SPQR de Mary Beard

13/05/2018

SPQR

Entre muchas experiencias intelectuales fallidas me viene a la memoria una asignatura llamada Derecho Romano que cursé a los 18 años y con total ignorancia sobre la Roma antigua y del latín más básico. Aquello fue un despropósito del que apenas recuerdo cuatro nombres de contratos (la mancipatio me cayó en el examen oral) y alguna de esas frases sueltas como “la concesión de la latinindad por Vespasiano y la de la ciudadanía por Caracalla en el año 212” para adornar cualquier respuesta independientemente de cuál fuera la pregunta.

Este fin de semana nos hemos puesto con un libro en el que nos hemos enterado de que con aquel acto Caracalla “legalizó a más sin papeles” (unos 30 millones) que nadie en ningún otro momento de la Historia. SPQR es un libro sobre la historia de Roma que no llega a ser un tratado intensivo pero que arroja algo de luz o al menos ciertas preguntas hacia zonas que suelen quedar en la oscuridad cuando se mira al Imperio Romano como una sucesión de emperadores, batallas y conquistas territoriales. Los problema que yo experimenté de joven con los tomos de Arias Ramos pueden manifestarse aquí de idéntico modo así que quizá recomendaría comenzar por el cronograma del final y hacer primero ciertas averiguaciones que hoy en día están a golpe de tecla. Hay quien ha escrito que SPQR es el segundo libro que uno debería leer sobre la historia de Roma.

Se verán muchas cosas, de entre las cuales las que a mi más me ha interesado tienen que ver con la evolución del pensamiento, que suele dejar menores restos arqueológicos que las infraestructuras. Para tener un ejemplo, traduciré este fragmento que aborda las diferencias entre la religión romana y la moderna:

En Roma no había doctrina como tal, ni libro sagrado ni tan siquiera lo que podríamos llamar un sistema de creencias. Los romanos sabían que los dioses existían, no creían en ellos en el sentido internalizado que es común a las religiones modernas del mundo. La antigua religión romana tampoco se preocupaba especialmente de la salvación personal o la moralidad. En vez de esto se concentraba en la práctica de ritos que prentendían conservar las buenas relaciones entre Roma y los dioses para así asegurarse el éxito y la prosperidad.

Este otro trata de la situación de la mujer romana y del desequilibrio entre los sexos. Son cuestiones que a veces se consideran prepolíticas y que en cierto modo nos ponen al imperio en el mismo plano que algunas zonas rurales de Afganistán. Seguramente tienen más que ver con condiciones sociales estructurales, modos de producción, desigualdades sociales y demografía de elevada mortalidad que con lo que hoy denominamos política, pero interesante pensarse las diferencias entre aquel mundo y el nuestro:

Que el primer matrimonio de una joven romana se produjera a la edad de catorce o quince años no tenía nada de especial. El compromiso de Tulia el que habría de ser su primer marido se acordó cuando tenía once años y el matrimonio fue a los quince. Cuando en el año -67 Cicerón habla de desposar a la pequeña Tulua con Gayo Calpurnio Piso “pequeña” ha de tomarse en el sentido literal. Ático ya estaba considerando futuros maridos cuando su hija tenía seis años. Se podría esperar que la elite pactara estas alianzas más temprano pero  entre los epitafios de la gente común hay numerosas muestras de chicas casas en la adolescencia y en ocasiones tan jóvenes como con diez u once años. Si estos matrimonios se consumaban o no es una pregunta incómoda e imposible de responder. Del mismo modo parece que los hombres se casaban por primera vez a los veintitantos años de edad con una diferencia de edad con la novia de unos diez años de promedio. Algunas mujeres acabarían casándose con un hombre más viejo aún en su segundo o tercer matrimonio. Fuera cual fuera el grado de libertad de las mujeres romanas su subordinación tenía una base importante en el desequilibrio entre un hombre adulto y lo que hoy llamaríamos una esposa niña.

