El sombrero de tres picos

17/12/2014

El año pasado la hermana de la señora de la casa le regaló un Kindle de Amazon. Me pareció una tontería de regalo porque ya teníamos dos tabletas que funcionaban la mar de bien e incluso en una de ellas había instalado la aplicación de Kindle, que en realidad me parecía bastante peor que los lectores de ficheros epub y pdf con la pega añadida de que utilizaba sus propios ficheros mobi no compatibles y que había que convertir. Como forma de expresar inmaduramente mi protesta ni lo miré.

Y la jefa siendo como es tampoco. Ayer me he dado cuenta de que la caja estaba en una estantería y he tenido el dudoso honor de quitarle el plástico protector. Si las damas con las que ustedes tratan son en algo parecidas a la mía, mejor no les regalen cosas tecnológicas. He estado mirando qué posibilidades tenía el aparato y tras un rato de jugueteo he sido capaz de descargarme unos cuantos libros viejos de los que no tienen derechos de autor desde páginas como la del Proyecto Gutémberg o la del Internet Archive. Debe de haber más de esas. Agradezco sugerencias o archivos interesantes.

He visto que hay otros modelos del Kindle que van en color y todo. El que tenemos es el 4.1. y es mi primera experiencia con eso de la tinta electrónica. Sí que tengo la sensación de que puede ser más descansado para la vista que la pantalla luminosa habitual, pero en cualquier caso tengo que darle algo más de tiempo al periodo de prueba.

Para estar leyendo un rato he cogido uno de los libros que había descargado ayer, “El sombrero de tres picos” de Pedro Antonio de Alarcón. Creo que es uno de los que se solían leer en el bachillerato, pero a mí no me tocó. En cambio tengo oída la obra homónima de Falla en multitud de ocasiones e incluso solía tocar con la guitarra una adaptación de la “Danza del molinero“. Hace años tuve la ocasión de visitar la que fue casa del compositor en su exilio argentino de Alta Gracia.

La novela es muy cortita y debería haberla leído antes. Se podría decir que es una precursora sencilla de las comedias de enredo que hemos visto en el cine en el siglo siguiente. A veces lamento no estar más en contacto con mi idioma y volver a los clásicos es el mejor camino. Si me dedico a seguir el audiovisual que se hace en España hoy por hoy no voy a aprender la palabra “caz” ni que en el siglo XIX “czarina” parecía una grafía aceptable. Siempre hay que volver a los clásicos.

Es curioso, porque el Kindle da el porcentaje del fichero que uno lleva leído. Pues bien, la novela se me ha acabado en el 26%. El siguiente cuarto eran notas en inglés explicando el contexto histórico y aspectos lingüísticos y el 50% era un glosario-diccionario que incluía prácticamente todas las palabras. Con este formato de edición un podría casi leer cualquier novela en cualquier idioma.


Cómo estudio guitarra clásica

14/12/2014
Guitarra parecida

Guitarra

Esta entrada no trata ningún aspecto técnico del aprendizaje. Empiezo con una reflexión sobre cómo me parece que eran las cosas hace veinte años y cómo veo que están ahora. Cuando yo empecé a estudiar guitarra clásica un poco en serio utilicé varios manuales que me recomendó mi profesora, recuerdo mucho especial el de Sagreras y otro que no sé cómo se llamaba pero en el que aparecían muchas cosas de Carulli y Carcassi, y piececitas como el nº 7 de Dionisio Aguado y el nº 22 de Sor. Sor me pareció mejor que los italianos así que acabé comprándome un libro con todos sus estudios.

Salvo excepciones el repertorio antiguo de guitarra era bastante poco digno del instrumento. Eso se lo he llegado a oír decir a Andrés Segovia en un documental viejo. En general, la mayor parte de la música compuesta en los siglos XVIII y XIX me desagradaba. Hay cosas anteriores que me gustan más, aunque sean adaptaciones de cosas escritas para laud o vihuela. En el XX las cosas mejoraron mucho. Mi profesora, consciente como era de los bodrios que había que tragarse para adquirir técnica, intercalaba mis obritas con cosas modernas que me facilitaba en fotocopias. Yo era totalmente ignorante de las cosas que se habían hecho y lo peor es que no sabía ni donde mirar. También, para saber si algo me iba a gustar lo suficiente como para montarlo o no tenía que pasarme mi par de horitas leyendo hasta que más o menos me daba cuenta de cómo sonaba aquello y de la dificultad técnica que implicaba.

