Yugonostalgia

12/08/2014

Vi recomendada por ahí una serie web hecha en los Balcanes y anoche le estuve echando una ojeada. El formato me parecía ideal, ya que los “webisodios” de entre cinco y diez minutos se adaptan bien a mi periodo máximo de concentración actual. También diré que el serbocroata es la lengua eslava que más me agrada oír, bastante más que el ruso e infinitamente más que el polaco, que quizá sea la que tenga unos sonidos más endiablados. Nno entiendo nada, por lo que supongo que la razón de que me guste oír esa lengua que es en el fondo de mi cerebro se conecta con las ideas de clima mediterráneo y vacaciones. La serie se llama Samo kažem y para mí fortuna está subtitulada en inglés. También algunos de los personajes hablan entre ellos la lengua más o menos universal. A ratos.

Va de una pandilla de amiguetes veinteañeros o por ahí que disfrutan del verano en Belgrado, una ciudad que desconozco y por la que me gustaría pasarme algún día. Son todos de la mitad otomana de Yugoslavia (no hay croatas ni eslovenos, pero sí personajes de Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo) y parece imposible no querer ver un mensaje en esa convivencia en la variedad. El escenario principal es la capital serbia pero otros puntos del mapa yugoslavo aparecen ocasionalmente. Conozco un par de ellos (Kotor en Montenegro, Sarajevo en Bosnia) y hay otro par que no (Skopje en Macedonia, Prizren en Kosovo).

No tengo ya mucho en común con la juventud, aunque me imagino que siempre es más fácil vender un audiovisual de jóvenes que uno de viejos. La verdad es que las chavalitas son bien monas y me imagino que desde el otro lado de la barrera del heteropatriarcado dirán lo mismo de los mozos. En el fondo es el tipo de pandilla que en teoría le habría gustado tener a uno con esa edad, con su dinamismo y sus experiencias sexuales y de drogas blandas. Pero demos un salto de veinte años y pongámonos en el presente en el que el autor de estas líneas, ya más ajado, se pone a buscar pistas políticas en las cosas.

Es curioso pensar que los kosovares ya no aprenden serbio. Los que tengan más de treinta años lo hablarán y los de menos de veinte se tendrán que comunicar en inglés con sus vecinos exyugoslavos. Lo mismo que ya llevan haciendo valones y flamencos unos cuantos años. Quién sabe si algún día no haremos lo mismo en la península Ibérica. Cuando estuve en Praga por primera vez los más ancianos aún hablaban alemán, un vietnamita de unos sesenta años me indicó una dirección de Saigón en francés y he leído que los letones de menos de veinte años ya no han estudiado ruso, lo cual les plantea un problema en el mercado laboral del mismo país. Creo que en todos los casos hay un abandono de las otras segundas lenguas en dirección al inglés. Le pasará lo mismo a la lengua franca balcánica, que dejará de serlo (al menos en Eslovenia, Macedonia y Kosovo) y no sólo eso sino que además donde aún se habla se ha partido en tres. No sé si se pierde o se gana pero hay un mundo que ya no es el que era y una ocasión para la nostalgia.

En la serie las guerras de los noventa no aparecen explicitamente por ninguna parte, pero a mí me parece que siempre están ahí. No sé cómo de agradable será para un albanés, en especial macedonio o kosovar, hacer turismo por Serbia ni cuál es la probabilidad de que se encuentre a una turba que pretende apalear al šiptar. También es curioso pensar que precisamente en Prizren se han producido episodios de “limpieza étnica” contra serbios tan recientemente como en 2004. En ese sentido el enamoramiento de Maja la convierte de veras en un mariscal Tito cuasiadolescente. El publireportaje turístico del Prizren de Dren es toda una declaración política.

También la ficción muestra cosas que uno aprende en la realidad o en los viajes. Parece ser que en Serbia todavía se fuma en todas partes. Se entera uno de que Viena se llama Bech en aquella parte del mundo. Cuando trabajé para Austrian Airlines era la única aerolínea que tenía un vuelo directo desde Europa Occidental a Pristina. Las tarifas eran carisimas y siempre iba lleno de periodistas y personal de organizaciones internacionales. Tardé años en darme cuenta de cuánto tenía que ver el mapa de destinos con el de la monarquía austrohúngara. No me sorprende que Viena sea la salida natural de Milos.

