Platero y yo

11/01/2017
Editio princeps

Editio princeps

En el único día en que recuerdo haber leído dos libros enteros (entendido día como unidad flexible de tiempo entre que uno se levanta y vuelve a acostarse) el segundo había de ser necesariamente breve. Nunca había leído “Platero y yo” que creo que es también una de las lecturas que más se ofrecen a los estudiantes no ya de bachillerato sino incluso de primaria. Alguna vez me entra esa urgencia de leer algo que se suponía que ya debería haber leído.

Vuelvo por un instante al bachillerato donde sí leí poesía de Juan Ramón Jiménez y he de decir que no me gustó demasiado. Tampoco acepté nunca la extravagancia ortografica aquella de las jotas como un resgo de genialidad sino como una gilipollez o jilipollez, que más puede escribirse con ambas que inteligencia.

La profesora de literatura española de COU comentando un día nuestros exámenes lamentables indicó que alguno de nosotros había escrito en “Platero y tú” en lugar del nombre correcto de la novela. Era la paráfrasis el nombre de un grupo roquero de la época que luego tuve la ocasión de ver actuar en directo en unas fiestas de barrio del año noventa y cuatro.

Me parece que Platero y yo era una buena lectura para niños de diez años en tiempos de vocabulario más florido (me he enterado de lo que es un rodrigón) y también en tiempos de menor fariseísmo. He visto causa suficiente como para que si lo miran un poco de reojo los censores de la corrección política. que hoy imperan, adalides del buenismo que son ellos, lo acaben prohibiendo en las escuelas.


Una idea italiana que no sé si me gusta

17/02/2016
Austero en etimo.it

Austero en etimo.it

Aquí se cruzan varias historias. Una es que hace meses mi viejo me estaba contando una que Berlinguer fue el primero que habló de austeridad en política y que decía que la austeridad era de izquierdas. Me sacó un librito en italiano que le había prestado un amigo suyo. No sé yo cuánto entiende mi señor padre el italiano. No me costó encontrar el texto traducido al español de las conferencias del año 1977 en las que el secretario general del Partido Comunista Italiano proponía la austeridad individual como valor revolucionario.

Mira si no son austeros los cubanos y los venezolanos y todos los que hayan vivido en un régimen comunista. Yo creo también lo soy, pero la austeridad que no es obligatoria y que es una especie de modo de vida basado en no obtener demasiada felicidad con la posesión de cosas es diferente a la penuria impuesta por consecuencias de la Historia o sistemas económicos ineficientes. De todos modos yo le conté a mi progenitor que la palabra “austeridad” estaba mutando de sentido por influencia del inglés, y que recordaba perfectamente el día en que vi un cartel que decía anti-austerity y haber pensado “está mal, no puede ser”.

Veo ahora que los italianos están utilizando tal cual la palabra inglesa austerity para hablar de política económica de reducción del gasto público. Con poner “l’austerity” así con el artículo apostrofado en los buscadores salen ejemplos a tutiplén. El diccionario del diario La Repubblica tiene las dos entradas separadas para austerità y austerity aunque ésta última remite a la acepción económica de austerità: severa contención del gasto público etc.

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La Repubblica tiene diccionario

Luego he recordado que cuando veía los telediarios italianos siempre me llamaba mucho la atención que utilizaban mucho la palabra inglesa privacy. Creo recordar que solía ser por asuntos sórdidos de Berlusconi. No entendía por qué hacía falta una palabra inglesa si se podía decir privacità como se hace en español con “privacidad”. En realidad el concepto ese de privacidad es bastante reciente. Yo recuerdo bien la primera vez que leí la palabra alrededor de 1994 ó 1995 cuando estudiaba Derecho en la universidad.

Era en alguna sentencia del Tribunal Constitucional que juzgaba estas cosas. Cuando hicieron la Constitución el concepto aún no había llegado y el derecho reconocido en la misma se llama “al honor, la intimidad y la propia imagen”. La sentencia aquella decía que había cosas que aunque no eran íntimas si que había que protegerlas porque eran privadas, pero no privadas en el sentido de la propiedad privada sino en el que hoy día entendemos de privacidad. Yo vi la palabra allí escrita con la sensación de que el ponente se la estaba inventando. Puede que lo estuviera cogiendo de otro idioma. No diré de cual.

El caso, es que cuando tienes una palabra parecida a las que hay en tu idioma que viene de otro parece que hay dos opciones: una es ampliar el número de significados de la que ya tenías a riesgo de confusión (¿austeridad qué es?, ¿la privacidad no es una cualidad de la propiedad privada?). La otra sería mantener el significado de lo que ya tenías en el idioma y meter la palabra extranjera sin más. (Yo mismo he escrito varias veces “politically correct” en este blog porque no acabo de aceptar una expresión que ni tiene que ver precisamente con la política ni con lo que es correcto e incorrecto). También digo “políticamente correcto” o “políticamente incorrecto” a veces. No pasa nada.

Total que no sé que es lo mejor ni sé si la idea italiana me parece buena, quizá precisamente porque yo ya lo he probado. En todo caso dejo aquí una viñeta fantástica de La Pulga Snob de Andrés Diplotti que trata sobre lo políticamente incorrecto.


El hombre-anuncio en Irlanda

25/09/2014
afds

Hombre-anuncio junto a edificio de la estación de autobuses

No sé en cuántas ciudades seguirá existiendo la figura del hombre-anuncio. Yo diría que no en muchas, si hoy por hoy una máquina puede reemplazar a todo quisque, o casi. Me parece que tendrían que ser ciudades relativamente grandes, con un centro comercial definido, en las que la mano de obra no sea carísima en comparación con otras alternativas y en las que haya algún tipo de negocio que depende de una ubicación mejor que no se puede permitir. Que yo recuerde sólo los he visto en Madrid y en Dublín. Más en Dublín, donde aún se ven bastantes. Por lo general suelen anunciar restaurantes que quedan algo escondidos de la vista del público, aunque también publicitan otros negocios. El otro día vi uno junto a Busáras (la estación de autobuses dublinesa) y estaba anunciando una peluquería que hay cerca.

