El final de la guerra

22/07/2017

Los últimos días

Entre ayer y hoy me he entretenido con The Last Days of the Spanish Republic, de Paul Preston, que compruebo que se ha traducido al español como El final de la guerra: La última puñalada a la República. Es interesante reflexionar sobre estas diferencias en los títulos y el efecto que puedan tener para comunicar información y emociones y lo que eso suponga luego a la hora de vender libros.

En fin, antes de nada diremos que como el título en inglés indica este es un libro sobre los últimos meses de la guerra en la zona republicana desde octubre-noviembre de 1938 hasta finales de marzo de 1939 con más énfasis en la últimísima parte, la del golpe de Casado que es la puñalada a la que se refiere el subtítulo en español. Como sólo aborda el final, que en general se suele tratar con brevedad mi consejo es no empezarlo antes de haber leído algún otro libro sobre la guerra civil española.

Empieza describiendo la precaria situación en que el bando republicano se encuentra tras el fracaso del Ebro y la caída de Cataluña con la pérdida de medios y moral combatiente, el abandono del país por parte de muchos políticos y militares y las diferencias políticas entre los restos defensores que quedan en las zonas controladas por la República. Hay mucho de espionaje, conjuras y contactos con la quinta columna y por último el golpe de Casado y su Junta a principios de marzo, que suele ocupar poquitas páginas en cualquier volumen sobre el conflicto en su conjunto. Lo que quiere contar Preston es, dicho en dos líneas, que Negrín tenía razón, que fue el único que estuvo a la altura y que a la postre haber seguido resistiendo habría salvado vidas.

Esta tesis también me pareció que era la idea que cerraba la breve introducción a la GCE de Helen Graham, que ahora no tengo a mano. Por un lado entiendo lo que quieren decir y también las razones de Negrín para prolongar la resistencia y organizar la evacuación; por otro lado también se podría defender lo contrario (por ejemplo, si los rebeldes hubieran triunfado el 18 de julio o entrado en Madrid el 6 de noviembre del 36, me parece más razonable creer que habría habido una menos muertes, hay cierta lógica en defender que cuanto antes acabe una guerra menos morirán), no estoy muy seguro de cuánto mejora el conocimiento de la Historia el poner mucho énfasis en escenarios alternativos que no se produjeron.

En esta versión de los hechos no se salva nadie excepto presidente depuesto por el golpe: Tanto Azaña como Rojo como Miaja quedán en un pésimo lugar y si hubiera que etiquetar a lo que acaban resultando los tres personajes principales de marzo Negrín es el bueno, Casado es el malo y Besteiro es el necio.

Cuando uno leía lo que era la historia oficial del PSOE hasta hace bien poco Negrín quedaba obliterado y lo que podía leer es que Besteiro era el hombre bueno e íntegro que se quedaba para entregar Madrid mientras que todos los demás habían huído. De los contactos con la quinta columna y de sus esperanzas vanas nada se decía. Negrín acabó siendo expulsado del partido y en el exilio andaban todos a puñaladas metafóricas Lo interesante de la historia es que siempre se puede reescribir y tiene uno miedo al futuro porque no sabe ni con qué pasado vamos a acabar.

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Episodios Nacionales: Juan Martín El Empecinado

17/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Y del Cádiz de las Cortes vamos subiendo hasta tierras de la Alcarria y del sistema Ibérico por donde Gabriel de Araceli se une a la partida del Empecinado, cuyo mote no le viene de la obstinación aunque el cómo la negrura del cieno se convirtió en tozudez y si fue a través del personaje cómo lo logro, aún no lo he llegado a comprender. Fue el Empecinado uno de los muchos que lucharon contra la invasión francesa a los que luego el Deseado no se lo agradeció de buenas maneras.

