Almanya

13/01/2016
Bienvenidos a Almanya

Willkommen in Deutschland

Un poco en contra del Zeitgeist de las últimas semanas pero quizá a favor de los vientos que soplaban hace pocos meses hemos visto hoy esta película de 2011, una comedia basada en la relativamente exitosa experiencia de los turcos que emigraron a Alemania. Hace cosa de un año estábamos todo el tiempo oyendo hablar de Grecia y de sus pensionistas, sus ahorradores, sus jóvenes. O se los ha tragado la tierra o los han enterrado los sirios. La agenda de los medios es tan veleidosa. Creo que entre bambalinas hay una lucha más o menos ideológica (a veces entre dos buenismos enfrentados) por el control del relato de la infame nochevieja de Colonia y tengo curiosidad por saber cuál será el resultado, dentro de unos meses.

Almanya no tiene nada especialmente duro ni desagradable in problemático. Los típicas anécdotas cómicas de los problemas de comunicación y algunos chistes visuales y la clásica reflexión del emigrado y la segunda generación sobre la identidad. Hace pocos meses vi una película sobre la emigración española a Suiza que en el fondo era la misma película. Aquella me hizo más gracia porque en alemán apenas me defiendo y de la cultura alemana casi tengo que defenderme. Con eso último me refiero a que aun estando expuesto a ella ni la comprendo ni practico mecánicamente. Esta película, que se deja ver, es especialmente buena si se compara con la que Hollywood hubiera hecho a partir de la propaganda del sueño americano. Hoy por hoy puede que el patriotismo alemán sea el más decente que haya.

Almanya es, obviamente, Alemania en turco.

"Alemania" en diferentes idiomas

“Alemania” en diferentes idiomas


Comunidades imaginadas

02/11/2015
2ª edición

2ª edición, hay 3ª que no sé qué dirá

Hay un libro que siempre se cita en en la bibliografía de nacionalismos: “Comunidades Imaginadas” (Imagined Communities) de Benedict Anderson. A mí no me parece un gran libro y creo que del mismo modo que uno se puede despachar la Teoría de Rawls con el velo de ignorancia y los dos principios de la justicia, basta con averiguar un poco qué es una “comunidad imaginada” y qué es “el capitalismo de imprenta” para ahorrarse la lectura del libro.

De todos modos a veces uno hace cosas porque cree que tiene que hacerlas y aquí estoy yo para comentar cuatro cosillas de esta obra que aunque sea exitosa por acuñar un término nuevo y no ofrezca un gran marco teórico tiene momentos de brillo como cuando se dice que “Prusia no era un país con un ejército sino un ejército con un país”.

Como las teorías hay que ilustrarlas, Anderson tiene buenos ejemplos sobre la creación, entendida como el proceso de imaginar, de Suiza, Hungría, Vietnam… algunos otros ejemplos están más traídos por los pelos (Filipinas)

Muy relacionado con el capitalismo de imprenta es la idea de continuum dialectal. Aquí por ejemplo, un fragmento sobre algo que me pregunté antaño respecto de la inteligibilidad de las lenguas túrquicas:

The fate of the Turkic-speaking peoples in the zones incorporated into today’s Turkey, Iran, Iraq, and the USSR is especially exemplary. A family of spoken languages, once everywhere assemblable, thus comprehensible, within an Arabic orthography, has lost that unity as a result of conscious manipulations. To heighten Turkish-Turkey’s national consciousness at the expense of any wider Islamic identification, Atatürk imposed compulsory romanization. The Soviet authorities followed suit, first with an anti-Islamic, anti-Persian compulsory romanization, then in Stalin’s 1930’s, with a Russifying compulsory Cyrillization.

Pensemos por ejemplo en la posibilidad de fundir el español y el portugués o en la de dar una gramática consensuada y una litertura a unos cuantos dialectos romances de poco prestigio que aún quedan en España y en la dimensión política de cualquiera de esos proyectos.

En cuanto al proceso fundacional de la cultura hispánica como cultura universal que vino a suceder per accidens, este trozo compara la rusificación del Imperio de los zares en el siglo XIX con la colonización de América en el XVI deja ver la brecha abierta en la Historia por la era de los nacionalismos y los cambios de consciencia que implica.

While there is a certain analogy with, say the Hispanization of the Americas and the Philippines, one central difference remains. The cultural conquistadors of late-nineteenth century Czardom were proceeding from a selfconscious Machiavellism, wihle their sixteenth-century Spanish ancestors acted out of an unselfconscious everyday pragmatism. Nor was it for them really ‘Hispanization’ – rather it was simply conversion of heathens and pagans.

Que viene a ser aquello del “Lengua y patria” de Lodares de que a las malas iban por el oro y las buenas a salvar almas, pero que no tenían ningún interés en dar clases de idiomas.


El oro de Troya

12/04/2015
Portada

Portada

Para la fugaz expedición a Britania me llevé en el bolsillo un librito: The Golden Treasures of Troy: The Dream of Heinrich Schliemann, de una colección de la que ya tengo adquiridos varios ejemplares. Aunque no soy nada experto, el tema de la antigüedad clásica siempre está presente y ya hace años que me interesó la historia del redescubrimiento de la ciudad.

Aquí se trata más en detalle la biografía de Schliemann que en el documental de National Geographic que vi en 2005, pero también hay mucho sobre sus fabulaciones, aunque en la sección documental también hay una encendida defensa de su trayectoria. Igualmente puede encontrarse la interesante historia sobre cómo el oro de Priamo acabó como botín de guerra en Moscú tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y su reaparición en los años ochenta.

