El laberinto de la soledad

09/07/2017

Primera edición (1950)

En el comentario de texto de la Selectividad me tocó un artículo de Octavio Paz. Siempre me quedé con el remordimiento de no haber escrito el circunloquio “el premio Nobel mexicano” (que omití al dar por consabido), que quizá me hubiera hecho ganar alguna décima de propina. Poeta y ensayista en español, acaso la academia quiso darle el premio que negó a Borges. Su poesía nunca me ha dicho gran cosa y a excepción de alguna lectura suelta como el programa de radio en el que supe de sus andanzas por la España bélica he permanecido lejos de su obra, hasta hoy que me ha dado por leer una edición vieja de El laberinto de la soledad.

Como se trata de un grupo de ensayos variado en el que se toca lo divino y lo humano entresaco diversos fragmentos que me han interesado. Por ejemplo este sobre los llamados “pachucos” de la fea ciudad de Los Ángeles, cuya situación identitaria me recuerda un poco a la situación de los maketos y charnegos del País Vasco y Cataluña en España.

Al iniciar mi vida en los Estados Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles, ciudad habitada por más de un millón de personas de origen mexicano. A primera vista sorprende al viajero —además de la pureza del cielo y de la fealdad de las dispersas y ostentosas construcciones— la atmósfera vagamente mexicana de la ciudad, imposible de apresar con palabras o conceptos. Esta mexicanidad —gusto por los adornos, descuido y fausto, negligencia, pasión y reserva— flota en el aire. Y digo que flota porque no se mezcla ni se funde con el otro mundo, el mundo norteamericano, hecho de precisión y eficacia. Flota, pero no se opone; se balancea, impulsada por el viento, a veces desgarrada como una nube, otras erguida como un cohete que asciende. Se arrastra, se pliega, se expande, se contrae, duerme o sueña, hermosura harapienta. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer.

Algo semejante ocurre con los mexicanos que uno encuentra en la calle. Aunque tengan muchos años de vivir allí, usen la misma ropa, hablen el mismo idioma y sientan vergüenza de su origen, nadie los confundiría con los norteamericanos auténticos. Y no se crea que los rasgos físicos son tan determinantes como vulgarmente se piensa. Lo que me parece distinguirlos del resto de la población es su aire furtivo e inquieto, de seres que se disfrazan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de desnudarlos y dejarlos en cueros. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndulo, un péndulo que ha perdido la razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado de espíritu —o de ausencia de espíritu— ha engendrado lo que se ha dado en llamar el “pachuco”.

Como es sabido, los “pachucos” son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del Sur y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los “pachucos” no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión —ambigua, como se verá— de no ser como los otros que los rodean. El “pachuco” no quiere volver a su origen mexicano; tampoco —al menos en apariencia— desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: “pachuco”, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. ¡Extraña palabra, que no tiene significado preciso o que, más exactamente, está cargada, como todas las creaciones populares, de una pluralidad de significados! Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano.

Estos otros párrafos quizá no sean los más representativos de los que tratan la soledad, pero es interesante cómo la relaciona con la hombría y como la concepción mexicana de la virilidad (y por extensión la hispánica) se diferencia de otras al ser un rasgo de carácter, más que un resultado de la lucha. Educado en el ejemplo literario del Cid o de Machado partiendo al destierro nunca me ha dejado de sorprender que en inglés loser sea un insulto y que la derrota se pueda echar en cara a quien ha luchado como un hombre.

El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza. Muestra que instintivamente consideramos peligroso al medio que nos rodea. Esta reacción se justifica si se piensa en lo que ha sido nuestra historia y en el carácter de la sociedad que hemos creado. La dureza y hostilidad del ambiente —y esa amenaza, escondida e indefinible, que siempre flota en el aire— nos obligan a cerrarnos al exterior, como esas plantas de la meseta que acumulan sus jugos tras una cáscara espinosa. Pero esta conducta, legítima en su origen, se ha convertido en un mecanismo que funciona solo, automáticamente. Ante la simpatía y la dulzura nuestra respuesta es la reserva, pues no sabemos si esos sentimientos son verdaderos o simulados. Y además, nuestra integridad masculina corre tanto peligro ante la benevolencia como ante la hostilidad. Toda abertura de nuestro ser entraña una dimisión de nuestra hombría.

