Los dos años en Rusia de Juan Van-Halen

18/05/2019

Dos años en Rusia

La lectura de los Episodios Nacionales me ha hecho interesarme por la biografía del general español Juan Van-Halen (1788-1864). Veo que don Agustín Mendía escribió un libro a partir de las notas del general que había pasado dos años en Rusia y más concretamente en la guerra del Caúcaso en 1819-1820, es decir por territorios hoy en las actuales Georgia y Azerbaiyán.  Parece que fue volumen de relativo éxito ya que si bien la primera edición es de 1849 yo he consultado una segunda edición publicada en Valencia en 1862.

Van Halen llega a San Peterburgo desde Londres y gracias a la descripción de su periplo un servidor, visitante habitual de la ciudad de Hamburgo, ha podido enterarse de que el pequeño archipiélago de Helgoland perteneció al Reino Unido hasta 1890 (“otro Gibraltar, abrigo de contrabandistas”) y que el elegante barrio de Altona había pertenecido a Dinamarca hasta 1864. Hay un largo recorrido hacia Berlín y por tierras de Prusia que hoy llevan nombres polacos y rusos en vez de alemanes y van acercándose a tierras del área de influencia rusa. Parece ser que el caviar no se conocía en la España de principios del XIX:

A mitad del camino, en la casa de postas que llaman de Nidden, adonde se adelantaron á pie con ánimo de estirar sus entumecidas piernas, encontraron al primer mercader moscovita que vio Van-Halen en su vida. Pasaba al interior de la Alemania y al Rhin con un cargamento de huevas de pescado que llaman Ikra ó Cabyard, que suele gustar mucho á todo el que llega á probarlas algunas veces.

Hace algún tiempo me puse a investigar el porqué del nombre “montaña rusa” que se da a las atracciones de feria así llamadas. Con esto descubrí cómo eran las montañas rusas originarias de Rusia, donde curiosamente las llaman “montañas americanas”. Van-Halen las describe:

En medio de tan alegre y variado concurso se levantan de trecho en trecho, cual pirámides egipcias, las montañas rusas, ó montañas de hielo. En la época de las fiestas alzan andamios de cincuenta pies de elevación, con quince ó veinte de anchura. De la plataforma colocada en su cima, adonde se sube por una escalera interior, baja un declive de ochenta á cien pies de longitud, construido con gruesas tablas, que cubiertas de capas de nieve, sobre las cuales se echa agua, se unen en poco tiempo de tal modo, que parecen un espejo. El dia en que dan principio las diversiones públicas, se ven á cientos los pequeños trineos que, montados sobre dos planchas de hierro, reciben á dos personas de diferente sexo, y vestidas con el pintoresco trage nacional.

Aparece una idea a partir de la ubicación ideal de San Petersburgo como capital marítima. Yo había leído con anterioridad que Lisboa y no Madrid debería haber sido la capital de la Monarquía Hispánica. Van Halen sugiere lago así como que Sevilla debería haber sido el San Petersburgo español y Cádiz su Kronstadt.

Después de un tiempo relacionándose en la capital peterburguesa consigue con ayuda de Agustín de Betancourt que el zar le asigne un destino en la guerra del Cáucaso adonde se dirige en siempre complicados viajes en los que viste el burka, que es una prenda de la zona que nada tiene que ver con la que en las últimas décadas conocemos con el mismo nombre.

Es complicado seguir el itinerario con precisión debido a los cambios de los topónimos o la imprecisión en la transcripción de los mismos. Pasa por Mshet y por Tiflis para llegar a su destino en Kajetia (de cuyos vinos dice que son como los de Valdepeñas para más adelante comparar su paisaje con el de La Mancha, si bien más despoblado). Creo que el destino donde más tiempo pasa, Kargatsch, es la Karajala de hoy, aunque no podría jurarlo. Me ha parecido que al fortaleza de Tchirakh es la que hoy se llama Chirag Gala en Azerbaiyán, pero no he sido capaz de encontrar Joserek, que debería estar unos 26 km al sur.

