Las cartas desde Rusia de Juan Valera

07/05/2017

Editorial Afrodisio Alonso, Madrid 1950

Ayer tras plantearme que debía de existir por algún lado una compilación con los escritos y andanzas de viajeros españoles por Rusia me encontré con que hay al menos un libro de hace un par de décadas y un artículo en una revista académica que tratan el particular. Leyendo el segundo descubrí que Juan Valera, autor de esos clásicos del bachillerato que no he leído (Pepita Jiménez, Juanita la Larga) anduvo en Petersburgo de misión diplomática en 1856-57 y escribió una serie de cartas que luego fueron publicadas. En la década de 1950 vio la luz una edición en tres volúmenes (1, 2, 3) que he estado leyendo hoy y que no comentaré en demasía.

Diré sólo que se trata de la Rusia anterior a la abolición de la servidumbre y que el joven diplomático español pasa unos meses en la capital de entonces haciendo la vida palaciega de banquetes y tertulias con todas esas familias importantes de la corte de los Románov. Sus epístolas pueden servir como iniciación a la historia de Rusia, ya que hasta donde yo la conozco de modo superficial la recogen de modo fidedigno. Me ha sorprendido la erudición del autor y no creo que en estos tiempos enviemos por el mundo a funcionarios de tal formación clásica. Entre las máculas: el leísmo y la escala de Reaumur. Supongo que habrá que leer ese par de novelas.


Mi viaje a la Rusia sovietista

06/05/2017

3ª edición (1934)

Ayer me enteré de que había salido un libro sobre el viaje que Ramón J. Sender hizo a la URSS en 1933-34. El artículo en el que lo vi menciona a otros españoles que hicieron el grand tour sovietico por aquellos años en todas partes convulsos. Todo el mundo quería ir a ver el meollo de la historia universal al lugar mismo en el que estaban pasando las cosas. Como apenas he leído Tintín en el país de los soviets se me ocurrió que sería buena idea echarle un vistazo a “Mi viaje a la Rusia sovietista” (1921) en el que Fernando de los Ríos cuenta su experiencia del otoño de 1920 y a eso me dediqué ayer por la noche. Tiene unas doscientas páginas.

Según la versión simplificada de la historia que yo conocía, en 1920 De los Ríos y Daniel Anguiano fueron a la URSS en calidad de delegados del Partido Socialista para ver cómo andaba todo aquello y analizar si el partido debía unirse a la tercera internacional. Al volver a España presentaron un informe para que el PSOE decidiese. A De los Ríos lo que vio no le convenció nada, pero Anguiano consideraba que aquello era el rumbo a seguir y se unió al grupo de los que acbaron fundando el Partido Comunista de España en 1921. Lo más lógico es pensar que un partido comunista habría acabado surgiendo en España con o sin este viaje pero esta simplificación excesiva es una forma fácil de narrarla.

Me he aproximado al texto más como lector de literatura de viajes que como lector de ciencia política o historia económica. Es esta una práctica mucho más agradable que afrontar la exégesis de los discursos de Lenin. Permite por ejemplo maravillarse por las dificultades del transporte que afrontaban los viajeros de hace un siglo así como admirar deliciosos detalles costumbristas, tanto de la Rusia en la que todo el mundo va por la calle con un saco como por la forma de hablar de los españoles de hace cien años.

De los Ríos dice que su ruta fue Reval-Petrogrado-Moscú y me sorprende el primer topónimo que resulta ser el nombre ruso y alemán de la ciudad que hoy conocemos como Tallin, capital de Estonia (que en febrero de 1920 había confirmado su independencia). Como anduve por allí esto quizá debería haberlo sabido mejor que para qué sirve el burlete y a qué se dedica un agiotista. Otro topónimo desaparecido es Yamburg (ya que no se trata del de Siberia sino el que hoy se llama Kingisepp). En general el texto esta plagado de topónimos y antropónimos transliterados a la alemana o a la francesa, lo cual exige algún esfuerzo imaginativo: por ejemplo el mercadillo de “Zugaretzka” se encuentra mejor buscando Suharevka, donde por aquel entonces hubo una torre.

