Ali y Nino

03/07/2017

Ali und Nino (1937)

Hace ya más de seis años que leí una interesante entrada sobre el misterio de Essad Bey. Por mera coincidencia eso fue unos pocos meses antes de llegar al Transcáucaso, destino que nunca me había planteado. De las lecturas previas y posteriores al paso por Georgia, Armenia e incluso podía decirse que Azerbaiyán me quedó la voluntad de leer el “Ali y Nino” y con gran fortuna esta semana ha caído una traducción española en mi manos. Al parecer existen otras tres anteriores en castellano pero ésta es la más reciente (2012). De entre las varias versiones  cinematográficas debe de haber alguna más reciente aún.

La historia de amor entre una princesa georgiana y un noble azerí sirve muy bien para hacer comparaciones y alegorías  de la tensión compleja entre Oriente y Occidente o entre el cristianismo y el islam. Hay muchas frases muy interesantes a este respecto, pero la que me resulta más destacable es el alegado del padre de Ali Kan en el capítulo 22, no por nada específico de lo del choque de civilizaciones sino por cómo se puede observar el mismo fenómeno en muchos contextos políticos diferentes. El conflicto identitario empieza como conflicto interior :

«Eres un hombre valiente, Alí Kan. Pero ¿qué es el valor? Los europeos también son valerosos. Tú, y todos los que lucharon contigo, ninguno de vosotros sois ya asiáticos. Yo no odio a Europa. A mí Europa me resulta indiferente. Tú sí la odias, porque tú llevas dentro de ti un trozo de Europa. Fuiste a un colegio ruso, estudiaste latín, tu mujer es europea. ¿Acaso sigues siendo asiático? Si hubieras vencido tú, tú mismo hubieras introducido a Europa en Bakú sin darte cuenta. Da lo mismo que sean los rusos o nosotros quienes construyan las carreteras y abran las fábricas. No podía ser ya de otra manera. Cuando un hombre asesina a tantos enemigos con tal sed de sangre, ya hace tiempo que no es un buen asiático.»

La reacción identitaria la protagoniza siempre un mestizo que ya ha perdido la supuesta pureza ideal y pretende recobrar aquel pasado glorioso, que suele ser una ensoñación sin demasiado contacto con la realidad.

Luego lo de Occidente y el Islam. A mí me gustan estas metáforas novelescas porque le dan a uno la sensación (falsa) de que se puede comprender con un destello la complejidad de procesos históricos de gran calado. Por suerte y por desgracia esto no es así y en planteamientos como ¿cuáles son las diferencias entre Oriente y Occidente? no sólo las respuestas son bastante malas sino que lo más probable es que la pregunta y las categorías que pretende comparar también lo sean. Al menos invita a reflexionar, que no es poco.

En todo caso, es un bonito paseó por el corredor que va de Tiflis a Bakú, con excursiones al Alto Karabaj y hasta Teherán. Recomendable para quienes estén interesados en la historia del Imperio Ruso en Asia y en aquella visión romántica del Cáucaso como Far West que desde el principio dejó su impronta en la tradición literaria rusa.


Jachkar dublinés

24/04/2016
Jachkar

Jachkar

Hace cinco años, cuando estuvimos por Armenia, quedamos fascinados por el arte de labrar la piedra para formar intrincadas cruces de diseños geométricos. Tuvimos la ocasión de ver el cementerio de Noratus y muchos otros jachkares acá y allá. Es tradición que se asemeja al de los cruceros irlandeses.

Me ha sorprendido encontrarme con un jachkar armenio en los terrenos de la catedral de Christchurch. Paso por allí a menudo, pero como queda por dentro de la valla no me había dado cuenta a pesar de que el color rojizo de la piedra contrasta con los grises de la autóctona. Le inscripción indica que fue erigido el año pasado y está dedicado a la memoria de las víctimas del genocidio de 1915.

Lamentaciones 3 21.23

Lamentaciones 3:21.23

En la parte posterior están los nombres de los artistas (diseñador y cantero) y, de nuevo en armenio e inglés, unos versículos del Libro de las Lamentaciones.

Haec recolam in corde meo, ideo sperabo.
Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti, quia non defecerunt miserationes eius.
Novae sunt omni mane, magna est fides tua.

