Supremacismo banal

02/12/2018

Hace unas semanas en animada conversación guasapera se me ocurrió parafrasear el concepto de Billig para denominar cierta actitud típicamente española que puede que hasta cierto punto dificulte el progreso del país y el paisanaje. Tiene que ver con todos esos enunciados del estilo de “como aquí no se vive en ningún lado”, y una serie de afirmaciones relativas al clima, el paisaje, la dieta, las tradiciones, el modo de relacionarse… que harían del modo de vida español una categoría superior en términos no estrictamente cuantificables.

No pretendo establecer una definición canónica del supremacismo banal: la idea no es más que una parodia, pero me resulta interesante que no lo he visto en otras culturas. Aunque sólo sea por sus efectos frente a terceros ya tiene que ser un rasgo político-cultural bastante más deseable que el supremacismo puro.

Me ha vuelto a rondar la idea en el día de las elecciones andaluzas, seguramente porque Andalucía sea la porción más tópica de España. El supremacismo banal y la ceguera ante otros modos de hacer las cosas son tan transversales que me hacen suponer que la decisión del electorado no puede tener ninguna incidencia para lograr cambios que podrían considerarse como positivos desde aquí, desde otro estilo de vida.

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Propaganda soviética

19/11/2018

Opúsculo

Fisgando entre los estantes de mi viejo me encontré con el curioso opúsculo “Junto a los patriotas españoles en la guerra contra el fascismo”. De unas cincuenta páginas y publicado por la editorial de la Agencia de Prensa Novosti de Moscú en 1986 se puede encontrar fácilmente en Internet pero no deja de ser curioso tener en casa algo que viene de tan lejos, ya no tanto en distancia kilométrica como en periodo histórico. Resulta curioso que la URSS a pocos años de implosionar siguiera financiando servicios de propaganda hacia el extranjero.

Ahora que llevo un año y pico interesado en la historia militar me voy a quedar con algunos números sobre los famosos asesores:

En publicaciones occidentales se pueden encontrar cifras fantásticamente exageradas sobre la participación de los soviéticos en las operaciones militares en España. La realidad es que durante toda la guerra española combatieron y pelearon al lado de la República unos 3.000 voluntarios soviéticos, de ellos, 772 aviadores,351 tanquistas, 222 consejeros e instructores de diversas armas, 77 marinos de guerra, 100 artilleros, 52 militares de otras especialidades, 130 obreros e ingenieros de las fábricas de aviación, 156 radiotelegrafistas y otros trabajadores de transmisiones y 204 intérpretes. Con una particularidad: en España jamás estuvieron al mismo tiempo más de 600 u 800 soviéticos.
y la ayuda militar:
El volumen global de los suministros de material de guerra soviético se ve expresado en las cifras siguientes: desde la Unión Soviética se envió al Gobierno español 806 aviones de combate (principalmente cazas), 362 tanques, 120 autos blindados, 1.555 piezas de artillería, cerca de 500.000 fusiles, 340 lanzagranadas,15.113 ametralladoras, más de 110.000 bombas de aviación, cerca de 3.400.000 proyectiles de artillería, 500.000 bombas de mano, 826 millones de cartuchos,1.500 Tm de pólvora, lanchas torpederas, estaciones de reflectores para la defensa antiaérea, camiones, emisoras de radio, torpedos y combustible. No todos estos pertrechos bélicos llegaron a su lugar de destino, pues, como hemos señalado ya, algunos buques soviéticos y buques de otros países fletados al efecto fueron hundidos por los piratas italianos o conducidos a puertos que se hallaban en poder de los facciosos.
Este cuadernillo es poco más que un ejercicio de nostalgia con recuerdos de notables militares soviéticos y digo que es de propaganda porque en él se omite el espinoso asunto del pago de la ayuda soviética y el salto 1939-41 que la narrativa da de hasta la Gran Guerra Patria sin hacer mención del pacto Molotov-von Ribbentrop.

