Armas, gérmenes y acero

07/08/2016
Libro

Libro

Como me gustó “El mundo hasta ayer” he continuado con un libro anterior del mismo autor, Jared Diamond: “Armas, gérmenes y acero” se llamó el volumen publicado en 1996 con el que ganó el Pulitzer.

Es Historia de trazo grueso, antropología histórica también podría llamarse. Trata la interesante cuestión de cómo y por qué unas sociedades humanas (Eurasia) han prevalecido sobre las demás. Toca también aspectos laterales auxiliares, como el de la innovación y el desarrollo tecnológico.

Hay mucho sobre el tránsito entre los grupos de cazadores-recolectores y la sociedad agrícola. Nunca había pensado demasiado sobre esta revolución neolitica, cómo se produjo en la práctica y que consecuencias tuvo.

Mi impresión anterior a la lectura de este libro habría sido que la casualidad tuvo mucho que ver en el descubrimiento de la agricultura y que hay muchas cosas que pueden plantarse. Ahora me he enterado de qué pocas especies vegetales son “domesticables” y sí que me parece que la llegada de la agricultura era hasta cierto punto inevitable. Del mismo modo creo que el hombre antiguo tenía mucho más conocimiento de su entorno natural y las especies que lo poblaban que el que yo había supuesto a lo largo de mi vida, precisamente por ignorancia urbanita.

Otra cosa sobre la que nunca había pensado es la ventaja que tienen los agricultores que migrar en una misma latitud ya que pueden llevar consigo los cultivos sin necesidad de recurrir a otros nuevos, o cómo el almacenamiento del conocimiento en una sociedad alfabetizada ofrece ventajas incluso a quienes no saben leer. Es fácil pensar en el desarrollo tecnológico y las enfermedades

La domesticación de animales, la escasez de especies domesticables, los estragos que las enfermedades asociadas a los bichos produjeron en ciertas poblaciones, pero que permitieron sobrevivir solamente a la población inmune lo cual facilito la destrucción de otras con las que después entraron en contacto es otro de los procesos interesantes. Esta triste realidad hace parecer al indigenismo politico una idea intelectualmente aún más triste.

He aprendido mucho sobre la llegada de los bantúes a África del Sur y como separaron las zonas en las que se hablan lenguas con chasquidos, que la lengua indonesia de la que me habló Toki hace años y que se emparenta con el malgache es el ma’anyan, la curiosidad de que los pigmeos no tengan lenguas propias (se supone que las perdieron) y que en China la unificación se habría producido mucho antes que en ningún otro lugar, si es que hubo otras islas lingüísticas en territorio chino.

Curiosamente, la teoría que defiende Diamond para explicar por qué fue Europa y no China quien dominó el mundo es que la geografía china favorece la concentración del poder mientras que la europea favorece un ecosistema competitivo de estados, que a la postre fue lo que favoreció la expansión de los europeos por el mundo. Es obviamente una respuesta simple y discutible pero tiene su lógica.

Este libro emparenta con anteriores lecturas de su humilde servidor.. Por ejemplo, la parte relativa a Nueva Guinea con el tratado de Fukuyama sobre el origen del orden político antes del estado. Más interesante es que se encuentra en el extremo opuesto a la línea de pensamiento de Robinson y Acemoglu con respecto al desarrollo político de los países. Cuando leí ese libro me quedé con la idea de que estaban muy equivocados cuando consideraban al desarrollo institucional el único factor que explicaba los éxitos y fracasos de un país. La geografía cuenta. Podría decirse que en este libro de Jared Diamond, la geografía lo es todo llegando casi al punto del determinismo ambiental.

Quizá el justo medio es que la geografía es importante, pero que lo fue más aún en el pasado y que en la actualidad las sociedades humanas tienen más posibilidades de desarrollarse gracias al capital humano, a pesar de que algunas partan en unas condiciones de mucha desventaja.

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Rinoceronte o abada

29/04/2016
Tres tristes rinos

Tres tristes rinos camuflados en el terreno monocromático

El viernes pasado volvimos al zoo de Dublín y esta vez resultó un día más soleado que el del pasado año. Algunos animales los hemos podido ver con más detalle y después he estado averiguando la historia del peculiar león asiático de Gujarat. La zona de los flamencos y las focas ha sido renovada y vale la pena ver a estos leones marinos, aunque sus instalaciones no tengan comparación con las del zoo de Hanóver. Esta vez no se podían ver los orangutanes ni el leopardo de las nieves por reformas en sus relativos hábitats. Casi mejor, ya que el orangután me dio bastante pena la otra vez, comiendo desperdicios de las cajas de cartón en una habitación ridícula pintada de verde. Espero que le puedan hacer una pseudoselva decente. El hipopótamo se dejó ver fuera del agua.

