Invalid toilet

09/10/2018

El otro día a la hora del café contaba en la oficina la anécdota de que en un empleo anterior al final de un largo pasillo había una puerta con un letrero que indicaba “invalid toilet” y que las primeras veces que la vi entendí que era un servicio que se encontraba averiado. Creo que tardé semanas en darme cuenta de que en realidad no era un baño inválido sino uno para inválidos. El adjetivo inglés es así. Hace un par de años los diarios españoles tradujeron raudos que en el Reino Unido un alumno había matado a una profesora española (Spanish teacher) que era en realidad una profesora de español, británica ella.

Invalid es, como inválido, una palabra que cada vez se oye menos. Mi jefe comentó que no es lo mismo inválid toilet que ínvalid toilet. O por expresarlo de un modo más científico: no es lo mismo /ɪnˈvalɪd/ que /ˈɪnvəlɪd/. Si se pronuncia llanamente es que el retrete no es válido y convertir la palabra en esdrújula la hace significar que se trata de un retrete para inválidos. Como siempre digo, dos décadas por aquí y cómo es posible que no me haya enterado de esto antes. Pues así son las cosas.

De cuando estudié inglés recuerdo que había palabras que cambiaban de función dependiendo de la sílaba en la que recayera su acento. Por ejemplo, export si era llana era exportación y si era aguda significaba exportar. Los casos que conocía eran siempre sustantivos y verbos. En la Wikipedia hay una lista con muchos ejemplos de cambio sustantivo-verbo. Hasta ahora no conocía un cambio de sustantivo a adjetivo. Voy a ver si encuentro más.

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Un viaje por la historia de Ucrania

28/07/2018

Portada

Ese episodio del otro día con tropas griegas patrullando por Odesa durante la guerra civil rusa me ha recordado que tenía por leer un libro que compré diría que hace tres años, después de haber leído otro de la misma autora sobre el cerco de Leningrado. Se llama Borderland: A Journey through the History of Ukraine y como ya dije una vez borderland bien podría traducirse como extremadura. Lamentablemente el volumen no está en español ni he sido capaz de encontrar manuales de historia ucraniana que me hayan parecido solventes en nuestro idioma, así que me he puesto a leer en inglés con la intención de aprender y rememorar cosas de aquel viaje de 2010.

Eso sí, la primera versión del libro es de 1997 y la que tengo, de 2015 no es una edición revisada sino que a los diez capítulos originales (que yerran en varios de sus augurios) les han metido cuatro de propina para actualizar. A diferencia de otros países para los que una historia que llegara hasta finales del siglo XX reflejaría lo esencial, en el caso de Ucrania no es así y si no se cuenta lo que ha pasado desde la llegada de Putin al poder en Rusia y especialmente a partir de 2014, parece que no se entera uno de nada.

El libro de 1997 en vez de hacer un recorrido en orden cronológico presentaba una a una diversas partes del país para ilustrar procesos históricos de mayor calado. A mí me parece que peca un poco de la “enfermedad de la unidad de destino en lo universal”, enfatizando los elementos que invitan a pensar en una etnogénesis ucraniana más sólida, separada y  distintiva con respecto a la formación de Rusia de la que a mí (en mi ignorancia) me parece intuir que pudo darse.

Aquí me he enterado de que Joseph Conrad, del que sí sabía que era polaco, nació en un lugar que hoy es parte de Ucrania, lo que parece no importar demasiado a los actuales habitantes ucranianos del pueblucho, como suele suceder. Como los grandes villanos de la historia de la zona son alemanes y rusos la tensión entre polacos y ucranianos se suele dejar pasar aunque no sea poca cosa.

A pesar de su antagonismo circunstancias históricas parejas empujaron a Polonia y Ucrania hacia estrategias de supervivencia parejas. Para los polacos del siglo XIX y para los ucranianos hasta 1991 la idea de nacionalidad tomó un significado religioso, casi metafísico. Del mismo modo que los ucranianos de la diáspora se consideran a sí mismos parte de Ucrania a pesar de haber nacido y crecido en Canadá o Australia los exiliados polacos del siglo XIX no se consideraban menos parte de Polonia por haber pasado sus vidas en París o Moscú. Sus países existían en una especie de hiperespacio mental independiente de banalidades tales como gobiernos o fronteras. “Polonia no se ha perdido aún” era el título de una marcha napoleónica, “Ucrania no ha muerto aún” el poco inspirador primer verso del actual himno ucraniano.