Reval (Tallin) en la guía Baedeker para Rusia y Teherán de 1902

En cuento al nombre del país, “Rusia Sovietista” da una clave temporal, ya que es bien sabido que la URSS no se funda hasta el 30 de diciembre de 1922. (En cambio la tendencia a agolpar las cosas hace que haya una miríada de referencias a la “visita de Fernando de los Rios a la Unión Soviética”, nada raro en el país donde al escudo con el águila de San Juan, vigente hasta 1981 lo suelen llamar “preconstitucional”). En algún momento posterior de la Historia se trocó el adjetivo sovietísta por el menos estético prosoviético. Siempre me ha sorprendido que en ningún idioma se haya traducido en vez de adaptado la palabra Совет (soviet) ya que tampoco es un concepto tan peculiar y no veo en qué se diferencia tanto de una asamblea. En fin, De los Ríos pasa la mayor parte de su estancia en Rusia en Moscú, donde se aloja en el Hotel Lux de la calle Tsverskaya.

Y luego sabemos que va un par de veces a Dimitrov a ver al anciano Kropotkin que malvive prácticamente en la indigencia y que le invitan a una excursión a los Urales pero que no puede ir. Rusia era y es inabarcable sobre el terreno. Una estadística que deja anotada en el libro: “El total de los poblados existentes en Rusia es de 728.157, y de ellos, 706.911 tienen menos de mil almas”.

Muchos elementos descritos en el libro dan pistas del desastre que va a acabar siendo todo aquello. Por un lado está la pobreza material y el pago del salario en productos, pero es la hiperinflación, la corrupción generalizada y el mercado negro lo que me parece que da la clave. Todo esto habría que contextualizarlo y compararlo, por ejemplo, con lo que era España en el año 1920 (en que nació uno de mis abuelos y precisamente en una zona en la que la economía era poco más que agricultura de subsistencia y trueque) ya que parece un poco absurdo decir que era obvio que el tinglado soviético tenía que derrumbarse y comprobar que luego tarda setenta años en hacerlo. Y esto se hace muy a menudo.

En tres meses, tienen tiempo para el turisteo. En esta obra es la primera vez que leo que existe una puerta de Iberia (no la nuestra, la otra) para acceder a la Plaza Roja de Moscú. Entre otras actividades sociales van al teatro y a la ópera. Aquí una reflexión sobre la música clásica rusa y española, que interesará a quienes gusten del Capricho español de Rimsky-Korsakov y la Jota aragonesa de Glinka:

Al retirarnos aquella noche, mas impresionados que de ordinario por la música y la danza, nos preguntábamos, como en tantas ocasiones lo hemos hecho, por las razones que pueden determinar esa analogía melódica entre los cantos rusos y los españoles. ¿Por qué se han sentido ellos, los rusos, tan fuertemente conmovidos por nuestra música e impulsados a estudiarla? ¿Por qué Glinka vive en esta Granada, por el año 1846, en contacto con los literatos y artistas de la “cuerda” y compone las primeras grandes obras de lírica musical española? ¿Por qué se repite el mismo fenómeno, más tarde, con Rimsky Korsakof y Borodin, y ambos componen espléndidos poemas musicales a base de cantos populares españoles? ¿Por qué Stravinsky afirma asimismo hoy esta semejanza? Como un día hablásemos de ellos, al volver de Rusia, con el admirable maestro Falla, éste nos dijo que la analogía era efectiva y obedecía a que sobre la música de ambos pueblos influyen de un modo decisivo, al punto de darle carácter, la tradición litúrgica y la oriental; sin duda ello es la causa de que haya artistas rusos que afirman haber descubierto el epos musical de aquel país a través de España.

Me gusta la palabra epos, que el autor utiliza con frecuencia. Entiendo que es a la épica lo que el etos a la ética y enlaza bien con esa imagen del pueblo ruso que tomé de Svetlana Alexiévich: Rusia nunca acabará con los baches de las carreteras, pero siempre habrá héroes.