Perdóneseme la digresión y a toda prisa vuelvo a mi asunto. No sé si por completo describí la persona de D. Juan Martín, a quien nombraban el Empecinado por ser tal mote común a los hijos de Castrillo de Duero, lugar dotado de un arroyo de aguas negruzcas, que llamaban pecina. Si algo me queda por relatar, irá saliendo durante el curso de la historia que refiero; y como decía, señores, D. Juan Martín salió de su alojamiento a visitar los heridos, y al regresar, envionos a mi compañero y a mí orden de que nos presentásemos a él.

Capítulo VI

Aquí nos lleva Pérez Galdós por ese invento español de la guerra de guerrillas, que es el que seguramente resultó más característico de la Guerra de la Independencia y el tipo de combate que provocó multitud de sucesos que que inspiraron los desastres de Goya. Contiene además muchos elementos de guerra civil que contiene que seguramente marcaron las reglas del juego para las guerras civiles subsiguientes. En el capítulo XII se ve bien la agonía de la población, castigada tanto por franceses como por las guerrillas. Si la biografía del Empecinado recuerda a las de los fusilados en la purga de 1938 que gritaban “Viva Stalin” en el paredón, la situación de la población española entre 1808 y 1814 es parecida a aquella por la que pasó la francesa entre 1940 y 1944, sufriendo las acciones tanto de invasores como de resistentes. En las guerras no se sabe quienes son los buenos hasta que se acaban.

Dados los nombres ilustres de militares y voluntarios (guerrilleros) que Pérez Galdós cita y su escaso impacto actual en la memoria colectiva es de suponer que sus biografías son un aspecto bastante olvidado. (Dejo aquí unos enlaces sobre el texto para cuando quiera mirarlas con más detenimiento)

Al mismo tiempo que daban en tierra con el poder de Napoleón, y nos dejaron esta lepra del caudillaje que nos devora todavía. ¿Pero estáis definitivamente juzgados ya, oh insignes salteadores de la guerra? ¿Se ha formado ya vuestra cuenta, oh, Empecinado, Polier, Durán, Amor, Mir, Francisquete, Merino, Tabuenca, Chaleco, Chambergo, Longa, Palarea, Lacy, Rovira, Albuín, Clarós, Saornil, Sánchez, Villacampa, Cuevillas, Aróstegui, Manso, el Fraile, el Abuelo?

No sé si he nombrado a todos los pequeños grandes hombres que entonces nos salvaron, y que en su breve paso por la historia dejaron la semilla de los Misas, Trapense, Bessieres, el Pastor, Merino, Ladrón, quienes a su vez criaron a sus pechos a los Rochapea, Cabrera, Gómez, Gorostidi, Echevarría, Eraso, Villarreal, padres de los Cucala, Ollo, Santés, Radica, Valdespina, Lozano, Tristany, y varones coetáneos que también engendrarán su pequeña prole para lo futuro.

Capítulo V

Además del capítulo en el que se narran los sufrimientos de una población dos veces tomada por uno y otro bando, tiene este episodio un par de capítulos muy buenos a mi modo de ver, que son como el 21 en el que Luis Santorcaz explica su trayectoria y andanzas en la Francia revolucionaria y el 23 en el que mosén Antón Trijueque, canónigo rural, relata el despertar de su conciencia nacional, por así decirlo. Es una forma de poner en escena a dos arquetipos como son el afrancesado y el curita de armas tomar.

 


Mujeres en la guerra – Svetlana Alexiévich

01/05/2016

Portada

Hoy he tenido bastante tiempo libre y me heleído este del tirón. Llevaba dos meses en lista de espera: La guerra no tiene rostro de mujer de la premio Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich. Es una compilación de historias de mujeres soviéticas que participaron en la Segunda Guerra Mundial. Después me he dado cuenta de que hoy coinciden la Fiesta del Trabajo y el Día de la Madre (al menos en España). La conjunción del calendario hace especialmente idónea esta lectura en su fecha.