Para desubicarnos lo menos posible siempre hemos de agradecer la imposición del sistema métrico internacional. Al menos en la Rusia imperial nos dan las distancias en verstas (Van-Halen escribe werstas a la alemana) que son muy parecidas a los kilómetros. Las alturas en pies que se dan del Kasbek y el Elborous  (Elbrus) parecen erróneas.

El Cáucaso es el equivalente en Rusia al far west norteamericano. Aquí les dejo una anécdota el tipo de guerra que allí se hacía (223)

Un dia que los oficiales se habían sentado á la mesa, notaron la falta del intérprete, lo que rara vez solía suceder, y ya estaban á los postres cuando se presentó muy placentero con un lío de paño tosco debajo del brazo: dijo que les traía para postres una sandía de las que se suelen conservar en el país para invierno. Como en diciembre las frutas son muy apetecibles, todos se apresuraron á pedírsela: descubrió entonces su pacotilla, y vieron rodar por el mantel de la mesa una rapada cabeza de lesghuin, que era la fruta que acababa de recolectar el bárbaro en un encuentro hostil que había tenido aquella misma mañana, yendo á cazar á la otra parte del Alazan. Aquella hazaña, que los naturales del país tienen por una gloria, disgustó á los oficiales sobremanera. El coronel se levantó de la mesa, volviendo la espalda á aquella escena, siguiéronle todos á otro apostento, donde mientras fumaban sus pipas, el intérprete se hacía servir la comida recreándose á cada bocado con la sandía que tenía sobre la mesa.

También para comprender el viaje de regreso hacen falta ciertos conocimientos previos. Leópolis / Lviv se cita como Leopoldo y Brno / Brünn como Brimm. Entiendo que será cosa de quien pasara a limpio los manuscritos.

 

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La edad de la penumbra

03/04/2019

The Darkening Age

No suelo conseguir libros in español y me han pasado este La edad de la penumbra de Catherine Nixey bastante reciente (2018). Me agrada leer en mi idioma y cosa que hago con mayor velocidad y aprovechamiento aunque las traducciones sean a veces nefastas, como me parece que es el caso.

El libro trata de la destrucción del legado clásico, la antiguas religiones y los monumentos, pero más trágico aún las gentes y los libros. La tradición cristiana de Occidente plantea de modo banal este proceso como algo benéfico, pero hay mucho fanatismo y mucha sangre en la sustitución de un sistema de creencias por otro. Dentro de la complejidad de los siglos el libro ofrece la posibilidad de lamentarse por la pérdida de la biblioteca de Alejandría y de acercarse a figuras de los siglos del declive del mundo clásico como son Damascio, Celso, Teón, Hipatia, Orestes, Demócrito, Porfirio o Amiano Marcelino.

Este es el fragmento que, por sus connotaciones de actualidad, más me ha interesado:

Los objetivos declarados de los historiadores también empezaron a cambiar. Cuando el autor griego Heródoto, el «padre de la historia», se sentó a escribir la primera historia, declaró que su objetivo era hacer «investigaciones» —historias, en griego— sobre las relaciones entre los griegos y los persas. Lo hizo con tanta imparcialidad que fue acusado de traición, de halagar en exceso a los enemigos de los griegos y de ser un philobarbaros, un «amigo de los bárbaros», una palabra insultante y agresiva. No todos los historiadores eran tan imparciales, pero la equidad era un objetivo que persistió. El último de los historiadores paganos, Amiano Marcelino, se esforzó por alcanzarla; la posteridad, escribió, debía ser «testigo justo del pasado».

