Tenerife

28/12/2017
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A veces llegan y a veces no

Ahora que se acaba el año he iniciado esa cosa entre introspectiva y retrospectiva que hacen los medios de comunicación. Mirando atrás resulta que me había dejado en el cajón que el pasado enero el invierno hibérnico nos empujó de vuelta a la madre patria, departamento insular, sección una hora menos. Tras la experiencia de Lanzarote años atrás el segundo viaje a las islas Canarias fue a Tenerife, adonde acudía derrotado que es el estado de ánimo adecuado para los viajes con niños. Los ambiciosos planes de turismo de la parienta quedaron reducidos a la nada que yo más o menos presagiaba.

Una nada en el horror urbanístico a agradables temperaturas que se encuentra entre Los Cristianos y Costa Adeje. Debe de tratase además del lugar más alienado de la soberanía: hay zonas bilingües de la península en las que los lugareños no hablan el castellano aunque lo sepan, y aquí en la costa sur de Tenerife los camareros te adoran y te llegan a invitar al oirte hablar en español, de tan pocos que llegan a ser los turistas que hablan nuestra lengua.

Paseo entre Los Cristianos y Costa Adeje. Nuestra toma de contacto del primer día. Una lanzadera del hotel nos colocó en la Playa de las Américas y de allí seguimos hasta la de las Vistas y de vuelta hacia Costa Adeje por un paseo marítimo, a veces en dos y tres niveles, que parecía sacado de California. El lado hermoso de las cosas es que la carretera no vaya por la costa y que por lo menos ese horror de asfalto quede por encima y a lo lejos.

Quiero incidir un poco en la incoherencia urbanística. No es que no haya edificios bellos. Es la falta total de coherencia muy en plan disneylandia en un espacio creado sin ningún sentido de ciudad a golpe de urbanización tras urbanización. Todo adosados aislados del resto que recuerdan a partes de los Estados Unidos por cómo todo esta hecho para que haya que utilizar el coche, excepto quizá un largo paseo marítimo de quince kilómetros en el que vender cosas. Había muchos negros ofreciendo toallas y negras ofreciéndose a hacer trenzas a las damas y una sucesión interminable de garitos ingleses donde la gente puede engullir las mismas grasas y cerveza que en sus islas sólo que con más calor.

Hay un detalle que me pareció muy bueno y que quizá sea una ventaja que le sirve a esta parte del mundo para competir en el mercado turístico: tanto en la calle como en edificios todo parecía muy bien preparado para el acceso de silla de ruedas y se veían muchas y también otros vehículos con motor eléctrico para gentes de movilidad escasa. Dicho lo bueno y lo malo, en conjunto no es el peor lugar del mundo, pero ya no volvimos.

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La Caleta de Adeje y aledaños (clic)

La Caleta de Adeje. Este rincón es el confín del paseo marítimo antes descrito y tiene bastante mejor aspecto aunque sólo sea por la menor densidad de población transeunte. Un poco más allá todavía queda algo que podría llamarse natural: un promontorio de rocas volcánicas donde crece alguna que otra chumbera y tras el que se esconde otra cala con playa donde acampan unos jipis. Esto estaba cerca del hotel y fuimos varios días.

El Loro Parque. Esta debe de ser la gran atracción turística de la isla. No sé cuánto gasta esta empresa en publicidad pero es imposible no enterarse de que existe. Se encuentra en el Puerto de la Cruz en el lado norte y ofrecen entradas que incluyen el desplazamiento desde cualquier lugar de Tenerife. Una guagua que tiene el lado malo de que casi se tarda más yendo a buscar a la gente por los hoteles que luego en llegar al sitio y el bueno de que al menos algo ve uno del paisaje, en especial la transición entre el sur árido y el norte fértil. Me queda el recuerdo del médano magallánico que hay al final de la pista del aeropuerto del sur, las pirámides de Güímes y la vista del valle de la Orotava con el Teide al fondo. Luego el parque en sí, es un zoológico de los de toda la vida con la excepción de los espectáculos de  orcas, delfines, focas y loros amaestrados. Los chous de los bichos tendrían mucho más interés si no los hubiera visto uno por televisión mil veces antes. El resto puede ser un zoo, ligeramente peor que el de Dublín y bastante por debajo del de Hanóver (donde la entrada viene a costar la mitad). En conjunto pasamos un buen día.