Nuestras relaciones con los otros hombres también están teñidas de recelo. Cada vez que el mexicano se confía a un amigo o a un conocido, cada vez que se “abre”, abdica. Y teme que el desprecio del confidente siga a su entrega. Por eso la confidencia deshonra y es tan peligrosa para el que la hace como para el que la escucha; no nos ahogamos en la fuente que nos refleja, ciso, sino que la cegamos. Nuestra cólera no se nutre nada más del temor de ser utilizados por nuestros confidentes —temor general a todos los hombres— sino de la vergüenza de haber renunciado a nuestra soledad. El que se confía, se enajena; “me he vendido con Fulano”, decimos cuando nos confiamos a alguien que no lo merece. Esto es, nos hemos “rajado”, alguien ha penetrado en el castillo fuerte. La distancia entre hombre y hombre, creadora del mutuo respeto y la mutua seguridad, ha desaparecido. No solamente estamos a merced del intruso, sino que hemos abdicado.

Todas estas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para otros pueblos consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad.

Aquí una certera reflexión sobre el surgimiento de las naciones iberoamericanas tras el fin de la Colonia…

Las nuevas Repúblicas fueron inventadas por necesidades políticas y militares del momento, no porque expresasen una real peculiaridad histórica. Los “rasgos nacionales” se fueron formando más tarde; en muchos casos, no son sino consecuencia de la prédica nacionalista de los gobiernos. Aún ahora, un siglo y medio después, nadie puede explicar satisfactoriamente en qué consisten las diferencias “nacionales” entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos. Nada tampoco —excepto la persistencia de las oligarquías locales, sostenidas por el imperialismo norteamericano— explica la existencia en Centroamérica y las Antillas de nueve repúblicas.

…que continúa con el interesante ejemplo mexicano:

No es esto todo. Cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de la Independencia, una constitución más o menos (casi siempre menos que más) liberal y democrática. En Europa y en los Estados Unidos esas leyes correspondían a una realidad histórica: eran la expresión del ascenso de la burguesía, la consecuencia de la revolución industrial y de la destrucción del antiguo régimen. En Hispanoamérica sólo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. La ideología liberal y democrática, lejos de expresar nuestra situación histórica concreta, la ocultaba. La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente.

El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad. Durante más de cien años hemos sufrido regímenes de fuerza, al servicio de las oligarquías feudales, pero que utilizan el lenguaje de la libertad. Esta situación se ha prolongado hasta nuestros días. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma. Éste parece ser el sentido de los actuales movimientos latinoa-mericanos, cuyo objetivo común consiste en realizar de una vez por todas la Independencia. O sea: transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos y turistas. En esta lucha nuestros pueblos no sólo se enfrentan a la vieja herencia española (la Iglesia, el ejército y la oligarquía), sino al Dictador, al Jefe con la boca henchida de fórmulas legales y patrióticas, ahora aliado a un poder muy distinto al viejo imperialismo hispano: los grandes intereses del capitalismo extranjero.

Casi todo lo anterior es aplicable a México, con decisivas salvedades. En primer término, nuestra revolución de Independencia jamás manifiesta las pretensiones de universalidad que son, a un tiempo, la videncia y la ceguera de Bolívar. Además, los insurgentes vacilan entre la Independencia (Morelos) y formas modernas de autonomía (Hidalgo).

La guerra se inicia como una protesta contra los abusos de la Metrópoli y de la alta burocracia española, sí, pero también y sobre todo contra los grandes latifundistas nativos. No es la rebelión de la aristocracia local contra la Metrópoli, sino la del pueblo contra la primera. De ahí que los revolucionarios hayan concedido mayor importancia a determinadas reformas sociales que a la Independencia misma: Hidalgo decreta la abolición de la esclavitud; Morelos, el reparto de los latifundios.

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación. Por eso el Ejército (en el que servían “criollos” como Iturbide), la Iglesia y los grandes propietarios se aliaron a la Corona española. Esas fuerzas fueron las que derrotaron a Hidalgo, Morelos y Mina. Un poco más tarde, casi extinguido el movimiento insurgente, ocurre lo inesperado: en España los liberales toman el poder, transforman la Monarquía absoluta en constitucional y amenazan los privilegios de la Iglesia y de la aristocracia. Se opera entonces un brusco cambio de frente; ante este nuevo peligro exterior, el alto clero, los grandes terratenientes, la burocracia y los militares criollos buscan la alianza con los restos de los insurgentes y consuman la Independencia.

