Superfreakonomics

24/03/2019

La edición británica,creo

Creo que fue en 2007 (“el año en que hice muchas cosas”) cuando leí Freakonomics del profesor de economía Levitt y el periodista Dubner. Una lectura muy entretenida sobre economía en el sentido más amplio posible de la palabra sobre cuya aproximación a la verdad fui desconfiando a lo largo del tiempo. Poco después salió una segunda parte: Superfreakonomics y ahora compruebo que eso fue en 2009 y que se me habían pasado diez años pensando que tenía que echarle un vistazo, cosa que no he hecho hasta hoy mismo. Hubo un tiempo en el que estuve suscrito por RSS al blog y otro rato al podcast, pero en alguna de las masacres desintoxicatorias de información desaparecieron de mi rádar.

Así que me he puesto a leer Freakonomics pero con el ceño fruncido y como desconfiando y nada más acabar me he puesto a buscar la opinión de algún comentarista para confirmar que en efecto, tal y como intuía lo que había estado leyendo sobre el calentamiento global era bastante raro y a los coautores les estaba cayendo la del pulpo por su frivolidad. Todo lo relativo a la prostitución me pareció relativamente más creíble, aunque la visión general sea demasiado de color de rosa. Entre lo esquivo que es el mundillo y la guerra cultural en la que estamos inmersos realmente es difícil saber.

La idea de que el salario no depende sólo de la oferta y la demanda sino también de la competencia, los años de educación, como de desagradable y de peligroso sea. Lo cual explicaría que una prostituta pueda ganar más que un arquitecto:

“The delicate balance between these factors helps explain why, for instance, the typical prostitute earns more than the typical architect. It may not seem as though she should. The architect would appear to be more skilled (as the word is usually defined) and better educated (again, as usually defined). But little girls don’t grow up dreaming of becoming prostitutes, so the supply of potential prostitutes is relatively small. Their skills, while not necessarily “specialized,” are practiced in a very specialized context. The job is unpleasant and forbidding in at least two significant ways: the likelihood of violence and the lost opportunity of having a stable family life. As for demand? Let’s just say that an architect is more likely to hire a prostitute than vice versa.”

El tipo de cosas datos que los medios niegan a la opinión pública:

“La probabilidad de que un norteamericano medio muera por un atentado terrorista en un año dado es aproximadamente de uno entre cinco millones. Tiene 575 veces más probabilidades de suicidarse.”

“En las naciones industrializadas, la tasa actual de muerte materna durante el parto es de 9 mujeres por cada 100.000 partos. Hace solo cien años, la tasa era más de cincuenta veces más alta.”

“Es posible que acudir al hospital aumente ligeramente sus probabilidades de sobrevivir si tiene un problema grave, pero aumenta sus probabilidades de morir si no lo tiene.”

Resulta curioso que el ejército de los EEUU estuviera sufriendo más bajas anuales a finales de la guerra fría que a principios del siglo XXI cuando participaba en dos guerras a un tiempo:

From 2002 to 2008, the United States was fighting bloody wars in Afghanistan and Iraq; among active military personnel, there were an average 1,643 fatalities per year. But over the same stretch of time in the early 1980s, with the United States fighting no major wars, there were more than 2,100 military deaths per year. How can this possibly be? For one, the military used to be much larger: 2.1 million on active duty in 1988 versus 1.4 million in 2008. But even the rate of death in 2008 was lower than in certain peacetime years. Some of this improvement is likely due to better medical care. But a surprising fact is that the accidental death rate for soldiers in the early 1980s was higher than the death rate by hostile fire for every year the United States has been fighting in Afghanistan and Iraq. It seems that practicing to fight a war can be just about as dangerous as really fighting one.

Mi fragmento favorito trata de terrorismo y tiene que ver con el idiota que en 2001 intentó sin conseguirlo hacer explotar una bomba que llevaba en las botas durante un vuelo, obligándonos a todos desde entonces a quitarnos los zapatos al pasar por la seguridad del aeropuerto lo cual tiene un coste en minutos que sólo en EEUU es equivalente a 14 vidas al año :

The beauty of terrorism — if you’re a terrorist — is that you can succeed even by failing. We perform this shoe routine thanks to a bumbling British national named Richard Reid, who, even though he couldn’t ignite his shoe bomb, exacted a huge price. Let’s say it takes an average of one minute to remove and replace your shoes in the airport security line. In the United States alone, this procedure happens roughly 560 million times per year. Five hundred and sixty million minutes equals more than 1,065 years — which, divided by 77.8 years (the average U.S. life expectancy at birth), yields a total of nearly 14 person-lives. So even though Richard Reid failed to kill a single person, he levied a tax that is the time equivalent of 14 lives per year.

