La berlina de Prim

03/08/2017

La berlina de Prim

Cuando era joven no habría podido imaginar que acabaría opinando que el siglo XIX español es mucho más interesate que el XX. Este fin de semana lluvioso nos hemos entretenido con La berlina de Prim, de Ian Gibson (2012).

Ian Gibson es quizás el irlandés más famoso de los que residen en España. En Irlanda en cambio nadie lo conoce. Pasa un poco como con Torrebruno. A cambio voy a decir que no hay ningún español residente en Irlanda que sea conocido por el público irlandés. Aunque se pueda apreciar que Gibson no es novelista es muy pero que muy meritorio escribir una novela en un idioma distinto del propio.

La lectura de la novela invita a investigar dos aspectos históricos, por un lado la expedición de Torrijos y por otro la biografía de Prim. En cuanto a esto último el general Prim tiene una biografía total que enlaza con casi todo lo que ocurre en España en el siglo. Su magnicidio inaugura la línea Prim-Cánovas-Canalejas-Dato-Carrero, pero analizada en todo su contexto: guerras carlitas, maniobras políticas, Marruecos, Cuba y Puerto Rico, el siglo XIX entero está ahí.

El protagonista de la novela es un hijo ficticio de Robert Boyd, el británico fusilado con todos los de Torrijos en Málaga en 1831. Boyd era súbdito británico originario de Londonderry en lo que entonces era el norte de Irlanda y hoy Irlanda del Norte. En la República de Irlanda la ciudad y el condado homónimo se suelen llamar Derry, en una de esas disputas político-toponímicas. Que se sepa Robert Boyd era protestante y su tumba fue la primera del cementerio inglés de Málaga. Hasta donde he visto, en ningún lado se muestra partidario de la autonomía ni de la independencia irlandesa, lo cual se corresponde con las décadas en que le toca vivir y morir. Patrick, el hijo que Gibson le inventa sí que parece tener veleidades fenianas, aunque esto plantea un problema de credibilidad dado que la acción acontece en 1873 poco antes de que la dinámica centrífuga de la política irlandesa empezara a acelerarse., pero en fin, más raro es que un cochero de La Línea trabajando en Gibraltar supiera de la inundación zancliense. El episodio de 1831 dejó al menos un cuadro y un soneto más que memorables.

Prim tiene calle en San Sebastián, y aprovecho para meter la anécdota que contaba el primer profesor de Derecho Político que tuve en la Facultad. Cuando en el año 77 comenzaron las gestoras de los partidos que prepararon el terreno para las primera elecciones municipales comenzó el juego de cambio de nombres de calles que aún sigue (aunque con mucho más sentido en aquel momento histórico) y muchas calles con nombres de militares perdieron su nombre y recuperaron uno cuatro décadas anterior o ganaron uno nuevo. Pues bien, según parece al general Prim le tocó perder su calle provisionalmente hasta que alguien con mejor criterio explicó algo de la historia de España a los proponentes. Algún día miraré a ver si esto ha quedado escrito en alguna parte, ya que yo lo pongo como anécdota contada en clase dieciséis años después.

No debo contar mucho sobre el libro en sí, ya que al final es una especie de investigación policiaca para averiguar quién mató a Prim. Más o menos Gibson culpa al sospechoso oficial. El contexto histórico -la llegada a España de Amadeo de Saboya- ofrece uno de mis datos poco conocidos favoritos de la historia de España.

La posibilidad de que subiera al trono de España un candidato alemán, Leopoldo de Hohenzollern —luego desechada—, sería uno de los factores que precipitaría, cuatro meses después, la guerra franco-prusiana.

Me interesa mucho el léxico histórico. No sé qué segmentos sociales podrían haber utilizado estos palabros ingleses en el Madrid de 1873, mis iletrados ancestros  de la Meseta digo desde ya que no:

Ya estoy en el Hotel de las Cuatro Naciones, que se acaba de mudar a un espléndido edificio nuevo al final de la céntrica calle del Arenal. Cuando vine en 1870 era una fonda, ahora es un hotel muy fashionable. Ambas palabras están de moda en Madrid, así como el término comfort.