Pero me pongo a pensar en algo y esto me llena de esperanza:
La misericordia del Señor no se extingue ni se agota su compasión;
ellas se renuevan cada mañana, ¡qué grande es tu fidelidad!


Pequeña Navidad

06/01/2016
Los Reyes Magos en un manuscrito armenio de 1451 que se conserva en Dublín

Los Reyes Magos de Oriente en un manuscrito armenio de 1451 que se conserva en Dublín

Alguna vez que había contado lo de que en España e Hispanoamérica no hay (todavía) tanto Papa Noel y lo de los regalos navideños es el día de Reyes me respondieron con un “Little Christmas?” que hasta hoy que lo he mirado no sabía que era una cosa más bien irlandesa, aunque también de zonas más o menos norteñas o célticas del país vecino. En realidad no es que sea una fecha especialmente señalada para ellos, así que es perfectamente posible estar aquí toda una vida y que pase absolutamente desapercibida.

También leo que en condados meridionales de la costa oeste de Irlanda lo llaman “la Navidad de las mujeres” y que tienen tradiciones parecidas a algunas que en Iberia se relacionan creo que con santa Ágata. Son curiosidades, pero la Epifanía, que es importante en otros países europeos (ayer me llegaron mensajes diciendo que las oficinas de mi empresa cerraban en España, Italia, Francia, Polonia y Alemania – Múnich sí, Fráncfort no). Una vez puse una nota diciendo que en inglés epiphany es “revelación”, en el sentido de una idea que de pronto nos ilumina. Con razón se preguntaba mi vieja si los irlandeses de verdad erán católicos.

A causa de unos paquetes que llegaron con retraso mi niña oyó hablar de los Reyes Magos de Oriente por primera vez la semana pasada, pero hoy ya no hemos podido aguantar la tensión y ya le hemos dicho que es una historia de ficción y que son los padres. Aunque soy de ideas liberales (también en lo económico) me criaron como marxista y materialismo me sigue resultando un marco adecuado de pensamiento. Por mucho que os cuenten de la ilusión de los niños a los niños no les hace ninguna ilusión que les engañen sino maximizar su bienestar en forma de juguetes o lo que sea.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.


Una historia de amor iraní

08/01/2012

Censurando una historia de amor iraní

Fue en Yereván y en una noche calurosa de agosto. El remero y yo entramos a un local para comer jorovats (o kubidé  si a la historia le conviene mejor una palabra persa) y el moreno de la cola nos oye hablar  y nos dice que su mujer también es española y que está fuera del local. Nos pide que vayamos a saludarla, que le hará mucha ilusión y nos la señala, al otro lado de la ventana. El remero salió al abordaje con la intención de plantarle un beso en la mejilla y metió el remo hasta el fondo. La moza dio un respingo y no parecía entendernos. El moreno se reía desde dentro del local; de fuera podíamos verle mientras seguía haciendo cola. Viene y nos dice en español americano que son iraníes, pero que él vive en Tejas y nos invita a que compartir mesa. Queda claro que la moza no habla español, sólo inglés y persa, como es lógico.

Vamos a por nuestros pinchos morunos y cocacolas y nos sentamos con ellos. Él nos empieza a contar en inglés, para que la mujer entienda, que tiene una agencia de viajes allá en los Estados Unidos. A veces bromea en español. Su modo de hablar es muy enfático, hiperenergético o por decirlo de otro modo muy yanqui. Yo dudo en silencio cuando dice que en el negocio le va genial, con los tiempos que corren. La mujer vive en Isfaján que también es la ciudad natal del marido, pero él está haciendo los papeles para llevársela para allá. Se muestra muy orgulloso cuando deja caer que tiene 49 años  y ella 32.  Me apresto a calcular que la joven nació en el año de la revolución.

El remero se excusa unas cuantas veces y se congracia con la pareja diciendo que Isfaján es la mitad del cielo. Lo sabe bien porque pasó por allí años atrás. Ella habla un inglés más que decente para haber pasado toda la vida en Irán. Aquí viste con vaqueros y no lleva pañuelo alguno en la cabeza. Me imagino que la vida en Isfaján es muy diferente. También me pasa por la cabeza la idea de  que casarse después de los treinta debe de ser tarde para casarse en Irán. El marido habla de Irán como de un país que podría ser una maravilla, pero que está muy atrasado.

