Ali y Nino

03/07/2017

Ali und Nino (1937)

Hace ya más de seis años que leí una interesante entrada sobre el misterio de Essad Bey. Por mera coincidencia eso fue unos pocos meses antes de llegar al Transcáucaso, destino que nunca me había planteado. De las lecturas previas y posteriores al paso por Georgia, Armenia e incluso podía decirse que Azerbaiyán me quedó la voluntad de leer el “Ali y Nino” y con gran fortuna esta semana ha caído una traducción española en mi manos. Al parecer existen otras tres anteriores en castellano pero ésta es la más reciente (2012). De entre las varias versiones  cinematográficas debe de haber alguna más reciente aún.

La historia de amor entre una princesa georgiana y un noble azerí sirve muy bien para hacer comparaciones y alegorías  de la tensión compleja entre Oriente y Occidente o entre el cristianismo y el islam. Hay muchas frases muy interesantes a este respecto, pero la que me resulta más destacable es el alegado del padre de Ali Kan en el capítulo 22, no por nada específico de lo del choque de civilizaciones sino por cómo se puede observar el mismo fenómeno en muchos contextos políticos diferentes. El conflicto identitario empieza como conflicto interior :

«Eres un hombre valiente, Alí Kan. Pero ¿qué es el valor? Los europeos también son valerosos. Tú, y todos los que lucharon contigo, ninguno de vosotros sois ya asiáticos. Yo no odio a Europa. A mí Europa me resulta indiferente. Tú sí la odias, porque tú llevas dentro de ti un trozo de Europa. Fuiste a un colegio ruso, estudiaste latín, tu mujer es europea. ¿Acaso sigues siendo asiático? Si hubieras vencido tú, tú mismo hubieras introducido a Europa en Bakú sin darte cuenta. Da lo mismo que sean los rusos o nosotros quienes construyan las carreteras y abran las fábricas. No podía ser ya de otra manera. Cuando un hombre asesina a tantos enemigos con tal sed de sangre, ya hace tiempo que no es un buen asiático.»

La reacción identitaria la protagoniza siempre un mestizo que ya ha perdido la supuesta pureza ideal y pretende recobrar aquel pasado glorioso, que suele ser una ensoñación sin demasiado contacto con la realidad.

Luego lo de Occidente y el Islam. A mí me gustan estas metáforas novelescas porque le dan a uno la sensación (falsa) de que se puede comprender con un destello la complejidad de procesos históricos de gran calado. Por suerte y por desgracia esto no es así y en planteamientos como ¿cuáles son las diferencias entre Oriente y Occidente? no sólo las respuestas son bastante malas sino que lo más probable es que la pregunta y las categorías que pretende comparar también lo sean. Al menos invita a reflexionar, que no es poco.

En todo caso, es un bonito paseó por el corredor que va de Tiflis a Bakú, con excursiones al Alto Karabaj y hasta Teherán. Recomendable para quienes estén interesados en la historia del Imperio Ruso en Asia y en aquella visión romántica del Cáucaso como Far West que desde el principio dejó su impronta en la tradición literaria rusa.


Yermákov y yo

26/08/2012

Hace un año que volvimos de nuestro viaje por Georgia y Armenia. Siempre se pueden decir frases altisonantes como que en realidad nuestro corazón sigue allí, que son una forma de mentir como otra cualquiera. Lo que sí que es verdad que después de pasar por un sitio suele quedar el interés por el lugar.

Estaba mirando fotografías de Yermakov (1846-1916), el gran fotógrafo del Cáucaso, de quien ya publicamos una imagen de la antigua capital georgiana: Misjeta. Me he encontrado con una de un lugar que me ha resultado conocido.

Yermákov

Me ha parecido que tenía que ser la subida a la fortaleza de Narikala por la cuesta que va de Abanobatuni hacia la mezquita y el jardín botánico. Me lancé a conquistar el castillo el día de las lluvias torrenciales dejando al resto de mi expedición en compañía de unas cervezas. Me he puesto a repasar mis fotografías para ver si tenía alguna del lugar. Precisamente allí me crucé con un  atleta que venía zumbando cuesta abajo, no sé si por puro deporte o para escapar de la lluvia.