Creo que he tardado más de lo que quería en empezar el libro porque me habían advertido de unas cuantas imágenes terribles, que es cierto que aparecen y son reconocibles para cualquiera. En parte por eso estaba buscando un momento adecuado de estabilidad. Por desgracia ya tengo leídas cosas peores y aunque uno no elige esas cosas no creo que nada de aquí vaya a remplazarlas en mis pesadillas. Luego ese fenómeno fascinante de la compartimentalización de la mente humana entra en juego y a veces ocurre que una historia de amor traicionado o una lealtad a prueba de lustros acaban resultando más conmovedoras que la peor  de las crueles masacres.

“No escribo sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra” se contrapone al clásico “Arma viriumque cano”. El punto de vista femenino es algo necesario y en general ausente en la bibliografía bélica. La comparación más simple que se me ocurre es con la vida cotidiana y doméstica. Esa gran habilidad de la prójima para recordar aspectos de experiencias que yo he vivido en los que ni se me ocurriría pensar. Los varones ¿se acuerdan de qué ropa llevaban ayer sus compañeros de trabajo? Yo al menos, no. En las guerras hay millones de cosas así, si se multiplican por los millones de intervinientes. Mi memoria (poco femenina, creo) es bastante buena para recordar cosas como que en este párrafo en el que las traductoras han puesto cuchara en realidad se refieren a un calzador.

»En otra ocasión, en una sombrerería abandonada, elegimos unos sombreros. Esa noche dormimos sentadas para poder pasar un rato con los sombreros puestos. Nos levantamos por la mañana… Nos miramos al espejo por última vez… Nos lo quitamos todo y nos volvimos a poner nuestras camisas y pantalones de uniforme. No cogíamos nada. En el camino hasta una aguja resulta pesada. Llevábamos la cuchara en la parte de atrás de la caña de la bota, y ya está…»

Por otra parte, la fluidez de la lectura me hace pensar que se trata de una traducción excelente -he aprendido casi una decena de palabras (peal, – si bien me sorprende la elección de tadzhik en lugar de tayiko.

Este libro se conecta con mis intereses a través de varios soviéticos que lucharon en la guerra de España, entre años Vasili Korzh, bielorruso y Héroe de la URSS. También aparece una trabajadora de una de las casas en las que la Unión Soviética acogió a los niños españoles, pero sobre todo a través de la siempre problemática interacción entre Historia y memoria.

Si lo he podido leer de una tacada es en gran medida porque es una especie de reportaje de prensa. Una viñeta y otra y otra. Caleidoscopio de emociones, imposibilidad de abarcar todas las experiencias, casi ninguna conclusión. Creo que es un trabajo necesario y sin embargo esta superación hiperrealista ni es historia, ni es periodismo ni creo que sea literatura del todo, ya que los autores del texto parecen ser los personajes. Sin que entienda yo mucho de estas etiquetas me daría por llamarlo macrorreportaje (o reportaje sin límite de espacio o lo que sea).


El intento de invasión de Irlanda de Eduardo Brucio (1315)

27/01/2016

Sigo con la lectura de un tocho sobre Historia de las islas Británicas. He pasado ya la parte que más me interesa y, en llegando a cierto episodio del siglo XIV, he recordado unos paneles que fotografié en el túnel de acceso a Trinity College hace unas semanas. He estado varias veces en Escocia y había leído varias veces sobre estos reyes de Bruce o de Brus, pero esto no había dejado en mi memoria más que el consabido dato de que Escocia (sea lo que sea lo que esto signifique) luchaba mucho contra Inglaterra (ídem) hasta que perdieron y se acabaron uniendo (o siendo absorbidos). Incluso he estado en una colina de Stirling viendo venir la lluvia por los campos de batalla de Bannockburn, aunque bastante más ocupado de cosas de este siglo.

De esta miniexposición me interesó mucho la reconstrucción del Dublín de 1315 que aparecía en uno de los paneles. Pocas semanas antes habíamos estado de gira con una historiadora por el arrabal en el que trabajo últimamente, utilizando mapas antiguos como guía. Puede verse el castillo de Dublín, junto al lugar que da su nombre vikingo a la ciudad en el antiguo río que hoy es mera cloaca. La catedral de Christchurch en el recinto amurallado y la de san Patricio extramuros.

