Ciento volando de catorce (Sabina)

02/03/2018

De la exigua sección de libros en español de la biblioteca de aquí al lado (planteamiento que puede sonar a queja, pero ya bastante mérito tiene que exista) extraje este libro de sonetos de Sabina. Publicado en 2001, no sé en que año adquirió la biblioteca el ejemplar pero parece ser que soy el primer prestatario.

Un centenar de sonetos a base de endecasílabos. Muchos los tenía leídos ya. Voy a decir que de Sabina me gusta una canción de cada tres y un soneto de cada diez. Quizá el mejor que aquí aparece sea el dedicado a Antoñete. Hay unos cuantos sonetos taurinos más.

Nunca he ido a los toros ni me gustan especialmente, pero su proyección en la cultura nuestra (aquí en forma de poema, otras veces en forma de pasodoble o de frase hecha) me parece más que notable. Aprovecho para dejar aquí mi posición actual sobre la materia, ya que esta semana resurgió la secular polémica en uno de los grupos de guasap.

Mi planteamiento a día de hoy: no tengo pensado ir a los toros pero defenderé la tauromaquia a muerte. En un país sin término medio, prefiero mil veces que la linea del frente esté en la arena de la plaza a que pase por mi frigorífico.

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El diario de Ana Frank

05/02/2018

La primera vez que estuve en Amsterdam fue 2001, creo que en octubre, para pasar tres o cuatro días conociendo la ciudad. Aparte de pasear por los canales, las cosas que tuve más interés por ver en aquella ocasión fueron la casa de Ana Frank y el Museo de Van Gogh. Han pasado unos cuantos años y guardo un recuerdo bastante difuso de ambas visitas.

De la casa museo de Ana Frank lo que recuerdo con mayor intensidad es el pasar por la puerta que escondía la estantería con los libros y el mapa de Bélgica que había encima. También un pequeño lavabo. Descubrí bastantes cosas sobre la vida clandestina de la familia, habida cuenta de que no había leído el libro. Tras pasar por la parte museística del edifició donde se exponía el diario bajo una vitrina con higrómetro, recuerdo el vídeo en el que Miep Gies que aún vivía narraba cómo entregó el diario a Otto Frank en 1945. La visita concluyó con el paso por una especie de plató de concurso en la que se exploraban los límites de la libertad de expresión mediante preguntas al público. Salí a la calle con la convicción de que algún día leería el diario, cosa que no había hecho hasta este fin de semana. Es probable que tenga alguna que otra cosa pendiente de hacer durante incluso más de dieciséis años.

El que tengo es una traducción al inglés de Susan Masotty. Antes de empezar la lectura recordaba que tras volver de Auschwitz el padre había censurado partes del diario relativas a la sexualidad de la adolescente (que en mi opinión no son nada del otro jueves) y a las malas relaciones que tenía con su madre, pero no sabía que había un diario a y un diario b y uno c y que incluso se ha intentado considerar al padre coautor seguramente para extender los derechos de autor.

También me ha parecio interesante el hecho de que a ciertas personas (compañeros de escuela de Anne) se les diera la opción de aparecer en la publicación con nombres y apellidos o con meras iniciales (aleatorias además, no las suyas propias). No sé si esto se habrá respetado en todas las ediciones. También puede ser que la opinión de esas personas o sus herederos hubiera cambiado con el tiempo. Yo creo que por vanidad habría preferido salir con nombre y apellidos aun quedando mal parado (al final lo que se dice en el diario son cosas de chiquillos).

Más allá del contexto político, bélico, trágico de la época me llaman la atención los asuntos prácticos de la supervivencia, la logística, el mercado negro. Nunca me había planteado que el aspirador ya estaba inventado en los años cuarenta. Esas podrían ser cosas accesorias, mirando el diario como conjunto sorprenden la madurez y la prosa de una niña de trece, catorce, quince años. No sé si los traductores pueden haber embellecido el neerlandés original, pero supongo que no tanto. Vuelvo a mi yo de esas edades (y muy posteriores) creo que habría sido imposible para mí narrar con esa fluidez. De hecho, entre los dieciséis y los diecinueve años aproximadamente tuve un cuaderno con notas y años después lo acabé tirando por vergüenza, no porque contara nada íntimo que ni vida íntima tenía sino por pura vergüenza de lo mal escrito que estaba casi todo.

Esa es otra, los matices sentimentales de sus relaciones personales reflejan un mundo interior exuberante y una capacidad muy poderosa de penetrar en la mente de los demás. No sé si esto es una cualidad exclusivamente femenina, pero para mí en general es todo mucho más simple: eres de los míos, me caes bien, me caes mal, no te quiero ni ver. La complejidad de las relaciones con los demás habitantes de la casa y su modo de racionalizarlas e incluso de plantearse estrategias para conducirlas mejor me ha hecho suponer que llevo décadas viviendo en un mundo bastante en blanco y negro mientras que hay quienes pueden en color y hasta el infrarrojo y el ultravioleta aunque tengan doce años.