Los historiadores cristianos adoptaban un punto de vista diferente. Como escribió el influyente escritor cristiano Eusebio —el «padre de la historiografía de la Iglesia»—, el trabajo del historiador no era registrarlo todo sino solo aquello que ejerciera un bien en los cristianos que lo leyeran. No había que dar vueltas a las verdades incómodas, como el inoportuno hecho de que muchos clérigos cristianos, en lugar de saltar a las piras de la Gran Persecución, se hubieran escabullido de ellas con una prisa indigna. «Por consiguiente — anunció cuidadosamente—, no nos hemos dejado llevar por hacer memoria […] sino que a la historia general vamos a añadir únicamente aquello que acaso pueda aprovechar primero a nosotros mismos y luego también a nuestra posteridad». Heródoto había visto la historia como una investigación. El padre de la historiografía de la Iglesia la consideró una parábola.

Libro recomendable. No hace un análisis sistemático pero son pocas páginas, tiene buenas ilustraciones, y trata un aspecto fundacional de la historia europea pero que no se suele considerar demasiado en detalle.


Demografía para entender el siglo XVI

24/02/2019

Este libro

Estaba empezando a leer The Ottoman Empire 1700-1922 de Donald Quataert, que creo que está traducido al portugués, no así al castellano, y me ha parecido interesante esta descripción de un mundo que solemos interpretar eurocéntricamente haciendo caso omiso del resto del globo:

Durante el siglo XVI el Imperio otomano compartía el escenario mundial con otro pequeño grupo de estados ricos y poderosos. En el lejano occidente se encontraban la Inglaterra de Isabel I, la España de los Austrias y el Sacro Imperio Romano Germánico así como la Francia de los Valois y la República de los Países Bajos. Los otomanos tenían más cerca a las ciudades-estado de Génova y Venecia, más importantes para ellos a corto plazo debido al enorme poder político y económico que ejercían gracias a sus flotas de largo recorrido y las redes comerciales con las que unían la India, el próximo Oriente, el Mediterráneo y el mundo europeo occidental. Hacia el este había dos grandes imperios que en aquel momento se encontraban en la cumbre de su poder y riqueza: el estado safávida con base en Irán y el Imperio mogol del subcontinente indio. Entre los imperios otomano, safávida y mogol abarcaban desde Viena hasta los límites occidentales de China y durante el siglo XVI los tres prosperaron al cuidado de administradores que los hicieron enriquecerse con el comercio entre Europa y Asia. Probablemente los tres juntos mantenían el equilibrio del poder económico y político mundial en el momento en que España y Portugal conquistaban el Nuevo Mundo y sus tesoros pero sin lugar a dudas era la China de la dinastía Ming era el estado más poderoso del mundo en aquella época.

Entre los elementos que me llaman la atención destaca el de que con la salvedad del paso por el Himalaya o el Tíbet se pudiera llegar desde Viena hasta el mar del Japón atravesando solamente cuatro entidades políticas, por vaga que fuera su efectividad en el control del territorio.

Lo de que en nuestra visión eurocéntrica de la Historia no tengamos en cuenta al Oriente para casi nada puede que sea un error y puede que no. Al fin y al cabo creo que por mucho que se nos hable de la importancia de la ruta de la seda… a grandes rasgos se puede decir que se trataba de un mundo conformado por compartimentos estancos.

No está claro a qué momento del siglo XVI se refiere el párrafo. Parece que más bien hacia la segunda mitad ya que Isabel I de Inglaterra comienza su reinado en 1558. En todo caso me parece que se adelanta en algo a la grandeza de Inglaterra. Puntos extra negrolegendarios por alusión poco velada a los tesoros del Nuevo Mundo.

En la Wikipedia hay una lista precaria con un cálculo de la población de distintas entidades políticas en el año 1600.

  1. China Ming 160 millones
  2. Imperio mogol 115 millones
  3. Unión Ibérica (con posesiones americanas) 30 millones
  4. Imperio otomano 29,5 millones
  5. Sacro Imperio 20,3 millones
  6. Francia 20 millones
  7. Japón 18,5 millones
  8. Rusia 14 millones
  9. Corea 9,9 millones
  10. Polonia-Lituania 8 millones
  11. Inglaterra (con Irlanda y Gales) 5,6 millones
  12. Imperio Habsburgo 5,5 millones
  13. Vietnam 4,4 millones
  14. Imperio safávida 3,2 millones

La evolución demográfica es algo a tener muy en cuenta a la hora del análisis histórico. Creo que todos sabemos lo suficiente como para tener en cuenta que la población ha ido aumentando en casi todo lugar y en casi todo período histórico, sin embargo la inercia nos hace considerar la razón entre las poblaciones de dos países como si fuera  constante.