El personaje que tiene más presente la guerra es el de mayor edad, taxista y padre de Zoran, uno de los muchachos que pasa el año con su madre en Sarajevo y el verano con su padre en Belgrado:

Tienes que saber que yo adoraba Sarajevo… pero lo jodimos todo. Ellos y nosotros. También adoraba a tu madre, pero eso lo jodimos nosotros mismos. Cuando escapamos y vinimos a Belgrado creíamos que habíamos dejado atrás el infierno para siempre. Éramos felices, tú ibas creciendo, era el paraíso. Luego empezo nuestro propio infierno interior y tu madre se volvió, no sé ni cómo. Yo no podía. Sentía vergüenza: de mí mismo, por los vecinos, por los amigos, por la chusma que ya no estaba. Por suerte siempre está el tiempo, el mejor doctor que existe.

Dušan

Esta yugonostalgia es diferente a la de los personajes del libro de Åsne Seierstad. Parece que venga envuelta de futuro aunque el pasado se filtre por todas partes. Tengo curiosidad y si hay episodios nuevos los seguiré viendo.

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Un siglo

28/06/2014

La mancha negra, que no mano negra

Hoy hace cien años que, en palabras de algunos, comenzó el siglo XX. También podemos asirnos al título de Zweig y decir que empezó a desmoronarse el mundo del ayer.. El Puente Latino sobre el Miljacka acabó llamándose Gavrilo Princip como el autor del crimen. La casa-museo que hace esquina es el lugar desde el que disparó al coche en el que iban el archiduque y su esposa. Concretamente desde un punto en la calle perpendicular al río que es donde hoy se encuentra la descriptiva placa que sustituyó a la de homenaje a Princip que hubo en el mismo lugar durante muchos años.

Durante los próximos cuatro años espero aprender bastantes cosas sobre la Gran Guerra. A mi modo de ver, mientras que aún podemos entender las causas de la Segunda Guerra Mundial e identificarnos con ciertos valores el problema de la Primera es que toda esa muerte se produjo como consecuencia de asuntos territoriales de imperios y dinastías que ya ni existen ni importan a nadie. Al menos podemos representar la muerte en la Europa de los años cuarenta como una victoria frente al nazismo, pero todos los cientos de  miles muertos para que Austria-Hungria siguiera teniendo un pie en los Balcanes o para ganar cien metros de frente en Verdún son futiles y difíciles de entender. El otro día comentábamos las 300.000 bajas en el frente del Isonzo, un escenario secundario, que incluso desde un punto de vista militar apenas sirvieron para nada.

Volviendo al Sarajevo de junio de 1914, hay un buen resumen del atentado en la Wikipedia, a mí me gustó leerlo hace años en el libro de Brian Hall sobre la descomposición del país imposible que era Yugoslavia y Enric González también lo contó muy bien en El Mundo la semana pasada. Hace poco hablamos del edificio de la Biblioteca Nacional de Bosnia-Herzegóvina, que en 1914 era el ayuntamiento en el que se celebró la recepción al heredero del trono austrohúngaro y su esposa. Después de pasar por Sarajevo descubrí que nuestros días en la histórica ciudad acontecieron exactamente cien años después de “la crisis bosnia”, jugada diplomática mediante la cual Austria-Hungría se anexionó el territorio de Bosnia dejando a Serbia y Rusia con un palmo de narices. Puse unas pocas líneas y tengo unas cuantas fotos más de una ciudad que me resultó muy agradable a pesar de su historia sangrienta. En realidad, poder disfrutar de la vida en el escenario de tanta tragedia debería ser una alegría añadida. Más que de lápidas y placas y de los impactos de obús en las fachadas tengo el recuerdo del día apacible, frío y soleado; de la mezcla de estilos arquitectónicos y del olor a leña.


De Sarajevo a Belgrado en tren

28/11/2011

Sarajevo - Belgrado (Mapa del NY Times)

He estado viendo un reportaje de televisión (“En Portada” RTVE, emisión del 27-06-2010) sobre el Bosnia Ekspres, el tren que desde 2010 vuelve a unir Sarajevo con Belgrado. De momento lo utilizan muy pocos pasajeros y es más bien un esfuerzo político para aparentar normalidad o empezar a alentarla. Un tren diario con tres vagones y quince pasajeros de promedio, que tiene que detenerse para cambiar de personal en tres fronteras y tarda nueve horas en hacer el recorrido. Antes de la guerra había cuatro trenes al día con diez vagones cada uno. El expreso sólo necesitaba seis horas para llegar a  su destino.