Podría poner muchos más como estos, la idea es mostrar diferentes áreas de la vida romana. A mí me llaman la atención los relacionados con la logística: el tráfico de aceite de la Bética a la urbe que produjo el monte Testuccio de Roma o el traslado del granito del monte Claudiano de Egipto convertido en columnas para el Panteón de Agripa y Adriano, que me sugieren que al igual que muchos imperios Roma había abarcado de más  y no podía apretar.

Veredicto: Hay erudición más que de sobra pero les será poco útil sin la estructura. Consíganse el andamiaje y vuelvan a por el conocimiento. Yo intentaré volver a echarle un vistazo dentro de una década o algo así.

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Estadounidenses en la Guerra Civil Española

07/05/2018

Portada

En el mundo anglosajón el 1º de mayo no ha tenido tanto éxito como en el resto y no suele ser festivo. En Irlanda el festivo es el primer lunes de mayo. Estoy aprovechando el fin de semana de tres días para ponerme al día con lecturas. Ayer me metí un chute de guerracivilismo con un libro de 2016 que lleva el nerudiano título Spain in Our Hearts y trata sobre los estadounidenses y algunos ingleses que estuvieron en la guerra de España. No creo que sea un libro que vaya a despertar demasiado interés entre el público español (hasta donde sé ni siquiera está traducido), pero viviendo en una isla que fue parte del imperio Británico es el tipo de volumen al que tengo acceso y no está mal del todo lo de mirar desde el punto de vista del otro, aunque en general España y los españoles quedan reducidos en este texto a poco más que el decorado en el que una serie de periodistas sobre los que ya se ha escrito mucho y de idealistas proyectaron con mayor o menor fortuna su compromiso con ciertas ideas y su afán aventurero.

Libro de periodista y no de académico, con el molesto inconveniente de que no haya numeritos que lleven a las referencias, me ha parecido bastante deudor de los de Paul Preston . Más que en la bibliografía su mérito reside en la cantidad de fuentes no publicadas que se citan. La prueba del algodón por la que no supera mi prejuicio es que al autor ¿Por quién doblan las campanas? y Homenaje a Cataluña le parezcan libros admirables.

Hablando de prejuicios,, hay ciertos detalles en el texto que están hechos a la medida de las ideas preconcebidas del público en lengua inglesa, como aquí una referencia fuera de lugar a la Inquisición, a la que parece considerar un periodo histórico per se (el Tribunal de la Inquisición operó entre 1478 y 1834).

[…]the “key plotter” was General Francisco Franco. “Ambitious and pu­ritanical, an architect of the elite Spanish Foreign Legion, he was driven by a fierce belief that he was destined to save Spain from a deadly conspiracy of Bolsheviks, Freemasons, and Jews (no matter that King Ferdinand and Queen Isabella had expelled the latter from their realm in 1492, during the Inquisition, and that few had ever returned).

Por otra parte hay ocasiones en las que en vez de bajar el nivel al de su público intenta elevar a este último. Me gusta la siguiente explicación, en especial debido a que con el tiempo voy encontrando referencias en español a “los nacionalistas” o “el bando nacionalista” que parecen ser retrotraducciones:

The military rebels called themselves Nacionales, a term “rather stronger”, the historian Paul Preston explains, in its connotations of ‘the only true Spaniards’ than the usual English rendition of `Nationalists´.

En otras ocasiones pequeños detalles delatan que el autor no es precisamente un experto en España. Muchas veces he contado que deseché un sesudo análisis sobre el chavismo al ver que el autor escribia “chávismo” con acento en la a. El autor de este libro no parece ser consciente de que Guernica o Gernika suenan exactamente igual y que entre una lengua y otra no cambia el nombre sino lo que ellos llaman spelling. Lo de que los vascos hayan sido independent-minded a lo largo de la historia anterior a 1890 sería muy discutible, pero es otra confirmación tópica. Son pistas de calidad.