Nunca he pronunciado el apellido Schliemann con propriedad, ya que las primeras veces que lo oí hace ya muchos años fue distorsionado como Shíleman o algo parecido. Se refería no al afortunado arqueólogo sino a su primo Adolfo,  que dio nombre a una defensa ajedrecística.

Con letras gordas y muchas ilustraciones y fotografías antiguas, es el tipo de lectura ideal para los medios de transporte. Un buen recorrido por las andanzas del protagonista en Rusia y los Estados Unidos antes de su interés por las excavaciones. Buena descripción de lo acaecido en Berlín en 1945 y en Moscú en 1987.

De entre todas las ilustraciones, la de Lloyd K. Towsend ilustrando los nueve niveles de la excavación de Ilium me parece la más reveladora.

Los nueve niveles de Hisserlik


Malta

12/11/2014
La cruz que hay en la bandera de Malta no es la cruz de Malta

La cruz que hay en la bandera de Malta no es la cruz de Malta

Entre columpios y cafeterías hemos acabado pasando mucho tiempo en sitios por los que antes no sentíamos ninguna atracción. Este año hemos ido de vacaciones a destinos como Lanzarote y Malta, de los que antes creíamos que no ofrecerían nada interesante para nosotros y no sé si ha sido poco a poco o de repente pero ya les hemos encontrado el atractivo. A primeros de septiembre decidimos agarrar una oferta de última hora con un paquete de esos que incluyen vuelo, hotel y traslado desde el aeropuerto. Estoy hablando del pequeño país que es Malta.

Hace varios años se me ocurrió una idea que luego abandoné: un proyecto curioso y quizá sencillo de completar a medio o largo plazo podría ser pasarse por todos los países de Europa. Malta puede ser un paso de gigante hacia ese objetivo para el que ya sólo me faltan unas veinte naciones. Al fin y al cabo hay que ir ex profeso ya que, obviamente, no se puede llegar yendo en ruta desde ningún otro lugar.

Mapa

Muy abajo

Muchas cosas se me escapaban de este país diminuto y conocido en España más que nada por un partido de fútbol de hace ya muchos años. La primera de ellas: su latitud. Lo de que Malta quedaba al sur de Sicilia, vale, pero ¿todo el mundo sabe que también queda al sur de Túnez capital? El calor en septiembre es importante y te parte el día por la mitad con sus horas de la siesta casi obligadas. Si alguien tiene la tentación de acercarse sugiero que sea más sensato y vaya entre octubre y mayo, como recomiendan los manuales.

En principio no queríamos que fueran unas vacaciones de playa y hotel, pero nos agradaba la posibilidad de que en el peor de los casos pudieran ser al menos eso. En todos los viajes me gusta ir a ver cosas históricas y más aún si tienen que ver con algo ya que conozca. La influencia hispánica en la isla fue notable entre los siglos XIII y XVII y luego dejó paso a la de las potencias europeas propiamente dichas. Hay un momento importante en la historia de Malta que es aquel en el que el Emperador Carlos V entrega la isla a la Orden de san Juan, que había sido expulsada de Rodas por los turcos tal y como antes lo fue de Jerusalén. Por aquel entonces, alrededor de 1530, Malta estaba en pleno centro de la geopolítica. En cambio, es poco conocida la historia de la independencia de Malta: cuando en septiembre de 1964, hace ahora poco más de cincuenta años, se independizó del Reino Unido ya era un rincón marginal que en la práctica no importaba a casi nadie. Del siglo y medio de colonialismo británico queda el inglés como segunda lengua dizque para toda la población (yo debí de encontrame con uno de los pocos que no inglish: un tipo que vendía fruta en un remolque) así como unas cuantas cabinas telefónicas de esas rojas y algunos detalles y costumbres más.

Aunque yo mismo no lo haga, más propio sería llamar a Malta archipiélago que isla. Malta es el nombre tanto del país como de la más extensa ínsula de su territorio, circunstancia que también concurre en el caso de Irlanda (el ejemplo irlandés es un poco más complejo al estar repartida la isla principal entre dos estados). La isla de Malta tiene 28km de largo y 14 de ancho y Gozo es aproximadamente la mitad (14 x 7 km). Luego está Comino que ni por asomo llega a 2 x 2km  y que no sé si se llama así por la especia o por la insignificancia. Luego hay otro puñado de islas menores e islotes, como las de San Pablo que veíamos desde nuestra base, la de Filfla en la costa meridional o la de Manoel junto a La Valeta. En una categoría inferior quedan sólo las rocas marinas.

El lugar en el que nos acabamos aposentando se llamaba Buġibba, y como éramos totalmente ignorantes en cultura maltesa comenzamos llamándolo “Buguiba” imagino que por influencia del nombre de aquel héroe de la independencia tunecina. Sin embargo en maltés, cuando la ge lleva un punto encima se suaviza y se dice, por ejemplo, “Buyiba”. Me contaron que esto de los puntos que suavizan las consonantes también ocurría en el irlandés antes de que lo llenaran de haches, como al vascuence, en aquellos revolucionarios años sesenta. Por cierto, hablando del vasco y las demás lenguas que hay en Europa y que no son indoeuropeas, entre las cuales siempre se cuentan el húngaro, el estonio y el finés: el maltés -lengua semítica- tampoco lo es y siempre queda olvidado quizá porque Malta sea geográficamente más bien África aunque culturalmente sea más bien Europa. Esto es parecido a lo que ocurre con Chipre.

