Paradoja de la línea de costa

07/04/2018

Estaba mirando un vídeo sobre la famosa paradoja esa de que con cuanta más precisión se intenta medir la costa más grande acaba siendo el resultado y menos útil el dato. Es bastante parecido a lo del mapa que idea Borges en Del rigor de la ciencia y hay otros cuantos ejemplos en los que la información menos precisa resulta más útil (por ejemplo, considerar que el promedio de piernas que tienen los seres humanos es 2 en vez de 1,9813212 que hipotéticamente podría ser la media exacta).

No tengo nada que añadir a esta paradoja de la costa, pero me ha llamado la atención el dato ibérico que aporta el vídeo según el cual la primera vez en que alguién puso su interés en este asunto allá por 1951 fuera al observar que la frontera entre España y Portugal era de muy diferente longitud según los datos que aportaba cada uno de los países (987 km o 1.214 km, pero no sé qué país daba cada cifra). Lewis Fry Richardson quería correlacionar la probabilidad de conflicto bélico con la longitud de la frontera común.

Otro dato fascinante del vídeo es que, según el manual de la CIA, Noruega sería el segundo país del mundo con más kilómetros de costa, después de Canadá. Los fiordos y tal. Me imagino que han actualizado los datos y ahora sale octavo, pero todavía con 25.000 km de costa, tanta como Australia y más que los EEUU. Si como es previsible los datos provienen de diferentes fuentes y métodos, este escalfón internacional realmente no será demasiado valioso.

 

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Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.


Tenerife

28/12/2017
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A veces llegan y a veces no

Ahora que se acaba el año he iniciado esa cosa entre introspectiva y retrospectiva que hacen los medios de comunicación. Mirando atrás resulta que me había dejado en el cajón que el pasado enero el invierno hibérnico nos empujó de vuelta a la madre patria, departamento insular, sección una hora menos. Tras la experiencia de Lanzarote años atrás el segundo viaje a las islas Canarias fue a Tenerife, adonde acudía derrotado que es el estado de ánimo adecuado para los viajes con niños. Los ambiciosos planes de turismo de la parienta quedaron reducidos a la nada que yo más o menos presagiaba.

Una nada en el horror urbanístico a agradables temperaturas que se encuentra entre Los Cristianos y Costa Adeje. Debe de tratase además del lugar más alienado de la soberanía: hay zonas bilingües de la península en las que los lugareños no hablan el castellano aunque lo sepan, y aquí en la costa sur de Tenerife los camareros te adoran y te llegan a invitar al oirte hablar en español, de tan pocos que llegan a ser los turistas que hablan nuestra lengua.

Paseo entre Los Cristianos y Costa Adeje. Nuestra toma de contacto del primer día. Una lanzadera del hotel nos colocó en la Playa de las Américas y de allí seguimos hasta la de las Vistas y de vuelta hacia Costa Adeje por un paseo marítimo, a veces en dos y tres niveles, que parecía sacado de California. El lado hermoso de las cosas es que la carretera no vaya por la costa y que por lo menos ese horror de asfalto quede por encima y a lo lejos.

Quiero incidir un poco en la incoherencia urbanística. No es que no haya edificios bellos. Es la falta total de coherencia muy en plan disneylandia en un espacio creado sin ningún sentido de ciudad a golpe de urbanización tras urbanización. Todo adosados aislados del resto que recuerdan a partes de los Estados Unidos por cómo todo esta hecho para que haya que utilizar el coche, excepto quizá un largo paseo marítimo de quince kilómetros en el que vender cosas. Había muchos negros ofreciendo toallas y negras ofreciéndose a hacer trenzas a las damas y una sucesión interminable de garitos ingleses donde la gente puede engullir las mismas grasas y cerveza que en sus islas sólo que con más calor.

Hay un detalle que me pareció muy bueno y que quizá sea una ventaja que le sirve a esta parte del mundo para competir en el mercado turístico: tanto en la calle como en edificios todo parecía muy bien preparado para el acceso de silla de ruedas y se veían muchas y también otros vehículos con motor eléctrico para gentes de movilidad escasa. Dicho lo bueno y lo malo, en conjunto no es el peor lugar del mundo, pero ya no volvimos.

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La Caleta de Adeje y aledaños (clic)

La Caleta de Adeje. Este rincón es el confín del paseo marítimo antes descrito y tiene bastante mejor aspecto aunque sólo sea por la menor densidad de población transeunte. Un poco más allá todavía queda algo que podría llamarse natural: un promontorio de rocas volcánicas donde crece alguna que otra chumbera y tras el que se esconde otra cala con playa donde acampan unos jipis. Esto estaba cerca del hotel y fuimos varios días.

