Los dos años en Rusia de Juan Van-Halen

18/05/2019

Dos años en Rusia

La lectura de los Episodios Nacionales me ha hecho interesarme por la biografía del general español Juan Van-Halen (1788-1864). Veo que don Agustín Mendía escribió un libro a partir de las notas del general que había pasado dos años en Rusia y más concretamente en la guerra del Caúcaso en 1819-1820, es decir por territorios hoy en las actuales Georgia y Azerbaiyán.  Parece que fue volumen de relativo éxito ya que si bien la primera edición es de 1849 yo he consultado una segunda edición publicada en Valencia en 1862.

Van Halen llega a San Peterburgo desde Londres y gracias a la descripción de su periplo un servidor, visitante habitual de la ciudad de Hamburgo, ha podido enterarse de que el pequeño archipiélago de Helgoland perteneció al Reino Unido hasta 1890 (“otro Gibraltar, abrigo de contrabandistas”) y que el elegante barrio de Altona había pertenecido a Dinamarca hasta 1864. Hay un largo recorrido hacia Berlín y por tierras de Prusia que hoy llevan nombres polacos y rusos en vez de alemanes y van acercándose a tierras del área de influencia rusa. Parece ser que el caviar no se conocía en la España de principios del XIX:

A mitad del camino, en la casa de postas que llaman de Nidden, adonde se adelantaron á pie con ánimo de estirar sus entumecidas piernas, encontraron al primer mercader moscovita que vio Van-Halen en su vida. Pasaba al interior de la Alemania y al Rhin con un cargamento de huevas de pescado que llaman Ikra ó Cabyard, que suele gustar mucho á todo el que llega á probarlas algunas veces.

Hace algún tiempo me puse a investigar el porqué del nombre “montaña rusa” que se da a las atracciones de feria así llamadas. Con esto descubrí cómo eran las montañas rusas originarias de Rusia, donde curiosamente las llaman “montañas americanas”. Van-Halen las describe:

En medio de tan alegre y variado concurso se levantan de trecho en trecho, cual pirámides egipcias, las montañas rusas, ó montañas de hielo. En la época de las fiestas alzan andamios de cincuenta pies de elevación, con quince ó veinte de anchura. De la plataforma colocada en su cima, adonde se sube por una escalera interior, baja un declive de ochenta á cien pies de longitud, construido con gruesas tablas, que cubiertas de capas de nieve, sobre las cuales se echa agua, se unen en poco tiempo de tal modo, que parecen un espejo. El dia en que dan principio las diversiones públicas, se ven á cientos los pequeños trineos que, montados sobre dos planchas de hierro, reciben á dos personas de diferente sexo, y vestidas con el pintoresco trage nacional.

Aparece una idea a partir de la ubicación ideal de San Petersburgo como capital marítima. Yo había leído con anterioridad que Lisboa y no Madrid debería haber sido la capital de la Monarquía Hispánica. Van Halen sugiere lago así como que Sevilla debería haber sido el San Petersburgo español y Cádiz su Kronstadt.

Después de un tiempo relacionándose en la capital peterburguesa consigue con ayuda de Agustín de Betancourt que el zar le asigne un destino en la guerra del Cáucaso adonde se dirige en siempre complicados viajes en los que viste el burka, que es una prenda de la zona que nada tiene que ver con la que en las últimas décadas conocemos con el mismo nombre.

Es complicado seguir el itinerario con precisión debido a los cambios de los topónimos o la imprecisión en la transcripción de los mismos. Pasa por Mshet y por Tiflis para llegar a su destino en Kajetia (de cuyos vinos dice que son como los de Valdepeñas para más adelante comparar su paisaje con el de La Mancha, si bien más despoblado). Creo que el destino donde más tiempo pasa, Kargatsch, es la Karajala de hoy, aunque no podría jurarlo. Me ha parecido que al fortaleza de Tchirakh es la que hoy se llama Chirag Gala en Azerbaiyán, pero no he sido capaz de encontrar Joserek, que debería estar unos 26 km al sur.

Para desubicarnos lo menos posible siempre hemos de agradecer la imposición del sistema métrico internacional. Al menos en la Rusia imperial nos dan las distancias en verstas (Van-Halen escribe werstas a la alemana) que son muy parecidas a los kilómetros. Las alturas en pies que se dan del Kasbek y el Elborous  (Elbrus) parecen erróneas.