Guernica (today usually called by its Basque name, Gernika) had long had a special place in the history of the independent-minded Basques.

Lo que más interesante me ha resultado es la historia de Torkild Rieber, el presidente de la Texaco que concedió un crédito ilimitado de combustible a Franco, un campo este que no se suele destacar cuando se cuenta la guerra a grandes rasgos. Se habla mucho de la asistencia extranjera en armamento y poco de lo que ese armamento necesita para operar. En este libro se cuenta cómo Texaco operando en el puerto de Constanza en Rumania pasó información al bando rebelde sobre qué barcos estaban abasteciéndose con petróleo destinado a la República, un nivel de colaboración inédito para un empresa petrolera. El barco rumano fue bombardeado y hundido con posterioridad.

Me hubiera gustado mayor exhaustividad al tratar la XV Brigada Internacional. Quizá una historia de la Brigada Abraham Lincoln habría sido un libro diferente. Quizá hubiera sido más justo subtitular: algunos estadounidenses.

Mi veredicto: Aprobado raspado. Sólo para los muy interesados en la guerra civil española o en Hemingway.

 


Jornusa o jornufa

03/02/2018

Libro de los animales (Siria s XV)

El viernes estuve trabajando desde casa y una de las ventajas que esto tiene es que puedo poner la radio a todo trapo. Me dio por oír un podcast sobre la famosa embajada de Ruy González de Clavijo a la corte de Tamorlán en Samarcanda (1403-1406).

Me ha llamado la atención la descripción de una jirafa que se encuentran llegando a Persia, a la que en el programa radiofónico llaman jornusa y que en otras fuentes aparece como jornufa. Yo he tomado la transcripción que viene a continuación de una edición de 1782 de la enarración de González de Clavijo:

[…]é aqui en esta ciudad de Hoy se acaba Armenia la alta , é comienza tierra de Persia : é en esta ciudad viven muchos Armenios. E quando los dichos Embajadores llegaron á esta ciudad, fallaron en ella un Embajador que el Soldan de Babylonia enviaba al Tamurbec. El qual llevaba consigo fasta veinte de caballo é fasta quince camellos cargados de presente, que el Soldan enviaba al Tamurbec ; é otrosi llevaba seis avestruces é una alimania que es llamada jornufa, la qual alimania era fecha desta guisa: avia el cuerpo tan grande como un caballo, é el pescuezo muy luengo, é los brazos mucho mas altos de las piernas, é el pie avia asi como el buey fenchido, é desde la uña del brazo fasta encima del espalda avia diez y seis palmos : é desde las agujas fasta la cabeza avia otros diez y seis palmos, é quando queria enfestar el pescuezo, alzabalo tan alto que era maravilla, é el pescuezo avia delgado como de ciervo, é las piernas avia muy cortas segun la longura de los brazos , que ome que la non oviese visto bien pensaria que estaba asentada aunque estoviese levantada, é las ancas avia derrocadas á yuso como bufano : é la barriga blanca , é el cuerpo avia de color dorado é rodado de unas ruedas blancas grandes: é el rostro avia como de ciervo , en lo baxo del fácia las narices: é en la frente avia un cerro alto agudo, é los ojos muy grandes é redondos é las orejas como de caballo, é cerca de las orejas tenia dos cornezuelos pequeños redondos, é lo mas dellos cobiertos de pelo, que parescian á los del ciervo quando le nascen, é tan alto avia el pescuezo é tanto lo estendia quando queria, que encima de una pared que oviese cinco ó seis tapias en alto podria bien alcanzar á comer: otrosi encima de un alto arbol alcanzaba á comer las fojas dél, que las comia mucho. Asi que ome que nunca la oviese visto le parescia maravilla de ver.

