El colapso de la República – Payne

23/08/2017

Payne

Gracias a una discusión guasapera sobre el concepto del “candado del 78” y alguna que otra idea podemita más he ido al libro de Payne sobre la caída de la República para buscar un fragmento que trata de cómo la vanguardias politicas no pueden arrastrar a sociedad más allá de donde ésta está dispuesta a ir.

Mi opinión (bastante ortodoxa) sobre la Transición es que es de lo poco que se ha hecho bien en España en  los últimos quinientos años y que si allá por 1978 teníamos unos 4.000 dólares de renta y en 2016 cerca de 26.000 dólares, no me imagino cuál podría haber sido el arreglo o desarreglo por el cual hubieramos acabado siendo más ricos y más felices (y además sin paceder gran mortandad). Creo que un problema del izquierdismo (y en esto también caía yo cuando estaba ahí) es considerar que está solo en en el campo de juego, cuando en general tiene a un 60% en contra o al menos no a favor. La famosa mayoría silenciosa.

Los propios podemitas han dado bandazos sobre las ideas de “régimen” y “candado” de 1978 (más que ideas son ocurrencias: en un momento se orquestó la fugaz campaña tuitera “gracias 1978, hola 2016”, pero después han vuelto a las andadas). En el fondo lo que yo creo es que la mayoría sociológica que existe en España no tiene demasiado interés en un cambio constitucional y que le valdría el esquema actual pero con más dinero en el bolsillo, con menos desempleo, con mejores servicios y mejores posibilidades. El truco está en a ver quién lo paga y cómo, pero creo que acierto cuando digo que la mayoría silenciosa no quiere volver a 1978 sino a 2008 y que me parece normal.

En un momento dado a mí también me desagrada que la dinastía borbónica que tan nefasta ha sido para España siga aupada al machito, pero no arriesgaría ni un pelo por levantarlos de ahí, que los cambios revolucionarios se sabe cómo empiezan pero no como acaban. Uno de mis interlocutores cree que el secesionismo catalán ofrece la oportunidad de crear una España mejor. Y Largo Caballero creía que un golpe militar se sofocaría mediante una huelga general revolucionaria sería la oportunidad para implantar la dictadura del proletariado.

Y con esto aprovecho para comentar el libro de Payne, o más bien la pésima traducción del mismo de que dispongo y que he vuelto a hojear. Espero que en una década la traductora haya aprendido algo de inglés o de política o de historia de España. Le podía dedicar un monográfico en mi sección de falsos amigos porque que recuerde se ha tragado plurality, extravagant motorist. Lo mejor es cuando traduce highway primero como autovía y luego como autopista, que ya me diréis cuántas de esas había en los años treinta en España. Hasta el título me parece desacertado, ya que creo que la mayoría entendemos colapso como bloqueo y no como caída.

Pero dejando a un lado mis manías, este libro debería leerse para comprender que si algun día hay una Tercera República en España deberá ser totalmente diferente de la Segunda. Que además, para convencer a los reacios, los republicanos que haya (entre los cuales según cómo, cuándo y para qué me contaría) cuanto menos aludan a la Segunda República, mejor que mejor; y que es bastante curioso que la República burguesa de 1931 sea reivindicada por aquellos que a su vez reivindican a quienes trataron de destruirla para dar paso a una dictadura del proletariado o a una revolución permanente u otros modelos que son cualquier otra cosa menos democráticos. Quizá lo que se reivindica no es tanto la República de 1931 como la de 1936, que algunos han llamado precisamente “Tercera República” o “República Popular”. En cualquier caso, no hay mayoría crítica para hacer eso y es harto difícil que la pueda haber.

Es interesante leer la letra pequeña, tan desconocida por el gran público de hoy, de lo que fue aquel periodo de entre 1933 y 1936. A mí me ha interesado especialmente la descripción del bienio llamado negro o radical-cedista. Hace unos años recomendé una serie bloguera sobre los primeros meses del año 36, que iba haciendo el conteo de los aproximadamente 300 asesinatos políticos que se produjeron en la primera mitad del año fatídico y que en su epílogo citaba la conclusión de Payne en este libro, que viene a ser que el asesinato de Calvo Sotelo fue el catalizador que lanzó el golpe que venía gestándose desde meses atrás y que sirvió a Mola para obtener la aquiesciencia de los dubitativos de las derechas, que percibieron que estaban más seguros en rebelión que expuestos al arbitrio de quien ejercía el poder. La base que acabó apoyando el golpe se compuso de muchas clases bajas y medias, sectores mucho más amplios que los reaccionarios a los que el gobierno y sus apoyos temían. Clases silenciosas.