Buġibba se encuentra en la bahía de san Pablo, que es donde se supone que naufragó Pablo de Tarsos -fundador del Cristianismo como religión universal- en algún momento del siglo I cuando iba de travesía hacia Roma. Mucho me parece atinar cuando hoy por hoy no se sabe a ciencia cierta cuál es Guanahani o San Salvador, la primera playa de las Américas en la que Colón puso el pie y eso fue catorce siglos despues de lo que les acabo de contar. El caso es que la presencia simbólica del primer apóstol que no conoció a Cristo es patente por toda la isla y por supuesto también en San Pawl il-Baħar que es como, además de la bahía, se llama el municipio que incluye a San Pawl, Buġibba y Qawra, todas ellas zonas hipermegaturísticas y a menos de 20 kilómetros de La Valeta. Eso sí, turismo para familias y jubilados, ya que hay otras zonas (Sliema, San Julián) más dedicadas al segmento de juventud, alcohol, trasnoche y juliganismo.

Calle de los almacenes

Mdina, Calle de los almacenes – Triq L-Imhazen

En la semana que pasamos en Malta nos dio tiempo a ir a pasar una mañana a Mdina, la antigua capital, que se encuentra en el interior a menos de media hora en el autobús X3. Quizá es la cosa más bonita que vimos. Una pequeña ciudad amurallada con unas cuantas calles que son agradables de pasear si, tal y como ocurrió aquel día, no están llenas de turistas. Al igual que ocurrió con Teguise y Arrecife en Lanzarote la antigua capital maltesa se encontraba en una posición defensiva militarmente más interesante del interior y después cambió a La Valeta en plena costa. Me gusta relacionar este dato con el muy interesante en la historia social ibérica de que, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, el interior siempre estuvo históricamente más poblado que el litoral, que nunca fue tan conveniente para la vida como desde que el mundo lo dirige el comercio, y en algunos lugares el turismo. En Mdina vi los primeros faroles, rejas forjadas y letreros de cerámica adviritiendo de los nombres de las calles y a través de ellos intuí que en maltés tiene que haber algo parecido a las letras solares y lunares del árabe, tal y como es el caso.

Debido a un percance autobusil no acometimos Mdina por su entrada principal sino por “el agujero”, lo cual nos permitió practicar el interesante ejercicio de empujar un cochecito cuesta arriba bajo la calor del mediodía y contemplar las vistas de Imtarfa y el valle fértil que la separa de la silenciosa y antigua capital. Luego intramuros, aparte del callejeo sin rumbo, lo más curioso fue ver a un hombre que dejaba que los turistas se hicieran fotos con su lechuza sin el más mínimo ánimo de lucro, y las vistas desde el mirador y desde una terraza donde comimos pastel y helado, que alcanzan prácticamente la mitad norte de la isla incluida la Valeta y el lugar desde el que veníamos.

Un paisano de Mdina con su lechuza de campanario

Un paisano de Mdina con su lechuza de campanario

Vistas

Vistas de Imtarfa

El maltés es una lengua curiosa. Se parece al árabe y de hecho desciende del dialecto extinto del árabe que se habló en Sicilia entre los siglos IX y XI. Por casualidad, días antes de decidir ir para allá, me había encontrado con un estudio en el que se decía que los tunecinos entienden bien el maltés. En cambio, el taxista que nos llevó del aeropuerto al hotel nos dijo que él no entendía nada el árabe aunque la lengua fuera de la misma familia. Él situó el origen del maltí en el Líbano. Nada especial, también hay quien dice que el español y el francés se parecen bastante y otros que dicen que no se entiende nada. Leí el nombre de los números del uno al diez en una lista y me parecieron idénticos a lo que yo recordaba de los numerales árabes. El caso es que el maltés tiene tantas palabras italianas e inglesas que uno puede entender algo de lo que tratan las conversaciones o las noticias de la tele. Me puse a ver un telediario en el que entre mucho jamalají y jamalajá iba oyendo “minister”, “akusat”, “prostituzione”, “bordello”, “libertà provvisoria” y cosas así.

La Valeta desde Mdina

La Valeta vista desde Mdina

Entre las cosas banales que me llamaron la atención en Malta se encuentra el hecho de que parece que cualquier casa tiene nombre, incluso algunos edificios que en otros lugares denominaríamos apenas con un número. Por otra parte las carreteras maltesas no parecen estar numeradas ni tampoco especialmente bien asfaltadas ni señalizadas. La mayoría preferirá oír hablar de la gastronomía maltesa, que no he podido descubrir demasiado. Entre el desayuno pantagruélico del hotel, el kebab de enfrente y un día que nos dio por ir a un restaurante indio no he podido averiguar gran cosa. Me gustaron los pastizzi que se vendían en puestos de la calle, en especial los de queso. La ensalada maltesa es como cualquier otra mediterránea, quizá con bastantes más alcaparras (producto que no sorprenderá que se llame il-kappar) y queso de cabra. Me contaron que para todos los tipos de pescado que hay en el mar que roedea el país la gastronomía nacional no da lo mejor de sí misma en su trato al producto marino. Hay cierta preferencia por el lampuki, al que en español se llama dorado (pero que no es el mismo pez que la dorada).

No se ven demasiados pájaros y sorprende que no haya ni una gaviota. Según nos contaron esto es debido a la cantidad enorme de cazadores, que además son un grupo de presión poderoso con fuerza política como para modificar el trazado de una prueba ciclista y cosas así. Hojeando un libro en la recepción del hotel vi que decían que los cazadores y el tráfico impetuoso eran dos de los principales inconvenientes de la isla. El estado de las carreteras me pareció bastante precario y la interpretación de las normas de circulación bastante liberal. No estoy seguro de si malas carreteras y mal estilo de conducción son dos cosas distintas o una sola, ya que suelen aparecer a la vez.

