Un viaje por la historia de Ucrania

28/07/2018

Portada

Ese episodio del otro día con tropas griegas patrullando por Odesa durante la guerra civil rusa me ha recordado que tenía por leer un libro que compré diría que hace tres años, después de haber leído otro de la misma autora sobre el cerco de Leningrado. Se llama Borderland: A Journey through the History of Ukraine y como ya dije una vez borderland bien podría traducirse como extremadura. Lamentablemente el volumen no está en español ni he sido capaz de encontrar manuales de historia ucraniana que me hayan parecido solventes en nuestro idioma, así que me he puesto a leer en inglés con la intención de aprender y rememorar cosas de aquel viaje de 2010.

Eso sí, la primera versión del libro es de 1997 y la que tengo, de 2015 no es una edición revisada sino que a los diez capítulos originales (que yerran en varios de sus augurios) les han metido cuatro de propina para actualizar. A diferencia de otros países para los que una historia que llegara hasta finales del siglo XX reflejaría lo esencial, en el caso de Ucrania no es así y si no se cuenta lo que ha pasado desde la llegada de Putin al poder en Rusia y especialmente a partir de 2014, parece que no se entera uno de nada.

El libro de 1997 en vez de hacer un recorrido en orden cronológico presentaba una a una diversas partes del país para ilustrar procesos históricos de mayor calado. A mí me parece que peca un poco de la “enfermedad de la unidad de destino en lo universal”, enfatizando los elementos que invitan a pensar en una etnogénesis ucraniana más sólida, separada y  distintiva con respecto a la formación de Rusia de la que a mí (en mi ignorancia) me parece intuir que pudo darse.

Aquí me he enterado de que Joseph Conrad, del que sí sabía que era polaco, nació en un lugar que hoy es parte de Ucrania, lo que parece no importar demasiado a los actuales habitantes ucranianos del pueblucho, como suele suceder. Como los grandes villanos de la historia de la zona son alemanes y rusos la tensión entre polacos y ucranianos se suele dejar pasar aunque no sea poca cosa.

A pesar de su antagonismo circunstancias históricas parejas empujaron a Polonia y Ucrania hacia estrategias de supervivencia parejas. Para los polacos del siglo XIX y para los ucranianos hasta 1991 la idea de nacionalidad tomó un significado religioso, casi metafísico. Del mismo modo que los ucranianos de la diáspora se consideran a sí mismos parte de Ucrania a pesar de haber nacido y crecido en Canadá o Australia los exiliados polacos del siglo XIX no se consideraban menos parte de Polonia por haber pasado sus vidas en París o Moscú. Sus países existían en una especie de hiperespacio mental independiente de banalidades tales como gobiernos o fronteras. “Polonia no se ha perdido aún” era el título de una marcha napoleónica, “Ucrania no ha muerto aún” el poco inspirador primer verso del actual himno ucraniano.

Hablando de la cuenca del Donetsk se dice que esta ciudad se llamó antes Yuzovka en honor al industrial minero galés John Hughes y que la palabra minero en ruso –shajtior– tiene un tono mítico (su equivalente ucraniano es shajtar, tal y como se llama el equipo de fútbol local). Veamos lo que decía la autora en 1997 de esta zona del país ahora convertida en la poco reconocida República Popular del Donetsk:

Para conservar su independencia Ucrania debe mantener contento al este rusófono que, densamente poblado y muy industrializado, tiene mucho que decir en el país. En las primeras elecciones tras la independencia fueron los votos orientales los que entregaron la victoria a Leonid Kravchuk, antiguo jefe del Partido ante Vyacheslav Chornovil, antiguo disidente y dirigente del movimiento independentista. En 1994 fueron los votos orientales los que echaron a Kravchuk, que para entonces era el niño bonito de los nacionalistas, favoreciendo a Leonid Kuchma, exdirector de una fabrica de misiles en la ciudad rusófona de Dnipropetrovsk. Curiosamente, el año anterior Kuchma había tenido que dimitir como primer ministro cuando miles de mineros del Donbass llegaron a Kiev pidiendo aumentos de sueldo. La peor pesadilla de los políticos ucranianos es el separatismo del Donbass, el temor de que un día Ucrania oriental quiera la autonomía o apueste por volver a unirse a Rusia.

Hablando de la batalla de Poltava (1709) se nos dice que en los noventa “descendientes de los soldados allí abandonados pueden verse ante la embajada sueca en Kiev para solicitar la ciudadanía de un país que sus antepasados dejaron tres siglos antes”. No me parece que pueda haber tantos descendientes de suecos como para que ni en los peores momentos hubiera una cola más o menos permanente pero sí que recuerdo que antes de ir a Ucrania me sorprendió saber del pueblo de Gammalsvenskby donde algo de la cultura sueca ha sobrevivido durante muchas décadas casi en el mar Negro.

Como lo de cambiar nombres de calles es un tema muy hispánico, un fragmento sobre cómo se produjo en Odesa tras el fin del comunismo:

Más deprisa que ningún otro lugar Odesa se está desprendiendo de su monocromático barniz soviético para revelar la antigua identidad multiétnica que subyace. La calle de Carlos Marx ha vuelto a ser Yekaterniskaya; la de Lenin, Richelyevskaya; la de Karl Libknecht, Griecheskaya (griega). Babelya, que llevaba el nombre del gran novelista odesita Isaac Babel se ha convertido en Yevrevskaya (calle hebrea). Del mismo modo que fueron extranjeros quienes construyeron la ciudad son extranjeros los que le están volviendo a dar vida. Una empresa suiza ha reformado el antiguo y grandioso Hotel Londonskaya, que es ahora una de las guaridas preferidas de negociantes confabuladores. Unos chipriotas han abierto un casino en el edificio de la antigua bolsa de valores donde ahora trabajan croupiers de Liverpool y son italianos los que han renovado el puerto desde el que pequeños comerciantes y prostitutas recorren de nuevo las antiguas rutas que van a Haifa, Alejandría o Estambul.

Odesa es una ciudad sobre la que me gustaría saber más cosas. La autora dice que fue fundada por un mercenario hiberno-español (o hispano-irlandés que tanto monta). No puede ser otro que José de Ribas, pero no le he encontrado la conexión irlandesa y el apellido Boyons no me parece prometedor. Tampoco encontré nada sobre las tropas griegas (en apenas dos líneas dedicadas al episodio sólo se habla de los franceses). Eso sí, por fin me ha quedado claro que el Duque de Richelieu cuya estatua está al final de la mítica escalera era sobrino nieto del famoso cardenal. Me hace falta un buen libro con la historia de Odesa.