Es comida rápida y cuando se despiden él insiste en que ella nos bese. Se lo explica en persa y ella accede. Me imagino que su plan es irla adaptando al choque cultural que supondrá vivir en el territorio del Gran Satán. Qué difícil debe de ser el contacto con nuestras barbas para alguien que ha vivido toda la vida en el régimen de los ayatolas. Hemos acercado las mejillas con mucha cautela y un ligero embarazo ante la insistencia del marido. La chica nos ha rozado muy fugaz y tímidamente. Un matrimonio asimétrico y agradable. Una historia de amor iraní.


Cien mil muertos por línea

12/12/2011
A History of the Middle East

Estoy documentándome sobre el genocidio armenio. El otro día en la biblioteca me leí casi entero The Burning Tigris de Balakián y salí trastornado después de tanta barbarie. Hoy se me ha ocurrido hacer una comprobación en un libro que tengo por casa y que leí hace unos cuantos meses. Es una Historia del Oriente Proximo escrita en 1991 por Peter Mansfield. Tengo la segunda edición, posterior a la muerte del autor,  revistada y actualizada en 2003 por Nicolas Pelham. Son 429 páginas, y en ellas se dedican a las masacres de los armenios en 1915 diez líneas en la página 150.

Más aún, por toda Anatolia oriental los turcos estaban amenazados por la insurrección de sus súbditos armenios, que interrumpían las comuinicaciones y formaban grupos de voluntarios para ayudar a los rusos. Otros se alistaron en las fuerzas de la Armenia rusa. Los turcos ejecutaron una venganza terrible al ordenar la deportación de toda la población armenia de Anatolia oriental hacia el norte de Siria. Mataron a cientos de miles y muchos más murieron de hambre y enfermedad a la intemperie. Entre un millón y cuarto y un millón y medio de armenios perecieron. Los nacionalistas armenios aún buscan venganza frente a los representantes del estado turco.

Peter MANSFIELD, Nicolas PELHAM. A history of the Middle East,  2nd ed. Penguin 2003, ISBN 9780141011233 (traducción mía)

Y luego sigue con cosas de la Primera Guerra Mundial. Así visto de golpe, suena crudo que en un libro de cuatrocientas páginas sólo se dediquen unas líneas a una tragedia de tal calibre. En cambio, puede que tenga cierta lógica. Al fin y al cabo hay quien le atribuye a Hitler la pregunta retórica aquella de quién se acordaba de lo de los armenios (atribución, creo yo, más que dudosa).

Durante siglos un grupo de población habitó unos territorios y quedó borrado de la faz de la tierra en cuestión de meses. En cambio ese democidio no supuso ningún cambio sustancial en la política internacional, ni siquiera en las relaciones entre los estados de la región.

Pero llama la atención: un millón y medio de muertos, diez líneas.


Compañía de capellanes castrenses

26/11/2011

De los tres grandes poderes fácticos sólo falta la banca

Poco después de que yo regresara del Cáucaso mis camaradas se vieron obligados a saltar en avión al Asia central. Cuando Jorge se fue de Uzbekistán regresó a Armenia y entre otras cosas pudo contemplar en Yereván el desfile militar conmemorativo por el vigésimo aniversario de la independencia del país.

De entre las fotos que vi de tan magno acontecimiento, me impresionó una en la que un grupo de clérigos marcha al compás junto al resto de compañías. Sabida es la importancia de la religión en la formación de la identidad armenia y también son conocidas sus disputas con sus vecinos musulmanes. Con todo, pareciera como si el ejército armenio se pasara de la raya, y esta escena en la plaza de la República yerevaní es más que llamativa.


Viaje por Transcaucasia 2011

01/10/2011

Londres-Bakú-Tiflis

Transcaucasia 2011

Finalmente creo que he acabado de contar todo lo que quería sobre el viaje por esta zona entre Europa y Asia que debería llamarse, con propiedad, Transcaucasia (aunque he solido escribir el Cáucaso por conveniencia). En lo escrito a lo largo del mes de septiembre está todo lo que sucedió en los tres países, aunque la presencia en Azerbaiyán siga siendo más que discutible. Me ha parecido conveniente hacer una especie de índice para cuando mis amigos me pidan consejo y se encuentra al final de esta entrada.