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El Teide desde el avión

El Teide. Lo vimos desde el avión despuntando por sobre su mar de nubes. La organizadora del viaje quería que tomásemos una excursión a las cañadas y luego subir en funicular, pero era complicado llegar con transporte público y en el fondo no nos apetecía tanto pasar de los veintitantos grados de temperatura a los meros dos. Por un lado, sé cómo es la cima, porque la he visto en vídeos y fotos y eso le resta algo a la pulsión de descubrir, por otro me gustaría hacerme una foto en el lugar que tantas veces vi en el billete de mil pesetas. Desde nuestra playa del sur las otras montañas evitaban que viéramos la cima grande, pero desde el norte lo vimos mejor. Como siempre digo, hay que dejar cosas sin ver por si se vuelve y esta será una.

El Siam Park. Más cerca del hotel había un parque acuático que era de la misma empresa que el Loro Parque, por lo que se ofrecía un billete combinado que no era mucho más caro que el del zoo y pensamos que sería una buena forma de pasar un día…. y lo fue al menos para mí que me subí a un montón de toboganes y de cosas mientras mis compañeras comían helado. La otra vez que estuve en uno de estos fue en 1989 en el viaje de fin de estudios de EGB. No ha llovido.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta de sol. Una de las cosas que hicimos casi todos los días era ver las puesta de sol desde el balcón antes de ir a cenar. Me sorprendió gratamente saber que La Gomera se podía verse no tan a lo lejos y más en lontanza El Hierro. Me informa un amigo canario de que desde el Teide pueden verse las otras seis islas. En su día había leído que los guanches y demás no sabían navegar y que los de unas islas no conocían al resto.

El hotel. No ha sido hasta hace pocos años que uno ha empezado a ir a este tipo de complejos turísticos. Con cierta admiración intento observar su funcionamiento industrial como de cadena de montaje. El edificio en el que estuvimos tiene 17 años y no los aparenta en absoluto, debe de ser una combinación de clima benigno y mantenimiento eficiente. Para una alimaña como yo es un error incluir una cena de bufé en la que uno puede comer cuánto quiera. Hubo dos noches en que acabé pasándolo mal, hasta acabar moderándome. Los empleados amabilísimos y más en cuanto se daban cuenta de que formábamos parte de la minoría que a pesar de ser hispanohablante va a estos sitios. El socorrista me contó que ya le habían bajado el salario dos veces y que ahora no llegaba a mileurista por cincuenta euros. Otra chica me dijo que venía desde Santa Cruz todos los días (80km) porque allí no hay tanto trabajo y los hoteles del sur pagan mejor. La cantidad de comida que tienen que preparar a diaro me resulta una operación fascinante.

La playa. Pasé más tiempo remojándome en la piscina templada a 26º del hotel (¿cuánta energía gastará eso?) pero no quería irme sin meterme en el agua del mar, cosa que puede hacer en la playa del Duque. No fue una experiencia demasiado agradable: el agua estaba muy fría. Nunca me ha gustado la playa entendida como actividad. Me parece muy aburrido estar en la arena sin hacer nada mientras los rayos ultravioleta me chamuscan la fina piel. Caminar bajo los rayos el sol es más llevadero.

Veredicto. Para la gente a la que le guste no hacer nada más que comer, bañarse, echar la siesta y estar en manga corta o en traje de baño a una temperatura agradable todo el día el sur de Tenerife es el lugar idóneo. De hecho, nunca he entendido por qué la gente atraviesa el océano para ir al mar de las Antillas que también Caribe llaman a hacer exactamente lo mismo sólo que con mayor pérdida de tiempo y gasto en queroseno. Yo reniego mucho de este tipo de vacaciones, pero cuando se tienen hijos pequeños se hace lo que se puede y tampoco nos podemos quejar.


