Episodios Nacionales: Zumalacárregui

04/01/2020

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

El día en que se cumple el centenario de Pérez Galdós me alcanza iniciando la tercera serie de los Episodios Nacionales, uno de mis propósitos de lecturas para este año 2020 (y ya veremos, que voy con un año de retraso con respecto a la idea original). La primera novela de la serie es Zumalacárregui.

La acción transcurre en el país vasconavarro entre 1834 y 1835 en plena guerra carlista. Muchos escenarios por los que pasé siglo y medio después. Galdós ciertamente tenía oído para lo dialectal:

Saben ustedes -les preguntó- si están en la venta los miqueletes?

-Ya se fueron, pues, con tropa. Volver ya harán, pues, a las diez. La cena ya pedirle han hecho a Casiana.

Chapelgorris dormir hacen por la noche… y algunas noches ya hemos visto, pues, subir monte, y hablar confianza con partidas.

-No me fío -dijo Fago-; y ahora van ustedes a hacer lo que yo les mande, pero sin tratar de engañarme, porque en este caso lo pasarán mal.

-Serviremos ya, pues.

En el capítulo de cosas vascongadas variadas, unos carlistas hablan de cazar como erbias a los cristinos. Erbiak es liebres en vasco, pero si alguna vez lo he sabido no lo recordaba. A veces me ha dado por comparar cómo las raras veces que se meten palabras gaélicas en una conversación en inglés se respecta el plural original. Creo que tiene más que ver con cómo funcionan el inglés y el español que con las lenguas de origen. En otro orden de cosas, cuando Galdós escribe Hiújujú creo que se refiere grito festivo llamado irrintzi.

Hay una breve mención a Miguel Antonio, hermano de Tomás Zumalacárregui, un personaje que dio mucho juego pero al que la historiografía ha postergado. En general los mártires de casi cualquier causa reciben bastante mejor trato sobre todo si lo son a edad temprana. El hecho de que en el país vasco sean pocos los que saben del hermano liberal del general carlista es causa y consecuencia de la imagen que los vascos de hoy tienen de sí mismos.

Esta lectura me ha recordado que hace tiempo quise leer y pospuse The Most Striking Events of a Twelvemonth’s Campaign with Zumalacarregui in Navarre and the Basque Provinces de Charles Friedrick Henningsen, aventurero de biografía fascinante.


Episodios Nacionales: Los apostólicos

29/12/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La novena novela de esta serie es Los apostólicos, que el autor escribió en 1879 haciendo referencia a la situación española durante la etapa final de Fernando VII, entre 1829 y 1833 en la que se da su último matrimonio con María Cristina de Borbón Dos Sicilias y el nacimiento de su hija que reinaría como Isabel II. Existe una tensión creciente entre los bandos liberal y absolutista y en ambos sectores aparecen nuevas sociedades secretas como los numantinos y los apostólicos respectivamente. El asunto sucesorio es uno de los grandes temas del momento y en poco tiempo estos bandos serán cristinos y carlinos.

Entre los fragmentos de bella prosa que encontré me agradó especialmente este alegato de D. Benigno Cordero sobre el deber:

-El cumplimiento estricto del deber en las diferentes circunstancias de la existencia es lo que hace al hombre buen cristiano, buen ciudadano, buen padre de familia. El rodar de la vida nos pone en situaciones muy diversas exigiéndonos ahora esta virtud, más tarde aquella. Es preciso que nos adaptemos hasta donde sea posible a esas situaciones y casos distintos, respondiendo según podamos a lo que la Sociedad y el Autor de todas las cosas exigen de nosotros. A veces nos piden heroísmo que es la virtud reconcentrada en un punto y momento; a veces paciencia que es el heroísmo diluido en larga serie de instantes.

Tambén este otro sobre el cainismo español que si hoy es bélico en sentido figurado en el siglo XIX lo era literalmente:

Hay pueblos que se transforman en sosiego, charlando y discutiendo con algaradas sangrientas de tres, cuatro o cinco años, pero más bien turbados por las lenguas que por las espadas. El nuestro ha de seguir su camino con saltos y caídas, tumultos y atropellos. Nuestro mapa no es una carta geográfica sino el plano estratégico de una batalla sin fin. Nuestro pueblo no es pueblo sino un ejército. Nuestro gobierno no gobierna: se defiende. Nuestros partidos no son partidos mientras no tienen generales. Nuestros montes son trincheras, por lo cual están sabiamente desprovistos de árboles. Nuestros campos no se cultivan, para que pueda correr por ellos la artillería. En nuestro comercio se advierte una timidez secular originada por la idea fija de que mañana habrá jaleo. Lo que llamamos paz es entre nosotros como la frialdad en física, un estado negativo, la ausencia de calor, la tregua de la guerra. La paz es aquí un prepararse para la lucha, y un ponerse vendas y limpiar armas para empezar de nuevo.

