El laberinto de la soledad

09/07/2017

Primera edición (1950)

En el comentario de texto de la Selectividad me tocó un artículo de Octavio Paz. Siempre me quedé con el remordimiento de no haber escrito el circunloquio “el premio Nobel mexicano” (que omití al dar por consabido), que quizá me hubiera hecho ganar alguna décima de propina. Poeta y ensayista en español, acaso la academia quiso darle el premio que negó a Borges. Su poesía nunca me ha dicho gran cosa y a excepción de alguna lectura suelta como el programa de radio en el que supe de sus andanzas por la España bélica he permanecido lejos de su obra, hasta hoy que me ha dado por leer una edición vieja de El laberinto de la soledad.

Como se trata de un grupo de ensayos variado en el que se toca lo divino y lo humano entresaco diversos fragmentos que me han interesado. Por ejemplo este sobre los llamados “pachucos” de la fea ciudad de Los Ángeles, cuya situación identitaria me recuerda un poco a la situación de los maketos y charnegos del País Vasco y Cataluña en España.

Al iniciar mi vida en los Estados Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles, ciudad habitada por más de un millón de personas de origen mexicano. A primera vista sorprende al viajero —además de la pureza del cielo y de la fealdad de las dispersas y ostentosas construcciones— la atmósfera vagamente mexicana de la ciudad, imposible de apresar con palabras o conceptos. Esta mexicanidad —gusto por los adornos, descuido y fausto, negligencia, pasión y reserva— flota en el aire. Y digo que flota porque no se mezcla ni se funde con el otro mundo, el mundo norteamericano, hecho de precisión y eficacia. Flota, pero no se opone; se balancea, impulsada por el viento, a veces desgarrada como una nube, otras erguida como un cohete que asciende. Se arrastra, se pliega, se expande, se contrae, duerme o sueña, hermosura harapienta. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer.

Algo semejante ocurre con los mexicanos que uno encuentra en la calle. Aunque tengan muchos años de vivir allí, usen la misma ropa, hablen el mismo idioma y sientan vergüenza de su origen, nadie los confundiría con los norteamericanos auténticos. Y no se crea que los rasgos físicos son tan determinantes como vulgarmente se piensa. Lo que me parece distinguirlos del resto de la población es su aire furtivo e inquieto, de seres que se disfrazan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de desnudarlos y dejarlos en cueros. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndulo, un péndulo que ha perdido la razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado de espíritu —o de ausencia de espíritu— ha engendrado lo que se ha dado en llamar el “pachuco”.

Como es sabido, los “pachucos” son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del Sur y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los “pachucos” no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión —ambigua, como se verá— de no ser como los otros que los rodean. El “pachuco” no quiere volver a su origen mexicano; tampoco —al menos en apariencia— desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: “pachuco”, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. ¡Extraña palabra, que no tiene significado preciso o que, más exactamente, está cargada, como todas las creaciones populares, de una pluralidad de significados! Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano.

Estos otros párrafos quizá no sean los más representativos de los que tratan la soledad, pero es interesante cómo la relaciona con la hombría y como la concepción mexicana de la virilidad (y por extensión la hispánica) se diferencia de otras al ser un rasgo de carácter, más que un resultado de la lucha. Educado en el ejemplo literario del Cid o de Machado partiendo al destierro nunca me ha dejado de sorprender que en inglés loser sea un insulto y que la derrota se pueda echar en cara a quien ha luchado como un hombre.

El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza. Muestra que instintivamente consideramos peligroso al medio que nos rodea. Esta reacción se justifica si se piensa en lo que ha sido nuestra historia y en el carácter de la sociedad que hemos creado. La dureza y hostilidad del ambiente —y esa amenaza, escondida e indefinible, que siempre flota en el aire— nos obligan a cerrarnos al exterior, como esas plantas de la meseta que acumulan sus jugos tras una cáscara espinosa. Pero esta conducta, legítima en su origen, se ha convertido en un mecanismo que funciona solo, automáticamente. Ante la simpatía y la dulzura nuestra respuesta es la reserva, pues no sabemos si esos sentimientos son verdaderos o simulados. Y además, nuestra integridad masculina corre tanto peligro ante la benevolencia como ante la hostilidad. Toda abertura de nuestro ser entraña una dimisión de nuestra hombría.