De los Ríos y sus acompañantes se entrevistan con la flor y nata de la nomenklatura y la intelligentsia emergentes, reciben desaires de Zinoviev y Radej, conversan con Bujarin y escuchan inflamados discursos de Trotsky en el teatro, pero es de suponer que el momento más destacado de una expedición política a la Rusia de aquel tiempo sería la entrevista con Lenin. Dice el autor que le recuerda a Pío Baroja. Esta es la parte de la conversación en la que preguntan por la libertad en la que Lenin les responde con el a la postre famoso ¿libertad para qué?.:

¿Cómo y cuando cree usted –interrogamos- que podría pasarse del actual período de transición a un régimen de plena libertad para Sindicatos, Prensa e individuos?
-Nosotros -respondió Lenin- nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado; la ejercemos desde el Poder, en pro del proletariado, y como en Rusia la clase obrera propiamente dicha, esto es, la clase obrera industrial, es una minoría, la dictadura es ejercida por esa minoría, y durará mientras no se sometan los demás elementos sociales a las condiciones económicas que el comunismo impone, ya que para nosotros es un delito así el explotar a otro hombre como el guardarse la harina de que ha menester alguien. La psicología de los aldeanos es refractaria a nuestro sistema; su mentalidad es de pequeños burgueses y por eso no los contamos como elementos proletarios; entre ellos han hallado los lideres de la contrarrevolución (Denikin, Kolchak, Wrangel, etc.) sus adeptos; más los aldeanos han llegado a una conclusión, a saber: que si los bolcheviques son malos, los demás son insoportables. Nosotros, a los aldeanos les decimos que o se someten o juzgaremos que nos declaran la guerra civil, que son nuestros enemigos, y en tal caso responderemos con la guerra civil. Lentamente, la psicología de éstos va cambiando y los va acercando al Gobierno. La dificultad para nosotros estriba en la cercanía de productos industriales con que recompensar lo que les requisamos; a ello se debe el que necesitemos seguir emitiendo billetes, lo cual para nosotros no ofrece dificultad alguna, pues disponemos de papel y máquinas de estampillar; este dinero-papel sólo significa, pues, una promesa de pago de productos.
El periodo de transición de dictadura -continuó diciendo Lenin- será entre nosotros muy largo…, tal vez cuarenta o cincuenta años; otros pueblos, como Alemania e Inglaterra, podrán, a causa de su mayor industrialización, hacer más breve este período; pero esos pueblos, en cambio, tienen otros problemas que no existen aquí; en alguno de ellos se ha formado una clase obrera a base de la dependencia de las colonias. Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?

Tiene que haber algún libro interesante que recopile y compare las experiencias de los viajeros españoles de diferentes épocas por Rusia.


Caligrafía de Macao

25/04/2017

Largo del Senado (Macao)

El Embajador ha vuelto a acercarse a la antigua colonia portuguesa y ha conseguido enviarme idéntico modelo de postal a la de 2010. Así no tengo ni que escanearla. Está recorriendo de nuevo los lugares de su peripecia sinológica antes de volverse para este lado de Eurasia, donde será muy bienvenido.

Caligrafía

Nos dice en sus líneas que lo que pone en los sellos es “caligrafía”, pero como he visto que eso indicaban las letras latinas  del lateral en portugués se me ha ocurrido que a lo mejor era una serie sobre caligrafía en la que aparecían diferentes ideogramas y me he frotado las manos pensando en la posibilidad de corregirle, pero no ha podido ser: 書法 se dice Shūfǎ (no sé por qué no me queda sobre la “a” el diacrítico del tercer tono), que quiere decir caligrafía. El primer ideograma es un dolor y, simplificada, la palabra quedaría 书法.

 

 


El retroceso de los glaciares

26/01/2017

Cuando por enero el invierno se empieza a hacer largo me acuerdo de la gran oportunidad que tuvimos hace años cuando le robamos tres semanas para pasarlas en el verano austral de Nueva Zelanda. Y siempre deja uno aquí una nota en ese mes, mezcla de nostalgia y agradecimiento.

Por ejemplo hace cinco años escribí sobre el glaciar Fox, que allá por 2008 tenía un aspecto imponente. Por desgracia, la muralla de hielo que muestran mis fotografías ya no existe y según las fotografías diacrónicas que muestra la unversidad neozelandesa de Massey uno tiene que llegarse bastante mas arriba para encontrar la lengua.

He encontrado un vídeo en el que puede verse la cuesta que hay que subir para encontrarse con el hielo. Este cambio impresionante ha llevado al glaciar más o menos por donde estaba en los años ochenta. A pesar del calentamiento global, que en general ha hecho retroceder los glaciares en casi todas partes, el Fox había estado avanzando durante la primera década del siglo debido a grandes nevadas que se habían producido unos años antes. El efecto acordeón a corto plazo (unas décadas) podría ser normal. Lo que no va a ser normal es la imagen a largo plazo.