Uno de los animales que más me gusta ver es el rinoceronte, que comparte espacio en la sabana gigantesca con cebras, jirafas y avestruces. Animal bastante poco dinámico, estuvimos contemplando a tres a ratos echando la siesta y a ratos en pie aunque sin desplazarse. Apenas cuando uno le rozó a otro la barriga con el cuerno hubo un conato de enfrentamiento con resoplidos brutales que hacían levantarse el polvo. Impresionantes bichos de una especie más víctima que otras de la estupidez humana. Podría decirse que el llamado rinoceronte blanco es más bien gris y en la página del zoo de Dublín sugieren que esto es debido a una confusión con la palabra que los afrikaners utilizan para decir ancho (white y wide son blanco y ancho en inglés) y que en realidad sería rinoceronte de boca ancha. No estoy seguro de que así sea. Aunque blanco noparece puede que sí que lo sea por oposición al rinoceronte negro, al igual que ocurre con las piezas de color más claro en el juego del ajedrez a las que se llama blancas independientemente de su tono.

Luego, unos días después, entre todo el lío de las conmemoraciones cervantinas y gracias a un mapa de época me he enterado de que en Madrid hay una “calle de la abada” y que abada no es otra cosa que un nombre arcáico para el rino, de origen malayo por vía del portugués (no hay muchas palabras malayas en español).

La wikipedia en inglés tiene una entrada para el primer rinoceronte que vieron los europeos -espectáculo sucedido en la corte de Felipe II- y acepta, creo que erróneamente, que Abada era el nombre del animal. También hubo autores que entendieron que abada o habada era nombre que debía aplicarse tan sólo a la hembra de rinoceronte. Me imagino que en Madrid será cosa conocida por la calle que le pusieron al animal, pero para mí esta palabra es todo un hallazgo.


Bandera de Suráfrica

12/07/2014
Bocetos para la creación de la bandera de Suráfrica

Bocetos para la creación de la bandera de Suráfrica

No sé ni dónde pero por algún lado tengo es una bandera de Suráfrica. Sin conocer bien la historia de la enseña postapartheid me parecía bastante obvio que era una fusión de los colores de la antigua bandera surafricana y los del Congreso Nacional Africano. Hace unas semanas me encontré con un artículo y un vídeo en la BBC. Entrevistan  al diseñador y hablan de cómo fue el apresurado proceso de diseño. Me parecieron bonitos los bocetos.

 


Distancias

25/12/2012

“The Bowl”

Pasar en Dublín el 25 y el 26 de diciembre no es la experiencia más divertida del mundo. Me disculpo ante los lectores habituales por el exceso de entradas, pero en esos días decembriles la capital de Irlanda se convierte en una ciudad postapocalíptica. Las calles están desiertas y todos los negocios cerradas y estoy solo en casa, no tengo televisión y ya me he puesto al día de todo lo que tenía pendiente. A veces me alejo de la pantalla. He ido a buscar unos documentos que tenía que escanear y en la misma caja había un cuaderno que traje en 1999 y que he ido utilizando para distintas cosas.

Y el cuaderno tiene recorrido. Lo llevé conmigo a Suráfrica, aunque no es donde está el grueso de las notas de aquel viaje, porque recuerdo que las tomaba en otro cuaderno más pequeño. Sin embargo, hay una anotación del día que subí al monte Mesa (del latín Mons Mensa, que es lo mismo que el inglés Table Mountain), experiencia que ya contamos en parte en su día.

Resulta que arriba había un mapa que consistía en un relieve metálico de la península del Cabo en el que se indicaban las distancias a diversas ciudades y como por aquel entonces, en 2001, uno no preveía que Internet iba a ser lo que es hoy, anote la distancia a varias en las que había estado en los mesees anteriores, otras a las que pensaba ir y otras que estaban muy lejos.

Table Mountain, Ciudad del Cabo 30-05-2001

Tengo frente a mí un mapa en releive de la península del Cabo. Alrededor y con los puntos cardinales da las distancias a ciudades relevantes. Anoto algunas por curiosidad y por haberlas pisado en los últimos meses.

Dublín 9.994 km.
Pekín  12.949 km.
Nueva York 12.562 km.
Madrid 8.574 km.
Nankín 12.877 km.
Buenos Aires 6.867 km.
Río de Janeiro 6.056 km.
Hong Kong 11.873 km.
Honolulu 18.549 km.
Polo Sur 6.245 km.
Sydney 11.003 km.

