fue un pub. También tuvo en uno de sus laterales el primer Starbucks que he visto quebrar. El caso es que como gran parte del distrito financiero, el edificio que lo alberga fue en el pasado almacén de zona portuaria. De hecho, conserva en la fachada un letrero grabado en piedra que dice:

HIS MAJESTY’S

EXCISE STORE

1821

El letrero

Que me parece que quiere decir “Depósito Fiscal de Su Majestad (1821)” en un contexto aduanero, por oposición al “depósito franco”. Hay un depósito franco en una anécdota de mi infancia que traigo a colación por oportuna: A principios de los años ochenta poco a poco y más en unas regiones que en otras, se iba desmantelando en España la simbología del franquismo. Cuando iba a San Sebastián en autobús veía un enorme edificio del puerto de Pasajes en el que escrito en mayúsculas enormes se indicaba “DEPÓSITO FRANCO” que yo entendía que se refería al dictador. Con el tiempo aquello desapareció y yo lo entendí como el signo de los tiempos. Se podrá disculpar en un niño de diez años.

El caso es que en 1821 Su Majestad se refiere a Jorge IV del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, que reinaba las islas británicas y sus dominios desde el año anterior. Algo más de 100 años después (1922) la mayor parte de la isla de Irlanda alcanzó la independencia y aunque ya han pasado noventa años desde entonces el cartel sigue allí sin que parezca que le haya molestado a nadie. En realidad la toponimia urbana de Dublín está repleta de nombres que reflejan el pasado compartido. De las seis o siete naciones  a las que llamo anglosajonas blancas (título que mis amigos irlandeses me disputan) son los propios irlandeses los que responden más al nacionalismo de tipo germánico, y en cambio, al menos los del sur de la isla, son bastante humildes y pragmáticos en comparación con los nacionalistas de España. Tanto los españoles como de la periferia.

Si España volviera a ser una república, tal y como están las cosas, un letrero así duraría dos telediarios. Si cualquier región de España se independizara, tres cuartos de lo mismo… en cambio en Dublín sólo por la zona de los muelles tenemos Britain Quay, Sir John Rogerson Quay y Hanover Quay, que no se refiere a la ciudad alemana como tal, sino al nombre de la casa real británica.

Los anglos en general no encajan en el nacionalismo del manual. Incluso los términos “nacionalismo inglés” y “nacionalismo estadounidense” suenan bastante raros. Serán imperialistas, pero eso es otra cosa. En 1848, los Estados Unidos se quedaron con la mitad de México, no sintieron esa necesidad de identificar estado y cultura a través de los topónimos y por eso allí tenemos Los Ángeles, San Francisco y Santa Fe.

La presencia inglesa en Escocia, Gales e Irlanda ha sido del mismo tipo. Desde luego y del mismo modo, el nacionalismo irlandés se entiende mucho mejor como una contingencia histórica que como desde un punto de vista esencialista. Sobre todo, analizarlo desde el esencialismo etnolingüístico es estar abocado al fracaso. Los nacionalistas vascos y catalanes vienen a Irlanda de vacaciones y se interesan por el gaélico ante la perplejidad de los nativos de la isla, incluídos los más acérrimos fenianos. Por su parte, a ellos les sorprende el desinterés de sus hermanos colonizados, mientras que se comunican con ellos en lenguas de colonización.

Yo vivía cerca de un puerto y ahora vivo cerca de otro. Tiene que haber cosas parecidas y cosas diferentes.


La paradoja de la agenda

12/02/2011

Hoy en el trabajo me ha asaltado una idea, sobre una de esas cosas cotidianas que nos pasan. Enlaza, por cierto con uno de nuestros falsos amigos, así que primero cuento la teoría y luego la práctica.

Agenda tiene en inglés un significado algo diferente al que tiene en el español que yo hablo o hablaba. El significado inglés se aproxima más al origen latino de la palabra y se podría decir que es más correcto. Agenda es en latín algo así como “lo que hay que hacer” y en inglés se llama así, por ejemplo, al orden del día de una reunión. La famosa agenda que se suele regalar en navidades se puede llamar, por ejemplo, addressbook o calendar, dependiendo de su misión principal. En realidad una agenda española suele incluir tanto un directorio personal como un almanaque, por lo que no tengo claro a cuál de las dos cosas se lo llamo específicamente, si bien creo que tanto a cada una de las dos por separado como al conjunto de ambas. En el español oficial, mejor estructurado que mi idiolecto, está recogida tanto la acepción de dietario como la más reciente de orden del día.

Al final, es inevitable que los periodistas semicultos mezclen los dos significados, y si al orden del día se le ha empezado a llamar agenda en español (y en asuntos de agenda-setting sería casi de ingenuos esperar otra palabra), en cambio al librito nunca se le llama agenda en inglés, y a sus versiones virtuales tampoco. Y ahora vamos con la paradoja de la agenda, que en inglés se podría llamar the tasks list paradox:

No sé si será debido a la edad, la falta de interés o el modo en el que se (des)organizan estos empleos multitarea. El caso es que tengo la sensación de que cada vez me olvido de más cosas.

Ante esto hay varias soluciones parciales. Creo que la que funciona mejor es dormir más horas, pero otra es tomar notas. Yo suelo utilizar la agenda de Microsoft Outlook en el trabajo y el Google Calendar para mis cosas privadas.

Es mediante este uso como he llegado a constatar lo que denomino “la paradoja de la agenda”. Basta con anotar una cosa, para que uno la recuerde sin necesidad de mirarla. En cambio, que no se le ocurra no apuntarla….