Más cartas de Rusia

15/07/2017

Me ha sorprendido comprobar cuán breve fue la nota que dejé tras leer los tres tomos de cartas de Rusia que Juan Valera escribió entre 1856 y 1857. Me parecieron tres tomos con muchos datos dignos de mención. No siempre tiene uno el mejor día. Me he aproximado hoy, gracias a una herramienta formidable que ha utilizado la Biblioteca Nacional de España, a la correspondencia de otro español que también viajó por el gigantesco país y otros cuantos al año siguiente de 1858. Epistolario que fue publicado en 1867, casi una década después.

El ilustre sevillano Jose María López de Ecala y Zubiría se acerca a Petersburgo adonde tras pasar por Berlín llega en barco desde Estettin. Después  de contar interesantes aspectos de la vida en la capital de los zares y cosas turísticas tanto de ella como de Moscú (Moscou) prosigue por Escandinavia hacia el sur de la Europa germánica. No en vano el título completo de la obra es Nueve meses en Rusia, en los pueblos situados entre el Báltico y el mar del Norte, en Prusia, Austria, Baviera, Suiza y Holanda. Cartas escritas por José María López de Ecala.

El contexto histórico de 1858 es que Rusia acaba de salir de la guerra de Crimea y ciertas capas de la sociedad se plantean su modernización. Se cierne la abolición de la servidumbre, que finalmente se proclama en 1861. El embajador español en plaza es el mismo para quien trabajó Valera: el duque de Osuna de prodigalidad legendaria. Los escasos viajeros diletantes de la época solían estar bien relacionados.

En la introducción hay una consideración estilística que me parece buena. Creo que el género de viajes (y el de blog) no suele llegar a gran literatura ni debe siquiera intentarlo, lo cual no es óbice para que sea mejor de leer que mucha novela con ínfulas:

Debo prevenir á mis lectores, que no soy mas que viagero, y que por lo tanto no se encontrarán en este 2.° tomo de mis viages por Europa, esas poéticas y á las veces exageradas descripciones, tan frecuentes en los libros de esta clase publicados en el estrangero; ni esas escenas de efecto, ni esos melodramáticos episodios que los convierten en preciosas novelas, en las cuales el autor hace frecuentemente el papel de protagonista, dando lugar á que la historia de un viage se convierta en la propia historia del viagero.

Yo veo y describo; escribo en estilo familiar, y narro con sencillez lo que veo. Procuro que mis descripciones sean una fotografía de los objetos. No busco la fama del hombre de letras, ni el origen ni el porqué de las cosas; aspiro á complacer á mis amigos, á que el provecho de mi viage alcance al mayor número de mis conciudadanos, y á presentar las cosas tal cual se ofrecieron á mis ojos, llamando al pan, pan, y al vino, vino; y esponiendo, en fin, la verdad desnuda del oropel de las galas del estilo y de las flores de la retórica; procuro solo deleitar é instruir al lector acerca de muchas cosas que no debe desconocer, hoy, repito, que estamos abocados á una gran guerra en el Oriente y en el centro de Europa.

Lo de la guerra y tal. Hay varias veces que parece que acierta el futuro, aunque apostar a que habrá conflictos sea una apuesta ganadora. Cuando habla de la inminente (en términos históricos) abolición de la servidumbre ensarta este párrafo acertado:

Creo firmemente que la reforma se llevará á cabo en Rusia, y que el dia que se plantee amanecerá en el imperio moscovita una era de progreso y civilización de inmensos y beneficiosos resultados para el país; pero también creo que se entablará desde luego una lucha tenaz y acaso sangrienta entre los nuevos y los viejos intereses que se van á poner en pugna. No dudo que las ideas liberales se abrirán un camino, y que no les ha de faltar quien las fomente y empuje con calor; pero habrán de encontrar tenaz resistencia en una sociedad que ha vivido hasta ahora completamente separada del movimiento político de Europa; en una sociedad casi petrificada à virtud de muchos años de absolutismo bárbaro y feroz.