Botanikuri (2011)

  • Fotografías de Tiflis de Dimitri Yermákov: (enlace)

 

 


Ajedrez en Tiflis

03/10/2011

Ajedrez

El día en que me quedé solo en Tiflis volví al tablero gigante del parque Rike. Era más temprano que la vez anterior y no había casi público. Uno de los tipos que jugaban, también había estado jugando la otra tarde. Era el que consiguió quedarse perdido con blancas en una especie de Säemisch en la que lo tenía todo para ganar. Sólo le faltaba un jugada defensiva, que no hizo, y lanzar los peones de “g” y de “h”. Esta vez acababa de ganar un final de caballos, que yo expliqué cómo se entablaba y me invitó a jugar.

Las siguientes fueron a4 y ...a5

La partida fue bastante mala, pero la voy a poner aquí para regodeo de mis compañeros de club y para que conste que uno de nuestro pueblo jugó en el país de las campeonas. Creo que el nivel de juego de mi rival sería de cerca de 1850 o algo así (ustedes dirán), aunque no creo que los que juegan en ese tablero gigante sean jugadores federados, ya que no me preguntaron por mi Elo ni nada. Jugar en un tablero gigante no es nada agradable y tengo la impresión de que, paradójicamente, se ve menos. Tras acabar, hubo otro que quiso jugar contra mí, pero me escabullí con la excusa de que tenía que llegar pronto a Marjanishvili, ya que no quería cebarme en mi fortuna.

[Site “Tbilisi”]

[Date “2011.08.27”]

[White “alfanje”]

[Black “uno de Tiflis”]

[Result “1-0”]

[ECO “D06”]

[PlyCount “55”]

[EventDate “2011.08.29”]

1. d4 d5 2. c4 g6?! esa mezcla de sensaciones: el alivio porque el rival no puede ser muy bueno y el peso de la obligación moral de ganar 3. cxd5 Dxd5 4. Cc3 Dd8 5. e4 Ag7 6. Ae3 Cf6 7. f3 O-O  8. Ac4 Cbd7 9. Cge2 c6 más o menos, tengo todo lo que se puede querer con blancas en la jugada diez. Tanto en la jugada anterior como ahora puedo jugar e5-e6, que ni consideré,  supongo que porque no parece muy coherente con f3

Tras …9 c6

10. a4 esta jugada responde a uno de los valores de mi estilo: la avaricia; otras posibilidades más decentes son enrocarse o 10.Ab3 e5 11. Qd2 esta será floja, supongo que es mejor enrocarse exd4 12. Cxd4 Ce5 13. Ae2 c5 14. Cdb5 Dxd2+ 15. Rxd2 Rd8+ se ha llegado a la  posición sin damas en la que no estoy demasiado feliz. Creo que dejarse cambiar las damas y perder el enroque es malo, aunque aquí el enroque no valga nada. Es posible que 15… Td8+ a pesar de natural también sea mala. 16. Rc2 b6 17. Thd1 en esta ocasión está muy claro que esta es la torre correcta.

Tras 17.Tha1

17… Ab7? me regala un peón 18. Txd8+ Txd8 19. Cxa7 lo único que no me gusta es el caballo esquinado 19…Cc6? pero tengo suerte y me lo cambia 20. Cxc6 Axc6 21. a5 para abrir el juego a los alfiles 21…Ta8  y si no, tengo un superpeón pasado 22. a6 Ce8 23. Ab5 tras 23… Axb5 24 Cxb5 habrá completa dominación

Tras 23.Ab5

23… Axc3 24. Axc6 Tc8 25. a7 esta no se la esperaba 25…Aa5 26. a8=D Txa8 27.Axa8 Cd6 28. Bxc5 1-0

Posición final

La verdad es que no estoy nada contento con no haber siquiera considerado e5 con la idea de e6 tras 8…Cbd7 y no me gustan nada mi 10.a4 y mi 11.Dd2, después todas mis jugadas son más o menos correctas aunque el rival me regala todo. No he visto la partida de modo intensivo con un ordenador porque no vale mucho la pena, para mí tiene el valor de ser la primera partida en un tablero gigante y la primera partida al otro lado del telón de acero.


