Sábado peliculero

07/02/2015

Estoy intentando ajustar mis biorritmos, que es una forma exagerada de referirse al ciclo de sueño, para adaptarlos a una vida laboral asimilable. Lo hago bastante mal y en consecuencia hoy me desperté tarde y luego aparte de ir a comprar cuatro cosas para tener algo en la nevera he podido hacer el vago. Lo más destacable para mí, que apenas miro audiovisuales, es que he visto tres películas viejunas. Me las he encontrado en el Youtube, enteras y subtituladas. No sé cómo funciona eso de los derechos. A lo mejor no es que se pueda hacer sino que los dueños de los mismos no se molestan en ejercitarlos. Ni idea.

“El sabor de las cerezas” de Kiarostami. Creo que fue la primera película iraní que alcanzó cierta notoriedad en Occidente, en el año 1997. No se ajusta a nuestro canon del cine jolibudiense y a mí me cuesta mucho apreciarla. Me ha resultado aburrida y ni siquiera la atracción que tengo por la sonoridad del persa la salva. Hay una escena tonta al principio que creo que en el futuro no se entenderá. El protagonista va conduciendo despacio, se le ve a él y la vista de la ventana izquierda del vehículo (como si la cámara estuviese grabando desde el asiento del copiloto). En un momento se oye a alguien conversando por teléfono (que quedaría detrás de la cámara). Esa persona a la que no vemos pregunta al conductor-protagonista si quiere utilizar el teléfono. Casi veinte años después, es difícil imaginar que se trata de una cabina telefónica. El otro día vi por la calle un papel en una de las pocas que quedan. Decía que la iban a retirar en marzo. En el mismo año en que salió esta película, en un viaje por el norte de Francia me sorprendió la abundancia de cabinas. Esta densidad parecía entonces un signo de modernidad y hoy seguramente parecería un atraso. Puede que esté equivocado ya que no lo he investigado bien, pero me ha parecido que cerezas era una traducción más sonora pero menos precisa, ya que se refería a las moras de morera.

Luego he estado viendo dos que están bastante conectadas entre sí a través del nazismo. Una estadounidense de los años 80 que se llamó la caja de música, con Jessica Lange cuyo padre, húngaro emigrado a los EEUU, ha estado implicado en crímenes contra la población civil en Hungría en 1944-45. Es bastante de estilo telefilme con juicios pero me ha gustado. Sale el Budapest de los ochenta, el puente de las cadenas. Tengo que ver si consigo por algún lado la traducción del diálogo en húngaro que tiene con una anciana, que no aparecía subtitulado.

La otra es la famosísima “Der Untergang”, sobre los últimos días de Hitler en el búnker de la Cancillería, de la que sólo había visto la famosa escena viral doblada por todo el mundo con todo tipo de guiones de intenciones humorísticas. Eso queda casi al principio de un filme de dos horas y media. He visto algunos detalles que me han parecido que tenían que haber sido tomados necesariamente de las memorias de Albert Speer y según veo en la Wikipedia parece que ese fue el caso. Casi toda la película ocurre dentro del búnker, con unos pocos exteriores urbanos en Berlín, que creo que pretenden ser Unter den Linden.


Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.


La rana viajera

20/12/2014
El libro

El libro

Hace unas semanas pensé que quizá 2014 era el año en que menos libros había leído desde que tengo uso de razón y ahora parece como si estuviera apurando las últimas semanas del año intentando compensarlo. Además del efecto Kindle está la muy poderosa razón de que en diciembre el tiempo irlandés es más desapacible que de costumbre y que a las pocas horas de luz se añade el hecho de que las gentes se lanzan como posesas al consumismo, por lo que el propio hogar es el mejor lugar en que pasar las horas.

Si en los últimos días me había juntado con Juderías y Ganivet, hoy he vuelto a por otro autor español y viajero y de principios del XX: Julio Camba. A diferencia de los arriba indicados disfrutó de una larga vida, murió en 1962 por lo que no tengo claro si las obras están ya libres de derechos de autor, ya que creo que son 50 años en unos países y 70 en otros. El caso es que están bien disponibles en varios lugares que se dedican a compilar el dominio publico.

Yo a Camba sólo le había leído artículos sueltos y muy citado por otros autores. Sus libros vienen a ser artículos encuadernados y me he puesto con La Rana Viajera, publicado en 1920. Los artículos están agrupados por temas (España reencontrada, En la tierra de los políticos, En el país de la ruleta, En el rincón de los millonarios, Una nueva batracomiomaquia, Los médicos, Entre caballeros, La política, La antipolítica). Algunas veces por los aspectos que trata de la Gran Guerra se adivina que el fragmento está publicado en 1914 o en 1918 pero ciertamente una edición superior en la que se indicara la fecha de edición sería de agradecer. En Aliadófilo convencido, en 1918 hace comentarios muy interesantes sobre Alemania y lo que intuye que ocurrirá veinte años después. Otros artículos parecen motivados de modo muy obvio por la revolución rusa de 1917.