Quizá el liberalismo no se ha abierto demasiado paso en el siglo y medio posterior, pero en lo del conflicto de nuevos y viejos intereses parece que lo clava. Por otro lado es una constante histórica y así ha de ser siempre.

El crucero por el Báltico me ha dado ocasión de notar que tiene que haber alguna razón para que las bengalas se llamen bengalas:

Durante la noche del segundo, la niebla que parece estacionaria en este mar, se condensó en terminos de hacer peligrosa la navegación. Para evitar algun funesto accidente, el capitán mandó acortar fuerza á la máquina, encender faroles en los palos y quemar fuegos de Bengala.

Ya en Petersburgo, una nota a pie de página a propósito de esa gran avenida llamada (Newsky, a la alemana, en el texto) Nevsky Prospekt:

Las grandes calles de Petersburgo se llaman perspectivas por razón de su estremada longitud.

La clásica referencia al francés como lengua de la élite rusa del XIX:

Otro de los caracteres que distingue a la alta sociedad rusa, es el afectar tanto menosprecio ó desden por todo lo que es del país, que en ella no solo se habla el francés con entera esclusion del idioma nacional, sino que se observan con tal rigor y puntualidad las modas, los usos y la etiqueta francesa que le parece á uno estar en las orillas del Sena, sin embargo de oir y ver correr las aguas del Newa.

El clima de Rusia en dos párrafos:

En Rusia, la nieve no moja como en nuestras latitudes meridionales, tan helada y dura cae sobre la tierra. Así que, cuando el viento la fracciona , produce el mismo efecto que las arenas en los puertos de mar removidas por el levante. Los rusos dicen que en su país el frió se vé, pero no se siente; así es la verdad, porque la nieve cae convertida en polvos de cristal, y las precauciones que se toman contra el frió son tales, que apenas ni se deja sentir. Al efecto, las casas están construidas y dispuestas para resistir un frió de 19 á 20 grados, bajo 0.

En S. Petersburgo, amigo mió, no hay primavera ni otoño; no se conoce mas que invierno y verano; ó como decía la Emperatriz Catalina, dos inviernos, uno blanco y otro verde.

Una palabra más conocida hoy que entonces:

Además del droski, úsanse en San Petersburgo carruages que se llaman troika porque tienen tres caballos, y otros de cuatro ó seis asientos á los cuales se enganchan cuatro para ir al campo, ó de viaje.

La vida social de las clases altas:

En un pais como la Rusia donde no existe eso que nosotros llamamos vida pública, tanto porque la forma de gobierno, las costumbres y hasta el clima se oponen á ello, son de indispensable necesidad, las relaciones y las visitas, para hacer mas llevadera la monotonía de la existencia

El embajador turco:

Hace muy pocos días que fuimos invitados á una de estas fiestas por el embajador de Turquía, (que dicen ser hermano de la madre del Sultan) que por cierto, así él como los demás individuos de la embajada, solo tienen de turco; el nombre; pues visten de frac, hablan perfectamente el francés, beben sangre de Jesucristo y no le hacen á una rueda de salchichón.

El tabaco en la Rusia del siglo XIX y la prohibición de fumarlo en la calle:

Ayer sin ir mas lejos, encontrándose mi criado en conversación con otro en la puerta de la embajada fumando tranquilamente, pasó un polizonte, quien sin mas aviso ni ceremonia le quitó bruscamente el cigarro de la boca y se lo llevó para volver al poco rato con una papeleta de multa de un rublo por primera vez.

La intolerancia con los fumadores es tal en San Petersburgo, que se cuenta como hecho ciertísimo, que habiendo llegado á conocimiento del último emperador, que un embajador había tenido el atrevimiento de fumar en medio de la calle, le mandó un cajón de habanos con espreso encargo de que los fumase dentro de su casa.