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La berlina de Prim

03/08/2017

La berlina de Prim

Cuando era joven no habría podido imaginar que acabaría opinando que el siglo XIX español es mucho más interesate que el XX. Este fin de semana lluvioso nos hemos entretenido con La berlina de Prim, de Ian Gibson (2012).

Ian Gibson es quizás el irlandés más famoso de los que residen en España. En Irlanda en cambio nadie lo conoce. Pasa un poco como con Torrebruno. A cambio voy a decir que no hay ningún español residente en Irlanda que sea conocido por el público irlandés. Aunque se pueda apreciar que Gibson no es novelista es muy pero que muy meritorio escribir una novela en un idioma distinto del propio.

La lectura de la novela invita a investigar dos aspectos históricos, por un lado la expedición de Torrijos y por otro la biografía de Prim. En cuanto a esto último el general Prim tiene una biografía total que enlaza con casi todo lo que ocurre en España en el siglo. Su magnicidio inaugura la línea Prim-Cánovas-Canalejas-Dato-Carrero, pero analizada en todo su contexto: guerras carlitas, maniobras políticas, Marruecos, Cuba y Puerto Rico, el siglo XIX entero está ahí.

El protagonista de la novela es un hijo ficticio de Robert Boyd, el británico fusilado con todos los de Torrijos en Málaga en 1831. Boyd era súbdito británico originario de Londonderry en lo que entonces era el norte de Irlanda y hoy Irlanda del Norte. En la República de Irlanda la ciudad y el condado homónimo se suelen llamar Derry, en una de esas disputas político-toponímicas. Que se sepa Robert Boyd era protestante y su tumba fue la primera del cementerio inglés de Málaga. Hasta donde he visto, en ningún lado se muestra partidario de la autonomía ni de la independencia irlandesa, lo cual se corresponde con las décadas en que le toca vivir y morir. Patrick, el hijo que Gibson le inventa sí que parece tener veleidades fenianas, aunque esto plantea un problema de credibilidad dado que la acción acontece en 1873 poco antes de que la dinámica centrífuga de la política irlandesa empezara a acelerarse., pero en fin, más raro es que un cochero de La Línea trabajando en Gibraltar supiera de la inundación zancliense. El episodio de 1831 dejó al menos un cuadro y un soneto más que memorables.

Prim tiene calle en San Sebastián, y aprovecho para meter la anécdota que contaba el primer profesor de Derecho Político que tuve en la Facultad. Cuando en el año 77 comenzaron las gestoras de los partidos que prepararon el terreno para las primera elecciones municipales comenzó el juego de cambio de nombres de calles que aún sigue (aunque con mucho más sentido en aquel momento histórico) y muchas calles con nombres de militares perdieron su nombre y recuperaron uno cuatro décadas anterior o ganaron uno nuevo. Pues bien, según parece al general Prim le tocó perder su calle provisionalmente hasta que alguien con mejor criterio explicó algo de la historia de España a los proponentes. Algún día miraré a ver si esto ha quedado escrito en alguna parte, ya que yo lo pongo como anécdota contada en clase dieciséis años después.

No debo contar mucho sobre el libro en sí, ya que al final es una especie de investigación policiaca para averiguar quién mató a Prim. Más o menos Gibson culpa al sospechoso oficial. El contexto histórico -la llegada a España de Amadeo de Saboya- ofrece uno de mis datos poco conocidos favoritos de la historia de España.

La posibilidad de que subiera al trono de España un candidato alemán, Leopoldo de Hohenzollern —luego desechada—, sería uno de los factores que precipitaría, cuatro meses después, la guerra franco-prusiana.