En lo relativo a España, es un autor costumbrista con cuyos valores parece difícil estar de acuerdo en nuestro tiempo, aunque muchas veces no estoy seguro de hasta dónde llega la opinión y dónde empieza la ironía y la exageración grotesca. Algún que otro artículo me recuerda a Larra. En ocasiones trata de su Galicia natal (La última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de nación). Por la conexión irlandesa mencionaré que coincido bastante en su visión de un asunto que ya hemos tratado en otras ocasiones, el panceltismo:

Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo, fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés.

También me parece bastante cierto lo que dice de que el castellano es “la verdadera forma actual del gallego”, en el sentido de que dos lenguas tan similares habladas por los mismos hablantes son al final son la una un calco de la otra. Como emigrante en Irlanda debo añadir otro fragmento de un artículo notable sobre la emigración, en el que también se mienta esta isla:

Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes. Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que, según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y, acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace.

Paso ahora a mi país de origen. No parece que San Sebastián le impresione demasiado como ciudad. Diríase que le resulta un aburrimiento alrededor de un casino. Los easonenses que no se lo tomen tan mal, que parece que al hombre le gustaba mucho el casino y además Bilbao no sale mucho mejor parada. Y en cuanto a la cultura vernácula, si en lo del gallego tiene más acierto, su crítica del vascuence por tomar palabras de otras lenguas me resulta bastante insustancial (y tampoco creo que ogia provenga de hogaza).

Tengo interés en seguir leyendo al autor, en especial el libro sobre Alemania y no tanto su obra de gastrónomo. Y como hemos pasado por mi capital provincial natal, cerraremos con mi municipio de adscripción donde entiendo que se fabricó el papel de la edición impresa en Fuencarral que he estado consultando en formato electrónico.


Lingua Tertii Imperii

08/12/2014
El lenguaje del Tercer Reich

El lenguaje del Tercer Reich

He visto citado el libro de Klemperer en multitud de ocasiones. Para alguien que ha estudiado ciencia política y tiene interés en cosas de lenguas su lectura es obligada. En cambio creo que no había tenido tan buena ocasión hasta que esta semana cayó en mis manos una edición en inglés más o menos reciente (2006; la primera en alemán es de 1947).

Es más o menos notorio que a partir de sus diarios Klemperer dejó constancia de novedosos usos de la lengua alemana que se dieron durante el nazismo (1933-1945) y que estaban destinados a favorecer al partido en el poder y facilitar sus objetivos. Entre dichos usos se incluían eufemismos, neologismos, clichés y nuevos significados para palabras antiguas. En la Wikipedia en inglés hay un glosario que puede servir de introducción a la terminología del periodo nacionalsocialista.

La conexión entre lengua y política es un aspecto que siempre me ha interesado mucho. No estoy muy seguro de que se pueda transformar la realidad mediante meros cambios terminológicos, aunque en la medida en que la pretendida transformación dependa de la voluntad o falta de acción de las masas es posible que ciertos términos más publicitarios o diplomáticos hagan más digeribles ciertos programas y contribuyan de mejor modo a la movilización o aletargamiento de sectores específicos de la población. Se me ocurren muchos ejemplos, pero es mejor reservarlos para entradas específicas.

Al final existe una batalla cultural entre diferentes sectores ideológicos. Tengo la sensación de que en el periodo histórico actual nacionalismos, feminismos y populismos utilizan este recurso de modo más efectivo que otras ideologías, que a los ecologistas no se les da mal del todo y que las ideologías tradicionales basadas en el eje izquierda-derecha no les funciona tanto aunque tienen la ventaja de que utilizan el lenguaje dominante de la sociedad, que como consecuencia podría considerarse el más neutro. Al final, modificar el idioma implica una ambición no sólo de redistribuir el poder sino de redefinir el marco según el cuál se reparte.

Ideas sueltas

Los diarios de Klemperer fueron publicados en 1995 pero las notas en las que se basa LTI están tomadas de los mismos. Aún no los he leído en su integridad pero tienen puntos de contacto con las “Memorias de un alemán” de Sebastian Haffner que leí hace más de una década.

El título del libro me ha hecho volver a preguntarme cuál será la razón por la que, en español, se suele llamar “Tercer Reich” en lugar de “Tercer Imperio” a ese periodo de la Historia alemana. No se hace ni con el Imperio alemán que va desde 1871 a 1918 ni con el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico. Otra curiosidad es que en inglés a éste último le quitan lo de “germánico”.

Kemplerer nació en Prusia en un pueblo a orillas del Varta y a pocos kilómetros del “pequeño Berlín” en el que nació otro judío alemán coetáneo suyo cuya biografía me ha interesado: el campeón mundial de ajedrez Emmanuel Lasker. Esta región pasó a formar parte de Polonia en 1918.