Acantilados de Dingli

Acantilados de Dingli

Otro día nos acercamos a los acantilados de Dingli, que tienen su encanto, aunque el calor no nos dejó disfrutar del paseo que merecen. Primero paramos en el pueblo homónimo, que tenía una iglesia enorme para lo que aparenta ser. Y también servicios públicos muy bien acondicionados tanto para damas como caballeros y con cambiador de pañales para bebés. Es una comodidad que se brinda a los turistas en numerosas partes del país y que merece alabanza. La hora en la que llegamos debía de ser la de la siesta, ya que no se veía un alma. Luego proseguimos hacia la costa y nos refugiamos en el aire acondicionado de un restaurante nuevo que hacía las veces de oficina de información. De allí pude hacer solito a pie el tramo entre el radar de control aéreo hasta la pequeña iglesia bajo la advocación de la patrona de mi pueblo, meretriz arrepentida. El paisaje era de secarral agostado con parches de verdor y los acantilados no eran quizá los más impresionantes del mundo por su altura (al fin y al cabo vivimos en Irlanda), pero era bonito contemplar en el mar el islote de Filfla y en la tierra las chumberas y olivos. Los olivos eran de mayor altura que los que conozco de España y sus troncos no eran ni plateados ni retorcidos.

De allí fuimos a unos jardines llamados jardines Buskett y que son uno de los pocos espacios boscosos que quedan en Malta. En los terrenos había un castillo llamado castillo de Verdala, del que luego hemos sabido que se trata de la residencia del presidente del país. Frutales mediterráneos, chumberas y mucha ruina y muralla en un espacio más húmedo que la mayor parte del paisajes que vamos a contemplar. Para una isla sin ríos quizá el punto de máxima humedad.

De allí a los monumentos megalíticos de Ħaġar Qim y Mnajdra. La carretera que lleva hasta los gigantescos círculos de piedra debe de haber sido construida por quienes los erigieron ya que muestra un estado similar de civilización. Ver qué ha declarado la UNESCO Patrimonio de la Humanidad puede ser una buena idea para construirse un itinerario por un país. En este caso lo peor es que hace unos pocos años han cubierto los templos megalíticos con unas carpas gigantescas que les han quitado la mayor parte del encanto que pudieran tener. Parece que va uno a ver dos ovnis plantados frente al mar. Como además soy poco dado a las conjeturas paleolíticas sobre las antiguas tribus humanas, no se lo puedo recomendar a nadie. Me acabó interesando más una higuera que había junto a tanta piedra. También es que hacía mucho calor. En todos los sitios que he visto los gatos son animales huidizos y en cambio los felinos malteses se tumban a la sombra y no parecen temer al hombre. En la entrada al parque megalítico estaba la pandilla de don Gato tumbada a la sombra y allí seguían espeando cuando salimos hora y pico después. Más adelante quedaba la gruta azul que hay que ver en barco y como no se ve gran cosa desde la carretera, la omitimos y volvimos para casa.

Hacia el ovni aparcado en Mnajdra

Hacia el ovni aparcado en Mnajdra

Al día siguiente decidimos ir a ver el pueblo pesquero de Marsaxlokk. Si hubiera alguna racionalidad en el trazado viario del país lo lógico me parece a mí que sería que existiera un eje que comunicase Cirkewwa, de donde sale el transbordador para Gozo, con Birżebbuġa, que es el puerto grande del país y luego de ese eje saldrían ramales para comunicar con cualquier sitio. En cambio, la red se ha ido construyendo de un modo en el que muchas veces el camino para ir, por ejemplo de Buġibba a Marsaxlokk no es nada obvio. Escogimos pasar por cerca de La Valeta en vez de por Mdina y quizá fuera un error. La carretera de la costa entre San Pablo y La Valeta la están desdoblando y había obras viarias, además de las de un vertedero gigantesco con forma de pirámide escalonada. Las incorporaciones a la capital son pavorosas. Finalmente acabamos en Luqa, donde está el aeropuerto (toda la vida laboral en las aerolíneas diciendo Luca y resulta que la q es muda) y tras recorrer el largo de la pista, en Birżebbuġa, que a pesar de ser un puerto industrial no está tan mal como ciudad turística, con una playa que se llama Pretty Bay (la primera en la que me bañé) y edificios que, sin saber mucho de arquitectura me parecen una forma tradicional precursora del art déco.

El puerto

El puerto de Birzebugga

Luego Marsaxlokk está bien como puerto con sus barcos de colores, su mercadillo y sus restaurantes de pescado. Es todo muy déjà-vu porque muchos puertos pesqueros semitradicionales de muchos lugares ofrecen ya algo parecido. Me gustaron cuatro casas consecutivas cuyas puertas completaban los colores del parchís. En el mercadillo vi que era posible adquirir el uniforme de la selección maltesa de fútbol y no sé por qué me sorprendió. Recorrimos el puerto de punta a punta por entre los toldos de los restaurantes, poca actividad y bandera a media asta junto a un de los embarcaderos y en la sede del partido laborista, bandera que nunca descubrimos por quién. Al final escogimos un restaurante que nos pareció mejor que los demás para comer un montón de pescado que no pudimos ni terminar.

