Un viaje por la historia de Ucrania

28/07/2018

Portada

Ese episodio del otro día con tropas griegas patrullando por Odesa durante la guerra civil rusa me ha recordado que tenía por leer un libro que compré diría que hace tres años, después de haber leído otro de la misma autora sobre el cerco de Leningrado. Se llama Borderland: A Journey through the History of Ukraine y como ya dije una vez borderland bien podría traducirse como extremadura. Lamentablemente el volumen no está en español ni he sido capaz de encontrar manuales de historia ucraniana que me hayan parecido solventes en nuestro idioma, así que me he puesto a leer en inglés con la intención de aprender y rememorar cosas de aquel viaje de 2010.

Eso sí, la primera versión del libro es de 1997 y la que tengo, de 2015 no es una edición revisada sino que a los diez capítulos originales (que yerran en varios de sus augurios) les han metido cuatro de propina para actualizar. A diferencia de otros países para los que una historia que llegara hasta finales del siglo XX reflejaría lo esencial, en el caso de Ucrania no es así y si no se cuenta lo que ha pasado desde la llegada de Putin al poder en Rusia y especialmente a partir de 2014, parece que no se entera uno de nada.

El libro de 1997 en vez de hacer un recorrido en orden cronológico presentaba una a una diversas partes del país para ilustrar procesos históricos de mayor calado. A mí me parece que peca un poco de la “enfermedad de la unidad de destino en lo universal”, enfatizando los elementos que invitan a pensar en una etnogénesis ucraniana más sólida, separada y  distintiva con respecto a la formación de Rusia de la que a mí (en mi ignorancia) me parece intuir que pudo darse.

Aquí me he enterado de que Joseph Conrad, del que sí sabía que era polaco, nació en un lugar que hoy es parte de Ucrania, lo que parece no importar demasiado a los actuales habitantes ucranianos del pueblucho, como suele suceder. Como los grandes villanos de la historia de la zona son alemanes y rusos la tensión entre polacos y ucranianos se suele dejar pasar aunque no sea poca cosa.

A pesar de su antagonismo circunstancias históricas parejas empujaron a Polonia y Ucrania hacia estrategias de supervivencia parejas. Para los polacos del siglo XIX y para los ucranianos hasta 1991 la idea de nacionalidad tomó un significado religioso, casi metafísico. Del mismo modo que los ucranianos de la diáspora se consideran a sí mismos parte de Ucrania a pesar de haber nacido y crecido en Canadá o Australia los exiliados polacos del siglo XIX no se consideraban menos parte de Polonia por haber pasado sus vidas en París o Moscú. Sus países existían en una especie de hiperespacio mental independiente de banalidades tales como gobiernos o fronteras. “Polonia no se ha perdido aún” era el título de una marcha napoleónica, “Ucrania no ha muerto aún” el poco inspirador primer verso del actual himno ucraniano.

Hablando de la cuenca del Donetsk se dice que esta ciudad se llamó antes Yuzovka en honor al industrial minero galés John Hughes y que la palabra minero en ruso –shajtior– tiene un tono mítico (su equivalente ucraniano es shajtar, tal y como se llama el equipo de fútbol local). Veamos lo que decía la autora en 1997 de esta zona del país ahora convertida en la poco reconocida República Popular del Donetsk:

Para conservar su independencia Ucrania debe mantener contento al este rusófono que, densamente poblado y muy industrializado, tiene mucho que decir en el país. En las primeras elecciones tras la independencia fueron los votos orientales los que entregaron la victoria a Leonid Kravchuk, antiguo jefe del Partido ante Vyacheslav Chornovil, antiguo disidente y dirigente del movimiento independentista. En 1994 fueron los votos orientales los que echaron a Kravchuk, que para entonces era el niño bonito de los nacionalistas, favoreciendo a Leonid Kuchma, exdirector de una fabrica de misiles en la ciudad rusófona de Dnipropetrovsk. Curiosamente, el año anterior Kuchma había tenido que dimitir como primer ministro cuando miles de mineros del Donbass llegaron a Kiev pidiendo aumentos de sueldo. La peor pesadilla de los políticos ucranianos es el separatismo del Donbass, el temor de que un día Ucrania oriental quiera la autonomía o apueste por volver a unirse a Rusia.

