España NO es el segundo país más montañoso de Europa

06/04/2019

Yo tuve algún libro de geografía en la EGB en el que se decía que, tras Suiza, España era el segundo país más montañoso de Europa. Creo que mucha gente ha debido de utilizar el mismo libro de texto que yo ya que una búsqueda en Google da varios miles de resultados. Como es lógico la frase viene de antes de los años ochenta. Mirando entre varios libros la publicación más antigua en la que he encontrado la afirmación de marras es una de la Delegación de Prensa del Movimiento (1961). Estaría gracioso que fuera uno de los intentos de la propaganda franquista para poner arriba España. Así, de esta manera tan peculiar.

Creo que hay dos formas de decidir qué países son más montañosos. Una relativamente sencilla es indicar la altitud media del territorio. Es un tanto curiosa ya que un país plano situado a una altitud elevada se consideraría más montañoso que otro con muchas montañas que esté al pie del mar. El mapa del Daily Telegraph que he puesto arriba indica la altitud media por países y creo que son los mismos datos que hay en una página de la Wikipedia. En Europa, en esta lista en la que no aparece Liechtenstein (quizá por diminuto, pero estaría en el podio) tenemos los siguientes países con más altitud media que España (660 m):

1- Andorra (1.996 m)
2- Armenia (1.792 m)
3- Georgia (1.432 m)
4- Suiza (1.350 m)
5- Turquía (1.132 m)
6- Montenegro (1.086 m)
7- Austria (910 m)
8- Albania (708 m)
9- España (660 m)

Y bien, Andorra es otro microestado y en los años ochenta Armenia y Georgia pertenecían a la URSS (incluso hoy hay quien considera que Transcaucasia no es parte de Europa), igualmente Montenegro era parte de Yugoslavia y el caso de Turquía en Europa siempre es problemático, pero parece bastante claro que al menos Austria y Albania son países europeos con mayor elevación que España que deberían haber sido reconocido como tales si la altitud media es el criterio a seguir.

Otra forma de mirar qué país es más montañoso es la rugosidad. Este indicador se aproxima más a lo que intuitivamente entendemos como que un terreno sea montañoso. He encontrado una lista de países y territorios en la que sale que lo más rugoso del mundo es Gibraltar (7,811). A cualquiera que haya visto lo que es el peñón le parecerá lógico. Lo quito de mi lista por no ser un país sino una cosa rara y por la misma razón quito también a las islas Feroe (2,253). En cualquier caso los tres primeros son miniestados y después está Suiza pero si entendemos la montañosidad como rugosidad hay muchos países europeos más montañosos que España:

1 Mónaco 6,612
2 Andorra 5,717
3 Liechtenstein 5,328
4 Suiza 4,761
5 Georgia 3,659
6 Austria 3,513
7 Albania 3,427
8 Grecia 3,103
9 Chipre 2,718
10 Armenia 2,688
11 Macedonia del Norte 2,665
12 Turquía 2,620
13 Eslovenia 2,496
14 Italia 2,458
15 Bosnia Herzegovina 2,311
16 San Marino 1,802
17 España 1,689

Esto empezó por una conversación guasapera sobre la segunda provincia más montañosa de España, que no era Málaga sino Guipúzcoa. Guipúzcoa es la segunda con mayor rugosidad pero una de las de menos altitud, lo cual ilustra la elección que debemos hacer para decidir a qué llamamos “más montañoso”.

Hay datos de altitud y rugosidad de las provincias españolas en este informe de Francisco J. Goerlich e _Isidro Cantarino para la Fundación BBVA (2010). También me pareció interesante el paper Ruggedness: The Blessing of Bad Geography in Africa de Nathan Nunn y Diego Puga, de donde saqué la tabla de datos por países y donde se explica qué es la rugosidad.

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Migraciones

08/11/2015

 

sfds

Franco y los francos

Hace unas semanas, seguramente meses, me encontré en el Youtube con una película española de la pasada década, de la que había oído hablar pero que no tuve ocasión de ver en su momento (2006). Un Franco, 14 Pesetas, de Carlos Iglesias al que sí había conocido en su etapa más boba de la caja tonta y le había visto Ispansi (2010). Ahora, mirando la tipografía de los carteles, me acabo de dar cuenta de que hay un juego de letras entre el Franco de España con mayúscula y el franco suizo en minúsculas.

La película muestra la experiencia de los españoles que emigraron a Suiza (o a Francia, Alemania…) durante los años sesenta y setenta. Uno puede apenas percibir lo cutre y falta de expectativas que era la España de la época (y eso que había mejorado bastante comparado con lo que hubo en las dos décadas anteriores, las de la posguerra dura – en 1956 el PIB alcanzó el nivel de 1935). Dos hermanos de mi madre estuvieron cerca de Zürich ya a principios de los setenta (o sea, diez años después de lo que la película cuenta) y este mismo año me he enterado de que ella misma estuvo pensando en ir, y de haberlo hecho seguramente nos habríamos perdido este autor y esta entrada.

