Vacaciones de otoño 2017

07/11/2017

El sagucho

El nivel de estrés del último año y medio ha sido significativo y la mudanza ha sido el mayor causante. Ahora parece que las cosas se han estabilizado y, finalmente, hemos podido tomar una semana de vacaciones. Tampoco es que la hayamos elegido ya que estamos totalmente condicionados por el calendario escolar, pero algo es algo. La semana que pasamos en Tenerife allá por enero serán las últimas vacaciones improvisadas en muchísimo tiempo. Miro atrás y no hacíamos turismo que no fuera para visitar a la familia desde que fuimos a Malta en 2014. Los próximos años serán necesariamente de viajes a España y Alemania. Con eso y los días de vacaciones que me tome cuando venga alguien a visitarnos se me irán los 25 días que dan las multinacionales gringas en Irlanda (y que no están mal del todo, ya que la ley dice que 20).

Así pues, en esta semana blanca de octubre-noviembre el destino ha tenido que ser forzosamente Vasconia, lo cual no está nada mal, incluso para el turista. Para nosotros es además el hotel gratis, el vuelo a Biarritz con eficientes chóferes que nos recogen y devuelven al aeropuerto, excelente comida casera y magnifico servicio de guardería. Ninguna obligación de hacer nada si se descuentan algunos compromisos familiares y lo más parecido al auténtico descanso que alguien que tenga hijos pequeños pueda encontrar.

Hace dieciocho años que salimos de allí y lo que me más me choca cada vez que vuelvo es el invierno/infierno demográfico. Acostumbrado a la vida en una ciudad dinámica y llena de jóvenes mis paseos renterianos son una experiencia un tanto extraña condicionada por el sesgo de selección, ya que debo pasar por delante de la residencia de ancianos casi todos los días. En general el sitio es mucho mejor urbanísticamente y en cuánto al tráfico, la contaminación, la droga, el terrorismo y la tensión política que como lo conocimos en la infancia. A la vez, es imposible que yo pueda volver allí antes de la jubilación, tanto por falta de perspectivas profesionales como por un aspecto importante de la crisis de Cataluña de las últimas semanas (meses, años) como es el hecho de que no me parecería sensato cambiar la educación en inglés de mi niña  trilingüe por otra en una lengua menor.

Hablando de Cataluña, puedo decir sin miedo a equivocame que en noviembre de 2017 uno veía en los balcones y pintadas de Rentería más banderas catalanas independentistas (las de las estrellas) que ikurriñas (banderas vascas), lo cual para mí corrobora la intuición de que en muchos nacionalistas la antiespañolidad es un impulso más fuerte que la vasquidad. Mi hipótesis es que el frente del Cantábrico no se va a abrir hasta que se cierre el del Mediterráneo y se haga balance de la operación, como durante tanto tiempo hicieron primero por allá. No he dejado de oir hablar de Cataluña y de posibles soluciones a algo que en sentido estricto no tiene solución. Según el día que sea lo puedo seguir con interés, juliganismo o hastío.

Y lo que hemos hecho por allí… pues ahora vamos a fiestas infantiles de cumpleaños, también a visitar a los tíos y mucho por el carril bici que llega hasta Arditurri. Hay alguna gente que todavía quiere vernos y a la que se lo agradecemos muchisimo. También comprendemos mucho a los que están atrapados por la vida y no pueden sacar tiempo porque estamos igual que ellos. Ha habido varios reencuentros y todos muy agradables. Una revelación triste: en mis muchas horas de transporte público mantengo conversaciones imaginarias con los amigos de ayer que pospongo para cuando haya ocasión de verse ya que son temas banales por los que no vale la pena llamar, enviar un correo, etc. Semanas como la pasada confirman que nunca habrá tiempo.

Lo único medio turístico que hicimos fue subir al ratón de Guetaria (creo que sólo estuve allí otra vez, y hará ya treinta años) y volver caminando entre la villa de Elcano y la playa de Zarauz. Yo le cuento a la jefa las historia de la primera circunnavegación del globo, la conquista de las Filipinas, la defensa heróica de Cartagena de Indias y otras gestas protagonizadas por guipuzcoanos pero causan menos impacto en su consideración favorable de la provincia que los pinchos de tortilla de los bares. Me parece justo.