Rinoceronte o abada

29/04/2016
Tres tristes rinos

Tres tristes rinos camuflados en el terreno monocromático

El viernes pasado volvimos al zoo de Dublín y esta vez resultó un día más soleado que el del pasado año. Algunos animales los hemos podido ver con más detalle y después he estado averiguando la historia del peculiar león asiático de Gujarat. La zona de los flamencos y las focas ha sido renovada y vale la pena ver a estos leones marinos, aunque sus instalaciones no tengan comparación con las del zoo de Hanóver. Esta vez no se podían ver los orangutanes ni el leopardo de las nieves por reformas en sus relativos hábitats. Casi mejor, ya que el orangután me dio bastante pena la otra vez, comiendo desperdicios de las cajas de cartón en una habitación ridícula pintada de verde. Espero que le puedan hacer una pseudoselva decente. El hipopótamo se dejó ver fuera del agua.

Uno de los animales que más me gusta ver es el rinoceronte, que comparte espacio en la sabana gigantesca con cebras, jirafas y avestruces. Animal bastante poco dinámico, estuvimos contemplando a tres a ratos echando la siesta y a ratos en pie aunque sin desplazarse. Apenas cuando uno le rozó a otro la barriga con el cuerno hubo un conato de enfrentamiento con resoplidos brutales que hacían levantarse el polvo. Impresionantes bichos de una especie más víctima que otras de la estupidez humana. Podría decirse que el llamado rinoceronte blanco es más bien gris y en la página del zoo de Dublín sugieren que esto es debido a una confusión con la palabra que los afrikaners utilizan para decir ancho (white y wide son blanco y ancho en inglés) y que en realidad sería rinoceronte de boca ancha. No estoy seguro de que así sea. Aunque blanco noparece puede que sí que lo sea por oposición al rinoceronte negro, al igual que ocurre con las piezas de color más claro en el juego del ajedrez a las que se llama blancas independientemente de su tono.

Luego, unos días después, entre todo el lío de las conmemoraciones cervantinas y gracias a un mapa de época me he enterado de que en Madrid hay una “calle de la abada” y que abada no es otra cosa que un nombre arcáico para el rino, de origen malayo por vía del portugués (no hay muchas palabras malayas en español).

La wikipedia en inglés tiene una entrada para el primer rinoceronte que vieron los europeos -espectáculo sucedido en la corte de Felipe II- y acepta, creo que erróneamente, que Abada era el nombre del animal. También hubo autores que entendieron que abada o habada era nombre que debía aplicarse tan sólo a la hembra de rinoceronte. Me imagino que en Madrid será cosa conocida por la calle que le pusieron al animal, pero para mí esta palabra es todo un hallazgo.


La India en Hanóver

31/08/2015
El templo y la plaza

El templo y la plaza

Hace unas semanas comentaba el día de la excursión al zoológico de la última vez que estuvimos en Hanóver. En aquella ocasión enseñaba unas fotografías de la zona que acoge la fauna del Yukón canadiense, que se convirtió en mi preferida.

Así de cerca pueden verse

Así de cerca pueden verse

La segunda zona que más me gustó fue la dedicada al subcontinente indio, que creo que se llamaba Palastgarten. Había una hermosa plaza decorada al estilo de esos fuertes del Rajastán desde donde uno podía ver a los elefantes y los macacos.

Plaza

Plaza

Todos los detalles estaban muy bien cuidados, por ejemplo el retrato en el estilo del imperio mogol en uno de los muros, los templos y las guirnaldas.

Elefantes

Elefantes asiáticos

Los elefantes se podían ver muy cerca y estaban a la misma altura que los visitantes del zoo, de los que sólo les separa un foso que no es suficiente para evitar que puedan alargar la trompa en busca de comida.

Los elefantes junto al agua

Los elefantes junto al agua

Al otro lado de la plaza se encuentran los macacos, dueños y señores de un templo por el que caminan, saltan y hacen diversas monerías.

Macacos

Macacos

Entrando por uno de los templos del decorado y en una zona más oscura y tranquila pueden verse, si es que se dejan ver, los tigres de Bengala. Cuando me adentré por ahí estaban en la siesta y apenas veía el color anaranjado de su piel a rayas por entre la hierba.

