La ladrona de libros

26/07/2015
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Cartel de la película

Vi la película de “La ladrona de libros”. Todo lo que ocurrió en Alemania entre 1933 y 1945 va a seguir interesándonos mucho durante al menos cinco décadas más, salvo que ocurra algún desastre aún mayor, que todo es posible. Me imagino que gran parte del éxito del libro y la novela se basa en esta fascinación por el mal que a mí también me afecta. Una cosa siempre admirable en el cine estadounidense es el cuidado que pone en la reconstrucción histórica y algo que me maravilla es el vestuario, la reconstrucción de los negocios, los carteles con tipografía de la época. Esa parte está muy bien. Creía yo que la historia tendría más relación con los libros o que fuera similar a aquella otra de “El lector” que vimos hace años. No he acabado de entender bien del todo cuál era la historia que se quería contar a pesar de las dos horas y media de duración. Por supuesto hay una crítica del nazismo y una vista de la oposición de perfil bajo a su régimen político, una conducta heróica y una chica a la que le interesan los libros. Veo el artículo de la wikipedia sobre la novela en que se basa y noto que falta un personaje que creo que habría sido muy importante. Creo que en conjunto no la puedo recomendar.


Bremen

19/07/2015
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Bremen

 Cuando quisimos comprar nuestro pasaje a Alemania, los vuelos a Bremen costaban tan sólo una tercera parte del precio de los destinados a nuestros aeropuertos de costumbre y como el horario era conveniente y permitía llegar a destino con un tren vespertino, decidimos darnos la oportunidad de conocer la ciudad hanseática.

El aeropuerto queda muy cerca del centro de la ciudad y otra de las ventajas es que no hace falta taxi, ya que el tranvía para justo enfrente del edificio de la terminal. Hay una parte del edificio que está muy bien, pero si uno sólo ve la parte desde la que opera la aerolínea irlandesa de bajo coste podría llevarse una pésima impresión.

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

El tranvía, en cuyo interior hay una máquina donde se puede comprar el billete, atraviesa la especie de isla en la que se encuentra el centro de la ciudad y muy convenientemente nos deja frente a la estación donde tenemos que utilizar la consigna para liberarnos de nuestro bagaje.

Hauptbanhof

Hauptbanhof

La ciudad es conocida mundialmente por el cuento recogido por los hermanos Grimm de los animales músicos de Brema. En cualquier esquina se encuentra uno al motivo del burro, el perro, el gato y el gallo. Hay estatuas conmemorativas, adornos del mobiliario urbano y suvenires turísticos por doquier.

Bremen, interior de la estación

Bremen, interior de la estación

Este cuento, aunque sea bien conocido y haya tenido su influencia en la cultura, nunca me ha parecido especialmente bueno. De hecho, los bichos ni siquiera llegan nunca a Bremen. Ahora que le intento contar cuentos a mi hija me he dado cuenta de que a diferencia de las canciones, es un aspecto de la cultura europea en el que ya hemos alcanzado una fase posnacional y los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm tamizados por Disney son las historias de la infancia de todos. Esto hace más fácil una formación multicultural.

Molino

Molino

Para retornar hacia el centro de la ciudad hay que pasar por un puente desde el que se ve el foso de la ciudad y un molino. Antes pasamos por un puente mayor sobre el río Wéser, que es donde en otro cuento un flautista lleva a los ratones a ahogarse, pero eso es en otra ciudad: Hameln, que es Hamelín como Bremen es Brema.

Demóstenes en el ayuntamiento

Demóstenes y Aristóteles (y/u otros) en el ayuntamiento

Ocurrió que llegamos a las cuatro de la tarde y hacía 32ºC, que es calorcito para allí. Ese mismo día Hamburgo tuvo la temperatura más alta registrada desde que se miden esas cosas, así que considero posible que en Bremen también lo fuera. Agradezco a los genes mediterráneos el hecerme más tolerable el paseo hasta la plaza de la catedral y el mercado, por donde estaban las cosas que queríamos ver. Tal era la temperatura que en la primera vuelta por el Domshof, había gente con los pies en la fuente de Neptuno.