Tiflis – Bakú – Londres – Dublín

30/09/2011

28.08.11 La noche anterior, el checo adoptivo de Fortaleza y el checo de verdad me dijeron que probablemente íbamos en el mismo vuelo, porque el suyo era a la misma hora, pero el de ellos iba a Kiev. Acordamos ir juntos al aeropuerto. Yo pensaba tomar un taxi, pero me dijeron que había un tren a las 5.30. Les pregunté si no habría algún problema, al ser el 28 de agosto festivo (Mariamoba, por lo que a mí respecta equivalente a la Asunción, que se celebra el día 15 en los países católicos) y me dijeron que habían consultado los horarios. Yo ni siquiera sabía dónde quedaba la estación del ferrocarril y resulta que estaba casi al lado, a menos de un kilómetro. Nos fuimos a dormir cerca de las doce y nos despertamos a las cuatro y media. Un paseo por calles sórdidas para encontrarnos la estación cerrada. Por fortuna el checo hablaba ruso y los seguratas le dijeron que había que dar un rodeo para entrar directamente al andén y así lo hicimos, pasando por entre improvisados refugios donde dormía algún que otro mendigo.

Vagón de tren georgiano

Los bohemios

Entrar en el tren fue sobre todo un alivio, pero también algo deprimente. Era uno de los vagones más sucios y con olor a tabaco que he visto en mi vida y nosotros eramos los únicos tres pasajeros. Se suponía que el trayecto al aeropuerto duraba unos veinte minutos, pero fue más bien media hora. Entendimos al que vino a cobrarnos los billetes que eran dos laris por cabeza, pero luego dijo que no, que con dos laris ya estaba pagado por los tres. Curiosa cantidad no divisible entre tres, que en todo caso es menos que un euro. La estación de tren del aeropuerto ya tiene mejor aspecto. Me despedí de mis amiguetes antes de la facturación. Estos muchachos me hicieron la velada anterior muy agradable y quizá me salvaron la vida al sugerirme que los acompañara al aeropuerto, habida cuenta de la experiencia con el taxista del día de la llegada.  La facturación fue rápida, sin colas y eficaz y estuve un rato corto esperando para embarcar, en el que pude deleitarme con unos juegos para niños en la sala de espera que había donado la primera dama, la esposa neerlandesa de Saakashvili.

Avión de Armavia, las líneas aéreas armenias

Bandera georgiana en el aeropuerto de Tiflis (TBS)

El avión que nos llevaría a Londres, pasando por Bakú

El vuelo iba bastante vacío, y tuve la suerte de que me colocaran en un asiento de los de salida de emergencia, con más espacio para las piernas. A diferencia de la primera, esta vez sí que pude ver algo en Bakú, aunque sólo fuera la pista del aeropuerto, un alminar, dos camiones y un avión de las líneas aéreas azerbaiyanas.

Aeropuerto Heydar Aliyev de Bakú

Avión azerbayano

Camiones en la pista del aeropuerto de Bakú

Luego, de camino a Londres, tuvimos una buenísima vista del monte Elbrus, el más alto de Europa según lo que se considere que es Europa. En Heathrow tuve la sensación de que ir por los aeropuertos con un portátil como el mío – que no llevaba – era como del paleolítico, al ver a toda la gente con esos ordenadores pequeñitos, y con los finitos y con las tabletas. El ratito esperando a que asignaran la puerta de embarque y ese tubo lejos de todo en donde se embarca para Dublín por donde llevo pasando diez años. Vi los primeros flequillos y pendientes como aros para papagayos y allí se acabaron las vacaciones por el Cáucaso.

Tiflis-Bakú-Londres


Solo en Tiflis (II)

29/09/2011

27.08.2011 Bajando a la plaza de Gorgasali tuve una absurda sensación que ya me había atacado en otros viajes. Quería seguir explorando la gastronomía local… en un momento en el que no tenía nada de hambre. En fin, que dejé el paraíso culinario del turista a un lado y crucé el puente de Meteji hacia la margen izquierda.