Bandera de Azerbaiyán

En realidad lo que mejor hemos visto ha sido Armenia, con un trayecto circular que ha acabado pareciéndose mucho al del primer itinerario que se previó. Los cinco días en el país, teniendo como base su capital, nos han permitido acceder a sus mejores vistas. ¿es un país por el que recomiendo viajar? No lo sé, quizá sólo a los viajeros experimentados. Puede decirse que está a mayor distancia en millas y en dinero que muchos otros destinos hermosos. Por otra parte, uno de los grandes atractivos del país reside en sus antiguos edificios de piedra y es fácil caer en el síndrome de la fatiga monasteril. El otro es su antigua cultura, su historia y su modo de vida. Cosas cotidianas de las que disfrutar, como los albaricoques o el pan y el trato con las gentes y el aprender a entender cómo se vive con menos de cuatro mil dólares de renta per cápita. Una gran oportunidad para leer sobre el cristianismo antiguo, sobre el Imperio otomano o sobre las barbaridades acaecidas durante  el genocidio de 1915.

Bandera de Armenia

De Georgia y por desgracia, apenas pudimos ver la capital Tiflis (en georgiano Tbilisi), que nos pareció una ciudad mucho menos centrada y dinámica que Yereván, pero con mucho encanto, con su barrio antiguo y sus viejos balcones. Tuve la posibilidad de acercarme a la antigua capital, Misjeta, pero poco más. Quedan zonas muy interesantes que recorrer: Tushetia, Esvanetia, Kajetia. Por lo que leí, no me pareció que sus playas del mar Negro valieran mucho la pena. Es un país para subir a la montaña, por la carretera militar georgiana hacia Kazbegi. La república socialista de Georgia tenía la fama de disponer de la mejor gastronomía soviética y en este momento de malas relaciones con Rusia los georgianos suelen decir que el imperio quiere que vuelvan a ser su restaurante. Esto es algo que sin duda el viajero debe aprovechar. No creo que me haya quedado sin ver mucho de Armenia, pero a Georgia sin embargo sí que me gustaría volver. A Azerbaiyán, en cambio, como que le hemos cogido manía.
Además de mis textos, malnarrando los sucedidos, he colgado una barbaridad de fotografías. Es síntoma de ser mal escritor que en realidad, los textos no tengan demasiado sentido sin ellas. Considero el blogueo un género mixto y mi técnica consiste, gran parte de los días, en rellenar los espacios que quedan entre las fotografías que subo. Considero que esta subida de archivos de imagen es una de las partes más arduas de bloguear y no creo que vuelva a tratar una escapada con tanta profusión. Hay dos fotos que debo poner y que para mí son las más importantes, porque sin estas dos ninguna de las otras tiene demasiado sentido. Son las únicas que los tres tripulantes de que la Slowly había tenido hasta ese momento se hicieron juntos. Como la aventura de este vehículo singular es de largo recorrido han pasado muchas cosas desde entonces: una denegación de visado, un abandono de nave, un vuelo a Uzbekistán, una incorporación al equipo, fracturas de huesos, despedidas, regresos…. la última vez que supe algo de la máquina infernal fue hace dos días, desde Teherán. Sin Jorge, esta pequeña locura no habría sido posible y estas líneas son en cierto modo un homenaje. También porque a mí me gusta creer que me gustaría hacer lo que el hace. Una alegría compartir y repartir galeras con alguien que sabe remar y aporta el glamur de la capital de la moda. Aparte de unas horas decembrinas, no había visto a Xabi desde el día de las góndolas.

La tripulación de la Slowly, ante la catedral de Yereván

Didube, Tiflis (Georgia): la despedida

Como el rendimiento es bajo, no voy a volver a escribir tan extensamente sobre viajes. No sé si mi principal lector, que es mi yo futuro, me lo tendrá que agradecer o reprochar. Puede que vuelva  a tocar temas de la región caucasiana o de cada uno de los países, como de hecho ya había hecho con anterioridad. Las entradas pueden encontrarse clasificadas con sus respectivas etiquetas (Cáucaso, Armenia, Georgia, Azerbaiyán), a continuación el índice de entradas:

 ÍNDICE


De la frontera georgiano-armenia, de nuevo a Tiflis

23/09/2011

De Tiflis a la frontera armenia y viceversa

25.08.2011 Esta vez había muchísimo menos tránsito en el puesto fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo. Debe de ser porque a la ida era sábado. También influye en la rapidez de los trámites el hecho de que para entrar en Georgia no hace falta visado. Nos sobró algo de tiempo y algunos drams y nos fuimos a tomar el último refresco en Armenia. En ese último local, había un grupo de currantes pegándose una comilona. Tenían tanta comida que incluso nos invitaron. También nos invitaron a vodkazo. Yo decliné la invitación, pero Xabi se metió un par de tragos con el más golfo de los armenios. Un tal Karen, de Ajaltsije en Yavajetia, la zona de Georgia donde es mayoritaria la minoría armenia y de donde proviene la familia de Charles Aznavour.

