Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez

12/11/2020

Editorial Prometeo

Entre ayer y hoy he estado leyendo Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez, que es un autor que no sé por qué no está más reconocido. Creo que esta es la única novela originalmente escrita en español que ha sido la más vendida en los EEUU en un año, concretamente en 1919.  Compuesta en 1916 en París, la ciudad en la que se ha escrito más de una obra importante de la literatura en castellano y donde residía el arte en las primeras décadas del siglo XX, trata de la Gran Guerra desde la simpatía por el bando aliado.

Ahora bien, a mí me ha parecido más interesante la parte primera que tiene como escenario la Argentina y el patriarca de la estirpe que después se reparte entre alemanes y franceses: don Madariaga. Será que la biografía del hidalgo, conquistador, encomendero o el dueño de la hacienda tienen más conexión con la historia hispánica que la lucha en la frontera del Rin. Se conecta esa vida gauchesca con todas estas trovas que he escuchado de Yupanqui, Cafrune y Larralde a lo largo de los años. Las décadas felices en que la Argentina fue tierra de promisión para gentes que llegaban de Europa a prosperar, libres de las ataduras del viejo mundo.

—Fíjate, gabacho—decía, espantando con los chorros de humo de su cigarro á los mosquitos que volteaban en torno de él—. Yo soy español, tú francés, Karl es alemán, mis niñas argentinas, el cocinero ruso, su ayudante griego, el peón de cuadra inglés, las chinas de la cocina, unas son del país, otras gallegas ó italianas, y entre los peones los hay de todas castas y leyes… ¡Y todos vivimos en paz! En Europa tal vez nos habríamos golpeado á estas horas; pero aquí todos amigos.

Y se deleitaba escuchando las músicas de los trabajadores: lamentos de canciones italianas con acompañamiento de acordeón, guitarreos españoles y criollos apoyando á unas voces bravías que cantaban el amor y la muerte.

—Esto es el arca de Noé—afirmó el estanciero.

Quería decir la torre de Babel, según pensó Desnoyers, pero para el viejo era lo mismo.

También se ido hundiendo el American Dream, pero aquella Argentina a la que se iba a hacer las Américas se acabó del todo en en algún momento del siglo XX, aunque sea difícil determinar en qué preciso momento se jodió el Perú. Hubo un tiempo en que fue tierra de abundancia, prosperidad y paz.

—Sea por lo que sea, hay que reconocer que aquí se vive más tranquilo que en el otro mundo. Los hombres se aprecían por lo que valen y se juntan sin pensar en si proceden de una tierra ó de otra. Los mozos no van en rebaño á matar á otros mozos que no conocen, y cuyo delito es haber nacido en el pueblo de enfrente… El hombre es una mala bestia en todas partes, lo reconozco; pero aquí come, tiene tierra de sobra para tenderse, y es bueno, con la bondad de un perro harto. Allá son demasiados, viven en montón, estorbándose unos á otros, la pitanza es escasa y se vuelven rabiosos con facilidad. ¡Viva la paz, gabacho, y la existencia tranquila! Donde uno se encuentre bien y no corra el peligro de que lo maten por cosas que no entiende, allí está su verdadera tierra.

Las partes segunda y tercera de la novela se supone que son las sustanciales. Ciertamente Blasco Ibáñez no simpatiza con la causa imperial prusiana. El destino de los descendientes de una misma familia condenados a enfrentarse en el campo de batalla por causa de su nacionalidad genera una enorme tensión que mantiene en vilo al lector.

—Tal vez encuentres frente á ti rostros conocidos. La familia no se forma siempre á nuestro gusto. Hombres de tu sangre están al otro lado. Si ves á alguno de ellos… no vaciles, ¡tira! es tu enemigo. ¡Mátalo!… ¡mátalo!