La parte vieja de Tiflis y el puente de la Paz

Narikala y la parte vieja desde Meteji

Aunque la tarde anterior habíamos pasado por delante al subir la cuesta camino de la agencia azerbaiyana, no nos habíamos acercado a la estatua ecuestre de Vajtang I ni asomado al Kurá. Cuando subía las escaleras vi que había un grupo de gente aglomerándose en la entrada a la iglesia de Meteji. Parecía que estaban celebrándose unos oficios y que no cabían todos en el interior, así que no entré. Como ocurre en todas las variedades cristianas, a la hora de practicar hay muchas más mujeres que hombres. Todas llevan pañuelo a la cabeza.

Los fieles esperando algo junto a la iglesia de Meteji

Vida cotidiana

De ahí quise acercarme a la catedral, que es bastante moderna. La catedral de la Trinidad, consagrada a esa bonita idea de que Dios es uno y trino, que en georgiano se dice Sameba. Se construyó entre 1995 y 2004 y es la mayor iglesia georgiana ortodoxa que existe. He leído que debido a su tamaño se sale de los cánones de la arquitectura religiosa georgiana tradicional, pero esto me parece evidente y poco criticable. Para llegar allí he pasado por delante de la iglesia armenia de Echmiadzin, donde he visto el último jachkar de este viaje, en el que tantos hemos visto.

El jachkar de delante de la iglesia armenia de Echmiadzin

Precisamente la catedral está construida encima de un cementerio armenio, lo que generó la previsible polémica en su día. Este es el Avlabari de las grandes obras de Saakashvili, que en realidad no es sino un continuador de una tradición nacionalista anterior, en lo que lo que no sea étnicamente georgiano no tiene cabida. En fin, como ahora la catedral se encuentra en medio de una explanada considerable, he podido apreciar una afluencia notable de público. Aunque como siempre advierto no sé mucho de cosas de dioses, entiendo que el sábado debe de ser un día destacado para los ritos de la iglesia ortodoxa georgiana.

Catedral de la Trinidad - Sameba

La catedral estaba a rebosar y me encontré de nuevo con el olor a incienso, los cantos y los diferentes corrillos. Gentes haciendo una yinkana de iconos, tocando y besando todos los que podían y algunas mujeres iban detrás, limpiando lo que manoseaban y besaban los anteriores. El interior no es muy rico en decoración y debe de parecer espacioso cuando está vacío, aunque cuando yo he estado no cupiera apenas un alfiler. Siempre me han gustado mucho los iconos ortodoxos, porque tienen un cierto aire de misterio.

Alrededores de la catedral

De la catedral he bajado por cerca de la residencia presidencial. No me he atrevido a pasar por una calle aledaña, que estaba tomada por policías de aspecto vigilante. Me he incorporado a la ribera del río descendiendo hacia un pequeño parque y atravesando la carretera por un paso subterráneo, continuando después hacia a la margen derecha por un puente que aún no había cruzado, en el que había unas estatuas muy curiosas que parecían prostitutas.

Estatuas de compañía

Estatuas públicas

Tras atravesar el puente vi una placa en ruso, que indicaba algo de Patona. He pensado que se referiría al general Patton, como un puente muy largo que cruzamos en Kiev, pero veo que, aunque los dos puentes están relacionados, me equivocaba de raíz: ambos los construyó el ingeniero soviético Evgeny Oscaróvich Paton. En ese momento me he dado cuenta de que había acabado en la parte baja de Baratashvili. Desde allí me he vuelto al parque Rike donde estuvimos dos días antes. Había menos gente pero más actuaciones musicales que la otra vez. Me he ido para donde el ajedrez gigante, y estaban jugando un final interesante y relativamente bien, aunque tras la partida he indicado el modo de entablar y el ganador me ha invitado a jugar. Mi extranjería ha llamado la atención de un público más númeroso y he ganado con relativa sencillez una partida bastante mala que quizá algún día me atreva a publicar.

La chocita de Mishiko Saakhasvili

El corro de la patata

Después todo el mundo quería jugar contra mí, pero no me he recreado en mi suerte y me he vuelto caminando hacia la plaza de la Libertad, para tomar mi último refresco al Marriott. La camarera me ha preguntado si cerveza, como de costumbre, y yo que no, que los de la cerveza eran mis amiguetes. Me ha preguntado si vendrían y le he mentido, “sí, más tarde”. Desde allí, en metro a Marjanishvili adonde mis piernas han llegado cansadas.