Casi igual que ahora, en los tiempos en los que damos por descontado tener Internet. Sin buscar demasiado puedo encontrar cosas en Youtube que me apetezca tocar y las partituras en pdf están al alcance de la mano. Creo que la última vez que intenté hacer algo, hará diez años, no era tan sencillo encontrar música escrita como me está resultando ahora. He estado escuchando a músicos buenos tocar cosas de lo que era mi repertorio viejo y me he dado cuenta de errores en los que he estado cayendo durante años sin que nadie me advirtiera, he visto digitaciones alternativas que mejoraban el rendimiento instantáneamente y que nunca se me habrían ocurrido y todo a dos clics de distancia.

Mis objetivos no son especialmente ambiciosos y tengo más interés por acabar cosas que dejé inconclusas que por embarcarme en nuevas travesías. La Cavatina de Myers ya suena bastante decente después de varias semanas. Ahora estoy con la segunda parte del Capricho árabe de Tárrega, también con la segunda parte del Choros nº1 de Villa-Lobos. Son piezas en las que me di por satisfecho con dejarlas por la mitad, lo cual es hasta cierto punto una lástima.

El único consejo que puedo dar, y es a lo que va el título de esta entrada, es la incorporación que he hecho de Gmail al proceso de aprendizaje. No quiero acumular demasiados pdfs. Las cinco o seis cosas que quiero hacer las tengo identificadas. Me he mandado un correo a mí mismo con la partitura y todos los he etiquetado como “guitarra”. En el cuerpo del correo va también el enlace a Youtube donde está el vídeo en el que un guitarrista más que decente la interpreta. Con esto consigo ver la partitura en previsualización y cuando quiero ver el vídeo sólo tengo que pulsar el cursor y estoy en él. No es que sea una genialidad, pero se ahorran unos segundos preciosos y a lo mejor a alguien le sirve.


Cambiar cuerdas

10/12/2014
Guitarra parecida

Guitarra

Seguimos teniendo ratos para tocar la guitarra. Hoy me he puesto a cambiar las cuerdas, que ya han pasado varios años desde la última vez. He acabado sintiéndome como un idiota intentando recordar primero y deducir después cómo se hace el muy simple nudo del puente. El otro día fui a comprar las cuerdas d’Addario que eran las que siempre utilizaba, pero en la tienda no había y me dieron unas de la marca británica Roto Sound. No es un nombre que suene muy comercial en español, pero después he leído que son de una calidad similar.

Lo que me ha parecido extraño es que dentro del envoltorio principal el juego venga en tres sobrecillos. En lugar de un sobre para cada cuerda van emparejadas en tres sobres y cada bordón va con una prima: (1-4, 2-5, 3-6). Poco después ha llegado mi segundo momento de rubor.

Para mí hay algo contraintuintivo en la convención mediante la que las cuerdas de la guitarra se numeran de 1 a 6 de más aguda a más grave, cuando para mí lo natural sería lo opuesto. En cualquier caso, esto me confunde al leer música bastante menos que la digitación de la mano izquierda, que va del 1 al 4 indice-medio-anular-meñique y esta convención es diferente a la del piano donde esos dedos son el 2, 3, 4 y 5 ya que el dedo nº 1 es el pulgar. Hubiera sido bonito que a cada dedo lo representara el mismo número en todos los instrumentos musicales.

El caso es que creo que la primera de esas convenciones, la numeración de agudo a grave de las cuerdas, es la que ha provocado mi momento de individual ridículo. He abierto primero el sobre con las cuerdas primera y cuarta. Antes de darme cuenta he metido la cuarta cuerta, la de Re, en el lugar de la más grave (que tampoco es la primera, sino la sexta).