Un tema clásico en el género de los españoles por el mundo es hacer visitas médicas cuando se retorna a los orígenes. Había dejado una cita en el dentista para el penúltimo día ya que me tenían que sacar una muela que estaba como el mapa de Santorini. Por fortuna estaba allí un doctor distinto al de la última vez y me dijo que la podía salvar. Y así fue: me hizo una reconstrucción artística que me ha dejado bien contento ya que esperaba volver con la muela en el bolsillo. Su consejo, que pongo aquí a disposición de todos, es que siempre que a uno le digan que le tienen que extraer una pieza dental hay que pedir otra opinión, ya que hay veces que las muelas se sacan por pura desidia. No nos esperamos que en el sector médico enfrenten a su trabajo con la misma actitud que ponemos nosotros en el nuestro.

Hasta el año que viene.

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El que no sabe es como el que no ve

30/07/2017

Hace unos días he descubierto la interesante historia del león del Pireo, que se encuentra en el arsenal de Venecia. Escultura del siglo IV de antes de nuestra era estuvo en el puerto ateniense hasta 1687 en que los venecianos lo tomaron como botín de la guerra contra el imperio otomano. Es más conocido el dato de que en el mismo año los venecianos destruyeron el Partenón a cañonazos. Lo más curioso del león helénico es que contiene unas runas escandinavas de una de las incursiones vikinga de cuando los nórdicos se pasaron por el Mediterraneo en el siglo XI. Las marcas son muy tenues y no fueron descifradas hasta 1914. Yo he pasado por delante de esta estatua, pero el que no sabe es como el que no ve.

 


Las cartas desde Rusia de Juan Valera

07/05/2017

Editorial Afrodisio Alonso, Madrid 1950

Ayer tras plantearme que debía de existir por algún lado una compilación con los escritos y andanzas de viajeros españoles por Rusia me encontré con que hay al menos un libro de hace un par de décadas y un artículo en una revista académica que tratan el particular. Leyendo el segundo descubrí que Juan Valera, autor de esos clásicos del bachillerato que no he leído (Pepita Jiménez, Juanita la Larga) anduvo en Petersburgo de misión diplomática en 1856-57 y escribió una serie de cartas que luego fueron publicadas. En la década de 1950 vio la luz una edición en tres volúmenes (1, 2, 3) que he estado leyendo hoy y que no comentaré en demasía.

Diré sólo que se trata de la Rusia anterior a la abolición de la servidumbre y que el joven diplomático español pasa unos meses en la capital de entonces haciendo la vida palaciega de banquetes y tertulias con todas esas familias importantes de la corte de los Románov. Sus epístolas pueden servir como iniciación a la historia de Rusia, ya que hasta donde yo la conozco de modo superficial la recogen de modo fidedigno. Me ha sorprendido la erudición del autor y no creo que en estos tiempos enviemos por el mundo a funcionarios de tal formación clásica. Entre las máculas: el leísmo y la escala de Reaumur. Supongo que habrá que leer ese par de novelas.


Mi viaje a la Rusia sovietista

06/05/2017

3ª edición (1934)

Ayer me enteré de que había salido un libro sobre el viaje que Ramón J. Sender hizo a la URSS en 1933-34. El artículo en el que lo vi menciona a otros españoles que hicieron el grand tour sovietico por aquellos años en todas partes convulsos. Todo el mundo quería ir a ver el meollo de la historia universal al lugar mismo en el que estaban pasando las cosas. Como apenas he leído Tintín en el país de los soviets se me ocurrió que sería buena idea echarle un vistazo a “Mi viaje a la Rusia sovietista” (1921) en el que Fernando de los Ríos cuenta su experiencia del otoño de 1920 y a eso me dediqué ayer por la noche. Tiene unas doscientas páginas.