Por cierto, recuerdo que hacía viento y yo estaba allí con mi cuaderno y mi boli. Algunos números no me quedaron demasiado legibles y acabo de comprobar lo de Honolulu, que era el lugar más lejano de Ciudad del Cabo. La línea recta es espectacular, al menos para mi cerebro acostumbrado a las dos dimensiones.

Ciudad del Cabo - Honolulu, 18.549 km.

Ciudad del Cabo – Honolulu, 18.549 km.

y por último vuelvo a dejarles con las bonitas postales que compré en aquel viaje y que son mucho mejores que las fotos  que conservo del  mismo.


Otra postal de Ciudad del Cabo

15/12/2011

Hout Bay (Suráfrica)

La segunda de las postales que he recibido hoy sin fechar. Aquí no he podido descifrar el matasellos. Pero no es otra por eso, es otra porque hace unos días colgué unas postales que yo mismo traje de Ciudad del Cabo allá por mayo de 2001. Técnicamente la postal no es de Ciudad del Cabo, ya que desde esta perspectiva de Hout Bay la ciudad no puede verse: queda tras la altiplanicie de Table Mountain. Si pudieramos continuar la imagen hacia la derecha, llegaríamos a la península del Cabo de Buena Esperanza.

Hola!

Otra vez me ha tocado volver a SA por curro. Joburg no me gusta nada pero pude pasar un fin de semana en CT.

¡Y me quité la espina clavada que tenía con Table Mountain!

Además subí y bajé a pie. Disfruté más que con el cable car.

Este lugar me fascina.

Un abrazo.

Para los que no sepan, SA es Suráfrica (aunque allí usan el ZA de Zuid Afrika), Joburg es Jo’burg, Johannesburg, Johannesburgo y CT es Capetown, que se llama Kaapstad en afrikaans y en español Ciudad del Cabo.

El caso es que antes de que llegara la postal habíamos tenido un intercambio electrónico con testigos  que reproduzco para aquellos que tengan interés en subir al Monte Mesa o Table Mountain.

J: Lo único positivo que he sacado del viaje es el fin de semana en Ciudad del Cabo. Además, conseguí quitarme la espina clavada que tenia hace tiempo. Como dice el refranero popular, ¡a la tercera va la vencida! Conseguí subir a Table Mountain. Y encima lo hice como más me gusta, a pie. Pensaba que mi estado de forma físico era bastante bajo (maldito trabajo sedentario), pero me sorprendí a mi mismo. Supongo que el que tuvo, retuvo… 🙂 La idea era subir a pie y bajar con el teleférico, pero hacia mucho viento y no funcionaba, con lo que me toco bajar a pie también. Eso si, estuve casi una semana con agujetas en las piernas. ¡Sarna con gusto no pica!

a: Yo quise subir desde que llegué a Ciudad del Cabo y no lo hice hasta el quinto o sexto día porque siempre había una nube en todo el medio incluso si hacia bueno en todas las demás direcciones. El día que salió de sol radiante, allí que me planté y aunque quería subir a pata no me arriesgué (el tiempo cambia muy deprisa por las corrientes de agua) y me metí en el teleférico para mis vistas y mis afotos. Luego recorrí toda la meseta y me perdí al volver (me saltó una especie de ciervo cuando andaba en la maleza). Hubo un momento de susto que creía que no llegaba al último teleférico.

J:Yo he necesitado ir 3 fines de semana para poder subir por la misma razón. Bueno, en realidad el primer día del segundo fin de semana había tal cola (más de una hora según las señales) que desistí y fui a Cape Point. Y al día siguiente la nube de marras… 🙂

El fin de semana que fui hacía mucho viento, pero se podía subir bien. El camino que sube es por una garganta que queda a la izq del teleférico (mirando la montaña desde el mar), y no se ve mientras se asciende. Al llegar arriba el viento había aminorado. Llegué hasta el extremo opuesto al teleférico disfrutando del paisaje, la tranquilidad y la soledad (subiendo parecía una romería, pero afortunadamente todos se fueron hacía el bar al llegar arriba…).