Me interesa mucho el léxico histórico. No sé qué segmentos sociales podrían haber utilizado estos palabros ingleses en el Madrid de 1873, mis iletrados ancestros  de la Meseta digo desde ya que no:

Ya estoy en el Hotel de las Cuatro Naciones, que se acaba de mudar a un espléndido edificio nuevo al final de la céntrica calle del Arenal. Cuando vine en 1870 era una fonda, ahora es un hotel muy fashionable. Ambas palabras están de moda en Madrid, así como el término comfort.

A veces voy al Museo Nacional aquí en Dublín, donde sigue habiendo una interesante exposición sobre soldados irlandeses al servicio de otras potencias (Wild Geese). Veo que Gibson traduce esta expresion como ánsares silvestres y me lo voy a copiar, ya que en su momento ni me atreví a traducir.

Cameos de Hartzenbusch y el abuelo ornitólogo de Antonio Machado del que desconocía todo (hasta el padre folclorista sí que había llegado).

Si tengo algo de tiempo echaré un vistazo a Castilian Days, de John Hay y la guía de viaje de Richard Ford que es el tipo de lecturas que hacían los guiris del XIX antes de bajar a la Península.

Mi veredicto es que es una lectura mucho más adecuada para alguien como yo, a quien le interesa el periodo histórico, que para alguien a quien le interesen las novelas detectivescas de época.


De vuelta al laberinto

23/07/2017

El laberinto español

Hoy hemos vuelto a El laberinto español, libro que es un clásico del hispanismo hecho por británicos. Yo lo había leído hará unos quince años y mi veredicto es que aunque tiene ideas curiosas que quizá hubiera sido más difícil recopilar para un autóctono (al menos hasta el punto de crear una obra así) también está llena de tópicos y paridas (una que sale mucho es la del carácter castellano por oposición al de otras regiones para explicar casi cualquier cosa).

Voy a poner un ejemplo de la patria chica:

The Basques have a long tradition of liberty and self-government. Down to 1840 they had their own parliament, courts of law and mint.

Uno puede hacer el esfuerzo de imaginarse las juntas generales como parlamento, que ya es forzar un poco los términos, pero ya quisiera saber yo qué tribunales vascos* y que casa de la moneda son esos a los que se refiere. Desde luego da la impresión de una organización territorial mucho más compleja de lo que en realidad había.

En esta relectura me he fijado (que supongo que antes me había pasado inadvertido) en el origen británico de las logias masónicas españolas, cosa que desconocía. Una vez estuve en el Archivo de Salamanca donde incluso tenían montada una para la exhibición. La masonería ha quedado para la historia y me sigo preguntando qué podríamos decir que ha sustituido la función social que tuviera.

Pero la razón de mi relectura es que me parecía recordar que en el libro se razonaba que el éxito del anarquismo en Andalucía se debió a la pre-existencia de un colectivismo de carácter religioso. En el momento en que lo leí pensé que había que ver lo que fue el anarquismo en España y cómo acabo quedando en nada pero años después me pareció ver muchos rasgos ácratas primero en lo que se llamó el 15-M (yo no vivía en España en 2011, pero leo a la gente y me parece una movida cuyos efectos se sobrevaloran mucho) y luego en el cajón de sastre de Podemos. Así que me he acercado a ver si salvando todas las distancias la descripción de Brenan se podía aplicar en algo a lo que llevamos un lustro viendo.

It may be thought that I have stressed too much the religious element because Spanish Anarchism is after all a political doctrine. But the aims of the Anarchists were always much wider and their teaching more personal than anything that can be included under the word politics. To individuals they offered a way of life: Anarchism had to be lived as well as worked for. To the community they offered a new world founded exclusively on moral principles. They never made the mistake of thinking, as the Socialists did, that this could be achieved merely by providing a higher standard of living all round.

La verdad es que el socialismo español también tuvo un carácter hasta cierto punto religioso, mucho más en línea con lo que es la sociedad… lejos del modelo mesiánico, el PSOE sería el “católico no practicante” de los partidos.

Dr Borkenau, who in his book on the Civil War has given such an admirable account of the Spanish Anarchists, particularly stresses this. Their hatred of the upper classes, he declares, is far less economic than moral. They do not want to possess themselves of the good living of those they have expropriated, but to get rid of their luxuries, which seem to them to be so many vices. And anyone who has lived for long in a Spanish village, even in one which has not been affected by anarchist ideas, will have noticed how characteristic is this disapproval of even the most elementary luxury. The vices of the men of to-day, the stern virtues of their forefathers are constantly cropping up in their conversation. Smoking, though general, is always condemned, and it is common to hear workmen boasting of the few pence a day they can live on.