Arte mogol

Arte mogol

Como ya dije la otra vez, el zoo de Hanóver me parece mucho mejor que el de Dublín, que es el que tengo más cerca. Se puede pasar tranquilamente un día entero de escenario en escenario. Si sólo se dispone de un par de horas yo recomedaría ir a ver lo del ártico canadiense y esta parte de la India. La montaña de los gorilas también me gustó mucho. Cada cual sabrá cuáles son sus bichos favoritos.


El Yukón de Hanóver

01/08/2015

Vamos con unas escenas de las vacaciones del mes pasado, que parecen ya tan lejanas. En Hanóver hay un zoológico más que notable. De hecho, en una comparación el de Dublín podría palidecer o sonrojarse. Aquí se da la circunstancia de que he estado en dos zoos en pocos meses, cuando creo recordar que la anterior vez que había estado en uno fue en la Barcelona en los años ochenta.

Focas

Focas

Hoy me voy a referir tan sólo a una parte del zoo de Hanóver que se llama Yukon Bay. El territorio del Yukón está en Canadá y tiene la extensión de la España peninsular y la población de Rentería. Lleva el nombre del río Yukón, pero creo que no hay bahía ni golfo que así se llamen.

Aquí nadan las focas y para ser cartón piedra está espectacular.

Aquí nadan las focas y para ser cartón piedra está espectacular.

La primera vez que leí el nombre del Yukón fue hace muchos años en un tebeo del pato Donald, que por cierto es mucho más importante en Alemania que en España, aunque allí no se llama Ente Donald sino Donald Duck.

Pingüinos en cubierta

Pingüinos en cubierta

Yukon Bay es un área más reciente del parque y muestra la fauna norteamericana: el bisonte y el caribú; perros de la pradera, mapaches o lobos. Pero dicho esto, la mejor parte es la de los animales acuáticos o que viven cerca del agua.

Oso polar en su siesta

Oso polar en su siesta

Sobre todo es digna de mención la piscina en la que las focas nadan y hacen acrobacias y el graderío que tiene enfrente. Toda esta parte, donde también está el oso polar, está modelada como si se tratase de un auténtico puerto canadiense con barcos amarrados y almacenes. La posibilidad de situarse bajo el nivel del agua y ver el buceo de las focas y cómo pescan ciertas aves fue una de las experiencias más interesantes de un día bien provisto de ellas.

Perros

Perros de la pradera

Por desgracia el oso polar ni se movió en el rato que pasamos por sus territorios. La gente que planea bien estas excursiones controla la hora en que dan de comer a cada bicho. Los perros de la pradera estuvieron muy graciosos, al igual que las suricatas que habíamos visto antes en la parte africana.

Lobos

Lobos

Otro día comentaré alguna otra zona de este zoo: hay un paseo en barca por el Zambeze que ya solo es mejor que muchos otros parques con animales. También está muy bien decorada la zona de los templos de la India. Una amiga siempre me dice que no hay que ir a circos ni zoos porque se favorece el maltrato a los animales. Yo discrepo mucho y creo que se contribuye a que la gente sepa qué animales existen e incluso podrían estar siendo maltratados en algún rincón del orbe. Lo que es curioso es que el efecto de pasar por el zoológico de Hanóver es que tengo muchas menos ganas de volver por el de Dublín.

 


Por el norte de Alemania

17/07/2015
Cartel de entonces

Cartel de entonces

Si el mes pasado nos tocó recorrer algo del sur de Alemania, este ha sido el de las vacaciones más largas que vamos a tener este año y nos hemos acercado al norte del país. La mayor parte de tiempo hemos estado en Hamburgo y Hanóver, que son las ciudades de siempre y sobre las que ya he escrito y mostrado imágenes en otras ocasiones, por lo que probablemente cuando en los próximos días suba alguna galería las omitiré, quizá con la excepción del maravilloso zoo de Hanóver que ha sido para mí toda una experiencia. También en Hamburgo he conocido un par de cosas nuevas, como son el jardín botánico y el parque que llaman de la ciudad, amen de celebrar el nuevo título de la Speicherstadt (patrimonio de la Humanidad) y comprobar el progreso de Citihafen y el edificio de la Filarmónica del Elba, aunque creo que todo ello me ha impresionado menos que la casa de fieras hanoveriana.