Según la versión simplificada de la historia que yo conocía, en 1920 De los Ríos y Daniel Anguiano fueron a la URSS en calidad de delegados del Partido Socialista para ver cómo andaba todo aquello y analizar si el partido debía unirse a la tercera internacional. Al volver a España presentaron un informe para que el PSOE decidiese. A De los Ríos lo que vio no le convenció nada, pero Anguiano consideraba que aquello era el rumbo a seguir y se unió al grupo de los que acbaron fundando el Partido Comunista de España en 1921. Lo más lógico es pensar que un partido comunista habría acabado surgiendo en España con o sin este viaje pero esta simplificación excesiva es una forma fácil de narrarla.

Me he aproximado al texto más como lector de literatura de viajes que como lector de ciencia política o historia económica. Es esta una práctica mucho más agradable que afrontar la exégesis de los discursos de Lenin. Permite por ejemplo maravillarse por las dificultades del transporte que afrontaban los viajeros de hace un siglo así como admirar deliciosos detalles costumbristas, tanto de la Rusia en la que todo el mundo va por la calle con un saco como por la forma de hablar de los españoles de hace cien años.

De los Ríos dice que su ruta fue Reval-Petrogrado-Moscú y me sorprende el primer topónimo que resulta ser el nombre ruso y alemán de la ciudad que hoy conocemos como Tallin, capital de Estonia (que en febrero de 1920 había confirmado su independencia). Como anduve por allí esto quizá debería haberlo sabido mejor que para qué sirve el burlete y a qué se dedica un agiotista. Otro topónimo desaparecido es Yamburg (ya que no se trata del de Siberia sino el que hoy se llama Kingisepp). En general el texto esta plagado de topónimos y antropónimos transliterados a la alemana o a la francesa, lo cual exige algún esfuerzo imaginativo: por ejemplo el mercadillo de “Zugaretzka” se encuentra mejor buscando Suharevka, donde por aquel entonces hubo una torre.

Reval (Tallin) en la guía Baedeker para Rusia y Teherán de 1902

En cuento al nombre del país, “Rusia Sovietista” da una clave temporal, ya que es bien sabido que la URSS no se funda hasta el 30 de diciembre de 1922. (En cambio la tendencia a agolpar las cosas hace que haya una miríada de referencias a la “visita de Fernando de los Rios a la Unión Soviética”, nada raro en el país donde al escudo con el águila de San Juan, vigente hasta 1981 lo suelen llamar “preconstitucional”). En algún momento posterior de la Historia se trocó el adjetivo sovietísta por el menos estético prosoviético. Siempre me ha sorprendido que en ningún idioma se haya traducido en vez de adaptado la palabra Совет (soviet) ya que tampoco es un concepto tan peculiar y no veo en qué se diferencia tanto de una asamblea. En fin, De los Ríos pasa la mayor parte de su estancia en Rusia en Moscú, donde se aloja en el Hotel Lux de la calle Tsverskaya.

Y luego sabemos que va un par de veces a Dimitrov a ver al anciano Kropotkin que malvive prácticamente en la indigencia y que le invitan a una excursión a los Urales pero que no puede ir. Rusia era y es inabarcable sobre el terreno. Una estadística que deja anotada en el libro: “El total de los poblados existentes en Rusia es de 728.157, y de ellos, 706.911 tienen menos de mil almas”.

Muchos elementos descritos en el libro dan pistas del desastre que va a acabar siendo todo aquello. Por un lado está la pobreza material y el pago del salario en productos, pero es la hiperinflación, la corrupción generalizada y el mercado negro lo que me parece que da la clave. Todo esto habría que contextualizarlo y compararlo, por ejemplo, con lo que era España en el año 1920 (en que nació uno de mis abuelos y precisamente en una zona en la que la economía era poco más que agricultura de subsistencia y trueque) ya que parece un poco absurdo decir que era obvio que el tinglado soviético tenía que derrumbarse y comprobar que luego tarda setenta años en hacerlo. Y esto se hace muy a menudo.