El Loro Parque. Esta debe de ser la gran atracción turística de la isla. No sé cuánto gasta esta empresa en publicidad pero es imposible no enterarse de que existe. Se encuentra en el Puerto de la Cruz en el lado norte y ofrecen entradas que incluyen el desplazamiento desde cualquier lugar de Tenerife. Una guagua que tiene el lado malo de que casi se tarda más yendo a buscar a la gente por los hoteles que luego en llegar al sitio y el bueno de que al menos algo ve uno del paisaje, en especial la transición entre el sur árido y el norte fértil. Me queda el recuerdo del médano magallánico que hay al final de la pista del aeropuerto del sur, las pirámides de Güímes y la vista del valle de la Orotava con el Teide al fondo. Luego el parque en sí, es un zoológico de los de toda la vida con la excepción de los espectáculos de  orcas, delfines, focas y loros amaestrados. Los chous de los bichos tendrían mucho más interés si no los hubiera visto uno por televisión mil veces antes. El resto puede ser un zoo, ligeramente peor que el de Dublín y bastante por debajo del de Hanóver (donde la entrada viene a costar la mitad). En conjunto pasamos un buen día.

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El Teide desde el avión

El Teide. Lo vimos desde el avión despuntando por sobre su mar de nubes. La organizadora del viaje quería que tomásemos una excursión a las cañadas y luego subir en funicular, pero era complicado llegar con transporte público y en el fondo no nos apetecía tanto pasar de los veintitantos grados de temperatura a los meros dos. Por un lado, sé cómo es la cima, porque la he visto en vídeos y fotos y eso le resta algo a la pulsión de descubrir, por otro me gustaría hacerme una foto en el lugar que tantas veces vi en el billete de mil pesetas. Desde nuestra playa del sur las otras montañas evitaban que viéramos la cima grande, pero desde el norte lo vimos mejor. Como siempre digo, hay que dejar cosas sin ver por si se vuelve y esta será una.

El Siam Park. Más cerca del hotel había un parque acuático que era de la misma empresa que el Loro Parque, por lo que se ofrecía un billete combinado que no era mucho más caro que el del zoo y pensamos que sería una buena forma de pasar un día…. y lo fue al menos para mí que me subí a un montón de toboganes y de cosas mientras mis compañeras comían helado. La otra vez que estuve en uno de estos fue en 1989 en el viaje de fin de estudios de EGB. No ha llovido.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta de sol. Una de las cosas que hicimos casi todos los días era ver las puesta de sol desde el balcón antes de ir a cenar. Me sorprendió gratamente saber que La Gomera se podía verse no tan a lo lejos y más en lontanza El Hierro. Me informa un amigo canario de que desde el Teide pueden verse las otras seis islas. En su día había leído que los guanches y demás no sabían navegar y que los de unas islas no conocían al resto.

El hotel. No ha sido hasta hace pocos años que uno ha empezado a ir a este tipo de complejos turísticos. Con cierta admiración intento observar su funcionamiento industrial como de cadena de montaje. El edificio en el que estuvimos tiene 17 años y no los aparenta en absoluto, debe de ser una combinación de clima benigno y mantenimiento eficiente. Para una alimaña como yo es un error incluir una cena de bufé en la que uno puede comer cuánto quiera. Hubo dos noches en que acabé pasándolo mal, hasta acabar moderándome. Los empleados amabilísimos y más en cuanto se daban cuenta de que formábamos parte de la minoría que a pesar de ser hispanohablante va a estos sitios. El socorrista me contó que ya le habían bajado el salario dos veces y que ahora no llegaba a mileurista por cincuenta euros. Otra chica me dijo que venía desde Santa Cruz todos los días (80km) porque allí no hay tanto trabajo y los hoteles del sur pagan mejor. La cantidad de comida que tienen que preparar a diaro me resulta una operación fascinante.

La playa. Pasé más tiempo remojándome en la piscina templada a 26º del hotel (¿cuánta energía gastará eso?) pero no quería irme sin meterme en el agua del mar, cosa que puede hacer en la playa del Duque. No fue una experiencia demasiado agradable: el agua estaba muy fría. Nunca me ha gustado la playa entendida como actividad. Me parece muy aburrido estar en la arena sin hacer nada mientras los rayos ultravioleta me chamuscan la fina piel. Caminar bajo los rayos el sol es más llevadero.