Esa noche en la mansión he conocido a todo el mundo, que es la ventaja que tiene ir solo. Había una alemana muy salada, Jelena de Berlín, que estaba haciendo turismo por allí porque unos días después tenía que asistir a un congreso de derechos humanos. Vino también un gales, el segundo que encontré en Transcaucasia, después de aquel de Yereván que iba para Nagorno-Karabaj. Con ellos dos tuve una charla muy entretenida sobre asuntos políticos de la zona. Luego estuve otro rato departiendo con un traductor brasileño que vive en la República Checa y con su colega, checo de Liberec en los Sudetes, que hablaba un español más que envidiable y con el que estuvimos hablando de la historia de la región, que siempre me ha interesado tanto. También andaba por allí Sebastian, el alemán que no necesitó carta de invitación para entrar en Azerbaiyán.


Solo en Tiflis (I)

28/09/2011

27.08.2011 Viendo lo rápido que se va entre Misjeta y Tiflis, pensé que quizá sí que debería haberme acercado a Gori. Una de las cosas que me desanimó fue que había leído que se tardaba casi dos horas, pero no creo que sea tanto. También que a finales de 2010 hubieran quitado la estatua de Stalin que había en la plaza principal, esa hubiera sido una interesante fotografía. “Será uno de los grandes asesinos de la Historia, pero es de nuestro pueblo”. Algunos decían que podía ser peligroso estar tan cerca de Osetia del Sur, y de hecho Gori fue ocupada por las tropas rusas en 2008, pero no creo que eso entrañe ningún riesgo en absoluto.

Vagón del metro de Tiflis

Mi primera intención era ir caminando desde Didube al centro por la vera del río, pero son más de tres kilómetros, no es un camino especialmente bonito ni creí que tuviera paradas interesantes, así que me decidí por tomar el metro, que es una de mis manias en los viajes. Algún día tengo que hacer una lista de todos los ferrocarriles metropolitanos que he utilizado. Me faltará Yereván. En Tiflis hace falta comprar una tarjeta que cuesta 2 laris, y luego se puede rellenar de crédito. Cada viaje cuesta 50 tetris, es decir medio lari. En esta crónica era imprescindible introducir la palabra tetri en plural.

Saliendo del metro en la estación de Rustaveli

La parada de Didube no es subterránea, parece un andén de tren de cercanías. No he parado en Marjanishvili porque no tenía nada que hacer allí. He seguido hasta la parada de Rustaveli, cerca de la plaza de la Revolución de las Rosas (antes plaza de la República), al comienzo de la avenida que como varias cosas, también se llama Rustaveli. Allí la estación me ha recordado mucho al metro de Kiev. Si los arquitectos soviéticos no utilizaban los mismos planos, se nota que por lo menos eran de la misma escuela. Había una escalera mecánica que parecía infinita.

Rustaveli, metro Rustaveli, plaza de Rustaveli, avenida de Rustaveli

La noria y la antena de la televisión

Eso ha sido volver al primer día. A la esquina del anciano peatón suicida y la venta de recuerdos típicos en las escaleras. Me he metido por detrás de los vendedores para encontrarme con la entrada, cerrada, del funicular. En lugar de bajar directamente toda la avenida Rustaveli hasta la plaza de la Libertad he utilizado el paso subterráneo y me he acercado a la zona fea en la que está el hotel Radisson Iveria y la enorme oficina de correos que están desmantelando, que es la plaza de la Revolución de las Rosas propiamente dicha. Esta parte de la ciudad es absolutamente desagradable y es normal que casi nadie pase por ella. Había unos negro bebiendo cerveza en un banco, y más adelante unos blancos tocando la guitarra. La arquitectura es monstruosamente fea, incluída la del elegante y caro hotel que reina sobre la desolación aquí construida.

El Radisson se alza en medio del crimen urbanístico

La vista de Tiflis que me acerqué a ojear

Este puede ser un buen momento para hacer mención del curioso hecho del que se percató Jorge. A saber, la mayoría de las matrículas de vehículos georgianas estaban formadas por tres letras y tres dígitos, aunque las había de diferente patrón. Curiosamente, la tercera letra solía ser la misma que la primera en una proporción exageradamente alta de casos. Después, cuando lo investigamos, la razón no nos acabó de quedar clara del todo, pero creemos que es porque sale más barato.

