Récord indigno

15/04/2018

Todo tipo de sentimientos, en este caso pereza

Este fin de semana he hecho algo en lo que se tarda dos minutos pero que me ha costado trece años hacer. Hay una pieza que me descubieron en la primavera de 2005 y que siempre he querido tocar, pero que requiere una afinación inusual de cinco de las cuerdas. Siempre me había dado mucha pereza ponerme con ella porque tampoco quería destemplar el instrumento y porque me daba mucha pereza leer sin saber dónde está nada. Para este último problema lo inteligente es encontrar la tablatura, para el anterior renunciar a tocar cualquier otra cosa durante un tiempo. La primera de las cuatro partes no ha sido tan difícil como creía pero las tres restantes van a ser bastante más duras. Pero a lo que voy: trece años.


Chopin contra la lluvia

06/04/2018

Para ir jaqueando a la vida es necesario un repertorio inagotable de recursos. Desde hace años los nocturnos de Chopin nos defienden de los autobuses en días de lluvia. Las notas se esconden en el bolsillo y suben por cables hasta los alrededores del gorro de lana para que el trasiego de la humanidad entera transcurra a cámara lenta y el traslado a la oficina se convierta en una secuencia de metraje de ensueño. El ruido se disuelve hasta parecer silencio y el tráfico denso se difumina para ser mero escenario. Así la prisa es toda ajena, del estado de sueño puede pasarse ocasionalmente al de inspiración y un empleado gris consigue atravesar el espacio semiurbano mientras nada es del todo real. O como mucho unos cuantos bemoles son dolores de emigrado en París si Polonia, en modo menor, ya ha caído.


Cerveza sin alcohol a deshoras

10/01/2018

Our beer kills fascists

Últimamente me he aficionado a la cerveza sin alcohol. Hace años, cuando dejé de beber cerveza de verdad (es un decir, porque he hecho más excepciones que la ortografía inglesa), ni se me ocurrió. Ahora me parece una cosa maravillosa que ayuda a la digestión y no deja resaca. A mi viejo le debo este hallazgo. El caso es que hoy tenía que trabajar desde casa y al volver de la escuela esta mañana me he pasado por el supermercado para coger leche y pan y se me ha ocurrido llevarme una caja de cervezas.

Ha venido un empleado desde la otra punta a indicarme que no se puede comprar alcohol a las nueve de la mañana. Yo le he dicho que era cerveza sin alcohol, a lo que me ha respondido que da igual, que por el tipo de código que tiene no podría pasar por la caja. No es menos lógico que el hecho de que la cerveza sin alcohol se exponga en la sección de bebidas alcohólicas en vez de en la de refrescos. En fin.

Los horarios de venta de alcohol en Irlanda siempre me habían parecido una cosa absurda. En otros países no tendrían sentido y aquí son una especie de residuo histórico de la respuesta religiosa a un problema social. Intentando buscarle algún sentido religión aparte, uno llega a la idea de que quizá los individuos realmente perjudicados por el alcohol no tengan el tipo de personalidad organizativo que les permita aprovisionarse con anterioridad. Lo interesante es que el alcoholismo puede haber remitido por otras causas y una medida disfuncional habría ganado apariencia de efectividad. Creo que esto pasa a menudo en políticas públicas.

El caso es que en la práctica y por culpa del programa informático, los horarios de venta de la cerveza sin alcohol son los mismos que los de las bebidas alcohólicas.

 


Temas navideños 2017

25/12/2017

¡Feliz Navidad!

Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Hoy es uno de los días en que  en Irlanda cierra todo y me he quedado bloqueado en mi rincón del condado de Wicklow ya que ni siquiera hay transporte público para aproximarse a la civilización. Ayer me acerqué al supermercado de al lado de casa para acaparar alimentos y allí pude ver que las cosas ya no son como antes. Ahora ya no cierran el día 26 (san Esteban), así que mi carga acabo siendo menor de lo previsto.