Nuestras relaciones con los otros hombres también están teñidas de recelo. Cada vez que el mexicano se confía a un amigo o a un conocido, cada vez que se “abre”, abdica. Y teme que el desprecio del confidente siga a su entrega. Por eso la confidencia deshonra y es tan peligrosa para el que la hace como para el que la escucha; no nos ahogamos en la fuente que nos refleja, ciso, sino que la cegamos. Nuestra cólera no se nutre nada más del temor de ser utilizados por nuestros confidentes —temor general a todos los hombres— sino de la vergüenza de haber renunciado a nuestra soledad. El que se confía, se enajena; “me he vendido con Fulano”, decimos cuando nos confiamos a alguien que no lo merece. Esto es, nos hemos “rajado”, alguien ha penetrado en el castillo fuerte. La distancia entre hombre y hombre, creadora del mutuo respeto y la mutua seguridad, ha desaparecido. No solamente estamos a merced del intruso, sino que hemos abdicado.

Todas estas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para otros pueblos consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad.

Aquí una certera reflexión sobre el surgimiento de las naciones iberoamericanas tras el fin de la Colonia…

Las nuevas Repúblicas fueron inventadas por necesidades políticas y militares del momento, no porque expresasen una real peculiaridad histórica. Los “rasgos nacionales” se fueron formando más tarde; en muchos casos, no son sino consecuencia de la prédica nacionalista de los gobiernos. Aún ahora, un siglo y medio después, nadie puede explicar satisfactoriamente en qué consisten las diferencias “nacionales” entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos. Nada tampoco —excepto la persistencia de las oligarquías locales, sostenidas por el imperialismo norteamericano— explica la existencia en Centroamérica y las Antillas de nueve repúblicas.

…que continúa con el interesante ejemplo mexicano:

No es esto todo. Cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de la Independencia, una constitución más o menos (casi siempre menos que más) liberal y democrática. En Europa y en los Estados Unidos esas leyes correspondían a una realidad histórica: eran la expresión del ascenso de la burguesía, la consecuencia de la revolución industrial y de la destrucción del antiguo régimen. En Hispanoamérica sólo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. La ideología liberal y democrática, lejos de expresar nuestra situación histórica concreta, la ocultaba. La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente.

El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad. Durante más de cien años hemos sufrido regímenes de fuerza, al servicio de las oligarquías feudales, pero que utilizan el lenguaje de la libertad. Esta situación se ha prolongado hasta nuestros días. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma. Éste parece ser el sentido de los actuales movimientos latinoa-mericanos, cuyo objetivo común consiste en realizar de una vez por todas la Independencia. O sea: transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos y turistas. En esta lucha nuestros pueblos no sólo se enfrentan a la vieja herencia española (la Iglesia, el ejército y la oligarquía), sino al Dictador, al Jefe con la boca henchida de fórmulas legales y patrióticas, ahora aliado a un poder muy distinto al viejo imperialismo hispano: los grandes intereses del capitalismo extranjero.

Casi todo lo anterior es aplicable a México, con decisivas salvedades. En primer término, nuestra revolución de Independencia jamás manifiesta las pretensiones de universalidad que son, a un tiempo, la videncia y la ceguera de Bolívar. Además, los insurgentes vacilan entre la Independencia (Morelos) y formas modernas de autonomía (Hidalgo).

La guerra se inicia como una protesta contra los abusos de la Metrópoli y de la alta burocracia española, sí, pero también y sobre todo contra los grandes latifundistas nativos. No es la rebelión de la aristocracia local contra la Metrópoli, sino la del pueblo contra la primera. De ahí que los revolucionarios hayan concedido mayor importancia a determinadas reformas sociales que a la Independencia misma: Hidalgo decreta la abolición de la esclavitud; Morelos, el reparto de los latifundios.

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación. Por eso el Ejército (en el que servían “criollos” como Iturbide), la Iglesia y los grandes propietarios se aliaron a la Corona española. Esas fuerzas fueron las que derrotaron a Hidalgo, Morelos y Mina. Un poco más tarde, casi extinguido el movimiento insurgente, ocurre lo inesperado: en España los liberales toman el poder, transforman la Monarquía absoluta en constitucional y amenazan los privilegios de la Iglesia y de la aristocracia. Se opera entonces un brusco cambio de frente; ante este nuevo peligro exterior, el alto clero, los grandes terratenientes, la burocracia y los militares criollos buscan la alianza con los restos de los insurgentes y consuman la Independencia.