La perspectiva rusa de las cosas está basada en la escasa entidad o importancia de la identidad y la lengua ucranianas:

La rusificación no se dio sólo en Ucrania. La sufrieron todas las naciones del imperio tanto bajo el zariano como bajo el comunismo. Sin embargo, la rusificación se dio con mayor determinación y éxito en Ucrania que en ningún otro lugar. En primer lugar Ucrania se unió al imperio más temprano: Las tierras ucranianas al este del Dniéper fueron a Rusia en 1686, Estonia y Letonia fueron conquistada veinte años después, el Cáucaso y Finlandia no lo fueron hasta finales del siglo XIX. Ucrania fue para Rusia lo que Irlanda y Escocia fueron para Inglaterra – no una posesión imperial como Canadá y la India, sino parte del centro irreductible. De ahí que el comentario (probablemente apócrifo) de Lenin de que “perder Ucrania sería perder nuestra cabeza” y el sueño de nacionalistas románticos como Solzhenitsyn de que Rusia, Ucrania y Bielorrusia un día volverán a unirse.

En segundo lugar, los rusos consideraban y aún consideran a los ucranianos como una subespecie de rusos antes que nada. Cualquier diferencia que existiera entre ellos seria la obra artificial de los pérfidos papistas polacos, que en la imaginación rusa actual han sido sustituidos por la intromisión de Occidente en general. En lugar de atacar a los ucranianos y a la identidad ucraniana como algo inferior lo que los rusos hacen es negar su existencia. Los ucranianos son una “nación no histórica”, el idioma ucraniano un dialecto de broma, Ucrania misma una Atlántida -una ensoñación legendaria de ciertos intelectuales ucranianos” en palabras de un parlamentario de Donetsk. La proximidad de las culturas rusa y ucraniana, la sutiliza de las diferencias entre ellas es algo irritante. La razón por la que los lituanos y los kazajo rechazan considerarse rusos es perfectamente obvia pero que los ucranianos quieran hacer lo mismo es simplemente indignante.

El Edicto de Ems:

En 1876 la rusificación alcanzó su culmen mediante el Edicto de Ems. Mientras tomaba las aguas en esa ciudad balnearia alemana Alejandro II firmó un decreto que prohibía la importación y publicación de libros y periódicos en ucraniano así como  todo tipo de conciertos, conferencias y espectáculos en ucraniano, toda la educación en ucraniano incluida la preescolar. Los libros en ucraniano serían eliminados de las bibliotecas escolares y los maestros ucraniófilos transferidos a la Gran Rusia. Durante las epidemias de cólera incluso los avisos sanitarios se pondrían sólo en ruso.

Entre las cosas leopolitanas y en general de la otrora multiétnica Galizia oriental me sorprende esta anécdota que si ya sería rara en los noventa del s XX hoy en día debe de ser imposible:

De todos los gobernantes de Lviv son los austriacos los únicos por los que los ucranianos retienen algún tipo de afecto. Todavía puede encontrar uno ancianos que silban la marcha “Ich hat’ einen Kameraden” (Yo tenía un camarada) y babushkas que cuando se les pregunta la hora responden “¿la vieja o la nueva?” ya que sus relojes están aún puestos a la hora oficial en tiempos del benigno y patilludo emperador Francisco José.

Aquí gracias a un fragmento de la Baedecker me he enterado de que la colina de las ruinas del gran castillo leopolitano por donde subimos años ha (Vysoky Zamod) se llamó en sus tiempos Franz-Josef-Berg. Veamos un chiste austrohúngaro de finales del siglo XIX:

Un policía para a un socialista polaco que va a cruzar la frontera de Galitzia. Cuando le pregunta a qué se refiere cuando habla de “socialismo” el polaco responde “es la lucha de los trabajadores contra el capital” a lo que el policía replica “En ese caso puede usted entrar en Galitzia ya que aquí no tenemos ni de lo uno ni de lo otro”.

Era la región más pobre del imperio austrohúngaro, lo cual supuso muchas cosas:

Para muchos la ruta de escape fue la emigración. En los veinticinco años anteriores a la Primera Guerra Mundial más de dos millones de campesinos tanto ucranianos como polacos abandonaron Galitzia. De ellos unos 400.000, que suponían el 5% de la población de la provincia lo hicieron en 1913. Unos fueron a las nuevas fábricas de la Silesia polaca y otros a Francia o Alemania pero la mayoría embarcó hacia Canadá o los Estados Unidos fundando la diáspora ucraniana en Norteamérica que a día de hoy está conformada por unos dos millones de personas.

Identidad nacional a la carta, que también es una cosa muy española:

Para los habitantes de Ucrania con estudios la identidad nacional era una cuestión de gusto personal. En muchas familias hubo individuos que se convirtieron en prominentes ucranianos mientras que otros seguían considerándose a sí mismos rusos o polacos.

La primera gramática ucraniana apareció en 1818 (su compilador creía que estaba registrando un dialecto en extinción) y el primer diccionario breve en 1823:

El ucraniano está aún en estado de flujo. El vocabulario técnico está subdesarrollado y necesita tomar préstamos a mansalva del alemán y del inglés (de cualquiera menos del ruso). También hay variaciones entre el ucraniano influenciado por el ruso de las provincias centrales y el influenciado por el polaco de Galitzia, que fue anatemizado por los soviéticos como nada ucraniano sino una forma bastarda de polaco. Un amigo ucraniano que creció cerca de Lviv recuerda que en la escuela le decían que “el idioma que hablamos es impropio, muy malo, incorrecto, un tipo de dialecto…. y que en algún lugar existe el ucraniano correcto pero que es diferente, no el que hablamos, claro.”

A continuación dejo apenas tres datos sobre tres momentos históricos pero cuya la magnitud se debe tener en cuenta por los millones de de seres humanos a las que afectaron:

La Gran Guerra:

En el momento en que se declaró la guerra en julio de 1914 los ucranianos se encontraron divididos en dos ejércitos opuestos: tres millones y medio de soldados en el ruso y un cuarto de millón en el ucraniano.