Y este extenso coloquio que se da entre D. Benigno Cordero y D. Felicisimo Carnicero en el capítulo XVIII y que trata del eterno problema de España y la dicha que espera a quien huye del mundanal ruido:

-He perdido todas las ilusiones. He vivido mucho tiempo en España en medio de las tempestades de los partidos victoriosos, y mucho tiempo también en el extranjero en medio del despecho de los españoles vencidos y desterrados. La experiencia me ha hecho ver que son igualmente estériles los Gobiernos que persiguen defendiéndose y los bandos que atacan conspirando. Yo he conspirado también algunas veces, y en aquellos trabajos oscuros he visto en derredor mío pocos móviles generosos y muchas, muchísimas ambiciones locas, apetitos y rencores que no se diferenciaban de los del despotismo más que en el nombre. La realidad me ha ido desencantando poco a poco y llenándome de hastío, del cual nace este mi aborrecimiento de la política, y el propósito firme de huir de ella en lo que me quedare de vida.

-Bien, bien -dijo D. Felicísimo agitándose en su asiento y golpeando sus manos una con otra en señal de júbilo-. Es usted un enemigo más de esas endiabladas teorías constitucionales y de esas invenciones satánicas llamadas partidos y del estira y afloja de Cortes que gobiernan y rey que reina y hurga, por aquí y escarba por allá, y el demonio que lo entienda… De pensar así a ser apostólico proclamando esta gloriosa monarquía del porvenir no hay más que un paso. Le veo a usted en el buen camino y en jurisdicción apostólica.

El caballero no pudo reprimir la risa que estas palabras provocaron en él.

-¡Yo apostólico! -dijo-. No espere tal cosa el Sr. D. Felicísimo. Para que eso suceda será preciso que Dios varíe mi natural ser, y arranque de mí la memoria. Esa forma nueva del despotismo que se anuncia ahora va a ser más brutal que cuantos despotismos se han conocido, porque sobre todos sus inconvenientes va a tener el de ser populachero. No es el absolutismo de Felipe II o de Luis XIV, grande, aristocrático, batallador, adornado de mil glorias militares y artísticas, y que disculpa sus atrocidades con grandes empresas y conquistas de mundos; va a ser un sistema de mojigatería y desconfianza, adicionado con todas las corruptelas de las camarillas que vienen funcionando desde los tiempos de Godoy. Se alimentará del suelo por dos grandes raíces, una que estará en las sacristías, claustros y locutorios de monjas, y otra que se fijará en las tabernas donde se reúnen los voluntarios realistas. Va a ser una tiranía ramplona que si es sufrida por nuestro país, lo que dudo mucho, pondrá a este en un lugar que no envidiará seguramente ninguna región del África.

Al oír esto D. Felicísimo hizo un gesto tan displicente que su cara se arrugó toda, y desaparecían los ojos, y los pliegues de sus labios se extendieron multiplicándose y describiendo un número infinito de rayas hasta el último confín de las orejas.

-Según eso es usted liberal…

-Lo soy, sí, señor; soy liberal en idea, y deploro que el país entero no lo sea. Si no estuvieran tan arraigadas aquí las rutinas, la ignorancia, y sobre todo, la docilidad para dejarse gobernar, otro gallo nos cantara. El absolutismo sería imposible y no habría apostólicos más que en el Congo o en la Hotentocia. Por desgracia nuestro país no es liberal ni sabe lo que es la libertad, ni tiene de los nuevos modos de gobernar más que ideas vagas. Puede asegurarse que la libertad no ha llegado todavía a él más que como un susurro. Es algo que ha hecho ligera impresión en sus oídos, pero que no ha penetrado en su entendimiento ni menos en su conciencia. No se tiene idea de lo que es el respeto mutuo, ni se comprende que para establecer la libertad fecunda es preciso que los pueblos se acostumbren a dos esclavitudes, a la de las leyes y a la del trabajo. A excepción de tres docenas de personas… no pongo sino tres docenas… los españoles que más gritan pidiendo libertad entienden que esta consiste en hacer cada cual su santo gusto y en burlarse de la autoridad. En una palabra, cada español, al pedir libertad, reclama la suya, importándole poco la del prójimo…

-Luego usted -dijo D. Felicísimo, que ya había recobrado la fijeza pétrea de su rostro- no es liberal al modo de acá.