Pero no todo han sido las ciudades familiares, ya que en esta vuelta también ha habido alguna novedad. Por ejemplo, la carestía de los vuelos nos obligó a aterrizar en la ciudad hanseática de Bremen, por la que uno no había pasado y que ahora me parece muy bien y además mi niña está encantada con los cuatro animales músicos de Brema. Tengo una ridícula anécdota con su madre hace muchos años, que tiene que ver con las polis de aquella talasocracia del Báltico. La ciudad de Bremen y su puerto de Bremenhaven son un estado federado de la República Federal Alemana. Al igual que Berlín y Hamburgo son apenas una ciudad. Curiosamente el aeropuerto está en terreno de Bremen pero la pista se sale del estado y entra en Baja Sajonia y luego vuelve a ser Bremen otra vez. El avión ni se acerca a tocar estos confines aeroportuarios pero la curiosidad ahí queda.

También ha sido la primera vez que me he bañado en el Báltico. El agua estaba fresquita, pero se llevaba bien en un día de tanta calor como el que hizo en Timmendorfer Strand. De hecho quizá ni estuviera tan fría ya que había medusas y creo que a esos bichos los mueven las altas temperaturas. Mi impresión fue que no eran de las que picaban ya que nadie parecía alarmado por su presencia pero por si acaso intenté no tocar ninguna.

Otra de las experiencias interesantes ha sido conocer la también hanseática y salada ciudad de Luneburgo, que tiene un aire a Estrasburgo cuando uno está cerca del agua. bien vale una visita. Aunque mis planes de pasarse por Lubeca fueron boicoteados, me he quedado contento con el descubrimiento de esta ciudad, que por razones de poca actualidad estaba de mucha actualidad. La noticias más destacadas de esos días en cambio han sido todas las relativas a la crisis helena y de hecho un día almorzamos en un restaurante griego, acto que no sé muy bien como se interpretaría desde la perspectiva de esa gente que tanto dice querer a Grecia y tan poco a Alemania. A mí Alemania me encanta. La comida griega también.

En fin, que tras unos días de brötchen y Kafee und Kuchen ya hemos vuelto a la isla esmeralda donde siempre es otoño.


En el zoo de Dublín

04/04/2015

De repente nos hemos encontrado con cuatro días festivos así que en lugar de dedicar el fugaz fin de cada semana al reposo nos ha dado por salir de casa aprovechando el tiempo relativamente bueno y que nos ha alterado la sangre la primavera. Esta mañana hemos ido al zoo de Dublín, que a pesar de tantos años en la ciudad aún no conocía.

Rino paciendo

Rinocerontes paciendo

En general había oído hablar bastante mal del parque zoológico y no estoy seguro de si esto es debido a que hace algunos años las instalaciones eran peores o a esa ideología moderna que denuesta las casas de fieras. El resultado es que me ha parecido bastante mejor de lo que esperaba y aunque no es una actividad que espere repetir a menudo sí que estoy dispuesto a volver dentro de un par de años. Hoy por ejemplo no podían verse los leones marinos y los flamencos chilenos porque les estaban acondicionando su espacio, así que intentaré fijarme en estos animales la próxima vez.

Jirafas comiendo

Jirafas comiendo

A mí esa forma disneyana de ver el mundo y lo de decir que los animales están felices en la selva y tristes en los zoológicos y que no hay que financiar estas “prisiones” de animales me parece una sandez, acaso con la excepción de los orangutanes, que sí que me resultan bastante humanos y daban un poco de pena a través del cristal en una habitación mal pintada. Pero en general, los zoológicos contribuyen a que existe conciencia de la existencia de estas especies en nuestro mundo y no en un lugar remoto de África. Es una de las pocas formas en que yo puedo transferir renta a los rinocerontes del mundo, por decirlo de algún modo.

Hipopótamo

Hipopótamo

Primero he ido buscando los animales grandes: un león y sus dos cachorros que no paraban de jugar; tigres, había el del Amur y el de Sumatra (tendré que averiguar la diferencia); los lobos en lugar de grises estaban blancos. Algunos de estos grandes depredadores, como el leopardo de las nieves, estaban durmiendo y bastante lejos de la vitrina de observación.