Reconstrucción digital

Reconstrucción digital del Dublín medieval

La narrativa de por qué una gente de la isla vecina se acercó a esta otra isla adolece de la clásica simplificación nacionalista. Voy a retomar el tema de que en realidad no se trata de dos islas. No son dos unidades aisladas, y de hecho las distancias por mar se recorren mucho antes que por tierra. Como no son dos islas, los gaélicos goidélicos de Escocia tienen su origen en Irlanda y en un principio Roma llamó a todos scoti “escotos”. La cultura irlandesa floreció en lugares como Iona hasta la llegada de los vikingos. En el nivel demográfico lenguas y filiaciones son diferentes memes en continuo flujo y en lucha por su “supervivencia” pero en el nivel político, que es de elites, los más relevantes en tiempos medievales nada tienen que ver con ideas e intenciones del siglo XIX que se traspasan alegremente a gentes del siglo XIV. Obviamente, si Irlanda no se hubiera independizado en el siglo XX un relato como el de estos paneles sería difícil de imaginar. En el siglo XIV ni siquiera Inglaterra era aún Inglaterra en el sentido etnonacional sino más bien una el poder de una corte normanda luchando por territorios tanto en las islas como en el continente. El tipo de narrativa identitaria, la ausencia de referencias a la estructura estamental de la sociedad y a la importancia de la religión y dar por sentada una conciencia nacional avant la lettre, conforman un recital monográfico de la falacia del historiador, siendo el tema panceltista el colofón.

De todos modos, yo hago una traducción aproximada de lo que ponía y luego cada quien que lo filtre como quiera o pueda.

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¿UN REY ESCOCÉS PARA IRLANDA?

En 1315, hace 700 años, los irlandeses eligieron por última vez a un rey de reyes . Se trataba de Eduardo, hermano de Roberto Brucio rey de los escoceses, que receintemente había logrado una gran victoria sobre los ingleses en la batalla de Bannockburn.

La INVASIÓN DE BRUCE 1315/2015

¿Por qué un rey escocés para Irlanda? ¿Por qué no? En cierto sentido, los escoceses eran irlandeses. A principios de la Edad Media, Irlanda se conocía en latín como Scotia, pero cuando una dinastía irlandesa – Dál Riata de Antrim – ganó ascendencia en el norte de la isla de Gran Bretaña pasó a conocerse como la tierra de los escotos (Scoti) y así nació Escocia.

¿Por qué Eduardo Brucio? Una vez más: ¿por qué no? Aunque su familia era en principio anglonormanda Eduardo y Roberto eran de extracción gaélica por parte de madre y tenían estrechas relaciones con el mundo gaélico de Escocia occidental y sus islas. Incluso se dijo que Eduardo había sido criado en Irlanda con el hombre que le animó a lanzar su invasión, Domhnall Ó Néill, del Úlster.

 

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DUBLÍN EN PELIGRO EN 1317

Dublín era la capital de la administración real inglesa y los dublineses eran muy leales a la corona de Inglaterra.

En febrero de 1317 la ciudad estuvo cerca de ser tomada por los hermanos de Brus. El rey de Escocia, Roberto Brucio, se unió a su hermano Eduardo que había sido nombrado rey de Irlanda en 1315. Los hermanos acamparon en Castleknock con las murallas de la ciudad a la vista.

Durante el pánico, los dublineses quemaron los arrabales de su ciudad y desmantelaron el priorato de los dominicos que había al norte del río Liffey para reforzar las murallas de la ciudad. También destruyeron el puente que cruzaba el río.

Los hermanos decidieron no sitiar la ciudad. Siguieron rumbo al sur, hacia Múnster, y así perdieron la oportunidad de capturar el cuartel general de los ingleses antes de que llegaran refuerzos de Inglaterra.