Citando El reñidero español y la superioridad moral. Lo último de todo lo hago yo mucho también y ya veo que es un rasgo español porque a mi mujer, que no lo es, le parece rarísimo.

Al siguiente  párrafo le quitas los doce terratenientes y el cura del final y lo cambias por la casta de corruptos del PP y el Ibex 35 y te has saltado ocho décadas para quedarte en el mismo sitio.

The wicked who have so long oppressed the earth are to be eliminated and then the age of peace and mutual tolerance will automatically begin. Such hopes are surely not to be taken seriously. It argues a great deal of simplicity to believe that out of the welter of violent revolution in a modern country such a state less form of society could appear. Only in small towns or in villages where the immense majority were labourers or poor peasants, prepared to work their land in common, would anything of the kind be possible. But what in the mind of Bakunin was a mere revolutionary’s day-dream has appealed to Spaniards precisely because they are accustomed to think so much in terms of their own village. A change, that in a highly organized community would be quite Utopian, might be feasible here. When therefore the Anarchist says, “to introduce the Golden Age you have only to kill the wicked who prevent the good from living as they wish to”, there is always at the back of his mind the village with its three thousand small peasants and landless labourers. By getting rid of a dozen landowners and a priest, the rest can divide up the land and live happily.

Y leyendo este he tenido presente a Amancio Ortega y sus donaciones al sistema nacional de sanidad.

A typically Spanish inability to distinguish between those who have enriched themselves by “lawful” means and those who attempt to do so by pure robbery and violence lies at the bottom of this. It is a mentality that goes with certain political and social conditions one finds it, for example, in the New Testament.

Total, que más que influencia del nuevo testamento en el anarquismo español y en sus conexiones con la izquierda parlamentaria yo lo que diría es que es fácil establecer símiles: La superioridad moral de los creyentes y el paraíso a la vuelta de la esquina. Casi es más fácil creer que vendrá deus ex machina que mediante el ordenancismo, pero ahí estamos.

*Actualización 24-JUL-27: Hoy se me ha ocurrido que puede referirse a la Sala de Vizcaya de la Chancillería de Valladolid, que dejó de existir en 1834. En fin.


El final de la guerra

22/07/2017

Los últimos días

Entre ayer y hoy me he entretenido con The Last Days of the Spanish Republic, de Paul Preston, que compruebo que se ha traducido al español como El final de la guerra: La última puñalada a la República. Es interesante reflexionar sobre estas diferencias en los títulos y el efecto que puedan tener para comunicar información y emociones y lo que eso suponga luego a la hora de vender libros.

En fin, antes de nada diremos que como el título en inglés indica este es un libro sobre los últimos meses de la guerra en la zona republicana desde octubre-noviembre de 1938 hasta finales de marzo de 1939 con más énfasis en la últimísima parte, la del golpe de Casado que es la puñalada a la que se refiere el subtítulo en español. Como sólo aborda el final, que en general se suele tratar con brevedad mi consejo es no empezarlo antes de haber leído algún otro libro sobre la guerra civil española.

Empieza describiendo la precaria situación en que el bando republicano se encuentra tras el fracaso del Ebro y la caída de Cataluña con la pérdida de medios y moral combatiente, el abandono del país por parte de muchos políticos y militares y las diferencias políticas entre los restos defensores que quedan en las zonas controladas por la República. Hay mucho de espionaje, conjuras y contactos con la quinta columna y por último el golpe de Casado y su Junta a principios de marzo, que suele ocupar poquitas páginas en cualquier volumen sobre el conflicto en su conjunto. Lo que quiere contar Preston es, dicho en dos líneas, que Negrín tenía razón, que fue el único que estuvo a la altura y que a la postre haber seguido resistiendo habría salvado vidas.