-Lo soy al modo mío, según mi idea, y creo que estos principios, aprendidos donde no son sólo principios sino hechos, prevalecerán en todo el mundo y conquistarán todas las tierras incluso España; pero cuando me detengo a calcular el tiempo que tardaremos en ser conquistados, me confundo, me mareo, porque todos los años me parecen pocos para tan grande obra. De aquí mi escepticismo, que no es realmente escepticismo, sino tristeza. Creo en la libertad porque he visto sus frutos en otras partes; pero no creo que esa misma libertad pueda darlos allí donde hay poquísimos liberales y de estos la mayor parte lo son de nombre. España tiene hoy la controversia en los labios, una aspiración vaga en la mente, cierto instinto ciego de mudanza; pero el despotismo está en su corazón y en sus venas. Es su naturaleza, es su humor, es la herencia leprosa de los siglos que no se cura sino con medicina de siglos. He visto hombres que han predicado con elocuencia las ideas liberales, que con ellas han hecho revoluciones y con ellas han gobernado. Pues bien, esos han sido en todos sus actos déspotas insufribles. Aquí es déspota el ministro liberal, déspota el empleado, el portero y el miliciano nacional; es tiranuelo el periodista, el muñidor de elecciones, el juntero de pueblo y el que grita por las calles himnos y bravatas patrióticas. La idea de libertad entrando súbitamente aquí a principios del siglo nos dio fórmulas, discursos, modificó algo las inteligencias; pero ¡ay!, los corazones siguen perteneciendo al absolutismo que los crió. Mientras no se modifiquen los sentimientos, mientras la envidia que aquí es como una segunda naturaleza, no ceda su puesto al respeto mutuo, no habrá libertades. Mientras el amor al trabajo no venza los bajos apetitos y el prurito de vivir a costa ajena no habrá libertades. No habrá libertades mientras no concluya lo que se llama sobriedad española que es la holgazanería del cuerpo y del espíritu alimentada por la rutina; porque las pasiones sanguinarias, la envidia, la ociosidad, el vivir de limosna, el esperarlo todo del suelo fértil o de la piedad de los ricos, el anhelo de someter al prójimo, la ambición de sueldo y de destinos para tener alguien sobre quien machacar, no son más que las distintas caras que toma el absolutismo, el cual se manifiesta según las edades, ya servil y rastrero, ya levantisco y alborotado.

-Según eso -dijo D. Felicísimo que empezaba a estar algo confuso-, usted considera a nuestro país inepto para las libertades. Por consiguiente, como no puede haber más que dos clases de gobiernos y el liberal es imposible, tenemos que aceptar el absoluto.

-No -replicó el otro-, porque una ley ineludible arrastrará, mal de su agrado, a España por el camino que ha tomado la civilización. La civilización ha sido en otras épocas conquista, privilegios, conventos, fueros, obediencia ciega, y España ha marchado con ella en lugar eminente; hoy la civilización tan constante en la mudanza de sus medios como en la fijeza de sus fines, es trabajo, industria, investigación, igualdad, derechos, y no hay más remedio que seguir adelante con ella, bien a la cabeza, bien a la cola. España se pone las sandalias, toma su palo y anda: seguramente andará a trompicones, cayendo y levantándose a cada paso; pero andará. El absolutismo es una imposibilidad, y el liberalismo es una dificultad. A lo difícil me atengo, rechazando lo imposible. Hemos de pasar por un siglo de tentativas, ensayos, dolores y convulsiones terribles.

-¡Un siglo!

-Sí, y esta es la causa de mi tristeza. Yo me encuentro en la mitad de mi vida. He trabajado mucho por la idea salvadora; pero ya me siento fatigado y me reconozco sin fuerzas para esta labor inmensa que será cada día mayor. Otros vendrán que arrimen el hombro a tan terrible carga. Yo no puedo más. Las circunstancias en que me encuentro, solo, sin familia, lleno de tedio y viendo cuán poco hemos adelantado en la cuarta parte de un siglo, me desaniman atrozmente. Reconozco que cuanto de mis fuerzas dependía ya lo hice; está mi conciencia tranquila y me retiro. Hasta ahora yo no he vivido para mí ni un solo día. Llega la hora en que me es necesario vivir un poco para mí. No obteniendo gloria ni siquiera éxito, el sacrificio de mi existencia a un ideal sería estéril; pues vivamos, vivamos siquiera un poco y descansemos. Sobre las ruinas de mis quiméricas ambiciones se levanta hoy una ambición grande, potente, la ambición de ser feliz, tener una familia y vivir de los afectos puros, humildes, domésticos. ¡Es tan dulce no ser nada para el público y serlo todo para los nuestros! Apartado de todo lo que es política, deseando el olvido, miro a todas partes buscando un rincón en que ocultarme y a donde no llegue el fragor de la lucha.

Creo que podré acabar la segunda serie antes de que termine 2019 y será de las mejores cosas que haya hecho con mi tiempo libre.


Yo fui un ministro de Stalin

16/11/2019

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Ahora que parece que puede haber un gobierno con ministros a la izquierda del PSOE es buen momento para revisar los escritos de uno de los dos ministros comunistas que en España han sido: Jesús Hernández Tomás (1907-1971), que formó parte de los gobiernos de Largo Caballero y Negrín al mismo tiempo que Vicente Uribe (1902-1961), en plena guerra civil.

Debe tenerse en cuenta que el libro Yo fui un ministro de Stalin fue publicado en 1953 y que en 1944 Hernández ya había sido expulsado del Partido Comunista de España. Ofrece una interesante perspectiva de muchos aspectos del periodo bélico, empezando por las elecciones de febrero de 1936 en las que, según un pequeño detalle trivial que descubro en la primera página, el escrutinio empezó a las seis de la tarde. Entre los principales temas están el de la caída del gobierno de Largo Caballero en mayo de 1937, la persecución contra el POUM y cómo se produjo el hundimiento de la zona centro-sur tras el golpe de Casado y sobre todo el papel que la dirección del PCE y los agentes soviéticos desempeñaron en todos estos asuntos.

