¿Cuántos españoles viven en Irlanda?

22/01/2016

Es una de esas cosas que no se pueden saber, pero según el dato más oficial que puede conseguirse que es el registro de la embajada, parece que en 2015 serían 8.835. A mí me parece que este dato no sirve de mucho y mi propia historia personal lo ilustrará: yo mismo estuve registrado como transeúnte cuando aún existía la figura, de alta, de baja, he vuelto al país, he estado varios años sin darme de alta y ahora llevo cuatro o cinco registrado de nuevo. Lo que quiero decir es que puede que haya bastante gente que esté viviendo de modo permanente sin estar registrada (yo mismo estuve en esa situación más de un lustro).

Esta y otras curiosidades en un vídeo que puso ayer en Youtube algo que se llama Consejo de Residentes Españoles. Parece que cada vez hay más gente y sólo se registra un bajón allá por 2008 (conjetura gratuíta: la gente se volvió a la madre patria a disfrutar de las ganancias acumuladas durante el período del tigre celta). La pirámide de población tiene una forma muy curiosa y achatada por los polos; la mortalidad parece bastante baja. Como tengo la sensación de que el dato de mi provincia en el mapa de las provincias españolas de origen está errado, voy a poner aquí debajo la diapositiva con el mapa de los condados irlandeses en los que residen los españoles emigrados. Bastante la mitad en Dublín y cuanto más cerca del aeropuerto casi que mejor. Luego Cork y Galway y lo que llaman los commuter counties (como traducción propongo “condados de cercanías”): el cinturón de condados que rodean la capital y desde los que se puede venir a trabajar a diario.

Españoles residentes por condados en Irlanda

Españoles residentes por condados en Irlanda

En fin, lo dicho, que como los estudiantes de bachillerato y universitarios, la gente que viene a pasar un año después de la carrera, los turistas e incluso muchos que andan por aquí de continuo no se registran creo que es probable que en todo momento haya más de treinta mil españoles en esta república.


Islas no aisladas

19/01/2016
Mata de la provincia romana de Britannia

Mata de la provincia romana de Britannia

Sigo leyendo sobre la historia de las islas. Me estaba acordando de una vez que fuimos a Belfast en la primavera de 2000. Éramos un grupo de compañeros de trabajo y entre ellos estaba la típica izquierdista española que en España es anticlerical y en Irlanda del Norte, católica. La sigo teniendo en el Facebook y me llama la atención que sea fiel a IU y pase de Podemos. En la plaza en la que está el ayuntamiento de Belfast dijo algo como “ver ahí ondeando la bandera británica me ha parecido muy fuerte”. Es lo que tiene acercarse a la realidad desde el prejuicio. También ondea la bandera española en Santa Cruz de Tenerife, que queda bastante más lejos de la España peninsular.

El gaélico que se habla en Escocia está ahí a consecuencia de la migración de celtas provenientes de Irlanda y durante muchos siglos existe una cultura céltica bi-insular. Dice Davies hablando del siglo X o por ahí que como resultado de los numerosos movimientos de poblaciones la configuración geográfica de “lo irlandés” tardó en configurarse. No sólo es Escocia, sino también la isla de Man o partes de Gales como la península de Lleyn y más al sur Cornualles. De hecho, habría sido posible que la cultura céltica se hubiera impuesto a la romana y a la germánica. La frase importane es: Sólo cuando los asentamientos irlandeses en Gran Bretaña dejan de funcionar puede empezar a emplearse el concepto moderno e insular de “Irlanda”.

Las islas británicas

Las islas británicas


La mirada del que vuelve

17/08/2014
la-caravana-avanza-portada

Portada

Ayer comentábamos La caravana avanza de İrfan Orga un escritor turco de los años cincuenta del siglo XX que llevaba años viviendo en Londres cuando vuelve a su país para visitar a su familia y hacer lo que hoy llamamos turismo. Me pareció interesante que a diferencia de la mayoría de relatos de viajes por el Oriente, escritos por occidentales, este libro está escrito por un turco oriundo que ha crecido en esa cultura pero que tiene la perspectiva de la de sus lectores británicos y por decirlo de algún modo se encuentra en tierra de nadie, que salvando las distancias es algo que nos suele ocurrir a los que vivimos en un país distinto del de nuestro pasaporte.

Me parece que esta distancia con la cultura de origen se va acrecentando con la edad y a su vez se llega a un punto en la que la distancia con la cultura de destino ya no se reduce. En general, la gente con la que me entiendo mejor son los otros europeos de mi generación que viven en un tercer país (con los españoles más aún) y de entre los irlandeses, con los que han vivido en el extranjero. La gente de la ciudad natal de uno va quedando lejos en el pasado, la barrera con la generación anterior -la de los padres- va aumentando también aunque creo que esta la cultiva uno desde la adolescencia para facilitar el convivir y qué decir de las nuevas generaciones, a las que los adultos llevan milenios incomprendiendo. Hace meses volví de vacaciones a casa de mis viejos e iba a poner unas líneas con unas fotos, pero luego me parecieron demasiado despectivas hacia el municipio y su población. Y eso que no lo eran tanto como las palabras con las que Orga describe el almuerzo en casa de su hermano en İzmir (Esmirna):

El almuerzo se servía en un balcón lleno de plantas en flor. Cuando empezábamos a comer y la charla se detenía me di cuenta que no tenía nada en común con ellos. Esto me hacía sentir a la vez incómodo y superior. La mayor parte del tiempo hablaban del pasado, supongo que en la creencia de que ello me agradaría. Resucitaban a los muertos o hablaban de personas a las que nunca llegué a conocer. A pesar de sus nociones de cultura general no sabían nada del mundo fuera de Turquía excepto lo que los estandartes al viento de sus periódicos les indicaban. Eran tan soberbiamente indiferentes a los acontecimientos del mundo y las conferencias internacionales como cualquier tribu de montaña. El poder de la bomba de hidrógeno les sobrepasaba.