El Cáucaso es el equivalente en Rusia al far west norteamericano. Aquí les dejo una anécdota el tipo de guerra que allí se hacía (223)

Un dia que los oficiales se habían sentado á la mesa, notaron la falta del intérprete, lo que rara vez solía suceder, y ya estaban á los postres cuando se presentó muy placentero con un lío de paño tosco debajo del brazo: dijo que les traía para postres una sandía de las que se suelen conservar en el país para invierno. Como en diciembre las frutas son muy apetecibles, todos se apresuraron á pedírsela: descubrió entonces su pacotilla, y vieron rodar por el mantel de la mesa una rapada cabeza de lesghuin, que era la fruta que acababa de recolectar el bárbaro en un encuentro hostil que había tenido aquella misma mañana, yendo á cazar á la otra parte del Alazan. Aquella hazaña, que los naturales del país tienen por una gloria, disgustó á los oficiales sobremanera. El coronel se levantó de la mesa, volviendo la espalda á aquella escena, siguiéronle todos á otro apostento, donde mientras fumaban sus pipas, el intérprete se hacía servir la comida recreándose á cada bocado con la sandía que tenía sobre la mesa.

También para comprender el viaje de regreso hacen falta ciertos conocimientos previos. Leópolis / Lviv se cita como Leopoldo y Brno / Brünn como Brimm. Entiendo que será cosa de quien pasara a limpio los manuscritos.

 


El diario de Lena Mujina

25/02/2019

Esta edición de 2012

Cuando leí el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado uno de los elementos que me impresionaron favorablemente fue el uso de diarios personales en la bibliografía. No había sido publicado aún el diario de Lena Mujina que he estado leyendo este fin de semana, ya que salió en el mismo 2011 (y en español en 2013).

En general me parece bastante feo el defecto tan habitual en los titulares de prensa de definir algo en función de otra cosa supuestamente superior. Así que el inevitable “la Ana Frank de Leningrado” lo tengo por bastante horroroso ya de por sí, sin siquiera tener en cuenta el relevante hecho cronológico de que el diario de Lena Mujina acaba en mayo de 1942 mientras que el diario de Ana Frank comienza en junio de ese mismo año. El paralelismo interesante está en que ambas comienzan a escribir días antes de acontecimientos históricos importantes que tendrán importantes consecuencias en sus vidas. También me resulta interesante a falta de una mejor explicación (sólo tengo una hipótesis) el hecho de que los diaristas adolescentes más destacables sean del sexo femenino.

Desde mi perspectiva de haber leído el año que abarca el libro en unas pocas horas lo más fascinante es cómo empieza hablando de guerra y bombardeos para acabar hablando de colas y comida. Esto es, la capacidad del ser humano para llegar a considerar que puede ser algo normal y ni siquiera digno de mención el que se estén lanzando bombas incendiarias desde aviones a la población en la que uno vive.

Mi entrada favorita es la del 17 de febrero de 1942, nueve días después de quedarse sola en el mundo:

Siento que soy rica. Tengo un bote con mijo, otro con cebada perlada y otro más con alforfón, un puñado de guisantes en una caja y 125g de carne en el alféizar de la ventana. En cambio no he tenido suerte con el azúcar: aún no he conseguido nada. Ayer comí sopa de guisantes y alforfón con mantequilla y para la cena cebada con mantequilla.

El pan de hoy, a 1 rublo y 25 kópecs, estaba rico y seco, muy bueno y sabroso.

Llevo tres días con la radio encendida. Está bien porque hace que no me sienta sola.

Tengo dinero – 105 rublos -, tengo leña, tengo comida. ¿Qué más me hace falta? Soy completamente feliz.

Hoy hace frío. El sol brilla y no hay ni una nube en el cielo

No tengo una idea muy precisa de lo que es la comida considerada en gramos. Estos simples cálculos y otras peripecias expresadas en este diario y otros similares me hacen suponer que estamos en mucha peor forma para sobrevivir a un colapso de la civilización que implique la renuncia a los niveles de calorías a los que estamos acostumbrados, además de nuestra falta de preparación física y psicológica.

Respecto a esto último siempre me ha fascinado que con una población famélica las escuelas siguieran abiertas y que hubiera exámenes, pero quizá fingir normalidad es la única forma de seguir adelante. En resumen, que mi impresión es que con un golpe mucho menor de lo que fue el asedio para los habitantes de Leningrado los occidentales de cualquier sitio hoy caeríamos como moscas. La inmensa mayoría no estamos nada preparados para el colapso de la civilización, ni para una guerra, ni para un cierre de fronteras, ni para una inflación un poco más elevada.

 


Los setenta días de Ángel Pestaña en la Rusia soviética

17/02/2019

70 días en Rusia

El anarquista español Ángel Pestaña (1886-1937) representó a la CNT en el II Congreso de la Tercera Internacional (1920). Al volver a España redactó un informe para la Confederación y sendos libros titulados Setenta días en Rusia: Lo que yo vi y Setenta días en Rusia: Lo que yo piensoque ochenta años después del de la muerte del autor pasaron al dominio público y que, al ser de fácil acceso, he estado leyendo estos días.