El templo de Lúxor

21/10/2016
Sin gente

Sin gente

El otro día me he dado cuenta por casualidad de que hace diez años de cuando recorrimos Egipto, o por decirlo con más precisión (aunque Egipto no deje de ser una raya de agua en la arena) de la semana que pasamos entre El Cairo y Lúxor. Después de bastantes años se me ha ocurrido volver a mirar las fotos de entonces. La edad se va notando. El país también ha cambiado mucho, en varios sentidos a peor, y ahora no me parece un destino tan apetecible como en 2006.

Eso puede que tenga alguna ventaja. Llegamos a Lúxor tras una noche entera en tren y tras encontrar alojamiento el primer lugar que fuimos a ver fue el templo que da nombre al sitio. Lúxor es en árabe al-Uqsur, que es el plural de al-Qsar. Las guías turísticas se escriben primero en inglés y luego se traducen y dicen que el nombre significa “los palacios” pero “los alcázares” es una traducción mucho más acertada hacia lo nuestro. Cuando los árabes llegaron en el siglo séptimo descubrieron los templos enormes cubiertos por la arena y por alcázares los tomaron o así los llamaron.

En la entrada del templo, que creo que debe verse antes que el de Karnak, ya que hacerlo al contrario podría resultar decepcionante, tomé dos fotografías. Una en la que no podía verse la muchedumbre turística y otra con la realidad de lo que es o lo que era aquello. Seguramente hoy día esté menos concurrido, para alivio del visitante y tristeza de la economía local.

Con gente

Con gente


Regreso a los orígenes

23/07/2016
El perro me gusta tanto como el museo

El perro me gusta tanto como el museo

Este pasado miércoles hemos retornado tras una fugaz visita a las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya (esta última porque es la que tiene un aeropuerto serio) en la que la apretada agenda y el excesivo calor no nos han permitido hacer todo lo que habríamos deseado ni ver a todos aquellos a los que habíamos querido.

Sí que hemos superado unos cuantos hitos. Uno vuelve a la casa de la familia y esa es suficiente paz, pero tiene que ocuparse de que la consorte tenga incentivos turísticos y cosas que hacer. A causa de los precios recalamos en Bilbao en vez de en Biarritz y esto fue un acierto por esas huelgas intermitentes del control aéreo francés y lo que acabó pasando en Niza (y en Turquía) durante nuestra estancia. Ya que estábamos en la capital del mundo dispusimos echar allí la tarde y que la jefa conociera la ribera del Nervión, el espectacular museo de titanio (aunque fuese por fuera) y eso que llaman las siete calles. Su veredicto fue claro: “no es tan horroroso como tú siempre dices”. Tenía que haberlo conocido por aquellos años. Yo ya no me voy a curar y siempre seré contrario a Bilbao y sobre todo al Athlétic de Bilbao, pero es verdad que ya no es tan horroso como siempre digo.

Y luego ya, en la capital vasca bonita, puestos a hacer cosas de guiris nos dio por subir al monte Igueldo con las sobrinas y además en el funicular. Tiene que hacer unos treinta años de mi última vez, en la que seguro que hasta monté en pony. Mi hermana nos invitó a comer en el Tenis con un dinero de la lotería que ni recordaba que teníamos. No me pareció un menú nada caro para lo que es el sitio. Ventajas de vivir en un lugar peor. Luego la tarde al sol entre todas esas atracciones pasadas de moda, ni tan mal.

También nos dio tiempo a caminar una mañana de las de antes de la ola de calor hasta las minas de Arditurri. Dice la jefa que Oyarzun es mucho mejor que Rentería. No para uno como yo, que se aburre pronto de todo. Vi un torneo de partidas rápidas de ajedrez diecisiete años después, que se dice pronto. Y cumplí hasta donde pude con visitas de mi prima y marido los que vienen a Dublín y de una tía e incluso me acerqué al hospital a ver a un pariente al que encontré desanimado pero que espero que se recupere pronto. Con eso y un par de visitas al dentista, que hay que hacer arbitraje, culminamos siete días contados en los que llegamos a 38C, muy negativos para la infancia que nos acompaña, bendito paracetamol. Mis disculpas a los que no he llamado y que me leen. La próxima está prevista para otoño y en soledad, que seguramente permita hacer más cosas.