Nuestro viejo amigo Robert Strange McNamara a quien un día nos referimos favorablemente por su defensa del cinturón de seguridad es alabado por la misma cuestión. Esta semana supe de la falacia de McNamara. que consiste en omitir todo lo que no sea fácilmente cuantificable a la hora de tomar decisiones.

Y por último dejo este fragmento por la parte que me toca. Las autoridades irlandesas nunca han comprendido las externalidades del mercado de recogida de basuras.

“A veces, a los políticos les gusta pensar como economistas y utilizan incentivos económicos para fomentar la buena conducta. En los últimos años, muchos gobiernos han empezado a basar sus impuestos de recogida de basura en el volumen. Si la gente tiene que pagar por cada bolsa de basura de más, razonan, tendrán un fuerte incentivo para producir menos. Pero esta nueva manera de gravar también da a la gente un incentivo para llenar aún más sus bolsas (una táctica que los responsables de la basura de todo el mundo llaman ahora «Seattle Stomp») o para tirar su basura en los bosques (que es lo que ocurrió en Charlottesville, Virginia). En Alemania, los evasores del impuesto de basuras tiraban tantos restos de comida por el retrete que las alcantarillas se infestaron de ratas. En Irlanda, un nuevo impuesto de recogida de basuras generó un aumento de la quema de basuras en los patios traseros, que no solo era mala para el medio ambiente, sino también para la salud pública: en el Hospital de St. James de Dublín casi se triplicaron los casos de pacientes que se habían prendido fuego mientras quemaban la basura.”

 

 

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23 cosas que no le contaron sobre el capitalismo

29/04/2018

Portada

Hace unos años había quedado con alguien en O’Connell st y mientras me refugiaba de la lluvia en Eason’s empecé a hojear 23 Things They Don’t Tell You About Capitalism de Ha-Joon Chang. Recuerdo haber leído el capítulo sobre cómo a la mayoría de los habitantes de los países ricos se les paga más de lo que se debería. La argumentación era muy buena aunque no ganaría unas elecciones. Yo tampoco podría ganarlas en España si dijera lo que creo del problema de las pensiones, pero la realidad está compuesta de verdades incómodas. En la parla común el capitalismo son los otros.

La semana pasada me he vuelto a encontrar con el volumen en la biblioteca local y he creído que sería una buena lectura de fin de semana. De hecho, de sábado, que son 260 páginas. Escrito en 2010 y siguiendo el espíritu del período inmediatamente posterior a la explosión de la crisis de 2008 quizá requeriría un actualización, pero los principios que se describen son más o menos permantentes. Hay una crítica de fondo al capitalismo financiero de libre mercado desde la perspectiva de quien cree que como la democracia entre los sistemas políticos el capitalismo es un sistema malo excepto si se lo compara con todos los demás.

En 2010 yo trabajaba para una compañía financiera que acabó en bancarrota. Los accionistas perdieron toda la pasta y muchos empleados el empleo y yo siempre he culpé todo aquello a los que la dirigían. Algún día contaré toda la historia de lo que vi. El capítulo 2 de este libro me ha hecho modular un poco mi opinión por lo que espero que mi reflexión final acabe siendo más rica.

Por lo demás, en general estoy bastante de acuerdo con casi todo lo que he leído. Me gusta mucho el capítulo 17 en el que se explica que por el mero hecho de invertir más en educación un país no se va a enriquecer. Este va un poco a la contra de uno de los tópicos más manidos en el debate social español, pero es invitable que cuando sólo se pregunta a un gremio sólo se oiga una cosa. No estoy muy convencido con el capítulo 11, África no está destinada al subdesarrollo, o sea con la teoría sí pero la práctica es más todo más complejo; o con el 12, los gobiernos pueden elegir ganadores, que es muy bonito hablar de los astilleros coreanos pero también podríamos hablar del programa espacial de Zambia en los años sesenta.

Lectura ligera que agradará a todos excepto a quienes aspirantes a derribar el capitalismo y a idólatras del libre mercado, pero de donde en el fondo tampoco se extraerá ninguna receta para resolver nada ya que la realidad opera en niveles más profundos que el plano esquemático.


Los países fracasan por varias razones

09/04/2016
¿Por qué?