En otra ocasión había comentado el viaje de Fernando de los Ríos al mismo tinglado. Creo que dejó un libro algo más curioso. Estando juntos en los mismos lugares es interesante cómo ni se mencionan el uno al otro. Además de ellos Daniel Anguiano (PSOE) fue el otro español que estuvo en el Congreso y cuyo informe favorable provocó la escisión . El ya convencido Ramón Merino Gracia llegó tarde al congreso y parece ser que décadas después acabó en el sindicalismo vertical franquista. Manuel Fernández Alvarez, fue el otro españoles que andaba en el epicentro del mundo en aquellas fechas, aunque como prisionero de la Checa: murió en Guadarrama al empezar la guerra de España. En todas partes hay españoles:

“En las pocas horas que pasamos en Petrogrado, por azar, dimos con dos españoles: catalán el uno, valenciano, el otro. El catalán era cocinero: lo había sido de Zinoviev, del jefe de la Tercera Internacional, al principio de la revolución. El valenciano, era repostero y confitero. Los dos, en tiempos del zarismo, habían ocupado plazas importantes en los mejores hoteles de Petrogrado, Moscú y otras poblaciones rusas. Habían ahorrado unos miles de rublos y que para más seguridad los colocaron en un Banco. Al confiscar los Bancos y sus existencias la revolución, quedaron, cocinero y repostero, sin un céntimo, lo que les hizo maldecir de la revolución y de todos los revolucionarios. Pero cuando les preguntamos si querían volver a España, contestaron que no.
—Esto cambiará —decían—, y como cuando cambie faltarán obreros de nuestro oficio y nosotros conocemos bien el país y sus costumbres, lograremos recuperar lo que nos ha confiscado la revolución. Además —agregaron— hemos pasado ya lo peor y queremos ver en qué para todo esto.”

De los dos libros de Pestaña el de “lo que yo vi” me ha resultado bastante más interesante que el de “lo que yo pienso“. Será que el retroturismo tiene más vigencia o simplemente me llama más que las retroideología y la retropolítica.

Además de por Petrogrado y Moscú, Pestaña recorre Nizhni Novgorod, Samara, Marx Stadt, Simbirsk, Saratov, Ivanovo-Vosnosienski y luego Tula, además de ir a Dimitrov a ver a Kropotkin.

Ya desde el principio parece ser bastante más consciente de lo que puede ver que muchos compañeros de viaje que hicieron el tour soviético en las siguientes décadas.

“Los dos días que pasamos en Saratof fueron animados y provechosos. Solo una cosa les faltaba para llenar nuestra ambición. Que el pueblo, el verdadero pueblo, no aquél que nos servía de comparsa y de coro en nuestras visitas, recepciones y mítines, hubiera también intervenido en los festejos y participado de las demostraciones de contento y algazara que parecíanos presidir con nuestra presencia.”

Algunos de estos prosoviéticos solían aderezar las discusiones sobre el problema territorial de España con loas al modelo de la URSS y el supuesto derecho a la autonomía y hasta a la secesión de las repúblicas. A Pestaña lo que ve en este respecto no parece impresionarle demasiado:

“Visitamos también la República Chuvasky, una de las muchas Repúblicas comprendidas en la República Socialista Federativa de los Soviets Rusos. Después de explicarnos las características del país, nos interesó saber en qué consistía la autonomía que gozaban dentro del régimen centralista ruso. Nos lo explicaron ampliamente. Ellos eran autónomos, pero venían obligados a acatar todas las órdenes, leyes y decretos que los Soviets establecieran, sin poder modificarlos en lo más mínimo.
Ajustar a la característica de las leyes y decretos de Moscú las condiciones económicas, sociales y políticas del país; pagar los impuestos, igual y en las mismas condiciones que las demás provincias; dar al Ejército Rojo los hombres que éste pidiera y acatar la disciplina del Partido Comunista y la dictadura del proletariado.
Como a través de todas estas manifestaciones, no viésemos la autonomía concedida y que ellos mismos decían gozar, insistimos en nuestras demandas y aclaraciones, llegando a la conclusión de que toda aquélla autonomía quedaba reducida a nombrar de entre los naturales del país sus propios funcionarios y autoridades, aún cuando el número de los mismos y sus atribuciones, era en Moscú en donde se determinaba. En resumen, que no había tal autonomía.”

En un encuentro con Zinoviev plantea cuestiones interesantes sobre la imposibilidad práctica del comunismo. Esta parte que las fuerzas sindicales e izquierdistas siempre han aceptado, de que haya trabajadores privilegiados por estar en sectores tocados por la varita mágica del poder político siempre me ha resultado fascinante, incluso en el Occidente próspero, capitalista y explotador. A Pestaña también:

“El comunismo, sobre todo el bolchevizante, según Zinoviev, era el mágico talismán, el sésamo, la panacea que ha de dar al hombre la felicidad.
Me atreví a objetarle que no comprendía qué clase de comunismo era el implantado en Rusia, ya que, según mi creencia, el comunismo era solo posible en la fórmula de “a cada uno según sus necesidades, y de cada uno según sus fuerzas”, y que, además, creía que en un régimen comunista, el salario, y menos el salario con categorías, no se avenía con lo que yo entendía comunismo.
—Que haya treinta y cuatro tarifas de salarios, y que los funcionarios del Estado trabajen seis horas, mientras la jornada legal de las fábricas es de ocho, no me parecen prácticas de comunismo —añadí.”