Veredicto. Para la gente a la que le guste no hacer nada más que comer, bañarse, echar la siesta y estar en manga corta o en traje de baño a una temperatura agradable todo el día el sur de Tenerife es el lugar idóneo. De hecho, nunca he entendido por qué la gente atraviesa el océano para ir al mar de las Antillas que también Caribe llaman a hacer exactamente lo mismo sólo que con mayor pérdida de tiempo y gasto en queroseno. Yo reniego mucho de este tipo de vacaciones, pero cuando se tienen hijos pequeños se hace lo que se puede y tampoco nos podemos quejar.


Convergencia post mortem

21/12/2017

En Ciencias Políticas tuve un profesor muy bueno. Hace dos o tres días, cuando las encuestas apuntaban a que ERC estaba reduciendo su ventaja para lograr la primacía del bloque nacionalista me vinieron a la mente dos respuestas suyas a preguntas diferentes (fue a diferentes alumnos y en diferentes asignaturas).

La primera era sobre los partidos políticos en general. No recuerdo la pregunta concreta pero indicó que muchas veces los partidos políticos proyectan su sombra más allá de su existencia. Esto fue en 2004 y el ejemplo que puso es que sociológicamente sabemos a qué nos referimos si hablamos de un elector de la Democracia Cristiana italiana, disuelta diez años antes. A mí me parece que otro de los partidos políticos que se prolongan más allá de la muerte es Convergencia i Unió.

La formulación de la segunda pregunta la recuerdo de modo más preciso. Tras los resultados de las elecciones generales de 2004 un alumno le preguntó si no creía que el proyecto de CiU estaba “completamente acabado”. Eran los tiempos de Carod Rovira, con el tripartito de Maragall en la Generalidad y tras haber quedado CiU por detrás de ERC en las generales de ZP, las del 11-M.

La respuesta del profesor fue que no, que en Cataluña hay un votante moderado que en otro tiempo fue votante de la Lliga y tras el franquismo lo había sido de CiU y que este elector nunca iba a votar a la Esquerra porque no le representa en absoluto. En algún momento este espacio dio la sensación de perder su terreno ante la derecha española, pero también habría sido muy difícil que eso ocurriera porque habría hecho falta que el PP fuera un partido mucho más confederal, una especie de nueva CEDA. Algo que algunos en el PP de Cataluña (Josep Piqué) habían intentando hasta cierto punto pero sin lograrlo.

En los últimos años parecía que la pérdida absoluta de la autoridad moral (por decir algo) del fundador, el descubrimiento de la cleptocracia del 3%, el divorcio de CDC y UDC, el abandono por parte de los moderados y la adopción de un perfil ideológico centrado en el eje nacional y el tema único del independentismo que no lo hacían muy diferente de ERC (que además estaba limpia de corrupción) podían haber contribuido a enterrar a Convergencia. Muchas encuestas lo mostraban y le daban un resultado de alrededor del 12% hace apenas 7 u 8 semanas.

Luego eso no se ha materializado y JxC (o sea CiU) ha acabado cerca del 22%. Al parecer la explicación que dan los medios es que se han combinado la ausencia de Junqueras (en presidio) con el perfil disperso de Marta Rovira para favorecer la imagen mesiánica de un Puigdemont “en el exilio” como líder indiscutible del bloque independentista.

Yo francamente no lo tengo tan claro y creo mucho menos en las teorías del liderazgo y más en la vieja explicación estructural. La revolución independentista no es una revolución desde abajo de gentes que quieren derrocar un orden injusto, sino la apuesta de las clases más acomodadas de una región próspera para mantener su privilegiada posición económica y las barreras culturales que la apuntalan. De redistribución no quieren saber nada de nada, ni con España ni dentro de Cataluña. El miedo a ERC y no digamos a la CUP sigue presente. Creo que esto explica mejor por qué no se ha premiado la mayor coherencia de ERC de lo que podría explicarnos la supuesta falta de liderazgo del ala izquierda del independentismo,

Intentando acertar los resultados hace unas semanas intuí que los de 2015 eran una buena base para empezar y así ha sido. Pocos cambios. Inter bloques ninguno, intra bloques algo más. El hundimiento de PP y CUP más o menos lo supe ver aunque no en la medida en que ha acabado ocurriendo. El empate entre ERC y la post-CiU se me escapó por completo.