Se trata de un verdadero acto de prestidigitación: la separación política de la Metrópoli se realiza en contra de las clases que habían luchado por la Independencia, El virreinato de Nueva España se transforma en el Imperio mexicano. Iturbide, el antiguo general realista, se convierte en Agustín I. Al poco tiempo, una rebelión lo derriba. Se inicia la era de los pronunciamientos.

Breve balance histórico de la Revolución Mexicana:

La Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la Historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución mexicana ha muerto sin resolver nuestras contradicciones. Después de la segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que esa creación de nosotros mismos que la realidad nos exige no es diversa a la que una realidad semejante reclama a los otros. Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar. La Historia universal es ya tarea común. Y nuestro laberinto, el de todos los hombres.

Breve balance histórico del comunismo que a menor escala me parece aplicable a muchas instituciones  y políticas que pretenden corregir las injusticias del mercado, pero que al final sólo generan mercado negro e injusticias mayores:

Los métodos de “acumulación socialista” —como los llamaba el difunto Stalin— se han revelado bastante más crueles que los sistemas de “acumulación primitiva” del capital, que con tanta justicia indignaban a Marx y Engels. Nadie duda que el “socialismo” totalitario puede transformar la economía de un país; es más dudoso que logre liberar al hombre. Y esto último es lo único que nos interesa y lo único que justifica una revolución.

Por supuesto hay mucho más de entre lo que destaco por lo leven una entretenida disquisición sobre la variación léxica del tema “chingar” pero además en el campo de las ideas: la soledad, la muerte, la destrucción del mundo politico y religioso precolombino, el catolicismo, la proyección de Europa en la Nueva España, sor Juana Inés, el interesante siglo XIX mexicano y la situación de lo que durante el XX llamábamos el mundo en vías de desarrollo,

Leo que hay ediciones posteriores que añaden tres ensayos a los ocho y apéndice de la primera. Intentaré hacerme con una de esas cuando vuelva a esta obra.


Postal de Teotihuacán

28/04/2017

Pirámide del sol (Teotihuacán)

Hoy ha llegado esta postal de México que creía que ya no llegaba (nos habían guasapeado el aviso). Del 7 de marzo hasta hoy van más de seis semanas. Nuestro corresponsal nos informó de que el franqueo de una postal internacional sale por 14 pesos mexicanos (68 céntimos de euro, hoy) y de que en la oficina a la que acudió se les habían acabado esos sellos y sólo quedaban de los de 1 peso, por lo que la postal ha llegado cargada de filatelia. El dorso es un collage con catorce baúles de Olinala y tiene su arte.

Mucho arte, pero un poco más y tapas todo el texto

Pues pone algo del DF (y mira que te dijimos que había dejado de existir en 2016) y una coña ajedrecística como si estuviera bien reirse de los inválidos. A lo mejor pone más cosas y resulta que han quedado cubiertas por los sellos.

Muy agradecidos que estamos. Ésta va a ser marcapáginas de un libro de los buenos.


Snoopy y las flores

23/12/2016
Carlitos Brown y su familia

Carlitos Brown y su familia

Nos sigue llegando alguna felicitación navideña, lo cual no está nada mal ya que nosotros no enviamos ninguna y quizá deberíamos pero nos falta constancia. La que hoy nos ha llegado de Alemania y que no he abierto viene en un sobre protagonizado por el perro Snoopy, una tira cómica que nunca me pareció nada graciosa. Creo que esto es porque la comparaba con mi adorable Mafalda y me resultaba muy inferior. Un asunto que hemos comentado en el trabajo en esas conversaciones cosmopolitas que salen es que Mafalda tiene éxito en las lenguas latinas y aparte de en el mundo hispánico es conocida en Francia, Italia y Portugal y en cambio no parece funcionar bien en el germánico-anglosajón, donde prefieren al chucho este. Ellos sabrán.