Parchís

Parchís

Puerto de Marsaxlokk

Puerto de Marsaxlokk

Volviendo a casa por el aeropuerto vimos una zona donde había unos negros viviendo en una especie de barracones. Vagaban por los alrededores como almas en pena. Creo que esto enlaza con lo que me comentó mi amiga que lleva dos años viviendo allí sobre la xenofobia en la sociedad maltesa, que según ella es muy cerrada y tradicional. Se ven bastantes africanos negros, algunos trabajando en la limpieza de las calles. En realidad no sabría cuantificar si son muchos o pocos. Es posible que la mínima presión migratoria despierte más reacciones en un territorio bastante reducido que en países de mayor extensión. En general, lo que dice mi amiga es que Malta es tradicional como España hace treinta años y que la separación entre la sociedad maltesa y los extranjeros que viven en el país así como con los turistas es casi total. Para muestra un botón: el divorcio existe en Malta desde 2011 y casi no llega. Parecía que Irlanda era lo peor de lo peor en avances sociales, pero a todo hay quien gana.

De camino a Buġibba acabamos aparcando de nuevo junto a los columpios que hay muralla de Mdina pero aquella tarde sólo entramos un momento para una vuelta breve y luego nos dedicamos a explorar Rabat, la ciudad aledaña. Homónima de la capital de Marruecos y de la de la de Gozo, aunque a la de la isla vecina también se la conoce como Victoria, creo que por aquella reina inglesa. El taxista del primer día dijo que “rabat” quería decir “algo que estaba atado” y que los romanos partieron la ciudad en dos para defenderla mejor. No me quedó clara la conexión entre ambas ideas y lo más que se me ocurre es que “rabat” quiera decir algo como “anejo” en la sexta acepción del Diccionario. De Rabat me quedo con las celosías de los balcones, que en cualquier caso es un elemento que se encuentra por toda Malta. Tiene también restos romanos, catacumbas y lugares vinculados a san Pablo. En la iglesia de san Pablo vi sendas placas que indicaban que Wojtyla y Ratzinger se habían pasado por allí.

Balcones de Rabat

Balcones de Rabat

Otros días nos hemos quedado en Buġibba, donde el nuevo Acuario Nacional de Malta (2013) disponía de un maravilloso café-restaurante con vistas y aire acondicionado que era el refugio ideal en las horas del calor. El acuario en sí, que también recorrimos, no es gran cosa si se han visto otros. A mi modo de ver carece de un gran tanque en que se mezclen todo tipo de peces. Lo que sí tiene muy bien hecha es la ambientación, con anforas y estatuas en algunas de las peceras y una imitación de las murallas de La Valeta. Un día nos colocaron una entrada de 5 euros para ver una película de 16 minutos sobre la historia de Malta que no sé en qué estaría yo pensando para que me pareciera bien. También tiene el típico túnel para pasar por debajo de los tiburones y las rayas. Y lo de siempre: el Mediterráneo está muy bien, pero vamos a poner unos cuantos tanques de agua tibia para meter peces caribeños de colores, que gustan más a todo el mundo. En el paseo hasta el acuario vi las primeras lagartijas, que me parecieron diminutas. Luego en Dingli leí que en Malta había cuatro tipos de lagartijas.

La última expedición la hice en solitario en el autobús 12 que le deja a uno a las puertas de La Valeta, en una rotonda que es una terminal de autobuses gigantesca. La ruta sigue la carretera de las salinas y pasa por los famosos San Julián y Sliema, que por la mañana no parecen tan malos como me los imagino de noche. Entré a la ciudad desde la rotonda que es la terminal de autobuses, muy bien organizada a la puerta de las murallas. Al parecer en Malta eran típicos unos autobuses de aspecto abombado que recorrieron sus carreteras hasta hace relativamente poco, aunque de esos sólo nos hemos encontrado un par y creo que se conservaban por su aspecto sin estar ya para muchos trotes. No sé si por ser comunicaciones dirigidas al público inglés en varios lugares encontré la referencia al hito que suponía que una empresa británica se hubiera hecho cargo en 2011 de los autobuses de la isla. Diríase que es lo más destacado que ha ocurrido desde la entrada en la Unión Europea.

Tras atravesar las puertas de La Valeta bajé por la calle de la República, que a las nueve estaba casi vacía, hasta la plaza de San Jorge y luego volví a subir por la calle de los Mercaderes para llegar a los los jardines de Barrakka, desde donde estuve admirando las tres ciudades de enfrente y la vista del puerto. En los jardines de arriba una rumana me pidió que le hiciera una foto y me dijo lo que casi todos los rumanos, que ella no es como los que hay por España y por ahí. Pobres los rumanos que tienen que cargar con la imagen de sus compatriotas chungos. Luego me hice un recorrido por diversas callejas hasta los jardines de abajo. Satisfice un momento de curiosidad inspeccionando el centro en el que se jugó la olimpiada de ajedrez de 1980. Los jardines de abajo fueron una especie de oasis con el calor que empezaba a apretar. La vista hacia todas partes es muy buena. Desde los jardines de abajo se mejor la entrada al puerto y también las tres ciudades de enfrente. Quizá ofrezca una mejor vista de La Valeta propiamente dicha. Hay un solemne monumento por los caídos en la Segunda Guerra Mundial. El asedio de Malta durante el conflicto bélico es un capítulo importante del que no se conoce demasiado entre tanta tragedia contemporánea. Me soprendió una placa que conmemoraba el levantamiento húngaro de 1956.

