Tolerancia y postureo

19/03/2018

Un colega envía esto por whatsapp

Voy a aprovechar este gráfico para criticar a Podemos 🙂

Más concretamente a Inmaculada Colau, que me cae especialmente mal, jeje.

Anda que cuando salió en la tele “confesando” su rollo bollo no sabía que apostaba a caballo ganador…

Natural, es un tema que excita a grandes contingentes tanto de hombres como de mujeres.

La peña vendiendo la moto de que España es tolerante con la diversidad sexual, jeje.

Viene el contraejemplo.

Sal tú diciendo que te has tirado a cuatro compañeras del trabajo.

Es el contraejemplo porque aquí te van a odiar tanto hombres como mujeres.

Y van a tolerar tu diversidad sexual un huevo.

Jajajaja.

13-01-2018

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Precocidades

18/03/2018

A lo mejor debería seguir vertiendo mis opiniones aleatorias en este agujero y no en grupos de guasap que se perderán como lágrimas en la lluvia. El otro día un amigo escribió sobre el tema de la precocidad, así un tanto en general. Y como se menciona la eyaculación precoz, caso en el que la precocidad parece tener un significado algo diferente al de otras precocidades, comento:

Siempre me ha parecido que la eyaculación precoz está mejor nombrada en inglés (premature). Sería más lógico llamar eyaculador precoz al que lo es desde su más tierna infancia.

Cuando uno vive en un país cuya lengua dominante es diferente de la propia a veces afloran estas cosas que uno ni sabe que sabía. Luego me he puesto a buscar  y veo que la expresión latina ejaculatio praecox se utilizó tal cual en inglés y se ha adaptado literalmente a todas las lenguas latinas.

Así que lo más probable es que el uso de “precoz”, que etimológicamente es, en sentido muy amplio, “antes de cocerse” se haya desplazado hacia casos en los que se toma como referencia la vida en conjunto. He encontrado expresiones del siglo XIX que suenan hoy un poco extrañas (en vez de “fruto precoz” yo diría “fruto temprano” y en vez de “muerte precoz”, “muerte prematura”). Parece que Manuel Bretón de los Herreros  gustaba especialmente de este adjetivo. La hipótesis que se plantea es si la expresión que comentamos haya quedado hasta cierto punto fosilizada. Parece que hay buenas razones para suponerlo.


“Homo erectus” de Eslava Galán

02/05/2017
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Juego de palabras malo

“Homo Erectus” fue una adquisición de última hora en la librería del aeropuerto de Tenerife Sur hace unos meses. Muy motivada sin duda por el agrado que me causó la lectura previa de Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie y El catolicismo explicado a las ovejas. He mirado la página web oficial de Juan Eslava Galán y no me imagino el ritmo de trabajo de este hombre para sacar tres o cuatro libros al año. A mí me gusta mucho (o por lo menos me resulta fácil de leer) su estilo coloquial.

Esta obra, dedicada a la sexualidad humana, me parece de menor importancia que las dos arriba mencionadas, pero en cualquier caso agradable de leer en un par de ratos. Hace un par de décadas habría puesto mayor interés y atención. Sin aprender gran cosa me he quedado con cuatro anécdotas graciosas. Voy a copiar y pegar esta sobre algo que todos conocen pero a lo que en el ámbito científico y en los EEUU se le llama “el efecto Coolidge“:

En una ocasión el presidente norteamericano Calvin Coolidge (1923-1929) y su mujer visitaron una granja avícola y la señora observó que un gallo montaba a una gallina y se interesó por la frecuencia con que copulaba el fogoso animal.
—¡Ah, señora, docena de veces! —le dijo el granjero.
—Por favor, dígaselo al presidente -dijo ella medio en broma.
El aludido preguntó a la vez:
—¿Y siempre lo hace con la misma gallina?
—No, señor presidente —respondió el granjero-, lo hace cada vez con una distinta.
—Por favor, dígaselo a mi señora —le sugirió el presidente.

Al ir a buscar el texto en Internet para no tener que teclearlo he descubierto parte del secreto del autor para procesar su extensa producción… esta anécdota también la incluye en otra obra suya posterior: “Lujuria” (2015).  Me imagino que este hombre debe de trabaja con un sistema de fichas para las citas y las notas a pie de página.