En cuanto al problema de Alemania. Hay una parte en el que los personajes imperiales del militarismo prusiano empiezan a lanzar una combinación de ideas del siglo XIX y resulta interesante como parecen vaticinar lo que ocurrirá un par de décadas después:

El doctor von Hartrott, al explicar su visita, habló en español. Se valía de este idioma por haber sido el de la familia durante su niñez y al mismo tiempo por precaución, pues miró en torno repetidas veces, como si temiese ser oído. Venía á despedirse de Julio. Su madre le había hablado de su llegada, y no quería marcharse sin verle. Iba á salir de París dentro de unas horas; las circunstancias eran apremiantes.

—Pero ¿tú crees que habrá guerra?—preguntó Desnoyers.

—La guerra será mañana ó pasado. No hay quien la evite. Es un hecho necesario para la salud de la humanidad.

Se hizo un silencio. Julio y Argensola miraron con asombro á este hombre de aspecto pacífico que acababa de hablar con arrogancia belicosa. Los dos adivinaron que el doctor hacía su visita por la necesidad de comunicar á alguien sus opiniones y sus entusiasmos. Al mismo tiempo, tal vez deseaba conocer lo que ellos pensaban y sabían, como una de tantas manifestaciones de la muchedumbre de París.

—Tú no eres francés—añadió dirigiéndose á su primo—; tú has nacido en Argentina, y delante de ti puede decirse la verdad.

—¿Y tú no has nacido allá?—preguntó Julio, sonriendo.

El doctor hizo un movimiento de protesta, como si acabase de oir algo insultante.

—No; yo soy alemán. Nazca donde nazca uno de nosotros, pertenece siempre á la madre Alemania.

Luego continuó, dirigiéndose á Argensola:

—También el señor es extranjero. Procede de la noble España, que nos debe á nosotros lo mejor que tiene: el culto del honor, el espíritu caballeresco.

El español quiso protestar, pero el sabio no le dejó, añadiendo con tono doctoral:

—Ustedes eran celtas miserables, sumidos en la vileza de una raza inferior y mestizados por el latinismo de Roma, lo que hacía aún más triste su situación. Afortunadamente, fueron conquistados por los godos y otros pueblos de nuestra raza, que les infundieron la dignidad de personas. No olvide usted, joven, que los vándalos fueron los abuelos de los prusianos actuales.

Es curioso que en la segunda década del siglo este discurso ya sonara demencial para muchos y que en cambio quince o veinte años después y después de una gran derrota (o precisamente por eso) pudiese encontrar tantos adherentes.

De nuevo intentó hablar Argensola, pero su amigo le hizo un signo para que no interrumpiese al profesor. Este parecía haber olvidado la reserva de poco antes, entusiasmándose con sus propias palabras.

—Vamos á presenciar grandes sucesos—continuó—. Dichosos los que hemos nacido en la época presente, la más interesante de la Historia. La humanidad cambia de rumbo en estos momentos. Ahora, empieza la verdadera civilización.

La guerra próxima iba á ser, según él, de una brevedad nunca vista. Alemania se había preparado para realizar el hecho decisivo sin que la vida económica del mundo sufriese una larga perturbación. Un mes le bastaba para aplastar á Francia, el más temible de sus adversarios. Luego marcharía contra Rusia, que, lenta en sus movimientos, no podía oponer una defensa inmediata. Finalmente, atacaría á la orgullosa Inglaterra, aislándola en su archipiélago, para que no estorbase más con su preponderancia el progreso germánico. Esta serie de rápidos golpes y victorias fulminantes sólo necesitaban para desarrollarse el curso de un verano. La caída de las hojas saludaría en el próximo otoño el triunfo definitivo de Alemania.

Con la seguridad de un catedrático que no espera ser refutado por sus oyentes, explicó la superioridad de la raza germánica. Los hombres estaban divididos en dos grupos: dolicocéfalos y braquicéfalos, según la conformación de su cráneo. Otra distinción científica los repartía en hombres de cabellos rubios ó de cabellos negros. Los dolicocéfalos representaban pureza de raza, mentalidad superior. Los braquicéfalos eran mestizos, con todos los estigmas de la degeneración. El germano, dolicocéfalo por excelencia, era el único heredero de los primitivos arios. Todos los otros pueblos, especialmente los del Sur de Europa, llamados «latinos», pertenecían á una humanidad degenerada.

