Todo sobre Tuvalu

20/01/2018

Bandera de Tuvalu y sus nueve islas

Anteayer leí un artículo que me pareció muy interesante y que trataba sobre los números que se ocultan en ciertas palabras. Dada mi ignorancia en las lenguas polinesias, una de las cosas de las que me enteré es que el número ocho aparece en el nombre de Tuvalu, cuya traducción al español sería algo así como “ocho juntas” y que se refiere en tuvaluano a las ocho de las islas que estaban habitadas en cierto momento. Las que conforman el país y que aparecen en su bandera representadas con sendas estrellas son nueve islas, en realidad nueve atolones.

Como parece ser que en este momento las nueve están habitadas quizá debieran cambiarle el nombre al país aunque seguramente tampoco será el único que esté mal puesto. ¿No era Hispania toda la península? Lo que sí que ha cambiado unas cuantas veces es la bandera. La actual es la misma que hubo entre 1978 y 1995, con 9 estrellas. Es un poco complicado mirar cuáles son las islas en el mapa, ya que la bandera el oeste queda en la parte de arriba y el norte a la izquierda. A finales de 1995 y durante dos meses quitaron una estrella de la bandera y o mal lo estoy mirando o me parece que quitaron la de Vaitupu en vez de la de la “deshabitada” (ya no lo está) Niulakita, a la que ´-Álvaro de Mendaña llamó “La Solitaria”. El caso es que estrenaron 1996 con una bandera más moderna que les duró dos añitos para después volver de partida con la enseña británca, sus nueve estrellas insulares y un tono de azul que parece un tanto más claro que el azul marino de costumbre.

Las aguas territoriales se ven mejor que los puntitos en el mapa

Como apuntábamos el primer europeo que pasó por lo que hoy es Tuvalu fue el marino español Álvaro de Mendaña allá por 1568. Es el suyo otro de tantos nombres que si no están olvidados por los historiadores sí lo están por los españoles. Quizá ese fuera un dato referente a Tuvalu más interesante de conocer que la única referencia que yo tenía del país, por obra y gracia del libro de texto de geografía de 7º de EGB y aquella manía de hacernos memorizar capitales, que no sé si perdura: La capital del país se llama Funafuti. Me acabo de enterar de que Funafuti (6.025 habitantes en 2012) no es una ciudad sino un atolón compuesto por 33 islotes, lo que sería la razón por la que en ocasiones se cita como capital a Fongafale (el islote principal) o Vaiaku (el nucleo de población de Fongafale en el que se se encuentran los edificios administrativos).

Funafuti no es una ciudad sino un atolón

¿Y los tuvaluanos quiénes son o qué piensan de la vida? Pues son menos de once mil y hasta 1974 estuvieron en el mismo saco que los del actual Kiribati en una unidad colonial británica llamada Islas Gilbert y Ellice, en las que los que hoy son tuvaluanos eran Ellice y los kiribatianos, Gilbert. Ellice fue un mercader escocés del siglo XIX y el gilberto que dio nombre a las otras islas fue Thomas Gilbert, marino inglés del XVIII. aunque como suele pasar el primer europeo que las vio fue Pedro Fernández de Quirós que en 1606 llamó a las dos más septentrionales (Butaritari y Makin) Islas del Buen Viaje.

En 1974 hubo un referéndum en las Ellice, hoy Tuvalu, que ganaron los partidarios de separarse de las Gilbert, por lo que durante un par de años fueron dos colonias británicas separadas y posteriormente la independencia de Tuvalu llegó en 1978. Independencia relativa, dentro de lo que pueda significar para un país de diez mil almas repartido en islotes y dentro de la Commonwealth. con la reina de Inglaterra como jefe de estado y que cuya economía depende en gran medida de la ayuda de Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

En este mapa de 1884 se ven los nombres polinesios y anglosajones de las islas. Las Gilbert y las del Fénix son hoy Kiribati, Ellice es Tuvalu y Tokelau una dependencia de Nueva Zelanda.

