Titulitis – credentialism

08/03/2017

No sé si se sigue hablando en España de titulitis, sea entre comillas o sin ellas . Quizá la realidad ha curado a las nuevas generaciones de espanto y de esta enfermedad social de la que creo que se adolecía más en los años noventa.

Si me hubieran preguntado si esta palabra tal cual tiene traducción a algún otro idioma habría dicho que no, que es puro genio de la raza carpetovetónica. Es de suponer que algún modo tiene que haber de llamar a este fenómeno en los lugares donde se produzca, aunque no necesariamente ha de ser con una sola palabra y menos aún tan graciosa.

En un post me encuentro con que el diccionario de Óxford aceptó en 2013 el término credentialism (mucha menos guasa, dónde va a parar) pero que parece que viene a traducir más o menos la misma idea, al menos desde el punto de vista del empleador.

Como la búsqueda combinada de títulitis y credentialism sólo me ha dado tres resultados, por aquí lo dejo para darle difusión y por si fuera una traducción que a alguien pudiera servirle.


Dioses antropomórficos, etnomórficos y zoomórficos

12/02/2017
El mapa de la Hélade que faltaba en todos mis libros de texto (Wikipedia,)

El mapa de la Hélade que faltaba en todos mis libros de texto (Wikipedia)

Un trocito de Jenófanes de Colofón, que según parece en el quinto siglo antes de nuestra era ya se daba cuenta de cosas que lo mismo resultan obvias para unos que impensables para otros:

ἀλλ᾽οἱ βροτοὶ δοκέουσι γεννᾶσθαι θεοὺς,
τὴν σφετέρην δ᾽ἐσθῆτα ἔχειν φωνήν τε δέμας τε.

ἀλλ᾽ εἰ χεῖρας ἔχον βόες <ἵπποι τ᾽> ἠὲ λέοντες
ἢ γράψαι χείρεσσι καὶ ἔργα τελεῖν ἅπερ ἄνδρες,
ἵπποι μέν θ᾽ ἵπποισι βόες δέ τε βουσὶν ὁμοίας
καί <κε> θεῶν ἰδέας ἔγραφον καὶ σώματ᾽ ἐποίουν
τοιαῦθ᾽ οἷόν περ καὐτοὶ δέμας εἶχον <ἕκαστοι>.

Αἰθίοπές τε <θεοὺς σφετέρους> σιμοὺς μέλανάς τε
Θρῇκἐς τε γλαυκοὺς καὶ πυρρούς <φασι πέλεσθαι>.

Los mortales consideran que los dioses fueron engendrados como ellos
y tienen ropa y voz y forma como las suyas.

Pero si los bueyes y los caballos y los leones tuvieran manos
o si pudieran pintar con las manos y crear obras tal y como hacen los hombres,
los caballos tal y como caballos y los bueyes tal y como bueyes
del mismo modo ilustrarían las formas de sus dioses y harían sus cuerpos
de tal tipo y forma como el que ellos tienen.

Los etíopes dicen que sus dioses son negros y chatos,
los tracios que son pálidos y pelirrojos.

La fuente de la traducción es Diels-Kranz, yo sólo la he puesto en román paladino. Sabemos de Jenófanes por Diógenes Laercio y otros.


De ratones y hombres

22/01/2017
ds

Portada (1937)

La gripe ha pegado fuerte este año. Llevamos seis días jodidos en casa. Entre semana lo llevo mejor porque yendo a la oficina se me olvida, pero este sábado además han bajado bastante las temperaturas invitando a la dudosa decisión de no salir en todo el día, que he aprovechado para la hibernación, la sopa y alguna lectura dispersa. Vida de ratón.

Y en un rato entre siestas y sin fijarme mucho he leído por encima Of Mice and Men, de Steinbeck, que es uno de esos clásicos de la literatura estadounidense del siglo XX. Literatura social, antihéroes, la Gran Depresión, el desencanto del sueño americano y tal. Se podrían decir muchas cosas del libro y al final la cuadrilla de siempre lo acaba criticando porque sale mucho la palabra nigger. A mí no es que me haya interesado mucho, pero sí que me deja con la idea de que a la mayor parte de la ficción le sobran páginas. Aquí se cuenta lo que se tiene que contar en un espacio razonable.

Tiene la obra algo en mi opinión muy admirable, que es la capacidad del autor para capturar en una grafía los giros dialectales y argóticos. Me piden a mí que escriba en el dialecto de mi provincia y apenas se me ocurre meter de vez en cuando (no siempre) algún condicional en el lugar de un subjuntivo y quitarle la d a algún participio.

Ligada con esta idea de buen hacer a la hora de constatar un registro lingüístico está la de que me resulta una obra que tiene que ser muy difícil de traducir a otros idiomas, o necesariamente puede haber una pérdida de matiz importante si se decide hacer caso omiso de estas cuestiones o incluso la versión final puede acabar resultando ridícula dependiendo de la decisión que se tome sobre cómo convertir esas variaciones sobre el habla estándar de la lengua A en variaciones sobre el habla estándar de la lengua B. Por poner un ejemplo de esto último: la versión doblada de la película El color púrpura, donde la negra sureña hablaba no sé si como los gitanos españoles o como exactamente quien.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.