El español no pudo contenerse más. ¡Pero si estas teorías del racismo eran antiguallas en las que no creía ya ninguna persona medianamente ilustrada! ¡Si no existía un pueblo puro, ya que todos ellos tenían, mil mezclas en su sangre después de tanto cruzamiento histórico!… Muchos alemanes presentaban los mismos signos étnicos que el profesor atribuía á las razas inferiores.

—Hay algo de eso—dijo Hartrott—. Pero aunque la raza germánica no sea pura, es la menos impura de todas, y á ella le corresponde el gobierno del mundo.

Su voz tomaba una agudeza irónica y cortante al hablar de los celtas, pobladores de las tierras del Sur. Habían retrasado el progreso de la humanidad, lanzándola por un falso derrotero. El celta es individualista, y por consecuencia, un revolucionario ingobernable que tiende al igualitarismo. Además, es humanitario y hace de la piedad una virtud, defendiendo la existencia de los débiles que no sirven para nada.

El nobilísimo germano pone por encima de todo el orden y la fuerza. Elegido por la Naturaleza para mandar á las razas eunucas, posee todas las virtudes que distinguen á los jefes. La Revolución francesa había sido simplemente un choque entre germanos y celtas. Los nobles de Francia descendían de los guerreros alemanes instalados en el país después de la invasión llamada de los bárbaros. La burguesía y el pueblo representaban el elemento galo-celta. La raza inferior había vencido á la superior, desorganizando al país y perturbando al mundo. El celtismo era el inventor de la democracia, de la doctrina socialista, de la anarquía. Pero iba á sonar la hora del desquite germánico, y la raza nórtica volvería á restablecer el orden, ya que para esto la había favorecido Dios conservando su indiscutible superioridad.

—Un pueblo—añadió—sólo puede aspirar á grandes destinos si es fundamentalmente germánico. Cuanto menos germánico sea, menor resultará su civilización. Nosotros representamos la aristocracia de la humanidad, «la sal de la tierra», como dijo nuestro Guillermo.


Dioses, tumbas y sabios (Grecia)

18/10/2020

Me he vuelto a interesar por la Antigüedad clásica y la culpa la tienen ciertas excelentes conferencias grabadas a lo largo de años por la Fundación Juan March que he estado escuchando en las últimas semanas, como una de las prebendas que nos ofrece el teletrabajo. Con ese trasfondo me ha dado por hojear la primera parte (griega) del clásico libro de divulgación «Dioses, tumbas y sabios» de C.W. Ceram, a la que el autor tituló «El libro de las estatuas».

Gracias al recorrido por la biografía de Winckelmann he descubierto por fin por qué el apellido Stendhal sonaba tan poco francés. Siempre contento de leer más sobre el héroe de Pompeya y otros como Schliemann que nos han dado las lecturas (sobre Schliemann aprendí en otro libro más específico) o de otro como Michael Ventris, cuya historia leí extensamente aunque no recuerdo donde, pero a traves de quien en esta ocasión llegamos a un fragmento de leyenda negra banal:

Lo cierto es que el reino de Minos fue destruido y tan sañuda y repentinamente, que los destructores no tuvieron tiempo de ver oír o aprender nada; tan destruido como lo fue, tres mil años después, el reino de Moctezuma por un puñado de conquistadores españoles, de tal modo, que no quedó más que un montón de ruinas, simples piedras inermes y silenciosas.

Que sería una exageración teniendo en cuenta tan sólo que el Lineal A de Creta aún sigue sin descifrar y que se publicó un tratado sobre el nahuatl ya en el siglo XVI (antes incluso de que se imprimiera la primera gramática alemana) pero es que además aunque la religión y la lengua principales hayan pasado a ser otras se da una continuidad de la cultura precolombina en los siglos posteriores que llega hasta el México actual. Es decir, que la comparación está muy mal traída. En fin, supongo que si el autor hubiera sido español en vez de alemán también habría comenzado hablando de Carlos III más que de María Amalia de Sajonia.