Hablando de la cuenca del Donetsk se dice que esta ciudad se llamó antes Yuzovka en honor al industrial minero galés John Hughes y que la palabra minero en ruso –shajtior– tiene un tono mítico (su equivalente ucraniano es shajtar, tal y como se llama el equipo de fútbol local). Veamos lo que decía la autora en 1997 de esta zona del país ahora convertida en la poco reconocida República Popular del Donetsk:

Para conservar su independencia Ucrania debe mantener contento al este rusófono que, densamente poblado y muy industrializado, tiene mucho que decir en el país. En las primeras elecciones tras la independencia fueron los votos orientales los que entregaron la victoria a Leonid Kravchuk, antiguo jefe del Partido ante Vyacheslav Chornovil, antiguo disidente y dirigente del movimiento independentista. En 1994 fueron los votos orientales los que echaron a Kravchuk, que para entonces era el niño bonito de los nacionalistas, favoreciendo a Leonid Kuchma, exdirector de una fabrica de misiles en la ciudad rusófona de Dnipropetrovsk. Curiosamente, el año anterior Kuchma había tenido que dimitir como primer ministro cuando miles de mineros del Donbass llegaron a Kiev pidiendo aumentos de sueldo. La peor pesadilla de los políticos ucranianos es el separatismo del Donbass, el temor de que un día Ucrania oriental quiera la autonomía o apueste por volver a unirse a Rusia.

Hablando de la batalla de Poltava (1709) se nos dice que en los noventa “descendientes de los soldados allí abandonados pueden verse ante la embajada sueca en Kiev para solicitar la ciudadanía de un país que sus antepasados dejaron tres siglos antes”. No me parece que pueda haber tantos descendientes de suecos como para que ni en los peores momentos hubiera una cola más o menos permanente pero sí que recuerdo que antes de ir a Ucrania me sorprendió saber del pueblo de Gammalsvenskby donde algo de la cultura sueca ha sobrevivido durante muchas décadas casi en el mar Negro.

Como lo de cambiar nombres de calles es un tema muy hispánico, un fragmento sobre cómo se produjo en Odesa tras el fin del comunismo:

Más deprisa que ningún otro lugar Odesa se está desprendiendo de su monocromático barniz soviético para revelar la antigua identidad multiétnica que subyace. La calle de Carlos Marx ha vuelto a ser Yekaterniskaya; la de Lenin, Richelyevskaya; la de Karl Libknecht, Griecheskaya (griega). Babelya, que llevaba el nombre del gran novelista odesita Isaac Babel se ha convertido en Yevrevskaya (calle hebrea). Del mismo modo que fueron extranjeros quienes construyeron la ciudad son extranjeros los que le están volviendo a dar vida. Una empresa suiza ha reformado el antiguo y grandioso Hotel Londonskaya, que es ahora una de las guaridas preferidas de negociantes confabuladores. Unos chipriotas han abierto un casino en el edificio de la antigua bolsa de valores donde ahora trabajan croupiers de Liverpool y son italianos los que han renovado el puerto desde el que pequeños comerciantes y prostitutas recorren de nuevo las antiguas rutas que van a Haifa, Alejandría o Estambul.

Odesa es una ciudad sobre la que me gustaría saber más cosas. La autora dice que fue fundada por un mercenario hiberno-español (o hispano-irlandés que tanto monta). No puede ser otro que José de Ribas, pero no le he encontrado la conexión irlandesa y el apellido Boyons no me parece prometedor. Tampoco encontré nada sobre las tropas griegas (en apenas dos líneas dedicadas al episodio sólo se habla de los franceses). Eso sí, por fin me ha quedado claro que el Duque de Richelieu cuya estatua está al final de la mítica escalera era sobrino nieto del famoso cardenal. Me hace falta un buen libro con la historia de Odesa.

