Croke Park revisited

05/03/2017

Mi plan para el sábado era quedarme en casa a resguardo de la lluvia y del frío e interrumpir mis lecturas sólo con el seguimiento guasapero de los derroteros de mi club de ajedrez de toda la vida, hoy en horas algo más bajas. Pero se presentó mi buen amigo Carlos con entradas para el hurling y el fútbol gaélico en Croke Park y me pareció una buena idea volver, después de tantos años.

No es que tenga ningún interés especial ni conocimientos de ninguno de estos deportes, pero realmente no hay que saber demasiado. Al final hay unas porterías y los que metan más goles ganan, y el dominio territorial y quién muestra superioridad física son análogos a los del resto de los deportes, sobre todo al fútbol, así que puedo decir que sé más de esto que de rugby.

Lo de vivir los colores y tal es lo que no. El partido de hurling enfrentaba a Dublín con Waterford y el de fútbol a Dublín con Mayo, que son campeón y finalista respectivamente del torneo del año pasado, así que se supone que buen partido. Los de la capital fueron superiores y vencieron en ambos lances. Dada la demografía de la isla esto debería ser lo habitual, sin embargo ha habido rachas de muchísimos años en las que Dublín no se ha comido una rosquilla en nada, porque esto es un poco como el deporte rural en el País Vasco, que tiene mucho más empaque en el retropaís en el que no hay demasiadas opciones de ocio que en las ciudades.

El gran Carlos y yo nos ponemos allí a hablar de nuestras movidas haciendo caso tangencial al espectáculo, pero he de decir que esta vez el fútbol gaélico me ha gustado bastante más que las veces anteriores. Hubo varias tanganas, y noté que el árbitro no fue tan expeditivo como creo que lo habría sido en la variedad internacional y pudo verse un partido algo más competitivo y fácil de seguir que en el hurling, donde entre que la bola es pequeña y se mueve rápido de un lado a otro del campo es más complicado saber qué está pasando y quién domina.

Lo único malo fue que hacía bastante fresquito y menos mal que las entradas eran de tribuna y podía uno entrar a un bar que había en esa zona del estadio. A pesar de que hace años que no bebo alcohol (es un decir), mi abstención es como las dietas de otras y se me ocurrió echar una pinta de negra gaznate abajo para combatir el frío, que suele ser mala idea a medio plazo. Tres horas sentados a cuatro grados y con viento, aunque sea a cubierto de la lluvia, son algo a lo que uno ya no está acostumbrado, pero las rodillas entumecidas no son nada que no pueda resolver el camino de regreso apresurado a casa y una buena ducha caliente.

Reflexión: Algo como el fútbol gaélico podría ser tranquilamente un deporte mundial, si no hubiera otros ocupando ya su nicho. De hecho, poder tocar el balón con pies y manos parece una solución más próxima al estado de naturaleza. Obviamente quedará relegado a Irlanda donde es interesante la cantidad de gente y dinero que mueve, especialmente en los condados rurales. Ayer leímos que tan sólo en el catering del estadio trabajan unas 300 personas. Esto debe de ser cuando se llena el aforo de 80.000 plazas, quizá ayer fueran menos (calculo que habría unos 30.000 espectadores). Por lo general, los extranjeros que vivimos en Irlanda somos totalmente ajenos a este mundillo pero en la tribuna oí a dos grupos separados que hablaban español.


“Patria” de Fernando Aramburu

07/11/2016
km

Dulce et decorum

No recuerdo la última vez que había leído una novela larga (+600 pp.) del tirón. Anoche a las tres de la mañana acabé la muy reciente “Patria”, de Fernando Aramburu, que había empezado unas cuantas horas antes. Supongo que no será una novela universal, pero puede que acabe siendo una gran novela regional. Eso irá en función de cómo se considere en el futuro que es de acertada para describir una época: si se puede decir con justicia que estas historias son verosímiles y por extensión que tres décadas de la vida en el País Vasco (y más específicamente en Guipúzcoa) fueron aproximadamente así.

En lo literario me parece que la arquitectura de la narración y en especial eso que siempre me parece tan complejo de los saltos en el tiempo es más que notable. También la construcción de los personajes. Luego, mirando con lupa encuentro tanto aspectos que me incomodan como la continua mezcolanza del estilo directo con el indirecto en la narración (pero nadie dice que no se pueda escribir así) como otros que me fascinan, como la reproducción precisa del dialecto guipuzcoano del castellano, que yo he olvidado mucho más deprisa que el autor. Eso aunque yo diría que el condicional y el imperfecto de subjuntivo no se confunden por allí tanto tanto.

En lo representativo de la época, tal y como yo recuerdo aquel tiempo, así fue. Y en gran medida así sigue siendo. Algunas viñetas y en espacial ciertos diálogos me chirrían un poco como para considerarlas representativos (36), pero seguro que los ha habido incluso peores. Creo que se incurre en algún anacronismo inevitable, como cuando en el año en el que muere Txomin Iturbe (1987) en un eslogan abertzale aparece Euskal Herria, topónimo antiguo al que no se otorga protagonismo político hasta ya entrados los noventa.