Estrasburgo (junio de 2015)

28/11/2015
Catedral de Estrasburgo

Catedral de Estrasburgo

Tengo estas fotos por aquí y quería subirlas desde haceunos meses. En junio por cuando se casó mi hermana y al día siguiente de subir por las alturas de la Selva Negra, cruzamos el Rin para acercarnos a la argentina ciudad de Estrasburgo, que ha sido sucesivamente alemana y francesa a lo largo de varios periodos de la Historia.

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Plaza de la catedral y la casa bonita en la esquina

Uno había estado de paso por aquí en mayo de 1998, pero la visita fue muy fugaz -apenas una escala técnic – y apenas recuerdo de la misma la plaza de la catedral, una casa muy bonita que había en la misma, un organillero que había por allí y enviar una postal desde un buzón que sigue existiendo.

Plaza Kleber

Plaza de Kléber (no el de las Brigadas Internacionales, el otro)

Esta vez, con algo más de tiempo, pudimos recorrer bastante del centro histórico de la ciudad. Supongo que para cualquiera lo de estar en la zona de fricción entre la cultura francesa y alemana le da un interés especial. Los nombres de las calles están escritos en francés y en el dialecto germánico regional. Se supone que desde la última vez he olvidado algo de francés y aprendido algo de alemán y pero sumando lo uno y lo otro medio se entera uno de las cosas.

Tiovivo

Tiovivo

Lo primero que me llamó la atención fue una placa que había en uno de los canales del río conmemorando cómo en ese lugar ejecutaban a la gente por inmersión, lo cual a día de hoy parece bastante horrible pero quien no apetezca de horrores mejor no desenrolle los pergaminos de Clío, que alguna que otra vez se presentan abiertos a plena luz del día.

Canal

Canal

Esta vez hubo incluso tiempo para entrar en la catedral. Suelo intentar evitar las catedrales y a la vez he visto ya tantas que no sé ni compararlas. Así pues lo más memorable fue un tanto banal: un tipo gritando por un altavoz para pedir al públcio silencio atendiendo a la condición del edificio. Lo de desgañitarse para pedir silencio fue una contradición en términos pero sirvió para deshacer el murmullo.

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Bicicleta

Estuvimos comiendo no lejos de la catedral. Servidor se metió una Flammekueche entre pecho y espalda. Una especialidad alsaciana que llena bastante y no es cara. A mí me pareció perfecta para un día de llovizna.

Braco

Barco

Luego todo el grupo de paseo por los canales. Creo que el haber vivido casi siempre en edificios de apartamentos ha provocado cierta fascinación por las casas bonitas. En Estrasburgo hay muchas. El estilo alemán de construcción se aproxima a un ideal que en la península Ibérica se encuentra sólo de modo disperso. Hace poco leí que en realidad el caserío vasco tradicional era bastante moderno (siglo XV- XVI) y que en realidad provenía de la zona de Suabia, junto a Alsacia. Interesante conexión.

 

Esclusas

Esclusas

El sistema de esclusas y los barcos subiendo y bajando por las mismas para poder desplazarse por los canales también debe ser un pequeño espectáculo si no se ha visto antes. En realidad yo tengo algo así como quien dice al lado de casa.

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Maison des Tanneurs – Casa de los curtidores

Desde ese barrio típico al que llaman “la pequeña Francia” nos acercamos hasta los descubiertos Puentes Cubiertos, para una foto de familia propiamente dicha con la presa de Vauban como fondo para después volver a la ciudad.

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Fachada catedralicia

En la plaza de Kléber nos interesamos por las glorias de la música universal en sus medallones en la fachada de l’Aubette. No sé si es más vergüenza que no conociéramos a algunos o que los eleven en piedra junto a Bach y a Mozart. Me quedó cierta curiosidad por el general que da nombre a la plaza, que fue con Napoleón a Egipto. Al final fueron unas cuantas horas en una ciudad recomendable, cuyo tamaño hace que en esta etapa de la vida prefiera pasar el tiempo allí que en París. El día anterior habíamos estado en Friburgo que quizá sea un poco más bonita aunque su historia puede que un poco menos interesante.

Estrasburgo (1888)

Estrasburgo (1888)