Después ha habido otros dos referendos (en 1986 y en 2008) para ver si el país seguía en la mancomunidad británica o si se convertía en república. Lo que me sorprende del último es que la participación fuera sólo del 21.5% y los partidarios del statu quo ganaran por 1.260 votos (65%) a 679 (35%). Me gustaría saber qué cosas mejores tenía que hacer aquel día el resto de la población o por qué un asunto que concita suficiente interés como para que se organice una votación no lo genera a la vez para que se participe en la misma. En cualquier caso, la política de Tuvalu tiene que ser una cosa muy curiosa. De hecho no hay ni partidos políticos, lo que quizá lo pueda convertir en referencia para algunos españoles ilusos y críticos con la partitocracia. En otros lugares de parecido tamaño los partidos suelen ser el envoltorio que esconde plataformas personalistas pero en Tuvalu ni disimulan.

El hecho de que Tuvalu aparezca en esta lista es consecuencia de que allí no hay apenas nadie y que aunque algunos cientos de hablantes de nuestra lengua se hayan dejado caer por allí en las últimas décadas, la relación más probable con el país que puede darse hoy en día, aunque extraña y leve, sea el navegar no como Mendaña, Quiroz y Vae de Torres sino gracias a Internet por el dominio tuvaluano acabado en .tv de algún canal de television de cualquier otro lugar.

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Convergencia post mortem

21/12/2017

En Ciencias Políticas tuve un profesor muy bueno. Hace dos o tres días, cuando las encuestas apuntaban a que ERC estaba reduciendo su ventaja para lograr la primacía del bloque nacionalista me vinieron a la mente dos respuestas suyas a preguntas diferentes (fue a diferentes alumnos y en diferentes asignaturas).

La primera era sobre los partidos políticos en general. No recuerdo la pregunta concreta pero indicó que muchas veces los partidos políticos proyectan su sombra más allá de su existencia. Esto fue en 2004 y el ejemplo que puso es que sociológicamente sabemos a qué nos referimos si hablamos de un elector de la Democracia Cristiana italiana, disuelta diez años antes. A mí me parece que otro de los partidos políticos que se prolongan más allá de la muerte es Convergencia i Unió.

La formulación de la segunda pregunta la recuerdo de modo más preciso. Tras los resultados de las elecciones generales de 2004 un alumno le preguntó si no creía que el proyecto de CiU estaba “completamente acabado”. Eran los tiempos de Carod Rovira, con el tripartito de Maragall en la Generalidad y tras haber quedado CiU por detrás de ERC en las generales de ZP, las del 11-M.

La respuesta del profesor fue que no, que en Cataluña hay un votante moderado que en otro tiempo fue votante de la Lliga y tras el franquismo lo había sido de CiU y que este elector nunca iba a votar a la Esquerra porque no le representa en absoluto. En algún momento este espacio dio la sensación de perder su terreno ante la derecha española, pero también habría sido muy difícil que eso ocurriera porque habría hecho falta que el PP fuera un partido mucho más confederal, una especie de nueva CEDA. Algo que algunos en el PP de Cataluña (Josep Piqué) habían intentando hasta cierto punto pero sin lograrlo.

En los últimos años parecía que la pérdida absoluta de la autoridad moral (por decir algo) del fundador, el descubrimiento de la cleptocracia del 3%, el divorcio de CDC y UDC, el abandono por parte de los moderados y la adopción de un perfil ideológico centrado en el eje nacional y el tema único del independentismo que no lo hacían muy diferente de ERC (que además estaba limpia de corrupción) podían haber contribuido a enterrar a Convergencia. Muchas encuestas lo mostraban y le daban un resultado de alrededor del 12% hace apenas 7 u 8 semanas.

Luego eso no se ha materializado y JxC (o sea CiU) ha acabado cerca del 22%. Al parecer la explicación que dan los medios es que se han combinado la ausencia de Junqueras (en presidio) con el perfil disperso de Marta Rovira para favorecer la imagen mesiánica de un Puigdemont “en el exilio” como líder indiscutible del bloque independentista.

Yo francamente no lo tengo tan claro y creo mucho menos en las teorías del liderazgo y más en la vieja explicación estructural. La revolución independentista no es una revolución desde abajo de gentes que quieren derrocar un orden injusto, sino la apuesta de las clases más acomodadas de una región próspera para mantener su privilegiada posición económica y las barreras culturales que la apuntalan. De redistribución no quieren saber nada de nada, ni con España ni dentro de Cataluña. El miedo a ERC y no digamos a la CUP sigue presente. Creo que esto explica mejor por qué no se ha premiado la mayor coherencia de ERC de lo que podría explicarnos la supuesta falta de liderazgo del ala izquierda del independentismo,

Intentando acertar los resultados hace unas semanas intuí que los de 2015 eran una buena base para empezar y así ha sido. Pocos cambios. Inter bloques ninguno, intra bloques algo más. El hundimiento de PP y CUP más o menos lo supe ver aunque no en la medida en que ha acabado ocurriendo. El empate entre ERC y la post-CiU se me escapó por completo.