Los del cuento

Los del cuento

No puedo aconsejar gran cosa tras un par de horas en la ciudad. El centro “neurálgico” son las plazas que hay junto a la catedral y el ayuntamiento, donde se encuentra la estatua del tal Roldán al que según la leyanda nuestro Bernardo del Carpio le dio las del pulpo. Leyenda todo. Como en Hanóver, hay “ayuntamiento viejo” y “ayuntamento nuevo”, sólo que aquí son edificios anejos. El viejo tiene mejor pinta para el ojeador. Hay unas estatuas de profetas bíblicos reconvertidos a pensadores clásicos y unos soportales que pueden verse en la ambientación de los fondos de la serie española de dibujos animados que versionaba el cuento de los cuatro animales, que se supone que nunca habían llegado a la ciudad.

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Las plazas de la catedral y del mercado ocupan una extensión considerable. Primero hay una iglesia de nuestra señora que no veo en absoluto porque su torre está toda cubierta de andamios y plásticos y luego en la plaza del mercado hay numerosos tenderetes protegidos por elevadas carpas que impiden una buena visión global, pero acercándose hay varios edificios interesantes, y en especial me gusta el de la cámara de comercio donde se indica que butten un binnen – wagen un winnen, que es bajoalemán que ni mi traductora oficial comprende, pero que quiere decir algo como que dentro o fuera hay que arriesgar para ganar. De la catedral me llaman la atención las alegorías de los evangelistas (un motivo que siempre me interesa) esculpidas en las escaleras.

El monumento famoso

El monumento famoso

El monumento oficial de los animales músicos está junto al ayuntamiento y debe de ser un lugar donde siempre hay gente como haciendo cola para sacarse fotos. He visto demasiadas representaciones del concepto y casi cualquiera me resulta más graciosa que esta estatua de bronce. En un cuento infantil, el color y la simpatía.

WOL GODT VORTROVWET DE HEFT WOL GEBOVWE

Wol Godt vortrovwet de heft wol gebovwet

Hay solamente un par de zonas por las que queremos pasear y que son idóneas en plena canícula. Una es la Böttcherstraße, la calle de los toneleros, que el nazismo consideró un ejemplo de arte degenerado del periodo de Weimar. Aquí hay varios edificios notables y esculturas, y encima de la entrada a la calle hay una imagen dorada de un ángel con espada flamígera que viene a alumbrar y aunque se lo quisieron ofrecer como homenaje a Hitler, que también era un iluminado, éste lo despreció. Y menos mal, porque si no seguramente ya no podríamos verlo, las cosas de la memoria histérica.

Buzón

Buzón

También hay muchos sitios donde tomar un refrigerio. Una vez que acaba la calle ya hay una carretera que es un horror y un túnel subterráneo para acceder a los muelles del Wéser y mucha gente sin camisa tomando cerveza y música técno. Llegar hasta ahí fue seguramente un error. La otra zona que queremos ver se llama Schnoor y fue de los cordeleros.

Todo lleno de detalles de estos

Todo lleno de detalles de estos

A mí me pareció que Schnorr estaba escondido en un lugar en el que uno no puede imaginarse que haya una zona histórica. Un par de calles de adoquines, con casitas de muñecas, callejones y tiendas de recuerdos. Me ha recordado a Friburgo y Basilea porque los tengo muy recientes en la memoria, pero en Europa central hay muchos lugares así. De camino a Schnorr vi un dintel en el que un antiguo dueño había escrito que todo lo que era y tenía se lo debía al Dios de Lutero. Ya en el barrio una fuente nos recordaba que el agua y el pan son las cosas más importantes de la vida. Hay infinidad de palabras sabias en una cultura tan grande.

Teléfono público

Teléfono público – Fernsprecher es una palabra que mola

Era sábado y estaba todo muy tranquilo. Unos mendigos que habíamos visto junto a la catedral habían bajado a San Juan a pedir limosna a la salida de misa, había un tour dirigido por una actriz vestida de época y poca actividad. Un par de horas después de nuestra llegada la temperatura bajó notablemente y comenzó a llover a ratos, con lo que el camino de vuelta a la estación resultó mucho más agradable.