Hablando de la batalla de Poltava (1709) se nos dice que en los noventa “descendientes de los soldados allí abandonados pueden verse ante la embajada sueca en Kiev para solicitar la ciudadanía de un país que sus antepasados dejaron tres siglos antes”. No me parece que pueda haber tantos descendientes de suecos como para que ni en los peores momentos hubiera una cola más o menos permanente pero sí que recuerdo que antes de ir a Ucrania me sorprendió saber del pueblo de Gammalsvenskby donde algo de la cultura sueca ha sobrevivido durante muchas décadas casi en el mar Negro.

Como lo de cambiar nombres de calles es un tema muy hispánico, un fragmento sobre cómo se produjo en Odesa tras el fin del comunismo:

Más deprisa que ningún otro lugar Odesa se está desprendiendo de su monocromático barniz soviético para revelar la antigua identidad multiétnica que subyace. La calle de Carlos Marx ha vuelto a ser Yekaterniskaya; la de Lenin, Richelyevskaya; la de Karl Libknecht, Griecheskaya (griega). Babelya, que llevaba el nombre del gran novelista odesita Isaac Babel se ha convertido en Yevrevskaya (calle hebrea). Del mismo modo que fueron extranjeros quienes construyeron la ciudad son extranjeros los que le están volviendo a dar vida. Una empresa suiza ha reformado el antiguo y grandioso Hotel Londonskaya, que es ahora una de las guaridas preferidas de negociantes confabuladores. Unos chipriotas han abierto un casino en el edificio de la antigua bolsa de valores donde ahora trabajan croupiers de Liverpool y son italianos los que han renovado el puerto desde el que pequeños comerciantes y prostitutas recorren de nuevo las antiguas rutas que van a Haifa, Alejandría o Estambul.

Odesa es una ciudad sobre la que me gustaría saber más cosas. La autora dice que fue fundada por un mercenario hiberno-español (o hispano-irlandés que tanto monta). No puede ser otro que José de Ribas, pero no le he encontrado la conexión irlandesa y el apellido Boyons no me parece prometedor. Tampoco encontré nada sobre las tropas griegas (en apenas dos líneas dedicadas al episodio sólo se habla de los franceses). Eso sí, por fin me ha quedado claro que el Duque de Richelieu cuya estatua está al final de la mítica escalera era sobrino nieto del famoso cardenal. Me hace falta un buen libro con la historia de Odesa.

La perspectiva rusa de las cosas está basada en la escasa entidad o importancia de la identidad y la lengua ucranianas:

La rusificación no se dio sólo en Ucrania. La sufrieron todas las naciones del imperio tanto bajo el zariano como bajo el comunismo. Sin embargo, la rusificación se dio con mayor determinación y éxito en Ucrania que en ningún otro lugar. En primer lugar Ucrania se unió al imperio más temprano: Las tierras ucranianas al este del Dniéper fueron a Rusia en 1686, Estonia y Letonia fueron conquistada veinte años después, el Cáucaso y Finlandia no lo fueron hasta finales del siglo XIX. Ucrania fue para Rusia lo que Irlanda y Escocia fueron para Inglaterra – no una posesión imperial como Canadá y la India, sino parte del centro irreductible. De ahí que el comentario (probablemente apócrifo) de Lenin de que “perder Ucrania sería perder nuestra cabeza” y el sueño de nacionalistas románticos como Solzhenitsyn de que Rusia, Ucrania y Bielorrusia un día volverán a unirse.

En segundo lugar, los rusos consideraban y aún consideran a los ucranianos como una subespecie de rusos antes que nada. Cualquier diferencia que existiera entre ellos seria la obra artificial de los pérfidos papistas polacos, que en la imaginación rusa actual han sido sustituidos por la intromisión de Occidente en general. En lugar de atacar a los ucranianos y a la identidad ucraniana como algo inferior lo que los rusos hacen es negar su existencia. Los ucranianos son una “nación no histórica”, el idioma ucraniano un dialecto de broma, Ucrania misma una Atlántida -una ensoñación legendaria de ciertos intelectuales ucranianos” en palabras de un parlamentario de Donetsk. La proximidad de las culturas rusa y ucraniana, la sutiliza de las diferencias entre ellas es algo irritante. La razón por la que los lituanos y los kazajo rechazan considerarse rusos es perfectamente obvia pero que los ucranianos quieran hacer lo mismo es simplemente indignante.

