Por qué empezaba el año fiscal el 6 de abril

04/02/2018

Lo primero que aprendí en este año 2018 ha resuelto una curiosidad que arrastraba desde hace casi veinte años. El primer año que viví en Irlanda (1999) me enteré de que el año fiscal iba del 6 de abril de un año al 5 de abril del año siguiente. Me pareció una rareza y quien me lo dijo no supo explicarme su porqué. Esto del año fiscal del 6 de abril duró hasta 2001. Ese año fiscal fue del 6 de abril al 31 de diciembre y el siguiente fiscal (el de 2002 que vio la introducción del euro) fue de 1º de enero a 31 de diciembre.

Una vez adaptado al euro y al calendario “normal”, todo aquello del año que fiscal de abril a abril quedó enterrado en mi mente durante muchos años hasta que una vez leyendo algún artículo de la BBC me enteré de que en el Reino Unido seguían con ese modelo y con ello de que era una de tantas cosas del pasado británico que habían sobrevivido en la república irlandesa.

Pero el 1º de enero de este 2018 gracias a JM Martín-Olalla he descubierto además que lo del año fiscal de 6 de abril a 5 de abril tiene que ver con el cambio del calendario juliano al gregoriano, que si en España se adoptó en 1582 en las islas británicas lo fue en 1752 y con el cambio complementario de la fecha de inicio del año, que era el 25 de marzo del juliano y que añadidos los 11 días es el 5 de abril del año actual.

Del 25 de marzo al 6 de abril van 12 días. Eso es un día más que los 11 días que supone la transición gregorianojuliana. Me preguntaba si eso es debido a que en los dos siglos de diferencia en la aplicación de la reforma se había acumulado más retraso, pero no puede ser así. La razón de que el año fiscal hubiera acabado empezando el 6 de abril en vez del 5 es más complicada y tiene que ver con los bisiestos. De hecho el año fiscal empezó el 5 de abril entre 1753 y 1799 y es sólo desde 1800 (hasta nuestros días) que comienza el día 6 de abril, tal y como indica el artículo de la wikipedia sobre el año fiscal:

The 5 April year end for personal tax and benefits reflects the old ecclesiastical calendar, with New Year falling on 25 March (Lady Day), the difference being accounted for by the eleven days “missed out” when Great Britain converted from the Julian Calendar to the Gregorian Calendar in September 1752 (the British tax authorities, and landlords were unwilling to lose 11 days of tax and rent revenue, so under provision 6 (Times of Payment of Rents, Annuities, &c.) of the Calendar (New Style) Act 1750, the 1752–3 tax year was extended by 11 days). From 1753 until 1799, the tax year in Great Britain began on 5 April, which was the “old style” new year of 25 March. A 12th skipped Julian leap day in 1800 changed its start to 6 April. It was not changed when a 13th Julian leap day was skipped in 1900, so the start of the personal tax year in the United Kingdom is still 6 April.

Y ya que estamos, en mi lista de errores infames de traducción poner “viejo estilo” en vez de “calendario juliano” puntúa muy alto.

Me resulta difícil de visualizar un año que comienza el 25 de marzo. Creo que la mejor forma de pensarlo es como los días de la semana. Nos da igual si el 1º de enero no es lunes. Es un modo de computar de siete en siete días que corre en paralelo con el tiempo contado en meses.

Con las fechas anteriores a 1582 hemos respetado las fechas. Si decimos que hoy es el aniversario de tal o cual acontecimiento en realidad no es un número exacto de años los que se dan desde esa fecha.

Pero lo de los años empezados en 25 de marzo es un poco más complicado y respetar la fecha produce cierta confusión. Tomando como ejemplo la fecha de la muerte de Isaac Newton, lo que en España era el 31 de marzo de 1727 era en Inglaterra el 20 de marzo de 1726. O sea, los once días más el hecho de que el año nuevo no comienza hasta el 25 de marzo.

 

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Los muchachos de zinc

04/12/2017

Boys in Zinc

El domingo por la mañana había empezado a leer Boys in Zinc de Svetlana Alexiévich y el Embajador me manda un artículo sobre transliteración rusa. El propio apellido de la Nobel bielorrusa plantea una de las elecciones típicas: Alexiévich o Aleksiévich. Los muchachos de zinc trata sobre la invasión soviética de Afganistán y es de nuevo un mosaico con las experiencias de soldados, enfermeras, viudas y parientes cuyas vidas se vieron afectadas por la decisión que tomó la Unión Soviética en 1979 de “proteger” su frontera meridional a través de lo que se suponía que iba a ser una misión internacionalista que iba a construir puentes, hospitales y escuelas. En el avispero afgano, precisamente.