Flores alemanas

Flores alemanas

El sector filatélico nos trae una serie con las siguientes flores:

  • Schokoladen-Kosmee – Cosmos atrosanguineus – Cosmos encarnado (México)
  • Tränende Herz – Lamprocapnos spectabilis – Corazón lacrimoso (Japón)
  • Goldmohn – Eschscholzia californica – Amapola de California (EEUU, México)

El cosmos se exinguió en su estado silvestre (esta resulta una frase curiosa omitiendo el contexto anterior) y mal que bien se ha ido reproduciendo a partir de una flor.

No estoy muy seguro de cual es el mejor nombre español para el lamprocapnos y he traducido el alemán por aproximación.

Dice la wikipedia que la amapola californiana tiene otros nombres como campanilla, dedal de oro, escholtzia, rasete, raso y fernando.

 


Los cuatro viajes de Colón

12/11/2016
Mi ejemplar tiene la misma portada, en inglés.

Mi ejemplar lleva la misma portada en otro idioma.

El 12 de octubre podría convertirse en la fiesta nacional de decir tonterías, pero una cosa buena es que este año los eslóganes panfletarios del sector izquierdista de mi feisbuc me lanzaron a la estantería a buscar Columbus: The Four Voyages 1492-1504 de Laurence Bergreen, que llevaba esperándome meses o años, qué sé yo.

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Cartel político en lengua indoeuropea

Quiero dejar constancia del eslogan más tonto de los que vi, que es el que dice “América no fue descubierta, fue invadida y saqueada”. Bueno,  todas las semanas descubro yo cosas que otros ya conocían y no dejan por ello de ser mis descubrimientos y me parece polisemia aceptable. Las carabelas castellanas llegaron por allá y realmente no tenían ni idea de lo que había, buscaban otra cosa y durante algún tiempo (años) creyeron era esa otra cosa la que habían encontrado. Ahora bien, si aquello en realidad no era India ni China, los taínos y los caribes tampoco lo comprendían mucho mejor ni sabían de todo lo que había entre Groenlandia y la Tierra de Fuego. Colón y los que llegaron después no sólo descubrieron América, eso sería decir poco: la crearon. Esa será la razón por la no solemos ver eslóganes indigenistas en arahuaco en las redes sociales y por la que hace bastantes semanas que no le arrancan a nadie el corazón en un ritual en alguna pirámide de la selva.

Invadida sí, aunque me sorprenda que la crítica venga de los descendientes de los invasores. Podían disolver la República Argentina y volverse para Sicilia. Ni la izquierda peronista suele hablar de la Conquista del Desierto ni tampoco es que el primer contacto en el siglo XV y la primera violencia, en aquella escala, supisieran una novedad en aquel hemisferio. Los primeros que llegaron por Béring (o en canoa desde Polinesia) se encontrarían aquello vacío de gente y desde entonces para acá tuvieron varios miles de años para todas las disputas territoriales que uno quiera suponer. Saqueada por los europeos hasta cierto punto puede ser, aunque aquí no puedo evitar pensar en cuán infantiles son algunas teorías izquierdistas sobre el fundamento y origen de la riqueza. Si en la América precolombina los metales que en Europa eran preciosos no tenían valor económico y sólo ceremonial, el saqueo es como si se me llevan diez kilos de polvo que yo tengo por casa y con los que no hago nada y alguien se hace luego rico con ello vendiéndolo en Marte.

También pude ver un vídeo bastante surrealista en el que le preguntaban a indios y semiindios de los EEUU por Cristóbal Colón, que ni tocó las tierras de lo que hoy es aquel país. Lo insultaban en inglés por haber arruinado todo aquello. Me imagino dado el clima político imperante en aquel país es más fácil meterse con el genovés del XV que con los Padres Fundadores del XVII. Más fácil que con George Washington y el resto de presidentes de EEUU que se empeñaron en acabar con el problema indio o que con Custer y todos los que de verdad mataron a los indios de por allí hasta acabando el siglo XIX. Me ha recordado un poco a aquella que durante mucho tiempo fue película canónica sobre la esclavitud, Amistad de Steven Spielberg, con traficantes ibéricos más que anglosajones. (Creo que en los últimos años Hollywood ya se ha atrevido a enfrentarse al pasado del grupo étnico dominante en EEUU con otros filmes).