Como digo, en otras fuentes, incluso en artículos modernos aparece jornusa. Me ha parecido que podría la clásica confusión producida por la tipografía de la ese corta, que se parece a la efe. Al menos esto podría haber pasado en algún momento posterior ya que el original es manuscrito y anterior al artefacto de Gutémberg. Me he ido a buscar el pergamino más antiguo a la página de la Biblioteca Nacional y con cierto esfuerzo me ha parecido que es más bien una efe que por no estár barrada puede confundirse por una ese, pero a saber si la duda surge de ahí o si aparece después.

Caligrafía

No sé si jornufa es un hápax, pero he encontrado una palabra más antigua para referirse a la jirafa en castellano. En el siglo XIII escribieron azorafa que viene de zarafa o zaraffa tal y como es en árabe. Tampoco fue González de Clavijo el primer nativo de la península Ibérica en ver el animal, ya que en 1260 el sultán de Egipto envió a Alfonso X el Sabio una jirafa junto con un cocodrilo del Nilo y otros presentes.


Todo sobre Tuvalu

20/01/2018

Bandera de Tuvalu y sus nueve islas

Anteayer leí un artículo que me pareció muy interesante y que trataba sobre los números que se ocultan en ciertas palabras. Dada mi ignorancia en las lenguas polinesias, una de las cosas de las que me enteré es que el número ocho aparece en el nombre de Tuvalu, cuya traducción al español sería algo así como “ocho juntas” y que se refiere en tuvaluano a las ocho de las islas que estaban habitadas en cierto momento. Las que conforman el país y que aparecen en su bandera representadas con sendas estrellas son nueve islas, en realidad nueve atolones.

Como parece ser que en este momento las nueve están habitadas quizá debieran cambiarle el nombre al país aunque seguramente tampoco será el único que esté mal puesto. ¿No era Hispania toda la península? Lo que sí que ha cambiado unas cuantas veces es la bandera. La actual es la misma que hubo entre 1978 y 1995, con 9 estrellas. Es un poco complicado mirar cuáles son las islas en el mapa, ya que la bandera el oeste queda en la parte de arriba y el norte a la izquierda. A finales de 1995 y durante dos meses quitaron una estrella de la bandera y o mal lo estoy mirando o me parece que quitaron la de Vaitupu en vez de la de la “deshabitada” (ya no lo está) Niulakita, a la que ´-Álvaro de Mendaña llamó “La Solitaria”. El caso es que estrenaron 1996 con una bandera más moderna que les duró dos añitos para después volver de partida con la enseña británca, sus nueve estrellas insulares y un tono de azul que parece un tanto más claro que el azul marino de costumbre.

Las aguas territoriales se ven mejor que los puntitos en el mapa

Como apuntábamos el primer europeo que pasó por lo que hoy es Tuvalu fue el marino español Álvaro de Mendaña allá por 1568. Es el suyo otro de tantos nombres que si no están olvidados por los historiadores sí lo están por los españoles. Quizá ese fuera un dato referente a Tuvalu más interesante de conocer que la única referencia que yo tenía del país, por obra y gracia del libro de texto de geografía de 7º de EGB y aquella manía de hacernos memorizar capitales, que no sé si perdura: La capital del país se llama Funafuti. Me acabo de enterar de que Funafuti (6.025 habitantes en 2012) no es una ciudad sino un atolón compuesto por 33 islotes, lo que sería la razón por la que en ocasiones se cita como capital a Fongafale (el islote principal) o Vaiaku (el nucleo de población de Fongafale en el que se se encuentran los edificios administrativos).

Funafuti no es una ciudad sino un atolón

¿Y los tuvaluanos quiénes son o qué piensan de la vida? Pues son menos de once mil y hasta 1974 estuvieron en el mismo saco que los del actual Kiribati en una unidad colonial británica llamada Islas Gilbert y Ellice, en las que los que hoy son tuvaluanos eran Ellice y los kiribatianos, Gilbert. Ellice fue un mercader escocés del siglo XIX y el gilberto que dio nombre a las otras islas fue Thomas Gilbert, marino inglés del XVIII. aunque como suele pasar el primer europeo que las vio fue Pedro Fernández de Quirós que en 1606 llamó a las dos más septentrionales (Butaritari y Makin) Islas del Buen Viaje.