¿Por qué?

Ha caído en mis manos un ejemplar del Why Nations Fail de Robinson y Acemoglu. No sé si me tengo que alegrar de que estuviera en español, ya que la traducción me ha parecido bastante floja. En todo caso, un libro muy influyente en el pasado remoto, allá por el año 2012, y que creo que se hizo más popular en España a consecuencia de un artículo de César Molinas publicado en El País que utilizaba el concepto de elites extractivas que se emplea en el libro.

Precisamente hace unos días leí que uno de los coautores desautorizaba hasta cierto punto la aplicación a España de la teoría expuesta en el libro, que me pareció con anterioridad que habían dado por buena.

Agradable de leer ofrece interesantes versiones simplificadas del tricentenario proceso de la colonia en Iberoamérica o de la historia de Botsuana o la de Sierra Leona pero a mí me parece que fracasa al intentar explicar con sólo una causa (instituciones inclusivas frente a instituciones extractivas) y no demasiado bien delimitada lo que es un fenómeno mucho más complejo.

El institucionalismo de Institutions matter es siempre un enfoque que está ahí pero que no lo abarca todo, del mismo modo que tampoco sirve decir siempre it’s the economy, stupid. Aquí está este libro que ayuda a aprender aunque no a comprender.

Hace algunos meses vi un vídeo de una entrevista entre Jeffrey Sachs y Tyler Cowen en la que se tocaba este libro y las críticas del primero me parecen muy acertadas. Por ejemplo y sobre tod, que la geografía es muy relevante, pero también que la configuración institucional necesaria para acercarse a los mejores no es la misma que se necesita para ser un líder.

(Inciso: esto me ha hecho pensar que es un proceso similar a el tipo de decisiones que tiene que tomar un individuo/familia si quiere permanecer en su clase social o pasar a otra).

El ejemplo clásico es que Inglaterra era una isla con mal clima que no parece un lugar prometedor para iniciar la revolución industrial. Una de las ventajas de ser isla será seguramente que cuando empezó el país ya disponía de flota y que en barco los 50 km que le separan del continente se recorren antes que los 50 siguientes. También ser una isla ofrece una buena protección militar. Tampoco la geografía lo es todo, pero lo que es geográficamente bueno para la economía política va mutando.


La “antifragilidad” de Taleb

23/02/2016
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Antifrágil

Cuando salió este libro (Antifragile: Things That Gain From Disorder, de Nassim Taleb [2012]), leí una crítica de un autor desconocido por mí que me picó la curiosidad, aunque también luego cayeron otro par de recensiones de autores respetables que resultaron bastante demoledoras.

El concepto inventado de la antifragilidad, que viene a ser la cualidad de verse reforzado por los azares de la vida me parecía interesante. Eso a pesar de que no estoy muy de acuerdo con que cada individuo acuñe términos en función de su conveniencia para centrar la conversación alrededor de los mismos. También la obra está plagada de “cisnes negros”. Hay que aceptar el ego del escritor hasta cierto punto pero me parece abusar.

El problema de la llamada antifragilidad es que si uno busca en el libro cómo ser antifrágil, no encuentra respuesta por ningún lado, más allá de sugerencias como tener una cartera de inversiones con un 10% de elevado riesgo, someter al cuerpo a esfuerzo físico, no tomar medicamentos ni acudir a doctores para dolencias leves, una dieta variada con ocasionales ayunos y la necesidad física de caminar. Estoy bastante de acuerdo con casi todo. De hecho a lo largo de todo el libro me parecía estar escuchando la voz de alguien que piensa en muchas cosas como yo, pero por desgracia tras acabarlo sigo igual de frágil.

Entiendo que el estilo de Taleb no guste a algunos porque no es el que se corresponde con el canon angloamericano. Al final, si un mediterraneo ejerce como tal hay una visceralidad que se tiene que notar en su producción. Dejando las formas a un lado, para mí el libro fracasa en su propósito principal. Por otra parte me agradan las referencias constantes al mundo clásico y he encontrado en él muchas ideas, anécdotas y conceptos que considero buenos descubrimientos.

Ejemplo: “El problema del pavo” que en los muchos días anteriores al día de Acción de Gracias en que habrá de servir de festín, calcula racionalmente que el granjero no es ninguna amenaza porque estadísticamente no hace más que traerle comida. Es una elegante metáfora que habríamos podido utilizar hace una década cuando decíamos que en España había una infladísima burbuja inmobiliaria y nadie nos creía. Como pesimista yo caeré muchas veces en el problema del pavo inverso, que es no tener en cuenta la posibilidad de que eventos favorables imprbables se acaben convirtiendo en realidad.