Lemures

Lemures de cola anillada

Lemures había al menos de dos tipos: el lemor rufo rojo (Varecia rubra), con unos ojos amarillos muy interesantes y al que vi a través de una pantalla y los de cola anillada (Lemur catta) que eran un grupito de unos ocho que se lo estaban pasando muy bien al sol.

Flamencos

Flamencos

En el zoo siempre se aprende alguna cosa, como por ejemplo en mi caso en el día de hoy: que el color rosáceo de los flamencos se debe a su dieta de camarones y que si comen alguna otra cosa se destiñen. En el grupo que vimos hoy tan sólo había dos o tres algo blancuchos. Al parecer hay otro grupo de flamencos, los chilenos, que no estará a la vista hasta que acaben las obras de acondicionamiento de sus instalaciones (al igual que los leones marinos y los pandas rojos).

Avestruces

Avestruces

Había una parte bastante espaciosa que pretendía emular la sabana africana. Tiene que ser difícil y costoso reproducir los climas del mundo. En esta zona excavada por debajo del nivel normal del terreno se encontraban avestruces, cebras, jirafas y rinocerontes.

Rinocerontes

Rinocerontes

No tengo ni idea de cómo harán para proteger los rinocerontes y sus cuernos por las noches. Debe de ser uno de los animales más difíciles de conseguir para un zoológico.

Jirafas

Jirafas

Las jirafas y las cebras parecían hacer buenas migas.

Bongo

Bongo

Un animal que no creo haber visto con anterioridad es el bongo (Tragelaphus eurycerus) que yo habría descrito sin más como “un tipo de antílope”.

Elefantes

Elefantes

Los elefantes son uno de los atractivos de cualquier circo o zoo. Hay uno que tiene pocos meses. Fueron difíciles de observar debido a la muchedumbre apelotonada a tal fin. Si se puede es preferible ir al zoo entre semana.

Lagarto

Lagarto

En la casa de los reptiles vi varios bichos curiosos, como las pitones birmanas que se están cargando el ecosistema de Florida, cocodrilos del Nilo, tortugas bastante gordas, el varano, un par de iguanas. Me quedé con las ganas de ver el tucó (Gekko gecko) que se escondía en su vitrina.

Okapi

Okapi

El okapi es otro animal que no creo haber visto antes. Recordaba que se descubrió en el siglo XX. El cartel que había junto a la valla decía que en 1901. Creía yo que más recientemente.

Cálao abisinio

Cálao abisinio

El cálao abisinio es un ave de la que ni siquiera había oído hablar, aunque hay más que tiene estos tipos complejos de pico y cresta y puede que los confunda.

Chimpancés

Chimpancés

Si los orangutanes me dieron el peor rato, los gorilas ofrecieron el mejor. No pararon de jugar y hacer acrobacias en el rato que estuvimos frente a su isla. Disputaban por una estera de tejido rústico. Como en los documentales, el macho alfa estaba sentado lejos del grupo y dedicándose a sus cosas mientras que los jóvenes se perseguían, daban volteretas y se robaban la antedicha toalla. Tenían un modo muy humano de reaccionar con curiosidad cuando los patos pasaban por delante de donde estaban. Los chimpancés en cambio no dieron nada de juego. Algo más los mangabeyes, un tipo de monos más pequeños que saltan por los árboles y cuyo nombre tampoco había oído antes.

Perdiz roul roul

Perdiz roul roul

Yo diría que la parte africana es el plato fuerte de cualquier zoológico. Antes de salir pasamos por una especie de granja para ver vacas, ovejas y cerdos, que se pueden ver en cualquier parte pero que a los niños les encantan. También había unos aviarios dónde disfrutar de los coloridos guacamayos y aves del sureste asiático. Allí descubrí que había un murciélago que se apellidaba Rodrigues. Junto a la caseta de los tapires había además una casa de América del Sur en las que las estrellas eran el oso perezoso y el mono araña de Bolivia. En resumen, no es un sitio al que yo iría más que a lo sumo una vez al año, pero me parece importante que los niños vayan a los zoológicos a aprender cosas, así que espero seguir yendo.