Me imagino que en España es raro encontrar un supermercado abierto el día 24 de diciembre a las ocho de la tarde pero es que en Irlanda no se celebra la Nochebuena. Esto me sorprendió hace muchos años y es una cosa que suelo seguir contando en España. Mis interlocutores se sorprenden y me responden que “si son católicos, cómo no celebran la Nochebuena”. Catolicismo significa etimológicamente universalidad pero parece que algunos de sus aspectos no son tan universales.

Esto nos lo enviaron unos clientes a la empresa

El viernes 22 el jefe (irlandés) nos invitó a comer. Estábamos la portuguesa, la austriaca y servidor. Todos de países de cultura catolíca. En Austria y Portugal el día 24 es también más importante que el 25 en cuanto a las celebraciones familiares. El jefe contó que ellos solían ir a la Misa del Gallo (cuyo nombre, como yo aprendí hace relativamente pocos años, no tiene que ver con el ave ya que en inglés se llama Midnight Mass y también al cementerio. Al parecer en Irlanda la Navidad era el momento de ir al cementerio y el día de todos los Santos, pues no.

Escritorio 1

La familia se fue a Alemania y yo me he quedado aquí poniéndome al día con lecturas y cosas. Hay gente a la que le sorprende mucho que alguien pase las navidades solo y todos los años me invitan a cenar a varios sitios, que yo declino porque me resultaría muy incómodo ser el proverbial pobre que la gente lleva a su mesa.

Escritorio 2

En la oficina hicieron un concurso de decoración de escritorios en el que yo fingí participar poniendo por encima cuatro cosas que me habían dado otros a quienes le sobraron. Lo gracioso es que ganó Mohamed de Pakistán, que quizá no sepa demasiado de lo que fue la Navidad, aunque el capitalismo global nos haya puesto a todos en el mismo plano. En todo caso, se demuestra que tres milenios y muchas generaciones de antepasados en la civilización judeocristiana no dan ninguna ventaja a la hora de colocar espumillón con estilo.

La cena de navidad de este año fue el día 14 y estuvo bien. Por cierto, esto también es una tradición que va por países: en nuestra empresa al menos en el Reino Unido no se hace nada, en Suecia se hace una cosa más glamurosa a la que van las parejas de los emplados, en Francia algo parecido a lo nuestro. No me he enterado aún de si la oficina de Madrid hace algo o no y lo tengo que preguntar. Yo comenté un día, aunque no estoy seguro del todo, que me parecía que la cena de empresa española estaba sustituyendo a la tradición, más antigua, de la cesta navideña. Quizá porque la cesta era más fácil considerarla un derecho adquirido. Esto lo tengo que averiguar.

Fue en un restaurante en la que se puede considerar calle más antigua de Dublín, Fishamble st, junto a la catedral de la Santísima Trinidad que llaman Christchurch, donde se estrenó El Mesías de Haendel. Algo muy bueno para mí, aunque recibió críticas, es que empezamos a comer muy temprano (era más una comida tardía que una cena) y a las ocho de la tarde ya estaba en casa.

Aprovecho para enviar mis mejores deseos para estos días y el año por venir a todos los que hayan caído en esta página.


El problema de las nacionalidades

28/11/2017

Hoy en el desayuno una compañera, que es francesa mora, nos ha contado que ahora es también irlandesa. Que hace unos días estuvo en la ceremonia en la que las autoridades irlandesas dan el certificado de nacionalidad y que también va a mantener la francesa, que al parecer se puede. Dice que estaba muy nerviosa con el bréxit y que entre que había comprado un apartamento y que tiene un crío de cinco años le ha parecido la mejor solución para estar segura de cara al futuro. Los presentes hemos hecho caer un chaparrón de preguntas y felicitaciones.