El Edicto de Ems:

En 1876 la rusificación alcanzó su culmen mediante el Edicto de Ems. Mientras tomaba las aguas en esa ciudad balnearia alemana Alejandro II firmó un decreto que prohibía la importación y publicación de libros y periódicos en ucraniano así como  todo tipo de conciertos, conferencias y espectáculos en ucraniano, toda la educación en ucraniano incluida la preescolar. Los libros en ucraniano serían eliminados de las bibliotecas escolares y los maestros ucraniófilos transferidos a la Gran Rusia. Durante las epidemias de cólera incluso los avisos sanitarios se pondrían sólo en ruso.

Entre las cosas leopolitanas y en general de la otrora multiétnica Galizia oriental me sorprende esta anécdota que si ya sería rara en los noventa del s XX hoy en día debe de ser imposible:

De todos los gobernantes de Lviv son los austriacos los únicos por los que los ucranianos retienen algún tipo de afecto. Todavía puede encontrar uno ancianos que silban la marcha “Ich hat’ einen Kameraden” (Yo tenía un camarada) y babushkas que cuando se les pregunta la hora responden “¿la vieja o la nueva?” ya que sus relojes están aún puestos a la hora oficial en tiempos del benigno y patilludo emperador Francisco José.

Aquí gracias a un fragmento de la Baedecker me he enterado de que la colina de las ruinas del gran castillo leopolitano por donde subimos años ha (Vysoky Zamod) se llamó en sus tiempos Franz-Josef-Berg. Veamos un chiste austrohúngaro de finales del siglo XIX:

Un policía para a un socialista polaco que va a cruzar la frontera de Galitzia. Cuando le pregunta a qué se refiere cuando habla de “socialismo” el polaco responde “es la lucha de los trabajadores contra el capital” a lo que el policía replica “En ese caso puede usted entrar en Galitzia ya que aquí no tenemos ni de lo uno ni de lo otro”.

Era la región más pobre del imperio austrohúngaro, lo cual supuso muchas cosas:

Para muchos la ruta de escape fue la emigración. En los veinticinco años anteriores a la Primera Guerra Mundial más de dos millones de campesinos tanto ucranianos como polacos abandonaron Galitzia. De ellos unos 400.000, que suponían el 5% de la población de la provincia lo hicieron en 1913. Unos fueron a las nuevas fábricas de la Silesia polaca y otros a Francia o Alemania pero la mayoría embarcó hacia Canadá o los Estados Unidos fundando la diáspora ucraniana en Norteamérica que a día de hoy está conformada por unos dos millones de personas.

Identidad nacional a la carta, que también es una cosa muy española:

Para los habitantes de Ucrania con estudios la identidad nacional era una cuestión de gusto personal. En muchas familias hubo individuos que se convirtieron en prominentes ucranianos mientras que otros seguían considerándose a sí mismos rusos o polacos.

La primera gramática ucraniana apareció en 1818 (su compilador creía que estaba registrando un dialecto en extinción) y el primer diccionario breve en 1823:

El ucraniano está aún en estado de flujo. El vocabulario técnico está subdesarrollado y necesita tomar préstamos a mansalva del alemán y del inglés (de cualquiera menos del ruso). También hay variaciones entre el ucraniano influenciado por el ruso de las provincias centrales y el influenciado por el polaco de Galitzia, que fue anatemizado por los soviéticos como nada ucraniano sino una forma bastarda de polaco. Un amigo ucraniano que creció cerca de Lviv recuerda que en la escuela le decían que “el idioma que hablamos es impropio, muy malo, incorrecto, un tipo de dialecto…. y que en algún lugar existe el ucraniano correcto pero que es diferente, no el que hablamos, claro.”

A continuación dejo apenas tres datos sobre tres momentos históricos pero cuya la magnitud se debe tener en cuenta por los millones de de seres humanos a las que afectaron:

La Gran Guerra:

En el momento en que se declaró la guerra en julio de 1914 los ucranianos se encontraron divididos en dos ejércitos opuestos: tres millones y medio de soldados en el ruso y un cuarto de millón en el ucraniano.