Cómo se debe traducir

14/03/2015

En diciembre, que tuve más tiempo que hogaño, leí varios y buenos libros de algunos de los cuales he dejado cumplida cuenta. Otros de los clásicos del bachillerato que abordé fueron las “Cartas marruecas” de José Cadalso, que es uno de esos libros que deben leerse para entender el problema o los problemas de España, que ya se encuentran dibujados de modo clarividencte en el siglo XVIII gracias a este autor que representa el ideal humanista de hombre de armas y letras.

Muchas cosas pueden decirse a propósito de las cartas, pero una reflexión que me pareció interesante es la opinión de Cadalso sobre cómo se debe traducir:

— Algunas veces me puse a traducir, siendo muchacho, varios trozos de literatura extranjera; porque así como algunas naciones no tuvieron a menos el traducir nuestras obras en los siglos en que éstas lo merecían, así debemos nosotros portarnos con ellas en lo actual. El método que seguí fué éste. Leía un párrafo del original con todo cuidado; procuraba tomarle el sentido preciso; lo meditaba mucho en mi mente, y luego me preguntaba a mí mismo: ¿si yo hubiese de poner en castellano la idea que me ha producido esta especie que he leído, cómo lo haría? Después recapacitaba si algún autor antiguo español había dicho cosa que se le pareciese. Si me figuraba que sí, iba a leerlo y tomaba todo lo que juzgaba ser análogo a lo que deseaba. Esta familiaridad con los españoles del siglo XVI, y algunos del XVII, me sacó de muchos apuros; y sin esta ayuda, es formalmente imposible el salir de ellos,  o no cometer los vicios de estilo que son tan comunes.

José Cadalso “Cartas marruecas” Carta XLIX (1789)

Aquella misma semana había encontrado un artículo en The Guardian en el que se sugería una estrategia similar para encontrar la traducción auténtica. Aquí la traducción es mía, pero una comparación con el original puede servir para ilustrar lo que el autor quiere decir y mi concordancia con su postulado:

En la auténtica traducción no se da una relación binaria entre dos idiomas sino que se trata de un asunto triangular. El tercer vértice del triángulo es lo que se oculta tras las palabras del texto original antes de que fuera escrito. La traducción genuina requiere un regreso a lo preverbal. Uno lee y vuelve a leer las palabras del texto original y penetra en ellas hasta alcanzar y tocar la visión o la experiencia que las impulsó. Después recoge ese fruto y traslada la “materia” inestable y casi carente de palabras para colocarla detrás de la pantalla de la lengua a la que tiene que tranferirla. La labor más importante es convencer al idioma de destino de que acepte la “materia” que está esperando ser articulada.

John Berger

La referencia a los clásicos es loable y no tiene por qué quedarse en el Siglo de Oro español. Más aún Roma y Grecia y los autores destacados de otras lenguas. Ahora bien, su número podría haberse multiplicado a lo largo de los últimos tres siglos y el carácter de todas las lenguas ha pasado a ser mucho más dinámico. A veces puede ser sencillo dar el traspiés en el breve paso que hay entre lo sublime y lo ridículo y entre lo clásico y lo arcaico. Cierto es que hay clásicos modernos e intemporales. Ahora bien, no pondría yo el énfasis en lo antiguo, sino en lo natural.

Pero sí, lo de que traducir no debe ser un ejercicio de traspasar palabras una a una sino el proceso de tomar una idea en una lengua y volverla a mostrar en otra de modo tan natural que parezca pensada en este segundo idioma es un ideal al que me apunto.


No me toques

06/02/2015
Imagined Communities

Imagined Communities

Hay un libro que aparece citado en la bibliografía sobre nacionalismos, se puede decir que siempre. “Comunidades Imaginadas” de Benedict Anderson, escrito en 1983 y revisado por el autor en 1991. Las ideas centrales son la definición de la comunidad nacional (y otras) como “comunidad imaginada” y la importancia del capitalismo de imprenta, a la hora de crear bloques de inteligibilidad que rompan el continuum dialectal y una economía de escala para las formas de imaginar. Yo hasta estos días no lo había leído entero, aunque he tenido la sensación de que sí. Da muchas ideas para hacer comparaciones interesantes. Ya volveremos a ellas algún rato.

Por un golpe de suerte me encontré un ejemplar de la edición de 1991 en un saldo. Ni siquiera era de segunda mano, tiene que haber estado escondido en algún estante todos estos años. Leyendo las notas a la segunda edición veo que uno de los errores principales de la primera estuvo en haber confiado en una mala traducción al inglés de Noli me tangere, la novela patriótica del filipino José Rizal, traducción perpetrada por León María Guerrero. Será cosa opinable, ya que en la página del tal señor en la Wikipedia dicen acclaimed que más o menos querrá decir que es como para dar palmas. Anderson dice que es mala de solemnidad al menos en dos ocasiones.