Otro tema clásico es cómo a las clases populares las representan políticos izquierdistas que provienen de otras y están acostumbradas a unas condiciones de vida superiores, sea el salario de Lenin o el chalet de Galapagar:

“El punto de partida para otorgar una de estas cuatro tarifas extraordinarias era una de las treinta y seis tarifas establecidas; pero el límite, como ya hemos dicho, no estaba fijado. Se dejaba al arbitrio de la Comisión.
De este sistema arranca uno de los engaños más propagados en todo el mundo al principio de la revolución rusa y que nos presentó a los personajes más conspicuos de la misma rodeados de una aureola de austeridad y de sacrificio muy lejos de ser cierta.
Se nos dijo que Lenin, Trotsky, Radek y demás personajes dirigentes del Partido Comunista y de la revolución, dando pruebas de su amor al pueblo y de sacrificio por la revolución, se sometían a todas las privaciones y escaseces a que la falta de productos les obligaba y que, considerándose proletarios y obreros, se hablan asignado un salario como los demás y un racionamiento como el de los obreros intelectuales.
En teoría así era. Pero la práctica era muy otra.”

En fin, no va a ser todo arrearle a los comunistas, que el autor también tiene su sesgo y a su ideología no le faltan esqueletos en los armarios. A falta de mayor conocimiento sobre las condiciones de la vivienda en el Petrogrado inmediatamente posterior a la Revolución, mis prejuicios sobre el anarquismo me empujan a creer que Pestaña idealiza el potencial autoorganizativo de la gente para regular socialmente un mercado:

“Pronto, con esa intuición profunda que tiene el pueblo y que solo necesita el estímulo para manifestarse, se organizaron comisiones de vecinos que proveían a las necesidades de cada calle y de cada edificio.
Fijaron el precio del alquiler de cada habitación; levantaron estadísticas de los alojamientos disponibles; dispusieron y realizaron —cosa que después no se continuó— las reparaciones precisas; establecieron repartos más equitativos que los efectuados en el primer impulso y, por fin, ordenaron todo de la mejor manera posible…”

He leído el libro en el formato epub disponible en la página de la Biblioteca Nacional de España. En esta versión hay una errata distinta a la que aparece en el original escaneado. Al puente de la Trinidad, que sería el Puente Troitski, lo llaman “Puente Trotsky” en el epub y Troistky en el pdf (página 25 del pdf, numerada 19 en el original). También Kronstadt o Cronstadt aparece de un modo un tanto extraño.

“Nos dirigimos hacia el Neva, río que, como se sabe, divide a Petrogrado y lo une con la base naval de Crostand. Llegamos hasta el puente Trotsky, que desemboca entre el Palacio de Invierno, residencia habitual del Zar en Petrogrado y el Almirantazgo.”

Es una mania personal no confundir a Trotski con Troitski. Los errores y transliteraciones incoherentes son una plaga en la bibliografía del lugar y época son muy comunes y es una lástima que vayamos a peor cuando precisamente las ediciones digitales se podrían aprovechar para hacer correcciones. Entiendo que es un problema de falta de recursos.

De entre los recursos que he utilizado mientras leía estos libros quisiera destacar:


Más cartas de Rusia

15/07/2017

Me ha sorprendido comprobar cuán breve fue la nota que dejé tras leer los tres tomos de cartas de Rusia que Juan Valera escribió entre 1856 y 1857. Me parecieron tres tomos con muchos datos dignos de mención. No siempre tiene uno el mejor día. Me he aproximado hoy, gracias a una herramienta formidable que ha utilizado la Biblioteca Nacional de España, a la correspondencia de otro español que también viajó por el gigantesco país y otros cuantos al año siguiente de 1858. Epistolario que fue publicado en 1867, casi una década después.

El ilustre sevillano Jose María López de Ecala y Zubiría se acerca a Petersburgo adonde tras pasar por Berlín llega en barco desde Estettin. Después  de contar interesantes aspectos de la vida en la capital de los zares y cosas turísticas tanto de ella como de Moscú (Moscou) prosigue por Escandinavia hacia el sur de la Europa germánica. No en vano el título completo de la obra es Nueve meses en Rusia, en los pueblos situados entre el Báltico y el mar del Norte, en Prusia, Austria, Baviera, Suiza y Holanda. Cartas escritas por José María López de Ecala.

El contexto histórico de 1858 es que Rusia acaba de salir de la guerra de Crimea y ciertas capas de la sociedad se plantean su modernización. Se cierne la abolición de la servidumbre, que finalmente se proclama en 1861. El embajador español en plaza es el mismo para quien trabajó Valera: el duque de Osuna de prodigalidad legendaria. Los escasos viajeros diletantes de la época solían estar bien relacionados.