La hambruna de 1932-33

Con más muertos que todos los de la Primera Guerra Mundial en todos los bandos juntos la hambruna de 1932-33 fue y aún es una de las atrocidades de la historia humana de la que menos se ha informado, un hecho que contribuye poderosamente al persistente sentido de victimización ucraniano.

La Segunda Guerra Mundial:

En los meses finales de la guerra miles de prisioneros fueron empujados hacia el oeste en marchas de la muerte similares a las de los campos de concentración. En total, de los 5,2 millones de soldados soviéticos hechos prisioneros por Alemania durante la guerra dos millones están registrados como muertos en campos y otro millón trescientos mil cae en la categoría de “huidas, exterminaciones, no contabilizados, muertes y desapariciones en tránsito. Tomando la cifra más conservadora de dos millones de muertes los campos de prisioneros del Frente Oriental causaron un tercio de las muertes de las que causó el Holocausto.

Tras mucho hablar sobre Chernóbil y el fin del comunismo el libro de 1997 se cierra con una serie de conjeturas sobre el futuro de las cuales la que más me divierte es esta, de un analista de Reagan:

“Hay una historia de Turgenev” dice “un hombre está tumbado al sol en la hierba. Una campesina llega y le trae pan y leche. Piensa para sus adentros – “¿Para qué necesitamos Constantinopla?” Rusia está así ahora con respecto a lugares como Crimea.

Dejo los cuatro capítulos agregados y que cubren (1997-2015) para comentarlos tras una relectura. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde el 97, seguramente en Ucrania más que en ningún país de Europa occidental. Entre las pequeñas pude ver en Leópolis hecha realidad la estatua de von Masoch que se había propuesto y Kirovogrado se llama Kropyvnytskyi. Entre las grandes las hay que van muy despacio, y otras que llaman más la atención como todo aquello de la revolución anaranjada, pero sobre todo la guerra que se inició en 2014 y la pérdida de Crimea. Ahora se ha dejado de poner el foco en aquella parte del mundo pero aún hay mucho por escribir.


Señal en Malmö

30/09/2012

Tengo esta foto desde hace ya seis años. Una señal de tráfico en una zona peatonal, concretamente en medio de un parque en Malmö (Suecia). Siempre me quedé con la curiosidad por saber qué quería decir: un hombre y una mujer disfrazados, como con trajes regionales o de época. ¿Un vestuario? ¿tienda de ropa? ¿salón de baile?

La señal

En aquel tiempo no existía una posibilidad técnica de la que hoy sí disponemos. Revisando la carpeta con las fotografías de aquel viaje se me ha ocurrido arrastrar el archivo al campo de búsqueda de Google Images, que me ha dado la siguiente respuesta. Quizá la más simple, pero también la más decepcionante. Estoy sorprendido de que nunca se me haya ocurrido y creo que es sin duda un fallo de mi humilde cerebro, pero también de diseño.


Verde como las uvas

14/06/2011

El otro día hablando de Praga se me ocurrió poner un par de fotos con esculturas curiosas que identifican edificios: un león y un cordero colorados.

Me pasó por la cabeza la idea de poner una galería de imágenes con las que tomé a estas señales en la capital bohemia, pero una vez que encontré ese trabajo ya hecho y sistematizado, y con muchas más fotografías de las que yo hice, se me quitaron las ganas.

En cambio me parece interesante mostrar motivos coincidentes: unas uvas verdes, que acaso indiquen una frutería, o más probablemente una taberna, bodega o despacho de vinos, vistas en dos lugares.

Malmö (Suecia), 2006
Mala Strana, Praga 2007

Las uvas verdes de Praga (U zeleného hroznu) se encuentran en la calle del castillo (Hradčany, Úvoz 30/158), lucen mejor después de la restauración del edificio.

Las de Malmö están en Lillatorg, una pintoresca plaza cuyo nombre quiere decir “Plaza pequeña”. También existe una plaza mayor, que se llama Stortorget.


Comiendo con Tom en la cantina y con Max Weber en Suecia

27/02/2011

En mi nueva oficina somos poquita gente. Me llevo bien con los de mi equipo, pero he tomado el hábido de ir a comer con Deirdre y con Tom, que son muy majetes. El otro día nos estábamos riendo de la cultura de empresa de los yanquis, toda esa pasión por ser el number one y la parafernalia que la acompaña, por ejemplo en reuniones de empleados.