A veces voy al Museo Nacional aquí en Dublín, donde sigue habiendo una interesante exposición sobre soldados irlandeses al servicio de otras potencias (Wild Geese). Veo que Gibson traduce esta expresion como ánsares silvestres y me lo voy a copiar, ya que en su momento ni me atreví a traducir.

Cameos de Hartzenbusch y el abuelo ornitólogo de Antonio Machado del que desconocía todo (hasta el padre folclorista sí que había llegado).

Si tengo algo de tiempo echaré un vistazo a Castilian Days, de John Hay y la guía de viaje de Richard Ford que es el tipo de lecturas que hacían los guiris del XIX antes de bajar a la Península.

Mi veredicto es que es una lectura mucho más adecuada para alguien como yo, a quien le interesa el periodo histórico, que para alguien a quien le interesen las novelas detectivescas de época.


Higiene del asesino

28/07/2017

1992

En la primavera de 2004 pasé unos días en Granada. En una de las tardes, esperando a mi huesped leí una novelita breve “Estupor y temblores” de la belga Amélie Nothomb. Recuerdo poco del libro excepto que me gustó mucho y que me pareció que había comprendido  Japón. Ahí es nada.

Luego en 2010 una amiga me pasó “Higiene del asesino”, que leí y no me gustó nada hasta el punto de haber olvidado la experiencia casi por completo. Hoy me he vuelto a encontrar con el libro y según empezaba las primeras páginas me he dado cuenta de que las había leído. He supuesto que habría iniciado la lectura sin llegar a concluirla, como ocurre con algunas otras obras entre las cuales el Ulises de Joyce sería el arquetipo.

Luego, buscando si tenía alguna nota al respecto he encontrado un correo a mi amiga diciendo lacónicamente (“pues lo he leido, y no me ha gustado, la verdad”) mi opinión y ahora estoy con la duda de si no llegué a acabar el libro y le di a entender que sí, o si simplemente la experiencia me resultó tan poco memorable como esta segunda o primera vez.

¿Por qué es usted misántropo?
-Supongo que no habrá leído La mala gente, ¿verdad?
-No.
-Claro. Si lo hubiera leído, sabría por qué. Existen miles de motivos para odiar a la gente. Para mí, el más importante es su mala fe, que resulta absolutamente incorregible. Esta mala fe nunca estuvo tan de moda como en la actualidad. Como supondrá, he conocido muchas épocas: sin embargo, puedo afirmar que nunca había odiado tanto una época como odio ésta. La era de la mala fe en pleno. La mala fe es mucho peor que la deslealtad, la hipocresía, la perfidia. En primer lugar, tener mala fe significa mentirse a sí mismo, no debido a eventuales problemas de conciencia, sino por una almibarada autosatisfacción, con hermosas palabras como «pudor» o «dignidad». Luego, significa mentir a los demás, pero no con mentiras honestas y malvadas, no para sembrar el caos, no: con mentiras hipócritas, mentiras light que te sueltan con una sonrisa falsa, como si tuvieran que hacerte ilusión.


El último del edificio

19/03/2017

Aravind Adiga, “Last Man in Tower” (2011)

Ayer me leí de un tirón la segunda novela de Aravind Adiga, Last Man in Tower (2011), que veo que ¿aún? no ha sido traducida al español y que creo que podría serlo del modo en que intitulo esta entrada. La razón de la elección de este lector, poco aficionado a la ficción, es que la anterior novela del mismo autor me gustó mucho y creo que puedo aspirar a ser el mayor experto en Adiga de mi barrio.

No nos engañemos: en ésta la trama me ha parecido más floja. Ahora bien, uno lee a autores que provienen de lugares exóticos con ciertas intenciones que aunque modestas están bien definidas. Quisiera entender un poco qué es la India, más allá de lo que las estadísticas dejan entrever y esto es algo que hasta cierto punto se consigue a través de la literatura.