 

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FUEGO, HAMBRUNA Y ESPADA: LAS CAMPAÑAS DE LOS HERMANOS BRUCIO EN IRLANDA

1. Mayo de 1315. Un ejército escocés de unos seis mil hombres a cuyo mando se encuentra Eduardo, hermano de Roberto Brucio, el rey de Escocia arriba a las costas de Antrim. Muchos irlandeses se unen a la causa de Brucio con la esperanza de derrotar al poder inglés que rige Irlanda. Se planea incluso una alianza pancéltica de escoceses, irlandeses y galeses para terminar con la dominación inglesa.

2. Junio de 1315. Cerca de Carrickfergus, muchos nombles gaélicos dirigidos por Ó Néill del Úlster se juntan para unirse a Brucio. Los anales irlandeses indican que “todos los gaélicos de Irlanda acuerdan concederle el señoría y lo nombran Rey de Irlanda”. La mayoría de los colonos ingleses en Irlanda se le opone.

3. Agosto de 1316. En la batalla de Athenry, la más sangrienta de toda la invasión, los escoceses no participaron en nada. Fue una derrota desastrosa para los irlandeses de Connacht – se dice que unos mil quinientos fueron decapitados. Supuso un subidón de moral para los colonos ingleses. El sello municipal de Athenry conmemora la victoria, mostrando las cabezas de los reyes irlandeses empaladas por encima de los muros de la ciudad.

4. Febrero de 1317. Los hermanos Brucio habían llegado a Castleknock pero deciden no sitiar la ciudad de Dublín. La llegada de refuerzos ingleses termina con un intento de conectar con los irlandeses de Munster y pronto el famélico ejército de Brucio se retira.

5. Octubre de 1318. Marchando hacia el sur desde el Úlster con la intención de realizar un último esfuerzo, Eduardo Brucio se arriesga a una batalla en campo abierto contra el ejército inglés en Faughart, al norte de Dundalk, donde pierde la vida y con ella su reino irlandés. Aunque la tradición señala “su tumba”, en realidad el cadáver fue desmembrado y partes del mismo colgadas a las puertas de varias ciudades irlandesas. El vencedor, Juan de Bermingham, llevó la cabeza de Brucio al rey Eduardo II de Inglaterra. Fue tal el alivio que supuso la derrota de la mayor amenaza al poder inglés en Irlanda que este pequeño barón fue elevado al estatus de conde de Louth tras haber puesto fin a la invasión de Brucio.

Mapa (1315)

Mapa (1315)

Aquí hay un pdf con una versión en calidad más que decente de los paneles. No sé cómo no se me ha ocurrido buscar antes de poner mis malas fotografías.


Homenaje a Cataluña

27/11/2015
Primera edición (1938)

Primera edición (1938)

Debe de ser este mes de noviembre en que hace cuarenta años del fin de los cuarenta años el que me ha provocado este renovado interés por la guerra por antonomasia. Se me ha ocurrido leer el Homenaje a Cataluña de Orwell. La primera edición, de 1938, que acabo de enterarme de que después trastocó el orden de los capítulos. Yo había leído Rebelión en la Granja de joven y es uno de los escasísismos libros que habré leído dos veces y me parece un libro fantástico para vacunarse de muchas cosas en la vida (tengo amigos de mi misma de tribu que no entienden mi escepticismo por Podemos). También 1984, que no me gustó tanto y desde hace unos cuantos años lo tengo algo desvalorizado. Nunca había caído en la cuenta de que Homenaje a Cataluña fuera anterior a las otras dos, que tienen en cambio más renombre.