Se trata de un verdadero acto de prestidigitación: la separación política de la Metrópoli se realiza en contra de las clases que habían luchado por la Independencia, El virreinato de Nueva España se transforma en el Imperio mexicano. Iturbide, el antiguo general realista, se convierte en Agustín I. Al poco tiempo, una rebelión lo derriba. Se inicia la era de los pronunciamientos.

Breve balance histórico de la Revolución Mexicana:

La Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la Historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución mexicana ha muerto sin resolver nuestras contradicciones. Después de la segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que esa creación de nosotros mismos que la realidad nos exige no es diversa a la que una realidad semejante reclama a los otros. Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar. La Historia universal es ya tarea común. Y nuestro laberinto, el de todos los hombres.

Breve balance histórico del comunismo que a menor escala me parece aplicable a muchas instituciones  y políticas que pretenden corregir las injusticias del mercado, pero que al final sólo generan mercado negro e injusticias mayores:

Los métodos de “acumulación socialista” —como los llamaba el difunto Stalin— se han revelado bastante más crueles que los sistemas de “acumulación primitiva” del capital, que con tanta justicia indignaban a Marx y Engels. Nadie duda que el “socialismo” totalitario puede transformar la economía de un país; es más dudoso que logre liberar al hombre. Y esto último es lo único que nos interesa y lo único que justifica una revolución.

Por supuesto hay mucho más de entre lo que destaco por lo leven una entretenida disquisición sobre la variación léxica del tema “chingar” pero además en el campo de las ideas: la soledad, la muerte, la destrucción del mundo politico y religioso precolombino, el catolicismo, la proyección de Europa en la Nueva España, sor Juana Inés, el interesante siglo XIX mexicano y la situación de lo que durante el XX llamábamos el mundo en vías de desarrollo,

Leo que hay ediciones posteriores que añaden tres ensayos a los ocho y apéndice de la primera. Intentaré hacerme con una de esas cuando vuelva a esta obra.

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Trafalgar y la patria

27/05/2017

De jóvenes admirábamos cotidianamente a don Benito Pérez Galdós

Hará más de diez años que leí el Cabo Trafalgar de Pérez-Reverte (no me convenció) y esta mañana se me ha ocurrido ponerme con el Trafalgar de Pérez Galdós, el primero de los Episodios Nacionales. Éste me ha gustado más y puede que la comparación no sea justa aunque sólo sea porque uno no es el mismo de hace una década. Dos veces estuve en Trafalgar square de Londres y una en Nelson de Nueva Zelanda sin que estos antiguos acontecimientos bélicos resonaran lo más mínimo en mi consciencia.

Hay coloquialismos en Galdós que yo creía posteriores (Por ejemplo, la expresión “De Guatemala a Guatepeor”, que yo no habría imaginado que se usaba ya en el siglo XIX). Trafalgar fue publicada en el año convulso de 1873 (el de la Primera República Española) y en un fragmento que es el alegato de Gabriel Araceli antes de que comience la batalla el narrador se explaya sobre la idea de patria y en su alegato me parece ver algo de aquello por lo que Renan habría de llamar a la nación  “plebiscito cotidiano” en su famosa conferencia de 1882.

Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos, nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el rey y su célebre ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros.
Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándole, y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la oscuridad un hermoso paisaje. Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de gentes, todos fraternalmente unidos; me representé la sociedad dividida en familias, en las cuales había esposas que mantener, hijos que educar, hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje, el almacén donde depositaban sus riquezas; la iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos y arca de sus creencias; la plaza, recinto de sus alegres pasatiempos; el hogar doméstico, cuyos antiguos muebles, transmitidos de generación en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones; la cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos; la calle, donde se ven desfilar caras amigas; el campo, el mar, el cielo; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra alma, como si el propio cuerpo no le bastara.
Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos algo, en lo cual no iba del todo descaminado. Parecíame, por tanto, tan legítima la defensa como brutal la agresión; y, como había oído decir que la justicia triunfaba siempre,no dudaba de la victoria. Mirando nuestras banderas rojas y amarillas, los colores combinados que mejor representan al fuego, sentí que mi pecho se ensanchaba; no pude contener algunas lágrimas de entusiasmo; me acordé de Cádiz, de Vejer; me acordé de todos los españoles, a quienes consideraba asomados a una gran azotea, contemplándonos con ansiedad; y todas estas ideas y sensaciones llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios, a quien dirigí una oración que no era padrenuestro ni avemaria, sino algo nuevo que a mí se me ocurrió entonces. Un repentino estruendo me sacó de mi arrobamiento, haciéndome estremecer con violentísima sacudida. Había sonado el primer cañonazo.