La convención por la cual la importación bruta de extranjerismos es muy aceptable en lengua inglesa me permite el entretenimiento de buscar términos angloindostaníes en los diccionarios, a veces porque son esenciales para la comprensión y otras por puro capricho. Ahora bien, lo que lexicográficamente es una deleite gramaticalmente es un castigo en cierto sentido. Muchas veces aspira uno a mejorar su fluidez por contacto: las expresiones y las formas se le van pegando de modo inconsciente. Esto trataría de evitarlo con dialectos exóticos y mi sistema es leer deprisa, como buscando las claves. Así me acabo una novela de estas de cuatrocientas páginas en cuatro horas. No me preguntéis como se llamaba el hijo de la vecina activista que la vida no me da para más.

Por lo demás. La India es muy grande y la acción se circunscribe a una zona concreta de Bombay que no es el centro Churchgate ni el famoso Dharavi. Me di cuenta de que la legislación sobre la propiedad horizontal tiene aspectos similares en varias zonas que pertenecieron al imperio británico y que en la India o al menos en Maharastra, está más desarrollada que en Irlanda.

El tigre blanco tenía como base Delhi pero acababa en Bangalore. La leí en tiempos en que trabajaba a diario con gente de esa ciudad de los call-centers. En esta novela de Bombay se menciona Puné como destino de escape.

-“¿Por qué querría nadie vivir hoy en día en Bombay?”- El señor Puri increpó a su esposa. -“Vámonos a un lugar civilizado como Puné. A algún sitio al que no lleguen diez mil mendigos en tren cada mañana. Estoy harto de esta ciudad, harto de esta carrera de ratas.”
-“Lo que hay que hacer en una carrera de ratas es ganarla. No escapar.”
-“Un lugar civilizado. Puné es civilizada. Nagpur también.”

La historia va de que unos constructores hacen una oferta a los dueños de un edificio y todos quieren vender menos uno. Aquí en gran medida ya no hay oriente ni occidente que valga. Me temo que en cualquier sitio del mundo que uno se ponga a mirar las comunidades de copropietarios son y serán una puta bomba.


De ratones y hombres

22/01/2017
ds

Portada (1937)

La gripe ha pegado fuerte este año. Llevamos seis días jodidos en casa. Entre semana lo llevo mejor porque yendo a la oficina se me olvida, pero este sábado además han bajado bastante las temperaturas invitando a la dudosa decisión de no salir en todo el día, que he aprovechado para la hibernación, la sopa y alguna lectura dispersa. Vida de ratón.

Y en un rato entre siestas y sin fijarme mucho he leído por encima Of Mice and Men, de Steinbeck, que es uno de esos clásicos de la literatura estadounidense del siglo XX. Literatura social, antihéroes, la Gran Depresión, el desencanto del sueño americano y tal. Se podrían decir muchas cosas del libro y al final la cuadrilla de siempre lo acaba criticando porque sale mucho la palabra nigger. A mí no es que me haya interesado mucho, pero sí que me deja con la idea de que a la mayor parte de la ficción le sobran páginas. Aquí se cuenta lo que se tiene que contar en un espacio razonable.

Tiene la obra algo en mi opinión muy admirable, que es la capacidad del autor para capturar en una grafía los giros dialectales y argóticos. Me piden a mí que escriba en el dialecto de mi provincia y apenas se me ocurre meter de vez en cuando (no siempre) algún condicional en el lugar de un subjuntivo y quitarle la d a algún participio.

Ligada con esta idea de buen hacer a la hora de constatar un registro lingüístico está la de que me resulta una obra que tiene que ser muy difícil de traducir a otros idiomas, o necesariamente puede haber una pérdida de matiz importante si se decide hacer caso omiso de estas cuestiones o incluso la versión final puede acabar resultando ridícula dependiendo de la decisión que se tome sobre cómo convertir esas variaciones sobre el habla estándar de la lengua A en variaciones sobre el habla estándar de la lengua B. Por poner un ejemplo de esto último: la versión doblada de la película El color púrpura, donde la negra sureña hablaba no sé si como los gitanos españoles o como exactamente quien.