Alfabeto georgiano y cerveza

Desde la revolucionaria plaza de las rosas me volví a incorporar a Rustaveli, pasando por delante de todos sus edificios nobles, hasta que se me ocurrió la peregrina idea de subirme por las cuestas que caracterizan la ciudad, a ver si encontraba algo interesante. Y como ya dije, balcones, gatos y algunas mujeres vestidas de negro fueron el resultado del esfuerzo.

Pendiente pronunciada

A lo lejos la catedral de la Trinidad

Después de haber subido hasta las alturas, no me quedaba otra que bajar. Escogí otra cuesta, para poder apreciar la diversidad de la belleza de la Tiflis auténtica. Al final acabé en Rustaveli, no muy lejos de donde había comenzado mi ascensión y callejeo. Me detuve ante un par de edificios imponentes y ante la placa, en georgiano e inglés, donde se indica que en uno de ellos estuvo la sede del parlamento de la República Democrática de Georgia desde 1918 y hasta que fue anexionada por la Rusia Soviética. Se ven intentos firmes de convertir el inglés en la segunda lengua del país, en sustitución del ruso. Ha ocurrido incluso en el papel moneda. Aún es pronto para decir si estos esfuerzos chocarán con la realidad. Otro ejemplo de los intentos de abandonar la órbita rusa es el cartel que indicaba “Our foreign policy priority is the integration in NATO“. Chocante porque en otros países que conozco, las prioridades políticas no suelen publicitarse en las marquesinas.

Aunque la primera noche sólo me pareció una calle desierta un poco más ancha, La avenida de Rustaveli es la más importante de Tiflis. En el kilómetro y medio que hay desde la parada de metro hasta la plaza de la Libertad se concentran la academia de ciencias, la ópera, el conservatorio, el teatro Rustaveli, los museos de bellas artes, literatura y el Museo Nacional, el primer liceo de estilo europeo de Transcaucasia, un antiguo palacio del virrey que fue convertido en palacio de pioneros durante la época soviética y el parlamento nacional.

La prioridad de nuestra politica exterior es la integración en la OTAN

Chavchavade y Tsereteli delante del Instituto de Secundaria nº1

En la plaza de la Libertad me metí por el paso subterráneo. Otra característica, común creo de los países postsoviéticos, es la vida que existe en pasadizos de este estilo, accesos al metro y demás. Lo he visto en Kiev y en Yereván y me apuesto algo a que Moscú, con más frío, tiene que ser tres cuartos de lo mismo. En este paso en concreto había más puestos de periódicos y revistas que metros. Me llamo la atención una pintada que mostraba a Saakashvili con la leyenda “I’m not a nigger” bajo su efigie o careto.

Plaza de la Libertad, columna de san Jorge, ayuntamiento.

Backgammon

Un poco después llegué a la parte vieja, en donde había pensado volver a subir a la fortaleza de Narikala. En una plazoleta había unos viejos jugando al backgammon y al dominó. Nadie jugaba al ajedrez. Georgia no es Armenia, pero como todos los países postsoviéticos tiene una importante tradición.

Deda Kartli - La madre de Cartalia

No aprecien la espada, sino la copa de vino

El hotel ZP

Casas restauradas bajo Narikala

Como uno no escarmienta así tan fácil, volví a subir por las alturas. En un momento pasé por delante del un hotel con el curioso nombre de ZP, que a los españoles les resultará conocido. No parecía ser de los malos. En la pequeña subida que hice hasta un poco antes de la fortaleza me encontré con una pareja de españoles: él castellano, ella canaria y me pasé un rato charlando con ellos. Es inevitable y bueno: cuando uno viaja sólo, siempre acaba encontrándose y hablando con otra gente. No subí hasta las murallas y la cruz, sino que me quedé viendo los mismos lugares del día anterior, con un poco más de nitidez.

La iglesia de Meteji y la catedral de Sameba (la Trinidad)

Las casas colgantes

Y como ya se iba haciendo tarde, se me ocurrió pasar al otro lado del río para acercarme hasta la catedral de la Trinidad, para ver las últimas cosas georgianas antes del vuelo del día siguiente.