Semejante prohibición es soberanamente absurda en un país donde todo el mundo fuma, hasta las señoras. Los ricos los mejores tabacos de la Habana que pagan a peseta cada uno, y los pobres tabaco turco, en pipa.

He querido averiguar la razón en que se funda esa ridiculez, y solo he podido saber tres ó cuatro de pié de banco que se dan para esplicarla. Dícese por los unos, que la prohibición se funda en el temor de que se incendien las calles, cuyo pavimento es de madera; otros, porque al emperador le incomoda el humo del tabaco (no me parece mala esa razón, que si no es de pié de banco es de mano autocrática) y los mas, en fin, suponen que es una medida financiera para limitar el consumo de un artículo que no se produce en el pais y del cual se hace un gran consumo.

La parte peterburguesa es más interesante creo que la de Moscú. Por cierto, 21 horas era el viaje de tren entre ambas ciudades (700km que hoy se hacen en tres y media). Dejaré los siguientes países y ciudades para comentar más adelante. Del mismo autor hay un libro anterior sobre un viaje a Italia.

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Mi viaje a la Rusia sovietista

06/05/2017

3ª edición (1934)

Ayer me enteré de que había salido un libro sobre el viaje que Ramón J. Sender hizo a la URSS en 1933-34. El artículo en el que lo vi menciona a otros españoles que hicieron el grand tour sovietico por aquellos años en todas partes convulsos. Todo el mundo quería ir a ver el meollo de la historia universal al lugar mismo en el que estaban pasando las cosas. Como apenas he leído Tintín en el país de los soviets se me ocurrió que sería buena idea echarle un vistazo a “Mi viaje a la Rusia sovietista” (1921) en el que Fernando de los Ríos cuenta su experiencia del otoño de 1920 y a eso me dediqué ayer por la noche. Tiene unas doscientas páginas.

Según la versión simplificada de la historia que yo conocía, en 1920 De los Ríos y Daniel Anguiano fueron a la URSS en calidad de delegados del Partido Socialista para ver cómo andaba todo aquello y analizar si el partido debía unirse a la tercera internacional. Al volver a España presentaron un informe para que el PSOE decidiese. A De los Ríos lo que vio no le convenció nada, pero Anguiano consideraba que aquello era el rumbo a seguir y se unió al grupo de los que acbaron fundando el Partido Comunista de España en 1921. Lo más lógico es pensar que un partido comunista habría acabado surgiendo en España con o sin este viaje pero esta simplificación excesiva es una forma fácil de narrarla.

Me he aproximado al texto más como lector de literatura de viajes que como lector de ciencia política o historia económica. Es esta una práctica mucho más agradable que afrontar la exégesis de los discursos de Lenin. Permite por ejemplo maravillarse por las dificultades del transporte que afrontaban los viajeros de hace un siglo así como admirar deliciosos detalles costumbristas, tanto de la Rusia en la que todo el mundo va por la calle con un saco como por la forma de hablar de los españoles de hace cien años.

De los Ríos dice que su ruta fue Reval-Petrogrado-Moscú y me sorprende el primer topónimo que resulta ser el nombre ruso y alemán de la ciudad que hoy conocemos como Tallin, capital de Estonia (que en febrero de 1920 había confirmado su independencia). Como anduve por allí esto quizá debería haberlo sabido mejor que para qué sirve el burlete y a qué se dedica un agiotista. Otro topónimo desaparecido es Yamburg (ya que no se trata del de Siberia sino el que hoy se llama Kingisepp). En general el texto esta plagado de topónimos y antropónimos transliterados a la alemana o a la francesa, lo cual exige algún esfuerzo imaginativo: por ejemplo el mercadillo de “Zugaretzka” se encuentra mejor buscando Suharevka, donde por aquel entonces hubo una torre.