La verdad es que las notas a pie de página muchas veces superan al texto principal. Para mí “libro de notas al pie” (aquel en el que vale la pena leérselas, quiero decir) es toda una categoría elevada de ensayo. A modo de ejemplo, este soneto de Lope de Vega:

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos, cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo,
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata:
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer al fin como sangría,
que a veces da salud, y a veces mata.


El tercer chimpancé

11/09/2016
El tercer chimpancé

El tercer chimpancé para jóvenes

En aras de la exhaustividad quise leer más libros de Jared Diamond. Agarré “El tercer chimapancé” de un estante de mi librería habitual sin reparar en que no se trataba de la edición original de 1992 sino una reedición de 2015 “para jóvenes”. No sé cuál será la diferencia, pero entiendo que básicamente se trata del mismo libro. Parece inferior al de “Armas, gérmenes y acero” (el que más me gustó) y a “El mundo hasta ayer” (que trata aspectos más específicos de las poblaciones humanas). A cambio se lee mucho más deprisa (a lo mejor por lo de los jóvenes). Si el libro de 1992 se parece mucho a este, parece que el autor ya iba apuntando a temas que iba a desarrollar más extensamente con posterioridad.

Hay una parte dedicada a explicar la similaridad genética y las diferencias entre el ser humano y chimpancés y bonobos (estos últimos también llamados chimapancés pigmeos, de ahí lo de que seamos el tercer chimpancé). La parte relativa a la sexualidad humana y su parecido con la de ciertas aves me ha recordado a “The Mating Mind” de Geoffrey Miller, un libro que leí demasiado tarde en la vida como para sacarle partido.

No tengo la sensación de haber aprendido un montón de cosas, pero la explicación de por qué la piel más oscura de las poblaciones humanas cercanas a los trópicos se debe más a la selección sexual que a la selección natural me ha parecido reveladora. También es un remedio para mi ignorancia el listado de características similares entre los componentes de una pareja humana determinantes para que se atraigan y que suelen pasar desapercibidas.

Leer ciencia es más gratificante que leer teoría política, pero es seguramente una toma de partido también.


Portnoy y sus movidas

25/06/2016
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Esta semana había empezado El lamento de Portnoy, de Philip Roth. Me ha dado por acabarla hoy después de que un amigo pusiera en el Facebook la noticia de que iban a rodar una película basada en American Pastoral, filme que no me imagino muy bien. De Portnoy también hay película desde 1972 (la novela es de 1969) y tampoco consigo visualizarla. Falta de imaginación, sin más. He leído el orginal en lengua inglesa y del mismo modo no alcanzo a ver cómo se habrá hecho la traducción al español, para acertar con el tono entre cómico y disruptor de tanta palabra greusa y con tantos términos en yidis.

Me ha parecido menos literaria y más divertida que las otras cosas de Roth que había leído con anterioridad. El tema de la liberación sexual en los EEUU de los sesenta… bien, ya sabemos que en la España tardofranquista las cosas no eran precisamente así. En cualquier caso, esta obra tiene que haber perdido gran parte del significado transgresor que tuviera en su día.

Quizá por la conjunción de temas judáicos, neoyorquinos y psicoanalíticos esta lectura se ha mezclado en mi cabeza con la producción artística de Woody Allen. Concretamente con Días de radio.


Sociología normativa

21/06/2015

Hace un par de días he leído una entrada muy interesante de Heath, uno de los autores de aquel libro tan gracioso para explicar las tribus urbanas que fue “Rebelarse vende”. Trata de algo a lo que llama “sociología normativa”, que es aquella funciona atribuyendo a los problemas las causas que sería deseable que lo fuesen.

Cuando la economía va mal nos gusta que la culpa sea de los bancos y si África está de pena preferimos que sea por culpa del fenómeno del colonialismo que se dio allí hasta hace cincuenta años. Esta pulsión narrativa de los mortales se ha trasladado a las “ciencias” sociales hasta un punto que, si se piensa, lo de sociología normativa puede llegar a sonar como un pleonasmo.

Recoge una frase bastante acertada de otro autor que se queda corto al sugerir que la izquierda política “identifica problemas reales, pero como los adscribe a causas espurias, luego encuentra difícil formular políticas que los remedien”.