En 1974 hubo un referéndum en las Ellice, hoy Tuvalu, que ganaron los partidarios de separarse de las Gilbert, por lo que durante un par de años fueron dos colonias británicas separadas y posteriormente la independencia de Tuvalu llegó en 1978. Independencia relativa, dentro de lo que pueda significar para un país de diez mil almas repartido en islotes y dentro de la Commonwealth. con la reina de Inglaterra como jefe de estado y que cuya economía depende en gran medida de la ayuda de Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

En este mapa de 1884 se ven los nombres polinesios y anglosajones de las islas. Las Gilbert y las del Fénix son hoy Kiribati, Ellice es Tuvalu y Tokelau una dependencia de Nueva Zelanda.

Después ha habido otros dos referendos (en 1986 y en 2008) para ver si el país seguía en la mancomunidad británica o si se convertía en república. Lo que me sorprende del último es que la participación fuera sólo del 21.5% y los partidarios del statu quo ganaran por 1.260 votos (65%) a 679 (35%). Me gustaría saber qué cosas mejores tenía que hacer aquel día el resto de la población o por qué un asunto que concita suficiente interés como para que se organice una votación no lo genera a la vez para que se participe en la misma. En cualquier caso, la política de Tuvalu tiene que ser una cosa muy curiosa. De hecho no hay ni partidos políticos, lo que quizá lo pueda convertir en referencia para algunos españoles ilusos y críticos con la partitocracia. En otros lugares de parecido tamaño los partidos suelen ser el envoltorio que esconde plataformas personalistas pero en Tuvalu ni disimulan.

El hecho de que Tuvalu aparezca en esta lista es consecuencia de que allí no hay apenas nadie y que aunque algunos cientos de hablantes de nuestra lengua se hayan dejado caer por allí en las últimas décadas, la relación más probable con el país que puede darse hoy en día, aunque extraña y leve, sea el navegar no como Mendaña, Quiroz y Vae de Torres sino gracias a Internet por el dominio tuvaluano acabado en .tv de algún canal de television de cualquier otro lugar.


Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.


Episodios Nacionales: El equipaje del rey José

03/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Pronto me puse con uno de mis proyectos para este año, que es el de leer las diez novelas de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. El primer día de 2018 di cuenta de la primera entrega, El equipaje del rey José, que sucede en tierras de Burgos y Álava en los alrededores tanto en el espacio como en el tiempo de la batalla de Vitoria de 1813.

Con Galdós me pasa como con Dostoyevski, que la historia puede ser grandiosa pero la miga de verdad la encuentro en las reflexiones del narrador. Aquí respecto de un linchamiento fallido:

El populacho es algunas veces sublime, no puede negarse. Tiene horas de heroísmo, en virtud de extraordinaria y súbita inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de estas horas, muy raras en la historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y sobre todo cobarde.

Aquí sobre los efectos provocados por la combinación de las pasiones amorosas y las patrióticas:

Un hecho es este cuyo tenebroso misterio no penetrará jamás con exactitud el observador; pero es indudable que la pasión amorosa confundida con el arrebatado sentimiento patriótico que en el alma de la mujer produce fenómenos extraordinarios, durante las grandes guerras de raza, está sujeta a veleidades casi increíbles. El fanatismo de Genara hizo de ella en la ocasión crítica que narramos un ser espantoso; pero ¿es posible pronunciar la última palabra sobre la vengativa saña de su alma exaltada, sin deslindar lo que de sublime y de perverso había en los sentimientos que precedieron a la explosión tremenda? La pavorosa figura bella y terrible, que pedía la muerte de un hombre, pocos minutos antes amado, encaja muy bien dentro del tétrico cuadro de la época, en la cual las pasiones humanas exacerbadas y desatadas arrastraban a los hechos más heroicos y a los mayores delirios. Había en Genara una entereza romana que de ningún modo podía ser completamente odiosa, y en sus odios lo mismo que en sus amores no se quedaba nunca a medias.