Reval (Tallin) en la guía Baedeker para Rusia y Teherán de 1902

En cuento al nombre del país, “Rusia Sovietista” da una clave temporal, ya que es bien sabido que la URSS no se funda hasta el 30 de diciembre de 1922. (En cambio la tendencia a agolpar las cosas hace que haya una miríada de referencias a la “visita de Fernando de los Rios a la Unión Soviética”, nada raro en el país donde al escudo con el águila de San Juan, vigente hasta 1981 lo suelen llamar “preconstitucional”). En algún momento posterior de la Historia se trocó el adjetivo sovietísta por el menos estético prosoviético. Siempre me ha sorprendido que en ningún idioma se haya traducido en vez de adaptado la palabra Совет (soviet) ya que tampoco es un concepto tan peculiar y no veo en qué se diferencia tanto de una asamblea. En fin, De los Ríos pasa la mayor parte de su estancia en Rusia en Moscú, donde se aloja en el Hotel Lux de la calle Tsverskaya.

Y luego sabemos que va un par de veces a Dimitrov a ver al anciano Kropotkin que malvive prácticamente en la indigencia y que le invitan a una excursión a los Urales pero que no puede ir. Rusia era y es inabarcable sobre el terreno. Una estadística que deja anotada en el libro: “El total de los poblados existentes en Rusia es de 728.157, y de ellos, 706.911 tienen menos de mil almas”.

Muchos elementos descritos en el libro dan pistas del desastre que va a acabar siendo todo aquello. Por un lado está la pobreza material y el pago del salario en productos, pero es la hiperinflación, la corrupción generalizada y el mercado negro lo que me parece que da la clave. Todo esto habría que contextualizarlo y compararlo, por ejemplo, con lo que era España en el año 1920 (en que nació uno de mis abuelos y precisamente en una zona en la que la economía era poco más que agricultura de subsistencia y trueque) ya que parece un poco absurdo decir que era obvio que el tinglado soviético tenía que derrumbarse y comprobar que luego tarda setenta años en hacerlo. Y esto se hace muy a menudo.

En tres meses, tienen tiempo para el turisteo. En esta obra es la primera vez que leo que existe una puerta de Iberia (no la nuestra, la otra) para acceder a la Plaza Roja de Moscú. Entre otras actividades sociales van al teatro y a la ópera. Aquí una reflexión sobre la música clásica rusa y española, que interesará a quienes gusten del Capricho español de Rimsky-Korsakov y la Jota aragonesa de Glinka:

Al retirarnos aquella noche, mas impresionados que de ordinario por la música y la danza, nos preguntábamos, como en tantas ocasiones lo hemos hecho, por las razones que pueden determinar esa analogía melódica entre los cantos rusos y los españoles. ¿Por qué se han sentido ellos, los rusos, tan fuertemente conmovidos por nuestra música e impulsados a estudiarla? ¿Por qué Glinka vive en esta Granada, por el año 1846, en contacto con los literatos y artistas de la “cuerda” y compone las primeras grandes obras de lírica musical española? ¿Por qué se repite el mismo fenómeno, más tarde, con Rimsky Korsakof y Borodin, y ambos componen espléndidos poemas musicales a base de cantos populares españoles? ¿Por qué Stravinsky afirma asimismo hoy esta semejanza? Como un día hablásemos de ellos, al volver de Rusia, con el admirable maestro Falla, éste nos dijo que la analogía era efectiva y obedecía a que sobre la música de ambos pueblos influyen de un modo decisivo, al punto de darle carácter, la tradición litúrgica y la oriental; sin duda ello es la causa de que haya artistas rusos que afirman haber descubierto el epos musical de aquel país a través de España.

Me gusta la palabra epos, que el autor utiliza con frecuencia. Entiendo que es a la épica lo que el etos a la ética y enlaza bien con esa imagen del pueblo ruso que tomé de Svetlana Alexiévich: Rusia nunca acabará con los baches de las carreteras, pero siempre habrá héroes.