Ideología

06/12/2014
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Mi gráfico

Voy a aprovechar la circunstancia de que un amiguete me ha enviado este test (que recomiendo) hacer y que se supone que debería mostrar la orientación política de quien responda las preguntas. Me ha parecido mejor diseñado que otros similares y el resultado, tras las veinte preguntas de rigor, se muestra en un gráfico de Nolan. Hará casi diez años que inicié la entrada “Gráfico de Nolan” en la Wikipedia en español y lamento constatar que no ha crecido demasiado.

Hace unas semanas bromeaba con un amigo sobre las diferencias entre las culturas políticas de los mundos hispánico y anglosajón. Para autoubicarme ideológicamente en el hispánico suelo decir “tengo ideas liberales” (que es un poco diferente a “soy liberal”) mientras que en el anglosajón digo algo como “I’m kind of a leftist”, que no es una mera traducción sino una adaptación debida a que las mismas palabras crearían un efecto distinto.

En el test me sale más o menos eso. A lo mejor “moderado” es la mejor forma de llamarlo. Los partidos que me quedan más cerca son el Partido Demócrata de los EEUU y la CDU alemana. En España UPD, que me parece un peor ejemplo porque no es un partido consolidado al que se haya visto acción de gobierno. No tengo claro si su ideología es la que representan los otros dos, aunque sí me parezcan correctos sus análisis sobre problemas concretos de la realidad española y alguna medida específica que proponen me parece especialmente adecuada (contrato laboral único). De todos modos me parece que su atractivo principal estuvo en intentar romper con lo que había mediante reformas y que ya no dará juego, en parte por los límites al crecimiento que le impone su peculiar liderazgo, pero sobre todo porque se ha pasado a una fase en que el carácter nacional típicamente excesivo se manifestará en los españoles menos conformistas a través una preferencia por lo opuesto (reformas mediante ruptura).

Pero vamos, que he hecho el test una segunda vez para fijarme mejor en las preguntas y me ha salido un resultado levemente distinto, con el partido más próximo CiU que en muchos sentidos podría considerar que es aproximadamente la antítesis de mi pensamiento. En realidad muchas preguntas están formuladas de modo en que es fácil dudar entre las opciones. Me quedo con la idea de que creo que soy más liberal (tanto en lo personal como en lo económico) que la mayoría de la población española y con eso tan bonito que es decir que en algunas cosas estoy “a la derecha del PP”.

¿Cuál es la diferencia entre “soy liberal” y “tengo ideas liberales”? Me imagino que la misma que entre “soy socialdemócrata” y “tengo ideas progresistas”. Dentro de que el liberalismo se puede definir de muchas formas, para mí el tipo ideal con el que comparo mis ideas es el que da prioridad a la libertad individual por encima de todo.

Aunque este principio estaría bien si se aplicara en la medida de lo posible, encuentro muchas razones para limitarlo en cuestiones de seguridad tanto nacional (frente a amenaza externa) como de los ciudadanos (frente al crimen) y en asuntos que tienen que ver con la sanidad y la educación en las que el poder de negociación de los más débiles es casi ninguno si es que están enfermos o son niños. También en el ahorro para la vejez, para el que creo que debe haber un sistema de seguro obligatorio. Igualmente creo en los controles farmacéuticos y sanitarios sobre la alimentación, donde me parece que un liberal puro defendería que se puede vender comida en mal estado o drogas perniciosas si las dos partes están de acuerdo. En general creo mucho en el poder del Estado para resolver problemas como para ser liberal. Creo que en un partido liberal europeo me sentiría como el proverbial pulpo en el garaje, pero que en los EEUU daría el pego.

En realidad, en varias versiones del gráfico, al cuadrado central que hay inscrito en el rombo principal le ponen la etiqueta “moderado”. Eso lo veo más acertado, aunque más que una cuestión ideológica puede que sea de edad y de carácter.