Entre los más escépticos yo mismo. Después de que la moza ha partido hacia sus quehaceres he comentado que para los ciudadanos de la Unión Europea los mil euros por los que sale el proceso administrativo vienen a ser el equivalente de pagar un seguro más caro o con más cobertura de la estríctamente necesaria para cualquier cosa. Puede haber buenas razones psicológicas para hacer eso, pero pongo a un lado de la balanza los mil euros y al otro la seguridad frente a la improbabilidad de ser deportado de este país y me quedo con los billetes. Obviamente, se podrá demostrar que me equivoco el día que me expulsen.

Ahora bien, también uno es lo que es y eso no lo cambia ningún documento. Si Europa vuelve a los tiempos oscuros del peor tribalismo no será un papel el que determine sí uno pertenece o no a la tribu. Si un país se deteriora hasta el punto de convertir al extranjero en indeseable no sé cuántas ganas le pueden quedar al rechazado de luchar para quedarse allí. No hace falta ponerse en Austria en 1938, si viviera hoy en el Reino Unido estaría buscando un modo de salir y hay lugares en los que los rasgos de tribalismo suponen que ni me plantee vivir en ellos aún en las mejores condiciones económicas que pudieran plantearse. Cierta región española es un ejemplo que está de actualidad.

Un malévolo ha sugerido que la chica adquiere otro pasaparte porque o bien no es o bien no ha sido aceptada como francesa véritable. Más explicaciones psicológicas. A los (pos)marxistas nos gustan más las de tipo materialista y creo que el factor principal por el que uno renuncia a asimilarse es que creer que lo suyo es al menos igual de bueno y que siempre tiene una salida de ese medio.

Hace años que decidí no formar parte de la sociedad irlandesa y serlo tan sólo de su base de contribuyentes. Coincide con este episodio matinal que anoche había estado releyendo a Cháves Nogales, que tiene este fragmento:

Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos…, gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los «desarraigados» y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.


Tara

04/05/2017

Tara st (Dublín), el edificio de colores lo acaban de pintar

Tara no significa en Irlanda lo mismo que en España. Es el nombre de una colina arqueológica de importancia prehistórica a unos 40km de la capital y también se usa como nombre de mujer. Ahí se considera que significa “reina” porque dicha colina era el centro de poder de los antiguos “reyes” de Irlanda. La colina también da nombre a una calle de Dublín en la que hay una estación de tren del mismo nombre. Es una zona un poco cutre, pero es fácil que haya que pasar por ahí ya que queda al lado del río y a pocos metros de todo lo más céntrico. Por ejemplo, está el ministerio de sanidad que qquí se llama de la salud. Ya hemos hecho el chiste es que el edificio muestra a las claras el estado de salud del país, pero es que es obligatorio. También el Irish Times está al final de esta calle.

Ardilla

Debajo de la estación hay un pub al que yo iba a veces y justo al lado queda otro llamado Kennedy’s en cuya pared había una curiosa ardilla en la que no había reparado hasta este lunes (no debe de llevar mucho tiempo ahí). Hoy leo que hay planes de construir el edificio más alto de la capital en ese mismo solar. Ambiciosa ardilla. Me parece improbable que le concedan los permisos.

Justo enfrente, al otro lado del río, está Liberty Hall, que es la sede de los sindicatos. Hace unos años hubo un plan de tirarlo y hacer un edificio creo que de 23 pisos y entre que hacía sombra a todo lo demás y que creo que los promotores no tenían demasiados fondos para tirar adelante del proyecto eso se aparcó para siempre. Precisamente el mismo lunes, volviendo a casa de nuestro rato de consumismo, vimos pasar la manifestación del 1º de mayo.

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No muy concurrida. La verdad es que está el movimiento obrero está de pena. Luego las consignas eran un poco heterogéneas: lesbianismo, no pagar tasas por el agua, inmigrantes sin papeles y sin miedo… si te queda algo de conciencia de clase la pierdes por desánimo entre esta peña, tan escasa y a la vez tan variopinta.

