Jachkar dublinés

24/04/2016
Jachkar

Jachkar

Hace cinco años, cuando estuvimos por Armenia, quedamos fascinados por el arte de labrar la piedra para formar intrincadas cruces de diseños geométricos. Tuvimos la ocasión de ver el cementerio de Noratus y muchos otros jachkares acá y allá. Es tradición que se asemeja al de los cruceros irlandeses.

Me ha sorprendido encontrarme con un jachkar armenio en los terrenos de la catedral de Christchurch. Paso por allí a menudo, pero como queda por dentro de la valla no me había dado cuenta a pesar de que el color rojizo de la piedra contrasta con los grises de la autóctona. Le inscripción indica que fue erigido el año pasado y está dedicado a la memoria de las víctimas del genocidio de 1915.

Lamentaciones 3 21.23

Lamentaciones 3:21.23

En la parte posterior están los nombres de los artistas (diseñador y cantero) y, de nuevo en armenio e inglés, unos versículos del Libro de las Lamentaciones.

Haec recolam in corde meo, ideo sperabo.
Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti, quia non defecerunt miserationes eius.
Novae sunt omni mane, magna est fides tua.

Pero me pongo a pensar en algo y esto me llena de esperanza:
La misericordia del Señor no se extingue ni se agota su compasión;
ellas se renuevan cada mañana, ¡qué grande es tu fidelidad!


Pequeña Navidad

06/01/2016
Los Reyes Magos en un manuscrito armenio de 1451 que se conserva en Dublín

Los Reyes Magos de Oriente en un manuscrito armenio de 1451 que se conserva en Dublín

Alguna vez que había contado lo de que en España e Hispanoamérica no hay (todavía) tanto Papa Noel y lo de los regalos navideños es el día de Reyes me respondieron con un “Little Christmas?” que hasta hoy que lo he mirado no sabía que era una cosa más bien irlandesa, aunque también de zonas más o menos norteñas o célticas del país vecino. En realidad no es que sea una fecha especialmente señalada para ellos, así que es perfectamente posible estar aquí toda una vida y que pase absolutamente desapercibida.

También leo que en condados meridionales de la costa oeste de Irlanda lo llaman “la Navidad de las mujeres” y que tienen tradiciones parecidas a algunas que en Iberia se relacionan creo que con santa Ágata. Son curiosidades, pero la Epifanía, que es importante en otros países europeos (ayer me llegaron mensajes diciendo que las oficinas de mi empresa cerraban en España, Italia, Francia, Polonia y Alemania – Múnich sí, Fráncfort no). Una vez puse una nota diciendo que en inglés epiphany es “revelación”, en el sentido de una idea que de pronto nos ilumina. Con razón se preguntaba mi vieja si los irlandeses de verdad erán católicos.

A causa de unos paquetes que llegaron con retraso mi niña oyó hablar de los Reyes Magos de Oriente por primera vez la semana pasada, pero hoy ya no hemos podido aguantar la tensión y ya le hemos dicho que es una historia de ficción y que son los padres. Aunque soy de ideas liberales (también en lo económico) me criaron como marxista y materialismo me sigue resultando un marco adecuado de pensamiento. Por mucho que os cuenten de la ilusión de los niños a los niños no les hace ninguna ilusión que les engañen sino maximizar su bienestar en forma de juguetes o lo que sea.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.


Una historia de amor iraní

08/01/2012

Censurando una historia de amor iraní

Fue en Yereván y en una noche calurosa de agosto. El remero y yo entramos a un local para comer jorovats (o kubidé  si a la historia le conviene mejor una palabra persa) y el moreno de la cola nos oye hablar  y nos dice que su mujer también es española y que está fuera del local. Nos pide que vayamos a saludarla, que le hará mucha ilusión y nos la señala, al otro lado de la ventana. El remero salió al abordaje con la intención de plantarle un beso en la mejilla y metió el remo hasta el fondo. La moza dio un respingo y no parecía entendernos. El moreno se reía desde dentro del local; de fuera podíamos verle mientras seguía haciendo cola. Viene y nos dice en español americano que son iraníes, pero que él vive en Tejas y nos invita a que compartir mesa. Queda claro que la moza no habla español, sólo inglés y persa, como es lógico.

Vamos a por nuestros pinchos morunos y cocacolas y nos sentamos con ellos. Él nos empieza a contar en inglés, para que la mujer entienda, que tiene una agencia de viajes allá en los Estados Unidos. A veces bromea en español. Su modo de hablar es muy enfático, hiperenergético o por decirlo de otro modo muy yanqui. Yo dudo en silencio cuando dice que en el negocio le va genial, con los tiempos que corren. La mujer vive en Isfaján que también es la ciudad natal del marido, pero él está haciendo los papeles para llevársela para allá. Se muestra muy orgulloso cuando deja caer que tiene 49 años  y ella 32.  Me apresto a calcular que la joven nació en el año de la revolución.