El Debed, frontera natural entre Armenia (izquierda) y Georgia (derecha)

La verdad es que el tío era majete. En un momento nos dijo que como los ispansi y los armensky éramos como hermanos (brat) nos iba a a llevar a conocer a unas amigas suyas (prostitutka). Xabi aprovechaba para sablearle tabaco y creí que los chupitos de vodkorro le habían hecho perder el juicio, cuando le pidió fuego a un soldado que estaba allí con su subfusil. Las malas compañías. No sabemos si el tal Karen era un pobre hombre del que pasaban los aduaneros o un capo mafioso que andaba por allí como Pedro por su casa. Él cruzaba y se pasaba de la raya de un lado para otro y nadie le decía nada. Cuando nos desembarazamos de él, Xabi y yo fuimos caminando hasta el puesto georgiano, donde unas aduaneras muy simpáticas nos declararon su pasión por Antonio Banderas. A mí siempre me ha caído muy bien Antonio. Es una pena que ninguno de los tres somos muy futboleros, porque en varios momentos del viaje nos hablaban de cosas de fútbol español y del Barcelona y de Messi hemos oido hablar, pero de muchos otros no. Se me ocurre porque el fútbol suele ser especialmente útil con los aduaneros.

Con la famosa camiseta roja que estropeaba todas las fotos

Al entrar de nuevo en Georgia, un gringo que había pasado antes que nosotros tuvo la grandísima suerte de que lo recogiéramos para ir a Tiflis. Xabi fue con él en la parte de atrás de la Slowly. Veintisiete tacos, creo. El tipo venía de trabajar en Mosul, en Iraq, con un amigo suyo. ¿Recuerdan la Segunda Guerra Mundial? Pues fíjense cuanto mal han hecho los gobiernos yanquis en las últimas décadas, que este hombre viaja diciendo que es alemán para ahorrarse problemas. La carretera por el lado georgiano es la misma que recorrimos en sentido inverso el día después de mi llegada.

La rotonda de Marneuli, con los escudos de las poblaciones de los alrededores

La Madre

Coche de policía y puesto de sandías

Es una zona donde el grupo étnico mayoritario es el azerí. Desde la carretera hemos visto algunas mezquitas. Largo mi rollo de que Georgia es tanto un estado inconcluso como una nación inconclusa. El único núcleo de población destacado entre la frontera y Tiflis es Marneuli, donde hay una rotonda que distribuye el tráfico hacia carreteras de menor entidad o hacia la otra ruta entre la capital y la frontera (en otro puesto fronterizo), que pasa por Bolnisi. En Marneuli, vemos de nuevo ese monumento bélico y patriótico a la madre.

En una parada técnica vimos un coche de policía. La policía tiene aquí vehículos bastante modernos, casi lujosos. Creo que he leído en algún lado que es parte de la ayuda de Estados Unidos. Si no es cierto, sí lo es que en muchos lugares tanto de Georgia como de Armenia pueden verse los carteles de USAID, la agencia estadounidense de cooperación internacional. A mi modo de ver esta ayuda no es filantrópica, sino que tiene que ver con la posibilidad de disputarle Transcaucasia a Rusia en el tablero geopolítico.

Luego poco a poco nos vamos acercando a Tiflis, la ciudad que se extiende a lo largo del curso del río Kurá, que los georgianos llaman Mtkvari. En georgiano casi todo es impronunciable desde Tblisi para abajo. Me imagino que la eme y la te iniciales son mudas, como leí que ocurría con el nombre de  la población de Mtsjeta, aunque yo oía perfectamente decir Misjeta.

Afueras de Tiflis

La periferia de Tiflis es como todas las demás. Algunos sitios son más bonitos que otros, pero no abunda la belleza.