Las cuerdas Roto Sound, o al menos este juego, terminan en una borla que se supone que facilitan su colocación por el lado del puente a la vez que evitan que un nudo mal hecho y la tensión sean causa de que la cuerda se salga de su sitio. Eso tiene el problema de que la cuerda sólo puede entrar desde abajo y con el tipo de puente de mi guitarra eso ha resultado un poco problemático. Estéticamente la borla me desagrada y existe además el riesgo de que un golpe accidental podría dañar la tapa más que si el mismo latigazo lo produce una cuerda sin borla.


Cavatina

24/11/2014

Como tengo tiempo libre me he decidido a retomar antiguas aficiones. He vuelto a tener guitarra y me he puesto a estudiar clásico. Estudiar quizá debería ir entre comillas. El caso es que me he decidido a montar la Cavatina de Myers, que siempre me dio pereza y ahora casi me está dando vergüenza porque lo he conseguido hacer en tres tardes y en el pasado, hará casi veinte años, recuerdo haber desistido porque me parecía demasiado complicada. Vamos, todavía estoy luchando con algunas posiciones pero ya va todo bastante ligado y estoy repitiendo para mecanizar y a la vez buscando el sentimiento adecuado. De ahí a tocarla como considero que estaría bien pueden pasar años o que nunca llegue el día, pero la alegría de haberla puesto en pie ya no hay quien me la quite.

Me he enterado de que cavatina es lo mismo que “cavadita”, que vendría a ser lo que se excava. Quiere decir melodía simple, y la conexión con cavar es que es lo que se le saca al instrumento del mismo modo que la cavada (en italiano cavata) es lo que se saca de la tierra. Este significado telúrico aumenta la leyenda de este ya clásico de la guitarra clásica.

Siguiendo con el rubor y el sonrojo, recuerdo una fiesta en el año 2000 en el que estábamos guitarreando tonterías y vino un tipo callado que trabajaba con nosotros y al que no conocíamos mucho y tocó esta pieza relativamente bien. Me imagino que el alcohol me evitó el padecimiento. Algunas veces he oído a músicos tocándolo en la calle y nunca he entendido por qué tocan precisamente esto, dejándose el índice de la mano izquierda en las cejillas cuando cualquier otra cosa es más agradecida y resultona.

La interpretación de John Williams es para mí la canónica, que para eso fue él quien digitó la pieza. Yo me estoy fijando en ella porque es pausada de estilo romántico y va bien para una guitarra de sonido oscuro como la mía. Ana Vidovic tiene una versión más barroca y de sonido más brillante en la que los 3’20 de Williams pasan a 3’00. Me gusta menos pero también veo que consigue sacarle cosas que no hay en la versión tradicional


Coros georgianos

02/06/2014

coro-georgiano-rustavi-dublin

Tras las danzas del día anterior me quedé con ganas de ver más cosas de la cultura georgiana y ayer fue la actuación de coros del conjunto Rustavi. Cuando estuve en Georgia sólo pude escuchar la polifonía del país en las catedrales, tanto en Tiflis como en Misjeta y me pareció que es un tipo de música a través de la cual uno puede facilmente olvidarse del mundo y entrar en trance.

A bordo de la nao Argos traen el vellocino de oro desde Cólquida

A bordo de la Argos traen el vellocino de oro desde Cólquida

El coro estaba completamente formado por varones con el típico traje negro y con cartucheras. Han cantado piezas de las diferentes regiones de Georgia. Canciones que se entonan en las bodas y también algunas patrióticas, como la que surca el universo a bordo del Voyager desde 1977. Respecto a las regiones, al menos hubo una pieza de Imeretia,  dijeron que la mejor polifonía proviene de Guria, y algo que me pareció contraintuivo fue lo que indicó el presentador respecto a las canciones de la región vitivinícola de Kajetia. Dijo que la música era más lenta y relajada debido a la cultura del vino.

Tres quedaron sobre el escenario

Tres quedaron sobre el escenario

En un momento en el que la mayor parte del coro tomó un descanso, el presentador y otros dos miembros hicieron un tema musical con una flauta de nogal llamada salamuri y dos instrumentos de cuerda que desconozco, parecidos a laúdes.  El momento apoteósico fue cuando el flautista se sacó una segunda salamuria del bolsillo y tocaba soplando ambas mientras las apoyaba en los labios formando una uve.