Cajitas

Es muy difícil estar en la vanguardia del proletariado cuando uno dedica sus días festivos a degustar exquisiteces orientales. Poner además las fotos en internet es muestra de decadente vanidad burguesa, pero no se puede comer tofu con anacardos y dejarlo pasar sin contárselo a nadie.


La barbacoa

31/07/2016

Llevo toda la semana intentando recuperar el sueño perdido la noche del domingo al lunes, que aunque estuvo entretenida en Urgencias, no me ha permitido disfrutar de una semana en pleno uso de mis facultades mentales. Así pues, hoy mi cuerpo se ha vengado y me ha hecho despertar casi a las once. Para entonces la familia ya me había abandonado ya que sabían que mi plan del día era una barbacoa con unos compañeros de hace dos empleos.

Resulta que ya hacía un par de años que no nos juntábamos, desde aquella vez del restaurante griego, y a uno de ellos se le ha ocurrido hacer una barbacoa en su piso (esto a lo mejor suena raro en otros países, pero en Dublín es más o menos normal). Así he podido enterarme de cómo acabó fracasando por completo mi antigua empresa y de diversas corruptelas, chanchullos y cotilleos.

Uno de mis antiguos colegas acabó en Paypal, donde me ofrecieron trabajo hace años, empresa que acabó trasladando gran parte de sus operaciones a Dundalk, cerca de la frontera de Irlanda del Norte. Me dice que con lo del bréxit les va a ir de pena ya que la mitad de la gente de su oficina vive al otro lado de la línea.

Por cierto, que este irlandés ha llevado una botella de Etxeko patxarana. Yo tengo en casa sin abrir una que compré en el aeropuerto de Bilbao hará cosa de siete años. La querría regalar pero tampoco quiero envenenar a nadie. Ojalá un alma caritativa me indicara cuanto tiempo dura sin abrirse una botella de pacharán.

Yo he llevado unas belgas para la gente ya que sigo sin catar alcohol. Hemos comido unas buenas hamburguesas y unos pedazos de pollo. Había guitarras suficientes para hacer el tonto con estándares de jazz, así que el rato ha estado entretenido. En lo laboral se ha llegado al consenso de que el trabajo que hacíamos estaba bastante bien, comparado con lo que hay por ahí… así que por mi parte me tengo que alegrar de haber cambiado dos veces a mejor.


Tres en raya

03/03/2016
Tres en raya

Tres en raya

La dama de las ventanas ataca de nuevo. Aquí he capturado un tres en raya en un bloque de esos de pisos del ayuntamiento cuya estética es de una sordidez inenarrable acaso sólo superada por la de mi idolatrada Norilsk.

No es que un tres en línea sea difícil. De hecho, la frecuencia con la que el icono del cutrerío se manifiesta con reiteración sólo puede añadir más misterio aún a su leyenda. Emparenta con la cábala. Una vez más, este barrio del sur demuestra que la mala fama del norte sin ser del todo inmerecida sí que es muy extensible a la rive droite del Liffey.

Belleza urbana

Belleza urbana

Estos bloques quedan cerca de mi oficina, alejándose del centro de Dublín en dirección hacia el oeste, un poco más adelante del obelisco con futiles relojes solares y en llegando, por la calle del mismo nombre, al hospital de Santiago o Saint James. Los diez minutos por la acera del sol cuando lo hay hasta la parada de tranvía del hospital son un tour de las sensaciones negativas que atraviesa el urbanismo infame, la suciedad rampante, los estragos del alcohol y el esperpento. La semana pasada, un tipo en pijama salía con la sonda a comprar patatas fritas a un chipper grasiento.