Esta tesis también me pareció que era la idea que cerraba la breve introducción a la GCE de Helen Graham, que ahora no tengo a mano. Por un lado entiendo lo que quieren decir y también las razones de Negrín para prolongar la resistencia y organizar la evacuación; por otro lado también se podría defender lo contrario (por ejemplo, si los rebeldes hubieran triunfado el 18 de julio o entrado en Madrid el 6 de noviembre del 36, me parece más razonable creer que habría habido una menos muertes, hay cierta lógica en defender que cuanto antes acabe una guerra menos morirán), no estoy muy seguro de cuánto mejora el conocimiento de la Historia el poner mucho énfasis en escenarios alternativos que no se produjeron.

En esta versión de los hechos no se salva nadie excepto presidente depuesto por el golpe: Tanto Azaña como Rojo como Miaja quedán en un pésimo lugar y si hubiera que etiquetar a lo que acaban resultando los tres personajes principales de marzo Negrín es el bueno, Casado es el malo y Besteiro es el necio.

Cuando uno leía lo que era la historia oficial del PSOE hasta hace bien poco Negrín quedaba obliterado y lo que podía leer es que Besteiro era el hombre bueno e íntegro que se quedaba para entregar Madrid mientras que todos los demás habían huído. De los contactos con la quinta columna y de sus esperanzas vanas nada se decía. Negrín acabó siendo expulsado del partido y en el exilio andaban todos a puñaladas metafóricas Lo interesante de la historia es que siempre se puede reescribir y tiene uno miedo al futuro porque no sabe ni con qué pasado vamos a acabar.


Una satrapía en el Caribe

28/06/2017

Gregorio R Bustamante en la edición de 1949

Y completando los dos días más dominicanos de mi existencia desde los tiempos en los que de continuo tenía las pegadizas letras de Juan Luis Guerra en los labios, hoy me ha dado por leer el libro en el que Almoina, el exiliado español que había sido secretario de Trujillo denunciaba desde México no ya los excesos sino la estructura criminal del régimen dominicano. Este libro lo escribió con el pseudónimo de Gregorio R. Bustamante ya que su vida corría peligro, y de hecho los esbirros del dictador consiguieron acabar con ella en 1960. Una biografía que seguramente merece un tratamiento académico (pero también literario y cinematográfico) mayor del que ha recibido hasta la fecha.

Ya puestos he estado leyendo un poquito sobre la historia dominicana del XIX, por aquello de la independencia efímera y la invasión haitiana. Hay alguna etapa curiosa, como la del período que se conoce como el de la España Boba a principios del siglo y el intento de volver a incorporarse a la metrópoli en la década de 1860: Santo Domingo volvió a formar parte de España entre 1861 y 1865, lo cual debe de ser un experimento bastante peculiar cuyo fracaso no acaba de sorprenderme.

Volviendo al siglo XX, el libro de Almoína-Bustamante está escrito en un estilo panfletario muy directo. Los encargados de la edición de 2011 que he encontrado indican que cometía errores a propósito con el objeto de camuflarse. No sé si existe una revisión crítica de las denuncias, pero aunque en algún caso pueda faltar precisión el retrato se acerca bastante a lo que se considera la realidad de la República Dominicana en aquellas décadas infames. De mi lectura superflua entresaco por la repetición de apellidos que ya se veía en La fiesta del chivo que el patrimonialismo sultanista no surge de la nada y que el país ya venía siendo cosa de unas cuantas familias.

Adquirí las palabras abigeo (ladrón de ganado, que menos en España se utiliza en casi todas partes) y tutumpote (dominicanismo para mandamás) y me sorprendió la hispanización de Pearl Harbor con la forma Bahía Perla:

Se ha explotado demasiado el tópico de la entrada de Trujillo en la Segunda Guerra Mundial. En 1941 era Presidente pelele, por muerte del titular, el Vicepresidente don Pipí Troncoso. Las simpatías de Trujillo se dirigían hacia Hitler, mas cuando en diciembre de este año que se cita, se produjo el ataque de Bahía Perla, el dictador se hallaba en Washington a la espera de los acontecimientos. Aconsejado por J. E. Davies, por el General Watson y por Dávila, el déspota tomó sus precauciones. La primera fue asegurar sus barcos mercantes.

Mientras que deleitarse en la prosa de Vargas Llosa será del agrado de muchos, este libro es tan sólo para quienes sietan un gran interés por los detalles (sórdidos, indignantes, tristes) de la Historia dominicana.