Desde los jardines de arriba

Desde los jardines de arriba

Luego llegué hasta el fuerte de san Telmo. que era el confín de la pequeña península. Esa parte de la ciudad, castigada por el sol se encontraba especialmente desértica. Me volví para arriba tras una vueltecita contemplado cómo están construyendo edificios hasta el final de Sliema. Por allí abajo me encontré con una tienda con un letrero que indicaba detergents & sweets, que es una combinación curiosa.  Antes de salir de la ciudad por Triq ir-Repubblica, por la que al mediodía parecía que viniera una manifestación en sentido contrario, me hice tres o cuatro calles más, entre ellas la de la tahona y la del teatro. Para mí lo mejor de La Valeta es recorrerla por la sombra fijarse en los detalles pequeños de las construcciones: hay multitud de placas, estatuas de santos, cancelas antiquísimas y adornos curiosos que bien valdrían un reportaje fotográfico detallado.

También me acerqué a ver mejor el Albergue de Castilla y la sede de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, que ese es su nombre completo. Además me acerqué a otros jardines que llevan el nombre de la villa inglesa de Hastings (unas semanas antes había descubierto con embarazo que se pronuncia Jéistings) en un momento me puse a dudar si entrar o no en la concatedral decantándome por la segunda opción. Para la vuelta al campo base tomé el bus 45 que pasa por Mosta y aunque no bajé pude ver de cerca la iglesia redondeada del milagro aquel de la bomba.

Se puede y quizá se deba ir a Malta si uno vive en las islas británicas; es un lugar económico, soleado y accesible en el que pasar unos cuantos días y olvidar las penurias climáticas. Desde España me parece más complicado y además es posible que un tenga bastante más cerca algo parecido a todo lo que puede encontrarse allí. Las únicas pegas que le veo son la suciedad de las calles, el tráfico africano y el excesivo calor de bastantes momentos del día y épocas del año, pero en general es un país que está hecho a la medida de las necesidades del turista que se deje caer por allí. Si volvemos algún día intentaremos acercarnos a Gozo, a la laguna de Comino, a las Tres Ciudades o a la gruta azul. Probablemente ni a la Malta Experience, ni al Hipogeo ni a ningún otro conjunto megalítico, pero siempre hay que dejar cosas para ver por si se vuelve.


La mirada del que vuelve

17/08/2014
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Portada

Ayer comentábamos La caravana avanza de İrfan Orga un escritor turco de los años cincuenta del siglo XX que llevaba años viviendo en Londres cuando vuelve a su país para visitar a su familia y hacer lo que hoy llamamos turismo. Me pareció interesante que a diferencia de la mayoría de relatos de viajes por el Oriente, escritos por occidentales, este libro está escrito por un turco oriundo que ha crecido en esa cultura pero que tiene la perspectiva de la de sus lectores británicos y por decirlo de algún modo se encuentra en tierra de nadie, que salvando las distancias es algo que nos suele ocurrir a los que vivimos en un país distinto del de nuestro pasaporte.

Me parece que esta distancia con la cultura de origen se va acrecentando con la edad y a su vez se llega a un punto en la que la distancia con la cultura de destino ya no se reduce. En general, la gente con la que me entiendo mejor son los otros europeos de mi generación que viven en un tercer país (con los españoles más aún) y de entre los irlandeses, con los que han vivido en el extranjero. La gente de la ciudad natal de uno va quedando lejos en el pasado, la barrera con la generación anterior -la de los padres- va aumentando también aunque creo que esta la cultiva uno desde la adolescencia para facilitar el convivir y qué decir de las nuevas generaciones, a las que los adultos llevan milenios incomprendiendo. Hace meses volví de vacaciones a casa de mis viejos e iba a poner unas líneas con unas fotos, pero luego me parecieron demasiado despectivas hacia el municipio y su población. Y eso que no lo eran tanto como las palabras con las que Orga describe el almuerzo en casa de su hermano en İzmir (Esmirna):

El almuerzo se servía en un balcón lleno de plantas en flor. Cuando empezábamos a comer y la charla se detenía me di cuenta que no tenía nada en común con ellos. Esto me hacía sentir a la vez incómodo y superior. La mayor parte del tiempo hablaban del pasado, supongo que en la creencia de que ello me agradaría. Resucitaban a los muertos o hablaban de personas a las que nunca llegué a conocer. A pesar de sus nociones de cultura general no sabían nada del mundo fuera de Turquía excepto lo que los estandartes al viento de sus periódicos les indicaban. Eran tan soberbiamente indiferentes a los acontecimientos del mundo y las conferencias internacionales como cualquier tribu de montaña. El poder de la bomba de hidrógeno les sobrepasaba.

A mí esto no me ocurre ya que mis dos países se encuentran en un estadio similar de civilización. Si acaso creo que es aquí en Irlanda donde me encuentro con personas más desinformadas y con las que acabo hablando del tiempo. Ignorancia hay en todas partes y si bien sería aconsejable reducirla tampoco creo que se pueda criticar demasiado a quien no tiene interés por los asuntos del mundo que no le conciernen. Eso sí, hay un tipo de ignorancia autosatisfecha que me parece especialmente despreciable: la necedad del nacionalista o del patriota que cree qne en un mundo (compuesto por doscientos países y seis mil lenguas aunque él ignore el dato) su propia cultura, o país o tribu es algo especial o más importante o de más valor o digno de respeto o mejor que cualquiera de las demás. Así porque sí. Por ejemplo, los funcionarios que Orga se encuentra en Afyon:

Me preguntaron exhaustivamente y depués de descubrir que había vivido en Londres cerca de diez años pasaron a un tono recriminante ¿Por qué no estaba viviendo en mi propio país? ¿Qué hacía para ganar dinero? ¿Creía el resto del mundo que Turquía iba bien? ¿Reconocían que era una nación moderna? Divagué. No tenía sentido explicar a estos severos funcionarios que al resto del mundo Turquía no le importaba una mierda, de cualquier manera no lo habrían creído. Su orgullo y su fe en sí mismos eran enormes. Uno me contó que había comprado un frigorífico para su mujer, el otro se jactaba de que pronto enviaría a su hijo a la Universidad de Ankara.

