Patriotismo soviético

11/05/2016

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El otro día mientras estaba con el libro de Svetlana Alexiévich y sus mujeres en guerra se me pasó por la cabeza la contraposición entre el mucho patriotismo que hizo falta para que la URSS pudiera ganar esa guerra y lo bueno que es el libro precisamente porque no muestra apenas nada del mismo. Es bueno porque lo que cuenta es verdad. El patriotismo se opone a la verdad y es más fácil que pueda desarrollarse en una gran mentira como la Unión Soviética o como la Alemania nazi.

Hoy por hoy es inimaginable en la mayor parte del mundo desarrollado un movimiento así. También me parece que hay un par de aspectos que contribuyen mucho a cultivar ese patriotismo. La ficción compartida de que existía una sociedad que había aboliendo las clases sociales, las dos décadas de aleccionamiento bolchevique y la incorporación de la Iglesia Ortodoxa Rusa al esfuerzo de guerra y cierta escasez material que suponía que muchos no tenían mucho que perder.

Uno no estaría muy dispuesto a dar la vida por la patria cuando ve que hay otros que obtienen más de la patria que uno mismo. La desigualdad social diluye el patriotismo, que es bastante horizontal. También me creería que es más difícil para agnósticos y ateos inmolarse en pos de la supervivencia del colectivo. Las riquezas materiales le permiten a uno comprarse un destino distinto al de la patria.

Constato que las ganas de arriesgar la vida por la patria son pocas. Y está bien. La patria está continuamente en peligro, y desaparecerá como también desapareció la Unión Soviética a pesar de tanto heroismo. No me preocupa demasiado que desaparezca la patria, ya habrá otra cosa luego.

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Visto desde otra lengua (2)

09/10/2013
Un libro

Un libro

El segundo encuentro casual fue con un artículo titulado Los insultos en segunda lengua ofenden menos publicado en uno de los blogs de El País y que hice circular entre mis amistades. Por mi experiencia diría que es cierto. Es más, que incluso insultar, blasfemar o cualquier expletivo en una lengua que no es la primera que uno aprende relaja mucho menos que en la nativa. Y eso si lo hace, que yo vivo ya muchos años en el mundo anglosajón y no digo ni fac, ni facof ni faquiú y sigo profiriendo barbaridades hispanas que aquí no puedo ni reproducir.

Pero lo más interesante del artículo es que en él se hacían eco de una investigación que habia descubierto que actuamos de diferente modo si nos enfrentamos a dilemas morales en un idioma que no es nuestra primera lengua. No sabría decir si somos más morales o más inmorales, porque el instinto moral que tenemos los seres humanos no es perfecto para maximizar el bien entendido racionalmente.

Por mi experiencia creo que hay circunstancias en las que uno hace lo más correcto en su segunda lengua, por cuestiones de pericia. Yo soy mucho menos capaz de mentir o de ocultar la verdad, en una oficina como en la que trabajo se dan muchas circunstancias que invitan a hacerlo, pero ni lo intento en casos en los que en español lo podría intentar. Supongo que eso en parte me hace más moral en inglés. Una de las ventajas de un comportamiento moral es la reducción de costes de transacción y aquí se cumple.

También entiendo cómo se puede mantener hasta cierto punto el prejuicio de que “el Otro“, el que no habla la propia lengua no es del todo humano, y esto llegaría hasta el punto de no sentir por él el mismo grado de empatía. La falta de empatía se acrecienta cuando no hay lengua común. Así resulta más fácil hacerle el mal a esa persona. Supongo que este mecanismo podrá explicar episodios que se han  producido en el campo de batalla de masas, aunque tampoco parece que la empatía florezca en las guerras civiles.

Lo más bonito es el reverso de la moneda, el hecho de que pensar en una segunda lengua favorece la racionalidad y elimina algunos sesgos cognitivos. Es una interesante línea de investigación a la que habrá que estar atento en próximos años.