Es muy preferible que los libros que nos deje aquel tiempo perdido sean como este y no la épica barata de una panda de fanáticos.


El centenario

27/03/2016
Casa de Aduanas

Casa de Aduanas

“El Centenario” es el título del pasacalles que a falta de otra cosa tiene por himno en la aldea de donde llegué ayer. No sé exactamente a qué cien años de soledad alude, pero lo de que sea una charanga antes que una banda militar la encargada de la solemnidad musical del lugar regala cierta merecida modestia y esa no es pequeña virtud cuando de evitar el ridículo se trata.

Liberty Hall

Liberty Hall

Hoy no hace cien años de nada, pero en el Domingo de Resurrección de hace un siglo se rindió la insurrección chapucera que quizá consiguió acabar gananando tras la derrota y el martirio. No en vano, el nacionalismo vasco se fijó en esta fecha para iniciar parejo bucle melancólico. Quizá el estado español también aprendió algo de los errores británicos y eso haya contribuido a que las cosas sigan siendo las que son.

Puente Rosie Hackett

Puente Rosie Hackett

Durante mis tiempos en Vasconia, el domingo de Pascua era una fecha políticamente bastante indiferente para el noventa por ciento del espectro político que va del nacionalismo vasco no militante al españolismo recalcitrante. Son los problemas técnicos de ubicar una festividad en domingo cuendo este día ya de por sí es festivo. Es parecido por tierras de Irlanda.

St Stephen's Green

St Stephen’s Green

Hoy salimos de casa por aquello del “yo estuve allí”. El principal acto de conmemoración era un desfile militar. En general, los irlandeses no son muy buenos para las celebraciones callejeras y provisionalmente se lo vamos a imputar también al clima. Hace muchos años vi los fuegos artificiales que se anunciaban como “del milenio” y luego fueron como los que lanza en verano cualquier localidad española con plaza de toros. Sé que todos los años hay un desfile el día de san Patricio que apenas es más que la celebración anual de cualquier instituto de secundaria un poco grande. En lo específicamente militar, si uno ha visto los desfiles de los rusos en la Plaza Roja o los que monta el de Corea del Norte con sus misiles, coreografía y demás parafernalia y espera algo similar, se sabe que va a quedar defraudado con las exiguas fuerzas militares irlandesas. Pero qué diablos, ya se sabe que estamos celebrando un fracaso.

George's st

George’s st

No hemos tenido paciencia con la muchedumbre, creo que menor de la esperada. La música militar que nunca nos supo levantar nos ha encontrado en los columpios del prado de san Esteban y apenas hemos visto parte del desfile a través de una pantalla gigante, junto con otras decenas de personas, en un ratito afortunado de sol. Una patrulla aérea ha pasado por encima formando la bandera tricolor con delicadas columnas de humo. Más ilusión que ninguna otra cosa es la que me ha hecho la posibilidad de pisar las calzadas que normalmente ocupa el tráfico rodado.

Firmantes de la proclamación de 1916

Firmantes de la proclamación de 1916

En los muelles podía uno subirse al Ciara y el Beckett. Éste último tiene por emblema el Yoda de la Guerra de las Galaxias.


Sabiniana

25/01/2016
La del yonqui también tiene que ser una historia curiosa

La del yonqui ese también tiene que ser una historia curiosa

La bandera que diseñaron los hermanos Arana en 1894 acabó siendo en 1979 la enseña oficial de la recién instaurada Comunidad Autónoma del País Vasco. Siempre me ha parecido justa la opinión de que la bicrucífera son en realidad dos banderas: una sería esa bandera de los mástiles que representa el statu quo oficial, sin embargo la mayor parte de las veces que esos colores se manifiestan en el mundo real representan algo más primitivo y ambicioso.

Ese ha de ser el caso en el grafiti que puede encontrarse en el callejón del sicomoro en Temple Bar. Una calle que une dos de las vías importantes que son paralelas al río – Dame st y Fleet st – pero que nadie conoce por el nombre porque está compuesta de salidas de emergencia y no contiene nada. En cambio ha generado una buena oportunidad para intentar averiguar qué plátanos son y cuáles no son sicomoros.

Calle del sicomoro

Calle del sicomoro (Temple Bar, Dublín)


Bélfast: mi edificio favorito

29/03/2015
Belfast

Belfast

Hace unos días, cuando me acordé de Bélfast, menté de pasada el edificio de la TGWU que tiene un mural de baldosas a mi modo de ver fascinante en su relativa fealdad eisensteniana. Por llenarlo de referencias personales diré que tiene también algo de las oficinas de esas fábricas que cerraron en el País Vasco en los años de la reconversión industrial y de aquella en la que el botones Sacarino se la liaba al Dire y al Presi.


Mapa mental de Guipúzcoa

15/10/2013
Mapa mental

Mapa mental

He asistido a una discusión sobre cuáles son las comarcas de la provincia de Guipúzcoa. Hay diferentes modos de subdividirla. Hace un tiempo que no voy y habrá cambiado algo, pero yo la recuerdo así.