A continuación copio otro extracto más interesante sobre el triste asunto de la destrucción de antigüedades en Berlín y otros puntos de Alemania por los bombardeos de la guerra y otros saqueos posteriores, que ya me habia interesado con anterioridad. Precisamente una de las conferencias que arriba mencionaba me recordó que la URSS había devuelto el altar de Pérgamo a la RDA en 1959. Ceram escribió su libro en 1949 y lo revisó en varias ediciones pero murió en 1972 sin llegar a saber que «el tesoro de Príamo» también había acabado en Moscú. Al menos sonreirán con lo de los caramelos:

Schliemann, como un ladrón, había tenido que asegurar su tesoro huyendo de las garras de las autoridades, y lo conservaba oculto. Después de muchos rodeos, algunas piezas importantes de su colección pudieron llegar de Troya al Museo de Prehistoria de Berlín. Durante varios decenios, este tesoro estuvo allí, donde pasó todo el tiempo de la guerra de 1914-18. Pero vino luego la segunda guerra mundial con su secuela de bombardeos. Parte de las colecciones se salvaron de la destrucción y fueron trasladadas a lugares seguros. El «tesoro de Príamo» pasó primero al Banco Nacional de Prusia y más tarde al refugio antiaéreo del Zoológico de Berlín. Ambos lugares fueron destruidos. La mayor parte de las piezas de cerámica pasaron a Schönebeck an der Elbe, al castillo de Petruschen de Breslau y al castillo de Lebus. De Schönebeck no se ha conservado nada. De Petruschen no se tienen noticias, ya que la región pasó a formar parte de Polonia. El castillo de Lebus fue saqueado al terminar la guerra y más tarde el Gobierno de la Alemania Oriental ordenó su demolición. Pero poco después llegó a Berlín la noticia de que en Lebus quedaban aún piezas de cerámica. Una investigadora obtuvo el permiso para hacer averiguaciones en Lebus, pero no consiguió ayuda de las autoridades locales. Tuvo entonces la idea de procurarse veinticinco kilos de caramelos y pedir a los niños que le trajesen piezas de cerámica antigua. Y aunque los niños aprendieron muy pronto a romper en pedazos las piezas enteras para obtener así un caramelo por cada pedazo, consiguió reunir algunos ejemplares intactos procedentes de las casas, donde los campesinos brandeburgueses utilizaban de nuevo las vasijas, fuentes y jarros en que habían comido y bebido los antiguos troyanos y la familia real de los Átridas.
Pero descubrió aún cosas más graves. Después de la derrota alemana, los supervivientes de Lebus no tenían idea del valor de las piezas de barro que se guardaban en aquellos cajones. Y al renacer la vida en el pueblo, cada vez que se celebraba una boda iban los chicos con un carretón, lo llenaban de urnas y ánforas, los insustituibles hallazgos de Heinrich Schliemann, y los rompían entre alegres gritos a la puerta de los novios.
Así fueron destruidos por segunda vez los restos de Troya y reunidos por segunda vez con la ayuda de medio quintal de caramelos.


Postal de Hamburgo

19/06/2017

Contenedores

Hoy llegó una postal de Hamburgo. No es la primera vez, pero en esta ocasión no se trata de uno de los residentes habituales sino del amigo Jorge, que ha dejado Leipzig atrás y aspira a convertirse en uno. No es la mejor ciudad del mundo para quien se encuentra en la tesitura de encontrar piso y por lo que tengo oído la evolución del mercado en los últimos años ha sido bastante fea para los postulantes a inquilino.

Según leo se econocen mis méritos de buen receptor de postales. Eso es cierto. Pocas cosas agradezco más. Además esta me gusta mucho. No sé qué tienen los contenedores, pero hay algo en ellos que me fascina que no sé si serán las simples formas ortoédricas y los colores como de juego de bloques para infantes o si acaso su representación de la abundancia me hace cosquillas en el subconsciente. Una de las mejores cosas que puede hacer el turista en la ciudad hanseática y por el módico precio de un billete de autobús es recorrer el puerto en barco por entre las pilas gigantescas de contáiners.

Ocho días parece que ha tardado en dar el salto de dos mares y dos islas la cartulina con bonito sello del Mosela, de por donde también provenía parte de la familia de la jefa.