Mi mujer conoce a una rusa que estuvo allá como enfermera. De hecho, una de las historias me ha recordado mucho a la suya. Por lo que he oído, esta señora, que tendrá ya unos sesenta años, perdió su posibilidad de concebir a causa de la metralla de una explosión y también ha acabado teniendo problemas con el alcohol.

Este fragmento que recojo de la traducción española de Yulia Dobrovolskaia me recordó las historias de los cubanos que me contaba uno de Angola que trabajó conmigo:

Sí, nuestros muchachos se lo vendían todo. No se lo reprocho… No… En la mayoría de los casos. ¡Morían por tres rublos al mes! El sueldo mensual de nuestro soldado era de ocho vales. Eso equivale a tres rublos… Los alimentaban con carne podrida, con pescado pasado que olía a herrumbre.. Todos padecíamos escorbuto, a mí se me cayeron los dientes incisivos. Ellos vendían las mantas y compraban hachís. O algo dulce. O bagatelas… Los tenderetes allí son tan llamativos… Había montones de baratijas atractivas. Aquí en la Unión Soviética, no hay nada parecido, ellos nunca lo habían visto. Así que vendían sus armas, hasta los cartuchos, y después con esos mismos fusiles y con esos cartuchos los mataban. Compraban chocolate… Bollos…

Estaba buscando el texto de la edición española para otro trocito que había anotado y sin haber visto la original me parece que a los españoles se lo dan más mascado que a los anglos:

At the political awareness sessions they spoke to us about heroism. Afghanistan, they told us, is the same as Spain all over again.

Lo tenía marcado porque parece indicar que en la URSS a principios de los años ochenta la mera mención de España aún evocaba la guerra civil en la memoria colectiva, En la versión inglesa sólo dice España, pero en la traducción española habla de “las brigadas internacionales que lucharon en España contra los nazis” y si la traductora se lo ha inventado dando por supuesto que muchos españoles no entenderían que quiere decir “España” en ese contexto, creo que se ha equivocado y mucho, ya que en las brigadas internacionales no hubo apenas soviéticos y la referencia tendría que hacerse a los dos mil asesores militares, pilotos y tanquistas que Stalin envió a la República. Y me da rabia, porque ahora ya tengo que buscar un libro en un idioma que desconozco para encontrar una página y satisfacer mi curiosidad.

En fin, otro Vietnam pero sin Hollywood, mucho síndrome de estrés postraumático, mutilados, alcoholismo y suicidios y la injusticia de una suciedad y que la victoria tiene muchos padres y las derrotas ninguno. En general leo a Svetlana Alexiévich como hojeo los informes del trabajo, hasta que de pronto se me clava una de esas frases punzantes de alguno de sus protagonistas. He vuelto a pensar hasta que punto no falsea la realidad su selección personal de horas y horas de grabaciones en cintas y cuántos otros libros distintos no podrían haberse escrito a partir de estrictamente el mismo material.

Me ha parecido que @unesceptico y yo hemos ordenado la bibliografía de la autora en el mismo orden de prelación. Creo que sólo habrá otro par de piezas que intercalar.


El orgullo y el Orgullo

01/07/2017

Una pequeña nota para dejar constancia de mi percepción de que algunos debates un poco chorras que se dan en España respecto al Día del Orgullo Gay tienen como origen la circunstancia, mayormente inadvertida, de que hay una serie de casos en que orgullo/orgulloso en español y  pride/proud en inglés se usan de modo diferente.

Debería poner algunos ejemplos ya si eso cuando tenga tiempo.


Titulitis – credentialism

08/03/2017

No sé si se sigue hablando en España de titulitis, sea entre comillas o sin ellas . Quizá la realidad ha curado a las nuevas generaciones de espanto y de esta enfermedad social de la que creo que se adolecía más en los años noventa.

Si me hubieran preguntado si esta palabra tal cual tiene traducción a algún otro idioma habría dicho que no, que es puro genio de la raza carpetovetónica. Es de suponer que algún modo tiene que haber de llamar a este fenómeno en los lugares donde se produzca, aunque no necesariamente ha de ser con una sola palabra y menos aún tan graciosa.

En un post me encuentro con que el diccionario de Óxford aceptó en 2013 el término credentialism (mucha menos guasa, dónde va a parar) pero que parece que viene a traducir más o menos la misma idea, al menos desde el punto de vista del empleador.