Bipartidismo no es…

16/06/2014
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Ni la versión actual ni la enmienda

Aunque viva en el exterior sigo leyendo las noticias de España. Sin embargo, en muchos aspectos me considero desinformado porque me falta eso que llaman “el pulso de la calle”. A veces me doy cuenta de cosas que me resultan raras de golpe, porque llego a ellas como la rana a la que echan al agua hirviendo. Tampoco es nada especial, me imagino llevando la misma vida allí y me podría pasar perfectamente lo mismo.

En las últimas semanas me ha llamado la atención el uso que se está haciendo del término “bipartidismo“. A lo mejor lleva en boga varios años, quizá desde aquello del 15-M. No sé refiere al sistema, como autoriza el diccionario, sino a los dos partidos mayores o a su suma. A veces la confusión del lenguaje lleva a la confusión política y los que quieren acabar con el bipartidismo me recuerdan a aquella anécdota ferroviaria en la biografía de Tal: había un problema con el último vagón de los trenes y alguien sugirió eliminarlo, como si no fuera a quedar un último vagón después de hacerlo. Al final en un sistema representativo lo más normal será que queden dos partidos principales. No es que el sistema sea bipartidista sino que el comportamiento electoral de los electores que se cansan de perder hace que acabe pareciéndolo hasta cierto punto.

Cuando yo estudiaba estas cosas, lo que ahora llaman bipartidismo se llamaba concentración electoral, y el índice de concentración electoral era la suma del porcentaje de voto de los dos mayores partidos. También existía el índice de concentración parlamentaria, que era lo mismo pero en escaños y que en España debido al efecto de la ley d’Hondt pero sobre todo de la circunscripción provincial era mayor aún (en 2008 serían de alrededor del 80% y 90%, electoral y parlamentario respectivamente). Ahí les dejo los términos por si quieren hacer uso cultivado y que no les entienda la vecina cuando comenten estas cosas en la pescadería.

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Bipartidismo no es eso

Ya puestos voy a comentar algo que sucedió hace meses. Alguno de los becarios de El País hizo lo que entonces consideré una traducción fulera del termino bipartisan. En la web de El País básicamente se dedican a traducir noticias de agencias y de los medios anglosajones. Lo sé porque muchas veces veo la misma noticia en la BBC y en El País con unos veinte minutos de diferencia.

Total, que el contexto de un acuerdo entre el Partido Demócrata y el Republicanoa sobre no recuerdo qué, el artista tradujo a bipartisan solution como “una solución bipartidista”. No fue el único. En aquel momento me pareció una gran pifia y creí que la versión correcta a nuestro idioma habría sido “solución bipartita”. Llevándolo más allá del idioma hasta el ámbito de nuestra propia cultura política “solución de consenso” habría sido lo adecuado.

Consenso en sentido muy estricto ya que en un sistema bipartidista “de verdad” como el de los Estados Unidos  los dos partidos suponen el 99% de todo lo que hay. Hay que partir de la base de que “bipartidista” en España se está entendiendo como “excluyente” mientras que bipartisan, en los EEUU, implica más bien lo contrario. Pero en fin, si el uso moderno del término es aceptable probablemente aquella mala traducción también lo fuera.

 


Asturias y Andalucía

28/03/2012

Andalucía y Asturias, 25 de marzo de 2012

Hoy lo de que el voto de los residentes en el extranjero haya hecho bailar el último escaño en juego para el Parlamento de Asturias me ha embargado de metafórica emoción. Yo he votado en la embajada y también por correo. Una vez incluso por algún método que me costó el franqueo 9 euros que se suponía que luego me iban a devolver y nunca ocurrió. Oneroso derecho. Y lo peor es que esos votos casi nunca sirven para nada. De hecho los dos partidos grandes se estaban planteando eliminar la posibilidad de que los residentes en el extranjero votasen. Tampoco me parece que perderíamos gran cosa y en cierta medida puede llegar a ser un poco absurdo que los nacionales en el extranjero puedan votar y que los extranjeros que viven en territorio nacional no.  Me imagino que si no se ha hecho es porque el PSOE calcula que en algún momento le podría llegar a beneficiar, ya que incluso en su debacle de 2011 ganó en casi todas las provincias. De hecho creo que en todas menos una. En elecciones generales el censo es demasiado grande y no creo que nunca haya sido decisivo. En autonómicas recuerdo otro caso y en locales habrá habido alguno, aunque creo que desde el año pasado los expaatriados ya no tenemos derecho a votar en elecciones municipales.