Selecciono un par de párrafos que me interesan . Es el primero la recreación de una conversación de Hernández con el secretario general  del partido, José Díaz, que resulta curiosa desde la perspectiva de la evolución del pensamiento político izquierdista en relación al problema de España. De aquí salió el folleto de Hernández El orgullo de sentirnos españoles, a cuyo contenido atribuyo la capacidad de incomodar a la militancia comunista o podemita actual más que la descripción detallada de los crímenes estalinistas.

—¿Qué te parece si comenzamos a desplegar una campaña, hábilmente desarrollada, tendiente a despertar en nuestro Partido un sentimiento de orgullo por todo lo español? —me preguntó Díaz.
La mirada de Díaz se había animado. De sus ojos negros se desprendía ahora un reflejo de malicia y de contento. Su ocurrencia le animaba. Prosiguió:
—… Si logramos encender la llama del entusiasmo por lo español, por nuestras costumbres, nuestras glorias, nuestros guerreros, por nuestras tradiciones, será más fácil llevar al Partido hacia una política auténticamente nacional, que en caso necesario, comprenda nuestra posición.
—Me parece excelente la idea.
—Tú debes abrir el fuego —dijo.
—¿Cómo?
—Preparando una serie de artículos en los que exaltes desde el Cid a los Reyes Católicos, desde Numancia a las Germanías, desde los Comuneros al Alcalde de Móstoles. Habla de nuestras glorias y grandezas, de España madre de pueblos, de conquistadores y misioneros, de genios de las letras, de la pintura, de la ciencia. Habla de todo y de todos, desde Viriato a los heroicos milicianos del Cuartel de la Montaña… De todo lo que se te ocurra, pero exalta lo español, despierta entre los comunistas el orgullo de ser español.
El entusiasmo de Díaz crecía con sus propias ideas.
—…Habla con Mije. Dile que el Comisariado de Guerra transmita instrucciones a todas las unidades para que los periódicos y alocuciones de los comisarios sigan esta línea. Nuestras Divisiones —agregó— cantan canciones con música de himnos soviéticos. Que acaben con eso. Que canten con música española, aunque sea de zarzuela. Desde el Agit-Prop del Partido debes tomar inmediatamente medidas para que nuestros camaradas desplieguen una intensa campaña en todas las fábricas de producción de guerra, dando a entender que agradecemos los auxilios de los demás, pero que, en definitiva, todo dependerá de nuestro esfuerzo.
Observaba un poco admirado a Díaz. Debió de comprenderlo, pues me dijo:
—Te asombra oírme hablar así ¿no?
—Me asombra y me entusiasma. ¡Ojalá podamos hacer vibrar a nuestra gente en esta misma pasión!
—De ti va a depender mucho —indicó.
—Por mí no ha de quedar —declaré.
—¡Es increíble! Tener que comenzar a conspirar en nuestro propio Partido y en nuestro propio país para poder hacer una política nacional —comentó Díaz.

El tema principal del libro es la intromisión soviética en España, que puede entreverse en todos los demás asuntos. Uno muy interesante son las relaciones entre los dirigentes comunistas españoles, también mediada en gran medida por Moscú. De José Díaz se suele escribir simplificando que a pesar de ostentar el cargo orgánico teóricamente superior no tuvo demasiado protagonismo durante la guerra debido a sus problemas de salud (se acabó suicidando en Tiflis en 1942 aquejado del dolor de un cáncer estomacal). Sin embargo en política siempre hay algo más en la zona en que lo ideológico se entremezcla con lo personal. Aqui sobre Pasionaria:

Comprendiendo Antón lo inestable de su situación, buscó la manera de afianzarse en un puesto de dirección del Partido. Y dio en la flor de enamorar a Pasionaria. Pasionaria le defendería. Pasionaria intrigaría cerca de la delegación soviética para sostenerle a él. Y no se equivocó. Pasionaria olvidó que era la mujer de un minero; se olvidó de que tenía dos hijos con tantos años como su amante; olvidó que su esposo, Julián Ruiz, se batía en los frentes del norte; olvidó el decoro y el pudor; se olvidó de sus años y de sus canas y se amancebó con Antón sin importarle la indignación de cuantos sabían y conocían sus ilícitas relaciones. Togliatti, Codovila y Stepanov —que ya preparaban a Pasionaria para heredar en vida a Díaz— complacieron a ésta. Antón dejó de ser comisario del frente de Madrid, pero pasó a dirigir la Comisión político-militar del Partido. José Díaz había dicho a Pasionaria:

—«Me tienen sin cuidado tus asuntos privados, pero ya que tengo que ser forzosamente alcahuete de tus amoríos (pues si el hecho trasciende se vendría al suelo todo tu prestigio, y tu nombre lo hemos convertido  en bandera moral y de ejemplo de mujeres revolucionarias), debes saber que todo el aprecio que tengo por Julián lo siento de desprecio por Antón».