 


Jornusa o jornufa

03/02/2018

Libro de los animales (Siria s XV)

El viernes estuve trabajando desde casa y una de las ventajas que esto tiene es que puedo poner la radio a todo trapo. Me dio por oír un podcast sobre la famosa embajada de Ruy González de Clavijo a la corte de Tamorlán en Samarcanda (1403-1406).

Me ha llamado la atención la descripción de una jirafa que se encuentran llegando a Persia, a la que en el programa radiofónico llaman jornusa y que en otras fuentes aparece como jornufa. Yo he tomado la transcripción que viene a continuación de una edición de 1782 de la enarración de González de Clavijo:

[…]é aqui en esta ciudad de Hoy se acaba Armenia la alta , é comienza tierra de Persia : é en esta ciudad viven muchos Armenios. E quando los dichos Embajadores llegaron á esta ciudad, fallaron en ella un Embajador que el Soldan de Babylonia enviaba al Tamurbec. El qual llevaba consigo fasta veinte de caballo é fasta quince camellos cargados de presente, que el Soldan enviaba al Tamurbec ; é otrosi llevaba seis avestruces é una alimania que es llamada jornufa, la qual alimania era fecha desta guisa: avia el cuerpo tan grande como un caballo, é el pescuezo muy luengo, é los brazos mucho mas altos de las piernas, é el pie avia asi como el buey fenchido, é desde la uña del brazo fasta encima del espalda avia diez y seis palmos : é desde las agujas fasta la cabeza avia otros diez y seis palmos, é quando queria enfestar el pescuezo, alzabalo tan alto que era maravilla, é el pescuezo avia delgado como de ciervo, é las piernas avia muy cortas segun la longura de los brazos , que ome que la non oviese visto bien pensaria que estaba asentada aunque estoviese levantada, é las ancas avia derrocadas á yuso como bufano : é la barriga blanca , é el cuerpo avia de color dorado é rodado de unas ruedas blancas grandes: é el rostro avia como de ciervo , en lo baxo del fácia las narices: é en la frente avia un cerro alto agudo, é los ojos muy grandes é redondos é las orejas como de caballo, é cerca de las orejas tenia dos cornezuelos pequeños redondos, é lo mas dellos cobiertos de pelo, que parescian á los del ciervo quando le nascen, é tan alto avia el pescuezo é tanto lo estendia quando queria, que encima de una pared que oviese cinco ó seis tapias en alto podria bien alcanzar á comer: otrosi encima de un alto arbol alcanzaba á comer las fojas dél, que las comia mucho. Asi que ome que nunca la oviese visto le parescia maravilla de ver.

Como digo, en otras fuentes, incluso en artículos modernos aparece jornusa. Me ha parecido que podría la clásica confusión producida por la tipografía de la ese corta, que se parece a la efe. Al menos esto podría haber pasado en algún momento posterior ya que el original es manuscrito y anterior al artefacto de Gutémberg. Me he ido a buscar el pergamino más antiguo a la página de la Biblioteca Nacional y con cierto esfuerzo me ha parecido que es más bien una efe que por no estár barrada puede confundirse por una ese, pero a saber si la duda surge de ahí o si aparece después.

Caligrafía

No sé si jornufa es un hápax, pero he encontrado una palabra más antigua para referirse a la jirafa en castellano. En el siglo XIII escribieron azorafa que viene de zarafa o zaraffa tal y como es en árabe. Tampoco fue González de Clavijo el primer nativo de la península Ibérica en ver el animal, ya que en 1260 el sultán de Egipto envió a Alfonso X el Sabio una jirafa junto con un cocodrilo del Nilo y otros presentes.


Tirano Banderas

28/01/2018

Tirano Banderas (1937)

Recuerdo haber leído “Luces de bohemia” en el instituto y el otro día me pareció recordar que en el examen de selectividad me tocó comentar esa obra, aunque no podría jurarlo. Como le pasará a casi todo el mundo, mi vida ha tenido bastantes momentos e incluso algunas fases completas de esperpento y en más de una ocasión me he visto peripatético y borracho con algún que otro amigo en una especie de homenaje pobre a Max Estrella y don Latino de Híspalis.