A mí esto no me ocurre ya que mis dos países se encuentran en un estadio similar de civilización. Si acaso creo que es aquí en Irlanda donde me encuentro con personas más desinformadas y con las que acabo hablando del tiempo. Ignorancia hay en todas partes y si bien sería aconsejable reducirla tampoco creo que se pueda criticar demasiado a quien no tiene interés por los asuntos del mundo que no le conciernen. Eso sí, hay un tipo de ignorancia autosatisfecha que me parece especialmente despreciable: la necedad del nacionalista o del patriota que cree qne en un mundo (compuesto por doscientos países y seis mil lenguas aunque él ignore el dato) su propia cultura, o país o tribu es algo especial o más importante o de más valor o digno de respeto o mejor que cualquiera de las demás. Así porque sí. Por ejemplo, los funcionarios que Orga se encuentra en Afyon:

Me preguntaron exhaustivamente y depués de descubrir que había vivido en Londres cerca de diez años pasaron a un tono recriminante ¿Por qué no estaba viviendo en mi propio país? ¿Qué hacía para ganar dinero? ¿Creía el resto del mundo que Turquía iba bien? ¿Reconocían que era una nación moderna? Divagué. No tenía sentido explicar a estos severos funcionarios que al resto del mundo Turquía no le importaba una mierda, de cualquier manera no lo habrían creído. Su orgullo y su fe en sí mismos eran enormes. Uno me contó que había comprado un frigorífico para su mujer, el otro se jactaba de que pronto enviaría a su hijo a la Universidad de Ankara.

Los planteamientos de estos gañanes con gorra me recuerdan un poco a la historia de la radio que me contó mi compañera polaca el año pasado. Al menos en las estadísticas Irlanda es uno de los países más patrióticos de Europa occidental, pero aunque dicen mucho lo de proud to be Irish en general es un patrioterismo bastante pragmático y banal. Mi forma cínica de verlo es “ocho siglos luchando por la independencia para acabar teniendo envidia del NHS y de la BBC”. El aldeanismo que hay en la raíz es significativo, pero no muy diferente del que pueda haber en España donde por razones históricas y de mayor extensión territorial el mismo aldeanismo se expresa en diferentes visiones del “mundo”, pequeñas todas pero contrapuestas. En realidad el culchie irlandés y el paleto español son el mismo tipo, aunque al primero le guste más beber y al segundo comer.

Para ilustrar la diferencia entre el nivel de desarrollo del Reino Unido y de Turquía en la década de 1950 tomemos por ejemplo el fragmento en el que se habla de Muradköy un pueblecillo cercano a Muram. La mirada del que vuelve es diferente pero dentro del país también hay disparidad de miradas y opiniones:

Un joven que trabajaba su propia tierra me dijo que esperaba que no diera una falsa imagen de la vida campesina a mis amigos.
“Somos una nación progresista” dijo con orgullo y hemos hecho un largo recorrido en poco más de un cuarto de siglo. Hay gente a la que le gustaría creer que estamos tan atrasados como en tiempos de nuestros padres, pero no es así. Tenemos todo que queremos, gracias a Dios, y nos gustaría que todo el mundo lo supiera”.
Escupió con desprecio, enojado porque se le hubiera cuestionado.
Un hombre de mayor edad tenía una historia muy diferente que contar:
“Estamos igual que siempre” dijo “Sólo mandamos a nuestros hios a la escuela por miedo a los gendarmes. Se ha construido una nueva escuela y una mezquita, pero eso no pone pan en nuestros estómagos. El trabajo es duro y la vida es dura. Quien le diga que somos progresistas está mal de la cabeza. No puede juzgarnos viniendo aquí y haciendo un montón de preguntas tontas. Hace falta vivir entre nosotros, ver lo que tenemos para comer y cómo los niños se van a dormir con hambre en una noche de invierno. Eso le mostrará cuánto hemos cambiado. No se vaya con la idea de que sabe todo sobre la vida rural sólo por habernos visto un día de verano.”

Tras una descripción exhaustiva del pueblacho de casas de adobe, la dieta pobre del campesinado, los problemas sanitarios y de higiene y la influencia omnipresente de la religión que ni siquiera sirve para detener la deshonestidad, la infidelidad y el crimen; el maltrato de los animales y la consideración de la mujer como mera propiedad Orga llega a la siguiente conclusión:

Me parece que la occidentalización ha afectado al campesino sólo e que le ha dado maquinaria agrícola (que no pocas veces se queda en los campos oxidándose), escuelas, derechos y otras ventajas. Todas ellas son, sin duda, cosas exteriores. No dejan huella en el espíritu, que sigue siendo brutal, insensible y trágico. El conjunto de la vida rural en Anatolia es trágico. Uno sólo tiene que mirar a los ojos a los niños y a las mujeres que llevan tanto tiempo sufriendo. La vida parece una lucha inacabable contra la naturaleza o contra otros con más mundo que ellos y que les estafan continuamente. A pesar de todas las mejoras obvias la vida rural es dura y seguira siéndolo durante mucho tiempo, hasta que la propia gente empiece a apreciar la finura de vivir.

 Y esto es sólo en la llanura de Anatolia, antes de llegar al terreno montaño de los Tauros donde vive la gente ruda de verdad: los yürük que va a conocer como antropólogo aficionado. En resumen es un punto de vista con el que me he podido sentir identificado y del mismo modo que él se ve en el atraso de los campesinos turco, reflejado me veo yo en los problemas y circunstancias de mi país natal. Está muy bien eso que dice de que “no despreciamos ningún defecto que no tengamos”.