Extrarradio de Tiflis

Zona postindustrial

Entramos en la parte que ya conocemos de la ciudad. Primero vemos esas casas colgando sobre el acantilado que da al río y luego el nuevo pero ya famoso puente de la Paz, al que el público ya le ha sacado la chanza de que se parece a una compresa femenina. El gringo nos ha pedido que lo dejemos en una parada de metro y somos poco originales y se nos ha ocurrido ir a dormir al mismo sitio de la otra vez. lo dejamos en la de Marjanishvili, que nos queda al lado de casa.

Puente de la Paz y Parlamento

Nos aposentamos de nuevo. Esta vez no nos dan una habitación para los tres, sino que tenemos que compartir una de dos literas con otro yanqui. Dejamos los trastos y aprovechamos que aún es de día para ir a conocer la ciudad, de la que aún no hemos visto casi nada.


Del lago Seván a la frontera georgiana

22/09/2011

25 de agosto 2011: De Seván a la frontera georgiana

25.08.2011 Dejamos atrás Seván y su monasterio en un día en el que el tiempo atmosférico invitaba poco al optimismo. Al menos habíamos podido desayunar algo, pero el día amenazaba lluvia e iba a ser de mucha carretera, casi tanta como la que recorrimos el que día en que bajamos de Tiflis a Yereván. En el itinerario inicial estaba previsto regresar por la misma ruta a partir de Vanadzor, por el cañón del Debed, pero ya unos días antes se nos había ocurrido que podía ser interesante pasar por las montañas de la provincia de Tavush.

Una noria en Iyeván. En Seván había una parecida.

El contraste entre estas regiones boscosas del noreste de Armenia y el terreno árido que hay alrededor de Yereván es bastante agudo, pero a la vez nos resulta conocido: es como pasar el puerto de Echegárate en agosto y dejar atrás la Castilla dorada por el sol. Lo primero con lo que nos encontramos al dejar el área de influencia del lago, es con un tunel de montaña respetable y tras atravesarlo, llegamos el parque nacional de Diliyán. El paisaje es montañoso, cubierto el terreno de frondosos árboles. Eso sí, de cuando en cuando, yendo por la carretera uno se encuentra con el inevitable horror urbanístico.

La version rosada y armenia de los bloques estalinistas

La propia Diliyán está considerada un lugar interesante para el turismo de montaña. Es una de las zonas “urbanas” de la provincia de Tavush. El viajero llegará a una especie de explanada en la que se encuentra la parada de autobuses y otro de esos monumentos de hormigón que conmemoran el cincuentenario de la Armenia soviética. Para ver la parte hermosa del lugar hay que subir por una cuesta y siguiéndo hacia arriba uno se encuentra, en un lugar improbabl,e con un centro urbano que no deja de ser a la vez rural.

Cerca de Iyeván

Lo más típico de Diliyán son sus balcones y se ve que es un sitio que tiene potencial turístico si comienza a desarrollarse siguiendo el estilo tradicional y no dejando que lo que tiene siga convirtiéndose en ruina. Nosotros nos dimos un paseo por las alturas de la población, que tiene más vida de la que aparenta, aunque hay demasiados elementos arquitectónicos con aspecto de haber sido bellos hace tiempo y que en cambio hoy se desmoronan. Diliyán solía ser lugar de retiro y creación para los compositores y artistas soviéticos y ese dato condujo mi mente al mundo surrealista y demasiado real que denunciaban el maestro y Margarita.

Paisaje de la provincia de Tavush, en el norte de Armenia

Siguiendo hacia Iyeván, nuestro posible desvío hacia el monasterio de Goshavank fue sacrificado a causa de la saturación mental causada por sobredosis de piedra. Quedó lejos por la carretera de la derecha mientras nosotros seguíamos hacia otra de las cuatro ciudades de Tavush. Iyeván nos pareció más urbana que Diliyán, la actividad que se veía por la calle era la propia de un día de mercado, pero no nos detuvimos sino a repostar combustible.

Las montañas de Azerbaiyán (Göjäzän)

De ahí en adelante, seguimos por terreno rural y agreste, aunque menos boscoso. Hay cierta confusión con respecto a nuestro itinerario. Disponíamos de dos mapas, que no decían la misma cosa entre ellos ni parecían entenderse con el GPS. La región está disputada territorialmente, con Armenia ocupando territorio de Azerbaiyán en algunos lugares. Mi percepción es que el mapa correcto era el que aparecía en la guía Bradt, en el que aparecía una carretera alejada de la línea de alto el fuego. El libro no recomendaba seguir por la carretera antigua, cercana a la frontera, por la presencia de francotiradores azeríes.