La perspectiva rusa de las cosas está basada en la escasa entidad o importancia de la identidad y la lengua ucranianas:

La rusificación no se dio sólo en Ucrania. La sufrieron todas las naciones del imperio tanto bajo el zariano como bajo el comunismo. Sin embargo, la rusificación se dio con mayor determinación y éxito en Ucrania que en ningún otro lugar. En primer lugar Ucrania se unió al imperio más temprano: Las tierras ucranianas al este del Dniéper fueron a Rusia en 1686, Estonia y Letonia fueron conquistada veinte años después, el Cáucaso y Finlandia no lo fueron hasta finales del siglo XIX. Ucrania fue para Rusia lo que Irlanda y Escocia fueron para Inglaterra – no una posesión imperial como Canadá y la India, sino parte del centro irreductible. De ahí que el comentario (probablemente apócrifo) de Lenin de que “perder Ucrania sería perder nuestra cabeza” y el sueño de nacionalistas románticos como Solzhenitsyn de que Rusia, Ucrania y Bielorrusia un día volverán a unirse.

En segundo lugar, los rusos consideraban y aún consideran a los ucranianos como una subespecie de rusos antes que nada. Cualquier diferencia que existiera entre ellos seria la obra artificial de los pérfidos papistas polacos, que en la imaginación rusa actual han sido sustituidos por la intromisión de Occidente en general. En lugar de atacar a los ucranianos y a la identidad ucraniana como algo inferior lo que los rusos hacen es negar su existencia. Los ucranianos son una “nación no histórica”, el idioma ucraniano un dialecto de broma, Ucrania misma una Atlántida -una ensoñación legendaria de ciertos intelectuales ucranianos” en palabras de un parlamentario de Donetsk. La proximidad de las culturas rusa y ucraniana, la sutiliza de las diferencias entre ellas es algo irritante. La razón por la que los lituanos y los kazajo rechazan considerarse rusos es perfectamente obvia pero que los ucranianos quieran hacer lo mismo es simplemente indignante.

El Edicto de Ems:

En 1876 la rusificación alcanzó su culmen mediante el Edicto de Ems. Mientras tomaba las aguas en esa ciudad balnearia alemana Alejandro II firmó un decreto que prohibía la importación y publicación de libros y periódicos en ucraniano así como  todo tipo de conciertos, conferencias y espectáculos en ucraniano, toda la educación en ucraniano incluida la preescolar. Los libros en ucraniano serían eliminados de las bibliotecas escolares y los maestros ucraniófilos transferidos a la Gran Rusia. Durante las epidemias de cólera incluso los avisos sanitarios se pondrían sólo en ruso.

Entre las cosas leopolitanas y en general de la otrora multiétnica Galizia oriental me sorprende esta anécdota que si ya sería rara en los noventa del s XX hoy en día debe de ser imposible:

De todos los gobernantes de Lviv son los austriacos los únicos por los que los ucranianos retienen algún tipo de afecto. Todavía puede encontrar uno ancianos que silban la marcha “Ich hat’ einen Kameraden” (Yo tenía un camarada) y babushkas que cuando se les pregunta la hora responden “¿la vieja o la nueva?” ya que sus relojes están aún puestos a la hora oficial en tiempos del benigno y patilludo emperador Francisco José.

Aquí gracias a un fragmento de la Baedecker me he enterado de que la colina de las ruinas del gran castillo leopolitano por donde subimos años ha (Vysoky Zamod) se llamó en sus tiempos Franz-Josef-Berg. Veamos un chiste austrohúngaro de finales del siglo XIX:

Un policía para a un socialista polaco que va a cruzar la frontera de Galitzia. Cuando le pregunta a qué se refiere cuando habla de “socialismo” el polaco responde “es la lucha de los trabajadores contra el capital” a lo que el policía replica “En ese caso puede usted entrar en Galitzia ya que aquí no tenemos ni de lo uno ni de lo otro”.

