Tirano Banderas

28/01/2018

Tirano Banderas (1937)

Recuerdo haber leído “Luces de bohemia” en el instituto y el otro día me pareció recordar que en el examen de selectividad me tocó comentar esa obra, aunque no podría jurarlo. Como le pasará a casi todo el mundo, mi vida ha tenido bastantes momentos e incluso algunas fases completas de esperpento y en más de una ocasión me he visto peripatético y borracho con algún que otro amigo en una especie de homenaje pobre a Max Estrella y don Latino de Híspalis.

Y entonces pasa un cuarto de siglo, que no es nada, sin volver a Valle-Inclán. Y el otro día mirando a ver qué obras habían caído en el dominio público en 2018 veo que ya desde el año anterior (2017) están disponibles las de aquel señor de excelsa barba que murió en 1936 y me da por leer Tirano Banderas (1926), que es una cuyo título siempre me había atraído, potenciado quizá por la portada de una edición que vi hace muchos años y en la que aparecía un soldado mexicano formidable cuyo rostro era una calavera.

Y me he puesto a leer la edición de la Biblioteca Nacional, que es el escaneo de la edición argentina de 1937 en formato epub y con las limitaciones de la tecnología OCR que se traducen en fallos que suponen obstáculos superables. De haberlo sabido antes habría probado con la cuidada edición (pdf) con notas a pie de página de Juan Rodríguez, en cuya página encontré un glosario que me ha sido de gran utilidad para una novela de léxico tan diverso y ajeno, al menos para un peninsular. Recomendaría echar un vistazo al vocabulario antes de emprender la lectura para no interrumpir el goce del ritmo de navegación constante con la inevitable consulta. Vean este párrafo a modo de de ejemplo y a continuación su nota explicativa:

Y muy confiado de darle una sangría a Tirano Banderas. Mi jefesito, en este alforjín que cargo en el arzón van los restos de mi chamaco. ¡Me lo han devorado los chanchos en la ciénaga! No más cargando estos restos, gané en los albures para feriar guaco, y tiré a un gachupín la mangana y escapé ileso de la balasera de los gendarmes. Esta noche saldré bien en todos los empeños.

Zacarías lleva en la trasera (arzón) de su silla de montar una pequeña alforja (alforjín) con los restos de su hijo (chamaco) que ha sido devorado por los cerdos (chanchos); con ese amuleto ha ganado en el juego de cartas (albures), lo que le ha permitido comprar (feriar) un caballo (guaco), ha echado el lazo (mangana) a un gachupín y ha escapado ileso del tiroteo (balasera) con la policía

La escena chovinista del Casino Español es mi favorita. Siempre fan de los efectos estéticos del patrioterismo cómico y banal. Me troncho imaginándome a la colonia dando vivas al comercio honrado, a don Pelayo y a don Isaac Peral:

El Casino Español —floripondios, doradas lámparas, rimbombantes moldurones— estallaba rubicundo y bronco, resonante de bravatas. La Junta Directiva clausuraba una breve sesión, sin acta, con acuerdos verbales y secretos. Por los salones, al sesgo de la  farra valentona, comenzaban solapados murmullos. Pronto corrió, sin recato, el complot para salir en falange y deshacer el mitin a estacazos. La charanga gachupina resoplaba un bramido patriota: Los calvos tresillistas dejaban en el platillo las puestas: Los cerriles del dominó golpeaban con las fichas y los boliches de gaseosas: Los del billar salían a los balcones blandiendo los tacos. Algunas voces tartufas de empeñistas y abarroteros reclamaban prudencia y una escolta de gendarmes para garantía del orden. Luces y voces ponían una palpitación chula y politiquera en aquellos salones decorados con la emulación ramplona de los despachos ministeriales en la Madre Patria: De pronto la falange gachupina acudió en tumulto a los balcones.
Gritos y aplausos:
–¡Viva España!
–¡Viva el General Banderas!
–¡Viva la raza latina!
–¡Viva el General Presidente!
–¡Viva Don Pelayo!
–¡Viva el Pilar de Zaragoza!
–¡Viva Don Isaac Peral!
–¡Viva el comercio honrado!
–¡Viva el Héroe de Zamalpoa!
En la calle, una tropa de caballos acuchillaba a la plebe ensabanada y negruzca, que huía sin sacar el facón del pecho.