Era la de Pasionaria una de esas pasiones seniles que en su desenfreno saltan sobre toda clase de obstáculos y que a ella habría de llevarla hasta el sacrificio de su propio hijo. Rubén Ruiz, capitán del Ejército Rojo, se haría matar en la U. R. S. S. para huir de la vergüenza de ver a su padre comido de piojos y muerto de hambre en una fábrica de Rostov y a quien, además, no le permitieron visitar por prohibición expresa de su madre, mientras veía a Antón vivir espléndidamente y pasearse por Moscú en el automóvil de su madre. Esa pasión provecta, insana, que motivaría también la muerte de Julián en medio de la más negra desesperación y maldiciendo el nombre de Pasionaria y de Stalin, esa pasión era un odio inextinguible contra José Díaz, que le había escupido su desprecio en plena cara.

La ruptura sentimental de Pasionaria y Antón tiene luego rasgos de crueldad inusitada. Es curioso como la mujer ha acabado ocupando un espacio de santa laica de la memoria histórica que da nombre a calles y plazas en Vasconia y por toda España cuando tiene actuaciones más que discutibles en el plano politico y en el moral (en cambio los ministros Hernández y Uribe son dos vizcaínos olvidados en términos memorialísticos en un espacio geográfico e ideológico en el que hay más casos, como Óscar Pérez Solís, con una biografía  más que reseñable.

También y dada las circunstancias actuales me interesa un párrafo en el que se trata la capacidad de sembrar cizaña entre los socialistas que el PCE tuvo durante la guerra. Esto condicionó la división en facciones y la práctica desaparición del venerable partido obrero durante los años cuarenta, lo obliteración de Negrín de la historia oficial del PSOE hasta tiempos muy recientes y una desconfianza mutua que no estoy seguro de que se haya superado, aunque estaré atento a los acontecimientos. El PSOE que salió de Suresnes lo tenía muy claro, el sanchista no lo sé.

Si nos proponíamos demostrar que Largo Caballero, o Prieto, o Azaña, o Durruti, eran responsables de nuestras derrotas, medio millón de hombres, decenas de periódicos, millones de manifiestos, cientos de oradores darían fe de la peligrosidad de estos ciudadanos con tal sistematización, ardor y constancia que, a los quince días, España entera tendría la idea, la sospecha y la convicción del aserto metidos entre ceja y ceja. Alguien ha dicho que una mentira, cuando la enuncia una persona, es simplemente una mentira; cuando la repiten millares de personas, se convierte en verdad dudosa; pero cuando la proclaman millones, adquiere categoría de verdad establecida. Es esto una técnica que Stalin y sus corifeos dominan a las mil maravillas.
Para nuestro combate político contábamos, además, con algo de que carecían las demás organizaciones: la disciplina, el concepto ciego sobre la obediencia, la sumisión absoluta al mandato jerárquico y el hombre de un solo libro… Ello generaba toda la energía de la acción cerrada, maciza, rectilínea, absoluta de los comunistas ante no importa quién ni qué.
¿Qué había frente a esta tromba granítica? ¡Helo aquí!: un partido socialista roto, dividido, fraccionado, laborando en tres direcciones divergentes; con tres hombres representativos: Prieto, Caballero y Besteiro, que luchaban entre sí, y a los que poco después se agregaría uno más: Negrín. Nosotros logramos sacar de sus suicidas antagonismos ventajas para arrimar el ascua a nuestra sardina. Y hoy apoyábamos a éste para luchar contra aquél, mañana cambiábamos los papeles dando un apoyo a la inversa, y hoy, mañana y siempre empujábamos a unos contra otros para que se destrozaran entre sí, juego que practicábamos a ojos vistas y no sin éxito. Así, para aniquilar a Francisco Largo Caballero nos apoyamos principalmente en Negrín y, en cierta medida, en Prieto; para acabar con Prieto utilizamos a Negrín y a otros destacados socialistas; y de haber continuado la guerra, no hubiéramos titubeado en aliarnos con el diablo para exterminar a Negrín cuando éste nos estorbase, o bien habríamosle invitado a tirarse de un balcón como más tarde harían los comunistas checoslovacos con Massarik. Es el destino de todos cuantos se alían con el engendro comunista de Stalin.

Como indiqué al principio el libro se escribió en 1953. El nombre de Santiago Carrillo no aparece ni una sola vez. Un efecto retrospectivo de la memoria histórica creada en la Transición es atribuirle a Carrillo un papel de mayor importancia en la guerra del que realmente tuvo.

Seguramente nada de lo que en este libro se indica tenga relevancia presente y aún y todo me resulta muy difícil sustraerme a la tentación de comparar.


Episodios Nacionales: El terror de 1824

29/09/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Tras un lapso de varios meses prosigo con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La séptima novela de esta serie es El terror de 1824, que es el año que da comienzo a la Década Ominosa tras los tres años constitucionales del Trienio Liberal.