En la introducción hay una consideración estilística que me parece buena. Creo que el género de viajes (y el de blog) no suele llegar a gran literatura ni debe siquiera intentarlo, lo cual no es óbice para que sea mejor de leer que mucha novela con ínfulas:

Debo prevenir á mis lectores, que no soy mas que viagero, y que por lo tanto no se encontrarán en este 2.° tomo de mis viages por Europa, esas poéticas y á las veces exageradas descripciones, tan frecuentes en los libros de esta clase publicados en el estrangero; ni esas escenas de efecto, ni esos melodramáticos episodios que los convierten en preciosas novelas, en las cuales el autor hace frecuentemente el papel de protagonista, dando lugar á que la historia de un viage se convierta en la propia historia del viagero.

Yo veo y describo; escribo en estilo familiar, y narro con sencillez lo que veo. Procuro que mis descripciones sean una fotografía de los objetos. No busco la fama del hombre de letras, ni el origen ni el porqué de las cosas; aspiro á complacer á mis amigos, á que el provecho de mi viage alcance al mayor número de mis conciudadanos, y á presentar las cosas tal cual se ofrecieron á mis ojos, llamando al pan, pan, y al vino, vino; y esponiendo, en fin, la verdad desnuda del oropel de las galas del estilo y de las flores de la retórica; procuro solo deleitar é instruir al lector acerca de muchas cosas que no debe desconocer, hoy, repito, que estamos abocados á una gran guerra en el Oriente y en el centro de Europa.

Lo de la guerra y tal. Hay varias veces que parece que acierta el futuro, aunque apostar a que habrá conflictos sea una apuesta ganadora. Cuando habla de la inminente (en términos históricos) abolición de la servidumbre ensarta este párrafo acertado:

Creo firmemente que la reforma se llevará á cabo en Rusia, y que el dia que se plantee amanecerá en el imperio moscovita una era de progreso y civilización de inmensos y beneficiosos resultados para el país; pero también creo que se entablará desde luego una lucha tenaz y acaso sangrienta entre los nuevos y los viejos intereses que se van á poner en pugna. No dudo que las ideas liberales se abrirán un camino, y que no les ha de faltar quien las fomente y empuje con calor; pero habrán de encontrar tenaz resistencia en una sociedad que ha vivido hasta ahora completamente separada del movimiento político de Europa; en una sociedad casi petrificada à virtud de muchos años de absolutismo bárbaro y feroz.

Quizá el liberalismo no se ha abierto demasiado paso en el siglo y medio posterior, pero en lo del conflicto de nuevos y viejos intereses parece que lo clava. Por otro lado es una constante histórica y así ha de ser siempre.

El crucero por el Báltico me ha dado ocasión de notar que tiene que haber alguna razón para que las bengalas se llamen bengalas:

Durante la noche del segundo, la niebla que parece estacionaria en este mar, se condensó en terminos de hacer peligrosa la navegación. Para evitar algun funesto accidente, el capitán mandó acortar fuerza á la máquina, encender faroles en los palos y quemar fuegos de Bengala.

Ya en Petersburgo, una nota a pie de página a propósito de esa gran avenida llamada (Newsky, a la alemana, en el texto) Nevsky Prospekt:

Las grandes calles de Petersburgo se llaman perspectivas por razón de su estremada longitud.

La clásica referencia al francés como lengua de la élite rusa del XIX:

Otro de los caracteres que distingue a la alta sociedad rusa, es el afectar tanto menosprecio ó desden por todo lo que es del país, que en ella no solo se habla el francés con entera esclusion del idioma nacional, sino que se observan con tal rigor y puntualidad las modas, los usos y la etiqueta francesa que le parece á uno estar en las orillas del Sena, sin embargo de oir y ver correr las aguas del Newa.

El clima de Rusia en dos párrafos:

En Rusia, la nieve no moja como en nuestras latitudes meridionales, tan helada y dura cae sobre la tierra. Así que, cuando el viento la fracciona , produce el mismo efecto que las arenas en los puertos de mar removidas por el levante. Los rusos dicen que en su país el frió se vé, pero no se siente; así es la verdad, porque la nieve cae convertida en polvos de cristal, y las precauciones que se toman contra el frió son tales, que apenas ni se deja sentir. Al efecto, las casas están construidas y dispuestas para resistir un frió de 19 á 20 grados, bajo 0.

En S. Petersburgo, amigo mió, no hay primavera ni otoño; no se conoce mas que invierno y verano; ó como decía la Emperatriz Catalina, dos inviernos, uno blanco y otro verde.

Una palabra más conocida hoy que entonces:

Además del droski, úsanse en San Petersburgo carruages que se llaman troika porque tienen tres caballos, y otros de cuatro ó seis asientos á los cuales se enganchan cuatro para ir al campo, ó de viaje.