Más ideas: Yatrogenia, turistificación, procrastinación fabiana, efecto Lindy, perro y baldosa de Empedocles, falacia de la madera verde, estrategia de la haltera (barbell), vía negativa.

Lo bueno del libro, que tiene muchas ideas y lo malo, que la idea principal no acaba de cuajar. En el fondo, si alguien me dijera que Taleb es el Paulo Coelho de la economía lo podría aceptar, pero también creo que en las bobadas de Coelho y en los libros de autoayuda hay muchas perogrulladas que pueden ser un escalón de avance para quien estuviera por debajo de ese nivel.

Veredicto: Para leer deprisa y con curiosidad pero saltándose muchas páginas. Quizá empezar por el glosario que viene al final.


La compañía tal anuncia nosecuantos empleos

23/01/2016

En la presa irlandesa hay dos tipos de noticias que no suelo ver en la española y que se dan con una frecuencia inusitada. Uno es la cantidad de gente que muere en incendios domésticos. El otro, que voy a tratar hoy, es algo que se vende como noticia aunque en realidad seguramente se trate de notas de prensa corporativas. El formato es el que encabeza esta entrada: “La compañía X anuncia que va a incrementar sus operaciones en Irlanda lo cual supondrá la creación de N puestos de trabajo”.

A todo el mundo le gusta una noticia así. No estoy seguro de si la propia empresa es la más interesada. En parte es probable que se haya ganado el favor de los poderes públicos del país a cambio de la promesa de generar empleo. También las autoridades se ven beneficiadas por las buenas nuevas. Por último, a los periodistas les están haciendo el trabajo gratis. Los lectores están encantados. En realidad ni siquiera se dan cuenta de que cuando una multinacional crea 100 empleos en Irlanda sólo 20 de esos van a ser para irlandeses. Eso sí, probablemente los mejores.

Lo peor de todo es que nadie se encarga luego de verificar si esos empleos acaban existiendo o no. Por ejemplo, la compañía para la que yo empecé a trabajar hace ahora diez años planeó una ampliación de estas en 2007 e incluso arrendó el edificio contiguo. Se hizo una inauguración de esas a la que vino el consejero delegado, que era un escoria, desde los EEUU y llamaron al ministro y en la prensa salió que se iban a generar 450 empleos. Al año siguiente, con la famosa crisis aquella que entonces era de las hipotecas subprime y que ahora es la misma pero tiene otros nombres, todo aquel cuento de la lechera se fue al garete. Según se fue reduciendo la plantilla el personal que estaba en el otro edificio volvió al viejo y acabamos siendo menos gente que al principio. Pero eso ya no salió en ningún periódico.

Sé que os estoy descubriendo la rueda, pero es un buen hábito no creerse todo lo que uno lee.


Coste de la vida en Irlanda

03/08/2014
Gráfico

Gráfico de precios. UE-27 = 100

Por lo que veo en las estadísticas este blog se ha convertido en una página de consulta para gente que quiere venir a vivir a Irlanda, así que en cierta medida voy respondiendo a las cuestiones que me parece que son de interés para aquellos que quieren venir a ver o a vivir esto y espero que también sirvan a quienes quieran entenderlo mejor.

Hace ya un tiempo toqué el tema de los impuestos y últimamente los del salario mínimo y el precio de la vivienda. Con lo del salario mínimo metí una tabla de Eurostat que comparaba el coste de la vida (lo que se suele denominar “cesta de la compra”) de diferentes países de la UE y otros desarrollados como Noruega, Suiza, EEUU y Japón. El índice 100 es la media de precios de la UE-27 (o sea, antes de la incorporación de Croacia), por lo que los países cuyo índice sea más alto que 100 estarán por encima de la media y se podrá decir que son los caros y los que estén por debajo son más baratos. La tabla que puse sólo llegaba hasta 2010, pero en la web de Eurostat ponen los diez últimos años así que la he podido completar hasta 2013.

Se mire por donde se mire Irlanda es un país caro. De entre los países comparados sólo los cinco países nórdicos, Suiza y Luxemburgo son más caros. El único consuelo es que hace unos años era más caro aún que hoy.