La hambruna de 1932-33

Con más muertos que todos los de la Primera Guerra Mundial en todos los bandos juntos la hambruna de 1932-33 fue y aún es una de las atrocidades de la historia humana de la que menos se ha informado, un hecho que contribuye poderosamente al persistente sentido de victimización ucraniano.

La Segunda Guerra Mundial:

En los meses finales de la guerra miles de prisioneros fueron empujados hacia el oeste en marchas de la muerte similares a las de los campos de concentración. En total, de los 5,2 millones de soldados soviéticos hechos prisioneros por Alemania durante la guerra dos millones están registrados como muertos en campos y otro millón trescientos mil cae en la categoría de “huidas, exterminaciones, no contabilizados, muertes y desapariciones en tránsito. Tomando la cifra más conservadora de dos millones de muertes los campos de prisioneros del Frente Oriental causaron un tercio de las muertes de las que causó el Holocausto.

Tras mucho hablar sobre Chernóbil y el fin del comunismo el libro de 1997 se cierra con una serie de conjeturas sobre el futuro de las cuales la que más me divierte es esta, de un analista de Reagan:

“Hay una historia de Turgenev” dice “un hombre está tumbado al sol en la hierba. Una campesina llega y le trae pan y leche. Piensa para sus adentros – “¿Para qué necesitamos Constantinopla?” Rusia está así ahora con respecto a lugares como Crimea.

Dejo los cuatro capítulos agregados y que cubren (1997-2015) para comentarlos tras una relectura. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde el 97, seguramente en Ucrania más que en ningún país de Europa occidental. Entre las pequeñas pude ver en Leópolis hecha realidad la estatua de von Masoch que se había propuesto y Kirovogrado se llama Kropyvnytskyi. Entre las grandes las hay que van muy despacio, y otras que llaman más la atención como todo aquello de la revolución anaranjada, pero sobre todo la guerra que se inició en 2014 y la pérdida de Crimea. Ahora se ha dejado de poner el foco en aquella parte del mundo pero aún hay mucho por escribir.


Los Románov

30/12/2016
Los Romanov

Los Románov

Hace unos días me puse con este libro (The Romanovs, 1913-1918 de Simon Sebag-Montefiore) sobre la última dinastía que rigió los destinos de Rusia y cuyo nombre muchos pronunciamos como palabra aguda aunque es llana y en realidad su pronunciación sea algo más cercana a Ramánov que a Románov. Por cierto, el libro acaba de salir en español.

En 2006 la historia de Rusia de Peter Neville fue mi primera lectura estructurada sobre el pasado del gran país. Me ofreció una enormidad de contexto, dada mi ignorancia. Me parece oportuno comparar los dos textos, ya que el libro de Sebag-Montefiore es historia dinástica de personajes magnicidas y ninfomaníacos y de camarillas conspiradoras y continua correspondencia en francés y diálogos ylucha continua por el poder. Hay en él poco de la historia social que a suele interesarme.

A la vez, es rico en anécdotas, formando las notas a pie de página parte de los fragmentos de lectura más jugosos, donde descubrir que el abuelo de Putin, chef del hotel Astoria de Petrogrado, sirvió al último zar y también a Stalin, o que no es cierto lo que se dijo hace días cuando el asesinato del embajador ruso en Ankara, cuando leí en Twitter que el último embajador ruso asesinado en el extranjero había sido Graboyédov en 1827. Uno de los participantes en la ejecución de Nicolás II y su familia fue asesinado siendo embajador soviético en Polonia en 1927. El asesinato de la familia imperial y el del zar Alejandro II están especialmente bien narrados, o puede que simplemente el crimen político me resulte un género más interesante que el cortejo epistolar.

En conjunto puede decirse que es La última noche de Boris Gruschenko pero en serio y que tiene el defecto que se suele achacar a la literatura rusa del XIX por causa de la divertida confusión entre nombres e hipocorísticos: demasiados personajes.


La bota de Saatse

10/09/2013
saatse-bota-estonia-russia

La bota de Saatse

El otro día me han preguntado cómo funciona el control fronterizo en Neum, cuando uno baja de Markarska a Dubróvnik y después de atravesar el Neretva la carretera, que sigue en línea recta paralela a la costa, se mete en el territorio de Bosnia Herzegovina. Por lo que recuerdo sí que nos pidieron los pasaportes a la entrada, pero el control no es muy riguroso. Francamente no sé qué le ocurriría a quien tuviera permiso para estar en Croacia pero no en Bosnia.

Ayer me he enterdado de otro caso igual de curioso que existe entre Rusia y Estonia, que es como decir entre la zona Schengen de la Unión Europea y el exterior (ahora que lo pienso Croacia acaba de entrar en la UE aunque no en Schengen aún). Al parecer uno puede meterse en Rusia sin visado ni pasaporte ni nada a condición de que vaya montado en algún vehículo: automóvil, bicicleta o burro y siempre que no se baje del mismo ni lo detenga.

Al lugar lo llaman la bota de Saatse porque tiene forma de bota. En 2005 hubo negociaciones entre la Federación Rusa y Estonia para modificar la frontera mediante un cambio de cromos, pero Putin bloqueó el negocio después de que los estonios hicieran a los rusos varios feos. Según parece Estonia se refiere al límite como “línea de control”, entiendo que de modo análogo al cómo España no considera frontera a la verja de Gibraltar.

Acabo de recordar que hace muchos meses que tengo otra entrada sobre la frontera rusa para publicar. Además tiene que ver con el dedo de Stalin.


Russia 1989-2004

06/08/2010

EAST AND WEST RELATIONS

Essay: “How has Russia changed and adapted since 1989? What are the consequences of these changes? Who are the protagonists?”

I decided to write this essay while I was watching again on TV the images of the massacre in Beslan. Chechnya has been the bloodiest political conflict in the new Russia of the nineties. Certainly, this is something very difficult to imagine some years back, beyond the iron curtain. So I will try to explain what has happened in Russia since 1989, which have been the changes and their protagonists, and why Russia reached were it is now. Chechnya is a part of the story, but not all of it. There will be communists and the birth of new old nations, alcohol and mafia, powerful tycoons that made a fortune from scratch, terrorism and nuclear weapons. All the elements that are needed to create a good thriller. But it is better, for it is real.