“La piel”, de Curzio Malaparte

22/02/2016
La pelle

La pelle (1949)

Ha caído en mis manos una edición en español de esta novela. Me gustaría tener más tiempo y leer más y eso incluye leer más en español, cosa que considero una experiencia bastante diferente de la de leer en inglés, que es quizá el idioma en el que más leo o al menos en el que leo más libros. La diferencia es difícil de explicar pero fácil de intuir. En este caso, el original es en italiano, lengua de la que se suele traducir bastante bien. Creo que con la excepción de par de veces en las que pone “operario” donde debería ser “obrero” no me he encontrado nada raro. De hecho, lo que habría sido un pérdida sería haberla leído en inglés. En el original italiano se intercalan conversaciones o trozos de conversación en inglés con las tropas aliadas en la invasión de Italia y también partes en francés. El efecto se respeta si el castellano ocupa el lugar del italiano, pero mantener el efecto en lengua inglesa será más difícil. Por cierto, este multilingüismo debe de ser una característica importante del texto. Como excepto por unas pocas frases en ruso todo está en cosas que chapurreo me pasa bastante desapercibido.

Al parecer he fallado porque para leer esto hay que leer primero Kaputt. Lo haremos al contrario si se tercia. Malaparte hizo todo el recorrido político del espectro político totalitario (que no es tanta distancia si se piensa bien) y en 1943 tras haber caído en desgracia con el fascismo y ser liberado de prisión se encontraba como asistente del ejercito estadounidense que liberaba a Italia de la Alemania nazi y de sí misma. El relato comienza en Nápoles, que es una ciudad por la que nunca me he planteado pasar, a pesar de su interesante conexión con la Historia española. Hay algo en lo que he leído con anterioridad y en las cosas que me han contado que hace que le tenga reparo. En cambio me fascino cuando un compañero de trabajo napolitano encontró una baraja española en mi casa y estuvimos hablando de juegos de naipes que son los mismos: la brisca, las siete y media y la escoba. Luego, según las tropas van subiendo a Roma por la vía Apia ya me encuentro con escenarios que he pisado, como el mausoleo de Cecilia Metela, esposa de Mussolini en la versión gringa de la película. También Florencia.

Si no es por una bandera que me recuerda a las momias de turbera del Museo Nacional de Irlanda, la causa del título está al final del capítulo cuarto, a propósito de como unas madres prostituyen a sus chiquillos con las tropas:

— […] Deben haber ocurrido cosas terribles en Europa para que estén reducidos a eso.
—No ha ocurrido nada en Europa — dije yo.
—¿Nada? —preguntó el general Guillaume—. ¿Y el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, todo eso no es nada para usted?
— ¡Oh, eso no es nada! —dije—. Son cosas de risa; el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, los campos de concentración son cosa de risa, tonterías, viejas historias.
En Europa estas cosas ya hace siglos que las conocemos. Hoy ya estamos acostumbrados. No son estas cosas lo que no han reducido a esto.
—¿Qué es, pues, lo que les ha hecho así? — dijo el general Guillaume con la voz un poco ronca.
—La piel.
—¿La piel? ¿Qué piel? —dijo el general Guillaume.
—La piel — respondí en voz baja—, nuestra piel, esta maldita piel. No puede usted imaginarse siquiera de cuántas cosas es capaz un hombre, de qué heroísmos y de qué infamias, para salvar la piel. Esta, esta asquerosa piel, ¿la ve usted? (Y al decir esto agarraba con dos dedos la piel del dorso de la mano y tiraba de ella.) Un día se sufría hambre, tortura, sufrimientos, los dolores más terribles, se mataba y se moría, se sufría y se hacía sufrir, para salvar el alma, para salvar el alma propia y la de los demás. Para salvar el alma se era capaz de todas las grandezas y de todas las infamias. No solamente la propia, sino las de los demás. Hoy se sufre y se hace sufrir, se mata y se muere, se realizan cosas maravillosas y horrendas, no ya para salvar la propia alma, sino para la propia piel. Se cree luchar y sufrir por la propia alma, pero, en realidad, se lucha y se sufre por la piel, por la propia piel tan sólo. Todo lo demás no cuenta. Hoy se es héroe por una cosa bien pequeña. Por una cosa asquerosa. La piel humana es una cosa asquerosa. ¡Fíjese! Es una cosa repulsiva. ¡Y pensar que el mundo está lleno de héroes dispuestos a sacrificar la propia vida por una cosa semejante!