De Asturias, ahora sólo me parece interesante qué va a hacer el parlamentario de UPD, visto el empate a 22 entre derecha (FAC12 + PP 10 ) e izquierda (PSOE 17 + IU 5), sin despreciar del todo la posibilidad de que se acepten los recursos y se vuelva al 16-13-10-5-1. Yo creo que en su situación sin son sensatos deben ser insensatos. Pedir un programa de máximos inaceptable y abstenerse cuando no se lo concedan, sea cual sea el parlamento final. Si se arriman a cualquiera están condenados a desaparecer. Tampoco el sorpasso es nada sencillo, es un largo e imporbable camino. Pero ya veremos.

Más interesante me ha parecido lo de Andalucía, y he estado viendo el análisis de Toharia y Arriola en el Fórum Nueva Economía.

Han salido muchos temas, entre ellos la relativamente pequeña influencia de la campaña, de los casos de corrupción y de la reforma electoral llevada a cabo por el gobierno de Rajoy. Se ha hablado de la espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann como principal razón por la cual las encuestas no han detectado las tendencias que se estaban produciendo. También de la dualidad entre la Andalucía litoral y la del interior y entre la urbana y la rural. Lo curioso es que Arriola, siendo el asesor del Partido Popular ha venido a decir que aproximadamente el PP ha llegado a su techo. Ha sacado un aspecto interesante, como la distribución de la propiedad de la tierra entre comarcas como el Poniente almeriense y las de las provincias del interior.

En resumen, que su opinión es que el vuelvo ha sido enorme y que las cosas han cambiado mucho desde 1994 hasta hoy, pero que al Partido Popular no le da para más. Cree que las campañas electorales sirven de muy poco. Eso es hasta cierto punto cierto, pero si dijera lo contrario estaría tirando piedras sobre su propio tejado, ya que gran parte de las decisiones del PP durante la compaña las habrá tomado teniendo en cuenta su consejo. A mí me parece muy interesante la decisión de Arenas de no acudir al debate en Canal Sur.¡Pôbre Arenas, dos décadas huyendo de la foto del limpiabotas!  El otro día volví a ver una portada de ABC de 1996 en la que las encuestas ya le daban la mayoría absoluta.

Para mí Arriola tiene una gran parte de la razón. Pero hay otra. Esta el sustrato socioeconómico, sociopolítico, histórico o lo que quiera decirse. Pero también hay políticos más finos que otros. Arenas no es precisamente uno, pero hay que fijarse en qué arte tuvo Griñan no poniendo las elecciones andaluzas junto a las generales. Y algunos de su partido le decían que hiciera lo contrario. Ahí no entra ni la renta per cápita, ni el PER, ni la guerra civil. Hay que saber o acertar.


España: Mis preferencias para el 20-N

13/11/2011

Mis preferencias políticas, según ABC

El otro día un amigo puso en Facebook el enlace a un cuestionario en el diario ABC. En función de las respuestas que uno daba a quince preguntas y qué tres de esas quince cuestiones consideraba más importantes, el programita ofrecía el partido cuya oferta electoral más se acercaba a las propias opiniones. No sé si este tipo de cosa tiene éxito en la población en general, pero a mí es un juguete que me encanta.

Adorno la entrada con mi primera encuesta, en la que me recomiendan el Partido Popular con cero puntos, y luego más lejos de mis posiciones se encuentran Equo (¿esto qué coño es) e Izquierda Unida con -9 puntos y más aún el PSOE y UPD con -28 puntos. Luego he jugado varias veces, siempre con respuestas parecidas, a veces interpretando de modo diferente la pregunta (un NO a un “¿debe…?” se puede interpretar tanto como “no debe” como “no tiene por qué”) y me ha parecido que lo que más determinaba el resultado era, sobre todo, cuáles eran los que se escogían como asuntos primordiales. Creo que el PP me sale siempre como más próximo porque para mí lo más importante tiene que ver con la economía y el empleo.

El día 20 no estaré en España y no votaré. Estoy pensando volver a inscribirme en el CERA. En cualquier caso el PP no necesitará mi voto para ganar las elecciones, ni lo tendría. Creo que lo que necesita España en este momento es una política totalmente orientada a la productividad y la creación de empleo vendrá por añadidura y que son absolutamente necesarios recortes en áreas absolutamente absurdas en las que ha crecido el Estado por un lado, y también en otras que aunque son esenciales pueden reducirse en cierto grado. Como soy partidario de hacer recortes puedo opinar, pero no ganar elecciones, así que tengo que elegir entre lo que haya. Siguiendo con los recortes, en mi opinión, la prioridad debe ser salvaguardar el sistema nacional de salud y hasta cierto punto la educación, donde en cambio sí que considero que hay algunas áreas donde se puede meter la tijera y que son privatizables. De hecho, ya hay tinglados privados, pero se trata de que lo sean de verdad. Me parece que la educación tiene un problema de calidad que no tiene que ver demasiado con el gasto y el dinero.