La vida social de las clases altas:

En un pais como la Rusia donde no existe eso que nosotros llamamos vida pública, tanto porque la forma de gobierno, las costumbres y hasta el clima se oponen á ello, son de indispensable necesidad, las relaciones y las visitas, para hacer mas llevadera la monotonía de la existencia

El embajador turco:

Hace muy pocos días que fuimos invitados á una de estas fiestas por el embajador de Turquía, (que dicen ser hermano de la madre del Sultan) que por cierto, así él como los demás individuos de la embajada, solo tienen de turco; el nombre; pues visten de frac, hablan perfectamente el francés, beben sangre de Jesucristo y no le hacen á una rueda de salchichón.

El tabaco en la Rusia del siglo XIX y la prohibición de fumarlo en la calle:

Ayer sin ir mas lejos, encontrándose mi criado en conversación con otro en la puerta de la embajada fumando tranquilamente, pasó un polizonte, quien sin mas aviso ni ceremonia le quitó bruscamente el cigarro de la boca y se lo llevó para volver al poco rato con una papeleta de multa de un rublo por primera vez.

La intolerancia con los fumadores es tal en San Petersburgo, que se cuenta como hecho ciertísimo, que habiendo llegado á conocimiento del último emperador, que un embajador había tenido el atrevimiento de fumar en medio de la calle, le mandó un cajón de habanos con espreso encargo de que los fumase dentro de su casa.

Semejante prohibición es soberanamente absurda en un país donde todo el mundo fuma, hasta las señoras. Los ricos los mejores tabacos de la Habana que pagan a peseta cada uno, y los pobres tabaco turco, en pipa.

He querido averiguar la razón en que se funda esa ridiculez, y solo he podido saber tres ó cuatro de pié de banco que se dan para esplicarla. Dícese por los unos, que la prohibición se funda en el temor de que se incendien las calles, cuyo pavimento es de madera; otros, porque al emperador le incomoda el humo del tabaco (no me parece mala esa razón, que si no es de pié de banco es de mano autocrática) y los mas, en fin, suponen que es una medida financiera para limitar el consumo de un artículo que no se produce en el pais y del cual se hace un gran consumo.

La parte peterburguesa es más interesante creo que la de Moscú. Por cierto, 21 horas era el viaje de tren entre ambas ciudades (700km que hoy se hacen en tres y media). Dejaré los siguientes países y ciudades para comentar más adelante. Del mismo autor hay un libro anterior sobre un viaje a Italia.


Las cartas desde Rusia de Juan Valera

07/05/2017

Editorial Afrodisio Alonso, Madrid 1950

Ayer tras plantearme que debía de existir por algún lado una compilación con los escritos y andanzas de viajeros españoles por Rusia me encontré con que hay al menos un libro de hace un par de décadas y un artículo en una revista académica que tratan el particular. Leyendo el segundo descubrí que Juan Valera, autor de esos clásicos del bachillerato que no he leído (Pepita Jiménez, Juanita la Larga) anduvo en Petersburgo de misión diplomática en 1856-57 y escribió una serie de cartas que luego fueron publicadas. En la década de 1950 vio la luz una edición en tres volúmenes (1, 2, 3) que he estado leyendo hoy y que no comentaré en demasía.

Diré sólo que se trata de la Rusia anterior a la abolición de la servidumbre y que el joven diplomático español pasa unos meses en la capital de entonces haciendo la vida palaciega de banquetes y tertulias con todas esas familias importantes de la corte de los Románov. Sus epístolas pueden servir como iniciación a la historia de Rusia, ya que hasta donde yo la conozco de modo superficial la recogen de modo fidedigno. Me ha sorprendido la erudición del autor y no creo que en estos tiempos enviemos por el mundo a funcionarios de tal formación clásica. Entre las máculas: el leísmo y la escala de Reaumur. Supongo que habrá que leer ese par de novelas.


Mi viaje a la Rusia sovietista

06/05/2017

3ª edición (1934)

Ayer me enteré de que había salido un libro sobre el viaje que Ramón J. Sender hizo a la URSS en 1933-34. El artículo en el que lo vi menciona a otros españoles que hicieron el grand tour sovietico por aquellos años en todas partes convulsos. Todo el mundo quería ir a ver el meollo de la historia universal al lugar mismo en el que estaban pasando las cosas. Como apenas he leído Tintín en el país de los soviets se me ocurrió que sería buena idea echarle un vistazo a “Mi viaje a la Rusia sovietista” (1921) en el que Fernando de los Ríos cuenta su experiencia del otoño de 1920 y a eso me dediqué ayer por la noche. Tiene unas doscientas páginas.

Según la versión simplificada de la historia que yo conocía, en 1920 De los Ríos y Daniel Anguiano fueron a la URSS en calidad de delegados del Partido Socialista para ver cómo andaba todo aquello y analizar si el partido debía unirse a la tercera internacional. Al volver a España presentaron un informe para que el PSOE decidiese. A De los Ríos lo que vio no le convenció nada, pero Anguiano consideraba que aquello era el rumbo a seguir y se unió al grupo de los que acbaron fundando el Partido Comunista de España en 1921. Lo más lógico es pensar que un partido comunista habría acabado surgiendo en España con o sin este viaje pero esta simplificación excesiva es una forma fácil de narrarla.