Por el norte de Alemania

17/07/2015
Cartel de entonces

Cartel de entonces

Si el mes pasado nos tocó recorrer algo del sur de Alemania, este ha sido el de las vacaciones más largas que vamos a tener este año y nos hemos acercado al norte del país. La mayor parte de tiempo hemos estado en Hamburgo y Hanóver, que son las ciudades de siempre y sobre las que ya he escrito y mostrado imágenes en otras ocasiones, por lo que probablemente cuando en los próximos días suba alguna galería las omitiré, quizá con la excepción del maravilloso zoo de Hanóver que ha sido para mí toda una experiencia. También en Hamburgo he conocido un par de cosas nuevas, como son el jardín botánico y el parque que llaman de la ciudad, amen de celebrar el nuevo título de la Speicherstadt (patrimonio de la Humanidad) y comprobar el progreso de Citihafen y el edificio de la Filarmónica del Elba, aunque creo que todo ello me ha impresionado menos que la casa de fieras hanoveriana.

Pero no todo han sido las ciudades familiares, ya que en esta vuelta también ha habido alguna novedad. Por ejemplo, la carestía de los vuelos nos obligó a aterrizar en la ciudad hanseática de Bremen, por la que uno no había pasado y que ahora me parece muy bien y además mi niña está encantada con los cuatro animales músicos de Brema. Tengo una ridícula anécdota con su madre hace muchos años, que tiene que ver con las polis de aquella talasocracia del Báltico. La ciudad de Bremen y su puerto de Bremenhaven son un estado federado de la República Federal Alemana. Al igual que Berlín y Hamburgo son apenas una ciudad. Curiosamente el aeropuerto está en terreno de Bremen pero la pista se sale del estado y entra en Baja Sajonia y luego vuelve a ser Bremen otra vez. El avión ni se acerca a tocar estos confines aeroportuarios pero la curiosidad ahí queda.

También ha sido la primera vez que me he bañado en el Báltico. El agua estaba fresquita, pero se llevaba bien en un día de tanta calor como el que hizo en Timmendorfer Strand. De hecho quizá ni estuviera tan fría ya que había medusas y creo que a esos bichos los mueven las altas temperaturas. Mi impresión fue que no eran de las que picaban ya que nadie parecía alarmado por su presencia pero por si acaso intenté no tocar ninguna.

Otra de las experiencias interesantes ha sido conocer la también hanseática y salada ciudad de Luneburgo, que tiene un aire a Estrasburgo cuando uno está cerca del agua. bien vale una visita. Aunque mis planes de pasarse por Lubeca fueron boicoteados, me he quedado contento con el descubrimiento de esta ciudad, que por razones de poca actualidad estaba de mucha actualidad. La noticias más destacadas de esos días en cambio han sido todas las relativas a la crisis helena y de hecho un día almorzamos en un restaurante griego, acto que no sé muy bien como se interpretaría desde la perspectiva de esa gente que tanto dice querer a Grecia y tan poco a Alemania. A mí Alemania me encanta. La comida griega también.

En fin, que tras unos días de brötchen y Kafee und Kuchen ya hemos vuelto a la isla esmeralda donde siempre es otoño.


Feldberg de la Selva Negra

14/06/2015

Sin demasiado tiempo para extenderme voy a poner unas fotos de nuestro reciente paso por la Selva Negra, concretamente del día que subimos al Feldberg que es la montaña más alta de la región (1.493m). No es ninguna hazaña deportiva ya que se puede ascender en un teleférico en el que el precio del billete de ida y vuelta incluye el derecho a subir a la torre de observación que hay arriba.

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Telesilla

Si lo de las cabinas danpereza se puede subir a pie, que calculo que costará menos de media hora.

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Monumento a Bismarck

Lo primero que ve uno al llegar arriba es el monumento al Canciller de Acero, cuyo perfil inconfundible aparece en un medallón que hay en una de las caras del obelisco.

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Feldsee

Se supone que desde aquí contempla uno las mejores vistas de la Selva Negra. Se llegaba a ver el Titisee, de donde veníamos y también otro par de lagos más cercanos. En un mapa que indicaba las alturas de los alrededores aparecían el Mont Blanc y el Zugspitze, pero no estoy seguro de si son visibles ni aun en días muy claros.