España, república de trabajadores (Iliá Ehrenburg, 1931)

11/11/2018

Libro

Entre mis lecturas de este fin de semana ha destacado la de uno de los libros que me traje de España hace unas semanas. “España, república de trabajadores” publicado en la URSS a principios de 1932 a partir de las experiencias españolas del interesante año anterior de Iliá Ehrenburg (lo encontrarán como Ilya y como Erenburg, Ehrémburg y varias combinaciones de formatos).

El título invita a presuponer un tipo de relato mucho más político que el que se acaba presentando, que en el fondo es más bien costumbrista y me recuerda a nuestro Camba salvando lugares y décadas. El propio autor admite en el prólogo a la edición española que es un libro escrito en ruso y para rusos, lo cual se deja ver en varios lugares de la obra, que no contiene notas explicando, por ejemplo, que el nombre de un establecimiento madrileño llamado Sakuska (закуска) significa entremés o que Jlestákov (hay un capítulo dedicado a los jlestakov españoles) es el personaje de una obra de Gógol.

Es un libro muy del año treinta y uno en el sentido de que no recoge la tradición española o la historia de longue durée y sí acontecimientos que resultaron de importancia en su momento (por ejemplo las apariciones marianas en Ezquioga, Guipúzcoa) y que luego acabaron en lo que Trotsky llamó el basurero de la Historia. En otro momento Ehrenburg comenta que en España no existe el subsidio de desempleo: curiosamente y tras décadas de atraso en esta materia acabó implantándose al año siguiente (1932). Por decirlo de otro modo, es un libro de corresponsal más que de historiador.

Oigo y leo con cierta frecuencia una frase de un por lo demás para mí oscuro autor inglés que dice que the past is a foreign country. Mira uno hacia atrás ochenta años y se encuentra con una país irreconocible de niños famélicos que hoy no aparecen salvo en la propaganda de Podemos y servicios de tren lamentables en Extremadura, que aunque en esto haya cierta continuidad me imagino que ya no se tarda ocho horas en hacer los 100 km que separan Cáceres de Badajoz. (Leo también que el trayecto Granada-Murcia eran quince horas).

El género del costumbrismo y los viajes da mucho margen de maniobra para la hipérbole. En dos párrafos consecutivos se dice que Madrid se pone en marcha cuando los funcionarios comienzan a trabajar alrededor del mediodía. Y si eso tan exagerado era así parece que ha cambiado a mejor, aunque la desidia de los empleados públicos siga siendo proverbial al menos está ya en otra dimensión y a continuación se comenta una peculiaridad inextirpable de la idiosincrasia española que ha condicionado el tipo de lucha política que se ha producido en el país durante al menos cinco siglos: todo el mundo es individualista y a la vez quiere cobrar del estado.

Entre las contradicciones que Ehrenburg percibió en la España de 1931 menciona la que se daba la entre el lenguaje político revolucionario y la situación de subyugación de la mujer o el caso del incendiario de iglesias que tras su jornada acudía a misa en un templo intacto. Yo diría que los revolucionarios de salón que no aplican sus convicciones en el ámbito privado y los anticlericales devotos son figuras que han llegado hasta nuestros días.

Hay más continuidades como lo del cambio de nombres de las calles, el cambio de actitudes de los políticos que llegan al poder y mantienen a su servicio las estructuras que antes llamaban a destruir, esos catalanes que se las dan de más europeos o más avanzados que el resto de los españoles. Cuando tenga ocasión me pondré con el diario del diputado pacense que había viajado a la URSS y dejó escrito que los popes eran judíos, afirmación o broma que Ehrenburg mienta.

Por último, el autor comenta que al llegar a Madrid lo registraron acaso en busca del “oro de Moscú”. Como estamos hablando de 1931 este no puede ser el famoso oro con el que la República pagó a Stalin el armamento soviético. Tras una búsqueda en varios idiomas veo que la expresión ya estaba consolidada a finales de los años veinte en el sentido de pagos o salarios que Moscú hacía en el exterior a cambio de propaganda o de favorecer sus intereses. Pero era oro que Moscú pagaba.


Lo de Pablo Casado

20/05/2018

Imagen libre de derechos

Hoy en plena vorágine teórica sobre el chaleninismo parece casi olvidado que a principios de la semana hubo una polémica sobre la titulación en Derecho del otro Pablo [Casado], el del PP. Se discutía si era posible aprobar doce asignaturas del plan de 1953 en un año, en especial habiendo tenido un mal expediente académico hasta ese momento.