No sé si se puede decir que Pérez Galdós se adelantó a Renan. Es lógico pensar que esta idea será incluso anterior. Tras la derrota y cuando los ingleses están tomando el Santísima Trinidad, Gabriel Araceli del que casi se podía decir que había despertado de su preconcepción de la idea de patria a cañonazos se la vuelve a plantear junto con el el tema del Otro:

Siempre se me habían representado los ingleses como verdaderos piratas o salteadores de los mares, gentezuela aventurera que no constituía nación y que vivía del merodeo. Cuando vi el orgullo con que enarbolaron su pabellón, saludándole con vivas aclamaciones, cuando advertí el gozo y la satisfacción que les causaba haber apresado el más grande y glorioso barco que hasta entonces surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que ésta les habría confiado la defensa de su honor; me pareció que en aquella tierra, para mí misteriosa, que se llamaba Inglaterra, habían de existir, como en España, muchas gentes honradas, un rey paternal, y las madres, las hijas, las esposas, las hermanas de tan valientes marinos, los cuales, esperando con ansiedad su vuelta, rogarían a Dios que les concediera la victoria.

Puede decirse que las cuestiones del patriotismo y del patrioterismo y la otredad siguen plenamente vigentes en nuestro tiempo y también puede decirse que  todo está ya en los clásicos.


Conexiones entre España e Irlanda

23/04/2017

Hace tres años me escribió una española muy amable que había empezado a trabajar en una multinacional aquí en Dublín y a la que le como miembro de un comité de multiculturalidad le habían encomendado hacer una presentación sobre España e Irlanda. Ella quería enfocarlo desde el punto de vista de los puntos en común.

[…] voy a hacer una presentacion sobre España y el enfoque que estoy planteando es comenzar por cosas que nos unen como países y terminar presentando España rompiendo los mitos, contándoles cosas que les sorprendan, como por ejemplo que España tiene un 36% de masa forestal vs. un 10% de Irlanda, pueden flipar…
Las cosas que nos unen:

  • Segun el libro “Lebor Gabála Érenn” que es una especia de historia/mito del origen de Irlanda desde la edad de piedra hasta el Medievo, los irlandeses descienden de los Milesians, a ti que te gusta la etimologia te va a gustar “Mil Espaine”que venían del reino de Breoghan (actual Galicia), la historia es muy interesante, puedes leerla pinchando aquí  o aquí.
  • Eamon de Valera era hijo de un espalol emigrado a Cuba y una irlandesa emigrada a Nueva York
  • La historia del Spanish Arch de Galway.
  • El enemigo común histórico: Inglaterra y cómo les ayudamos en repetidas ocasiones… la historia del naufragio de los galeones españoles en el oeste y que muchos se quedaron por aquí…
  • En los dos paises se toca la gaita
  • A los irlandeses les llaman los españoles del norte.

Y la verdad es que no se me ocurren mas conexiones… ¿se te ocurre alguna mas a ti?
Muchas gracias por tu ayuda.

La lista que ella proporciona ya deja entrever que en realidad no hay demasiada conexión. A continuación viene mi respuesta, que estoy rescatando hoy por algo que he leído anoche,que pronto comentaré y que es lo que me ha recordado esta correspondencia que ya va siendo antigua.

A mi modo de ver España e Irlanda son dos países con poco en común, dentro de que en el 90% de las cosas todos los países europeos son iguales. Lo que ocurre es que ellos se definen en gran medida por oposición a Inglaterra y les suele gustar que les digan que son parecidos a cualquier otro, cuando en realidad son mucho más parecidos a los ingleses que a nadie. Con España tiendo a encontrar más diferencias que puntos en común, probablemente porque uno compara precisamente por oposición.

Lo de la España húmeda como que no les suena mucho. Les llama la atención cuando les digo que en el norte de España llueve tanto como en Dublín y que además cuando se pone llueve más en serio. Si preguntas a irlandeses por sitios de España empiezan por Madrid y Barcelona y luego pasan a Estepona, Fuengirola y las islas. El dato de la masa forestal es bueno y puede que les sorprenda. Relacionado con esto, si ves las casas, verás moqueta por todas partes y casi nunca suelo de tablas o parqué. A los españoles no nos suele gustar la moqueta y a ellos les encanta. La carencia de madera/bosques ha creado esa cultura moquetista.