Reforma constitucional

17/12/2017

Llevo muchos años oyendo hablar de que en España es necesaria una reforma constitucional. En las últimas semanas me encuentro este planteamiento con más frecuencia aún. A mí me parece que los grandes problemas de España o al menos los que yo considero tales (mercado laboral, sostenibilidad del sistema de pensiones, desarrollo económico de ciertas zonas deprimidas, modernización del tejido productivo, crisis demográfica) podrían si no resolverse al menos mejorarse mediante la reforma de leyes normales y orgánicas y muchas veces sin siquiera eso mediante la adopción de medidas y programas adecuados. Este pensamiento mágico de que por poner algo en un texto legal las cosas van a mejorar sin más esfuerzo es una cosa muy española.

He dejado al margen el otro de los grandes problemas españoles: los nacionalismos periféricos. Eso no hay ley ni reforma constitucional que lo resuelva y serán grandes dosis de realidad las que empujen al siguiente equilibrio de conllevancia. El pensamiento mágico basado en referendos es fe en una magia aún más poderosa que la de la reforma de la carta magna.

Volviendo a la reforma constitucional, las propuestas son tan diversas y muchas van en sentidos opuestos por lo que me sorprende que no se oiga algo que no sé si es una paradoja o una obviedad matemática: incluso si todo el mundo está de acuerdo en que hay que cambiar la constitución es posible que lo mejor sea no hacerlo.


La decadencia de España

11/12/2017

Portada

He pasado varios meses arrastrando la lectura de la Historia de la decadencia de España que Cánovas del Castillo escribió sobre el siglo XVII español (1598-1700). Lo hizo en 1858 a la edad de 26 años (lo cual es especialmente admirable cuando uno piensa con qué andaba entreteniéndose a esa edad) antes de convertirse en uno de los grandes políticos españoles del siglo XIX. Aviso de que no lo voy a recomendar. Creo que sólo he podido acabarlo gracias a que lo tenía en el Kindle y así, a ratos de autobús de los que por desgracia no ando escaso, he ido tragando páginas y millas de un modo que llevando a cuestas el mamotreto de más de ochocientas páginas hubiera sido imposible.

Mi veredicto sobre el libro es bastante negativo y sí se me ocurre que una de las causas de la decadencia de España podría ser el haberse mirado a sí misma desde este ángulo y haber escrito Historia así. La erudición de Cánovas era monumental aunque me da la sensación de que no estaba demasiado bien estructurada.

Mi primera inclinación es por negar la mayor y suponer que quizá ni en su dorado siglo XVI España alcanzara tanta grandeza como se suele suponer. Este tipo de relato histórico basado en alianzas matrimoniales, batallas, tratados de paz e intercambio de territorios dista de ser la historia del país real. A mí me parece que quedan confundidos los intereses del país y la protonación con los de la casa reinante centroeuropea que los gobernaba.  No soy partidario del tipo de narración histórica que una vez oí denominar “acontecimental” (término horrible, soy consciente) por oposición a la historia social que nos hubiera explicado, qué sé yo, si el excedente de cereal en Castilla en el siglo XVI permitió la financiación de una flota, o cuantas calorías podía consumir al día un campesino en los diferentes reinos o cuán altos o bajos eran el indice de alfabetización y la tasa de mortalidad infantil.

Cánovas escribe desde un patriotismo decimonónico que hoy nos resulta patriotismo mal entendido y tiene ideas que en nuestra época resultan extrañísimas como que la frontera natural de España esté en los montes del Atlas o que Francia sea y siempre vaya a ser enemiga natural de España. La mera idea de que la grandeza del país se alcanza mediante la conquista de territorios lejanos y la guerra es en sí pensamiento decadente y causa de decadencia. La casa de Austria tendría muchos intereses en Lombardía y Flandes, pero los españoles ninguno. Todo lo que haya contribuido a retrasar la aparición de los españoles como sujeto político y todo lo que haya supuesto falta de desarrollo científico y mejora de las condiciones materiales de vida es, si no decadencia, atraso. Otra extraña idea canovista (las naciones no pueden prescindir del honor) siguió trayendo más decadencia al solar patrio en décadas por venir.

No recomiendo perder demasiado tiempo con este libro, pero sirve para echar un vistazo al estado de la historiografía a mediados del XIX y el marco cognitivo del que provino la acción de uno de los próceres españoles que marcaron su siglo. Creo que sería sencillo hacer un análisis de la decadencia de España en pocas páginas que fuera mucho más certero y en el que aparecieran mucho algunas palabras que aparecen poco el texto de Cánovas, como ciencia y comercio, y otras que no aparecen nada como absolutismo, analfabetismo y superstición.