Los planteamientos de estos gañanes con gorra me recuerdan un poco a la historia de la radio que me contó mi compañera polaca el año pasado. Al menos en las estadísticas Irlanda es uno de los países más patrióticos de Europa occidental, pero aunque dicen mucho lo de proud to be Irish en general es un patrioterismo bastante pragmático y banal. Mi forma cínica de verlo es “ocho siglos luchando por la independencia para acabar teniendo envidia del NHS y de la BBC”. El aldeanismo que hay en la raíz es significativo, pero no muy diferente del que pueda haber en España donde por razones históricas y de mayor extensión territorial el mismo aldeanismo se expresa en diferentes visiones del “mundo”, pequeñas todas pero contrapuestas. En realidad el culchie irlandés y el paleto español son el mismo tipo, aunque al primero le guste más beber y al segundo comer.

Para ilustrar la diferencia entre el nivel de desarrollo del Reino Unido y de Turquía en la década de 1950 tomemos por ejemplo el fragmento en el que se habla de Muradköy un pueblecillo cercano a Muram. La mirada del que vuelve es diferente pero dentro del país también hay disparidad de miradas y opiniones:

Un joven que trabajaba su propia tierra me dijo que esperaba que no diera una falsa imagen de la vida campesina a mis amigos.
“Somos una nación progresista” dijo con orgullo y hemos hecho un largo recorrido en poco más de un cuarto de siglo. Hay gente a la que le gustaría creer que estamos tan atrasados como en tiempos de nuestros padres, pero no es así. Tenemos todo que queremos, gracias a Dios, y nos gustaría que todo el mundo lo supiera”.
Escupió con desprecio, enojado porque se le hubiera cuestionado.
Un hombre de mayor edad tenía una historia muy diferente que contar:
“Estamos igual que siempre” dijo “Sólo mandamos a nuestros hios a la escuela por miedo a los gendarmes. Se ha construido una nueva escuela y una mezquita, pero eso no pone pan en nuestros estómagos. El trabajo es duro y la vida es dura. Quien le diga que somos progresistas está mal de la cabeza. No puede juzgarnos viniendo aquí y haciendo un montón de preguntas tontas. Hace falta vivir entre nosotros, ver lo que tenemos para comer y cómo los niños se van a dormir con hambre en una noche de invierno. Eso le mostrará cuánto hemos cambiado. No se vaya con la idea de que sabe todo sobre la vida rural sólo por habernos visto un día de verano.”

Tras una descripción exhaustiva del pueblacho de casas de adobe, la dieta pobre del campesinado, los problemas sanitarios y de higiene y la influencia omnipresente de la religión que ni siquiera sirve para detener la deshonestidad, la infidelidad y el crimen; el maltrato de los animales y la consideración de la mujer como mera propiedad Orga llega a la siguiente conclusión:

Me parece que la occidentalización ha afectado al campesino sólo e que le ha dado maquinaria agrícola (que no pocas veces se queda en los campos oxidándose), escuelas, derechos y otras ventajas. Todas ellas son, sin duda, cosas exteriores. No dejan huella en el espíritu, que sigue siendo brutal, insensible y trágico. El conjunto de la vida rural en Anatolia es trágico. Uno sólo tiene que mirar a los ojos a los niños y a las mujeres que llevan tanto tiempo sufriendo. La vida parece una lucha inacabable contra la naturaleza o contra otros con más mundo que ellos y que les estafan continuamente. A pesar de todas las mejoras obvias la vida rural es dura y seguira siéndolo durante mucho tiempo, hasta que la propia gente empiece a apreciar la finura de vivir.

 Y esto es sólo en la llanura de Anatolia, antes de llegar al terreno montaño de los Tauros donde vive la gente ruda de verdad: los yürük que va a conocer como antropólogo aficionado. En resumen es un punto de vista con el que me he podido sentir identificado y del mismo modo que él se ve en el atraso de los campesinos turco, reflejado me veo yo en los problemas y circunstancias de mi país natal. Está muy bien eso que dice de que “no despreciamos ningún defecto que no tengamos”.


La caravana avanza

16/08/2014
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Portada

Un poco de lectura ligera, que estamos en agosto. He encontrado algunas gangas en literatura de viaje y estoy dándoles curso. Por ejemplo, esta historia de viajes y antropología del turco İrfan Orga radicado en el Reino Unido y que vuelve a su país para encontrarse con el grupo etnotribal de los Yürük o Yöruk, nómadas de los montes Tauros y otras partes de Anatolia y los Balcanes (Bulgaria, Macedonia) que hoy en día no se diferencian tanto del resto de la sociedad turca, pero que en el mundo preindustrial mostraban diferencias significativas que no tengo claro hasta qué punto se pueden considerar étnicas, regionales, nacionales o qué. Volvamos a poner la imagen de los charcos de Gellner. Entiendo que la posición de los yürük con respecto a la mayoría de su país a principios del siglo XX podía ser análoga a la de los bereberes en Marruecos y en el fondo no tan distinta a la de los hurdanos cuando Luis Buñuel fue a rodar “Las Hurdes, tierra sin pan”.