Puede que haya sido el episodio que menos me haya agradado desde que empecé con ellos hace un par de años. No en pequeña parte debido a que es la hora de la derrota de los liberales, del prendimiento y ejecución de Riego. En el segundo capítulo llevan al héroe hacia Madrid y se nos ofrece un grito que ilustra cómo la nación española, quién lo diría hoy, fue a lo largo del XIX una construcción de la izquierda:

Era que venían por el camino de Andalucía varias carretas precedidas y seguidas de gente de armas a pie y a caballo, y aunque no se veían sino confusos bultos a lo lejos, oíase un son a manera de quejido, el cual si al principio pareció lamentaciones de seres humanos, luego se comprendió provenía del eje de un carro, que chillaba por falta de unto. Aquel áspero lamento unido a la algazara que hizo de súbito la mucha gente salida de los paradores y ventas, formaba lúgubre concierto, más lúgubre a causa de la tristeza de la noche. Cuando los carros estuvieron cerca, una voz acatarrada y becerril gritó: ¡Vivan las caenas! ¡viva el Rey absoluto y muera la Nación!

Ahí se dio un cambio más de un siglo después que voy a comparar a la inversión de los polos magnéticos por ser a priori improbable o en la experiencia práctica infrecuente. Más continuidad puede verse en la tradición de lo que después se llamó el exilio interior. Galdós llama a los exiliados en Inglaterra emigrados, que es adjetivo más preciso que los participios activos que vemos en estos tiempos. En Madrid, Benigno Cordero sale de presidio y piensa que es mejor dejarse de líos y llevar la disidencia en silenciosa dignidad, cosa que desgraciadamente han tenido que seguir haciendo españoles de los siguientes dos siglos:

-Desde hoy -dijo-, Benigno Cordero no es más que un comerciante de encajes. No adulará al absolutismo, no dirá una sola palabra en favor de suyo; pero no, ya no tocará más el pito constitucional ni la flauta de la milicia. A Segura llevan preso. Yo tengo ideas, sí, ideas firmes, pero tengo hijos. Es posible, es casi seguro que otros, que también tienen mis ideas, las hagan triunfar; pero mis hijos por nadie serán cuidados si se quedan sin padre. Atrás las doctrinas por ahora, y adelante los muchachos. Ahora silencio, paz, retraimiento absoluto… cabeza baja y pico cerrado… pero ¡ay! alma mía, allá recogida en ti misma y sin que te oigan los oídos de la propia carne en que estás encerrada, no ceses de gritar: «¡Viva, viva y mil veces viva la señora libertad!».

Hace ya unas décadas hubo un cambio legislativo para el registro civil y los documentos de identidad. Los ciudadanos del sexo femenino pasaban a denominarse mujeres en vez de hembras, incluidas las que no alcanzaban la edad de ser propriamente mujeres. A quienes se hayan formado tras la incorporación de esa modificación les puede resultar interesante esta muy correcta línea:

Componían tan hidalga familia la señora de Cordero y tres hijos, hembra la mayor y ya mujer, varones y pequeñuelos los otros dos.

No creo que haya muchas dudas sobre si escriben mejor las feministas del PSOE o Pérez-Galdós.


Cosas de la España medieval

21/07/2019

No sé cómo las negras podrían no ganar

Tenía pendiente anotar unas cuantas cosas sobre algunas lecturas de las últimas semanas, paso previo a que los volúmenes acaben en el peor de los estantes que es el del olvido.

Una tarde leí Introducción a la España medieval de Gabriel Jackson, obrita escrita a principios de los años setenta y que ha sido reeditada aunque no mejorada. No es que esté mal del todo pero es una introducción muy básica y creo que pensada para extranjeros.

Me encabroné un par de veces con el traductor. Para empezar habría que justificar mucho la utilización de formas como Abd al-Rahman y Al-Mansur en vez de las ya establecidas como Abderramán y Almanzor. También me encontré con la palabra cossante, que veo que no es sino cantiga. Otro momento de gran enojo fue aquel en el que se habla de “granjas” y “granjeros”. Y sobre todo cuando dice que las “granjas” tenían entre 3 y 12 acres. Uno se pregunta ¿en el contexto de la España medieval, qué cojones es un acre?

Respecto a lo de las granjas voy a establecer una de las leyes de la retrotraducción de alfanje. El 95% de las veces que leais granja o granjero en algo traducido del inglés está mal. Lo correcto sería para lo primero finca, fundo, terreno o explotación y para lo segundo campesino, agricultor o incluso la incómoda fórmula de agricultor y ganadero.

Con respecto a esas fincas valencianas agrimensuradas en agrios acres (cojones tiene la cosa) el buen traductor tiene dos opciones. La ideal es ponerse en contacto con el autor y ver de qué fuente primaria proviene el dato y de esa joya de documento en romance o árabe andalusí (en inglés seguro que no) extraer la unidad de medida, consista ésta en fanegas, almudes o atahullas. Si eso no es técnicamente posible siempre es legítimo recurrir a las hectáreas y al sistema métrico internacional. De los momentos que he pasado en la vida leyendo historia ibérica este ha sido este el más acre.

Cuando tenga algo de tiempo intentaré ponerme al día con las biografías de algunos personajes de la España hebrea o islámica cuyos nombres he tomado a vuelapluma: Zag de la Maleha, Al-Mushafi, Yahva ibn Yahva, Ibn Hud, Abu Fath Nasr, Tarub, Subh umm Walad, Abraham de Barchilón.