Y entonces pasa un cuarto de siglo, que no es nada, sin volver a Valle-Inclán. Y el otro día mirando a ver qué obras habían caído en el dominio público en 2018 veo que ya desde el año anterior (2017) están disponibles las de aquel señor de excelsa barba que murió en 1936 y me da por leer Tirano Banderas (1926), que es una cuyo título siempre me había atraído, potenciado quizá por la portada de una edición que vi hace muchos años y en la que aparecía un soldado mexicano formidable cuyo rostro era una calavera.

Y me he puesto a leer la edición de la Biblioteca Nacional, que es el escaneo de la edición argentina de 1937 en formato epub y con las limitaciones de la tecnología OCR que se traducen en fallos que suponen obstáculos superables. De haberlo sabido antes habría probado con la cuidada edición (pdf) con notas a pie de página de Juan Rodríguez, en cuya página encontré un glosario que me ha sido de gran utilidad para una novela de léxico tan diverso y ajeno, al menos para un peninsular. Recomendaría echar un vistazo al vocabulario antes de emprender la lectura para no interrumpir el goce del ritmo de navegación constante con la inevitable consulta. Vean este párrafo a modo de de ejemplo y a continuación su nota explicativa:

Y muy confiado de darle una sangría a Tirano Banderas. Mi jefesito, en este alforjín que cargo en el arzón van los restos de mi chamaco. ¡Me lo han devorado los chanchos en la ciénaga! No más cargando estos restos, gané en los albures para feriar guaco, y tiré a un gachupín la mangana y escapé ileso de la balasera de los gendarmes. Esta noche saldré bien en todos los empeños.

Zacarías lleva en la trasera (arzón) de su silla de montar una pequeña alforja (alforjín) con los restos de su hijo (chamaco) que ha sido devorado por los cerdos (chanchos); con ese amuleto ha ganado en el juego de cartas (albures), lo que le ha permitido comprar (feriar) un caballo (guaco), ha echado el lazo (mangana) a un gachupín y ha escapado ileso del tiroteo (balasera) con la policía

La escena chovinista del Casino Español es mi favorita. Siempre fan de los efectos estéticos del patrioterismo cómico y banal. Me troncho imaginándome a la colonia dando vivas al comercio honrado, a don Pelayo y a don Isaac Peral:

El Casino Español —floripondios, doradas lámparas, rimbombantes moldurones— estallaba rubicundo y bronco, resonante de bravatas. La Junta Directiva clausuraba una breve sesión, sin acta, con acuerdos verbales y secretos. Por los salones, al sesgo de la  farra valentona, comenzaban solapados murmullos. Pronto corrió, sin recato, el complot para salir en falange y deshacer el mitin a estacazos. La charanga gachupina resoplaba un bramido patriota: Los calvos tresillistas dejaban en el platillo las puestas: Los cerriles del dominó golpeaban con las fichas y los boliches de gaseosas: Los del billar salían a los balcones blandiendo los tacos. Algunas voces tartufas de empeñistas y abarroteros reclamaban prudencia y una escolta de gendarmes para garantía del orden. Luces y voces ponían una palpitación chula y politiquera en aquellos salones decorados con la emulación ramplona de los despachos ministeriales en la Madre Patria: De pronto la falange gachupina acudió en tumulto a los balcones.
Gritos y aplausos:
–¡Viva España!
–¡Viva el General Banderas!
–¡Viva la raza latina!
–¡Viva el General Presidente!
–¡Viva Don Pelayo!
–¡Viva el Pilar de Zaragoza!
–¡Viva Don Isaac Peral!
–¡Viva el comercio honrado!
–¡Viva el Héroe de Zamalpoa!
En la calle, una tropa de caballos acuchillaba a la plebe ensabanada y negruzca, que huía sin sacar el facón del pecho.

Más allá de las cosas que ocurren y cómo ocurren en la novela y del lenguaje deleitoso era menester que acabara leyéndola por aquello de la cratología iberoamericana y la especialidad de los estudios politológicos en el alma máter de aquí servidor. Esta es una de las ocho o diez novelas que aparecen en toda bibliografía que ilustre el tema del caudillismo. Ya hemos comentado alguna otra. Hay tantas que incluso se ha llegado a hablar del subsubgénero de la novela de dictador.


Pomponio Flato

12/01/2018

Eduardo Mendoza

– La Historia Natural, a cuyo estudio me he consagrado siguiendo los pasos de Aristóteles y Estrabón, de quienes soy devoto discípulo -concluí-, no tiene fronteras ni sabe de facciones.

– Pero esto, por Juno -replicó Apio Pulcro-, no impide que existan las fronteras y dentro de cada frontera, las facciones, de cuyas causas y efectos nadie puede mantenerse al margen, como pronto verás en esta ingrata tierra.