Me he aproximado al texto más como lector de literatura de viajes que como lector de ciencia política o historia económica. Es esta una práctica mucho más agradable que afrontar la exégesis de los discursos de Lenin. Permite por ejemplo maravillarse por las dificultades del transporte que afrontaban los viajeros de hace un siglo así como admirar deliciosos detalles costumbristas, tanto de la Rusia en la que todo el mundo va por la calle con un saco como por la forma de hablar de los españoles de hace cien años.

De los Ríos dice que su ruta fue Reval-Petrogrado-Moscú y me sorprende el primer topónimo que resulta ser el nombre ruso y alemán de la ciudad que hoy conocemos como Tallin, capital de Estonia (que en febrero de 1920 había confirmado su independencia). Como anduve por allí esto quizá debería haberlo sabido mejor que para qué sirve el burlete y a qué se dedica un agiotista. Otro topónimo desaparecido es Yamburg (ya que no se trata del de Siberia sino el que hoy se llama Kingisepp). En general el texto esta plagado de topónimos y antropónimos transliterados a la alemana o a la francesa, lo cual exige algún esfuerzo imaginativo: por ejemplo el mercadillo de “Zugaretzka” se encuentra mejor buscando Suharevka, donde por aquel entonces hubo una torre.

Reval (Tallin) en la guía Baedeker para Rusia y Teherán de 1902

En cuento al nombre del país, “Rusia Sovietista” da una clave temporal, ya que es bien sabido que la URSS no se funda hasta el 30 de diciembre de 1922. (En cambio la tendencia a agolpar las cosas hace que haya una miríada de referencias a la “visita de Fernando de los Rios a la Unión Soviética”, nada raro en el país donde al escudo con el águila de San Juan, vigente hasta 1981 lo suelen llamar “preconstitucional”). En algún momento posterior de la Historia se trocó el adjetivo sovietísta por el menos estético prosoviético. Siempre me ha sorprendido que en ningún idioma se haya traducido en vez de adaptado la palabra Совет (soviet) ya que tampoco es un concepto tan peculiar y no veo en qué se diferencia tanto de una asamblea. En fin, De los Ríos pasa la mayor parte de su estancia en Rusia en Moscú, donde se aloja en el Hotel Lux de la calle Tsverskaya.

Y luego sabemos que va un par de veces a Dimitrov a ver al anciano Kropotkin que malvive prácticamente en la indigencia y que le invitan a una excursión a los Urales pero que no puede ir. Rusia era y es inabarcable sobre el terreno. Una estadística que deja anotada en el libro: “El total de los poblados existentes en Rusia es de 728.157, y de ellos, 706.911 tienen menos de mil almas”.

Muchos elementos descritos en el libro dan pistas del desastre que va a acabar siendo todo aquello. Por un lado está la pobreza material y el pago del salario en productos, pero es la hiperinflación, la corrupción generalizada y el mercado negro lo que me parece que da la clave. Todo esto habría que contextualizarlo y compararlo, por ejemplo, con lo que era España en el año 1920 (en que nació uno de mis abuelos y precisamente en una zona en la que la economía era poco más que agricultura de subsistencia y trueque) ya que parece un poco absurdo decir que era obvio que el tinglado soviético tenía que derrumbarse y comprobar que luego tarda setenta años en hacerlo. Y esto se hace muy a menudo.

En tres meses, tienen tiempo para el turisteo. En esta obra es la primera vez que leo que existe una puerta de Iberia (no la nuestra, la otra) para acceder a la Plaza Roja de Moscú. Entre otras actividades sociales van al teatro y a la ópera. Aquí una reflexión sobre la música clásica rusa y española, que interesará a quienes gusten del Capricho español de Rimsky-Korsakov y la Jota aragonesa de Glinka:

Al retirarnos aquella noche, mas impresionados que de ordinario por la música y la danza, nos preguntábamos, como en tantas ocasiones lo hemos hecho, por las razones que pueden determinar esa analogía melódica entre los cantos rusos y los españoles. ¿Por qué se han sentido ellos, los rusos, tan fuertemente conmovidos por nuestra música e impulsados a estudiarla? ¿Por qué Glinka vive en esta Granada, por el año 1846, en contacto con los literatos y artistas de la “cuerda” y compone las primeras grandes obras de lírica musical española? ¿Por qué se repite el mismo fenómeno, más tarde, con Rimsky Korsakof y Borodin, y ambos componen espléndidos poemas musicales a base de cantos populares españoles? ¿Por qué Stravinsky afirma asimismo hoy esta semejanza? Como un día hablásemos de ellos, al volver de Rusia, con el admirable maestro Falla, éste nos dijo que la analogía era efectiva y obedecía a que sobre la música de ambos pueblos influyen de un modo decisivo, al punto de darle carácter, la tradición litúrgica y la oriental; sin duda ello es la causa de que haya artistas rusos que afirman haber descubierto el epos musical de aquel país a través de España.