Recuerdo bastante bien el impacto que me produjeron algunos precios al llegar, allá muy a finales del siglo XX. Por ejemplo, que una barra de pan costara al cambio unas 300 pesetas o que el precio de tres pimientos fuera de alrededor de 1.000 pesetas. Algunos los acepté como costes “culturales”: los irlandeses no suelen comer pan y en España las frutas y verduras son inusualmente baratas debido a la ingente producción nacional. Los corregí en la medida de lo posible con bienes sustitutivos (pan de molde en vez de barra de pan y manzanas en lugar de naranjas). También había cosas más baratas y mejores, como la leche y las tarifas de las compañías de teléfonos. Otras eran mejor calidad por similar precio, como la cerveza en los bares. Pero en conjunto las cosas eran más caras: era difícil encontrar un yogur por menos de 100 pts y dos pechugas de pollo estaban por las 1.000 pts. Allá por el año 2000 los precios irlandeses era un 35,3% más caros que los españoles, y por supuesto había cosas que eran mucho más caras aún,

Antes de meterme en el supermercado voy a comentar el precio del transporte, que es un factor principal y la cesta de la compra no es sólo lo que cabe en una cesta. Creo que los coches cuestan alrededor de un 50% más. También los seguros de vehículos son más caros. La autoescuela es en cambio bastante más barata. La gasolina a 1,50€ el litro, el diésel a 1,40€. El transporte público es más lento y caro que en la mayoría de los sitios (mi billete de autobús urbano al trabajo, 12km son 3.25€ con tarjeta mensual me sale el trayecto a 2.50€).

Ya en el supermercado, sigo teniendo en mente precios de la España de hace más de un decenio así que algunas cosas que me parece que serán más caras que en España probablemente hoy por hoy tendrán precios parecidos. En realidad desde el año 2000 este índice de precios ha subido en España un 11.5% mientras que en Irlanda tan sólo un 2.7%. En España parece notarse mucho el cambio al euro en 2002. Hoy en día tengo la sensación de que en Irlanda se encuentran cosas mucho más baratas que hace diez años. Recuerdo un par de escenas de 2003, como no encontrar un cepillo de dientes que costara menos de 3,50€ o ir a comprar al supermercado con Kwankho y ver que el mejor precio en papel higiénico era 5€ por 12 rollos (-oye tío ¿en España el papel higiénico será así de caro? -joder, no creo, ¡si lo tiran al campo en los estadios de fútbol!).

Creo que en general en Irlanda los precios han sido caros incluso en los tiempos anteriores al fenómeno del tigre celta cuando eran más pobres que las ratas y que esto es debido a varios factores:

  • Aislamiento geográfico y coste de transportes
  • Oligopolio y falta de competencia
  • Falta de cultura de consumo eficiente

Una cosa buena del mercado irlandés es que es más flexible, debido a lo cual, a consecuencia del golpe de 2008 los precios reaccionaron con rapidez y se ajustaron mejor que en otros lugares, oseasé España. Esto ocurrió tanto en la bubuja inmobiliaria como en la cesta de la compra. De hecho el momento de mayor diferencia entre los precios irlandeses y españoles se produce en 2008 (un 36,3% más caros) pero en dos años desciende notablemente (a “sólo” un 22,5% más caros). En España la tendencia es leve y casi continuamente ascendente, a pesar de todo lo acaecido en cerca de década y media.

Paso de macro a microeconomía para ilustrar mejor esto de la flexibilidad: una de las cosas llamativas de los supermercados irlandeses es que los productos alimentarios que van a caducar en el día o al día siguiente los colocan en unas estanterías especiales para las ofertas o simplemente les ponen un nuevo precio con una etiqueta de color amarillo chillón y los venden con un gran descuento antes de tener que tirarlos. Creo que en España esto no funcionaría porque por un lado un grupo de gente es  más exigente con las normas sanitarias y tendría más prejuicios a la hora de adquirir estos productos y por otro lado habría otro sector de consumidores que estaría esperando para comprar sólo estos productos de precio reducido, perjudicando al mercado de los otros.


Salario mínimo

06/07/2014
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Salario mínimo por países (Eurostat)

Al final, lo quiera o no, uno de los temas siempre presentes en este blog es la comparación entre mi país de origen (España) y el de residencia (Irlanda). Otro de mis países predilectos (Alemania) ha instaurado esta semana el salario mínimo y han aparecido comparativas en diferentes medios. El salario mínimo alemán va a suponer unos 1.287€ mensuales.