Misjeta, antigua capital de Georgia

27/09/2011

27.08.2011 Llegó el día de la separación. La Slowly iba a volver a atravesar Georgia y Armenia hasta la frontera de Irán, saltándose Azerbaiyán para poder proseguir su particular ruta de la seda. Será porque a nadie gustan las despedidas que lo hicimos breve. Xabi y Jorge me dejaron en Didube, donde un taxista nos sacó la segunda y última fotografía juntos en Transcaucasia. Didube es un mercado africano con gente blanca: parada de metro, estación de autobuses y mercadillo; una locura con marshrutkas saliendo a cada minuto, y ninguna de ellas utiliza en sus letreros el alfabeto latino ni el cirílico. Hay que preguntar, pero no es complicado encontrar minibuses que salgan para Misjeta (en georgiano მცხეთა y Mtskheta en las lenguas sin jota de joder). Mi primer plan para el día era haberme acercado hasta Gori, para ver el castillo y el museo de Stalin. Hubiera dado tiempo, pero la pereza de las últimas horas me hizo desistir. Me subí a una marshrutka que salía en aquel mismo instante. Es la costumbre pagar al bajar del minibús, pero yo no lo sabía y entregué al conductor mi moneda de un lari.

La despedida

Didube

Saliendo de Tiflis pude ver algunos edificios curiosos. Misjeta está a unos veinte kilómetros, es prácticamente una extensión de la ciudad a lo largo del Kurá. La carretera sigue a contracorriente el curso del río. Se tarda menos en llegar de Didube a Misjeta que de Marjanishvili a Didube. Un poco antes de llegar a la población uno puede guiarse porque ve en lo alto el monasterio de Yivari, pero todavía me confundí y no me bajé en el “centro” de Misjeta. Equívoco comprensible -creo- ya que me esperaba una parada de aspecto más urbano en un lugar del que dicen que tiene veinte mil habitantes.

En la marshrutka

Viviendas

El error fue afortunado, ya que acabé bajando de la marhsrutka algo más adelante de Misjeta, cerca de unas fábricas de cerámica abandonadas, un barrio de viviendas más bien pobres y una gasolinera y, volviendo hacia el centro de la población, me encontré con las ruinas de un castillo que se llama Bebris Tsije (algo así como la fortaleza de los viejos) y así tuve mi primer entretenimiento del día, subiéndome a la atalaya desde la cual se divisa Misjeta en la confluencia de los ríos Kurá (en georgiano Mtkvari) y su afluente el Aragvi. La vista es desde el lado contrario a la más famosa de la ciudad (la que hay desde el monasterio de Yivari) y es algo peor por ser más lejana. Lo que más me llamó la atención desde allí era la poca agua que bajaba por el Aragvi.

Gasolinera y castillo

Cartel recomendando prudencia

Misjeta desde Bebris Tsije

Misjeta fue hasta el siglo VII la capital de Cartalia (Kartli) o Iveria, el reino antecesor de Georgia. Poco después de la fundación de Tiflis, los sucesores del rey que la mandó construir se llevaron la corte para allá. Desde entonces no ha recuperado su primacía, pero hoy es capital de una región que se extiende montaña arriba hasta la frontera con Rusia, concretamente con Chechenia. Bajando de Bebris Tsije hacia la ciudad uno tiene todo el tiempo a la vista el monasterio de Yivari. Apenas me crucé con nadie y el tránsito rodado era escaso.

Plano de Misjeta (basado en A. Muhranoff 2011, licencia CC)

Me encontré con una zona arqueológica que parecía ser también un museo, pero que estaba cerrada. Un poco más abajo vi una torre, que según mi guía era la del monasterio de Samtavro. Alrededor del recinto por fin vi algo de movimiento. Muchas mujeres con pañuelos y algunos mendigos.  Me metí para adentro y estaban en plena ceremonia. No sé nada de liturgia, pero parecía que la actividad estaba dispersa en diferentes partes de la iglesia. Unas jóvenes vestidas de negro cantaban una polifonía hipnótica, había algunos sacerdotes oficiando, pero no había sillas y la congregación se movía de acá para allá, contemplando y besando iconos, encendiendo velas, arrodillándose de cuando en cuando. Resultaba bastante relajante. Cuando me cansé de ver, salí al patio donde encontré a unas mujeres besando y tomando entre las manos la tierra de una tumba en la que estaba enterrado un afamado archimandrita. Unas lo hacían con más fervor que otras, pero no era un ritual totalmente solemne, ya que tenían tiempo de reírse de lo que decía una vieja a la que le costaba agacharse.