Era la región más pobre del imperio austrohúngaro, lo cual supuso muchas cosas:

Para muchos la ruta de escape fue la emigración. En los veinticinco años anteriores a la Primera Guerra Mundial más de dos millones de campesinos tanto ucranianos como polacos abandonaron Galitzia. De ellos unos 400.000, que suponían el 5% de la población de la provincia lo hicieron en 1913. Unos fueron a las nuevas fábricas de la Silesia polaca y otros a Francia o Alemania pero la mayoría embarcó hacia Canadá o los Estados Unidos fundando la diáspora ucraniana en Norteamérica que a día de hoy está conformada por unos dos millones de personas.

Identidad nacional a la carta, que también es una cosa muy española:

Para los habitantes de Ucrania con estudios la identidad nacional era una cuestión de gusto personal. En muchas familias hubo individuos que se convirtieron en prominentes ucranianos mientras que otros seguían considerándose a sí mismos rusos o polacos.

La primera gramática ucraniana apareció en 1818 (su compilador creía que estaba registrando un dialecto en extinción) y el primer diccionario breve en 1823:

El ucraniano está aún en estado de flujo. El vocabulario técnico está subdesarrollado y necesita tomar préstamos a mansalva del alemán y del inglés (de cualquiera menos del ruso). También hay variaciones entre el ucraniano influenciado por el ruso de las provincias centrales y el influenciado por el polaco de Galitzia, que fue anatemizado por los soviéticos como nada ucraniano sino una forma bastarda de polaco. Un amigo ucraniano que creció cerca de Lviv recuerda que en la escuela le decían que “el idioma que hablamos es impropio, muy malo, incorrecto, un tipo de dialecto…. y que en algún lugar existe el ucraniano correcto pero que es diferente, no el que hablamos, claro.”

A continuación dejo apenas tres datos sobre tres momentos históricos pero cuya la magnitud se debe tener en cuenta por los millones de de seres humanos a las que afectaron:

La Gran Guerra:

En el momento en que se declaró la guerra en julio de 1914 los ucranianos se encontraron divididos en dos ejércitos opuestos: tres millones y medio de soldados en el ruso y un cuarto de millón en el ucraniano.

La hambruna de 1932-33

Con más muertos que todos los de la Primera Guerra Mundial en todos los bandos juntos la hambruna de 1932-33 fue y aún es una de las atrocidades de la historia humana de la que menos se ha informado, un hecho que contribuye poderosamente al persistente sentido de victimización ucraniano.

La Segunda Guerra Mundial:

En los meses finales de la guerra miles de prisioneros fueron empujados hacia el oeste en marchas de la muerte similares a las de los campos de concentración. En total, de los 5,2 millones de soldados soviéticos hechos prisioneros por Alemania durante la guerra dos millones están registrados como muertos en campos y otro millón trescientos mil cae en la categoría de “huidas, exterminaciones, no contabilizados, muertes y desapariciones en tránsito. Tomando la cifra más conservadora de dos millones de muertes los campos de prisioneros del Frente Oriental causaron un tercio de las muertes de las que causó el Holocausto.

Tras mucho hablar sobre Chernóbil y el fin del comunismo el libro de 1997 se cierra con una serie de conjeturas sobre el futuro de las cuales la que más me divierte es esta, de un analista de Reagan:

“Hay una historia de Turgenev” dice “un hombre está tumbado al sol en la hierba. Una campesina llega y le trae pan y leche. Piensa para sus adentros – “¿Para qué necesitamos Constantinopla?” Rusia está así ahora con respecto a lugares como Crimea.

Dejo los cuatro capítulos agregados y que cubren (1997-2015) para comentarlos tras una relectura. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde el 97, seguramente en Ucrania más que en ningún país de Europa occidental. Entre las pequeñas pude ver en Leópolis hecha realidad la estatua de von Masoch que se había propuesto y Kirovogrado se llama Kropyvnytskyi. Entre las grandes las hay que van muy despacio, y otras que llaman más la atención como todo aquello de la revolución anaranjada, pero sobre todo la guerra que se inició en 2014 y la pérdida de Crimea. Ahora se ha dejado de poner el foco en aquella parte del mundo pero aún hay mucho por escribir.