En cambio siempre había tenido la sensación de que me conocía el rollo porque hará unos veinte años vi la película aquella de Ken Loach, Tierra y libertad, que también trataba de un guiri que se alistaba para ir a defender la República o algo y pasa por Barcelona y acaba en el frente de Aragón. Es muy parecida, aunque el de la peli se convierte de comunista a poumista y Orwell va con el POUM desde el principio, más que nada porque estaba vinculado a su partido de Inglaterra. En la peli de Loach estaba muy surrealista y poco creible la escena del debate aquel en el que el alcalde español de un pueblo de paletos de los años treinta chapurrea inglés.

Por cierto, que creo que este libro lo compran muchos catalanes (es que lo he visto en la estantería de varios amigos catalanes) y creo que algunos se sentirán defraudados de que el autor en realidad pase más tiempo en Aragón que en Cataluña y no haya casi nada específicamente catalán en él (en algunos momentos al parecer alguien habla algo en catalán, pero casi dudaría de si Orwell -que hablaba muy poquito castellano- podía establecer la diferencia). En realidad es un detalle de saber vender libros. “Homenaje al POUM” o “… al ejército de milicias” o “… a la revolución española” hubieran envejecido mucho peor. No hay más que ver al POUM, primero masacrado por Moscú, y al final disuelto en el PSC. Esto último pasó hace 35 años y seguiro que hace quince sonaba mejor que ahora, pero en estos tiempos acabar en el PSC suena a lo peor de lo peor.

Entonces, Orwell llega a Barcelona y va a la guerra con su mujer a la que ni nombra en el libro pero que se pasa la vida en un hotel mientras él anda por los frentes de Huesca. Esto no lo entiendo mucho, lo de llevarse a la guerra a la mujer. También el libro se tendría que escribir hoy de modo muy distinto si se tiene en cuenta lo que llaman “perspectiva de género”. Orwell y Hemingway y compañía es difícil que den otra impresión que la de haber venido a España a nada más que a divertirse y a sus aventurillas y que en el fondo lo que les pasara a los españoles les importaba un carajo. En total pasa medio año por aquí, que puede parecer mucho o poco. Obviamente en una guerra una semana es mucho, pero para comprender un país, con medio año aún falta bastante. Me fascina cómo para no conocer la lengua parece enterarse de matices sutilísimos de la inaprehensible situación política de la época (lo cual me hace suponer que muchas cosas las dice de oídas o se las inventa) y defiende bastante lo de que es posible hacer la revolución a la vez que se intenta ganar una guerra, que ya se vio en lo que quedó. Lo bonito es que con suerte y dinero se sale de todos los sitios y de ahí a Inglaterra a escribir en el cottage y a no colectivizar nada. Tiene una frase buena en lo de que el carácter español no sirve mucho para el totalitarismo. Falta mucha fe y fuerza de voluntad como para eso, ahí si que acertó.

Yo quiero ser una fábrica de independentistas y se me ocurre intentarlo con la máquina de dar saltos en el tiempo para atrás y para adelante. Me pongo en Barcelona (precisamente en 1984) y me acuerdo de aquel anciano del polvorín que criticaba el pujolismo en su momento de mayor gloria y decía que esa forma de ser catalán no podía ser “nosotros liberamos Cataluña, y cuando la habíamos liberado nos fuimos a liberar Aragón”. Me parece ahora que había intuido mejor el egoismo pujolista que el amigo charnego que me explicaba una nochevieja vieja lo bueno que Pujol había sido para Cataluña. En estas semanas de 2015 me parece interesante ver como el postpujolismo anda arrastrándose ante un grupo antisistema y me parece difícil no imaginarme a la Generalidad de Companys y la CNT de 1936-37. No es que estemos precisamente ante los sucesos de mayo, todo es como más de broma pero ¿Si Mas y sus amiguetes no doblegan a la CUP cómo van a doblegar a España? ¿Y cómo va la CUP a destruir el capitalismo si no consigue ni destruir a Mas? La primera como tragedia y la segunda como farsa.