Hace unos meses escuché un interesante programa de radio sobre la batalla de Vitoria de 1813 y luego estuve buscando mapas y otra información. El botín de guerra, que en otras batallas es tema secundario, tuvo en ésta un protagonismo mayor.

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La decadencia de España

11/12/2017

Portada

He pasado varios meses arrastrando la lectura de la Historia de la decadencia de España que Cánovas del Castillo escribió sobre el siglo XVII español (1598-1700). Lo hizo en 1858 a la edad de 26 años (lo cual es especialmente admirable cuando uno piensa con qué andaba entreteniéndose a esa edad) antes de convertirse en uno de los grandes políticos españoles del siglo XIX. Aviso de que no lo voy a recomendar. Creo que sólo he podido acabarlo gracias a que lo tenía en el Kindle y así, a ratos de autobús de los que por desgracia no ando escaso, he ido tragando páginas y millas de un modo que llevando a cuestas el mamotreto de más de ochocientas páginas hubiera sido imposible.

Mi veredicto sobre el libro es bastante negativo y sí se me ocurre que una de las causas de la decadencia de España podría ser el haberse mirado a sí misma desde este ángulo y haber escrito Historia así. La erudición de Cánovas era monumental aunque me da la sensación de que no estaba demasiado bien estructurada.

Mi primera inclinación es por negar la mayor y suponer que quizá ni en su dorado siglo XVI España alcanzara tanta grandeza como se suele suponer. Este tipo de relato histórico basado en alianzas matrimoniales, batallas, tratados de paz e intercambio de territorios dista de ser la historia del país real. A mí me parece que quedan confundidos los intereses del país y la protonación con los de la casa reinante centroeuropea que los gobernaba.  No soy partidario del tipo de narración histórica que una vez oí denominar “acontecimental” (término horrible, soy consciente) por oposición a la historia social que nos hubiera explicado, qué sé yo, si el excedente de cereal en Castilla en el siglo XVI permitió la financiación de una flota, o cuantas calorías podía consumir al día un campesino en los diferentes reinos o cuán altos o bajos eran el indice de alfabetización y la tasa de mortalidad infantil.

Cánovas escribe desde un patriotismo decimonónico que hoy nos resulta patriotismo mal entendido y tiene ideas que en nuestra época resultan extrañísimas como que la frontera natural de España esté en los montes del Atlas o que Francia sea y siempre vaya a ser enemiga natural de España. La mera idea de que la grandeza del país se alcanza mediante la conquista de territorios lejanos y la guerra es en sí pensamiento decadente y causa de decadencia. La casa de Austria tendría muchos intereses en Lombardía y Flandes, pero los españoles ninguno. Todo lo que haya contribuido a retrasar la aparición de los españoles como sujeto político y todo lo que haya supuesto falta de desarrollo científico y mejora de las condiciones materiales de vida es, si no decadencia, atraso. Otra extraña idea canovista (las naciones no pueden prescindir del honor) siguió trayendo más decadencia al solar patrio en décadas por venir.

No recomiendo perder demasiado tiempo con este libro, pero sirve para echar un vistazo al estado de la historiografía a mediados del XIX y el marco cognitivo del que provino la acción de uno de los próceres españoles que marcaron su siglo. Creo que sería sencillo hacer un análisis de la decadencia de España en pocas páginas que fuera mucho más certero y en el que aparecieran mucho algunas palabras que aparecen poco el texto de Cánovas, como ciencia y comercio, y otras que no aparecen nada como absolutismo, analfabetismo y superstición.