Nescio nomen, jugador de ajedrez

21/06/2018

Me gustaría tener más a menudo la posibilidad de corregir errores en los que he estado inmerso muchos años. Tantos como treinta. Es una sensación muy agradable.

Hace tres décadas otro ajedrecista más veterano me indicó que las iniciales N.N. referidas a un jugador de ajedrez provenían de la expresión inglesa “no name“. Cuando hice la pregunta ya sabía que se trataba de un jugador desconocido, pero quería saber cuál era el significado exacto de las iniciales.

N.N. es todo un clásico y el equivalente soldado desconocido de la bibliografía ajedrecística, pero la fórmula no proviene del inglés. Sería incapaz de volver a encontrarlo pero creo que hace pocos años mirando un libro alemán de finales del siglo XIX llegué a sospechar que no podía ser una sigla inglesa, ya que esta lengua no alcanzó su posición de dominio internacional hasta décadas más tarde… sin embargo en aquel momento no le dí más vueltas.

Hago un párrafo para revindicar a N.N. ya que es el actor de reparto que se lleva todos los golpes en las partidas. Puede que la mayoría de las veces no se supiera su nombre nombre aunque es presumible que en bastantes otras ocasiones sí y que pudiera tratarse de un jugador apalizado cuya reputación se trataba de proteger. Ese era N.N.: la víctima del maestro, el perdedor de todas las partidas simultáneas del mundo o el fantasma necesario para una anécdota impostada además del blanco de la consabida broma en los corrillos de los torneos (-¿contra quién juegas? – contra N.N. [un jugador muy malo])…. usos varios de la doble ene más allá de los casos en los que en efecto se tratara de un jugador cuyas partidas o jugadas se conocian y su nombre simplemente no.

Gracias a una noticia en la BBC sobre un muerto muy vivo del Paraguay me entero de que al cadaver desconocido lo entierran con las iniciales N.N. del latín “nescio nomen“, nombre desconocido (creo que “desconozco el nombre” sería la traducción mala y más literal).

Esto me ha recordado que en el mundo anglosajón muchos creen que RIP es rest in peace en vez de requiescat in pace, una expresión que también tiene mucho que ver con el caso que me sacó de la ignorancia que hemos tratado. Así pues, me despido agradecido a Juan Ramón Alfonso Penayo por ayudarme a salir de este duradero error.


Falsos amigos: abrasivo – abrasive

19/05/2018

La palabra española “abrasivo” y la inglesa “abrasive” vienen a ser lo mismo, pero esta mañana la prensa irlandesa me ha regalado un un titular con abrasive en un sentido que creo que no existe (aún) en español:

Abrasive committees benefit functioning democracy

El artículo se refiere a que la inclemencia en los interrogatorios y el que los debates que se producen en el seno las comisiones de investigación parlamentarias sean agrios es de provecho para una democracia funcional.

Mientras entre nosotros la acritud ha hecho el tránsito entre el mundo de los sentidos y el de las metáforas la abrasión está aún en el de los fenómenos físicos y no se sabe si llegará. En inglés en los últimos años he oído u leído mucho burn en la cuarta y argótica acepción de wikcionarioAn intense non-physical sting, as left by shame or an effective insult, que creo que es un uso moderno equivalente al zasca hispano que veo últimamente pero que a diferencia de quemazón está de moda.

Esa acepción de quemazón o la existencia de comentarios cáusticos muestra que la idea de herir los sentimientos a fuego no es extraña al expañol. Para que los interrogatorios que abrasan lleguen al castellano habrá que esperar a las típicas traducciones de baja calidad, pero dada la baja frecuencia de uso del adjetivo quizá el sentido nunca llegue a entrar.