Me resulta curioso que los tratados que fijaron las fronteras entre los reinos hispánicos no sean demasiado conocidos. Otra cosa para investigar en algún rato ocioso:

Los tratados sucesivos de Tudilén (1151), Cazorla (1179) y Almizra (1244) definieron claramente las esferas respectivas de Castilla y de Aragón: Andalucía y la mayor parte del reino de Murcia quedaron en Castilla, mientras que Valencia, las Baleares y Alicante se atribuyeron a Aragón.  Hubo acuerdos semejantes entre Castilla y Portugal que asignaron el Algarve para Portugal.


Bola de cristal rayado

27/04/2019

Aquí y pocas veces allí

Desde esta cómoda distancia he seguido en cierta medida la campaña electoral española y aunque hace varios años que decidí no participar en elecciones no me resisto a dejar mis preferencias y pronósticos por escrito para que sean los años quienes confirmen cuán errado estuve como ciudadano y como adivino.

La primera idea que informa mi pensamiento es que el cambio que España necesita para mejorar no es político, sino que sería preferible uno de tipo económico o tecnológico o incluso moral. Pocas esperanzas puestas en lo que puedan traer estas elecciones que no cambiarán demasiado ni para bien ni para mal. El sistema institucional, bien anclado en la mentalidad colectiva, es lo suficientemente sólido como para que los cambios que él mismo prevé no lo desestabilicen.

Mi preferencia, moderada, es de hecho la estabilidad. Me alegro de no votar porque realmente no sé cuál sería el voto que mejor contribuiría a una große Koalition que aísle a los extremos y los extremismos (algo así como un gobierno de Ciudadanos con las alas razonables de PP y PSOE). Parece que todo el mundo espera o bien el gobierno del bloque de izquierdas con apoyo de los separatistas o bien el gobierno de centro-derecha con el apoyo de la nueva derecha más dura que aún no se sabe qué cariz tendrá. En todo caso el país no se hundirá sino que continuará su lento declive al ritmo de la molicie ciudadana y la inercia demográfica.

Quien quiera seguir con más de lo mismo ahí tiene al PP o al PSOE. En las últimas semanas les he oído alguna idea buena y he pensado que sería interesante verlos gobernar así algún día y cómo habrá sido que no les haya dado tiempo a poner esas cosas en práctica en todos estos años. Lo peor del partido socialista es quien lo dirige en estos momentos: un ególatra sin escrúpulos que haría cualquier cosa por mantenerse en el poder, sin menoscabo de la deriva posmoderna e identitarista que aflige a la socialdemocracia por doquier. Sus aliados tampoco tienen las cartas de presentación más recomendables ni defienden los modelos internacionales precisamente más admirables por sus resultados.

Con lo de siempre no llegaremos a ningún sitio, pero también es verdad que hay lugares mucho peores y que para ir a esos, mejor no moverse. Ciudadanos es partido de algunas ideas nuevas que están bien, otras como que considero moralmente reprensibles (vientres de alquiler) y todos los errores tácticos del mundo (¿no es obvio que renunciar a pactar con el PSOE te hace perder tu ventaja natural de estar en el centro del espectro?, y ¡qué fichajes, por dios!). Quizá algunas de las ideas (contrato único, recentralización selectiva) sean lo que haga falta en este momento, pero veo que tras un periodo de realineamiento este espacio acaba como el CDS.

Podemos es hoy por hoy un desastre comunista y bolivariano en horas bajas y Vox es un engendro conformado por un 25% de sentido común y un 75% de vacío envueltos en una bandera de España gigantesca. Ni el desprecio ni la devoción acrítica por lo que ha hecho de Occidente ser lo que es van a servirnos de nada.

Mi pronóstico se corresponde con lo que he visto en las encuestas. Si acaso creo que quizá Vox puede hacer un resultado incluso mejor del que se sugiere y acabar tercero. Ya dije que echaríamos de menos “el bipartidismo“. Alguna vez he acertado mucho con el panorama, con los números y en especial en esta ocasión es mucho más complicado.

ACTUALIZACIÓN 29.04.2019: Tras conocerse los resultados. No se ha repetido lo de Andalucía y al final la entrada de Vox ha sido más modesta con lo que mi apuesta arriesgada queda en agua de borrajas (al final el Twitter es una burbuja). Me ha sorprendido la bajada espectacular del PP, que en este nuevo sistema pentapartito tiene un suelo más bajo. También parece que los de “asaltar los cielos” y el “sí se puede” se quedan en la papelera de reciclaje de la historia por un rato. Hay posibilidad de continuar con el Frankenstein pero las matemáticas dan la posibilidad de un central PSOE – Cs como el que a mí me parecía bien (dependiendo del contenido programático, que al final los eslóganes…), pero como estamos a un mes de las siguientes elecciones me temo que tardaremos bastante en saber qué va a ocurrir realmente. Aunque sigo teniendo una opinión pésima de Pedro Sánchez le veo más legitimación ahora para encabezar el gobierno que con los 84 diputados misérrimos que arrastraba.