Lo de los milesios se lo he oído a mucha gente, pero en el fondo no deja de ser un mito y no hay nada que lo demuestre. En temas míticos, además de todo lo que tenga que ver con el sustrato celta está la historia de los navegantes de la isla fantasma de San Borondón (St Brendan)​. Es muy poco probable que los pocos supervivientes de la armada vencida dejaran mucha descendencia. No es la sensación que le queda a uno después de leer el relato de Cuéllar.

De lo del origen de la familia De Valera no se sabe demasiado y lo que hay no es muy sólido. Yo tendería a desconfiar de que el padre fuera español. Dicen que el nombre de pila era Vivion y nunca he oido ese nombre en España. Yo creo que ahi hay algo turbio, pero a saber…

No sé qué abrás leído de mis notas, pero hice una especie de categoría para comparar Hibernia e Hispania. Aparte de las cosas más o menos anecdóticas que haya puesto ahí y despues de pensar un rato, los puntos más importantes en común que se me ocurren son:

  • El catolicismo y su influencia en la psique nacional
  • Guerras civiles en ambos países a principios del XX
  • Terrorismo nacionalista en los años 70-90
  • Países poco desarrollados hacia 1950 con historias de éxito económico hasta 2000 (ó 2008)
  • Países de emigración que en el mundo son más importantes por lo que han hecho sus descendientes en América que por lo que son en sí mismos.
  • Sustrato celta (hasta cierto punto, porque se exagera mucho)
  • Afición por la juerga (aunque se practique de diferente modo)

Si me pides una lista de diferencias en vez de 7 te saco 70. Uno de mis proyectos de comparación es ir ilustrando aspectos con datos del INE y del CSO. Seguramente sean los mejores lugares para sacar datos que no sean tópicos. Pero voy escribiendo cuando puedo.

No tenía pensado escribir tanto (sorry), a lo mejor reciclo el texto para otra entrada de blog. Creo que mi foma de pensar es un poco densa y me imagino que  a la gente le gustará más oír que Ailbhe es un nombre irlandés de chica y Alba uno español que se pronuncia igual; que la base de la alimentación nacional durante siglos, la patata, fue traida a Europa por los españoles o sobre los irlandeses que han jugado en la liga española de fútbol; cosas así.

Luego no volví a saber de esta moza (si sigues por aquí, saluda). El caso es que tenía previsto poner unas notas comparativas con los resultados del censo irlandés de 2011 y este mes han publicado los del de 2016.

Mi lista de 7 puntos la quería mejorar (¿no es demasiado obvio que la ha elaborado alguien que ha estudiado ciencias políticas?). Tendré que rebuscar en la gastronomía, los deportes y las artes.


El centenario

27/03/2016
Casa de Aduanas

Casa de Aduanas

“El Centenario” es el título del pasacalles que a falta de otra cosa tiene por himno en la aldea de donde llegué ayer. No sé exactamente a qué cien años de soledad alude, pero lo de que sea una charanga antes que una banda militar la encargada de la solemnidad musical del lugar regala cierta merecida modestia y esa no es pequeña virtud cuando de evitar el ridículo se trata.

Liberty Hall

Liberty Hall

Hoy no hace cien años de nada, pero en el Domingo de Resurrección de hace un siglo se rindió la insurrección chapucera que quizá consiguió acabar gananando tras la derrota y el martirio. No en vano, el nacionalismo vasco se fijó en esta fecha para iniciar parejo bucle melancólico. Quizá el estado español también aprendió algo de los errores británicos y eso haya contribuido a que las cosas sigan siendo las que son.

Puente Rosie Hackett

Puente Rosie Hackett

Durante mis tiempos en Vasconia, el domingo de Pascua era una fecha políticamente bastante indiferente para el noventa por ciento del espectro político que va del nacionalismo vasco no militante al españolismo recalcitrante. Son los problemas técnicos de ubicar una festividad en domingo cuendo este día ya de por sí es festivo. Es parecido por tierras de Irlanda.