Tampoco sé cuáles son las condiciones de trabajo. Aunque sea difícil tener la certeza creo que en Irlanda no hay tanto empleo “en negro” como en España y de hecho este hombre está trabajando (o lo que sea) a treinta metros de una comisaría de policía. Si reciben el salario mínimo de 8,58€ la hora, no parece tan mal.

Recuerdo que hace unos años (y compruebo que fue en 2008-2009) el recientemente caído en desgracia Ruiz-Gallardón (que por entonces era alcalde de Madrid) quiso prohibir la figura del hombre-anuncio en la ordenanza de publicidad. Me parece que al final no salió. También me parece recordar que los hombres-anuncio de Madrid suelen ser de tipo sandwich, con un cartel por delante y otro por detrás y que suelen ir paseando por la calle, mientras que los de Dublín permanecen estáticos. Estar parado es lo peor para combatir el frío, que sin conocer la paga parece junto con el aburrimiento lo peor que tiene ese empleo.

Quiero hacer un inciso sobre Ruiz Gallardón y su descenso a los infiernos. Probablemente nunca hubo un auténtico Gallardón y, como me ha comentado hoy un amigo, todo lo que se ha visto a lo largo de veinte años sean las maniobras maquiavélicas de un hombre sin principios que hizo lo que creyó más conveniente para conseguir el poder absoluto. De otro modo no se explica su involución. Reconozco que soy uno de aquellos a los que engañó. Yo de verdad creía que ese hombre representaba un centro-derecha muy posfranquista y muy civilizado. No tengo ni idea de por qué creyó que poner España en la liga retrograda de Irlanda, Polonia y el Vaticano le iba a favorecer en su objetivo. ¿Quizá esos eran sus auténticos principios y sólo los mostró cuando vio que ya no iba a llegar a presidente?. Se pasan muchos días sin noticias buenas y ayer nos dio una muy buena para todo el mundo. Es tan buena que es buena hasta para el PP. A otra cosa.

Cuando la polémica del hombre-anuncio 2008-09 se llegó a decir que este empleo de hombre-anuncio era degradante y que convertía a un ser humano en objeto y muchas tonterías más. A mí me parece un empleo dignísimo y mucho menos digno me parece no aceptarlo y pedir que el Estado le pague a uno sus gastos, como hacen otros. No sé si eso de la objetificación es una crítica de izquierdas. Me consta que hay izquierdas así. No llegué a leer, aunque también me consta que hay gente así, una crítica basada en la perpetuación del patriarcado basada en la idea de “hombre-anuncio”, figura vedada a la mitad de la Humanidad y que en realidad debería ser la de los “hombres y mujeres anuncio” o “personas anuncio y anuncia”.

Yo veo muchas cosas criticables en Irlanda y la prohibición del aborto es una de ellas. En cambio, en esto del hombre-anuncio la gente me parece más sensata y el sistema mejor. Como dije el otro día con el anuncio de las naranjadas: en Irlanda no se fijan en en estas cosas.


Magrebíes y subsaharianos

10/12/2005

 

Magrebíes y subsaharianos es la forma socialmente aceptable (politically correct) de decir en la España del año 2005, lo que tradicionalmente se había llamado moros y negros.

Vivimos en un mundo sofisticado. El otro día el Presidente zetapé dijo que quería cambiar la Constitución también para que los disminuidos aparezcan en la misma como discapacitados. Al rato no era capaz de saber cual era el estado actual de la Carta Magna y cual la reforma propuesta. Creo que en la actualidad decir minusvalido, retrasado, paralítico, cojo, ciego, manco, tullido, tarado, loco, tuerto y otras palabras que aparecen en Cervantes, está muy mal considerado y es de mala persona.

El caso es que me he puesto a averiguar qué es eso del Magreb y del sur del Sáhara. Mis averiguaciones son que المغرب العربي (al-Maġrib al-ʿArabī) es el occidente del mundo árabe y se tiene por tal a Argelia, Libia, Mauritania, Marruecos, Túnez y el Sahara Occidental, (aunque Mauritania algo menos).

El África subsahariana, antes llamada África negra se corresponde con la que está al sur del Sahara, lo cual es un poco impreciso porque algunos países están en todo el medio. Y no sabemos como se cuenta el Sahel.

Cuando los medios de comunicación españoles hablan de un subsahariano se refieren a un negro. Esto lo avala la constancia de que los profesionales de estos medios no sabrían ubicar Mauritania o Sudán en el mapa ni decir si está al norte o al sur del Sahara.

Cuando los medios de comunicación españoles hablan de un magrebí se refieren a un tipo oscuro musulmán sin llegar a negro y que habla raro, sea árabe, o lengua bereber.

Pongamos un egipcio de el Cairo. Su piel no es tan oscura: fácil, magrebí… pongamos un egipcio nubio; es negro: fácil, subsahariano. Eso tomando como referencia un país como Egipto, que no forma parte ni del África subsahariana ni del Magreb.

Pongamos ahora un afrikaner surafricano, uno de Ciudad del Cabo (más al sur del Sahara es imposible estar), pues bien… este nunca sería considerado subsahariano por la prensa española, porque no es negro.

Para sobrevivir en este país cada día hay que saber más.