There are three men that can be chosen undoubtedly as the main characters of this drama. Of course there are a lot of important actors on such a huge stage as Russia is, but a good way to structure the last 15 years is to focus on these three man: the last Secretary General of the USSR and its only President: Mikhail Gorbachev, and the two Presidents Russia has had so far: Boris Yeltsin and Vladimir Putin. Ruling in Russia has been very personalistic since the Czarism. Perhaps strong personal leadership is the only way to hold together such a large territory. Let’s see what they change in the Russia they inherited from the past.

1989-1991. Collapse of the Soviet Bloc and emergence of the new Russia.

Mikhail Gorbachev was appointed Secretary General of the USSR in 1985. After the dead of Brezhnev in 1983, there were two ephemeral Secretaries: Andropov and Chernenko, the two of them selected from the ranks of the old guard. Gorbachev was young and dynamic and soon he started to implement reforms so that a declining regime that had been established in 1917 could survive. He had not live the times of the Revolution or the War as and adult. By 1989 his reforms, which we know in the West by the totalizing name of “perestroika” (sometimes we also use “glasnost”) had arrived at a point of no return. We will remember 1989 for the picture of people going across the Berlin Wall and this fact was possible thanks to the reforms initiated a few years before by Gorbachev in the USSR, which extended through the Eastern Europe countries.

Along with Gorbachev, a new generation of leaders arose. Some of them wanted to follow the pace of the Secretary General. Some wanted more changes and they wanted them to happen faster. Among those, Boris Yeltsin got to be the most notorious, leading the Russian Soviet Federation into the new Russia. After the collapse of the Soviet Union he was the President of Russia during the nineties, a very important decade for Russia.

Gorbachev’s goal was not the change but the reform. He was the catalyst for the change, but in a moment the events bypassed him. As Ferguson says it “the reform in the Soviet Union and Russia was driven in part by necessity, but also by a revolution-from-above”[1].

Gorbachev’s reforms were seen as too slow by a significant part of the population of the USSR. However, the signals he sent were received by the Western world with hope. This is due to the fact that the foreign and home policies were driven by the same impulse, but affected the actors differently. This explains how popular Gorbachev was abroad and how unpopular within the USSR.

In foreign policy we can say that Gorbachev virtually ended the Cold War, by reducing the tension in Europe through disarmament and reduction of military forces. This made possible the expansion of NATO during the following decade. The changes in the Soviet system and the wave that followed it in Eastern Europe (and Gorbachev did a lot so that the Communist Parties in other countries could reform as well) allowed the fall of the Berlin Wall and the reunification of Germany. His role in the foreign affairs, by using diplomacy and international organizations (especially the UN) as a means to get support from abroad was also important. He also improved relations with several countries (such as China) and was crucial in reducing tension in the Middle East area by allowing the immigration of Soviet Jews to Israel, and retiring support to anti-Israeli organizations.

But by 1991 his time was over. The August 1991 coup was the last try of a regime that was agonizing. Some military wanted it to come back to the old Soviet days, but the majority of the population was against them. Yeltsin, already President of the Russian Federation, emerged as the leader Russia needed, and Gorbachev’s return to power was just symbolic as the Soviet Union was falling apart.

1991-1999. Yeltsin’s decade.

On the 25th December 1991 Mikhail Gorbachev announced on TV the end of the Soviet Union. This entity, created in 1922 had ceased to exist. A weak Confederation of Independent States was just born, but Russia inherited most of the power of the Soviet Union. A Russia that still had to solve some important territorial problems, led by the man who had been elected President by the 57% of the Russians in the first free elections ever (June 1991), and against the ruling Communist Party and its nomenklatura.

With Gorbachev, the old Communist Party and USSR out of the political stage we entered a new era in which the inheritance of the Soviet Union had to be divided among the new republics. The independence of Lithuania, Latvia and Estonia (proclaimed in September 1991) was accepted and there were talks about what to do with the ex-Soviet territories. Basically Russia took the biggest part of the legacy, the nuclear arsenal, the seat in the Security Council and the embassies abroad. Some tensions arose, though, such as those with Ukraine abut the Crimean peninsula or the Black Sea fleet, but the process went orderly taking into account what it could be expected.

Within Russia, people expected a lot from the President. Yeltsin wanted a rapid transition to a market economy. So soon the reforms started. He managed to be granted special powers to deal personally with the scenario, but between 1991 and 1993, important discrepancies arose between the President and the Parliament, all of which ended with the open rebellion of the latter and the bombardment of the Parliamentary seat. After that fact, a new Constitution was approved. One which was overtly presidentialist and some analysts have compared to the French political system.

Which were Yeltsin’s reforms? In the political field he started which symbolic things as new flag and anthem or the change or Soviet place names into the traditional ones. Then, on 31st March 1992 the Federation Treaty was signed by all the autonomous republics but Chechnya and Tatarstan. Tatarsan would join later, but the problems with Chechnya had just started to appear. This was the prelude of the two Wars of Chechnya.

During 1992 the divorce between Yeltsin and the Congress of People’s Deputies started. The main reform of the political architecture of Russia will arrive in December 1993 with the new Constitution. In the meantime, Yeltsin started to modify the economy of the country towards the liberalization and stability. He started an ambitious programme of privatizations in which a group of a few, latter known as “the oligarchs” (notoriously Berezovsky, Khodorovsky) will become rich in a matter of months.

On 2nd January 1992, Yeltsin ordered the liberalization of foreign trade, prices, and currency. The first result of these policies was hyperinflation. Suddenly, the Russians started to deal with inequality and poverty. Some began to feel some nostalgia of the old good Soviet times, which brought to the political scenario to a new Communist Party. The privatisation started in October, and it was a giant’s step towards converting Russia into a market economy. It made rich a few, but left unhappy to many.

In the month of March of 1993, Congress of People’s Deputies passed legislation to limit presidential powers, but Yeltsin took more powers, that were validated by a referendum on 25th April. The gap between the Congress and Yeltsin was growing and it reached its maximum in September, when Presidential troops entered the building of the Parliament to dissolve it.

On 12th December there were elections to choose the new Duma and a referendum to ratify the Constitution. The new constitution allowed Yeltsin to remain in power until 1996, which he did. The years between 1993 and 1996 were starred by the consolidation of the new system, the clashes of power, the difficult adaptation to the market economy and the First War in Chechnya that started in December 1994. Also the state of the health of Yeltsin was an important issue in the agenda. He suffered two heart attacks in 1995, and an orderly succession was not guaranteed.