St Stephen's Green

St Stephen’s Green

Hoy salimos de casa por aquello del “yo estuve allí”. El principal acto de conmemoración era un desfile militar. En general, los irlandeses no son muy buenos para las celebraciones callejeras y provisionalmente se lo vamos a imputar también al clima. Hace muchos años vi los fuegos artificiales que se anunciaban como “del milenio” y luego fueron como los que lanza en verano cualquier localidad española con plaza de toros. Sé que todos los años hay un desfile el día de san Patricio que apenas es más que la celebración anual de cualquier instituto de secundaria un poco grande. En lo específicamente militar, si uno ha visto los desfiles de los rusos en la Plaza Roja o los que monta el de Corea del Norte con sus misiles, coreografía y demás parafernalia y espera algo similar, se sabe que va a quedar defraudado con las exiguas fuerzas militares irlandesas. Pero qué diablos, ya se sabe que estamos celebrando un fracaso.

George's st

George’s st

No hemos tenido paciencia con la muchedumbre, creo que menor de la esperada. La música militar que nunca nos supo levantar nos ha encontrado en los columpios del prado de san Esteban y apenas hemos visto parte del desfile a través de una pantalla gigante, junto con otras decenas de personas, en un ratito afortunado de sol. Una patrulla aérea ha pasado por encima formando la bandera tricolor con delicadas columnas de humo. Más ilusión que ninguna otra cosa es la que me ha hecho la posibilidad de pisar las calzadas que normalmente ocupa el tráfico rodado.

Firmantes de la proclamación de 1916

Firmantes de la proclamación de 1916

En los muelles podía uno subirse al Ciara y el Beckett. Éste último tiene por emblema el Yoda de la Guerra de las Galaxias.


El intento de invasión de Irlanda de Eduardo Brucio (1315)

27/01/2016

Sigo con la lectura de un tocho sobre Historia de las islas Británicas. He pasado ya la parte que más me interesa y, en llegando a cierto episodio del siglo XIV, he recordado unos paneles que fotografié en el túnel de acceso a Trinity College hace unas semanas. He estado varias veces en Escocia y había leído varias veces sobre estos reyes de Bruce o de Brus, pero esto no había dejado en mi memoria más que el consabido dato de que Escocia (sea lo que sea lo que esto signifique) luchaba mucho contra Inglaterra (ídem) hasta que perdieron y se acabaron uniendo (o siendo absorbidos). Incluso he estado en una colina de Stirling viendo venir la lluvia por los campos de batalla de Bannockburn, aunque bastante más ocupado de cosas de este siglo.

De esta miniexposición me interesó mucho la reconstrucción del Dublín de 1315 que aparecía en uno de los paneles. Pocas semanas antes habíamos estado de gira con una historiadora por el arrabal en el que trabajo últimamente, utilizando mapas antiguos como guía. Puede verse el castillo de Dublín, junto al lugar que da su nombre vikingo a la ciudad en el antiguo río que hoy es mera cloaca. La catedral de Christchurch en el recinto amurallado y la de san Patricio extramuros.

Reconstrucción digital

Reconstrucción digital del Dublín medieval

La narrativa de por qué una gente de la isla vecina se acercó a esta otra isla adolece de la clásica simplificación nacionalista. Voy a retomar el tema de que en realidad no se trata de dos islas. No son dos unidades aisladas, y de hecho las distancias por mar se recorren mucho antes que por tierra. Como no son dos islas, los gaélicos goidélicos de Escocia tienen su origen en Irlanda y en un principio Roma llamó a todos scoti “escotos”. La cultura irlandesa floreció en lugares como Iona hasta la llegada de los vikingos. En el nivel demográfico lenguas y filiaciones son diferentes memes en continuo flujo y en lucha por su “supervivencia” pero en el nivel político, que es de elites, los más relevantes en tiempos medievales nada tienen que ver con ideas e intenciones del siglo XIX que se traspasan alegremente a gentes del siglo XIV. Obviamente, si Irlanda no se hubiera independizado en el siglo XX un relato como el de estos paneles sería difícil de imaginar. En el siglo XIV ni siquiera Inglaterra era aún Inglaterra en el sentido etnonacional sino más bien una el poder de una corte normanda luchando por territorios tanto en las islas como en el continente. El tipo de narrativa identitaria, la ausencia de referencias a la estructura estamental de la sociedad y a la importancia de la religión y dar por sentada una conciencia nacional avant la lettre, conforman un recital monográfico de la falacia del historiador, siendo el tema panceltista el colofón.

De todos modos, yo hago una traducción aproximada de lo que ponía y luego cada quien que lo filtre como quiera o pueda.

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¿UN REY ESCOCÉS PARA IRLANDA?