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La torre de observación

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La auténtica cima

El teleférico no le deja a uno en la cumbre de la montaña. Como su nombre indica no tiene demasiada vegetación y además es relativamente plana. El punto más elevado está junto a una antena de televisión y un observatorio meteorológico a un par de kilómetros, lo cual da para un paseíto.

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Hacia la cumbre

En un punto el camino se bifurca para que ambas ramas acaben llegando al mismo sitio, lo cual supone un interesante intento de luchar con la monotonía de bajar por el mismo sitio.

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La vista desde la cima

Las vistas desde la cumbre me parecieron bastante menos espectaculares que las que había en el otro lado. Hay un círculo sobre un montículo que parece artificial, contiene paneles con mapas e información de flora y fauna y parece el lugar donde todo el que sube se hace la foto de grupo.

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Comienza el descenso

Tras unos breves momentos de cháchara, fotos y confraternización empezamos a deshacer el camino andado. Los que habíamos subido por un lado bajamos por el contrario.

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La torre de observación en lontananza

Lo que parecen cortafuegos son en realidad pistas de esquí. Aquí en invierno nieva una barbaridad. La vista hacia la vertiente del sur parece mejor que la septentrional.

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Pistas de esquí

Feld es campo y Berg es montaña, ya sabéis todo lo necesario.

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Nuestro grupo descendiendo

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Los rezagados

Lo último que nos quedaba por hacer era subir a la torre de observación. En Alemania hay muchas torres como esta. No parecen una idea muy difícil de implantar en otras partes, aunque algo tendrán los alemanes que saben cómo mantener y hacer rentable este tipo de instalaciones.

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Si sé mirar un mapa esto es Brandenberg y por ahí se va a Todtnau

En parte lo digo porque aunque hay que pagar para entrar a la torre no había nadie mirando, uno metía su tarjeta del teleférico en un escáner y eso le permitía girar el rodillo. En algunos países de más picaresca la gente se colaría. También había un ascensor relativamente limpio e incluso en una de las plantas un museo del jamón de la Selva Negra.

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La cima de la que veníamos

Una vez me dijo un alemán que el jamón de la Selva Negra es el mejor del mundo. Como si me dice uno de Jabugo que el motor de un Seat es mejor que el de un BMW. Para lo que era, el museo tenía su cosa.

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Selva negra

El último piso de la torre era la plataforma de observación propiamente dicha. Podía uno admirar el paisaje desde dentro, protegido por los cristales, o salir al exterior donde de un lado venía viento gélido que valía la pena sufrir.

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Monumento a Bismarck y estación de teleférico

Después de comer al pie del teleférico nuestra expedición se desbandó y los meridionales salimos camino de Friburgo, que también está muy bien y del que ya hablaremos otro día.


Por la selva negra

02/06/2015
Póster

Póster

Acabamos de llegar a casa tras unos pocos días por la Selva Negra, la del sur de Alemania. Los más viejos del lugar se tienen que acordar de la serie aquella de la clínica. Se llama selva negra porque de puro frondosa la luz no alcanza el suelo, pero me temo que también porque como Gladstone intuyó sin ver en la Iliada, en el pasado matizaban menos los colores.

Ha sido un viaje que me ha permitido entrar por vez primera en territorio de la Confederación Helvética (uno menos para mi lista) y ver tres ciudades de tres países que tienen interesantes puntos en común desde el río Rin hasta el color de la piedra de sus catedrales: Basilea, Friburgo de Brisgovia y Estrasburgo. Zona de colisión desde tiempo inmemorial entre las culturas latina y germánica, la que otrora fuera frontera disputadas a muerte es hoy una de las más seguras y permeables.

Problemas fronterizos los de en mis tiempos de información y reservas aéreas, en los que el aeropuerto internacional (en el cual el adjetivo tiene más sentido que en el casi todos los demás) se llamaba tan sólo Basle-Mulhouse. Ahora es de Basilea, Mulhouse y también de Friburgo. Recuerdo que me solían hacer preguntas complicadas sobre los visados para la UE y si se podía entrar o salir del aeropuerto por el lado suizo. Ahora que ya lo he visto en persona no me he aclarado nada: el único agente de fronteras al que enseñamos los pasaportes llevaba uniforme suizo, aunque entramos y salimos por el lado francés del aeropuerto (que está todo en territorio galo pero que tiene una salida hacia Suiza)