Y nada, que nunca se debe dudar de que Alemania es un gran país. Ese año no tenía pensado ir a Hamburgo, pero todavía queda tiempo y ahora tenemos una razón más.


Miguel Servet metiéndose en líos

02/02/2016
Aquí

Aquí

He estado oyendo uno de esos documentales de Documentos RNE -el único programa de radio que sigo con frecuencia- sobre la vida de Miguel Servet, Servetus o Serveto (Serveto como el pueblo oscense sería lo más adecuado en español, Servet es la forma francesa). Servetus es lo que solía aparecer por escrito ya que en el siglo XVI el latín era la lengua en la que se publicaba. Como siempre andaba en líos también se hizo llamar Miguel Villanovano (Michael Villanovanus) por ejemplo en la traducción creativa de la Geographia de Ptolomeo, que completó con sus conocimientos.

Hace muchos años vi la serie aquella de Televisión Española en la que aparecía Puigcorbé como protagonista. Creo que en el programa de radio tiran del audio de aquella para -en el minuto 38 o por ahí- meter estas líneas en la corografía de Alemania, palabras que a mí me interesaban y quería citar:

Abunda Germania en plata y también en lapislázuli, berilo, cristal de roca y amatistas. Además pieles preciosísimas de bravas fieras de la selva y en particular, como vulgarmente dicen, Hungría produce bueyes; Baviera cerdos; Franconia cepas, nabos y regaliz; Suevia meretrices; Bohemia herejes; Baviera también ladrones; Helvecia carnífices y boyeros; Westfalia embusteros y finalmente toda Germania y todo el Septentrión, glotones y bebedores.

Primero quería averiguar si era una cita buena o creación del guionista. Me parece que he encontrado la página correcta del tratado y sin saber mucho latín me temo que, aunque hay algunas partes que se reconocen, no es eso lo que dice y que faltan las cosas más graciosas.

Me quedo con la duda de si la edición de 1541 que he encontrado corrige otra de 1535, ya que en una revista estadounidense de finales del XIX sí que puede encontrarse algo bastante parecido al guión televisivo.

Popular Science (agosto de 1892)

Popular Science (agosto de 1892)

En otro orden de cosas, aunque Serveto -de donde provendría el apellido- y Villanueva de Sigena -la localidad natal- estén ambas en la provincia de Huesca no quedan precisamente a tiro de piedra e incluso a día de hoy están casi a tres horas por carretera. No creo que en España haya demasiados trayectos intraprovinciales que requieran de más tiempo.


Almanya

13/01/2016
Bienvenidos a Almanya

Willkommen in Deutschland

Un poco en contra del Zeitgeist de las últimas semanas pero quizá a favor de los vientos que soplaban hace pocos meses hemos visto hoy esta película de 2011, una comedia basada en la relativamente exitosa experiencia de los turcos que emigraron a Alemania. Hace cosa de un año estábamos todo el tiempo oyendo hablar de Grecia y de sus pensionistas, sus ahorradores, sus jóvenes. O se los ha tragado la tierra o los han enterrado los sirios. La agenda de los medios es tan veleidosa. Creo que entre bambalinas hay una lucha más o menos ideológica (a veces entre dos buenismos enfrentados) por el control del relato de la infame nochevieja de Colonia y tengo curiosidad por saber cuál será el resultado, dentro de unos meses.

Almanya no tiene nada especialmente duro ni desagradable in problemático. Los típicas anécdotas cómicas de los problemas de comunicación y algunos chistes visuales y la clásica reflexión del emigrado y la segunda generación sobre la identidad. Hace pocos meses vi una película sobre la emigración española a Suiza que en el fondo era la misma película. Aquella me hizo más gracia porque en alemán apenas me defiendo y de la cultura alemana casi tengo que defenderme. Con eso último me refiero a que aun estando expuesto a ella ni la comprendo ni practico mecánicamente. Esta película, que se deja ver, es especialmente buena si se compara con la que Hollywood hubiera hecho a partir de la propaganda del sueño americano. Hoy por hoy puede que el patriotismo alemán sea el más decente que haya.