En tres meses, tienen tiempo para el turisteo. En esta obra es la primera vez que leo que existe una puerta de Iberia (no la nuestra, la otra) para acceder a la Plaza Roja de Moscú. Entre otras actividades sociales van al teatro y a la ópera. Aquí una reflexión sobre la música clásica rusa y española, que interesará a quienes gusten del Capricho español de Rimsky-Korsakov y la Jota aragonesa de Glinka:

Al retirarnos aquella noche, mas impresionados que de ordinario por la música y la danza, nos preguntábamos, como en tantas ocasiones lo hemos hecho, por las razones que pueden determinar esa analogía melódica entre los cantos rusos y los españoles. ¿Por qué se han sentido ellos, los rusos, tan fuertemente conmovidos por nuestra música e impulsados a estudiarla? ¿Por qué Glinka vive en esta Granada, por el año 1846, en contacto con los literatos y artistas de la “cuerda” y compone las primeras grandes obras de lírica musical española? ¿Por qué se repite el mismo fenómeno, más tarde, con Rimsky Korsakof y Borodin, y ambos componen espléndidos poemas musicales a base de cantos populares españoles? ¿Por qué Stravinsky afirma asimismo hoy esta semejanza? Como un día hablásemos de ellos, al volver de Rusia, con el admirable maestro Falla, éste nos dijo que la analogía era efectiva y obedecía a que sobre la música de ambos pueblos influyen de un modo decisivo, al punto de darle carácter, la tradición litúrgica y la oriental; sin duda ello es la causa de que haya artistas rusos que afirman haber descubierto el epos musical de aquel país a través de España.

Me gusta la palabra epos, que el autor utiliza con frecuencia. Entiendo que es a la épica lo que el etos a la ética y enlaza bien con esa imagen del pueblo ruso que tomé de Svetlana Alexiévich: Rusia nunca acabará con los baches de las carreteras, pero siempre habrá héroes.

De los Ríos y sus acompañantes se entrevistan con la flor y nata de la nomenklatura y la intelligentsia emergentes, reciben desaires de Zinoviev y Radej, conversan con Bujarin y escuchan inflamados discursos de Trotsky en el teatro, pero es de suponer que el momento más destacado de una expedición política a la Rusia de aquel tiempo sería la entrevista con Lenin. Dice el autor que le recuerda a Pío Baroja. Esta es la parte de la conversación en la que preguntan por la libertad en la que Lenin les responde con el a la postre famoso ¿libertad para qué?.:

¿Cómo y cuando cree usted –interrogamos- que podría pasarse del actual período de transición a un régimen de plena libertad para Sindicatos, Prensa e individuos?
-Nosotros -respondió Lenin- nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado; la ejercemos desde el Poder, en pro del proletariado, y como en Rusia la clase obrera propiamente dicha, esto es, la clase obrera industrial, es una minoría, la dictadura es ejercida por esa minoría, y durará mientras no se sometan los demás elementos sociales a las condiciones económicas que el comunismo impone, ya que para nosotros es un delito así el explotar a otro hombre como el guardarse la harina de que ha menester alguien. La psicología de los aldeanos es refractaria a nuestro sistema; su mentalidad es de pequeños burgueses y por eso no los contamos como elementos proletarios; entre ellos han hallado los lideres de la contrarrevolución (Denikin, Kolchak, Wrangel, etc.) sus adeptos; más los aldeanos han llegado a una conclusión, a saber: que si los bolcheviques son malos, los demás son insoportables. Nosotros, a los aldeanos les decimos que o se someten o juzgaremos que nos declaran la guerra civil, que son nuestros enemigos, y en tal caso responderemos con la guerra civil. Lentamente, la psicología de éstos va cambiando y los va acercando al Gobierno. La dificultad para nosotros estriba en la cercanía de productos industriales con que recompensar lo que les requisamos; a ello se debe el que necesitemos seguir emitiendo billetes, lo cual para nosotros no ofrece dificultad alguna, pues disponemos de papel y máquinas de estampillar; este dinero-papel sólo significa, pues, una promesa de pago de productos.
El periodo de transición de dictadura -continuó diciendo Lenin- será entre nosotros muy largo…, tal vez cuarenta o cincuenta años; otros pueblos, como Alemania e Inglaterra, podrán, a causa de su mayor industrialización, hacer más breve este período; pero esos pueblos, en cambio, tienen otros problemas que no existen aquí; en alguno de ellos se ha formado una clase obrera a base de la dependencia de las colonias. Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?