Este aspecto me ha interesado en años recientes e ilustra como Irlanda fue una pieza más importante en el pasado tanto en las islas Británicas como en Europa de lo que su exigua población del siglo XX podría hacer pensar.

La dispar evolución demográfica es un elemento que se suele dejar de lado en consideraciones histórico-políticas de la realidad española (por ejemplo Cataluña tiene hoy siete veces más población que Extremadura pero a principios del siglo XX era apenas el doble). A lo mejor hago algo curioso con esto si me lo permiten mis otras aficiones.

 


Declive y caída del Imperio Austrohúngaro

10/02/2019

by Alan Sked

He leído relativamente deprisa Decline & Fall of the Habsburg Empire (1815-1918), de Alan Sked (1989) que es un volumen de unas 250 páginas, la longitud ideal para mi grado de interés en la historia centroeuropea. He llegado a él buscando claves de organización política y territorial y errores flagrantes que causen la desintegración de una unidad política. No he encontrado nada necesariamente convincente ni que me sirva para construir un modelo. Al final pareciera que todos somos contingentes y que todo es contingente. De hecho, el autor reconoce que “declive y caída” es una frase hecha y que de hecho en muchos sentidos el imperio estaba mejorando cuando la guerra lo tumbó.

Hay partes de la explicación que tienen que ver con personajes y decisiones concretas. Estas suelen ser las que menos me agradan, por oposición a otras de tipo más estructural que son las que sirven para modelar. Por tanto los jueguecitos de diplomacia y espías de Metternich y el príncipe Schwarzenberg y básicamente todo lo que va entre el Congreso de Viena y las revoluciones de 1848 casi que me lo salto. Lo que me interesa mucho tiene que ver con la articulación lingüística de Bohemia, con la recomendación de Palmerston respecto a cómo se debe ser conservador y la comparación entre las diversas articulaciones de los territorios de la Monarquía a partir de su diversidad étnica.

En un momento del prólogo se indica que el imperio de los Habsburgo tiene en el momento de la accesión al trono de Francisco José (1848) unos 667.000 km2 (algo más que la península Ibérica) y unos 37,5 millones de habitantes; de los cuales 8 son alemanes, 5.5 magiares, 5 italianos, 4 checos, 3 rutenos, 2.5 rumanos, 2 polacos, 2 eslovacos, 1.5 serbios, 1.5 croatas, 1.5 eslovenos, 0.75 judíos y 0.5 más entre gitanos, armenios búlgaros y griegos. Me sorprende la cantidad de italianos porque tengo en la cabeza el mapa de 1914 con apenas el Tirol del Sur y la península de Istria sin caer en la cuenta de la previa pérdida de Lombardía (1859) y Venecia (1866).

Hay una frase que me resulta fascinante porque describe con elegancia algo que habrá ocurrido en un sinfín de ocasiones:

Los estudiantes de la Monarquía, como los de todas partes, recogieron las ideas más críticas de su época del modo más acrítico y habrían de convertirse en el grupo social más implicado en los acontecimientos de 1848.

No me he quedado convencido de que más allá de la Gran Guerra haya una causa clara que causara el derrumbe de esta polity tan peculiar. Es claro que mirada desde hoy parece un modelo insostenible, pero también supone un arcaísmo muy extraño la Mancomunidad Británica de Naciones y ahí sigue. Con todos sus problemas y limitaciones si no hubiera mediado un gran choque el Imperio Habsburgo podría haber aguantado mucho más.


Un par de ideas llegadas de Kosovo

23/01/2019

This post was originally written in English here.