Más allá de las cosas que ocurren y cómo ocurren en la novela y del lenguaje deleitoso era menester que acabara leyéndola por aquello de la cratología iberoamericana y la especialidad de los estudios politológicos en el alma máter de aquí servidor. Esta es una de las ocho o diez novelas que aparecen en toda bibliografía que ilustre el tema del caudillismo. Ya hemos comentado alguna otra. Hay tantas que incluso se ha llegado a hablar del subsubgénero de la novela de dictador.

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Episodios Nacionales: El equipaje del rey José

03/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Pronto me puse con uno de mis proyectos para este año, que es el de leer las diez novelas de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. El primer día de 2018 di cuenta de la primera entrega, El equipaje del rey José, que sucede en tierras de Burgos y Álava en los alrededores tanto en el espacio como en el tiempo de la batalla de Vitoria de 1813.

Con Galdós me pasa como con Dostoyevski, que la historia puede ser grandiosa pero la miga de verdad la encuentro en las reflexiones del narrador. Aquí respecto de un linchamiento fallido:

El populacho es algunas veces sublime, no puede negarse. Tiene horas de heroísmo, en virtud de extraordinaria y súbita inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de estas horas, muy raras en la historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y sobre todo cobarde.

Aquí sobre los efectos provocados por la combinación de las pasiones amorosas y las patrióticas:

Un hecho es este cuyo tenebroso misterio no penetrará jamás con exactitud el observador; pero es indudable que la pasión amorosa confundida con el arrebatado sentimiento patriótico que en el alma de la mujer produce fenómenos extraordinarios, durante las grandes guerras de raza, está sujeta a veleidades casi increíbles. El fanatismo de Genara hizo de ella en la ocasión crítica que narramos un ser espantoso; pero ¿es posible pronunciar la última palabra sobre la vengativa saña de su alma exaltada, sin deslindar lo que de sublime y de perverso había en los sentimientos que precedieron a la explosión tremenda? La pavorosa figura bella y terrible, que pedía la muerte de un hombre, pocos minutos antes amado, encaja muy bien dentro del tétrico cuadro de la época, en la cual las pasiones humanas exacerbadas y desatadas arrastraban a los hechos más heroicos y a los mayores delirios. Había en Genara una entereza romana que de ningún modo podía ser completamente odiosa, y en sus odios lo mismo que en sus amores no se quedaba nunca a medias.

Hace unos meses escuché un interesante programa de radio sobre la batalla de Vitoria de 1813 y luego estuve buscando mapas y otra información. El botín de guerra, que en otras batallas es tema secundario, tuvo en ésta un protagonismo mayor.

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Trafalgar y la patria

27/05/2017

De jóvenes admirábamos cotidianamente a don Benito Pérez Galdós

Hará más de diez años que leí el Cabo Trafalgar de Pérez-Reverte (no me convenció) y esta mañana se me ha ocurrido ponerme con el Trafalgar de Pérez Galdós, el primero de los Episodios Nacionales. Éste me ha gustado más y puede que la comparación no sea justa aunque sólo sea porque uno no es el mismo de hace una década. Dos veces estuve en Trafalgar square de Londres y una en Nelson de Nueva Zelanda sin que estos antiguos acontecimientos bélicos resonaran lo más mínimo en mi consciencia.

Hay coloquialismos en Galdós que yo creía posteriores (Por ejemplo, la expresión “De Guatemala a Guatepeor”, que yo no habría imaginado que se usaba ya en el siglo XIX). Trafalgar fue publicada en el año convulso de 1873 (el de la Primera República Española) y en un fragmento que es el alegato de Gabriel Araceli antes de que comience la batalla el narrador se explaya sobre la idea de patria y en su alegato me parece ver algo de aquello por lo que Renan habría de llamar a la nación  “plebiscito cotidiano” en su famosa conferencia de 1882.

Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos, nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el rey y su célebre ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros.
Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándole, y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la oscuridad un hermoso paisaje. Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de gentes, todos fraternalmente unidos; me representé la sociedad dividida en familias, en las cuales había esposas que mantener, hijos que educar, hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje, el almacén donde depositaban sus riquezas; la iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos y arca de sus creencias; la plaza, recinto de sus alegres pasatiempos; el hogar doméstico, cuyos antiguos muebles, transmitidos de generación en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones; la cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos; la calle, donde se ven desfilar caras amigas; el campo, el mar, el cielo; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra alma, como si el propio cuerpo no le bastara.
Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos algo, en lo cual no iba del todo descaminado. Parecíame, por tanto, tan legítima la defensa como brutal la agresión; y, como había oído decir que la justicia triunfaba siempre,no dudaba de la victoria. Mirando nuestras banderas rojas y amarillas, los colores combinados que mejor representan al fuego, sentí que mi pecho se ensanchaba; no pude contener algunas lágrimas de entusiasmo; me acordé de Cádiz, de Vejer; me acordé de todos los españoles, a quienes consideraba asomados a una gran azotea, contemplándonos con ansiedad; y todas estas ideas y sensaciones llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios, a quien dirigí una oración que no era padrenuestro ni avemaria, sino algo nuevo que a mí se me ocurrió entonces. Un repentino estruendo me sacó de mi arrobamiento, haciéndome estremecer con violentísima sacudida. Había sonado el primer cañonazo.

No sé si se puede decir que Pérez Galdós se adelantó a Renan. Es lógico pensar que esta idea será incluso anterior. Tras la derrota y cuando los ingleses están tomando el Santísima Trinidad, Gabriel Araceli del que casi se podía decir que había despertado de su preconcepción de la idea de patria a cañonazos se la vuelve a plantear junto con el el tema del Otro:

Siempre se me habían representado los ingleses como verdaderos piratas o salteadores de los mares, gentezuela aventurera que no constituía nación y que vivía del merodeo. Cuando vi el orgullo con que enarbolaron su pabellón, saludándole con vivas aclamaciones, cuando advertí el gozo y la satisfacción que les causaba haber apresado el más grande y glorioso barco que hasta entonces surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que ésta les habría confiado la defensa de su honor; me pareció que en aquella tierra, para mí misteriosa, que se llamaba Inglaterra, habían de existir, como en España, muchas gentes honradas, un rey paternal, y las madres, las hijas, las esposas, las hermanas de tan valientes marinos, los cuales, esperando con ansiedad su vuelta, rogarían a Dios que les concediera la victoria.

Puede decirse que las cuestiones del patriotismo y del patrioterismo y la otredad siguen plenamente vigentes en nuestro tiempo y también puede decirse que  todo está ya en los clásicos.


Patriotismo soviético

11/05/2016

Portada

El otro día mientras estaba con el libro de Svetlana Alexiévich y sus mujeres en guerra se me pasó por la cabeza la contraposición entre el mucho patriotismo que hizo falta para que la URSS pudiera ganar esa guerra y lo bueno que es el libro precisamente porque no muestra apenas nada del mismo. Es bueno porque lo que cuenta es verdad. El patriotismo se opone a la verdad y es más fácil que pueda desarrollarse en una gran mentira como la Unión Soviética o como la Alemania nazi.

Hoy por hoy es inimaginable en la mayor parte del mundo desarrollado un movimiento así. También me parece que hay un par de aspectos que contribuyen mucho a cultivar ese patriotismo. La ficción compartida de que existía una sociedad que había aboliendo las clases sociales, las dos décadas de aleccionamiento bolchevique y la incorporación de la Iglesia Ortodoxa Rusa al esfuerzo de guerra y cierta escasez material que suponía que muchos no tenían mucho que perder.

Uno no estaría muy dispuesto a dar la vida por la patria cuando ve que hay otros que obtienen más de la patria que uno mismo. La desigualdad social diluye el patriotismo, que es bastante horizontal. También me creería que es más difícil para agnósticos y ateos inmolarse en pos de la supervivencia del colectivo. Las riquezas materiales le permiten a uno comprarse un destino distinto al de la patria.

Constato que las ganas de arriesgar la vida por la patria son pocas. Y está bien. La patria está continuamente en peligro, y desaparecerá como también desapareció la Unión Soviética a pesar de tanto heroismo. No me preocupa demasiado que desaparezca la patria, ya habrá otra cosa luego.