El bosque rojo y el vasco azul

10/02/2013
Mapa del inicio de la batalla

Mapa del inicio de la batalla

Hoy hace setenta años de la batalla de Krasny Bor, lugar cuyo nombre significa “el bosque rojo” aunque el topónimo viniera antes que la sangre. En ese día más de un millar de españoles murió enfrentándose a la operación militar soviética que intentaba aliviar el cerco de Leningrado.

La División Azul es una de esas anomalías de la historia que llaman la atención de todos. ¿Qué pintaban unos españoles allí? Desde el punto de vista más macro posible eran los malos de la película y bien está que perdieran. Defendían un régimen inhumano que consideraba que los hombres se dividen en grupos raciales y que su posición o su mera existencia en el planeta debe estar determinada por la raza a la que según su pseudociencia pertenecían. Ese régimen que gobernó Alemania durante doce años no se conformaba con la contemplación autosatisfecha de sus ideas estúpidas sino que se puso a llevarlas a cabo de modo criminal, primero dentro del país y luego en una campaña agresiva y asesina contra otros países y sus ciudadanos. Desde el punto de vista macro de la historia, todos los que contribuyeran a ese esfuerzo están condenados. Poco importa cómo se comportaron individualmente o si, como en el caso de la campaña de la Unión Soviética, el sistema político contra el que combatían tampoco lo inspiraban criterios de excelencia acordes con nuestros valores actuales.

Luego está la visión desde abajo de la historia, lo que se ve cuando uno pone los pies en el suelo y a la mirada a la altura de la de la gente pequeña. En esta visión micro, cuando uno está luchando sobre la nieve frente a enemigos en aproximada igualdad de condiciones  y si se respetan los códigos de honor de la guerra, al final un soldado es igual que otro soldado, independientemente de si la causa final que le ha llevado allí es la más noble o la más infame. Del mismo modo, cuando se quebrantan todas las normas de la decencia y se bombardean poblaciones con civiles, mujeres, niños y ancianos o cuando se utiliza la violación como arma de guerra, es bastante indiferente si eso se hace en nombre de la peor infamia o de los más altos valores de la democracia.

Me ha interesado siempre la historia de Rusia, que en el otro extremo del continente no tiene demasiados puntos de contacto con la de España. Por eso celebro las figuras de Agustín de Betancourt, o del general De Ribas y he leído mucho sobre los niños enviados por la República durante la guerra y algo sobre la División Azul. Me ha fascinado la idea de todas esas gentes que hablaban mi idioma en un mundo cultural tan distante y diferente.

Si en una guerra un bando es un mundo, del mismo modo cada batallón y cada una de las compañías que toman parte en ella son un microcosmos de gentes diversas. La visión simplista de la División Azul es la de unos fascistas españoles que van a dar su apoyo al Führer de Alemania y que coinciden en todo con los nacionalsocialistas alemanes. Luego mirando de uno en uno a los voluntarios y a los menos voluntarios nos encontramos con un poco de todo: un poco de fascistas, otro poco de aventureros, algunos perdedores del bando republicano que intentan redimirse o librar a alguno de los suyos de las represalias, algunos para que la guerra de España había supuesto una experiencia tal que ya no sabían o querían hacer otra cosa e incluso otros que huían del hambre. Mi padre me ha contado muchas veces que dos de su pueblo fueron, alentados por sus novias, que querían que fueran a ganar medallas. No volvieron.

Cuando yo tenía unos diez años, una pareja de ancianos se instaló en otro piso de nuestra planta, en el edificio en el que aún viven mis padres. Era una matrimonio podría decirse que de la burguesía guipuzcoana venida a menos, habían tenido una negocios textiles, pero se retiraban a vivir la última parte de su vida a una ciudad dormitorio y no a los barrios elegantes de la capital, lo cual digo yo que significaba algo.

Ambos murieron hace cosa de un lustro. Una de las últimas veces que pasé por allí cuando aún vivían mi madre me dijo que aquel señor le había contado cómo fue piloto de aviones con los alemanes en Rusia. Curiosamente aquel año yo había asistido a una especie de homenaje a una red francesa que ayudaba a llegar a territorio español a pilotos aliados cuyos aviones habían sido derribados en la Francia de Vichy. Saltaban en paracaídas, y una red clandestina les ponía en casas seguras y los ayudaba a cruzar la frontera cuando se daban las condiciones. En el acto, celebrado en el ayuntamiento de una población guipuzcoana, había unos cuantos pilotos ingleses de la RAF.

A menos de un kilómetro mi vecino octogenario había participado en otro episodio de la misma guerra y en cambio no era digno de homenajes por formar parte del lado malo. No veo los homenajes estrictamente como una forma de loa, sino como un modo de mirar al pasado, contar historias antiguas y aprender. ¿Cuántas historias interesantes no podría haber contado aquel hombre? Estar en el lado incorrecto le priva incluso de la atención, cuando otros que han luchado en el bueno pueden haber llevado a cabo actos de guerra más censurables. En la historia oficial que le gusta oír a la gente en el País Vasco los alemanes bombardearon Guernica y no hay sitio para un viejecito de apellido vasconavarro que volaba sobre Rusia en un avión de guerra alemán.