'Kosovo: A Short History' by Noel Malcolm

‘Kosovo: A Short History’ by Noel Malcolm

14-OCT-2009 Durante las vacaciones tuve la ocasión de volver a hojear este libro. Buscaba un par de ideas que me llamaron la atención la primera vez que lo leí. La primera de ellas tiene que ver con las reivindicaciones territoriales tanto de serbios como de albaneses en Kosovo pero también se puede considerar un pensamiento genérico sobre la condición humana y el nacionalismo :

Todos los orígenes acaban resultando misteriosos si nos remontamos a buscar lo suficientemente atrás en el pasado. Y cuando miramos a los orígenes más tempranos casi todos los pueblos parecen haber venido de algún otro lugar. Antes de embarcarnos en estas búsquedas de los orígenes sería bueno tener en mente unos principios calificativos. Primero, nunca se dirá demasiadas veces que las cuestiones de prioridad cronológica en la historia antigua (quién llegó primero) son irrelevantes sin más para decidir lo que está bien y lo que está mal en cualquier situación política contemporánea. En segundo lugar, los relatos de movimientos de antiguos pueblos o tribus dan una impresión engañosa cuando se los trata como si hubieran sido elementos unitarios con identidades inmutables que se movīan de lugar en lugar jugando al corro de modo etnohistórico. En muchos casos (como el de las migraciones de los francos en la Europa altomedieval) es la llegada de un pueblo a un nuevo territorio o sociedad lo que le confiere una identidad que previamente no tenía. Las identidades continúan desarrollándose a lo largo del tiempo: ‘Serbio’ era una etiqueta tribal en el siglo VI, no asī en el XVI por lo que tratar a ‘los serbios’ como una categoría inmutable es tan ridículo como tratar de encontrar jutos y anglos entre los súbditos de la reina Isabel I de Inglaterra. Y en tercer lugar, nunca debemos olvidar que todos los linajes de un individuo son mezclas, especialmente en esta parte de Europa. Si un serbio de hoy lee sobre la llegada de los primeros serbios puede que no se equivoque si supone que lee sobre sus antepasados pero no puede estar en lo cierto si imagina que todos sus ancestros se encuentran en esa población. Lo equivalente es cierto para los albaneses y, por supuesto, para cualquier otro grupo étnico de los Balcanes.

‘Kosovo: A Short History’ p. 22

Albanian population in the Balkans

Población albanesa en los Balcanes

La segunda idea no me pareció nada obvia. En nuestros tiempos damos por sentado que la identidad religiosa es una única etiqueta excluyente de las demás y que desempeña un papel similar en cierto sentido al de la identidad nacional. Podría incluso ser más excluyente aún dado que hemos conocido personas con doble nacionalidad, pero aunque el sincretismo es bastante habitual los sistemas de dobles creencias no se aceptan tan bien. Los heterodoxos se suelen considerar herejes. Hasta cierto punto así era también en la Edad Media, pero si hoy la religión es una etiqueta identitaria en un mar de escepticismo intelectual en el pasado fue magia en uno océano de credulidad. Así pues veamos como los habitantes de los Balcanes medievales mezclaban los diferentes ritos y credos.:

Francesco de Leonardis escribía tras una visita a Pec en 1645:

“Aunque muy están muy apegados a su propia liturgia, ni su clero ni sus legos muestra aquel odio por nuestras prácticas religiosas que tenía la Iglesia Griega original… En estos territorios no sólo visitan y frecuentan nuestras iglesias asistiendo a misas y otros servicios y escuchando los sermones, sino que también se arrodillan y reciben los sacramentos de nuestros sacerdotes quitándose el sombrero y observando muchos de nuestros ritos.