No es que me haya parecido una gran obra, también es cierto que la he leído deprisa, buscando trocitos de sabiduría o viñetas que me llamaran la atención. Sin mucho que comentar aquí dejo unos que me gustaron.

Este fragmento sobre el cambio de bando de Italia durante la guerra que resulta más esclarecedor al lector que a sus protagonistas:

— ¡Compañía, descanso! —gritó el sargento.
Los soldados se apoyaron sobre el pie izquierdo en una actitud de abandono y desmadejamiento y me miraron ahora fijamente con una mirada más dulce y humana.
—Y ahora —dijo el coronel Palese— vuestro nuevo capitán os hablará brevemente.
Yo abrí la boca y de mis labios salieron unos sonidos horrendos; eran palabras sordas, hinchadas y flojas.
Dije:
—Somos los voluntarios de la Libertad, los soldados de la nueva Italia. Debemos luchar contra los alemanes, echarlos de nuestra casa, rechazarlos más allá de nuestras fronteras. Los ojos de todos los italianos están fijos sobre nosotros; debemos levantar de nuevo la bandera caída en el fango; ser el ejemplo de todos en medio de tanta vergüenza, mostrarnos dignos de la hora que ha sonado, de la tarea que la Patria nos confía.
Cuando hube terminado de hablar, el coronel dijo a los soldados:
—Ahora uno de vosotros repetirá lo que ha dicho el capitán. Quiero estar seguro de que habéis comprendido. Tú —dijo indicando un soldado—, repite lo que ha dicho vuestro capitán.
El soldado me miró; tenía los labios delgados y sin vida de los muertos. Con un horrendo tono de voz,
dijo:
—Debemos mostrarnos dignos de la vergüenza de Italia.
El coronel Palese se acercó a mí y me dijo en voz baja:
—Han comprendido.

El carácter nacional y sexual de Italia:

La primera vez que tuve miedo de haberme contagiado, de haber sido también yo atacado de la peste, fue cuando fui con Jimmy a casa del vendedor de «pelucas». Me sentí humillado del repugnante morbo precisamente en el punto en que un italiano es más sensible, en el sexo. Los órganos genitales han tenido siempre una gran importancia en la vida de los pueblos latinos, y especialmente en la vida del pueblo italiano, en la vida de Italia. La verdadera bandera italiana no es la tricolor, sino el sexo masculino. El patriotismo del pueblo italiano está todo allí, en el pubis. El honor, la moral, la religión católica, el culto de la familia, está todo allí, entre las piernas, allí, en el sexo; que en Italia es bellísimo, digno de nuestras antiguas y gloriosas tradiciones de civismo. Apenas franqueé el umbral del almacén de «peluquería» sentí que la peste me humillaba en lo que, para todo italiano, es la sola, la verdadera Italia.

Las resonancias del mundo clásico son un tema italiano clásico:

Hacía un esfuerzo por pensar en Roma, no como una inmensa fosa común en la que los huesos de los hombres y de los dioses yacen entremezclados entre las ruinas de los templos y de los foros, sino como una villa humana, una villa de hombres simples y mortales donde todo es humano, donde la miseria y ía humillación de los dioses no envilecen la grandeza de los hombres, no dan a la libertad humana el valor de una herencia traicionada, de una gloria usurpada y corrompida.

Cosas que pasan en las guerras, sección homosexualidad:

A la primera noticia de la liberación de Nápoles, como llamados por una voz misteriosa, como guiados por aquel dulce olor de cuero nuevo y tabaco de Virginia, aquel olor de mujer rubia que es el olor del ejército americano, los lánguidos escuadrones de los homosexuales, no de Roma ni de Italia solamente, sino de toda Europa, habían franqueado a pie las líneas alemanas sobre las nevadas montañas de los Abruzzos, atravesando los campos de minas, desafiando los fusilamientos de las patrullas de Fallschirmjager, y habían acudido rápidamente a Nápoles al encuentro de los ejércitos liberadores.