Además de las tres grandes poblaciones antes mencionadas pasamos algo de tiempo en Ofemburgo y en Kehl por aquello de las conexiones familiares, que en el caso de la segunda ciudad lo son por triplicado. Y lo más turísticamente interesante: un par de días en el Titisee, que es un lago en las alturas de la Selva Negra, y donde pudimos degustar la tarta topónima por aquello de la metaexperiencia. Allí he descubierto la queja local sobre el origen de los relojes de cuco, injustamente atribuido a Suiza. También oí alguna cosa sobre las diferencias entre Baden y Wútemberg y ahora que hemos llegado a casa me he puesto a investigar cuáles son las conexiones entre los suebos y los suavos.

En el Titisee, como en todos los laguitos, caminar su perímetro y recorrerlo en barco son dos de las principales actividades que pueden llevarse a cabo. El día que bajamos de sus alturas glaciares pasamos por la base de la montaña más alta de la región, el Feldberg adonde subimos en teleférico. Las vistas son espectaculares y deben de serlo más aún en un día totalmente claro.

Póster

Póster


Matadero cinco

05/04/2015
Portada

Slaughterhouse 5

Por fin he tenido tiempo de leer la tan famosa novela de Vonnegut, cuya existencia descubrí bastante tarde, aunque puede decirse que a partir de ese descubrimiento me la he ido encontrando por todas partes. Lo de tener tiempo es un decir, ya que es lo suficientemente breve como para que se pueda leer del tirón en una tarde.

Tiene frases memorables y una búsqueda sencilla parece indicar que una de las que más éxito han tenido es la de pedir a Dios serenidad para aceptar lo que no se puede cambiar, valor para lo que sí y sabiduría para diferenciar lo uno de lo otro. Hay otra que dice que todo era hermoso y no dolió nada y esa parece que ha triunfado -y si se piensa es lógico- en el campo de los tatuajes. La que más me interesa es una que dice “so it goes” y que aparece en la novela en un centenar de ocasiones. Leyendo el texto en inglés, este so it goes ha sido tamizado por mi cerebro hasta quedar reducido primero a la forma dialectal “y así” (muy propia de mi comarca) y luego correlativamente por otras como “y en ese plan” o “y tal” hasta llegar a la definitiva “es lo que hay”, que francamente me parece muy superior al “y así sucesivamente” que he visto que hay en alguna traducción y que es a la vez demasiado preciso y demasiado inexacto.

La novela. Soy un lector malísimo de ficción y peor aún si tiene que ver con alienígenas. A pesar de que esa parte tiene su gracia más o menos puede decirse que yo quería leer el libro por la descripción del bombardeo de Dresde y esos son los fragmentos en que más me fijé. Creo que hace falta una capacidad de abstracción de la que carezco para disfrutar la historia olvidando la Historia.

Lo de Dresde. Los bombardeos sobre población civil son uno de los temas del siglo XX. Muchas veces la población no está alejada de las instalaciones militares y es difícil precisar los límites de la guerra justa. Dresde no era un centro militar ni industrial y los bombardeos de febrero de 1945 parecen una acción inmoral por innecesaria y posiblemente constitutiva de crímenes de guerra, aunque haga falta perder una guerra para que te puedan juzgar por los mismos. No es sólo eso, obviamente también es precisa la existencia de una organización con pretensiones de hacer objetivo lo que no puede serlo.

En febrero, cuando el 70 aniversario, vi un reportaje en la BBC en la que hablaban de la diferencia moral entre las acciones de guerra de los aliados y las de la Alemania nazi. La verdad es que no estoy muy seguro de que esa diferencia moral exista en lo relativo al bombardeo de población civil. Ciertamente Alemania también los había empleado, por ejemplo en Coventry, pero no veo acabo de ver la conexión moral entre el Holocausto que se perpetraba en el frente oriental y estos bombardeos, que es a lo que el reportaje aludía. Por un lado, si en febrero de 1945 los aliados desconocían la magnitud del Holocausto es extraño que hoy se pueda utilizar como argumento para justificar el bombardeo de Dresde; por otro lado, si de verdad lo conocían casi resulta extraño que lo moral sea utilizar el armamento para un bombardeo no estratégico en lugar de usarlo para acabar con las instalaciones y la insfraestructura necesaria para el crimen nazi.