The Caravan Moves on (La caravana avanza) es el título de este libro escrito en 1958 y del que no hay traducción al español. No está claro cuándo se produjo el viaje del autor, aunque en un momento hable de treinta y dos años de república y eso lo pondría en 1955, pero según su hijo que escribe el epílogo la fecha es imposible. Otras veces se habla de “cuarto de siglo de modernización”. El viaje comienza en Esmirna y sigue por Afyon, Konya y Meram hasta Karadağ en los montes Tauros, donde se encuentran los yürük.

Orga (1908 – 1970), residente en Londres desde los años cuarenta ofrece una mirada interesante a la vez que infrecuente en los libros antropólogicos y que me es especialmente cara. No es la mirada del extranjero que llega y compara, ni la mirada del erudito del lugar que explica porque conoce, sino la mirada del que regresa. No sólo está la percepción de haber vivido en diferentes espacios geográficos, sino la de haber vivido diferentes sistemas y eras, nacido en los estertores del califato otomano, formado en los albores de la Turquía republicana y emigrado a Occidente después, todas las perspectivas hacen que su modo de escribir, sin sobreentendidos, resulte comprensible al lector que mira la Turquía de los años cincuenta desde esta parte nuestra del mundo. A uno le dan envidia los escritores que se desenvuelven con soltura en una lengua que no es la que aprendieron de niños. Orga no es precisamente Conrad y según se explica en epílogo la prosa está revisada por su esposa, oriunda de Wicklow cerca de Dublín.

Respecto a los yürük de aquel tiempo, que casi nada tendrán que ver con los actuales, nada que sorprenda en demasía: Superstición, curanderismo, atraso, ausencia de ciencia e industria, repetición reiterativa de rituales, carencias materiales, consideración de la mujer como propiedad, importancia desmedida de la vestimenta y los modos de preparación de los alimentos, venganzas tribales, crímenes “de honor” y todas esas cosas que hoy nos horrorizan en partes del mundo islámico, pero que en el fondo en nuestras sociedades occidentales también han prevalecido hasta anteayer y que aunque hoy sólo algunos grupos como los gitanos conservan durante la mayor parte de nuestra historia han sido los valores mayoritarios para casi toda la población.

Más allá del exotismo apreciable en que para intentar curar una herida los chamanes soplen sobre ella cuarenta y una veces y media (sin que nadie conozca la razón del número) o que la forma de que una moza casadera exprese su enamoramiento sea colocar su cuchara apuntando hacia el exterior de la mesa para indicar que ya le corresponde comer en la mesa de otro, en el fondo su cultura está compuesta de trivialidades tribales que el mundo no habrá llorado tras su desaparición. Hay a quien le encanta el mito del buen salvaje y ve en estas comunidades “naturales” un modo de vida sencillo y puro que a mí no me parece más que opresión hacia el individuo. No es que se pueda hacer demasiado por forzar el ritmo de su adaptación al mundo moderno y a valores liberales, pero a diferencia de la mayor parte de la gente que se molesta en leer antropología y estas cosas, la “desaparición” de estas culturas no me parece ningún drama y sí un gran avance que seres humanos que nacen en un entorno específico no se vean condenados a vivir como sus antepasados y tengan acceso al desarrollo económico y la libertad.

Tauros


Miniatura otomana

22/06/2014
afsa

Estambul 1582

Hace un par de años que tenemos este cuadro en un rincón de la casa. Hoy se me ha ocurrido echarle una foto, a ver si con Google Images conseguía averiguar qué representaba.  Conozco el lugar, que es el Hipódromo de Estambul y parece claro que es algún acto en presencia del sultán, posiblemente una ofrenda floral.

Curiosamente sólo me ha salido la imagen en un par de páginas chinas. Tras la autotraducción la inglés me han salido las palabras “prince” y “circumcision” y a través de ellas he averiguado que es la representación de la ceremonia de circuncisión en 1582 del príncipe Mehmet, hijo de Murad III. Según parece hay un libro llamado Surname-I Hümayun que viene a ser el equivalente a los álbumes de boda actuales y que contiene multitud de miniaturas que representan lo acontecido durante la celebración.

He estado buscando sin éxito una versión completa en línea y me ha llamado la atención el hecho de que en mis búsquedas algunas de las imágenes aparecen con mucha frecuencia y que en concreto la de mi cuadro no. El gremio de vendedores de pan y los arquitectos con su maqueta pueden encontrarse por doquier. En cambio no encuentro por ninguna parte a los que por el momento considero jardineros o floristas. Algo que me resulta curioso es que mientras que en nuestro cuadro aparece el obelisco de Teodosio no se ve por ninguna parte la columna de las tres serpientes, un elemento que sí que sale en otras de las imágenes.

En el libro Crafts and Craftsmen of the Middle East: Fashioning the Individual in the Muslim Mediterranean (I.B. Tauris & Co Ltd, Londres 2005) hay un capítulo de Gisela Procházka-Eisl titulado “Guild Parades in Ottoman Literature; The Sûrnâme of 1582” al que he estando echando un vistazo por si incluía un listado completo de las miniaturas. Al parecer hay tres ejemplares del libro en Estambul, Leiden y Viena y el de Viena es el que más minuaturas y gremios contiene. Se me ocurre que es posible que esta representación sólo se encuentre en el ejemplar vienés y que por ello sea menos conocida.

Si ha leído hasta aquí y en su mente sûrnâme ha resonado como la palabra “apellido” en inglés, siéntase muy tonto.