Si leo Kaputt lo suficientemente pronto lo poco que se me quede en la memoria estará indisolublemente mezclado y más o menos se habrá enmendado mi error.


Todo se desmorona

01/02/2016
Portadas de dos ediciones

Portadas de dos ediciones

Hoy que ha hecho un día de bastante mal tiempo hasta para Irlanda me he podido leer la famosa novela de Chinua AchebeThings Fall Apart (1959), que se tradujo al español como Todo se desmorona. Como aquí hablamos mucho de Irlanda diremos que el título original proviene de un poema de Yeats. Hace años que quería leer esta novela. No sé cuantos, pero he encontrado un correo de 2010 escrito a un amigo en el que le digo que ya hace mucho tiempo que quiero hincarle el diente. Esto venía de que él me había enviado un enlace a una presentación de Chimamanda Adichie en la que escritora, también nigeriana, hablaba del peligro de la falta de diversidad en la narrativa. Como también en el mundo hispánico abusamos de nuestros clichés me ha costado horrores separar la trágica historia del protagonísta Okonkwo de la tragicómica odisea de Yogurtu Mghé.

Hace años oí a otro escritor creo que africano en un programa de radio la BBC. Le daban un minuto para proponer una idea para mejorar el mundo y dijo que si cada persona leyese tres novelas al año escritas por gentes de otras culturas el mundo sería un lugar mejor. Hasta hoy no se me había ocurrido relacionarlo con la conexión que Pinker establece entre ficción y empatía (y consiguientemente con la reducción de la violencia).

Se considera que la novela de Achebe es la primera novela africana internacional, escrita en inglés y para un público amplio. Lo del inglés es relativo y conviene tener a mano el glosario que aparece en las últimas páginas. No sé cuántas páginas tiene porque la he leído en un Kindle pero aseguro que se puede leer en una tarde. La novela se sitúa en la última década del siglo XIX y más allá de las tribulaciones de los personajes el tema principal es un mundo viejo que recibe los primeros avisos de su próxima extinción. A mí me parece que la llegada de unos extranjeros es el catalizador más que la causa del declive o del final de la estructura tribal y que incluso sin colonialismo tarde o temprano África habría tenido que pasar de los clanes a los estados, que habrían sido otros diferentes, pero esto ya es mi propia ficción histórica.

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

Tenemos entonces a un escritor nigeriano (y en parte a su pesar, ya que después se alineó con el separatismo de Biafra) haciendo novela sobre el periodo precolonial y colonial que también es prenigeriano. La defensa que se hace de la civilización africana es que está más estructurada de lo que los europeos dan a entender con su narrativa única. A mí, por mucho que me quieran contar, todas esas salvajadas y brujerías me parecen legitimadoras de los intentos civilizadores europeos y si el propósito de la novela es decir que África no estaba tan mal, para mí no lo consigue.

Incluso alguien que no es amigo de la religión ve que el paso del animismo de los pequeños dioses presentes que exigen sacrificios inmediatos al monoteísmo del dios único y distante es un paso positivo. Me parece maravilloso que haya un montón de voces en muchas lenguas y que no se caiga en la tiranía del estereotipo, pero al final la civilización sólo es una y muchas prácticas que existieron en territorios luego colonizados por los europeos incompatibles con la misma.

Desde que a mediados del año pasado Grecia dejó de importarle a mis amigos izquierdistas del Facebook, el centro de su preocupación internacional se trasladó de la ribera sur al mar Mediterráneo propiamente dicho y a las pateras de sirios y otros que se hacen pasar por sirios e intentan llegar a Europa. Muchos declaran que se avergüenzan de ser europeos. No entiendo muy bien que vergüenza ni orgullo en ser lo que uno es cuando no se puede ser otra cosa, pero me pregunto si se podría estar más orgulloso de ser africano, siendo África lo que es. O del mundo islámico. O de la propia Siria. La Antártida.