Llegando a Kirants

Esta carretera nueva no aparecía en el por otra parte excelente mapa de la editorial alemana, que a pesar de ser impreso en 2011 debe de contener la información de una versión anterior sin haberla actualizado. Las montañas de Azerbaiyán se ven muy cerca todo el tiempo y no debemos de ir a más de un kilómetro de distancia del país vecino, pero la carretera nueva está protegida por una línea de colinas como parapeto natural. Más allá del embalse de Yoghaz puede verse una montaña de curiosa forma, creo que se puede llamarse Gavazán, que en armenio es el nombre del báculo de un sacerdote y en algunas lenguas túrquicas como el azerí puede ser el plural de ciervo, aunque parece que la grafía azerí es Göjäzän con todos esos puntos sobre las vocales.

Ganado: son vacas

Llegando a Kirants la carretera pasa no ya por un enclave sino por terreno del propio Azerbaiyán. Esta es otra de las ocasiones discutibles en  las que se puede decir que hemos estado en el país enemigo. Nunca estábamos seguros de dónde estábamos realmente debido al lío con los mapas.

Voskepar

Un poco más adelante llegamos a un lugar llamado Voskepar, en el cual vivimos uno de los episodios más curiosos de nuestro recorrido por Armenia. Seguíamos con la confusión cartográfica y sin saber exactamente dónde estábamos. Nuestro libro decía que nos acercábamos a un antiguo enclave azerí, ocupado hoy por armenia, llamdo Verin Voskepar. El GPS nos confundía constantemente. Al parecer había una iglesia antigua, del siglo VII, bastante digna como para merecer una visita. Debía aparecer en una curva de la carretera y, en efecto, allí estaba.

Militares en Voskepar

El pueblo estaba abandonado. Xabi se dio cuenta de que en la colina había militares, por el color de camuflaje de sus edificios. Siempre me he preguntado de qué sirven esos colores de camuflaje militar, con otros cualesquiera no hubiéramos imaginado que el ejército andaba por allí. Cuando estamos aparcando el vehículo, a lo lejos y por la posición de los brazos, nos dimos cuenta de que alguien nos está observando con unos prismáticos.

Iglesia

Descendemos y nos ponemos a caminar despacio, dubitativos, mientras los de arriba nos siguen observando. Decimos unas cuantas tonterías como “no creo que nos disparen”, pero tampoco nos atrevemos a ir más deprisa. Los de arriba nos gritan ¡dabay!, que es una palabra rusa que Jorge conoce bien y con eso nos quedamos tranquilos. Nos acercamos a echar un vistazo a la diminuta iglesia de santa María, en la que hay murciélagos como en otras y diez minutos más tarde y tras varias conjeturas sobre el estado de destrucción militar en que se encuentra el poblado, seguimos rumbo a Noyemberián, la ciudad de noviembre.

Vista desde Voskepar

La carretera de estas tierras húmedas del noroeste ha traido consigo dos cosas que me llamaron la atención. Por un lado, los productos que se vendían en las cunetas eran diferentes a los de la tierra de secano. En lugar de los albaricoques y frutas que se veían en en el centro del país, por esta parte septentrional, la mazorca de maíz era la estrella. Luego, es cierto que esta zona de frontera está muy militarizada. Por la carretera veíamos continuamente instalaciones militares y grupos de soldados. Algunos puede que no lo fueran, ya que por la edad y la planta parecían más bien campesinos utilizando ropa militar reciclada. Cerca de Noyemberián vimos mucho transporte de tropas. Curiosamente se veían militares desplazándose en vehículos particulares, tipo coches Lada y cosas así. No sabemos si es falta de recursos, o el ultimísimo medio de desplegarse sin llamar la atención.

Tras Noyemberián volvemos a incorporarnos a la ribera del Debed, que hace de frontera entre Armenia y Georgia. El mismo paso fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo unos días después. Esta vez las cosas fueron más fáciles, pero no menos interesantes.

Puesto fronterizo de Bagratashén / Sadajlo