Almanya es, obviamente, Alemania en turco.

"Alemania" en diferentes idiomas

“Alemania” en diferentes idiomas


Estereotipos de alemanes y británicos

22/11/2015
asx

Portada buena

Hay un dicho en inglés que dice que no hay que juzgar un libro por su portada. Tenían que extenderlo a comprarlos. Hace unas semanas o meses adquirí y leí en el día un volumen de hermosas solapas. Lo había escrito un periodista alemán que lleva media vida viviendo en Inglaterra, lo que a un tipo de menos de cuarenta años a lo mejor lo convierte en la mitad de cada cosa. Trata de las diferencias y conexiones entre ambas culturas, una continental y otra insular pero al fin y al cabo para nuestra perspectiva meridional dos culturas germánicas.

Si uno mismo tuviera que escribir un libro sobre el tiempo que se le ha escapado en las islas británicas sería sin duda uno muy diferente. Aparte de una serie de reflexiones continuas sobre el país de origen y el de estancia no había en Keeping Up with the Germans demasiado que yo pudiera conectar con mi propia vida y esfera cultural. Apenas algunos detalles que rozan la parte alemana (las navidades con Dinner for One), y en tanto que habitante dublinícola y aficionado a la historia de la ciudad, esa llegada de Heinrich Böll y su encuentro fortuito con la camioneta de las lavanderías de la esvástica.

El método comparativo en antropología muestra importantes limitaciones a la hora de ofrecer conocimiento. Una observación que suelo hacer a los irlandeses es que tienden a definir su cultura como los elementos que no están presentes en la otra isla, cuando en realidad los elementos comunes son mucho más, sobre todo para los que los observamos desde fuera. Un ejemplo podría ser que ellos miran mucho lo de los respectivos acentos, mientras que para los demás lo obvio es que hablan el mismo idioma. A lo mejor buscar imágenes de English breakfast y de Irish breakfast en Google Images ilustra lo que quiero decir mejor que otra cosa. Bien, lo que me sugiere este libro es extender eso a la Europa del norte, sean los Países Bajos, los de habla alemana o Escandinavia.

Había también alguna consideración interesante respecto de la educación segregada por sexos, la Baader-Meinhof y (cómo no) el fútbol, que es fuente de numerosos contactos y conflictos, pero en general fue para mí una lectura que entró en la categoría de olvidable y que apenas he recordado hoy porque me he encontrado con un gráfico un poco tonto sobre cómo ser alemán que me ha recordado la portada del libro de Oltermann.

Cómo ser alemán

Cómo ser alemán


Pequeña pero nuestra

31/10/2015
Pequeña y alargada

Pequeña y alargada

Se ha comentado muchas veces la actitud pasiva del gobierno checoslovaco tras los acuerdos de Múnich, como de aceptar a regañadientes la incorporación de los Sudetes a la Alemania de Hitler.

Me ha parecido curioso encontrarme con este mapa de la triste realidad posterior al otoño de 1938. Obsérvese en el mapa no sólo la ausencia de los Sudetes sino también la presencia de Transcarpatia. No sé exactamente en qué punto entre 1938 y el final de la guerra se publicó, pero el mensaje de “Malá, ale naše” (Pequeña pero nuestra) del eslogan parecería revelar un tipo de aceptación más activa por parte de al menos algunos checos y eslovacos en la línea del mejor solos que mal acompañados del refranero castellano.

Vaya usted a saber si esto no lo acabó financiando Hitler de algún modo. No he conseguido traducir el resto del texto pero me ha parecido que debe tratarse de un artículo de propaganda (más comercial que política) de la empresa chocolatera Kolínská Cikorka.

Después de 1945 este mapa tiene que haber parecido muy antipatriótico, aunque quizá no llamó tanto la atención en un país en el que tantos tenían tanto que esconder y donde no demasiados quisieron mirar atrás.