Tiene que haber algún libro interesante que recopile y compare las experiencias de los viajeros españoles de diferentes épocas por Rusia.


Caligrafía de Macao

25/04/2017

Largo del Senado (Macao)

El Embajador ha vuelto a acercarse a la antigua colonia portuguesa y ha conseguido enviarme idéntico modelo de postal a la de 2010. Así no tengo ni que escanearla. Está recorriendo de nuevo los lugares de su peripecia sinológica antes de volverse para este lado de Eurasia, donde será muy bienvenido.

Caligrafía

Nos dice en sus líneas que lo que pone en los sellos es “caligrafía”, pero como he visto que eso indicaban las letras latinas  del lateral en portugués se me ha ocurrido que a lo mejor era una serie sobre caligrafía en la que aparecían diferentes ideogramas y me he frotado las manos pensando en la posibilidad de corregirle, pero no ha podido ser: 書法 se dice Shūfǎ (no sé por qué no me queda sobre la “a” el diacrítico del tercer tono), que quiere decir caligrafía. El primer ideograma es un dolor y, simplificada, la palabra quedaría 书法.

 

 


El retroceso de los glaciares

26/01/2017

Cuando por enero el invierno se empieza a hacer largo me acuerdo de la gran oportunidad que tuvimos hace años cuando le robamos tres semanas para pasarlas en el verano austral de Nueva Zelanda. Y siempre deja uno aquí una nota en ese mes, mezcla de nostalgia y agradecimiento.

Por ejemplo hace cinco años escribí sobre el glaciar Fox, que allá por 2008 tenía un aspecto imponente. Por desgracia, la muralla de hielo que muestran mis fotografías ya no existe y según las fotografías diacrónicas que muestra la unversidad neozelandesa de Massey uno tiene que llegarse bastante mas arriba para encontrar la lengua.

He encontrado un vídeo en el que puede verse la cuesta que hay que subir para encontrarse con el hielo. Este cambio impresionante ha llevado al glaciar más o menos por donde estaba en los años ochenta. A pesar del calentamiento global, que en general ha hecho retroceder los glaciares en casi todas partes, el Fox había estado avanzando durante la primera década del siglo debido a grandes nevadas que se habían producido unos años antes. El efecto acordeón a corto plazo (unas décadas) podría ser normal. Lo que no va a ser normal es la imagen a largo plazo.


El templo de Lúxor

21/10/2016
Sin gente

Sin gente

El otro día me he dado cuenta por casualidad de que hace diez años de cuando recorrimos Egipto, o por decirlo con más precisión (aunque Egipto no deje de ser una raya de agua en la arena) de la semana que pasamos entre El Cairo y Lúxor. Después de bastantes años se me ha ocurrido volver a mirar las fotos de entonces. La edad se va notando. El país también ha cambiado mucho, en varios sentidos a peor, y ahora no me parece un destino tan apetecible como en 2006.

Eso puede que tenga alguna ventaja. Llegamos a Lúxor tras una noche entera en tren y tras encontrar alojamiento el primer lugar que fuimos a ver fue el templo que da nombre al sitio. Lúxor es en árabe al-Uqsur, que es el plural de al-Qsar. Las guías turísticas se escriben primero en inglés y luego se traducen y dicen que el nombre significa “los palacios” pero “los alcázares” es una traducción mucho más acertada hacia lo nuestro. Cuando los árabes llegaron en el siglo séptimo descubrieron los templos enormes cubiertos por la arena y por alcázares los tomaron o así los llamaron.

En la entrada del templo, que creo que debe verse antes que el de Karnak, ya que hacerlo al contrario podría resultar decepcionante, tomé dos fotografías. Una en la que no podía verse la muchedumbre turística y otra con la realidad de lo que es o lo que era aquello. Seguramente hoy día esté menos concurrido, para alivio del visitante y tristeza de la economía local.

Con gente

Con gente