Siempre me han gustado las historias de trenes y también las que suceden en lugares que he hollado. Por fas o por nefas he tenido que recorrer los Balcanes más por los libros que por sus hermosos parajes y para comentar un par de cosas me quiero detener en una reflexión que en el reportaje se hace respecto de una pasajera (a partir del 15’50”):

Lucija Mijanović es católica y se define como bosnia, no como croata. Un caso excepcional en estos países en los que religión y nacionalidad se confunden.

No, no puedo ser croata si nací en Bosnia Central. No puedo encerrarme en un corral. Un país, dos entidades, tres nacionalidades…. ¡no te digo! …. Si Yugoslavia ha desaparecido sólo puede existir Bosnia.

Lucija regresa a Sarajevo después de visitar la tumba de Tito en Belgrado con motivo del trigésimo aniversario de la muerte del gran líder yugoslavo.

Después de visitar la Casa de las Flores, la tumba de Tito, no sé qué podría decir. Estoy llena de emociones y de amor por todos.

Ya he comentado alguna vez que en España no se suele entender muy bien la diferencia entre nacionalidad y etnicidad. Puede contribuir a ello que a veces, como en el caso de Yugoslavia, a la etnicidad se le suela llamar nacionalidad. La propia constitución española llama “nacionalidades” a algo que vaya usted a saber qué es y por eso lleva más de treinta años discutiéndose. En lugar de “nacionalidad-etnicidad” se puede decir “ciudadanía-nacionalidad”, más lío.

El lenguaje cotidiano dificulta la comprensión, con ejemplos como que las empresas que se “nacionalizan” en realidad se “estatalizan”, otros casos de actores políticos confundiendo interesada o ignorantemente al Reino de España con el Estado español. Toda una serie de casos para los cuales no hay mejor respuesta que el mejor Gellner.

In fact, nations, like states, are a contingency, and not a universal necessity. Neither nations nor states exist at all times and in all circumstances. Moreover, nations and states are not the same contingency. Nationalism holds that they were destined for each other; that either without the other is incomplet, and constitutes a tragedy. But before they could become intended for each other, each of them had to emerge, and their emergente was independent. The state has certainly emerged without the help of the nation. Some nations have certainly emerged without the blessings of their own state.

En cualquier caso, se trata de dos cosas distintas, la pertenencia a una entidad administrativa y la pertenencia a un grupo étnico o si se quiere cultural que puede definirse en función de una o muchas características según el caso (lengua, religión, historia compartida). En el caso de los Balcanes hoy, para complicar un poco más la cosa, podemos tener tres elementos: ciudadanía, religión y etnicidad.

Para intentar desenmadejarlo, me gusta esa distinción que en lengua ingles hace la literatura sobre asuntos balcánicos: Serb-Serbian, Croat-Croatian, Bosniak-Bosnian. La primera refleja la etnicidad y la segunda el territorio. No es que no se pueda reproducir en español, donde en lugar de las segundas utilizaríamos “de + el nombre del territorio” Croatian Serbs (los serbios de Croacia) Bosnian Croats (los croatas de Bosnia) y así sucesivamente con algunas excepciones, como que debido a su protagonismo en la guerra, serbobosnio parece un vocablo natural parar referirse a los serbios de Bosnia, y que la palabra bosniaco no es utiliza demasiado, con lo que suele decirse sólo bosnio, lo cual serías confuso o también bosnio musulmán, lo cual a veces es un lío si el individuo en cuestión es ateo o se ha convertido a otra religión. Las religiones pueden ser hasta cierto punto un rasgo de etnicidad, pero en su sentido puro la etiqueta debería entenderse como una creencia.

El caso es que no sé cómo se dicen estas cosas en serbocroata ni puedo estar seguro de qué es lo que ha dicho la buena de Lucija Mijanović. En principio yo culparía del desaguisado al redactor de RTVE, porque el que se confunde debe de ser él. Acepto que “se confunden” puede querer decir “suelen ir mezclados” y no que la gente confunda su religión y su etnicidad. En fin, que habría dos posibilidades y yo apuesto por la segunda:

  • Una es que la buena mujer fuera una bosniaca (bosnia de tradición musulmana) convertida posteriormente al catolicismo, y por eso dice que no puede ser croata, siendo de Bosnia Central, donde puede que haya algún croata suelto pero no grandes poblaciones de los mismos. (La población croata en Bosnia se concentra en el sur, cerca de la frontera de Bosnia con Croacia).
  • La otra es que, en efecto, la mujer sea una croata que por algún azar de la vida ha nacido y crecido en Bosnia Central, que su modo de definir su identidad sea postnacionalista y que lo que está diciendo es que ha superado conceptualmente la etnicidad croata y ella reconoce su identidad en la ciudadanía bosnia, el país del que tiene pasaporte. Creo que este puede ser el caso, ya que parece una yugonostálgica que viene de ver la tumba de Tito en Belgrado. Otro indicio para mi ignorancia es que su apellido no me suena especialmente bosnio, como esos conformados por nombres islámicos seguidos del genitivo -vic.