¿Por qué no votaría al PP? Me gustaría que en España hubise un partido de centro-derecha liberal como los que hay en otros países de Europa. Partidario del desarrollo económico pero defensor de la libertad individual. Liberal no sólo en el sentido de desregulación del mercado (que precisamente ahora debe estar más y mejor regulado) sino también en el respeto a las decisiones privadas de los ciudadanos. No un partido conservador y no esa prolongación del Vaticano vía Opus Dei que es una parte muy influyente del PP. A lo mejor, si evolucionan mucho pueden tener mi voto dentro de 20 años, pero me temo que en lugar de fijarse en la CDU se han puesto como modelo a los friquis del Tea Party.

No estoy muy seguro de por qué me sale la cosa esa de Equo y un partido cuyas ideas tienen que parecer ridículas a cualquiera que haya estudiado algo de economía (IU) antes que PSOE y UPD. En cualquier caso, y a pesar de que Rubalcaba me parece más sensato que ZP, es muy difícil votar al PSOE que nos condujo a los 5 millones de parados. Me imagino que mucha gente lo hará porque se ven obligados a elegir entre eso y el PP, y porque tampoco hay quien garantiza que las políticas que lleve a cabo el PP vayan a traer el crecimiento económico. Algunos querrán evitarle al viejo partido obrero una derrota escandalosa o simplemente dificultar la mayoría absoluta popular (aunque en varias provincias no está nada claro que esta sea mejor opción que otras). UPD, que es un pequeño partido con el que simpatizo (seguramente porque está limpio al no haber tocado poder) y cuya ideología es quizá así en abstracto la más cercana a la mía con un par de excepciones importantes, no deja de ser de momento – y creo que durará – el recurso al pataleo.

Así que papeleta complicada para los que piensen como yo. Mi principal interés en lo realista es que el PP no gane con mayoría absoluta y se tenga que achantar y no modifique, por ejemplo, leyes como la del aborto y la del tabaco. Casi que me alegro de no estar en España y así no tengo que pensar qué hacer.


Definiciones de partido político

06/01/2010

“Un partido es un grupo de hombres unidos con el fin de promover, mediante sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional, sobre la base de algún principio particular en el que todos ellos coincidan.”

Edmund Burke, 1770

“Un partido político, en general, y el partido de vanguardia, en particular, no tendría derecho a la existencia, no sería más que un pobre cero a la izquierda si renunciara al poder, teniendo posibilidad de conseguirlo.”

Lenin, 1917

“Un partido es, ante todo, un intento organizado de alcanzar el poder, entendiendo por tal el control del aparato estatal.”

E. E. Schattschneider, 1942

“Un partido político es toda agrupación de individuos que, pretendiendo los mismos objetivos, se esfuerzan por alcanzarlos, intentando a la vez, conseguir la adhesión del mayor número posible de ciudadanos y conquistar el poder, o por lo menos influir en sus decisiones”.

Georges Burdeau, 1949

“Partidos en el sentido sociológico del término son grupos cuyos miembros están dispuestos a actuar de común acuerdo en la competencia por el poder. Pero partidos según el derecho constitucional son solo aquellos grupos de poder concurrentes que obtienen adeptos apelando a un determinado plan para la realización del bien común. En este sentido conserva toda su validez la clásica definición de Burke”.

Wilhelm Grewe, 1950

“El partido, por su naturaleza, es el gran intermediario que une a las fuerzas e ideologías de la sociedad con las instituciones oficiales del Gobierno, poniéndolas en relación con una acción política en el seno de la totalidad de la comunidad política.”

Sigmund Neumann, 1956

“Los partidos son conductos de expresión: son un instrumento para representar al pueblo al expresar sus exigencias. Los partidos no se desarrollaron para comunicar al pueblo los deseos de las autoridades, sino para comunicar a las autoridades los deseos del pueblo.”

Giovanni Sartori, 1976