Luneburgo

18/10/2015
Am Sande

Am Sande

En julio estuvimos de vacaciones por el norte de Alemania y ahora que ha llegado el otoño me agrada recordar aquellos días de manga corta. Volamos a Bremen para pasar primero unos días en el Hamburgo veraniego (ya que la anterior vez había pasado tanto frío). De camino a Hanóver hicimos parada en la hanseática ciudad de Luneburgo (Lüneburg).

Es Luneburgo o Lunemburgo una ciudad de unos setenta mil habitantes a orillas del río Ilmenau, afluente del Elba. Es famosa desde antiguo por la sal que producían sus minas y en la actualidad por las landas repletas de brezales que hay en sus alrededores. La mina ya no está operativa aunque queda un museo, los tonos del brezo aportan un valor para la industria aún vigente del turismo.

Como sólo paramos un par de horas en la ciudad no puedo dármelas mucho de listo. Mientras mis jefas tomaban café yo me dediqué a patear las calles y a sentirme fascinado por esos tejados germánicos. Todo lo que vi está en el mismo centro de la ciudad, como muestra este mapa viejo.

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Aparcamos el coche cerca de la plaza mayor “Am Sande“. Algo que me llamó la atención es que muchos comercios tenían una sardina de cartón a la puerta. Buen adoquinado. La calle cuyos edificios más gustaron se llamaba Grapengiesserstrasse que creo que quiere decir de los caldereros. En la parte alta de Am Sande está el edificio oscuro de la Cámara de Comercio y de allí en adelante es todo una belleza de balcones y tejados que intentan de suspender la ley de la gravedad.

En otra plaza en la que se celebra un mercado se encuentra el ayuntamiento. En su fachada del ayuntamiento vi una estatua del Emperador de España y Alemania, que es bastante más famoso en el país del sur que en el del norte de Europa. Hay un par de farmacias dignas de mención por la grandeza de los edificios que las albergan. Una tiene como estandarte un unicornio y la otra, que queda cerca del ayuntamiento, un colorido umbral y una estupenda inscripción latina dirigida al Altísimo que indica “que ni las hierbas ni los ungüentos son los sanan sino tus divinas palabras que todo lo curan” (traductio libérrima).

 

 

Aparte de la belleza de los pequeños elementos arquitectónicos y de la interacción de ladrillo y vigas de madera, una peculiaridad de la ciudad que puede y debe verse es la vieja grúa (Alter Kran) que servía para cargar y descargar los barcos de la sal que iban por el Ilmenau. La parte de la ciudad en la que se encuentra es especialmente bonita, gracias a la combinación de viviendas bellas y vistas al río.

Si paramos alguna otra vez a lo mejor intento ver el museo de la sal, o uno que hay sobre Prusia Oriental del que he leído cosas bastante interesantes.


Leningrado

20/09/2015
Tragedia de una ciudad sitiada

Tragedia de una ciudad sitiada

Anoche acabé el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado. Me imagino que habrá descripciones mejores “a vista de pajaro” de las operaciones militares; esta obra entra como un zoom en la vida de los petersburgueses que escribían diarios. Por supuesto ofrece información sobre el desarrollo de la invasión alemana hasta que el cerco se cierra en septiembre de 1941, aunque del mismo modo ese frente informativo se cierra en gran medida durante la mayor parte de los capítulos para pasar a describir otros aspectos, entre los cuales es muy interesante el de la maquinaria del poder soviético y sobre todo el de la vida (y la muerte) en la ciudad.

La séptima de Shostakovich es la banda sonora obligada de esta lectura. Yo la había escuchado muchas veces y sigo sin llegar a entenderla bien, más allá de que reconozco los pasajes inquietantes. Del mismo modo me resulta muy difícil entender el hambre o cómo de difícil es sobrevivir a treinta grados bajo cero con una ración diaria de 250g de pan, para los que además hay que hacer cola. Es difícil entender los cadáveres abandonados por las calles y la masa famélica acudiendo a sus puestos de trabajo, pero sobre todo me resulta absolutamente incomprensible cómo en una situación así todavía hay conferencias, conciertos y exámenes en la universidad. Creo que no podemos entender y que en una situación ni siquiera tan grave todos los que intentamos comprender algo de esto seríamos de los primeros en caer.