En Irlanda es de 8,58€ por hora desde 2011, aunque hay varias consideraciones a tener en cuenta. Antes del año 2000 no había salario mínimo. El primer salario mínimo que se implantó fue de 4,40 libras irlandesas, que al cambio son 5,58 euros y desde entonces ha ido subiendo hasta los 8,58€ en que lo puso el gobierno actual. Mi primer salario en el sector de la hostelería (y lo dignifico llamándolo “hostelería”) fue de 4.50 libras irlandesas de 1999, aunque también debo decir que comía en el antro, que es una de las excepciones para poder pagar menos al empleado.

Los 8,58€ de Irlanda suponen unos 1.462€ al mes para la jornada laboral típica; y eso es casi el doble que los 753€ de España. ¿Si es mejor o si es peor? Bueno, la verdad es que ambos son muy malos y creo que nadie debería ganar ese dinero trabajando a jornada completa. Creo que está bien que exista para trabajos a tiempo parcial por horas para estudiantes y cosas así. Aquí pongo una tabla donde se indica que en 201, tomando un indice 100 para los 27 estados miembros entonces de la Unión Europea, si la cesta de la compra cuesta 97 en España, sale por 118 en Irlanda,

Precios en la UE28 (2000-2010)

Precios en la UE-27 y otros países (2000-2010)

Ahora bien, algo importante a la hora de comparar es que España es un país grande y los precios varían bastante de unas regiones a otras así como entre las zonas urbanas y el medio rural. En Irlanda, a excepción de la vivienda, que es  muy importante pero que no se tiene en cuenta en este tipo de indicador, los precios son prácticamente los mismos en cualquier rincón del país. Me imagino que en alguna porción del agro hispánico, uno puede ser capitán general con sus setecientos euros si, por ejemplo, vive en una casa heredada y no tiene parientes a su cargo y que en cambio en las zonas más desarrolladas del país ese dinero no da ni para pagar el alquiler de un piso normalito.

Lo peor del salario mínimo es que a veces puede ser más bajo incluso que el dinero que le dan a la gente que no trabaja a cambio de no hacer nada, con lo que uno puede estar esforzándose por mantenerse a flote, generando riqueza y pagando impuestos para al final tener menos dinero en el bolsillo que otro que no ha trabajado en la vida. En gran parte, la tragedia de España, como la de otros países de renta media venidos a menos, es que ni siquiera existe la posibilidad de rebajarse. Habrá mucha gente en paro pero nadie va a recoger fresas por 3 euros la hora, por lo que tendrán que seguir llegando inmigrantes para hacerlo aunque haya millones de parados autóctonos. Pero aquí me estoy saliendo del tema.

Tomando sólo en cuenta el salario mínimo creo que, aunque mal, en Irlanda se puede vivir algo mejor con los 1.462€ que en España con los 753€. Algo mejor en sentido absoluto puede querer decir mucho mejor en sentido relativo, ya que la utilidad marginal del dinero aumenta para los niveles de renta más bajos. Controlando por el nivel de precios de Eurostat quedan 1.238€ para Irlanda y 776€ para España, que todavía es una diferencia. En principio, en cualquiera de los dos países, con ese dinero uno tiene que compartir piso o vivir con algún familiar que no le cobre alquiler o en una zona rural. En las capitales uno queda condenado a una vida pobre.

También hay algunas cosas que son algo peores en Irlanda y que no se reflejan en el salario. Por ejemplo, el derecho a vacaciones es de 20 días (y si alguien recibe el salario mínimo que no dude que eso es lo que su empleador le va a dar) y los festivos son 9 al año (a diferencia de los 14 españoles). En eso van incluídos 15 días adicionales que un irlandés trabaja más que un español y que también se podrían tener en cuenta para calcular, pero Eurostat no llega ahí. Otro elemento es que las cotizaciones sociales de la empresa son mucho más altas y dan derecho a una pensión más alta en España que en Irlanda (pero aquí me cuesta traer números, esto merecería una entrada aparte) y acceso gratuito a un sistema sanitario con muchas más prestaciones (que son difíciles de cuantificar en dinero y dependen más bien del estado de salud de cada cual).

Supongo que nadie espera ganar el salario mínimo toda su vida y nadie va a decidir ir a un país u otro en función de este elemento. Si existiera ese caso de la persona que va a ganar el salario mínimo toda su vida laboral, diría que es mejor estar en Irlanda de joven y en España de viejo, pero habría tantos factores a tener en cuenta que esta apreciación no tiene ningún valor.