In December 1995 the new Communist Party of the Russian Federation, led by Gennady Zyuganov won the elections to the state Duma. It was a surprise to the analysts that Communism in Russia was still alive and had chances to get the power again.

One of the important milestones of Russian transition to democracy arrived in 1996, where elections to the Presidency were hold. Yeltsin arrived as a man of weakened health. His popularity was at a minimum, but I obtained the support of the media and thanks to a pact with the General Lebed (the third candidate) he could reverse the situation and beat Zyuganov in the second round. The reforms that Yeltsin and his team had been implemented since the early nineties suffered a critical test in 1998. In August, the Prime Minister Kirienko announces rouble devaluation, the market paralyzed by liquidity shortages, the price of the shares plunged and Russia defaulted foreign loans.

The political fallout of Yeltsin started after the crisis. He had to fire all his government, with the Duma refusing his candidate. 1999 was a an unstable year that ended with the resignation of the President.

1999-2004 Putin leads Russia towards the future.

An ailing Yeltsin’s abdicated on the last day of the century, his power was inherited by his young Prime Minister: He had been appointing Prime Minister in August, replacing Stepashin who only stayed in office for four months. Stepashin replaced Primakov who was the compromise solution to get out of the economic crisis.

Vladimir Putin, the former spy, a man who does not smoke or drink alcohol took the power from an alcoholic Boris Yeltsin whose time was gone. Its image was very good, and he arrived to the Presidency with time to prepare the elections.

There is almost general consensus on the issue that Putin’s first term has been successful, even if it can be also remembered by disasters such as the Kursk submarine, the assault to the theatre in Moscow or the killings in Chechnya.

Putin declared a “tyranny of law” (Ferguson 2004) to attack the mafia, the oligarchs and the bureaucratic corruption, he is moving Russian army into professionalism and was adamant in continuing the war in Chechnya, but being very careful not to upset other countries which its way of doing so, so that they do not move from their position and consider the conflict “an internal issue”.

The foreign policy of Russia has seen some moves under Putin, such as the approach to the United States on the “global war on terror” after September 11th 2001 and also important discrepancies about the war on Iraq in 2003. Russia has improved its relations to the European Union and has held similar positions as the German’s or French’s. Its strategic partnership with the European Union, its principal business partner is going to be crucial in the future.

At home Putin challenged the power of the regional governors, divided the country in seven federal districts and reset the vertical of power in Russia. Even if territorial tensions have been reduced, there is always a problem in Chechnya waiting to be solved and this is not going to be smooth.

In the aftermath of the crisis if 1998, the situation of the Russian economy started to improve in 2000 and it is going very well. It is still very dependent on exports of gas and oil, but the GDP’s growth has been spectacular. It’s difficult to say there are problems around the corner, when the barrel of oil is around 50 US$, but there is still a huge part of the population on the verge of poverty and they cannot feel the improvements of the economy. Russia’s growth has being fast and large in the Putin’s years, though.

The reform of the judiciary and administrative system has not been as much of an achievement as those obtained by Putin on other fields. Also, fight against corruption which is an endemic problem in Russia since the Soviet times is not showing much improvement. A change of attitude towards the oligarchs can be perceived, being the imprisonment of Khodorovsky an outstanding example of how the alliance of the Kremlin with the factual powers it is not necessary as in Yeltsin’s times and that Putin does not want anybody to rule the country for him.

All of this made him comfortably the elections of March 2004, getting a 70% of the votes. Although, it is debatable that Russia is an authentic democracy, if nobody else can get over the 10%, and international observers are not quite happy with the way in which the process developed.

Conclusion.

How has Russia changed and adapted since 1989? Russia has being trying to become a democracy and an economy market. If this is already a reality, on the way of happening or a fabrication depends on who looks. Certainly, government in Russia shows evidence of authoritarianism and there are plenty of defects in this democracy, as in any other. For some experts Russia can be only compared to medium-income democracies, such as Mexico or Brazil and if we use that frame, then is doing as it should be expected. So, the problem of little glasnost and the oligarchic (or governmental) control of the media is about what it should be. (Sheifler 2004).

The market economy status is about to be granted, as Russia will probably enter the WTO organization in 2005. Of course it is an economy very tightly controlled by the State (as some of  Putin’s interventions show), but some of the countries that were successful in becoming competitive economies, such as the Asian Dragons, used the same formula to improve their position in the world economy. Still, there is a lot of work left, so to reduce the poverty and inequality in the new Russia.

There are a lot of consequences of the changes Russia has experienced. The end of the Cold War or the “end of the history” as some foresaid was the first one. The political map of Europe changed notoriously between 1989 and 1993. New countries arose and Russia had to adapt to its new role. Some of them (the Baltic republics) left quickly to not return. Ukraine, Moldova, Belarus are more or less in the area of influence of Russia. The Central European countries ran to apply for membership of EU and NATO.

The main protagonist of the changes has been the Russian people, who for the first time in its history could speak up. Even if there have been a lot of clashes and points of view, even if we are in front of a limited form of democracy, Russian people can decide their future more than in any time in the past. Politicians have also played a very important role and, of course, the leaders of the country were protagonists of the change, and there has been a lot of “a revolution-from-above”. Nations and identities were also important during the nineties and will keep being in the future. An actor that has lost a lot of its power is the Army, which is undergoing reforms and does not have a say anymore in Russian politics.

BIBLIOGRAPHY

CASHABACK, David Risky Strategies? Putin’s Federal Reforms and the Accommodation of Difference in Russia London School of Economics and Political Science, UK Issue 3/2003, available at http://www.ecmi.de/jemie/download/Cashaback_Autonomy_final.pdf

FERGUSON, R. James “The impact of Soviet and Russian Reforms 1989-2004”, available in http://www.international-relations.com/wbeu/EU-Lec5-2004.doc

NIKOVOV, Nikolai. Vladimir Putin’s successful first term. In Ria Novosty (10/02/2004), available in http://www.artsci.wustl.edu/~filippov/courses/L32_4432/Nikonov.pdf

SHARPE, M.E. Globalisation and Russia. Russian Politics and Law, vol. 41, no. 5, September–October 2003, pp. 5–41.