 

Hoy me he quedado trabajando desde casa, con tal mala fortuna de que a las dos horas de comenzar mi jornada ha habido un corte de electricidad (ya es el segundo en cuatro meses, a menudo sitio me he venido a vivir) y como el rúter deja de funcionar he estado cinco horas sin hacer nada (del trabajo) y luego he acabado a las tantas.

Entretanto, me puse a oír un programa de radio sobre la odisea de Shackleton y sobre novela histórica en general que tenía descargado en el disco duro. También ha coincidido que tenía encima de la mesa una novela española. En la biblioteca que me queda más cerca de casa tienen un estante con unos cuarenta libros en castellano y se me ocurrió agarrar uno breve, de Eduardo Mendoza, el gran escritor tabarnés, a quien con excepción de algún que otro artículo en El País no le había  leído apenas nada.

Y así hoy en horario supuestamente laboral cayó El asombroso viaje de Pomponio Flato, libro cuyo protagonista desplaza a la Judea del siglo I y se ve envuelto en un caso penal en el que va averiguando cosas de la vida de unos personajes esenciales de nuestra civilización a los que todos conocemos pero de los que nada conocemos.

Novela menos deudora de Flavio Josefo y los Evangelistas que de La vida de Brian, en puridad no debería considerarse novela histórica o al menos a mí no me parece que tenga esa pretensión. Sin embargo, como más o menos al mismo tiempo estaba oyendo hablar del género en la radio me hago la reflexión de lo difícil que resulta reproducir el pensamiento de los antiguos. Por ejemplo creo que el hacer que un viajero del inicio de nuestra era calcule que Nazaret tenga diez mil habitantes ya es alejarlo del pensamiento de los antiguos, que ni estaban tan preocupados como nosotros por la demografía y la precisión estadística, ni consideraban a todos los seres humanos ¿mujeres, niños, viejos? por igual. Mucho más tarde cuentan las iglesias o los fuegos, o los padres de familia, hombres en edad militar o los pecheros. El auge del individualismo en Occidente es posterior. Y cuántas cosas de esas no habrá. El anacronismo no es grave en este libro ni para los Monty Python pero algo tengo que escribir.

Y ya puestos, si este libro pasa a formar parte del canon de la literatura española del futuro la que viene a continuación será sin duda la frase que más citen los escolares del siglo XXII:

Cuando al cuerpo le dan por el culo, el espíritu revierte en la metafísica. Así lo afirma Parménides en un texto que, por desgracia, se ha perdido.

Mi veredicto es que son 190 páginas y me han durado menos que el apagón. Se lo recomendaría a aquella chica que leía un libro todos los veranos.


Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.


Episodios Nacionales: El equipaje del rey José

03/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Pronto me puse con uno de mis proyectos para este año, que es el de leer las diez novelas de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. El primer día de 2018 di cuenta de la primera entrega, El equipaje del rey José, que sucede en tierras de Burgos y Álava en los alrededores tanto en el espacio como en el tiempo de la batalla de Vitoria de 1813.

Con Galdós me pasa como con Dostoyevski, que la historia puede ser grandiosa pero la miga de verdad la encuentro en las reflexiones del narrador. Aquí respecto de un linchamiento fallido:

El populacho es algunas veces sublime, no puede negarse. Tiene horas de heroísmo, en virtud de extraordinaria y súbita inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de estas horas, muy raras en la historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y sobre todo cobarde.

Aquí sobre los efectos provocados por la combinación de las pasiones amorosas y las patrióticas:

Un hecho es este cuyo tenebroso misterio no penetrará jamás con exactitud el observador; pero es indudable que la pasión amorosa confundida con el arrebatado sentimiento patriótico que en el alma de la mujer produce fenómenos extraordinarios, durante las grandes guerras de raza, está sujeta a veleidades casi increíbles. El fanatismo de Genara hizo de ella en la ocasión crítica que narramos un ser espantoso; pero ¿es posible pronunciar la última palabra sobre la vengativa saña de su alma exaltada, sin deslindar lo que de sublime y de perverso había en los sentimientos que precedieron a la explosión tremenda? La pavorosa figura bella y terrible, que pedía la muerte de un hombre, pocos minutos antes amado, encaja muy bien dentro del tétrico cuadro de la época, en la cual las pasiones humanas exacerbadas y desatadas arrastraban a los hechos más heroicos y a los mayores delirios. Había en Genara una entereza romana que de ningún modo podía ser completamente odiosa, y en sus odios lo mismo que en sus amores no se quedaba nunca a medias.

Hace unos meses escuché un interesante programa de radio sobre la batalla de Vitoria de 1813 y luego estuve buscando mapas y otra información. El botín de guerra, que en otras batallas es tema secundario, tuvo en ésta un protagonismo mayor.

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