Creo que para ser un espectáculo de la calidad que tenía había relativamente poco público y supongo que la razón es que fuera gratis. Creo que es perfectamente posible que el mismo grupo viniera tres días a un teatro y se llenaran todas las sesiones con entradas a cincuenta euros. De entre las cosas raras que hay en las actuaciones musicales en estos últimos años hay que destacar a la gente que se empeña en grabar todo el concierto en el móvil y si es con tableta ni les cuento. Yo hago tres fotos feas y luego siempre podré aprovechar el trabajo que alguien con cámara profesional haya colgado en Youtube. La página oficial del coro también tiene algunos fragmentos interesantes.


Faco

30/10/2013
El Moldava a su paso por Praga

El Moldava a su paso por Praga

He estado dos veces en Praga dos veces y es una de las ciudades más bonitas que conozco. Por eso será que suele salir a menudo en estas notas. La excusa del momento es que un artista ha colocado en el Moldava y apuntando al castillo una estatua de lo que veo en la prensa que llaman “peineta”. En mi escuela primaria (provincia de Guipúzcoa años ochenta) se le llamaba faco (señorita, Alberto me ha puesto faco) y tardé muchos años en darme cuenta de que era anglicismo y derivación de fuck-off. No tengo la sensación de que sea un gesto tradicionalmente ibérico, y mi suposición es que ha pasado de anglosajón a universal.

Cuando traje la canción del Moldava ya dije que la parte del poéma sinfónico de Smetana llamada como el río era una de mis obras clásicas preferidas. La oigo muy a menudo y en alguna de las últimas ocasiones que lo he buscado en Youtube me encontré con un ensayo dirigido por Ferenc Fricsay. La disección me pareció más delectable que la pieza.


Memoria ajedrecística y número de jugada

25/10/2013
William Shinkman, White Rooks, 1910

William Shinkman, White Rooks, 1910

Últimamente la cobertura de los torneos de ajedrez de elite es una maravilla. En mis tiempos uno podía apenas ver unas cuantas partidas en las revistas que se publicaban un mes después de que se celebraran. Ahora en cuanto empiece noviembre podré disfrutar del encuentro por el campeonato del mundo desde casa.

Una de las cosas que me gustan de los torneos modernos son las entrevistas de después de la partida, donde entre otras muchas cosas que los comentaristas ya han mencionado durante el  juego, los protagonistas comentan sus impresiones.

Hay una cosa que me llama la atención de los jugadores de la elite. No sólo recuerdan las jugadas y las secuencias precisas, sino que parecen ser conscientes también del número preciso de cada jugada.

Unos cuantos escalones más abajo recordamos aproximadamente las jugadas, y probablemente fallamos másen posiciones cerradas en las que el orden preciso no es determinante y en los apuros de tiempo, donde las cosas a veces suceden demasiado deprisa como para poder fijarse en la memoria. Puede decirse que recordamos el argumento de la película sin recordar exactamente los diálogos; pero lo del  número de jugada es algo que me llama la atención. Sólo suelo recordar algunos en algunas aperturas que tengo estudiadas, y eso es de tanto haberlos visto. Y luego sí, aproximadamente y con relación a la fase de la partida,  la parte de la planilla en que uno anota  y la distancia con el control de tiempo.

Obviamente esforzarse en eso no va a convertir a nadie en un gran jugador. Recordarlo es probablemente una consecuencia de serlo, pero sin músculo no se puede ser velocista y sin una  memoria fuerte no se  puede ser maestro de ajedrez.

Hace muchos años me llamaba la atención un jugador de mi club, maestro FIDE, que necesitaba un tablero con las coordenadas para poder anotar bien las jugadas. A mí me costaba entender que un jugador de esa fuerza desconociera la notación algebraica, pero eso debe de ser como el músico que toca de oído sin saber leer las notas en el pentagrama. Con más o menos ciencia así jugamos casi todos.