SHEIFLER, Andrei and TREISMAN, Daniel. “A normal country” in Foreign Affairs (March/April 2004).


[1] FERGUSON, R. James (2004) “The impact of Soviet and Russian Reforms 1989-2004”


El ángel de Grozni

07/06/2010

The Angel of Grozny

Anteayer terminé de leer este libro. No sé por qué me ha costado tanto empazarlo. Lo he tenido rondando encima de la mesa varios meses, y eso que el anterior libro de Åsne Seierstad que leí (De espaldas al mundo) me encantó y siempre estoy interesando en las cosas que vienen de Rusia.

Mi objetivo era ganar algo de conocimiento sobre Chechenia y sus asuntos. Quiénes son los chechenos, cuáles sus problemas con Rusia, qué acontecimientos condujeron a la guerra… Hace algunos meses, escuchando la BBC, oí que hablaban del actual dirigente de Chechenia, Ramzam Kadyrov y de que no es un separatista, sino un miembro del partido de Vladimir Putin, Rusia Unida. Rusia dio por concluidas las operaciones bélicas en 2009 y en este momento nos encontramos en una fase que se ha denominado de “chechenización” del conflicto. El régimen de Kadyrov ha sido criticado por las organizaciones defensoras de los derechos humanos, pero por otra parte parece que ha dado estabilidad a la zona. Chechenia se encuentra más o menos en una situación de semi-independencia leal a Moscú. La mayor parte de los rusos étnicos dejaron la república autónoma durante la guerra y las fuerzas de seguridad actuales persiguen a los islamistas que aún buscan la independencia total de Rusia.

Tras haber leído algunas otras cosa, mi idea de Chechenia es aproximadamente la siguiente:  El país se encuentra en un terreno difícil al cual la llegada del Imperio Ruso en el siglo XIX le llegó de un modo que no fue precisamente suave. Los chechenos fueron tratados con dureza por la Rusia zarista y también por la Unión Soviética, aunque es preciso decir que su propia cultura contiene elementos de violencia y brutalidad. En la etapa dorada de la Unión Soviética, digamos en los años setenta, las cosas podrían parecer mejor de lo que acabaron siendo. Probablemente se daba un mayor nivel de acercamiendo cultural, con los chechenos en mejores condiciones hablando y estudiando en ruso o emigrando a otros centros urbanos de la  URSS, habría transferencias desde el gobierno central a la desfavorecida república autónoma. Pero cuando la Unión Soviética se derrumba y deja de ofrecer a Chechenia recursos y seguridad, llega el momento de los independentistas. Siguiendo el ejemplo de las repúblicas llegan al poder y quieren la secesión. Esto es demasiado para un Rusia para la que el desmembramiento de la Unión Soviética ya fue una gran pérdida. Durante la guerra nos encontramos a un imperio que no quiere desaparecer, frente a frente con un grupo étnico que abraza el islamismo como un elemento esencial de identidad y que no tiene límite en cuanto al uso de la violencia con tal de vencer. Rusia cometió crímenes de guerra, y las potencias occidentales la criticaron por ello, pero buscar aliados siempre es una tarea difícil para los enemigos de los poderosos (lo mismo se puede decir del Tíbet, o en menor medida del Sahara Occidental). Los independentistas chechenos perdieron cualquier simpatía que hubieran podido tener en occidente a causa de acciones como el asalto al teatro moscovita de 2002 o la masacre de la escuela de Beslán en Beslan. A partir de entonces, Rusia tuvo las manos libres y como es lógico y suele suceder, tampoco los chechenos eran un grupo monolítico, por lo cual se produjeron movimientos internos que acabaron en el statu quo actual. Esta saría, de modo muy simple, la visión que Alfanje tiene de Chechenia… a día de hoy.

Según el prefacio del libro, éste se concluyó en octubre de 2007, en un momento en el que la situación de  Chechenia ya era relativamente estable. El libro comienza despacio. La técnica de Seierstad es similar a dar pinceladas o colocar las teselas de un gran mosaico. Así nos cuenta la historia de Timur, un muchacho checheno, o la de un anciano que luchó en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial y que cuando quiso volver a casa se enteró de que su pueblo había sido desterrado a Kazajistán.

Desde  un punto de vista más histórico o político, el libro empieza a ser más interesante alrededor del décimo capítulo en el que nos encontramos fragmentos elegantes, como el siguiente [n.a. No tengo la edición en español, traducción mía]:

Las deportaciones en masa de naciones enteras fueron un paso en la escalada del terror de Stalin, que hasta la Segunda Guerra Mundial se había utilizado contra los ‘enemigos del pueblo’ basándose en la clase o la filiación política. A partir de 1943, los ‘enemigos del pueblo’ se podían identificar también por origen étnico. Los primeros en ser deportados a Siberia y a Asia Central Asia fueron el millón de alemanes del Volga acusados de colaborar con los nazis. Los siguientes fueron los karachai,  un pueblo nómada que vivía en las estribaciones del Elbrus, la montaña más alta del Cáucaso. Después fueron los kalmikios, un pueblo budista que vivía cerca del mar Caspio,  a los que se expulsó hacia el este, y en febrero de 1944  les tocó el turno a los chechenos e ingusetios; fue la acción más comprehensiva desde la deportación de los alemanes del Volga . Una semana después de que empezara la operación de limpieza, Stalin recibió un telegrama de su fiel ejecutor: ‘478.479 personas, 91.250 ingusetios y 387.229 chechnos han sido deportados en los trenes. 180 trenes totalmente cargados, de los cuales 159 se han enviado a nuevas zonas. Hoy los trenes han salido con las fuerzas del gobierno y las autoridades religiosas de Chechenia-Ingushetia que utilizamos para llevar a cabo la operación. ‘Rusos, ávaros y osetios se han mudado a las casas vacías. Después de que los chechenos fueran deportados, Beria envió otro telegrama a Stalin en el que describía al pueblo balkar del Cáucaso como bandidos y los acusaba de atacar al Ejército Rojo. ‘Si está de acuerdo, antes de mi regreso a Moscú, puedo dar los pasos necesarios para dar a los balcarios un nuevo lugar en el que vivir. Solicito órdenes.’ Las recibió. Después, fue el turno de los tártaros de Crimea . Según la policía política soviética (NKVD), una cuarta parte de los deportados murió en camino o durante los primeros meses en el exilio.