Aquí puedo dar mi opinión más o menos autorizada ya que soy licenciado en Derecho de ese plan, con un expediente pésimo y en el último año que vivi en España me matriculé de ocho asignaturas que me quedaban, que son casi dos cursos (el plan del 53 tenía 25 asignaturas a cursar en 5 años) y casi lo logré (aprobé siete y me marché por esos mundos). Un año después acabé siendo licenciado por la universidad que, según he leído, concedió grados a terroristas que estaban en el trullo sin haberla pisado ni un día, un tema que nunca ha sido del interés de la opinión pública pero que podría servir como baremo para indicar que si eso es posible, todo es posible. Y en efecto: con ayuda todo es posible. Y la ayuda a veces será el producto del poder político o influencia del que individuos o grupos dispongan.

A favor de Pablo Casado voy a decir que al planteamiento de cómo un mal estudiante puede aprobar más de un curso por añ, la respuesta es que en realidad SÓLO un mal estudiante va a intentar hacerlo. Los buenos van aprobando las asignaturas de los cursos cuando corresponden y hemos sido los malos los que hemos buscado la proeza. También he leído que alguien pedía que se mostraran los exámenes y recuerdo que alguna vez vi las toneladas de papel de exámenes en los contenedores del reciclaje de la facultad. Estas cosas no se guardan porque no tienen valor. Si a veces ni los títulos universitarios mismos lo tienen….

Volviendo a lo de la ayuda y tal, en mi opinión la clave está en cómo está montado el chiringuito universitario español, muy en beneficio de los que trabajan en las universidades desde el catedrático hasta el bedel y muy poco en beneficio de los alumnos, que suelen ser meros rehenes de unas luchas por recursos que no tienen apenas en cuenta sus intereses. El problema de la carrera de Derecho tal y como yo la vi es que estaba masificada (estuve en asignaturas en las que había miles de alumnos matriculados, cientos en cada grupo) de un modo en el que era más o menos imposible que los profesores lo conocieran a uno y los exámenes acababan siendo a veces un test que corregía un ordenador. Como no se podía hacer seguimiento de los alumnos, las asignaturas o bien eran esos tests o ejercicios brutales de memorización. La carrera formaba loros, que es como me parece que se seleccionan en España los notarios, jueces y fiscales: papagayos. El caso es que a mí me parece que un entorno tan masificado conocer a profesores puede suponer una gran ventaja. Yo hablé con dos en toda la carrera y es imposible que ninguno me recuerde. No sé si esto le puede parecer extraño a alguien y por eso aquí lo dejo escrito. Sólo que te conozcan ya es una gran ventaja, si además el profesor es amigo o compañero de partido eso ya es la bomba.

Para lo de aprobar muchas asignaturas en un año parte del problema está en que en principio uno se podía examinar en junio o en septiembre, pero no en otro momento lo cual supone que los exámenes que uno quiera hacer se concentran en un mes y, claro, es muy difícil retener una cantidad ingente de datos de doce materias distintas y hacer un maratón memorístico cada pocos días durante un mes. Sería mucho más factible si, tal y como me sugirió un amigo, la universidad funcionara como el examen del permiso de conducir. Cuando uno se considera preparado paga las tasas, va al examen y lo examinan. El problema creo que reside en que tal y como está montado este chiringuito no interesa mucho dar a todos los alumnos el poder de decidir cuándo examinarse. Pero si no se le puede dar a todos porque es inmanejable quizá pueda dársele a alguno…

La libertad de cátedra permite hacer cualquier tipo de cosa con lo cual si uno tiene amistad con un profesor éste le puede permitir hacer el examen en otras fechas. Sin duda en universidades privadas o menos masificadas esto es más fácil que ocurra. Básicamente la lógica es la de cualquier otro esfuerzo. Si un atleta tiene que correr cincuenta maratones en un año será más fácil lograrlo si hace uno a la semana que si concentra todos en un mes. No sólo es eso, un profesor amigo puede liberarle a uno de la mitad del temario, de las clases prácticas que hace el resto de los alumnos, de lo que quiera. La libertad de cátedra lo admite todo. No hace falta que a uno le regalen el aprobado, le pueden poner un examen tan fácil como se quiera, que viene a ser lo mismo que regalarlo. Muchas veces la causa de que haya asignaturas fáciles y difíciles no depende de la materia en sí, sino del rollo del que vaya el catedrático. Luego en la misma facultad de otra universidad diferente las fáciles y las difíciles cambian y son otras.