Leyendo este tipo de relato es siempre necesario tener en cuenta que la función principal de la religión para la gente corriente en este tipo de sociedad era casi marginal: la religión era un conjunto de prácticas para alejar el mal, curar enfermedades, asegurarse buenas cosechas, etcétera. (Entre los ortodoxos la unción era especialmente preferida para estos propósitos y, tal y como de Leonardis relataba en 1640, la usaban al construir una casa, al plantar un viñedo al celebrar una boda o para llevar a cabo cualquier otro ‘acto solemne’). En las zonas en las que se mezclaban dos o tres religiones obviamente la gente intentaba hacer uso de todas las formas disponibles de remedios y protecciones mágicamente eficientes. Por ejemplo, la tumba curativa del rey Esteban Dečanski en el monasterio de Dečani, la visitaban tanto católicos como ortodoxos y están documentados ejemplos de católicos adoptando otras prácticas religiosas ortodoxas.
Este sincretismo de ritos y creencias populares también llegaba a los musulmanes. La popularidad del bautismo cristiano entre ellos se debía a varias creencias: que les alargaría la vida, les protegería de ser devorados por los lobos, les protegería de las enfermedades mentales o  evitaría que oliesen como perros (una idea extraña pero muy extendida). El hecho de que se pudieran compartir tantas prácticas contribuye a explicar la habitual falta de hostilidad religiosa de la gente común a nivel personal. Tras su visita a Kosovo, Fray Querubín describió censurándola la práctica de los católicos que elegían padrinos musulmanes para sus hijos y que permitían a los musulmanes aplicar los santos óleos a sus propios hijos ya que habrían de protegerles de las enfermedades de la vista.”

‘Kosovo: A Short History’ pp. 129-130


Macedonia prenacional

22/01/2019

Lo de Sarajevo en 1914

He agarrado el The Balkans de Mark Mazower que leí el año pasado para un rápido intercambio tuitero a propósito del cambio de nombre de la República de Macedonia, que se supone que pronto será Macedonia del Norte.

El interés con que adquirí esta edición de bolsillo que acabé leyendo en el bus era el de averiguar cuánto podría aprender sobre una región relativamente extensa y compleja de Europa en un volumen de apenas 150 páginas. Mi suposición era que bastante poco y como en tantas otras ocasiones minusvaloré mi ignorancia.

Por ejemplo hay un capítulo, el segundo, dedicado a la situación de la zona “antes de la nación”. Y tiene fragmentos bastante interesantes como el que lo inicia:

A principios del siglo XX los patriotas griegos y búlgaros luchaban por la lealtad de los campesinos cristianos ortodoxos de la Macedonia otomana. Resultó ser más difícil de lo que habrían podido esperar. Un activista griego lo describió así “Cuando llegué a Salónica la idea de los campesinos griegos y la gente sobre la diferencia entre la iglesia ortodoxa griega y los cismáticos búlgaros era bastante poco sólida. Me percaté de esto porque cuando les preguntaba a ver qué eran – Romaioi (griegos) o Voulgaroi (búlgaros) – se me quedaban mirando con cara de no entender nada. Se consultaban entre ellos para ver qué era lo que querían decir mis palabras y haciéndose cruces me respondían con ingenuidad: “Bueno, somos cristianos… ¿qué es eso de romaioi y voulgaroi?”

En otra parte del mismo capítulo se explica que la palabra romaioi (romanos, en el sentido de habitantes del Imperio Romano de Oriente) se utilizaba para describir a los griegos ya que la antigua palabra “helenos” había pasado a significar algo así como paganos. En otro párrafo del mismo capítulo se comenta que hasta el siglo XIX “turco” era una forma despectiva de referirse a los campesinos de Anatolia “ningún musulmán dice de sí mismo que es turco, llamárselo es un insulto”.

El caso es que como explica el autor:

La indiferencia de los súbditos cristianos del Sultán ante las categorías nacionalistas refleja su sentido de pertenencia a una comunidad definida por la religión en la que las diferencias lingüísticas entre griegos y búlgaros importaban menos que su creencia compartida en el cristianismo ortodoxo. Estos encuentros marcaron el momento en que los heraldos del moderno concepto de política étnica llegaron al medio rural y se encontraron con un mundo prenacional.