De vuelta hacia la zona del bar vi que unas nubes amenazantes se acercaban, al mismo tiempo que el viento volvía a hacerse notar. Apreté el paso, llegué al teleférico, tomé las típicas fotos de CT desde allí arriba y de repente me vi envuelto por la niebla. En cuestión de pocos minutos el viento había traído la nube a su lugar por excelencia, soplando fuerte. Era como las tormentas de arena del desierto en las pelis, solo que en vez de arena dorada era niebla grisácea. Se distinguía perfectamente el límite de la nube, como si fuera una cortina que avanza y gana terreno. La temperatura bajó hasta los 10º, y valiente (mejor dicho tonto) de mí no tenía nada de abrigo. Supongo que es parte de estar “desentrenado” en la montaña, y me deje llevar por el sol radiante y cielo despejado. Pensé que pillaría un buen resfriado, ¡pero afortunadamente no fue el caso! Si lo hubiera pillado me lo merecía por “novato” 🙂

Lo más impresionante fue ver como la lengua de niebla bajaba desde la arista de la montaña hacía la ciudad, empujada por el viento, aunque nunca llegó abajo del todo. Parecía que eran olas del mar, llegaba una racha de niebla desde el interior de la mesa y avanzaba hacia el extremo y luego hacia abajo, hacia la ciudad. De repente desaparecía, para a los pocos minutos empezar otra vez el mismo ritual. ¡Fue todo un espectáculo que no me esperaba!

Como el teleférico estaba cerrado no me quedó más remedio que bajar a pie, con la niebla y el viento soplando fuerte de espalda. El camino es bastante empinado, y tuve que bajar con calma para no despeñarme hacia abajo… A media bajada el sol hizo acto de presencia de nuevo, y ya no me dejó durante todo el fin de semana. Lo mismo que con la nube “clavada” en la montaña… 🙂 Luego me fui a Signal Hill.

Y luego nos mandó unas fotos a todos que estaban muy bien. Por cierto, que esta temática surafricana ha vuelto debido a varias casualidades. Una es que Españoles en el mundo, el programa de RTVE colgó en su página el programa dedicado a Ucrania, donde habíamos estado el año anterior con una de las protagonistas de la capital. Que esperando a que lo subieran, que vi el anterior dedicado a Ciudad del Cabo, que mi gran amigo y compañero en aquel piso que presidía una bandera surafricana estaba por allí. Y luego hablando una cosa llevó a la otra.

Y cierro con el sello, es un sello en tres dimensiones y que aún no he disfrutado en toda su intensidad ya que hacen falta unas gafas 3D de esas que son rojas y azules. Representa el fósil de un afrovenátor, un depredador del cretácico africano cuyos restos se encontraron en Níger y están hoy día en Chicago.

Sello surafricano de 2009: un afrovenátor.


Postales de Ciudad del Cabo

07/12/2011

Fusión

La semana pude ver el programa de Televisión Española, Españoles en el mundo, dedicado a Ciudad del Cabo, la vibrante ciudad surafricana.

Me recordó mi paso por allí hace ya más de diez años porque prácticamente recorrieron todos los lugares que pude ver en aquella semana de mayo.

Me ha dado mucha envidia la gente que vive allí y me han dado ganas de volver alguna vez, con más tiempo. Todos esos planes que uno nunca sabe si tendrá ocasión de llevar a cabo, pero que le rondan la cabeza. Al menos, estuve una vez.

Luego por casualidad me he encontrado con una serie de postales que me traje a Europa desde allá. En este momento no sé dónde estarán las propias cartulinas, con lo que me he encontrado es con un cedé en el que había una carpeta de cosas que estuve escaneando allá por 2004. Excepto la estatua africana a la que le salen cabezas de Bart Simpson, que es una foto mía, todo lo demás son postales que compré.

La foto de la mujer del puesto de fruta es la que siempre he querido hacer en algún lugar del mundo.

The bowl. El cuenco, como le llaman a la ciudad por su forma recogida entre el monte Mesa, la colina de la Señal y la Cabeza del León. Al fondo de la imagen se ve la península en cuya punta se encuentra el cabo de Buena Esperanza. A unos cuarenta kilómetros.

Table Mountain

Aquí tenemos una vista de la ciudad desde Robben Island, la isla de las focas, en la que está el presidio en el que estuvieron Mandela y otros. Fui en barco y conocí a una sueca y a unos tipos de San Francisco. Gente simpática.

Table Mountain de noche

Y aproximadamente lo mismo en una noche tormentosa. Una de esas fotografías de larga exposición.

Nelson Mandela

El colorido africano en los murales y en las postales. De entre los colores me gustaron los de las casas del llamado barrio musulmán, con una casita de cada color.

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El barco deja a los turistas en el muelle. Luego te dan un paseo en autobús alrededor de la isla, deteniéndose en las canteras de arenisca donde ponían a trabajar a los reclusos y los restos de un naufragio. Después se ven las instalaciones por dentro y un antiguo presidiario cuenta la historia de las terribles condiciones de vida en el lugar. Un tapete y una manta para dormir, un cubo para hacer sus necesidades. Un horror. Por último, una procesión para que todo el mundo se saque una foto frente a la celda de Mandela. Luego lo mejor es no volver en el primer barco que sale tras completar el recorrido, sino quedarse por la isla explorando uno a su bola.