Entonces, ¿qué creo que ha pasado con Pablo Casado? Estoy diciendo que lo de las doce asignaturas en un año para un mal alumno es técnicamente posible pero seguramente muy improbable. Lo más probable es que, si no le han puesto los aprobados en el expediente sin haber ido ni a examinarse al menos le hayan dado la flexibilidad de hacer los exámenes cuándo le conviniera y le hayan indicado más o menos en qué iban a consistir, que ya es suficiente ventaja.

Ya hace años comenté que me parecía fascinante que los diputados tuvieran tiempo para dedicarse a una segunda actividad cuando a mí que tengo mucha menos responsabilidad no me dan las horas. Obviamente el ejercicio de la política para algunos es muy liviano o muy flexible u otorga otra serie de ventajas, como creo que habrá sido en este caso.


¡Viva Tabarnia!

06/05/2018

El Presidente de Tabarnia

Me trajeron este libro de España. Se lee muy deprisa. Más que un libro es la transcripción de las reflexiones de Albert Boadella durante una varias conversaciones. Hay bastante más elaboración sobre cómo se ha llegado a la situación actual en Cataluña que sobre el proyecto de Tabarnia, pero aprovecho el título del libro para dar un par de ideas respecto de lo último.

Hace cosa de un año (o seaantes de que la idea de Tabarnia surgiera con fuerza en los medios) tenía yo un texto medio preparado, con mapa y todo y con un planteamiento bastante similar. Creo que en general todos somos bastante incapaces de encontrar ideas políticas que llamen a pensar al adversario y Tabarnia lo hace. La idea de Tabarnia es un espejo meritorio para quienes plantean que el derecho de secesión es democrático y se puede plantear en cualquier ámbito. Lógicamente si Cataluña se puede segregar de España con el 50% + 1 de los votos, a su vez habrá zonas de Cataluña que podrán hacer lo propio. No va a ser Cataluña una unidad de destino en lo universal. A ver si España se va a poder romper con votos y no la provincia de Barcelona.

A diferencia de los mapas que veo de Tabarnia en mi idea de por entonces la continuidad territorial era esencial, por lo que un corredor litoral desde la desembocadura del Ebro hasta las zonas más pobladas de Cataluña (en principio hasta Blanes) habría sido parte necesaria de la Cataluña leal. También el valle de Arán y la ciudad de Lérida, pero como tras las guerras todas estos cambios cartográficos son negociables y cromos a cambiar por otras cosas . Hace cosa de un año este plan me parecía muy deseable, ya que si para España no es conveniente tener a dos millones de enemigos internos, menos lo será para una hipotética Cataluña independiente, donde otro tanto de población desafecta supondrían un porcentaje mucho más significativo de la población.

Estos escenarios parecen ahora mucho más lejanos de la realidad que hace unos meses, cuando de hecho ya lo eran muchísimo. Ahora bien, me sorprende que se haya tardado tanto en interpelar al independentista que prefiere una Cataluña unida dentro de España que una Cataluña independiente y mutilada. Y la balcanización es lo que tiene y una vez entrando en la dinámica de cambiar el mapa es difícil de evitar. En un momento dado España podría estar débil hasta el punto de que se le escape un trozo de la región pero no tanto como para perder todo el territorio ni a la población leal. Ni podría el gobierno de España dejar nunca a dos, tres, cuatro millones de sus ciudadanos desasistidos bajo la bota de un nuevo estado con pocas ganas de tratarlos bien. Hago un inciso para decir que siempre me ha parecido curioso que en ese escenario a los ciudadanos hispanohablantes se les tendrían que aplicarílas normas de derecho internacional que protegen a las minorías étnicas y que el tinglado ese de la inmersión monolingüe podría no tener el mismo cobijo que tiene dentro de España.