Una historia de la guerra civil que puede gustar o no

17/10/2015
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Portada goyesca de la segunda edicción

Aproveché mi reciente paso por tierras de España para hacerme con varios libros en mi lengua materna. Por ejemplo, uno de 2005 que he estado leyendo estos días: Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie de Juan Eslava Galán. A estas alturas de la vida tiene uno ya a sus espaldas bastantes libros de la guerra por antonomasia (para nosotros) y se sigue acercando a ella con interés pesimista en tanto que evento fundador de la psique nacional contemporánea.

Eso sí, la perspectiva ha ido variando desde el partidismo sesentayochista que alumbró nuestra juventud hasta cierto escéptismo nihilista que sólo consigue rebajar la improbabilidad estadística de que como país volvamos a caer tan bajo. De adolescente leí libros como loa que se venían publicando desde los años setenta y que más o menos trataban de desacreditar la bibliografía oficial del franquismo y creo que debido a no haber pasado yo mismo por esa etapa anterior se me quedó la sensación estúpida de haber perdido una guerra que sucedió decenios antes que uno mismo.

Por supuesto, la revancha bibliográfica adolecía a veces de los mismos defectos que la de los vencedores: romanticismo, maniqueísmo y falta de aprecio por la verdad, entre otros. Así pues, mientras que mi yo adolescente se transportaba a los años treinta para defender a la República del fascismo y de sí misma, el actual sabe que en las mismas se iría del país para seguir pensándolo desde lejos, que en el fondo es lo que ha hecho algo después y con mucha menos causa.

Es correcto lo que dijo de este libro el amigo que me lo recomendó: “es sensato y ameno”. Es lo mejor que se puede decir dado que no existe un modo medianamente justo de abarcar un acontecimiento de esta magnitud, que tan grave y diversa fortuna e infortunios deparó (y repartió de modo tan irregular) entre tantos millones de españoles.

Mapa

Mapa del 18 de julio de 1936 (Wikipedia)

Pero en fin, yo creo que el autor hace un buen trabajo yendo continuamente del micro al macro e ilustrando escenas de la vida más o menos cotidiana del período bélico para diversos tipos de personas en las diversas Españas que quedan a cada uno de los lados del frente. Aunque la historia sea consabida siempre adquiere uno datos nuevos o nuevos modos de mirar las cosas. Por ejemplo, me gustó la descripción del estado inicial de cosas del 18 de julio que supera lo que puede mostrarnos el mapa que habremos visto tantas veces:

España partida por gala en dos. Sobre el papel, rebeldes y republicanos parecen casi equilibrados: los golpistas dominan 230.000 km2 de territorio con diez millones y medio de habitantes; el gobierno los supera en 40.000 km2 y en tres millones y medio de habitantes. En términos económicos, el gobierno controla las regiones industriales y mineras, pero los sublevados tienen las zonas cerealistas y ganaderas. En principio parece que la situación es favorable para el gobierno, pero en términos de abastecimiento el resultado es preocupante: la República deberá alimentar a más del cincuenta por ciento de la población con menos de un tercio del trigo nacional, con una quinta parte de las vacas y con una décima parte de las ovejas.

Este aspecto de la distribución del ganado lo desconocía y me parece muy relevante si se tiene en cuénta que tipo de economía era la España del los años treinta. También me ha llamado la atención esta nota de los inicios del conflicto sobre cuán diferente era la soldada en uno y otro bando:

El combatiente nacional recibe cincuenta céntimos diarios; el miliciano de la República, diez pesetas, el jornal de un obrero especializado (aproximadamente lo que gana un alférez en el bando nacional). Con tan generosa asignación muchos milicianos desprecian el rancho cuartelero y prefieren comer en un restaurante barato, donde un almuerzo o una cena valen dos pesetas.

Me parece bastante ilustrativo de una de las causas a las que se suele atribuír el fracaso militar del bando republicano (falta de organización y disciplina) y más en general, del de todo tipo de programa político que pretenda redistribuir a lo grande sin demasiados miramientos.