El remero se excusa unas cuantas veces y se congracia con la pareja diciendo que Isfaján es la mitad del cielo. Lo sabe bien porque pasó por allí años atrás. Ella habla un inglés más que decente para haber pasado toda la vida en Irán. Aquí viste con vaqueros y no lleva pañuelo alguno en la cabeza. Me imagino que la vida en Isfaján es muy diferente. También me pasa por la cabeza la idea de  que casarse después de los treinta debe de ser tarde para casarse en Irán. El marido habla de Irán como de un país que podría ser una maravilla, pero que está muy atrasado.

Es comida rápida y cuando se despiden él insiste en que ella nos bese. Se lo explica en persa y ella accede. Me imagino que su plan es irla adaptando al choque cultural que supondrá vivir en el territorio del Gran Satán. Qué difícil debe de ser el contacto con nuestras barbas para alguien que ha vivido toda la vida en el régimen de los ayatolas. Hemos acercado las mejillas con mucha cautela y un ligero embarazo ante la insistencia del marido. La chica nos ha rozado muy fugaz y tímidamente. Un matrimonio asimétrico y agradable. Una historia de amor iraní.


Cien mil muertos por línea

12/12/2011
A History of the Middle East

Estoy documentándome sobre el genocidio armenio. El otro día en la biblioteca me leí casi entero The Burning Tigris de Balakián y salí trastornado después de tanta barbarie. Hoy se me ha ocurrido hacer una comprobación en un libro que tengo por casa y que leí hace unos cuantos meses. Es una Historia del Oriente Proximo escrita en 1991 por Peter Mansfield. Tengo la segunda edición, posterior a la muerte del autor,  revistada y actualizada en 2003 por Nicolas Pelham. Son 429 páginas, y en ellas se dedican a las masacres de los armenios en 1915 diez líneas en la página 150.

Más aún, por toda Anatolia oriental los turcos estaban amenazados por la insurrección de sus súbditos armenios, que interrumpían las comuinicaciones y formaban grupos de voluntarios para ayudar a los rusos. Otros se alistaron en las fuerzas de la Armenia rusa. Los turcos ejecutaron una venganza terrible al ordenar la deportación de toda la población armenia de Anatolia oriental hacia el norte de Siria. Mataron a cientos de miles y muchos más murieron de hambre y enfermedad a la intemperie. Entre un millón y cuarto y un millón y medio de armenios perecieron. Los nacionalistas armenios aún buscan venganza frente a los representantes del estado turco.

Peter MANSFIELD, Nicolas PELHAM. A history of the Middle East,  2nd ed. Penguin 2003, ISBN 9780141011233 (traducción mía)

Y luego sigue con cosas de la Primera Guerra Mundial. Así visto de golpe, suena crudo que en un libro de cuatrocientas páginas sólo se dediquen unas líneas a una tragedia de tal calibre. En cambio, puede que tenga cierta lógica. Al fin y al cabo hay quien le atribuye a Hitler la pregunta retórica aquella de quién se acordaba de lo de los armenios (atribución, creo yo, más que dudosa).

Durante siglos un grupo de población habitó unos territorios y quedó borrado de la faz de la tierra en cuestión de meses. En cambio ese democidio no supuso ningún cambio sustancial en la política internacional, ni siquiera en las relaciones entre los estados de la región.

Pero llama la atención: un millón y medio de muertos, diez líneas.


Compañía de capellanes castrenses

26/11/2011

De los tres grandes poderes fácticos sólo falta la banca

Poco después de que yo regresara del Cáucaso mis camaradas se vieron obligados a saltar en avión al Asia central. Cuando Jorge se fue de Uzbekistán regresó a Armenia y entre otras cosas pudo contemplar en Yereván el desfile militar conmemorativo por el vigésimo aniversario de la independencia del país.

De entre las fotos que vi de tan magno acontecimiento, me impresionó una en la que un grupo de clérigos marcha al compás junto al resto de compañías. Sabida es la importancia de la religión en la formación de la identidad armenia y también son conocidas sus disputas con sus vecinos musulmanes. Con todo, pareciera como si el ejército armenio se pasara de la raya, y esta escena en la plaza de la República yerevaní es más que llamativa.