Åsne Seierstad, The Angel of Grozny, p. 123

Después vienen otros personajes, conversacions y entrevistas. El soldado ruso que queda inválido tras pisar una mina,  la cantante chechena que vive en Moscú y que sufre un ataque racista, la familia de los agresores, el fanático checheno que mata a su hermana en uno de los llamados “crímenes de honor”. Una parte muy interesante es la entrevista que Seierstad mantiene con Kadyrov. A veces queremos saber cómo son los otros y es curioso cuánto podemos aprender poniendo atención a cómo nos ven:

‘¿Qué hay tan bueno en Europa?’ pregunta de pronto. ‘Allí los hombres y las mujeres son iguales. ¿Qué hay de bueno en eso? La tasa de natalidad es baja, la gente no se casa. La sociedad echa a perder a los hombres jóvenes, no quieren ir al ejército – un desastre para el país, una lástima. El país se derrumbará por completo; nace un niño y no sabe quién es su padre, quiénes son sus familiares, de qué tipo de gente desciende. Así es como veo Europa. No hay patriotismo. Aquí nuestras tradiciones, nuestras costumbres son importantes para nosotros. Los wahabistas intentaron hacernos encajar en su molde, los árabes lo intentaron, los ávaros, los turcos, pero siempre dijimos: Queremos seguir siendo chechenos.  Aquí lo tenemos todo – justicia, orden, Islam. ¿Para qué aceptar cosas de fuera? La educación patriótica es lo más importante de todo. De todos modos, ¿qué es la democracia si conduce a la maldición?

Åsne Seierstad, The Angel of Grozny, pp. 218-219

En general tengo que decir que el libro me ha gustado. Me pregunto cuál es la causa de que  De espaldas al mundo me gustase más. Puede que sea porque los personajes serbios me parecían más cercanos. Chechenia es un lugar distante, al que creo que nunca iré. Seguramente es mucho más difícil conectar con su realidad. De cualquier forma,  me gusta este tipo de descripción densa. Para mí es una forma de completar los números de las estadísticas oficiales mediante la  narrativa de los indivíduos, para ofrecer un mayor conocimiento de mejor calidad. El librero de Kabul me está esperando en alguna parte.

 


The Angel of Grozny : Inside Chechnya

06/06/2010

The Angel of Grozny

I finished this book yesterday. I do not know who it took me so long. It has been around my desk for several months even if I loved the previous book by Åsne Seierstad I had read (With Their Backs to the World) and I am always very interested in all the things Russian.

I wanted to gain some insight on the Chechnyan matters. Who the Chechnyans are, what the trouble with Russia is, which developments lead to the war…. Some months ago, I was listening to the BBC and they talked about the current Chechnyan leader, Ramzam Kadyrov and how he is not a separatist, but a member of the United Russia party of Vladimir Putin. Russia finished off the war operations in 2009 and we are now in a phase that has been called of Chechnisation of the conflict. The rule of Kadyrov has been criticised by human rights organisations, but in the end it seems to be what has given stability to the area. So more or less, the situation is of semi-independence with loyalty to Moscow. Most ethnics Russians fleed from Chechnya and the security forces chase the Islamists that still want a total independence from Russia.

After reading some other things, my idea about Chechnya is roughly, that the country is a very tough land and the arrival of the Russian Empire there in the 19th century was not smooth at all. The Chechens have been treated very harshly by the Czarist Russia and also by the Soviet Union, but their own culture has elements of violence and brutality too. In the golden era of the Soviet Union, say the 1970s, everything may have looked rosier. Probably there was a certain level of  cultural approach, with higher Chechen classes becoming proficient in Russian or migrating to big urban centers of the USSR, probably some transfers of wealth from the central power to the deprived autonomous republic, but when the Soviet Union collapses and stops providing Chechnya with resources or security, it is the moment of the independentists. Following the pattern of the republics they hang to the power and want to secede. That was all too much for Russia, as the dismemberment of the Soviet Union was already a big loss. In the war we have face to face, an Empire which does not want to disappear and an ethnic group that embraces Islamism as an essential element of identity and has no limits to the use of the violence in order to succeed. Russia committed crimes of war and was criticized by the Western powers, but the enemies of the powerful have a tough task in finding allies (same thing applies to Tibet, or to the Western Sahara to a lesser extent). Through actions of terrorism such as the attack to the Muscovite theatre in 2002 of the massacre of Beslan in 2004 the Chechen separatists lost any possible friends they may have had in the rest of the world. Russia was given a free hand, and indeed and as usual, the Chechens were not a monolithic thing, so there were internal movements that ended up in the current statu quo. This is, very simplified, Alfanje’s vision of Chechnya…. as of today.

According to the preface the book was finished in October 2007 in a moment in which Chechnya’s situation was already quite stabilized. It starts slowly. Seierstad’s technique is to provide painter strokes or the small pieces of a big mosaic. Then she tells the story of Timur, a Chechen boy or that of a Chechen veteran of the Red Army during WWII, who wants to return home not knowing that his people have been deported east to Kazakhstan.

From a political or historical perspective, the book becomes more interesting around the chapter 10, in which we find fine fragments as this one:

Mass deportations of entire nations were an escalation of Stalin’s terror, which until the Second World War had been used against the ‘enemies of the people’ based on class or political affiliation. Beginning in 1943 ‘enemies of the people’ were also identified by ethnic origin. First to be deported to Siberia and Central Asia were a million Volga Germans who were accused of collaborating with the Nazis. Next were the Karachai, a nomadic people living at the foot of the Elbrus, the highest mountain in the Caucasus. Then the Kalmyks, a Buddhist people living near the Caspian Sea, were sent east. And in February 1944 it was the turn of the Chechens and Ingush; it was the most comprehensive action since the deportation of the Volga Germans.One week after the cleansing operation began, Stalin received a telegram from his trusty executioner: ‘478,479 people, namely 91,250 Ingush and 387,229 Chechens, have been deported and loaded on to trains. 180 trains are fully loaded, of which 159 have been sent to new areas. Today trains were sent with the government forces and the religious authorities in Chechen-Ingushetia we utilised to carry out the operation. ‘Russians, Avars and Ossetians moved into the empty houses.After the Chechens were deported, Beria sent another telegram to Stalin in which he described the Balkar people of the Caucasus as bandits and accused them of attacking the Red Army. ‘If you agree, before I return to Moscow I can take the necessary steps to give the Balkars a new place to live. I ask for your orders.’ He got them. Later, the Tatars of the Crimea got their turn, too. According to the NKVD, a quarter of those deported died on the way and during the first months in exile.