Tom dijo que no entendía esa manía de machacar a los competidores, que él era un tipo normal, un irlandés, y que pensaba que los competidores serían gente normal, como él, que tienen un empleo y a los que no querían perjudicar. La mesa asintió, debemos de ser todos de la misma escuela de perdedores. Luego apuntó que eso tendría que ver con la religión protestante, que es la que impera en EEUU, a diferencia del catolicismo de gran parte de Europa.

Es una idea que tiene reminiscencias de Weber, pero con la que yo no estaba de acuerdo del todo, apuntando que también alemanes y suecos son protestantes. Lo dije en gran parte era porque tenía en la cabeza una idea de las muchas que tomo de Marginal Revolution. Dice Tyler Cowen que en cada uno de los tres países (EEUU, Alemania y Suecia) priman dos de tres elementos (individuo, familia, Estado) en las relaciones políticas. En los Estados Unidos el eje individuo-familia es el esencial, mientras que en Alemania lo sería el eje Estado-familia y en los países nórdicos el eje Estado-individuo.

Esto tiene implicaciones importantes en la política social sin duda, y también en consideraciones sobre la libertad (positiva o negativa, respecto del Estado o de otros) sobre las que me gustaría reflexionar con más profundidad.


Infarto en Suecia

16/10/2010

 

Entrada de ambulancias

 

Por una casualidad extraña acabo de recordar que hace cuatro años, cuando estuvimos en Malmö, pasamos por delante de un hospital. Creo que era volviendo en autobús al aeropuerto. El caso es que pasamos por delante de lo que parecía la entrada de urgencias y veo un letrero grande en el que pone “INFART”. Me sorprendió que las urgencias estuvieran tan bien organizadas como para que hubiese una entrada separada para los ataques al corazón.

Debería haber sido más rápido y haber caido antes en la cuenta de infart es la prima sueca de la alemana Einfahrt (entrada). Estaba buscando una foto de un cartel similar y me he encontrado con esta en un blog, en el que hacen la coña porque fart es pedo en inglés. Paros cardiacos de unos y flatulencias de otros.


Malmö

10/02/2010

Cuando uno quiere escribir y no sabe de qué, una tentación al alcance de la mente es viajar hacia el pasado. A mí me ayudan mucho las carpetas con cientos de fotos de los últimos años. Hoy reparé en la que contiene las imágenes del viaje a Malmö en verano de 2006. Había subido unas de Lund y en realidad sólo pasamos allí un día. Malmö también merecía una oportunidad.

Turning Torso

Este es el Turning Torso de Calatrava, un edificio que como su nombre indica está inspirado en la imagen de un torso que gira sobre sí mismo. Es el elemento arquitectónico más notable de Malmö. Practicamente no hay ningún sitio desde el que no se vea. Encontraréis fotos más bonitas del torso, con el puerto y los nuevos barrios residenciales ganados a la antigua zona industrial y portuaria, pero me apetecía más mostrar esta imagen menos glamurosa.

Øresundsbron

Este es el puente impresionante que une Suecia con Dinamarca. Una obra arquitectónica de impresión. Contemplándolo no pude evitar pensar en todos loa años durante los cuales la comunicación entre Escania y Copenhague podía ser sólo por medio de barcos. Horas de espera, tormentas, mareos, naufragios…. a veces el ser humano es admirable.

Malmöhus

Malmöhus. El castillo de Malmö (aunque hüs en sueco es casa). Un fuerte clásico, con sus baluartes y su foso. Hoy convertido en un museo en el que pasamos un rato agradable. La historia del castillo es bastante sangrienta, aunque es difícil pensar en eso cuando se pasa una tarde agradable allí. Se encuentra en medio de un parque urbano enorme que hay entre el centro de la ciudad y la zona del puerto.

Lilla Torg

Lilla Torg es la plaza más bonita y típica de Malmö. Hay varios restaurantes y en verano ponen las terrazas. Un lugar muy agradable en el que pasar la tarde.

Belle Epoque

Me gustaron mucho estos anuncios estilo fin de siécle, en la plaza Stortoget, que es la plaza mayor de Malmö, junto a la parte vieja de la ciudad y su zona comercial.

Músicos callejeros

Las estatuas de estos músicos callejeros que forman una banda de metal (y nunca mejor dicho) se encuentran en un lateral de Stortoget. Me parecieron muy simpáticos.