Me he puesto a fisgar a ver si vale la pena leer la novela (yo en el idioma original, por supuesto, que para eso me lo enseñó mi madre) y me encuentro con que existe la siguiente versión en tagalo:

  • Noli Me Tangere (1999) by Ofelia Jamilosa-Silapan, Tagalog translation of the English translation by León Ma. Guerrero.

O sea la traducción al tagalo de la traducción (pésima) al inglés del original en español filipino del siglo XI que escribió el autor original. Ya ni se me ocurre cómo puede llegar a ser infame ni qué tendrá que ver ya con el original si Anderson está en lo cierto. Tiene suerte esta dama de que no lea yo el tagalo. Tampoco entiendo muy bien para que se hace si hay otra hecha en la lengua malayopolinesia a partir del original hispánico ya en 1906.

Esto de las traducciones tiene su cosa. A principios de la década pasada vi en años consecutivos que dos españolas a las que conocía (una compañera de piso y otra del trabajo) leían una traducción inglesa de “Cien años de soledad”. Si no queda otro remedio, vale, pero este caso nunca lo he entendido.

 


Sororidad y Aristóteles

21/12/2014
"La tía Tula", de Unamuno

“La tía Tula”, de Unamuno

Y luego ya, envuelto en esta vorágine lectora que el aparato de marras ha propiciado, me he puesto con otro de los clásicos del bachillerato: “La tía Tula“, de Unamuno. Suena a nombre de solterona y creo recordar incluso que me tocó un comentario de texto sobre Unamuno en la Selectividad y a la hora de enumerar sus obras ésta era una de las más difíciles de olvidar. En cambio, ni la había leído jamás ni sabía que Tula era como llamaban a una tal señora Gertrudis.

La novela tiene poco paisaje y poco aditamento. Se centra en las relaciones entre los escasos personajes. Creo que la que sí que leí de Unamuno, “San Manuel Bueno, mártir” era bastante parecida en ese aspecto: reflexiones, diálogos y valores que lo impregnan todo. Se deja ver bastante de la España de principios del siglo XX que creo que por fortuna ya está superado: entorno social opresivo, omnipresencia de la religión, el qué dirán, la cultura del honor, el guardar las apariencias y la elevada mortalidad prematura.

Así pues no voy a comentar nada de la novela en sí y sí un par de cosas que Unamuno escribe en el prólogo en Salamanca en algún momento de 1920 que mi fugaz investigación no me ha permitido determinar (¿El día de los Desposorios de Nª Sra. es el 23 de enero, el 8 de abril o el 26 de noviembre?).

Hace algún tiempo comentaba con un amigo que había leído en algún blog feminista la bobada de que nuestra cultura era más machista que la anglosajona ya que no existía la palabra sorority. Él rápidamente encontró sororidad en algún lado y yo me pregunté si no sería más correcto soridad y también la encontré usada por ahí.

Yo creo que cuando se utiliza sorority en inglés se refiere a una especie de hermandad entre mujeres y que el concepto ha pasado de una asociación femenina de estudiantes universitarias a esa idea más amplia del mismo modo que hermandad en español puede ser tanto una asociación (normalmente religiosa) específica como un concepto más extenso.

Para mi sorpresa, Unamuno, que dice que no existe, utiliza sororidad, y también sororial y sororio. Empero no en el sentido de fraternidad femenina sino en el de amor que la hermana tiene por el hermano. Su arquetipo es la Antígona de Sófocles, mártir por el amor de su hermano muerto.

También de la misma raíz, una palabra interesante que tiene que ver con lo que ocurre en la obra: sororato, similar al leviratodel que hemos hablado hace poco. Son instituciones mediante las cuales un varón desposa a la hermana de su mujer difunta o a la esposa de su hermano difunto respectivamente y tienen importancia en sociedades tradicionales en las que la mortalidad es elevada y el nivel más importante de organización es tribal. La familia es el gran enemigo del poder estatal y en sociedades más avanzadas hay prejuicios contra esta institución que consolida relaciones entre clanes. En el libro que comentábamos aparece la idea de que la iglesia católica es enemiga de estas instituciones ya que espera heredar de los viudos sin descendientes.

La otra cosa curiosa es que Unamuno, que era catedrático de griego, dice que el zoon politicon (estoy más acostumbrado a zoon politikon) de Aristóteles no quiere decir animal político sino animal civil (de la ciudad, o sea urbano, de la polis). Nunca se me había ocurrido. En el fondo viene a ser lo mismo o una versión prototípica de lo mismo.

De hecho, el primer libro importante que trata lo que en español conocemos como “la cultura política” es The Civic Culture de Almond y Verba (1963) y hay varias expresiones en los que las ideas de civis y polis se confunden (al final ambas significan “ciudad”, sea en latín o en griego). En especial a mí me resulta molesta la traducción de civil rights como derechos civiles ya que en la Europa continental el Derecho civil es otra cosa.