El colapso de la República – Payne

23/08/2017

Payne

Gracias a una discusión guasapera sobre el concepto del “candado del 78” y alguna que otra idea podemita más he ido al libro de Payne sobre la caída de la República para buscar un fragmento que trata de cómo la vanguardias politicas no pueden arrastrar a sociedad más allá de donde ésta está dispuesta a ir.

Mi opinión (bastante ortodoxa) sobre la Transición es que es de lo poco que se ha hecho bien en España en  los últimos quinientos años y que si allá por 1978 teníamos unos 4.000 dólares de renta y en 2016 cerca de 26.000 dólares, no me imagino cuál podría haber sido el arreglo o desarreglo por el cual hubieramos acabado siendo más ricos y más felices (y además sin paceder gran mortandad). Creo que un problema del izquierdismo (y en esto también caía yo cuando estaba ahí) es considerar que está solo en en el campo de juego, cuando en general tiene a un 60% en contra o al menos no a favor. La famosa mayoría silenciosa.

Los propios podemitas han dado bandazos sobre las ideas de “régimen” y “candado” de 1978 (más que ideas son ocurrencias: en un momento se orquestó la fugaz campaña tuitera “gracias 1978, hola 2016”, pero después han vuelto a las andadas). En el fondo lo que yo creo es que la mayoría sociológica que existe en España no tiene demasiado interés en un cambio constitucional y que le valdría el esquema actual pero con más dinero en el bolsillo, con menos desempleo, con mejores servicios y mejores posibilidades. El truco está en a ver quién lo paga y cómo, pero creo que acierto cuando digo que la mayoría silenciosa no quiere volver a 1978 sino a 2008 y que me parece normal.

En un momento dado a mí también me desagrada que la dinastía borbónica que tan nefasta ha sido para España siga aupada al machito, pero no arriesgaría ni un pelo por levantarlos de ahí, que los cambios revolucionarios se sabe cómo empiezan pero no como acaban. Uno de mis interlocutores cree que el secesionismo catalán ofrece la oportunidad de crear una España mejor. Y Largo Caballero creía que un golpe militar se sofocaría mediante una huelga general revolucionaria sería la oportunidad para implantar la dictadura del proletariado.

Y con esto aprovecho para comentar el libro de Payne, o más bien la pésima traducción del mismo de que dispongo y que he vuelto a hojear. Espero que en una década la traductora haya aprendido algo de inglés o de política o de historia de España. Le podía dedicar un monográfico en mi sección de falsos amigos porque que recuerde se ha tragado plurality, extravagant motorist. Lo mejor es cuando traduce highway primero como autovía y luego como autopista, que ya me diréis cuántas de esas había en los años treinta en España. Hasta el título me parece desacertado, ya que creo que la mayoría entendemos colapso como bloqueo y no como caída.

Pero dejando a un lado mis manías, este libro debería leerse para comprender que si algun día hay una Tercera República en España deberá ser totalmente diferente de la Segunda. Que además, para convencer a los reacios, los republicanos que haya (entre los cuales según cómo, cuándo y para qué me contaría) cuanto menos aludan a la Segunda República, mejor que mejor; y que es bastante curioso que la República burguesa de 1931 sea reivindicada por aquellos que a su vez reivindican a quienes trataron de destruirla para dar paso a una dictadura del proletariado o a una revolución permanente u otros modelos que son cualquier otra cosa menos democráticos. Quizá lo que se reivindica no es tanto la República de 1931 como la de 1936, que algunos han llamado precisamente “Tercera República” o “República Popular”. En cualquier caso, no hay mayoría crítica para hacer eso y es harto difícil que la pueda haber.

Es interesante leer la letra pequeña, tan desconocida por el gran público de hoy, de lo que fue aquel periodo de entre 1933 y 1936. A mí me ha interesado especialmente la descripción del bienio llamado negro o radical-cedista. Hace unos años recomendé una serie bloguera sobre los primeros meses del año 36, que iba haciendo el conteo de los aproximadamente 300 asesinatos políticos que se produjeron en la primera mitad del año fatídico y que en su epílogo citaba la conclusión de Payne en este libro, que viene a ser que el asesinato de Calvo Sotelo fue el catalizador que lanzó el golpe que venía gestándose desde meses atrás y que sirvió a Mola para obtener la aquiesciencia de los dubitativos de las derechas, que percibieron que estaban más seguros en rebelión que expuestos al arbitrio de quien ejercía el poder. La base que acabó apoyando el golpe se compuso de muchas clases bajas y medias, sectores mucho más amplios que los reaccionarios a los que el gobierno y sus apoyos temían. Clases silenciosas.