La del burka

26/02/2016
El múndo árabe y el mundo islámico (wikipedia)

El múndo árabe y el mundo islámico (wikipedia)

Hace unos meses vi bastante en Facebook una recopilación brevísima de vídeos de bromas de un gilipollas que iba disfrazado de jeque árabe. Chilaba blanca. Esto ocurría en un país occidental, pero no sé en cuál. El tipo iba con una mochila y a veces declamaba unas cosas como en árabe de jamalají jamalajá y soltaba la mochila a la vez que salía corriendo. La gente, como es lógico, se acojonaba creyendo que era un terrorista y salía por patas como mejor podía. Hizo bastantes cabronadas. He visto a un nota saltando a un estanque, a otro subir una escalera mecánica en sentido contrario y cosas así. Hay que ser cabrón, pero también es verdad que me reí bastante y en diversas tertulias entre amiguetes estuvimos comentando que los terroristas islámicos de verdad van en vaqueros y no se van a disfrazar de beduíno barbudo para dar pistas. Desde la barrera, por supuesto, todos expertos en lenguas semíticas, explosivos, tácticas de guerrilla urbana y azoras del Corán. De todos modos, se convino en que viéndolo en la pantalla es fácil, pero que si se da el caso uno primero corre y después ya se lo piensa. Esta mañana he comprobado que si a veces no se corre es porque la vergüenza puede más que la paranoia.

Cojo el tranvía para ir a trabajar. Qué bien, el segundo vagón va casi vacío. Y según me apoyo junto a la ventana, enfrente de mí una tipa sentada: en burka y con una mochila bien gorda en las rodillas. Nadie más en esa parte del tren, pero bastantes unos metros más allá a ambos lados. Cara de póquer. No puede ser. No nos pongamos nerviosos. Pero yo creo que la mora sí que está nerviosa y cada diez segundos mira al móvil. Sería de tontos bajarse del tranvía y llegar tarde al trabajo. Desplazarse seis metros por el el vagón tampoco sirve de nada si va a saltar por los aires. La mujer sigue sacando y metiendo el móvil en el bolsillo. Eso no ayuda a que nos calmemos nada. En la siguiente parada entran tres o cuatro más y al menos escénicamente la situación parece más normal. Todavía no he leído ni una página del libro que llevo en la mano. Una mujer con su hijo escolar me pregunta por una parada que no está en esta línea. Le digo dónde se tiene que bajar para coger ese tranvía. Todo mientras sigo mirando de reojo a la otra. Se bajan. El tranvía sigue. Atravesamos O’Connell st, que si es la calle principal también tiene que ser la más idónea para perpetrar atentados, me digo con alivio en cuanto lo dejamos atrás. Una parada más y la del burka se baja en la de los centros comerciales, que es de las más transitadas. Ahí ya respiro tranquilo mientras pienso en las tonterías sin ninguna logica que se nos pasan por la cabeza.

No tengo claro si se debe prohibir el burka por ley, pero por lo menos debería desarrollarse una convención social para que todo el mundo tenga claro que la mochila y el burka conjuntan mucho peor que los tacones y el chándal.


Reflexiones antihuelguistas

15/02/2016
Caminando junto a las vías me encontré con este payaso

Caminando junto a las vías me encontré con este payaso

El jueves 11 y el viernes 12 de febrero hubo huelga de tranvías en Dublín. Los empleados del Luas quieren aumentos de sueldo (en algunos casos de hasta el 51%) y mejoras laborales. Me ha tocado ir al trabajo andando que son tres cuartos de hora y así he podido reflexionar mientras caminaba y ese es siempre un buen ejercicio. Mis ideas sobre la huelga son bastante parecidas a las que ya plasmé en 2012 a propósito de una huelga general que hubo en España.

En principio, espero que la huelga haya resultado un fracaso y que a los conductores de los tranvías no les suban el sueldo demasiado. A ver, si lo hacen reduciendo el beneficio de la concesionaria tanto me da, pero me temo que si se lo suben un 50% y no un 5% al final va a salir de mi bolsillo a través de unos cuantos céntimos diarios que al cabo del año resultarán acaso cien euros. Prefiero ir un par de días caminando al trabajo que palmar cien euros, en una ciudad donde el transporte público ya es bastante caro y cuyo nivel de servicio (puntualidad, fiabilidad, comodidad) es relativamente bajo.