Todo esto me ha parecido un buen pretexto para comparar la emigración española al resto de Europa de aquellos tiempos (décadas de 1960 y 1970) con la posterior (que es la mía) y la actual (post-2008, por así decirlo). Puede decirse que son muy diferentes, pero a la vez mantienen puntos comunes. En el plano anecdótico, a mí me hace bastante gracia una escena de la película en la que tras varios días en la pensión sin probar los cruasanes del desayuno los dos gañanes se enteran de que van incluidos en el precio, y más que nada me recuerda a mi primer vuelo en avión cuando las azafatas de Air France venían con las bandejas del desayuno y yo no sabía si a mí me iban a dar una, ni quería pagarla. Gañán que es uno,y problema que los gañanes de hoy ya no tienen por mor de la proletarización del transporte aéreo.

El filme me ha hecho pensar en datos sueltos de la historia social de hace cincuenta años (¿hacia qué año se impuso el uso del papel higiénico en Madrid?). Luego hay otros elementos que, aunque tengan cierta relación, ya ni se conectan con el nivel de renta… como la españolísima costumbre de llevar bocadillos y embutidos hasta al fin del mundo.

Hace ya unos sños (2001), en Edimburgo, tomando una pinta con un amigo que había venido de visita y me comentaba cómo habían mejorado las cosas, ya que en aquel momento los españoles en el extranjero hacíamos trabajos cualificados (el mío de por entonces era teleoperador) mientras que anteriores generaciones eran en la Europa civilizada el equivalente a los moros en España. Lo del estatus social por un lado, sí; pero mientras que mis tíos después de tres años en Suiza volvieron a España y se compraron un piso con sus ahorros, a mí los ahorros de los tres primeros años me habrían dado apenas para unos meses de alquiler.

Ya no creo que quede ningún sitio donde se pueda ganar diez veces más que en España, no sé si acaso Noruega o alguna dictadura del Golfo. Eso sí, hoy es el día en que mis tíos no hablan palabra de alemán, ni creo que se defendieran demasiado bien siquiera cuando estaban allá, mientras que yo tras tres años de emigrante creo que ya había aprendido a hablar inglés bastante decentemente y, me parece a mí, que para toda la vida. Como el concepto de necesidad me resulta impreciso, yo resumiría las cosas diciendo que, comparando con etapas anteriores, hoy por hoy los españoles emigran más por el estatus y menos por el dinero.

Total, que puede que sea por lo que me toca, pero tengo la impresión de que a esta película no se le ha dado el reconocimiento y la importancia que merece. Hubo también una segunda parte y la he visto, pero ésta en cambio me parece que no vale nada.


Por la selva negra

02/06/2015
Póster

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Acabamos de llegar a casa tras unos pocos días por la Selva Negra, la del sur de Alemania. Los más viejos del lugar se tienen que acordar de la serie aquella de la clínica. Se llama selva negra porque de puro frondosa la luz no alcanza el suelo, pero me temo que también porque como Gladstone intuyó sin ver en la Iliada, en el pasado matizaban menos los colores.

Ha sido un viaje que me ha permitido entrar por vez primera en territorio de la Confederación Helvética (uno menos para mi lista) y ver tres ciudades de tres países que tienen interesantes puntos en común desde el río Rin hasta el color de la piedra de sus catedrales: Basilea, Friburgo de Brisgovia y Estrasburgo. Zona de colisión desde tiempo inmemorial entre las culturas latina y germánica, la que otrora fuera frontera disputadas a muerte es hoy una de las más seguras y permeables.

Problemas fronterizos los de en mis tiempos de información y reservas aéreas, en los que el aeropuerto internacional (en el cual el adjetivo tiene más sentido que en el casi todos los demás) se llamaba tan sólo Basle-Mulhouse. Ahora es de Basilea, Mulhouse y también de Friburgo. Recuerdo que me solían hacer preguntas complicadas sobre los visados para la UE y si se podía entrar o salir del aeropuerto por el lado suizo. Ahora que ya lo he visto en persona no me he aclarado nada: el único agente de fronteras al que enseñamos los pasaportes llevaba uniforme suizo, aunque entramos y salimos por el lado francés del aeropuerto (que está todo en territorio galo pero que tiene una salida hacia Suiza)

Además de las tres grandes poblaciones antes mencionadas pasamos algo de tiempo en Ofemburgo y en Kehl por aquello de las conexiones familiares, que en el caso de la segunda ciudad lo son por triplicado. Y lo más turísticamente interesante: un par de días en el Titisee, que es un lago en las alturas de la Selva Negra, y donde pudimos degustar la tarta topónima por aquello de la metaexperiencia. Allí he descubierto la queja local sobre el origen de los relojes de cuco, injustamente atribuido a Suiza. También oí alguna cosa sobre las diferencias entre Baden y Wútemberg y ahora que hemos llegado a casa me he puesto a investigar cuáles son las conexiones entre los suebos y los suavos.

En el Titisee, como en todos los laguitos, caminar su perímetro y recorrerlo en barco son dos de las principales actividades que pueden llevarse a cabo. El día que bajamos de sus alturas glaciares pasamos por la base de la montaña más alta de la región, el Feldberg adonde subimos en teleférico. Las vistas son espectaculares y deben de serlo más aún en un día totalmente claro.

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