Episodios Nacionales: Gerona

11/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Y después del asedio a Zaragoza llegamos a 1809 y el sitio de Gerona (que también son varios, pero considerarlos en singular resulta más práctico). Tampoco he estado nunca por Gerona y su provincia, o sea que las conozco menos que Aragón, que al menos lo he atravesado. Y aunque de las clases de geografía recuerdo que el río de Gerona era el Ter ahora me he enterado que el que aparece en las fotos típicas de la ciudad es su afluente el Oñar, que Pérez Galdós al igual que otros del XIX tiene a bien llamar Oñá. Supongo que la diferencia estriba en ese rasgo del catalán de no pronunciar las erres finales (leo que no en todos los dialectos). Todo está en permanente evolución y más me sorprende ver los nombres de los meses escritos con mayúsculas.

Conté una vez que en una exposición permanente sobre soldados irlandeses que está en el Museo Nacional de Irlanda (en el edificio de los cuarteles Collins) hay un panel sobre el regimiento Ultonia y su participación en la defensa de Gerona durante el sitio de 1809. No es que me haga replantearme mi idea de que en general existe poca conexión histórica entre España e Irlanda pero no son pocas las veces que he encontrado apellidos de irlandeses desde que empecé a leer los Episodios Nacionales: Alejandro O’Reilly, O’Neilly y en este de Gerona: la coronela Lucía Fitz-Gerard, Guillermo Nash, Rodulph Marshall y Enrique José O’Donnell. Y el texto galdosiano ni siquiera deja entrever la magnitud de la participación irlandesa en el episodio histórico.

Muchas décadas después el inglés Wilfrend Owen escribió un poema sobre la vieja mentira del dulce et decorum est pro patria mori. La idea de la muerte que se encuentra en el capítulo XI la tendré por equivocada hasta que alguien vuelva de allí para contarnos:

Morir en la brecha es no sólo glorioso, sino hasta cierto punto placentero. La batalla emborracha como el vino, y deliciosos humos y vapores se suben a la cabeza, borrando de nuestra mente la idea del peligro, y en nuestro corazón el dulce cariño a la vida; pero morir de hambre en las calles es horrible, desesperante, y en la tétrica agonía ningún sentimiento consolador ni risueña idea alborozan el alma irritada y furiosa contra el mísero cuerpo que se le escapa. En la batalla, la vista del compañero anima; en el hambre el semejante estorba. Pasa lo mismo que en el naufragio; se aborrece al prójimo, porque la salvación, sea tabla, sea pedazo de pan, debe repartirse entre muchos.

En conjunto resultó más interesante de leer el episodio de los asedios zaragozanos que el de los gerundenses.


Episodios Nacionales: Zaragoza

10/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Muchos años depués he llegado al libro y párrafo completo que al que invitaba el reverso del billete de mil pesetas. Está en el capítulo XXIX:

¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga.

Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entrelos escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.

Es el segundo sitio épico de Zaragoza, en el que la ciudad acaba destruida y su población diezmada el momento histórico en el que Pérez Galdós sitúa el sexto episodio de la primera serie. Nunca he estado en Zaragoza, alguna vez la habrá pasado de camino a Barcelona. Alguna cosa he descubierto mirando un plano viejo de la ciudad a la vez que leía, como que hasta finales del siglo XIX tuvo una famosa torre inclinada que es un escenario y símbolo importante en el episodio.

En treinta y dos capítulos en la ciudad de zaragoza consigue no meter ni una vez la palabra maño, lo cual me hace sospechar que su popularidad es posterior al XIX. Me ha venido esta idea observando el personaje de José de Montoria, aragonés típico y tópico. Me pregunto en cuánto habrá contribuido esta obra a sostener el estereotipo.

Esta lectura ha sido una buena oportunidad para volver a escuchar Los Sitios de Zaragoza y descubrir que el padre del compositor había participado en el asedio con las tropas imperiales.

Como suele suceder hace uno días descubría las palabras “morrión” y “capacete” y la diferencia entre lo que cada una de ellas describe (y ahora me da vergüenza haber escrito “casco” en vez de “capacete” en una ocasión)  y hete aquí que en éste, el siguiente libro que leo, se habla de los morriones que son los chacós de los franceses,