En 1315, hace 700 años, los irlandeses eligieron por última vez a un rey de reyes . Se trataba de Eduardo, hermano de Roberto Brucio rey de los escoceses, que receintemente había logrado una gran victoria sobre los ingleses en la batalla de Bannockburn.

La INVASIÓN DE BRUCE 1315/2015

¿Por qué un rey escocés para Irlanda? ¿Por qué no? En cierto sentido, los escoceses eran irlandeses. A principios de la Edad Media, Irlanda se conocía en latín como Scotia, pero cuando una dinastía irlandesa – Dál Riata de Antrim – ganó ascendencia en el norte de la isla de Gran Bretaña pasó a conocerse como la tierra de los escotos (Scoti) y así nació Escocia.

¿Por qué Eduardo Brucio? Una vez más: ¿por qué no? Aunque su familia era en principio anglonormanda Eduardo y Roberto eran de extracción gaélica por parte de madre y tenían estrechas relaciones con el mundo gaélico de Escocia occidental y sus islas. Incluso se dijo que Eduardo había sido criado en Irlanda con el hombre que le animó a lanzar su invasión, Domhnall Ó Néill, del Úlster.

 

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DUBLÍN EN PELIGRO EN 1317

Dublín era la capital de la administración real inglesa y los dublineses eran muy leales a la corona de Inglaterra.

En febrero de 1317 la ciudad estuvo cerca de ser tomada por los hermanos de Brus. El rey de Escocia, Roberto Brucio, se unió a su hermano Eduardo que había sido nombrado rey de Irlanda en 1315. Los hermanos acamparon en Castleknock con las murallas de la ciudad a la vista.

Durante el pánico, los dublineses quemaron los arrabales de su ciudad y desmantelaron el priorato de los dominicos que había al norte del río Liffey para reforzar las murallas de la ciudad. También destruyeron el puente que cruzaba el río.

Los hermanos decidieron no sitiar la ciudad. Siguieron rumbo al sur, hacia Múnster, y así perdieron la oportunidad de capturar el cuartel general de los ingleses antes de que llegaran refuerzos de Inglaterra.

 

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FUEGO, HAMBRUNA Y ESPADA: LAS CAMPAÑAS DE LOS HERMANOS BRUCIO EN IRLANDA

1. Mayo de 1315. Un ejército escocés de unos seis mil hombres a cuyo mando se encuentra Eduardo, hermano de Roberto Brucio, el rey de Escocia arriba a las costas de Antrim. Muchos irlandeses se unen a la causa de Brucio con la esperanza de derrotar al poder inglés que rige Irlanda. Se planea incluso una alianza pancéltica de escoceses, irlandeses y galeses para terminar con la dominación inglesa.

2. Junio de 1315. Cerca de Carrickfergus, muchos nombles gaélicos dirigidos por Ó Néill del Úlster se juntan para unirse a Brucio. Los anales irlandeses indican que “todos los gaélicos de Irlanda acuerdan concederle el señoría y lo nombran Rey de Irlanda”. La mayoría de los colonos ingleses en Irlanda se le opone.

3. Agosto de 1316. En la batalla de Athenry, la más sangrienta de toda la invasión, los escoceses no participaron en nada. Fue una derrota desastrosa para los irlandeses de Connacht – se dice que unos mil quinientos fueron decapitados. Supuso un subidón de moral para los colonos ingleses. El sello municipal de Athenry conmemora la victoria, mostrando las cabezas de los reyes irlandeses empaladas por encima de los muros de la ciudad.

4. Febrero de 1317. Los hermanos Brucio habían llegado a Castleknock pero deciden no sitiar la ciudad de Dublín. La llegada de refuerzos ingleses termina con un intento de conectar con los irlandeses de Munster y pronto el famélico ejército de Brucio se retira.

5. Octubre de 1318. Marchando hacia el sur desde el Úlster con la intención de realizar un último esfuerzo, Eduardo Brucio se arriesga a una batalla en campo abierto contra el ejército inglés en Faughart, al norte de Dundalk, donde pierde la vida y con ella su reino irlandés. Aunque la tradición señala “su tumba”, en realidad el cadáver fue desmembrado y partes del mismo colgadas a las puertas de varias ciudades irlandesas. El vencedor, Juan de Bermingham, llevó la cabeza de Brucio al rey Eduardo II de Inglaterra. Fue tal el alivio que supuso la derrota de la mayor amenaza al poder inglés en Irlanda que este pequeño barón fue elevado al estatus de conde de Louth tras haber puesto fin a la invasión de Brucio.