Tengo un puñado más de fotos de esta ciudad tranquila, que sin tener nada especial para el turista me gustó tanto. Dentro de poco subiré algunas más.


Lund

28/01/2010

En verano de 2006 volamos a Malmö, en Suecia, para pasar cuatro días en aquella ciudad tranquila. Cuatro días son quizá demasiados para el turista ávido de descubrir, así que en uno de ellos tomamos el tren y nos acercamos a Lund, ciudad universitaria pequeña y próxima. El día era soleado pero amenazaba tormenta de verano que acabó por consumarse. Nos refugiamos en un café frente a la estación del tren poco antes de regresar a Malmö.

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Edificio principal de la Universidad de Lund

Según leemos en las fuentes de costumbre, la ciudad de Lund tiene 75.000 habitantes. La sensación que da en agosto es de que son bastantes menos. La población debe de estar bastante dispersa, ya que si la ciudad acoge a la cantidad mencionada, el municipio entero llega a los 105.000. Al ser un centro universitario importante desde 1666, gran parte de sus habitantes son estudiantes que permanecen en Lund durante el invierno.

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Tractor y Biblioteca de la Universidad.

La población estudiantil de Lund alcanza los 42.000 estudiantes. No todos viven en la ciudad, que está bien comunicada. Se ve un sitio relajado e idóneo para el estudio. Fue especialmente agradable el paseo por entre los edificios universitarios y el jardín botánico.

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Catedral de Lund y banderas de Suecia, Dinamarca y Escania

Además de los edificios que pertenecen a la Universidad, la catedral es el otro edificio destacado. Parece ser que Lund es una de las ciudades más antiguas de Suecia, junto con Uppsala y que fue fundada alrededor del año 990. Durante la mayor parte de su historia, la ciudad y con ella la región de Escania en la que se encuentra, perteneció a Dinamarca. Esto fue así hasta 1658, año en que por el tratado de Roskilde estas tierras pasan a Suecia. La catedral data de 1103, siendo Lund uno de los centros precursores del cristianismo en tierras nórdicas. En la actualidad pertenece a la Iglesia de Suecia.

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Reloj astronómico de la catedral de Lund

En el interior de la catedral se encuentra un reloj astronómico llamado en latín Horologium mirabile Lundense, (admirable reloj lundense) . Ciertamente el reloj es una maravilla digna de verse. Con anterioridad sólo conocía el reloj astronómico de Praga, que también es espectacular aunque se encuentra a más altura.

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Arquitectura típica

El resto de la tarde lo pasamos paseando entre las deliciosas casas de muñecas que son para mí las viviendas que hay en el norte de Europa. Como yo crecí llamando casa a un apartamento, estas cosas todavía me sorprenden, que la gente viva en casas de verdad. En parte todo esta atracción tiene que ver con el reencuentro con nuestro imaginario cultural, compuesto por cuentos de los hermanos Grimm y paisajes en los que en invierno hay siempre nieve.

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Calle lundense

La cosa más interesante que puede hacer quien vaya a Lund, es visitar el museo Kulturen. Kulturen es un complejo formado por varios edificios en los que se puede apreciar la historia de Suecia de un modo muy interactivo e interesante. Uno entra en la cabaña de una familia pobre, o en la granja de una familia acomodada del siglo XIX. Lee historias sobre la emigración a los Estados Unidos o se pasea entre los megalitos rúnicos que hay en el exterior. Un muy buen modo de pasar una tarde y comprender esta parte del mundo.

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Tejados escandinavos contra la nieve

Hay también en Kulturen elementos de museo tradicional, paneles que explican las diferentes etapas de Escania, sus guerras, mapas, artefactos antiguos.

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Calle dentro de Kulturen

Kulturen es tan grande que uno no tiene la sensación de estar en un lugar cerrado. El orden en que uno visita las exposiciones es libre.

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Inscripción en sueco en una ventana

Esta es una de esas cosas que uno fotografía con intención. Tenía curiosidad por saber qué significaba la inscripción de la ventana. Lo he gugleado sin éxito. En parte porque ni sé dónde empiezan o terminan las palabras y porque hay una letra que no sé si es “d” o “j”. Además puede que sea algo en sueco antiguo que ya no se escribe tal cual. Cualquier pista es agradecida.