Habrá quien pueda determinarlo con certeza. Lo que me ha lanzado a escribir estas líneas es la paráfrasis de aquel dicho del titoísmo que ya mencionamos aquí.

—–

Tras escribir este texto, me he encontrado con un reportaje escrito del New York Times: Train Line across the Balkans Restitches a Region , que se parece bastante al de Televisión Española y del que he sacado el mapa.


El castillo de Predjama

29/07/2010

Castillo de Predjama

El día 2 llegamos a Predjama y nos dio tiempo a echar un vistazo a su imponente castillo. Haciendo caso a nuestra guía de viaje no entramos. Decía que el interior no vale la pena, pero más bien fue debido a que habíamos llegado a Treviso tras un vuelo de más de dos horas y llevábamos recorrido todo lo que separa el aeropuerto de la ciudad véneta de la frontera. Luego una parada en Pirán para comer y se nos habían hecho las cinco y pico y todavía nos faltaba un trecho para llegar a Liubliana.

En esloveno se dice Predjamski grad o Grad Predjama. He observado que en algunos sitios lo traducen a otras lenguas como castillo de Predjamski, que debe de ser incorrecto, porque entiendo que –ski es el genitivo. Me parece curiosa esta palabra grad, que en otras lenguas eslavas en lugar de castillo significa ciudad y que nosotros solemos convertir en -grado del mismo modo que el -burg germánico en -burgo. (Leningrado, San Petersburgo). El burg germánico también es a veces fuerte o castillo y de hecho, el nombre alemán del castillo de Predjama es Höhlenburg Lueg, algo así como castillo de las cuevas de Lueg, en referencia a la familia Luegger a la que pertenecía.

La carretera que lleva al castillo pasa por delante de la entrada a las cuevas de Postojna, que tampoco nos dio tiempo a visitar. Las dejamos para una próxima ocasión, qué remedio. Lo que yo no he sabido hasta volver de Eslovenia es que hay un pasadizo que lleva desde debajo del castillo a las cuevas. Sí vimos el camino que conducía a las cuevas de debajo del castillo, pero no se nos hubiera ocurrido que eran tan largas.

Recuerdo de los tiempos de las ciencias naturales de la EGB, que el profesor nos dijo que el karst tomaba su nombre de una zona de Yugoslavia (¡existía Yugoslavia!). Ésta es la zona y hoy en día se diría de una zona de Eslovenia. De aquí vienen las palabras karst y dolina.


Eslovenia multilingüe

15/07/2010

Cartel bilingüe en Piran (Eslovenia)

Una de las cosas de Eslovenia que me han sorprendido gratamente es la intensidad del carácter multilingüe de su población. No es que no sea algo presumible, dado lo pequeño del país y las potencias culturales de las que está rodeado, pero será difícil encontrar otros países del mundo en los que el 92% de la población hable más de un idioma.

Por un lado más del 70% de la población habla el serbocroata, lo cual es bastante lógico ya que compartieron estado con los otros eslavos meridionales en la Segunda Yugoslavia hasta 1991. Aproximadamente la mitad de la población habla el inglés, y esto ya es más sorprendente y relevante. En las zonas del norte, que son fronterizas con Austria se conserva el alemán. Al fin y al cabo Eslovenia perteneció al Imperio Austrohúngaro hasta 1918. En unos pocos municipios del noreste del país el húngaro tiene rango de lengua co-oficial. Del mismo modo, el italiano lo tiene en tres municipios del litoral: Koper (Capodistria) Izola (Isola) y Piran (Pirano). La proximidad con la zona de Trieste y el tránsito de turistas italianos hace que la lengua italiana sea conocida no sólo por la minoría autóctona, sino también como lengua de intercambio comercial.

Así que debe de ser uno de los países a los que es más fácil viajar sin diccionario,  ni gramática ni glosario.


Yugoslavia

09/06/2010

División cultural de Europa (religión y lengua)

Yugoslavia es un país compuesto por:

6 repúblicas
5 nacionalidades eslavas
4 lenguas
3 religiones
2 alfabetos
y un solo partido político.

(visto aquí)