En fin, hemos aprendido bastantes cosas de la geografía y la historia de una ciudad que algún día quisiéramos ver con nuestros propios ojos. Es interesante pensar que la iglesia de la Resurrección se salvó de la destrucción paradójicamente a causa del inicio de la guerra. No sabía o no recordaba haber leído que el plan de Hitler era destruir por completo tanto Moscú como Leningrado, aunque por la idea que tengo “plan” sea un modo demasiado generoso de definir los delirios de las sobremesas en la Guarida del Lobo.

La División Azul española aparece en dos breves notas: una a propósito del frío (azul por el color de sus caras) y otra en la que se indica que la defensa de sus posiciones en febrero-marzo del 1943 fue más que decente a pesar de la condescendencia alemana. Se habla una vez de españoles dentro del cerco, pero no de su destino posterior (tengo leído que algunos de los niños de la guerra de España salieron por el “puente” del Ladoga).

En la tradición de la bibliografía inglesa aquí las culpas se reparten entre la brutalidad nazi y la brutalidad soviética. El más malo es Hitler y el segundo Zhdánov. Me pregunto cómo son los libros que se leen en Rusia sobre estos episodios de la Gran Guerra Patria. Me puedo imaginar que sean bastante diferentes.


Kevin

01/09/2015

No lejos de la oficina en la que trabajaré hasta el viernes hay una iglesia de san Kevin. El otro día pasé por delante y vi un letrero que anunciaba misas en latín todos los domingos a las 10.30 (y luego en inglés al mediodía). No sabía que aún se hacían estas cosas. De hecho, hace muchos años, recuerdo acompañar a su casa a una chica que vivía muy cerca de ahí y comentar lo raro que era que hubiera un santo llamado Kevin en la iglesia católica romana, donde uno espera que los héroes y semidioses tengan nombres latinos. Después he estado en el lecho de san Kevin en Glendalough, un rincón que no añade demasiado a un valle que sí que es impresionante.

Esta vez, de camino al tajo, no pensé en la conexión entre cristianismo y latinidad, sino en el hecho de que unos días antes había estado jugando con la página esa del Instituto Nacional de Estadística que dice cuánta gente comparte un determinado nombre y cuál es su edad promedio. Probé algunos nombres de esos que en la actualidad se asocian a la vejez, como Marcelino y Aureliano, y luego me puse a buscar algunos que pudieran ser nombres jóvenes y se me ocurrió que algunos nombres anglosajones podrían tener éxito. Tal cual, en España hay 14.817 varones llamados Kevin y su edad promedio es de 14.9 años. Quizá me equivoque pero me parece que es popular entre los gitanos. ¿Y que parte de su auge se lo deberá al actor Kevin Costner?

Hoy me he encontrado una noticia de que la palabra alemana que había sido la más votada como nueva palabra de 2015 ha sido censurada porque discrimina a un grupo. La palabra era “Alpha-Kevin” y según parece el Kevin Alfa (aquí el “alfa” es como el del macho alfa de una manada de primates) es el individuo más tonto de un grupo. El artículo dice que:

The meaning of the term is something along the lines of “the stupidest of them all.” In Germany, the name Kevin is mostly associated with kids from social milieus with less access to education than the “average” German or with people from the former GDR.

Lo cual me parece una interesante coincidencia con el tipo de familias que me imagino que podrían escoger este nombre para sus hijos en España. No sé si Andalucía dará para ser la RDA.

No estoy muy seguro de cómo funciona este proceso, pero me supongo que existirá cierta conexión entre tradición, familia estructurada, conservadurismoy educación que provoca que en general las clases altas y hasta las medias y las bajas con aspiraciones no sean tan imaginativas como algunos miembros de las más bajas de todas a la hora de escoger nombres para sus vástagos. Luego cada cual los encuentra donde puede. Si las familias de la última decila leyeran a los clásicos griegos a lo mejor teníamos a muchos Demóstenes y Aristófanes; si telefilmes yanquis pues Yónatan, Yésica y Kevin. Y en Alemania será parecido.