Åsne Seierstad, The Angel of Grozny, p. 123

Then we have more characters, conversations and interviews. The Russian soldier, invalid after stepping on a mine, the Chechnyan singer living in Moscow who suffers a racist attack, the family of the racist attackers or the Chechen fanatic who killed his sister in a so-called “killing of honour”. A piece which is very interesting is the interview that Seierstad holds with Kadyrov. Sometimes we want to know how others are, it is curious that we can know so much if we pay attention to how the see us:

‘What’s so great about Europe, anyway?’ he asks suddendly. ‘Men and women are equal there. What’s so good about that? The birth rate is low, people don’t get married. The society ruins young men, they don’t want to go into the army – a disaster for the country, a shame. The country will collapse completely; a boy is born and he doesn’t know who his father is, who his relations are, what kind of people he comes from. That’s how I see Europe. There is no patriotism. Here our traditions, our customs, are important to us. The wahhabists tried to force us into their mould, the Arabs tried, the Avars, the Turks, but we always said: We want to remain Chechens. We have everything here – justice, order, Islam. Why accept foreign things? Patriotic education is the most important thing of all. What it is democracy anyway? If it leads to wickedness?

Åsne Seierstad, The Angel of Grozny, pp. 218-219

In general, I must say I liked to book. I wonder why I enjoyed  With Their Backs to the World better. Is it maybe because the Serbian characters feel closer? Chechnya is a distant place to where I do not expect ever going. For sure it is more difficult to connect with its reality. Anyway, I love this kind of thick description as a way to complete the numbers of the official statistics with the narrative of the individuals, in order to provide some insight of a higher quality. The Bookseller of Kabul is waiting for me somewhere.


Rusia

12/09/2006

 

RUSSIA: The USSR, the CIS and the Indepentent States. A complete history in one volume. Peter Neville.

En la Haagse Hogeschool había una asignatura llamada “East-West Relations“, en la que se trataba la tensión histórica entre el bloque soviético (y especialmente la URSS) y Occidente desde 1945 hasta la actualidad (era el invierno de 2004). El profesor, Rajash Rawal, era uno de esos tipos que llaman la atención. Aún me maravillo de su capacidad para entretener a un auditorio que en otras clases prácticamente se dormía. El caso es que leer este libro me ha recordado muchas de aquellas “lectures“, y esto no es redundancia sino un faux ami.

El libro de Peter Neville trata la Historia de la sucesión de pueblos, principados e imperios que en Occidente hemos conocido vagamente como Rusia. Tras la dispersión inicial de nómadas por las estepas, la llegada del cristianismo y después la invasión de los mongoles forjaron históricamente el nacimiento de una nación inmensa entre dos continentes y de la que aún hoy es difícil saber si pertenece a Europa o no. El libro cubre hasta la dimisión de Yeltsin el último día de 1999 y un buen resumen del mismo es el que aparece en la contraportada… quizá a día de hoy, en septiembre de 2006, lo único que no se puede decir es que Rusia carezca de un “liderazgo coherente”, a la vista de la democracia autoritaria bajo el nuevo zar Putin.

Esta excelente “Historia de Rusia” aborda los cambios en este gran país a lo largo de los dos mil últimos años. En el principio, las tierras rusas estaban pobladas por los escitas, a los que siguieron tribus nómadas (los sármatas, godos, hunos , avaros, jázaros y eslavos). Al ascenso de Moscovia y sus zares, desde Iván I hasta Iván IV “el Terrible” siguió el gobierno déspota de los Romanov, entre los que se incluyen Pedro el Grande y la legendaria Catalina II. La revolución rusa acabó con el imperio de los zares y con las vidas de Nicolás II y su familia.

Las turbulencias del siglo XX con la evolución del Estado comunista soviético, el gobierno de Stalin, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría culminan con la ruptura de este gran imperio en los años noventa. En la actualidad, el área se encuentra aún en estado de flujo con la creación de muchos estados independientes y la grandeza de Rusia a la deriva, sin un liderazgo coherente.

El propósito de Peter Neville es explicar y arrojar luz sobre el trasfondo de los acontecimientos más destacados y describir las personalidades que dieron forma a la historia de la región, a la vez que ofrece una mirada a las presiones económicas y sociales en el interior de Rusia y a su cambiante papel en el mundo. El texto está redactado de forma clara y es de agradable lectura: los hechos históricos sin datos aburridos.

Al final del libro se aportan una serie de referencias, que incluyen una Cronología de acontecimientos destacados, una lista de grandes príncipes y zares, primeros ministros, secretarios generales y presidentes. El libro está ilustrado con mapas históricos.

Capítulo 1: La llegada de los eslavos [págs 1-10]
Capítulo 2: La sangrienta ciénaga de la esclavitud mongol [págs 11-21]
Capítulo 3: El auge de Moscovia (1265-1462) [págs 22-27]
Capítulo 4: La consolidación del Estado moscovita (1462-1584) [págs 28-39]
Capítulo 5: El tiempo de los conflictos [págs 40-46]
Capítulo 6: Años de recuperación (1613-82) [págs 47-59]
Capítulo 7: El reinado de Pedro el Grande (1689-1725) [págs 60-79]
Capítulo 8: La era de las emperatrices (1725-1762) [págs 80-91]
Capítulo 9: Catalina la Grande (1762-1796) [págs 92-107]
Capítulo 10: El zarismo en crisis (1796-1855) [págs 108-131]
Capítulo 11: Reforma y reacción en Rusia (1855-1894) [págs 132-150]
Capítulo 12: Guerra y revolución (1894-1917) [págs 151-173]
Capítulo 13: La evolución del Estado comunista (1917-1924) [págs 174-190]
Capítulo 14: Rusia bajo Stalin (1924-1953) [págs 191-212]
Capítulo 15: La URSS después de Stalin [págs 213-238]
Capítulo 16: La URSS en los años ochenta [págs 239-256]
Capítulo 17: El final de la Unión Soviética [págs 257-273]