En el campo de las pequeñas cosas hemos descubierto que las conchas llamadas cauríes, que se utilizan como dinero, ostentan el hermoso nombre científico de Monetaria moneta. Para hablar en español del palm wine que en la novela aparece en casi todo momento no hace falta recurrir a la traducción por separado de ambas palabras inglesas: esta bebida blancuzca que se produce a partir de la savia de ciertas palmeras se llama tuba en México y Filipinas. La omnipresencia del ñame y el fufu me han recordado las habilidades culinarias de quellos hermanos de Ghana con los que viví hace ya tantos años.

En el campo de las cosas grandes África sigue muy lejos de mi entendimiento y me temo que no he avanzado mucho con esta novela que sí que me ha gustado leer.


Pastoral americana

09/05/2013
Pastoral

Pastoral

He leído esta novela de un tirón. La razón ha sido muy tonta. Me la pasó un amigo y me dijo que era difícil imaginar que alguien con menos de cincuenta años pudiera escribir un libro así. La razón ha sido la curiosidad de encontrar por qué.

Creí equivocadamente que se refería al tipo de novela de saga familiar muy centrada alrededor de los años de Vietnam (1968-73), para lo cual sería necesario haber conocido bien lo que ocurría en aquel tiempo con detalles menores incluidos, lo cual sería de difícil acceso para alguien nacido después.

En cambio él se refería al tipo de temas que toca, las relaciones humanas, el declive físico, la muerte, la crisis de un sistema de valores que no ha de volver. En realidad un fragmento de diálogo sobre operaciones de próstata de casi al comienzo me puso sobre la pista que perdí:

-Un par de amigos míos no salieron del quirófano tal como habían confiado que lo harían – comenté-. Esa operación puede ser una auténtica catástrofe para un hombre, aun cuando extirpen el cáncer.
-Sí, ya sé que puede ocurrir.
-Uno acabó impotente – le dije – . Otro impotente e incontinente. Hombres de mi edad. Ha sido duro para ellos, desolador. Eso puede obligarte a usar pañales.
La persona a quien me había referido como “otro” era yo mismo.

Es muy difícil escribir esto sin ser viejo. Es más, imaginar al propio otro yo literario en esa condición es difícil de cojones -creo- para alguien joven.

En otro orden de cosas, la novela me ha resultado agradable. Se da la circunstancia de que todo ocurre muy cerca del primer lugar en el que puse pie en el continente americano y que toca la historia de cuatro generaciones que viven el sueño americano, desde los que llegan en barco sin saber inglés hasta los que se rebelan contra los valores establecidos. Es por ello una novela que narra la ruptura del sueño americano y el vacío que deja en el protagonista principal. El sueco (¿o nabo?) Levov.

Al ser Roth descenciente de judíos de la Galicia centroeuropea, se me ocurre que Levov sea el L’vov de la ciudad de los leones.  Si es que él pertenece a una estirpe de leones, la oveja negra en cambio toma el apellido Stoltz, que es muy parecida a como se dice “orgullosa” en alemán y en yidis.

Volviendo al asunto de si se puede escribir así siendo más joven, me imagino que lo del desencanto puede llegar todo el mundo a cualquier edad, a lo de las relaciones y el desengaño casi también (o por lo menos los que ya hemos pasado de lo de parecer que no ibamos a tener novia a casi lo de divorciarnos), lo del declive físico, la enfermedad y la muerte sí que me parece algo de lo que hay que tener experiencia. También que es algo de lo cual probablemente no vas a tener ganas de escribir si no lo estás viviendo, o que al menos no lo vas a saber reflejar tan bien.

Ahora bien, escribir me parece que es una profesión de mérito innegable más allá de la perspectiva vital o moral que uno aporte. Técnicamente, me parece que tiene merece todos los halagos, por ejemplo, investigar todo lo que escribe el autor sobre guantes, curtirduría, manufactura y todo eso, si es que no sabía nada de ello al principio o incluso si sólo disponía de un conocimiento superficial. Y también me parece de una maestría enorme el modo de describir las escenas de sexo, algo en lo que no sé si aporta mucho la edad, pero que desde luego parece terreno resbaladizo a nada que se intente.

Para mí American Pastoral es como si hubiera visto el cuadro ese de American Gothic en novela.