No sé cuánto llama esa idea a los partidarios de la independencia catalana. Si el trade-off fuera independencia-monolingüismo en la educación ¿cambiaría alguien de opinión?. Otra idea sobre la lengua que no veo lanzada en el debate y que me parece interesante para los separatistas es la siguiente. Veo que muchos de ellos ponen bastante énfasis en la unidad de la lengua catalana con el valenciano y los diversos dialectos del catalán de las islas Baleares. Obviamente esto sólo puede seguir así dentro de España. Si no, existe el riesgo de que del mismo modo que el serbocroata se ha dividido en serbio, croata y bosníaco la lengua valenciana y la mallorquina adquieran entidad propia en un país separado. Es posible que tuvieran que perder la oficialidad en la Comunidad Valenciana, Baleares y la Cataluña leal. ¿Eso interesa?

Al final la realidad demuestra que todo no se puede tener. El que crea que lleva medio año viviendo en la República Catalana está tan fuera de todo que no se le puede convencer de nada, pero hay que concentrarse en el centro del espectro. No blandiendo resoluciones del Tribunal Constitucional ni del Comité de Descolonización de la ONU que les importan un huevo sino ejemplos de las cosas que pueden perder de verdad. La economía no parece importar mucho de momento, los efectos negativos de este carnaval serán a largo plazo y además es una especie de revolución desde arriba propiciada por las secciones mejor protegidas de esa sociedad. Es de momento una guerra de símbolos.

Dejando Tabarnia a un lado, hace muchos años tuve la ocasión de ver Ubu President de Els Joglars en Madrid y aunque me reí mucho me quedé con la sensación de que la representación del totalitarismo pujolista era un tanto exagerada. Ahora ya no lo creo así y llevo un tiempo admirando mucho al viejo Tarradellas por su clarividencia. En los últimos meses he visto muestras de fanatismo, me llaman la atención sobre todo las que se producen en las escuelas, que no llegué a ver en el País Vasco de los años ochenta y aunque la ausencia de asesinatos de motivación política es algo a celebrar me pregunto hasta qué punto no hemos sido ciegos a lo que se estaba cociendo en Cataluña todos los que no estábamos allí. Ni hay un sol poble ni nadie tiene la intención de que alguna vez exista. Una vez determinada la correlación de debilidades y que la realidad es más tozuda que cualquier parte, el panorama para los próximos quince o veinte años está servido. No hay que empeñarse en resolver las cosas que no tienen solución, hay que gestionarlas del mejor modo posible que no es poco.


Paradoja de la línea de costa

07/04/2018

Estaba mirando un vídeo sobre la famosa paradoja esa de que con cuanta más precisión se intenta medir la costa más grande acaba siendo el resultado y menos útil el dato. Es bastante parecido a lo del mapa que idea Borges en Del rigor de la ciencia y hay otros cuantos ejemplos en los que la información menos precisa resulta más útil (por ejemplo, considerar que el promedio de piernas que tienen los seres humanos es 2 en vez de 1,9813212 que hipotéticamente podría ser la media exacta).

No tengo nada que añadir a esta paradoja de la costa, pero me ha llamado la atención el dato ibérico que aporta el vídeo según el cual la primera vez en que alguién puso su interés en este asunto allá por 1951 fuera al observar que la frontera entre España y Portugal era de muy diferente longitud según los datos que aportaba cada uno de los países (987 km o 1.214 km, pero no sé qué país daba cada cifra). Lewis Fry Richardson quería correlacionar la probabilidad de conflicto bélico con la longitud de la frontera común.

Otro dato fascinante del vídeo es que, según el manual de la CIA, Noruega sería el segundo país del mundo con más kilómetros de costa, después de Canadá. Los fiordos y tal. Me imagino que han actualizado los datos y ahora sale octavo, pero todavía con 25.000 km de costa, tanta como Australia y más que los EEUU. Si como es previsible los datos provienen de diferentes fuentes y métodos, este escalfón internacional realmente no será demasiado valioso.

 


Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.