Es difícil narrar algo como el horror acontecido en Dresde y quizá las idas y venidas al planeta Trafalmadore no contribuyen a dar veracidad a la narración. No cabe tanto fuego y gente quemada viva en las letras. Sí que es verdad que un punto culminante del absurdo puede ser el juicio y ejecución por pillaje del prisionero de guerra que se agencia una tetera en las ruinas.

No he estado en Dresde. Leí hace poco que es muy bonito el trayecto en coche desde Berlín. Me alegro de que la ciudad haya sido reconstruida. Cuando voy a la Galería Nacional de Irlanda, me suelo fijar en dos cuadros en los que Canaletto retrata la Florencia del Elba alrededor de 1750 y si alguna vez paso por Dresde intentaré compararlos con la ciudad actual. Con Vonegutt ya he leído a tres autores que pasaron las noches fatídicas en la capital de Sajonia. Son los otros dos Hauptmann y Klemperer.


Sábado peliculero

07/02/2015

Estoy intentando ajustar mis biorritmos, que es una forma exagerada de referirse al ciclo de sueño, para adaptarlos a una vida laboral asimilable. Lo hago bastante mal y en consecuencia hoy me desperté tarde y luego aparte de ir a comprar cuatro cosas para tener algo en la nevera he podido hacer el vago. Lo más destacable para mí, que apenas miro audiovisuales, es que he visto tres películas viejunas. Me las he encontrado en el Youtube, enteras y subtituladas. No sé cómo funciona eso de los derechos. A lo mejor no es que se pueda hacer sino que los dueños de los mismos no se molestan en ejercitarlos. Ni idea.

“El sabor de las cerezas” de Kiarostami. Creo que fue la primera película iraní que alcanzó cierta notoriedad en Occidente, en el año 1997. No se ajusta a nuestro canon del cine jolibudiense y a mí me cuesta mucho apreciarla. Me ha resultado aburrida y ni siquiera la atracción que tengo por la sonoridad del persa la salva. Hay una escena tonta al principio que creo que en el futuro no se entenderá. El protagonista va conduciendo despacio, se le ve a él y la vista de la ventana izquierda del vehículo (como si la cámara estuviese grabando desde el asiento del copiloto). En un momento se oye a alguien conversando por teléfono (que quedaría detrás de la cámara). Esa persona a la que no vemos pregunta al conductor-protagonista si quiere utilizar el teléfono. Casi veinte años después, es difícil imaginar que se trata de una cabina telefónica. El otro día vi por la calle un papel en una de las pocas que quedan. Decía que la iban a retirar en marzo. En el mismo año en que salió esta película, en un viaje por el norte de Francia me sorprendió la abundancia de cabinas. Esta densidad parecía entonces un signo de modernidad y hoy seguramente parecería un atraso. Puede que esté equivocado ya que no lo he investigado bien, pero me ha parecido que cerezas era una traducción más sonora pero menos precisa, ya que se refería a las moras de morera.

Luego he estado viendo dos que están bastante conectadas entre sí a través del nazismo. Una estadounidense de los años 80 que se llamó la caja de música, con Jessica Lange cuyo padre, húngaro emigrado a los EEUU, ha estado implicado en crímenes contra la población civil en Hungría en 1944-45. Es bastante de estilo telefilme con juicios pero me ha gustado. Sale el Budapest de los ochenta, el puente de las cadenas. Tengo que ver si consigo por algún lado la traducción del diálogo en húngaro que tiene con una anciana, que no aparecía subtitulado.

La otra es la famosísima “Der Untergang”, sobre los últimos días de Hitler en el búnker de la Cancillería, de la que sólo había visto la famosa escena viral doblada por todo el mundo con todo tipo de guiones de intenciones humorísticas. Eso queda casi al principio de un filme de dos horas y media. He visto algunos detalles que me han parecido que tenían que haber sido tomados necesariamente de las memorias de Albert Speer y según veo en la Wikipedia parece que ese fue el caso. Casi toda la película ocurre dentro del búnker, con unos pocos exteriores urbanos en Berlín, que creo que pretenden ser Unter den Linden.


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