El día que mejor lo pasé en Suráfrica fue aquel en que fuimos de excursión al cabo. La tomé desde el albergue y no conocía a nadie, pero salió un grupo muy majete con unos indios de Londres, unas chicas de Mánchester y una pareja de Singapur. Tomamos un barco para ir a ver unas focas, luego hicimos un picnic cerca del monumento que recuerda a los primeros portugueses que doblaron el cabo de las Tormentas, vimos gacelas y babuinos y por último llegamos a la punta del cabo. Tras un rato en el faro volvimos haciendo senderismo y después quince kilómetros de bicicleta antes de volver a la ciudad. Un día muy completo al aire libre, con buen tiempo y en buena compañía.

Esta última postal me llama la atención sobre un dato interesante. Antes de subir al faro, que es lo más al sur que llegué a estar (por abajo se puede llegar más al sur) me hice una foto en un letrero que tiene las coordenadas geográficas de Cape Point (34º 21′ 24” S 18º 29′ 51” E). Luego caminando hacia lo que se ve en la izquierda de la postal llegamos hasta otro letrero en el que se indicaban las coordenadas del cabo de Buena Esperanza (34º 21′ 25” S 18º 28′ 26” E ). Si uno es el cabo Punta o la punta del Cabo y el otro el cabo en sí, yo siempre lo he considerado todo como una unidad.

El caso es que en el segundo letrero dice “the most South-Western point of the African continent” o sea, el punto más suroccidental del continente africano. Es sabido que el cabo de Buena Esperanza no es el punto más meridional de África, sino que este se encuentra en el cabo de las Agujas, pero siempre me dio que pensar eso de “más suroccidental” porque creo que no tiene demasiado sentido.

Se me ocurre que para visualizarlo habría que trazar una línea en sentido noroccidental y con un ángulo de 45º hacia el ecuador. Hipotéticamente podría darse el caso de que el punto más suroccidental se encontrase al norte del ecuador, como de hecho el cabo de Buena Esperanza se encuentra al este del meridiano de Greenwich y se supone que es el que está más al suroeste.


Mandela y el Dalai Lama

05/10/2011

Mandela y el Dalai Lama en 1996 (AP Photo/Sasa Kralj)

La única noticia que me puso a pensar ayer fue la de que el Dalai Lama renunciaba a ir a Suráfrica para celebrar el 80 aniversario de Desmond Tutú, debido a que el gobierno surafricano no le había concedido un visado. Desmond Tutú por su parte, declaraba que “el gobierno actual es peor que el del apartheid“, porque en los tiempos del racismo institucional un podía esperarse algo así. Entre bambalinas todo el mundo cree que lo que se cuece son las presiones de la República Popular de China.

Si se puede identificar el actual sistema político surafricano con alguien, es sin duda con Nelson Mandela. Aunque el venerable anciano ya no participa de los asuntos políticos, él es sin duda quien mejor encarna el tránsito entre la etapa del gobierno de los blancos, en la que pasó 27 años en prisión y la primera Suráfrica democrática, de la que fue presidente. Curiosamente, la historia será benigna con él y le recordará por su sacrificio en la cárcel y no por sus errores de gobierno, como por ejemplo una política sanitaria nefasta que permitió que su país se convirtiera en la primera potencia mundial del sida. En gran medida es arbitrario e injusto que se le juzgue por los veintesiete años en los que fue un hombre y no por los cinco en los que fue presidente. El valor del mito frente a la realidad.

También el Dalai Lama tiene para su imagen la fortuna de ser marioneta de la lucha entre China y Occidente por la hegemonía mundial. A nadie se le ocurre recordar que el Tíbet fue hasta los años cincuenta del siglo XX una teocracia feudal, regida por monjes que influían más sobre la vida de los infelices campesinos en mayor medida de lo que, por ejemplo hoy, lo hacen los clérigos iraníes sobre su plebe. El Dalai Lama estaba destinado a continuar esta dictadura absurda de la espiritualidad, el atraso económico y las condiciones de vida miserable. Los chinos no son capaces de entender que algunos tibetanos no les agradezcan la liberación, del mismo modo que en Occidente no se entiende que una mujer libre decida llevar el velo islámico. El budismo es una religión tan falsa como cualquier otra y con el mismo potencial destructivo. No entiendo por qué no aparece más en los medios occidentales lo que ocurre en Sri Lanka.

Luces y sombras del Dalai Lama y de Mandela, dos iconos del buenismo que campa por el mundo posmoderno.