Viaje por Transcaucasia 2011

01/10/2011

Londres-Bakú-Tiflis

Transcaucasia 2011

Finalmente creo que he acabado de contar todo lo que quería sobre el viaje por esta zona entre Europa y Asia que debería llamarse, con propiedad, Transcaucasia (aunque he solido escribir el Cáucaso por conveniencia). En lo escrito a lo largo del mes de septiembre está todo lo que sucedió en los tres países, aunque la presencia en Azerbaiyán siga siendo más que discutible. Me ha parecido conveniente hacer una especie de índice para cuando mis amigos me pidan consejo y se encuentra al final de esta entrada.

Bandera de Azerbaiyán

En realidad lo que mejor hemos visto ha sido Armenia, con un trayecto circular que ha acabado pareciéndose mucho al del primer itinerario que se previó. Los cinco días en el país, teniendo como base su capital, nos han permitido acceder a sus mejores vistas. ¿es un país por el que recomiendo viajar? No lo sé, quizá sólo a los viajeros experimentados. Puede decirse que está a mayor distancia en millas y en dinero que muchos otros destinos hermosos. Por otra parte, uno de los grandes atractivos del país reside en sus antiguos edificios de piedra y es fácil caer en el síndrome de la fatiga monasteril. El otro es su antigua cultura, su historia y su modo de vida. Cosas cotidianas de las que disfrutar, como los albaricoques o el pan y el trato con las gentes y el aprender a entender cómo se vive con menos de cuatro mil dólares de renta per cápita. Una gran oportunidad para leer sobre el cristianismo antiguo, sobre el Imperio otomano o sobre las barbaridades acaecidas durante  el genocidio de 1915.

Bandera de Armenia

De Georgia y por desgracia, apenas pudimos ver la capital Tiflis (en georgiano Tbilisi), que nos pareció una ciudad mucho menos centrada y dinámica que Yereván, pero con mucho encanto, con su barrio antiguo y sus viejos balcones. Tuve la posibilidad de acercarme a la antigua capital, Misjeta, pero poco más. Quedan zonas muy interesantes que recorrer: Tushetia, Esvanetia, Kajetia. Por lo que leí, no me pareció que sus playas del mar Negro valieran mucho la pena. Es un país para subir a la montaña, por la carretera militar georgiana hacia Kazbegi. La república socialista de Georgia tenía la fama de disponer de la mejor gastronomía soviética y en este momento de malas relaciones con Rusia los georgianos suelen decir que el imperio quiere que vuelvan a ser su restaurante. Esto es algo que sin duda el viajero debe aprovechar. No creo que me haya quedado sin ver mucho de Armenia, pero a Georgia sin embargo sí que me gustaría volver. A Azerbaiyán, en cambio, como que le hemos cogido manía.
Además de mis textos, malnarrando los sucedidos, he colgado una barbaridad de fotografías. Es síntoma de ser mal escritor que en realidad, los textos no tengan demasiado sentido sin ellas. Considero el blogueo un género mixto y mi técnica consiste, gran parte de los días, en rellenar los espacios que quedan entre las fotografías que subo. Considero que esta subida de archivos de imagen es una de las partes más arduas de bloguear y no creo que vuelva a tratar una escapada con tanta profusión. Hay dos fotos que debo poner y que para mí son las más importantes, porque sin estas dos ninguna de las otras tiene demasiado sentido. Son las únicas que los tres tripulantes de que la Slowly había tenido hasta ese momento se hicieron juntos. Como la aventura de este vehículo singular es de largo recorrido han pasado muchas cosas desde entonces: una denegación de visado, un abandono de nave, un vuelo a Uzbekistán, una incorporación al equipo, fracturas de huesos, despedidas, regresos…. la última vez que supe algo de la máquina infernal fue hace dos días, desde Teherán. Sin Jorge, esta pequeña locura no habría sido posible y estas líneas son en cierto modo un homenaje. También porque a mí me gusta creer que me gustaría hacer lo que el hace. Una alegría compartir y repartir galeras con alguien que sabe remar y aporta el glamur de la capital de la moda. Aparte de unas horas decembrinas, no había visto a Xabi desde el día de las góndolas.

La tripulación de la Slowly, ante la catedral de Yereván

Didube, Tiflis (Georgia): la despedida

Como el rendimiento es bajo, no voy a volver a escribir tan extensamente sobre viajes. No sé si mi principal lector, que es mi yo futuro, me lo tendrá que agradecer o reprochar. Puede que vuelva  a tocar temas de la región caucasiana o de cada uno de los países, como de hecho ya había hecho con anterioridad. Las entradas pueden encontrarse clasificadas con sus respectivas etiquetas (Cáucaso, Armenia, Georgia, Azerbaiyán), a continuación el índice de entradas:

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