Los cuatro viajes colombinos

Los cuatro viajes colombinos

En cuanto a mis descubrimientos. Pues casi es una vergüenza lo poco que sabía de los viajes colombinos. La historia del primero creo que se conoce relativamente mejor pero, por ejemplo, que se hable siempre de las tres carabelas y que no esté claro si la Santa María era una nao, una carraca o una carabela me resulta un detalle curioso. Otrosí, que La Niña se llamaba en realidad Santa Clara, pero que tenía ese mote por pertenecer a la familia Niño. La historia de los treinta y nueve hombres que se quedaron en la Española mientras Colón regresaba con La Pinta y La Niña a Lisboa con poco agradable parada en las Azores también es muy interesante. Que los primeros poblados españoles en el Nuevo Mundo fueron esel fuerte de La Navidad en el que quedaron los treinta y nueve (y es extraño y quizá triste que hasta hoy haya sabido mucho más de la colonia perdida de Roanoke que de ésta) y luego La Isabela, también en la isla de La Española diría que son datos poco conocidos. Ni siquiera el naufragio de la Santa María es demasiado conocido en la España de hoy. Y esto tan sólo el primer viaje, que es el que más se conoce. Qué porcentaje de los españoles o de los iberoamericanos sabe que Colón regresó encadenado del tercer viaje ni me atrevo a preguntármelo.

Ahora preferiré meterme en harina política. Si esto fue en realidad una desgracia y un genocidio. Cuando uno lee a Bartolomé de Las Casas y la relación de hechos que se suceden, el nivel de violencia es brutal y poniendo en los siglos XV-XVI las ideas de los siglos XX-XXI, hay varios elementos de genocidio. Para mí falta uno muy esencial que es el propósito. La cuadrilla que fue para allá no tenía ninguna intención de eliminar a una gente que ya estaba y que de hecho le resultaba muy útil. De dominarla y aprovecharla para sus fines sí, pero el exterminio es sobre todo accidental. A mí hablar de genocidio, micromachismos o crímenes medioambientales en el siglo XVI me parece embarullar la discusión, pero supongo que se puede hacer un ejercicio de imaginación. Hay mucha muerte, mucha enfermedad y mucha explotación, pero la palabra genocidio está fuera de lugar. Es también todo aquello el origen de muchas cosas buenas.

Siguiendo con la accidentalidad, una cosa que no entiendo demasiado es que se critica a los conquistadores (y a veces por extensión a los europeos) por llevar enfermedades al Nuevo Mundo, males que ni ellos mismos comprendían como funcionaban. Esta parte de la Historia me parece inevitable, y si no hubiera sido Castilla en el XV habrían sido Portugal, Inglaterra o los Países Bajos en el XVI. Nunca he leído ninguna crítica geopolítica a la llegada de la Peste Negra a Europa desde Asia en el siglo XIV. Los más razonables de entre nosotros tampoco criticamos a homosexuales y heroinómanos por extender el VIH en mayor medida que los enfermos que no lo eran. Era inevitable que se llegase a un punto en el que poblaciones enteras perecieran por la lotería de los genes. Esto volverá a pasar y no tiene nada que ver con las comunidades políticas tal y com las entendemos.

¿Descubrió o conquistó España América? A mi modo de ver, no. La exploración original se desarrolló a modo de empresa privada con participación de la Corona y a la gran mayoría de la población de la pluralidad de reinos que acababa de convertirse en uno mayor llamado España no le afectó en nada. En realidad, de los varios reinos, fue el de Castilla el protagonista. La identidad nacional es un fenómeno que ha de tardar tres siglos en llegar. Los protagonistas suelen referirse a sí mismos como “cristianos”, España no estaba madura aún. Sabemos también que la mayor parte de los que fueron no volvió, por lo que estos conquistadores fueran héroes o criminales no son ancestros de la población ibérica de hoy, sino de la de las veintitantas naciones a las que se suele llamar hermanas. Aquí vuelve a cobrar sentido eso de que no sólo descubrieron América sino que la crearon.