Luego enumera cuatro problemas de este modo de ver el mundo social. Una idea muy típica de izquierdistas (de esos a los que Lenin llamaba infantiles) es creer que todos los problemas se pueden resolver políticamente. Heath pone aquí el abandono escolar, o la desigualdad en el reparto de las tareas domésticas entre los sexos. España lleva quince o veinte años en una cruzada contra los asesinatos de mujeres por parte de sus parejas en la que nunca se han juzgado las medidas llevadas a cabo por su eficacia, sino más bien por su buena intención.

El tipo de problema que más me interesa es el de ignorancia estadística: identificar la correlación con la causalidad o escoger el lado erróneo de una ecuación, que es muy típico que se haga. Precisamente esta semana había leído una noticia boba en la que la causalidad me parecía totalmente inversa: “El sexo frecuente asegura el éxito financiero, según un estudio” pero sin leer el estudio no se atreve uno a decir si la culpa es de los sociólogos o de lo que los “periodistas” entienden de los “sociólogos”.

También esta semana me encontré con unos consejos para enfrentarse a las estadísticas que me parecieron el punto por donde mucha gente que escribe en la prensa española podría comenzar.


Persianas y bidés

15/07/2014

La foto de un bidé en la Wikipedia

A lo mejor he contado alguna vez lo de que en Irlanda no acostumbran a usar persianas. Yo puedo dormir perfectamente con luz, pero algunos extranjeros lo pasan mal en verano, cuando empieza a clarear antes de las cinco de la mañana. Es una de las diferencias culturales de las que tardé en darme cuenta ya que por fortuna puedo vivir (y dormir) sin persianas. Tampoco la contraventana es un invento que haya hecho furor en tierras hibérnicas. La solución más habítual para evitar la luminosidad es la cortina translucida y, a lo sumo, pueden encontrarse algunas persianas de estilo veneciano que yo en España sólo había visto en oficinas y negocios pero nunca en domicilios particulares.

También voy a decir que me parece que lo de la persiana española tiene que ver no sólo con que no entre luz sino también con protegerse de las miradas indiscretas. Cuando fui a vivir a Holanda me sorprendió mucho lo de ir paseando por la calle y ver la sala de estar de todos los vecinos. Allí leí que era una consecuencia de la cultura calvinista y una forma de mostrar que en esa casa no pecaban ni tenían nada que ocultar. Si esa fuera la explicación o una parte importante de la misma, la diferencia entre dos países de cultura católica como España e Irlanda podría estar en el mayor grado de desarrollo urbano de la primera, que implica una mayor cantidad de transeuntes de cuya mirada ponerse a salvo.

Dejando a un lado las persianas, voy a decir que más aún tardé en percatarme de lo de los bidés: en Irlanda no hay bidés. La razón de mi omisión debe de ser que también puedo vivir perfectamente sin ellos. Cuando era pequeño solía utilizar el de casa de mis padres para lavarme los pies. Probablemente era muy crío cuando el éxito de  la canción de La Trinca y en aquel momento no llegué a entenderla en toda su intensidad pero sí recuerdo el gag en la película de Cocodrilo Dundee y el buen hombre no me pareció tan primitivo.  Cuando digo que en Irlanda no hay bidés tómenselo con cautela: quiero decir que no lo había en ninguna casa que yo haya habitado ni en ninguna en que yo haya visitado los aseos. Supongo que alguno debe de haber, como también habrá persianas en algún lado. En todo caso no es lo habitual.

Esta es una entrada para mi sección de diferencias culturales. A diferencia de otras en las que comparo Irlanda y España, o en puridad las zonas que conozco de ambas, creo que ésta de los bidés es más bien es una de tantas diferencias que hay entre las islas Británicas y la Europa continental. Me ha lanzado a escribirlo un artículo con estadística que he encontrado en la página de la BBC donde preguntan qué hacen los británicos cuando se encuentran en un lugar en el que hay un bidé. Hay algunos ejemplos creativos (el artículo es secuela de otro en el que la autora inglesa se enamora del invento). Aunque no les guste oírlo, los irlandeses suelen ser iguales en 90% a los británicos, así que harán parecido:

  • 30% lo utilizan para lo que debe ser
  • 12% lo utilizan para alguna otra cosa
  • 58% no lo utilizan

En ese 12% podría estar yo lavándome los pinreles. Ya no lo hago porque en casa no tengo bidé, claro.