Me gusta la palabra epos, que el autor utiliza con frecuencia. Entiendo que es a la épica lo que el etos a la ética y enlaza bien con esa imagen del pueblo ruso que tomé de Svetlana Alexiévich: Rusia nunca acabará con los baches de las carreteras, pero siempre habrá héroes.

De los Ríos y sus acompañantes se entrevistan con la flor y nata de la nomenklatura y la intelligentsia emergentes, reciben desaires de Zinoviev y Radej, conversan con Bujarin y escuchan inflamados discursos de Trotsky en el teatro, pero es de suponer que el momento más destacado de una expedición política a la Rusia de aquel tiempo sería la entrevista con Lenin. Dice el autor que le recuerda a Pío Baroja. Esta es la parte de la conversación en la que preguntan por la libertad en la que Lenin les responde con el a la postre famoso ¿libertad para qué?.:

¿Cómo y cuando cree usted –interrogamos- que podría pasarse del actual período de transición a un régimen de plena libertad para Sindicatos, Prensa e individuos?
-Nosotros -respondió Lenin- nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado; la ejercemos desde el Poder, en pro del proletariado, y como en Rusia la clase obrera propiamente dicha, esto es, la clase obrera industrial, es una minoría, la dictadura es ejercida por esa minoría, y durará mientras no se sometan los demás elementos sociales a las condiciones económicas que el comunismo impone, ya que para nosotros es un delito así el explotar a otro hombre como el guardarse la harina de que ha menester alguien. La psicología de los aldeanos es refractaria a nuestro sistema; su mentalidad es de pequeños burgueses y por eso no los contamos como elementos proletarios; entre ellos han hallado los lideres de la contrarrevolución (Denikin, Kolchak, Wrangel, etc.) sus adeptos; más los aldeanos han llegado a una conclusión, a saber: que si los bolcheviques son malos, los demás son insoportables. Nosotros, a los aldeanos les decimos que o se someten o juzgaremos que nos declaran la guerra civil, que son nuestros enemigos, y en tal caso responderemos con la guerra civil. Lentamente, la psicología de éstos va cambiando y los va acercando al Gobierno. La dificultad para nosotros estriba en la cercanía de productos industriales con que recompensar lo que les requisamos; a ello se debe el que necesitemos seguir emitiendo billetes, lo cual para nosotros no ofrece dificultad alguna, pues disponemos de papel y máquinas de estampillar; este dinero-papel sólo significa, pues, una promesa de pago de productos.
El periodo de transición de dictadura -continuó diciendo Lenin- será entre nosotros muy largo…, tal vez cuarenta o cincuenta años; otros pueblos, como Alemania e Inglaterra, podrán, a causa de su mayor industrialización, hacer más breve este período; pero esos pueblos, en cambio, tienen otros problemas que no existen aquí; en alguno de ellos se ha formado una clase obrera a base de la dependencia de las colonias. Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?

Tiene que haber algún libro interesante que recopile y compare las experiencias de los viajeros españoles de diferentes épocas por Rusia.


¿Cómo se deben transliterar los nombres rusos de origen alemán?

08/01/2017

Leyendo sobre los Románov y concretamente sobre Pedro el Grande me di cuenta (es un decir, porque el libro lo indica expresamente) de algo de lo que debería  haberme percatado cuando leí sobre el sitio de Leningrado: la ciudad de Shlisselburg (adonde llegaron las tropas alemanas durante la máxima extensión del asedio) es en el fondo Schlüsselburg, de Schlüssel, llave y Burg fortaleza. Se supone que para Pedro I era la llave para el control de la región de Ingria. Detalle que podríamos haber intuido con mejor con un Schlüsel- aunque tampoco es que esté invisible en lo otro.

La pregunta es entonces ¿cómo debe transliterarse Шлиссельбург? y en general ¿cómo deben trasliterarse del ruso los nombres alemanes? En alemán tienen fácil y claro, pero no sé si el resto de las lenguas deben buscar un traslado al alfabeto latino que apunte al sonido sin marcar la etimología de nada.

He encontrado esta circunstancia en otras ocasiones. ¿Debe el apellido Эренбург transliterarse como Ehrenburg o Erenburg? ¿con o sin la hache del honor que no lleva la forma rusa? ¿Averbaj o Auerbach?

No he sido capaz de encontrar respuesta concluyente y entiendo que está en la ideología del idioma español el identificar letras con sonidos por lo que la pérdida de información etimológica es menos grave. (Lo cual plantea otras cuestiones ¿Erenburg o Eremburg? ¿Shlisselburg, Shliselburg o Shliselburgo?). En cambio en la trasliteración al inglés, dado el caos ortografíco que ya sufre, mantenter la forma etimológica alemana podría ser preferible.