Las escenas que los cronistas relatan parecen brutales, pero no lo son tanto en comparación con la violencia habitual en el propio país de origen de los conquistadores, donde se quemaba a la gente en la hoguera por sospechas o confesiones extraídas mediante tortura. Las barbaridades perpetradas en el Nuevo Mundo son muy graves comparadas con la violencia que se da en tiempos modernos, que es menos y menos cruel, pero no demasiado diferente a la que se podría ver en las guerras o la vida cotidiana de la Europa del siglo XV. Además, los europeos que llegaron allá se encontraron con prácticas como el canibalismo en el Caribe y el sacrificio ritual en México de las que seguimos pensando que son peores aún que la violencia gratuita o por lucro y que consideraban que legitimaba su propia violencia “civilizadora”. En cualquier caso, la importancia desaforada que tanto los oriundos como los recién llegados daban a las cosas sobrenaturales limita cualquier tipo de comprensión que sobre ellos y su visión del mundo podamos alcanzar.

Recordaré el libro de Bergreen como el texto en el que me enteré de que las islas antillanas de Antigua, Guadalupe y Monserrat llevan los nombres de vírgenes españolas, entre muchos otros datos interesantes. Es quizá acertado leer este tipo de historia de la pluma de alguien que no proviene del mundo hispánico, para ahorrarse los efectos nocivos del cualquier chovinismo aún si fuera involuntario, pero de todos modos me gustaría conocer la bibliografía que haya en español sobre el particular.


Postal de Ciudad de México

25/04/2016

Hoy nos ha llegado postal de Ciudad de México. Me parece que ha tardado seis semanas completas en llegar. Sabíamos que Jordi andaba trabajando por allí y que poco antes el Distrito Federal había dejado de existir, cosa que anduvimos comentando entre anteojerías y cátsup.

 


Cuauhtémoc

20/06/2015

Esta mañana ha hecho bastante bueno y hemos salido con la intención de llegarnos a un parque que hay en el glamuroso barrio de Ringsend, comer un bocadillo y darnos una vuelta por ahí.

El buque-escuela

El buque-escuela

Al acercarnos al Liffey hemos visto que aún se encontraba allí amarrado el buque-escuela Cuauhtémoc, de la Armada Mexicana, que había llegado el miércoles.

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Cuauhtémoc en el mástil de proa

Es un barco que ya tuve oportunidad de ver en Dublín, creo que hace ahora tres años, aunque en aquella ocasión no llegué a subir a bordo, cosa que esta vez hemos podido remediar.

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Velas

Es algo mayor que el Juan Sebastián Elcano de la Armada Española, que también paró aquí hace ahora un año meses. Últimamente arriban muchos barcos interesantes a este muelle.

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Pasarela

Se considera a Cuauhtémoc el último emperador azteca (debería decirse mexica) y el nacionalismo mexicano lo ha elevado a cosas míticas que nunca fue tres y cuatro siglos después de muerto.

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Pensaba que había un único código

Lo mejor del paseo por cubierta ha sido que tenían puesta música de rancheras y corridos a todo trapo. Pero sigo siendo el rey.

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En cubierta

Luego buscando información en Internet he leído que este barco fue construido en Bilbao en 1982. También he encontrado fotos muy simpáticas con toda la tripulación subida a las velas.

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Tremendo lábaro

La bandera mexicana de popa, que era gigantesca, ha sido el otro detalle curioso del bajel.

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Nubes sin claros

Cuando hemos pasado de nuevo por delante del barco, un par de horas después, el día ya se había puesto feo. Es lo efímero del buen tiempo irlandés, carpe díem.


Metros y pies

04/05/2015

[1’35”] “When the mark of 8.90 m. appeared on the scoreboard, Beamon -used to non-metric measurement- still didn’t know exactly how far he’d jumped.”

[1’35”] “Cuando la marca de 8,90 m. apareció en el marcador, Beamon -que no estaba acostumbrado al sistema métrico- seguía sin saber cuánto había saltado.”

Creo que todo el mundo conoce este récord de salto de longitud en los Juegos Olímpicos de México de 1968. Me acabo de dar cuenta de que el salto que lo batió en Tokio en 1991 lleva más años vigente que aquel. Un poco antes en el mismo vídeo [1’20”] el protagonista, Bob Beamon, aparece en una entrevista diciendo algo sobre veintitantos pies.

Soy partidario acérrimo e intransigente del sistema métrico internacional. Aquí en Irlanda se utiliza más que en Inglaterra y en Estados Unidos excepto en casos contados: alguna distancia consabida en millas, comprar carne en libras el mercado, la altura de la gente en pieses y -un dato que descubrí hace pocos años y con el que vengo teniendo contacto- el peso de los bebés al nacer.