Respecto al derecho de huelga, estoy bastante en contra de que exista como institución (obviamente debe existir como extensión de la libertad personal, pero uno debe asumir las consecuencias de romper un contrato). Cuando digo “bastante” voy a explicar el matiz: Por ejemplo, si las condiciones laborales son peligrosas para la vida o la salud me parece muy legítimo negarse a trabajar hasta que se resuelvan. Si una empresa adeuda salarios también me parece legítimo no trabajar hasta que se ponga al día. En cambio, me parece que no debería permitirse una huelga para pedir un salario más alto y que perjudica a terceros con derechos (que ya han pagado su abono de transporte público).

El derecho de huelga es una legitimación de la ley del más fuerte. Aunque en teoría parezca que sí, dependiendo de las condiciones fácticas no todos los trabajadores tienen el mismo derecho de huelga. No es un derecho de clase. Seguro que todo esto ya está teorizado y hay bibliografía al respecto, lo que apuntaba en 2012 es que hay varios tipos de trabajos dependiendo de la capacidad de presión social y si la carga de trabajo es o no acumulable.

Así tendríamos (aquí quedaría bien un cuadrado o unos ejes x,y en los que ubicar las profesiones):

  • Trabajos con capacidad de presión y sin carga acumulable (transporte público)
  • Trabajos con capacidad de presión y con carga acumulable (limpiezas)
  • Trabajos sin capacidad de presión y sin carga acumulable (guardabosques)
  • Trabajos sin capacidad de presión y con carga acumulable (administrativos)

Otras dimensiones, son la seguridad en el empleo y el nivel adquisitivo de la profesión. Cuando más de eso, mayor derecho real también. Al final, es un día de vacaciones no pagadas y una inversión incierta sobre posibles mejoras en la calidad de vida.

Las profesiones que indico entre paréntesis no son ejemplos puros de lo que quiero decir. Por ejemplo, una huelga de guardabosques en principio no afecta a nadie si lo entendemos como una profesión que sólo consiste en estar por el monte por si pasa algo. Seguramente los puestos de trabajo están diseñados para que haya que llevar a cabo algunas tareas que si pueden acumularse si no se hacen a tiempo (podar árboles y cosas así). Lo mismo con las demás, hasta los administrativos tenemos alguna capacidad de presión, aunque la de mi puesto por ejemplo no es excesiva.

Al final, un gremio va a la huelga si tiene capacidad de presión social y no va a tener que recuperar el trabajo no realizado. También tiene que ver con cómo se mide la productividad del trabajador. Aquellos en los que la carga de trabajo no es acumulable el empleo se tiende a pagar por función y categoría. Como los salarios se determinan colectivamente, la acción colectiva es la que puede favorecer la mejora de los mismos. Si hubiera alguna forma de medir mejor el rendimiento de los conductores de tranvía para pagar más a los mejores, probablemente la dinámica sectorial se rompería.

Mientras los empleados del transporte público tienen un gran incentivo para montar huelgas, otros que tienen condiciones laborales bastante peores no pueden permitírselas. Mi primera huelga en Dublín fue de los autobuses. Por aquel entonces el salario mínimo de un conductor era cuatro veces lo que yo ganaba como hamburguesero.

Al final no es una lucha de clases, sino una lucha de un grupo de presión organizado con objetivos comunes e incentivos claros frente a una masa desorganizada sin demasiado interés y ninguna organización.

He estado obviando el papel de la concesionaria de la línea, cuyo beneficio también debe ser mirado con lupa dado que está beneficiéndose de una infraestructura pagada por la gente con sus impuestos.