Y esto queda ilustrado con la apatía que recibe como respuesta de los lugareños de los alrededores del lago Prespa un activista búlgaro llamado Danil que trataba de explicarles que siendo búlgaros deberían tener sacerdotes búlgaros y oír misa en esa lengua, a lo que ellos replicaban que muchos hablaban griego y que además la liturgia la conocían en griego. Para la frustración del militante las gentes del lugar ni sabían que eran búlgaros ni que deberían tener clero búlgaro. Ni les importaba.

Y esto me ha traído a la memoria un programa de la BBC que estuve escuchando unos días después de que Tsipras y Zaev llegaran al acuerdo que se ha llamado precisamente del lago Prespa. El mundo prenacional de identidades fluidas es complicado de entender para mucha gente desde uno en que el que ya están solidificadas. Macedonia era una zona de colisión y mezcla de culturas (no es por nada que el postre se llama así) e incluso a partir de 1913, una vez que las fronteras se consolidaron haciendo que las preguntas de los nacionalistas pasaran a ser comprensibles para los paisanos (y otras cosas como que los dialectos búlgaro y macedonio se consolidaran por separado) ha seguido habiendo eslavos y albaneses en la República Helénica (y el reportaje de la BBC trata entre otras cosas macedónicas de la exclusión de los primeros).

La próxima vez que me dé por traducir un par de párrafos de este libro introductorio será también sobre la fluidez de la identidad pero en el ámbito religioso, episodios parecidos a los que alguna vez copié de un libro de historia de Kosovo.


La tragedia de España (Rudolph Rocker, 1937)

19/01/2019
The Tragedy of Spain

He estado pasando unos días en familia y me he encontrado con el libro La tragedia de España del anarquista Rudolf Rocker (1873-1958), otro de tantos periodistas, turistas, reformadores sociales o divulgadores que se pasaron por la piel de toro durante la guerra civil. Publicado en Nueva York en agosto de 1937, o sea año y pico antes del final de la fiesta, deja la historia a medias por lo cual no tiene demasiada vigencia excepto para narrar las tensiones entre anarquistas y comunistas en “la guerra dentro de la guerra” con los sucesos de mayo de 1937 por medio. En aquellos años convulsos debió de tener cierta importancia ya que incluso fue traducido al chino.

Respecto de la parte sustancial del libro sólo indicaré que a pesar de todos los males que se puedan atribuir al estalinismo me resulta bastante alucinante que ni entonces ni aún hoy alguien pudiera creer que una guerra de frente contra un enemigo militar poderoso y organizado se pueda ganar de un modo descentralizado y poniendo el énfasis en la transformación social de la retaguardia. Malas como son las dictaduras en general el mando único ha demostrado ser eficiente a la hora de dirigir el esfuerzo militar.

Como ni por el lado histórico ni por el político me he encontrado con nada que encuentre especialmente digno de reseñar voy a mencionar como de pasada unos cuantos aspectos relativos a la traducción, ya que el texto original está disponible en internet.

  • Cuando el texto en inglés dice “Andres Nin” el traductor lo vierte al español como “Andreu Nin”. Conocemos la jugada de la retrocatalanización de la Historia.
  • Hablando de la Pasionaria, Rocker escribe “the female communist leader” y el traductor lo transforma en “la líder comunista femenina” con lo que da la impresión de que esta señora lideraba tan sólo a otras señoras comunistas. El idioma español tiene un marcador de género maravilloso en el artículo determinado que evita la utilización redundante de un adjetivo para tal fin: “la líder comunista” o mejor aún “la dirigente comunista” (ya que el leader inglés aún no estaba naturalizado en los años treinta) hubiera resultado más apropiado.
  • La peor de todas las pifias debe de ser la de traducir “organized labor” como “trabajo organizado”, que se da varias veces a lo largo del texto y confunde al lector no avezado. Lo correcto sería decir “los sindicatos” o “las organizaciones sindicales”.

A mi modo de ver el texto de Rocker conserva hoy por hoy un escaso valor más bien de tipo arqueológico. Orwell alucinaba lo mismo pero al menos se considera escribía con más gracia.