Vuelvepiedras común

25/04/2018

Arenarias en la hierba

Como tenemos visita el lunes me tomé el día libre. Paseando junto a la playa de Greystones nos encontramos con dos vuelvepiedras comunes. También se les apellida rojizos aunque en concreto estos dos especímenes no aparentaban serlo en absoluto (el color varía con la estación). Su nombre científico es arenaria interpres y el vulgar es un calco en todas las lenguas con las que he tenido contacto: turnstone-tournepierre-voltapietre-Steinwälzer.

El nombre es debido a sus actividades limícolas entre las cuales está el volteo de piedrecillas para encontrar nutricio premio debajo. Esto lo suelen hacer en la arena, pero curiosamente nuestros amigos buscaban alimento bajo el césped. Estamos a finales de abril que es hasta cuando se supone que permanece en Irlanda esta especie de invierno, así que es probable que no la encontremos de nuevo hasta el año que viene.

Teléfono nuevo pronto


Precocidades

18/03/2018

A lo mejor debería seguir vertiendo mis opiniones aleatorias en este agujero y no en grupos de guasap que se perderán como lágrimas en la lluvia. El otro día un amigo escribió sobre el tema de la precocidad, así un tanto en general. Y como se menciona la eyaculación precoz, caso en el que la precocidad parece tener un significado algo diferente al de otras precocidades, comento:

Siempre me ha parecido que la eyaculación precoz está mejor nombrada en inglés (premature). Sería más lógico llamar eyaculador precoz al que lo es desde su más tierna infancia.

Cuando uno vive en un país cuya lengua dominante es diferente de la propia a veces afloran estas cosas que uno ni sabe que sabía. Luego me he puesto a buscar  y veo que la expresión latina ejaculatio praecox se utilizó tal cual en inglés y se ha adaptado literalmente a todas las lenguas latinas.

Así que lo más probable es que el uso de “precoz”, que etimológicamente es, en sentido muy amplio, “antes de cocerse” se haya desplazado hacia casos en los que se toma como referencia la vida en conjunto. He encontrado expresiones del siglo XIX que suenan hoy un poco extrañas (en vez de “fruto precoz” yo diría “fruto temprano” y en vez de “muerte precoz”, “muerte prematura”). Parece que Manuel Bretón de los Herreros  gustaba especialmente de este adjetivo. La hipótesis que se plantea es si la expresión que comentamos haya quedado hasta cierto punto fosilizada. Parece que hay buenas razones para suponerlo.


Luna lunera

04/03/2018

La Luna

No sé qué estaba mirando esta mañana cuando me he encontrado con un cartel de “Luz de luna”, la serie de televisión de los años ochenta. Nunca antes había caído en la cuenta de que el nombre original de la serie era Moonlighting, que es el gerundio de un verbo que implica un segundo empleo, o bien actividades secretas e incluso ilegales, lo cual le pega mucho a una agencia de detectives y se pierde en la versión al español, de connotaciones más románticas y que pareciera aludir a la tensión sexual entre los protagonistas que era otro de los temas de la serie.

En el artículo de la Wikipedia en español dedicado a la serie dice que la agencia de detectives se llamaba Luna Azul. Puede que la traducción y doblaje fueran distintos para diferentes países hispanos,  porque a mí me sonaba mucho que la agencia se llamaba Luz de Luna, igual que la serie, así que me he puesto a mirar un episodio en Youtube para corroborarlo. Lo de Blue Moon es también una referencia poco comprensible en español, ya que se llama así en inglés a la coincidencia de dos lunas llenas en el mismo mes natural y se suele utilizar en sentido lato (once in a blue moon) para decir muy infrecuentemente. Parece ser que era el nombre del champú que anunciaba la directora de la agencia de detective. No sé si el nombre implica que no era necesario lavarse el cabello con él a menudo.

Ya puestos con expresiones lunares se me ha ocurrido consultar a ver por qué en inglés se le llama mooning al hecho de mostrar el culo con afán ofensivo. Al parecer aunque el gesto sea antiguo este nombre aparece en los años sesenta, por la similitud de color y forma entre las nalgas y la luna. Entre anglosajones la coincidencia cromática será más elevada que entre nosotros. Su luna de pergamino era, en efecto, un pandero.