De los Ríos y sus acompañantes se entrevistan con la flor y nata de la nomenklatura y la intelligentsia emergentes, reciben desaires de Zinoviev y Radej, conversan con Bujarin y escuchan inflamados discursos de Trotsky en el teatro, pero es de suponer que el momento más destacado de una expedición política a la Rusia de aquel tiempo sería la entrevista con Lenin. Dice el autor que le recuerda a Pío Baroja. Esta es la parte de la conversación en la que preguntan por la libertad en la que Lenin les responde con el a la postre famoso ¿libertad para qué?.:

¿Cómo y cuando cree usted –interrogamos- que podría pasarse del actual período de transición a un régimen de plena libertad para Sindicatos, Prensa e individuos?
-Nosotros -respondió Lenin- nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado; la ejercemos desde el Poder, en pro del proletariado, y como en Rusia la clase obrera propiamente dicha, esto es, la clase obrera industrial, es una minoría, la dictadura es ejercida por esa minoría, y durará mientras no se sometan los demás elementos sociales a las condiciones económicas que el comunismo impone, ya que para nosotros es un delito así el explotar a otro hombre como el guardarse la harina de que ha menester alguien. La psicología de los aldeanos es refractaria a nuestro sistema; su mentalidad es de pequeños burgueses y por eso no los contamos como elementos proletarios; entre ellos han hallado los lideres de la contrarrevolución (Denikin, Kolchak, Wrangel, etc.) sus adeptos; más los aldeanos han llegado a una conclusión, a saber: que si los bolcheviques son malos, los demás son insoportables. Nosotros, a los aldeanos les decimos que o se someten o juzgaremos que nos declaran la guerra civil, que son nuestros enemigos, y en tal caso responderemos con la guerra civil. Lentamente, la psicología de éstos va cambiando y los va acercando al Gobierno. La dificultad para nosotros estriba en la cercanía de productos industriales con que recompensar lo que les requisamos; a ello se debe el que necesitemos seguir emitiendo billetes, lo cual para nosotros no ofrece dificultad alguna, pues disponemos de papel y máquinas de estampillar; este dinero-papel sólo significa, pues, una promesa de pago de productos.
El periodo de transición de dictadura -continuó diciendo Lenin- será entre nosotros muy largo…, tal vez cuarenta o cincuenta años; otros pueblos, como Alemania e Inglaterra, podrán, a causa de su mayor industrialización, hacer más breve este período; pero esos pueblos, en cambio, tienen otros problemas que no existen aquí; en alguno de ellos se ha formado una clase obrera a base de la dependencia de las colonias. Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?

Tiene que haber algún libro interesante que recopile y compare las experiencias de los viajeros españoles de diferentes épocas por Rusia.


Mundos extintos

30/06/2011

William Shinkman, White Rooks, 1910

Vuelvo a ver este vídeo que RTVE subió a su archivo de internet hace unos meses. Es un fragmento de Informe Semanal de 1984, sobre el encuentro final por el campeonato mundial entre Kárpov y Kaspárov.

Es interesante ver a un entrenador que luego se radicó en España, Boris Zlótnik, muchos años más joven y contando las típicas batallitas sobre el ajedrez y la educación. Mijaíl Tal comentando las partidas para el telediario soviético o Smyslov hablando de generalidades.

Resulta curioso ver las calles moscovitas sin apenas tráfico, y los jugadores llegando en un Lada. La sala de prensa con sus máquinas de escribir y los teletipos. El palacio de pioneros. Curiosamente el programa se grabó en el momento en que Kárpov iba ganando a Kaspárov por 5-0 y parecía que su victoria estaba cantada. No han corrido ríos de tinta con lo acaecido a partir de entonces. Me ha producido nostalgia volver a ver aquellos relojes soviéticos de la marca Yantar. Muchos de estos mundos ya no existen.