Mapa (1315)

Mapa (1315)

Aquí hay un pdf con una versión en calidad más que decente de los paneles. No sé cómo no se me ha ocurrido buscar antes de poner mis malas fotografías.


Sabiniana

25/01/2016
La del yonqui también tiene que ser una historia curiosa

La del yonqui ese también tiene que ser una historia curiosa

La bandera que diseñaron los hermanos Arana en 1894 acabó siendo en 1979 la enseña oficial de la recién instaurada Comunidad Autónoma del País Vasco. Siempre me ha parecido justa la opinión de que la bicrucífera son en realidad dos banderas: una sería esa bandera de los mástiles que representa el statu quo oficial, sin embargo la mayor parte de las veces que esos colores se manifiestan en el mundo real representan algo más primitivo y ambicioso.

Ese ha de ser el caso en el grafiti que puede encontrarse en el callejón del sicomoro en Temple Bar. Una calle que une dos de las vías importantes que son paralelas al río – Dame st y Fleet st – pero que nadie conoce por el nombre porque está compuesta de salidas de emergencia y no contiene nada. En cambio ha generado una buena oportunidad para intentar averiguar qué plátanos son y cuáles no son sicomoros.

Calle del sicomoro

Calle del sicomoro (Temple Bar, Dublín)


Comunidades imaginadas

02/11/2015
2ª edición

2ª edición, hay 3ª que no sé qué dirá

Hay un libro que siempre se cita en en la bibliografía de nacionalismos: “Comunidades Imaginadas” (Imagined Communities) de Benedict Anderson. A mí no me parece un gran libro y creo que del mismo modo que uno se puede despachar la Teoría de Rawls con el velo de ignorancia y los dos principios de la justicia, basta con averiguar un poco qué es una “comunidad imaginada” y qué es “el capitalismo de imprenta” para ahorrarse la lectura del libro.

De todos modos a veces uno hace cosas porque cree que tiene que hacerlas y aquí estoy yo para comentar cuatro cosillas de esta obra que aunque sea exitosa por acuñar un término nuevo y no ofrezca un gran marco teórico tiene momentos de brillo como cuando se dice que “Prusia no era un país con un ejército sino un ejército con un país”.

Como las teorías hay que ilustrarlas, Anderson tiene buenos ejemplos sobre la creación, entendida como el proceso de imaginar, de Suiza, Hungría, Vietnam… algunos otros ejemplos están más traídos por los pelos (Filipinas)

Muy relacionado con el capitalismo de imprenta es la idea de continuum dialectal. Aquí por ejemplo, un fragmento sobre algo que me pregunté antaño respecto de la inteligibilidad de las lenguas túrquicas:

The fate of the Turkic-speaking peoples in the zones incorporated into today’s Turkey, Iran, Iraq, and the USSR is especially exemplary. A family of spoken languages, once everywhere assemblable, thus comprehensible, within an Arabic orthography, has lost that unity as a result of conscious manipulations. To heighten Turkish-Turkey’s national consciousness at the expense of any wider Islamic identification, Atatürk imposed compulsory romanization. The Soviet authorities followed suit, first with an anti-Islamic, anti-Persian compulsory romanization, then in Stalin’s 1930’s, with a Russifying compulsory Cyrillization.

Pensemos por ejemplo en la posibilidad de fundir el español y el portugués o en la de dar una gramática consensuada y una litertura a unos cuantos dialectos romances de poco prestigio que aún quedan en España y en la dimensión política de cualquiera de esos proyectos.

En cuanto al proceso fundacional de la cultura hispánica como cultura universal que vino a suceder per accidens, este trozo compara la rusificación del Imperio de los zares en el siglo XIX con la colonización de América en el XVI deja ver la brecha abierta en la Historia por la era de los nacionalismos y los cambios de consciencia que implica.

While there is a certain analogy with, say the Hispanization of the Americas and the Philippines, one central difference remains. The cultural conquistadors of late-nineteenth century Czardom were proceeding from a selfconscious Machiavellism, wihle their sixteenth-century Spanish ancestors acted out of an unselfconscious everyday pragmatism. Nor was it for them really ‘Hispanization’ – rather it was simply conversion of heathens and pagans.

Que viene a ser aquello del “Lengua y patria” de Lodares de que a las malas iban por el oro y las buenas a salvar almas, pero que no tenían ningún interés en dar clases de idiomas.