Trotski en España

16/04/2019

Mis peripecias en España

Como descubrí recientemente leyendo una de sus biografías, en el otoño de 1916 León Trotski pasó un par de meses en España tras ser expulsado de Francia. Luego en 1924 ya siendo comisario del pueblo escribió sus impresiones de España para la revista literaria Krasnaya Nov, textos que acabaron convertidos en un libro que se publicó en 1926 y que Andrés Nin tradujo al español para una edición que salió a la luz en 1929, cuando Trotski estaba ya en su exilio turco. El hecho de que a ciertos otros rusos no les agradara demasiado la amistad de Nin con Trotski y que hicieran desaparecer al catalán en algún momento de 1937 supone que la traducción llamada “Mis peripecias en España” esté ya libre de derechos y al alcance de todos. Anoche mismo la leí con curiosidad.

Voy a meter unos párrafos para contar de qué va, aunque lo que ocurre es casi lo de menos. Básicamente son aventurillas y descripciones costumbristas de un ruso que no habla español y que intenta desenvolverse en francés en un país donde casi nadie lo habla. La historia empieza cuando a Trotksi lo echan de Francia. La policía lo acompaña hasta Hendaya y se lo empaqueta a la policía española. Lo dejan un poco a su aire y se va en tranvía desde Irún a San Sebastián. Me hace gracia pensar que el gran revolucionario usó el Topo para pasar por mi pueblo. Tras ascender a San Sebastián a la categoría de capital de los vascos sale pitando de la ciudad, que le parece cara. Deja un pasaje elogioso de su paisaje y otro menos favorable de su guardia municipal.

De San Sebastián Lev Davidóvich sale para Madrid, donde acaba en el talego. Antes de eso tiene tiempo de contactar con gente. Estuvo buscando a Daniel Anguiano pero no lo encontró porque se le había adelantado en ingresar en prisión. Intenta ir a los toros. Nin dice que hace un juego de palabras en ruso que es intraducible. He pasado la versión original por un traductor y parece que las corridas de toros se llaman en ruso luchas de toros…. Trotski se pregunta por qué si no hay toros luchando entre sí.

Antes de llegar a España Trotski ya había pasado tiempo en los Balcanes. Tiene una frase que teniendo en cuenta que es un siglo anterior a los Ceaușescu de Galapagar, resulta graciosa:

España, en la medida en que he podido verla (y casi no la he visto), se parece a Rumania, o para decirlo mejor: Rumania es una España sin pasado.

El primer fragmento en el que habla de Madrid plantea similitudes de la Europa meridional subdividida en tres penínsulas:

Madrid. La estación. Me hacen pedazos. Un gran número de existencias problemáticas. Mozos de cuerda, vendedores de periodiquitos, limpiabotas, guías, comisionistas de no se sabe qué y de todo, mendigos. En una palabra: esa multitud de la cual son tan ricas las tres penínsulas de la Europa meridional: la ibérica, la apenina y la balkánica.

Al leer lo de la península apenina he recordado un chiste que vi hace unas semanas y gracias al que descubrí que la península Ibérica se llama en ruso “península Pirenáica”. Ahora el nombre de la Radio Española Independiente conocida como “La Pirenaica”, que empezó a emitir en Moscú en 1941, adquiere una resonancia diferente: ¡Pirenaica es Ibérica!

Pireneiski poluostrov – Balkaniski poluostrov:

Donde más tiempo pasa Trotski es en Cádiz adonde lo llevan para sacarlo del país en un transatlántico que iba a La Habana pero pierden el barco y acaba pasando semanas en la ciudad más salerosa:

Un poco de estadística social: durante media hora que he pasado en el café, los chicos me han ofrecido doce veces el ABC, diario madrileño ilustrado; cuatro individuos me asediaron con billetes de lotería; tres pordioseros me pidieron limosna; tres vendedores ambulantes pasaron ofreciéndome cangrejos cocidos; dos trataron de venderme dulces misteriosos, y si los limpiabotas no vinieron a ofrecerme sus servicios, fue porque uno de ellos ya estaba lustrándome los zapatos desde que entré en el establecimiento.

Se documenta bien sobre la historia de España en la biblioteca a través de Adam y Bourgoing. En cambio no llega a conocer el milagro de Empel:

Hoy se celebra aquí una gran fiesta, la Inmaculada. La Inmaculada es la protectora de Cádiz y del Ejército español, mejor dicho, de la Infantería, pues la Inmaculada, no sé por qué, se especializó en este Cuerpo. Con motivo de esta fiesta hubo toros, a puerta cerrada, en los cuarteles.

Al final acaba haciendo la ruta Cádiz-Madrid-Zaragoza-Barcelona en tren para tomar un barco que sale de la ciudad condal el día de Navidad de 1916 y que le deja en Nueva York el 13 de enero del año en el que iba a cambiar el mundo.

Mucho mejor lectura que la mayoría de las cosas de Trotksi que había leído con anterioridad.