Como la búsqueda combinada de títulitis y credentialism sólo me ha dado tres resultados, por aquí lo dejo para darle difusión y por si fuera una traducción que a alguien pudiera servirle.


Dioses antropomórficos, etnomórficos y zoomórficos

12/02/2017
El mapa de la Hélade que faltaba en todos mis libros de texto (Wikipedia,)

El mapa de la Hélade que faltaba en todos mis libros de texto (Wikipedia)

Un trocito de Jenófanes de Colofón, que según parece en el quinto siglo antes de nuestra era ya se daba cuenta de cosas que lo mismo resultan obvias para unos que impensables para otros:

ἀλλ᾽οἱ βροτοὶ δοκέουσι γεννᾶσθαι θεοὺς,
τὴν σφετέρην δ᾽ἐσθῆτα ἔχειν φωνήν τε δέμας τε.

ἀλλ᾽ εἰ χεῖρας ἔχον βόες <ἵπποι τ᾽> ἠὲ λέοντες
ἢ γράψαι χείρεσσι καὶ ἔργα τελεῖν ἅπερ ἄνδρες,
ἵπποι μέν θ᾽ ἵπποισι βόες δέ τε βουσὶν ὁμοίας
καί <κε> θεῶν ἰδέας ἔγραφον καὶ σώματ᾽ ἐποίουν
τοιαῦθ᾽ οἷόν περ καὐτοὶ δέμας εἶχον <ἕκαστοι>.

Αἰθίοπές τε <θεοὺς σφετέρους> σιμοὺς μέλανάς τε
Θρῇκἐς τε γλαυκοὺς καὶ πυρρούς <φασι πέλεσθαι>.

Los mortales consideran que los dioses fueron engendrados como ellos
y tienen ropa y voz y forma como las suyas.

Pero si los bueyes y los caballos y los leones tuvieran manos
o si pudieran pintar con las manos y crear obras tal y como hacen los hombres,
los caballos tal y como caballos y los bueyes tal y como bueyes
del mismo modo ilustrarían las formas de sus dioses y harían sus cuerpos
de tal tipo y forma como el que ellos tienen.

Los etíopes dicen que sus dioses son negros y chatos,
los tracios que son pálidos y pelirrojos.

La fuente de la traducción es Diels-Kranz, yo sólo la he puesto en román paladino. Sabemos de Jenófanes por Diógenes Laercio y otros.


De ratones y hombres

22/01/2017
ds

Portada (1937)

La gripe ha pegado fuerte este año. Llevamos seis días jodidos en casa. Entre semana lo llevo mejor porque yendo a la oficina se me olvida, pero este sábado además han bajado bastante las temperaturas invitando a la dudosa decisión de no salir en todo el día, que he aprovechado para la hibernación, la sopa y alguna lectura dispersa. Vida de ratón.

Y en un rato entre siestas y sin fijarme mucho he leído por encima Of Mice and Men, de Steinbeck, que es uno de esos clásicos de la literatura estadounidense del siglo XX. Literatura social, antihéroes, la Gran Depresión, el desencanto del sueño americano y tal. Se podrían decir muchas cosas del libro y al final la cuadrilla de siempre lo acaba criticando porque sale mucho la palabra nigger. A mí no es que me haya interesado mucho, pero sí que me deja con la idea de que a la mayor parte de la ficción le sobran páginas. Aquí se cuenta lo que se tiene que contar en un espacio razonable.

Tiene la obra algo en mi opinión muy admirable, que es la capacidad del autor para capturar en una grafía los giros dialectales y argóticos. Me piden a mí que escriba en el dialecto de mi provincia y apenas se me ocurre meter de vez en cuando (no siempre) algún condicional en el lugar de un subjuntivo y quitarle la d a algún participio.

Ligada con esta idea de buen hacer a la hora de constatar un registro lingüístico está la de que me resulta una obra que tiene que ser muy difícil de traducir a otros idiomas, o necesariamente puede haber una pérdida de matiz importante si se decide hacer caso omiso de estas cuestiones o incluso la versión final puede acabar resultando ridícula dependiendo de la decisión que se tome sobre cómo convertir esas variaciones sobre el habla estándar de la lengua A en variaciones sobre el habla estándar de la lengua B. Por poner un ejemplo de esto último: la versión doblada de la película El color púrpura, donde la negra sureña hablaba no sé si como los gitanos españoles o como exactamente quien.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.