Pro Deo pro patria

15/01/2016
Pro Deo pro patria

Pro Deo pro patria, principios que se desvanecen

Me gustaría saber más latín y me gustaría saber el latín antes que la mayor parte de las lenguas vivas. Basta hacer varias pruebas eligiendo idiomas al azar en el listado de las 6.000 que dicen que aún se hablan en el mundo. Aunque no sé mucho, a “pro Deo pro patria”, creo que ya llego. Es una proclama política en muchas partes. De hecho, estoy pensando que quizá el conglomerado nacional-religioso sea la ideología con más simpatizantes del planeta. En Europa occidental no tiene tanto prestigio, y estoy casi seguro de que en este rincón del mundo es Irlanda el país en el que alcanza mayor grado de hegemonía.

La frase está sobre la puerta de una escuela que hay en Parnell sq, frente al jardín que recuerda a los caídos por la causa de la patria. Técnicamente está en el montante de abanico que hay sobre el dintel de las típicas puertas georgianas de Dublín. Esta pieza -que en inglés se llama fan o fanlight- es prima de la claraboya y pariente pobre y acristalado del tímpano del pórtico catedralicio. En concreto esta puerta es patriótica y correcta en los elementos pero poco o nada elegante: las hay muchos más bonitas. El edificio es una escuela primaria, religiosa y en lengua aborigen: el lugar idóneo en el que inculcar valores elevados como el amor a estos entes superiores.

Por un lado parece que haya contradicción entre lengua universal y lengua insular, por otra parte las conectan la muerte y su cercanía ya que tanto la lengua extinta como la moribunda ostentan carácter sagrado.

Escuela

Escuela 29.12.2015


Almanya

13/01/2016
Bienvenidos a Almanya

Willkommen in Deutschland

Un poco en contra del Zeitgeist de las últimas semanas pero quizá a favor de los vientos que soplaban hace pocos meses hemos visto hoy esta película de 2011, una comedia basada en la relativamente exitosa experiencia de los turcos que emigraron a Alemania. Hace cosa de un año estábamos todo el tiempo oyendo hablar de Grecia y de sus pensionistas, sus ahorradores, sus jóvenes. O se los ha tragado la tierra o los han enterrado los sirios. La agenda de los medios es tan veleidosa. Creo que entre bambalinas hay una lucha más o menos ideológica (a veces entre dos buenismos enfrentados) por el control del relato de la infame nochevieja de Colonia y tengo curiosidad por saber cuál será el resultado, dentro de unos meses.

Almanya no tiene nada especialmente duro ni desagradable in problemático. Los típicas anécdotas cómicas de los problemas de comunicación y algunos chistes visuales y la clásica reflexión del emigrado y la segunda generación sobre la identidad. Hace pocos meses vi una película sobre la emigración española a Suiza que en el fondo era la misma película. Aquella me hizo más gracia porque en alemán apenas me defiendo y de la cultura alemana casi tengo que defenderme. Con eso último me refiero a que aun estando expuesto a ella ni la comprendo ni practico mecánicamente. Esta película, que se deja ver, es especialmente buena si se compara con la que Hollywood hubiera hecho a partir de la propaganda del sueño americano. Hoy por hoy puede que el patriotismo alemán sea el más decente que haya.

Almanya es, obviamente, Alemania en turco.

"Alemania" en diferentes idiomas

“Alemania” en diferentes idiomas


Confesión acaso antipatriótica

25/10/2014
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¡Puaj! ¡un ratón!

He visto una viñeta en la que Mickey Mouse expresa repulsión por la presencia de un ratón. Ahora que entramos en la fase invernal del año y el fenómeno amaina, a mí me recuerda un poco al aborrecimiento que me causan las hordas de turistas españoles en el centro de Dublín. Suelen ser grupos de adolescentes, aunque no sean los jovencitos los únicos que adolecen de algo. Los hay que me causan tal vergüenza ajena con su carácter ruidoso y faltón que si estoy hablando en castellano cambio de idioma para no parezca que tengo nada que ver con ellos. A veces es así cómo la parienta los detecta. Yo, obviamente, tengo como un radar para esta plaga.