Barrio y monasterio

Samtavro

Mujeres besando tierra

Al salir de Samtavro me encontré con los primeros taxistas que me ofrecieron subirme a Yivari. Aparentemente el lugar está cerca, pero en realidad cuesta bastante llegar hasta él. Aún no sabía si iba a subir así que decliné la oferta y me dirigí hacia lo que puede considerarse el centro, que para mí era tanto la catedral como el punto en el que se unen los dos ríos. Un poco más abajo me encontré con un edificio enorme y abandonado, pero que mostraba un hermoso mural ycon una fontana en forma de cruz frente al museo arqueológico.

Mural

Catedral de Misjeta

Seguí caminando y fue fácil encontrar la catedral de Svetitsjoveli, en medio de su recinto y destacando sobre el resto de construcciones de la localidad. El difícil nombre que lleva es el del pilar viviente, la columna que tiene en su interior. Durante mil años y hasta 2004 ha sido la mayor iglesia de Georgia. Fue completada en el siglo XI, sobre otras más antiguas, que datan hasta del siglo IV. La tradición georgiana dice que en ella se guardaba la túnica que llevaba Jesús de Nazaret antes de su crucifixión y quien no lo crea puede ir a buscarla a Tréveris, Argenteuil, San Petersburgo, Moscú y Kiev, lugares en donde creen la misma cosa, pero que la túnica es la de ellos.

La columna viviente o columna de la vida es una que hay en el interior del templo, que flotaba en el aire y tenía otras propiedades mágicas, relacionadas con santa Nina. Yo no vi nada de esto, pero sí que puedo decir que está pintada con bonitos colores, al igual que otros frescos que hay en el muro oriental.

Columna que da la vida

El fresco del zodiaco y unos estudiantes alemanes

En el interior, al igual que en la otra iglesia, percibí diversos focos de actividad. Pude asistir a un bautizo en sector cercano a la puerta, y en capillas del interior me encontré a fieles que besaban los iconos con pasión. También había mucho turisteo, grupos de estudiantes y guías ofreciendo sus servicios, sacerdotes barbudos y cámaras fotográficas por doquier. Después de inspeccionado todo el interior me he salido al patio, enorme con murallas y banderas y cañones. Buscaba una buena vista de la cúpula, que a pesar de estar cubierta toda de andamios, al ser estos de madera, no pintaba nada mal.

Después de ver la catedral me he ido a buscar la confluencia de los ríos y me ha sorprendido la enorme zona desurbanizada que hay entre el poblado y la orilla. De hecho, he tenido que desistir en el momento en que me estaba adentrando en fango y ciénaga. Desde esa parte tenía una buena vista del monasterio de Yivari en lo alto, pero para llegar allí por carretera hay que dar un rodeo importante. Me he vuelto para la catedral y luego he buscado un lugar en el que comer. Ha sido un jachapuri típico de Imericia que no me ha gustado mucho y me ha costado acabar. Por si fuera poco me han traido agua mineral con gas, que creo que hasta me ha sentado mal. Hay una marca georgiana -Boryomi- que proviene de la ciudad del mismo nombre y que era muy apreciada en la extinta Unión Soviética. A mí ese gusto salino y de burbuja no me agrada en absoluto.

Monasterio de Yivari

Andamios de la catedral

Un taxista que conoce el Real Madrid me ha vuelto a ofrecer subir a Yavari y he decidido que podía pasar sin la vista de Misjeta desde el monasterio. Piden 25 laris, pero ya había leído que se puede rebajar hasta unos 18. Callejeando un poco más he podido apreciar construcciones modernas que respetan el estilo tradicional y un empedrado de las calles peatonales que ya lo quisiera para sí Tiflis. En un momento en que no sabía que hacer, he visto una marshrutka parada y he preguntado si iba para Didube, y allí que me he subido para ir a pasar la última tarde a la capital.

Dimitri Yermákov (1845-1916), Misjeta 1889