Otro aspecto que se deja ver bastante bien es el de la retaguardia. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las muertes violentas no ocurrieron “en” la guerra sino “durante” la guerra, es un aspecto que en general se descuidó bastante en la bibliografía hasta que recientemente ha pasado a tener todo el protagonismo político de un modo parejo al modo en que la memoria del Holocausto ha sustituído a la de la guerra mundial. Aquí les faltan palabras a los idiomas para deslindar lo que es guerra de lo que es aún peor. Falta una taxonomía del terror ya que llamar genocidio a todo tampoco vale (y es contraproducente además). Como digo, es la vida en las retaguardias algo que queda bastante bien esbozado en su diversidad.

No quisierá escribir más que para eso está leer el el libro. Quien quiera conocer aspectos de la vida íntima de Millán Astray, un los pormenores de la rebelión de Cartagena y el bombardeo al barco nacional que dejó diez veces más muertos que el de Guernica, el intrigante proceso que llevó a Franco al mando único, la maquinaria del terror falangista y una cantidad enorme de operaciones militares, en general poco exitosas, de las que apenas se ha oído hablar pero que dejaron centenares de muertos olvidados tiene este libro para hacerlo.

Por último una línea, que es la que los ingleses llaman de flotación: a mí sí que me ha gustado.


Leningrado

20/09/2015
Tragedia de una ciudad sitiada

Tragedia de una ciudad sitiada

Anoche acabé el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado. Me imagino que habrá descripciones mejores “a vista de pajaro” de las operaciones militares; esta obra entra como un zoom en la vida de los petersburgueses que escribían diarios. Por supuesto ofrece información sobre el desarrollo de la invasión alemana hasta que el cerco se cierra en septiembre de 1941, aunque del mismo modo ese frente informativo se cierra en gran medida durante la mayor parte de los capítulos para pasar a describir otros aspectos, entre los cuales es muy interesante el de la maquinaria del poder soviético y sobre todo el de la vida (y la muerte) en la ciudad.

La séptima de Shostakovich es la banda sonora obligada de esta lectura. Yo la había escuchado muchas veces y sigo sin llegar a entenderla bien, más allá de que reconozco los pasajes inquietantes. Del mismo modo me resulta muy difícil entender el hambre o cómo de difícil es sobrevivir a treinta grados bajo cero con una ración diaria de 250g de pan, para los que además hay que hacer cola. Es difícil entender los cadáveres abandonados por las calles y la masa famélica acudiendo a sus puestos de trabajo, pero sobre todo me resulta absolutamente incomprensible cómo en una situación así todavía hay conferencias, conciertos y exámenes en la universidad. Creo que no podemos entender y que en una situación ni siquiera tan grave todos los que intentamos comprender algo de esto seríamos de los primeros en caer.

En fin, hemos aprendido bastantes cosas de la geografía y la historia de una ciudad que algún día quisiéramos ver con nuestros propios ojos. Es interesante pensar que la iglesia de la Resurrección se salvó de la destrucción paradójicamente a causa del inicio de la guerra. No sabía o no recordaba haber leído que el plan de Hitler era destruir por completo tanto Moscú como Leningrado, aunque por la idea que tengo “plan” sea un modo demasiado generoso de definir los delirios de las sobremesas en la Guarida del Lobo.

La División Azul española aparece en dos breves notas: una a propósito del frío (azul por el color de sus caras) y otra en la que se indica que la defensa de sus posiciones en febrero-marzo del 1943 fue más que decente a pesar de la condescendencia alemana. Se habla una vez de españoles dentro del cerco, pero no de su destino posterior (tengo leído que algunos de los niños de la guerra de España salieron por el “puente” del Ladoga).

En la tradición de la bibliografía inglesa aquí las culpas se reparten entre la brutalidad nazi y la brutalidad soviética. El más malo es Hitler y el segundo Zhdánov. Me pregunto cómo son los libros que se leen en Rusia sobre estos episodios de la Gran Guerra Patria. Me puedo imaginar que sean bastante diferentes.