13 de enero de 1934: “Nuestro colega el profesor Israel, concejal nacionalsocialista, ha vuelto a adoptar con autorización del ministerio el antiguo apellido de su familia. En el siglo XVI ésta se llamó Oesterhelt, y en Lusacia, ese apellido se fue deformando a través de Uesterhelt, Isterhal (asimismo Isterheil y Osterheil, Istrael e Isser hasta convertirse en Israel”.  En el nacionalismo que yo he conocido, de mucha menor importancia histórica y probablemente menos creativo (y por precisar, más ortográfico que etimológico) sólo he llegado a conocer los casos de Santxez y Gartzia, pero me quería anotar el ejemplo.

El pariente que escribe desde Jerusalén en agosto de 1935 y dice que se encuentra mejor allí que en Tel Aviv donde los judíos sólo quieren estar entre ellos y ser judíos y nada más, mientras que en Jerusalén las cosas son más europeas. Hasta donde sé, hoy por hoy la situación de las dos ciudades es la inversa, siendo Tel Aviv la ciudad abierta y la disputada capital de nadie y ciudad tres veces santa es el reducto de los hebreos ultrarreligiosos. Toda la emigración de tras la guerra mundial y las tres guerras subsiguientes algo habrán tenido que ver, pero sería interesante saber cuándo cambió el carácter de estas dos ciudades.

El perfil de Elsa Glauber, germanista judía y patriota alemana, amiga de Klemperer me recuerda al del rabino Vogelstein de Breslau.

La consideración de qué pudo haber tomado el nacionalsocialismo del sionismo y Hitler de Herzl, así como la influencia que pudo tener que el sionismo fuera una corriente austriaca y no alemana tiene su punto de interés. No es la primera vez en la historia que posturas en apariencia contrarias se retroalimentan. Estaba pensando en la obligatoriedad de que ciertos cargos de las colonias españolas recayeran en funcionarios nacidos en España y cómo eso contribuyó a las revoluciones criollas. También que a la expansión y limpieza étnica nazi en el Este no le siguió una victoria aliada que se caracterizara por el respeto a la multiculturalidad y valores posnacionalistas sino precisamente la expulsión de los alemanes y la configuración de estados nacionales cuya congruencia ciudadanía-nacionalidad era inaudita en la región.

 


Hochdeutsch

25/07/2014

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En la muy literaria Gardiner street del Dublineses de Joyce y de un puñado de autores más, unas gentes del estado federado de Baden-Wurtemberg tienen a bien informarnos de que son capaces de muchas cosas pero no de hablar alemán como es debido. Suave Swabians.


Universidad de Hanóver

03/07/2014
universidad-hanover-1912

1912

universidad-hanover-2012

2009

Uno de mis pasatiempos preferidos es mirar cosas viejas: fotografías, documentos, postales y libros. En un blog que miro a veces estaban con una serie de fotos de Alemania en 1912 y cuando pusieron una de la Universidad de Hanóver, me recordó a una que había tirado yo desde el coche al pasar por delante, de camino a Herrenhäuser. Me he puesto a buscarla y la he encontrado, sin caer en la cuenta de que ya la había colgado en otra ocasión. Aunque la vieja está mejor enfocada y coge todo el edificio, son bastante parecidas. No deja de ser interesante comprobar las pequeñas diferencias. La más llamativa no es propiamente arquitectónica, sino la abundancia de vehículos de motor consustancial a nuestra era.

El género del antes y el después ha atraído mi atención durante estos últimos años y una de las cosas que me gustaría hacer es mezclar una foto histórica con una actual. La preparación de la logística me da toda la pereza del mundo, así que si se da será porque escoja un experimento senclllo.


Estalingrado

07/03/2014

Anoche estuve viendo un documental llamado “Secretos de Estalingrado”. Me ha parecido que la idea principal que quieren transmitir es que Stalin no fue tan buen estratega militar como suele suponerse y que realmente tuvo bastante suerte, y que lo que se solía considerar una retirada estratégica fue más bien una huida desordenada de soldados soviéticos despavoridos.

No sé hasta qué punto puede describirse una campaña militar con una versión que sea “la verdad”. Seguramente también haría falta saber leer en ruso y escuchar la opinión de los historiadores soviéticos y rusos. En todo caso soy escéptico respecto a la posibilidad de una versión verdera: ni siquiera en otros casos sin barrera lingüística y donde el acceso a documentos sería más sencillo estamos nada cerca. Es probable que los soviéticos tuvieran la fortuna de cara en importantes momentos concretos, pero eso ocurre todo el tiempo en todas las batallas de todas las guerras. Más o menos es opinión comunmente aceptada que la obcecación de Hitler por no retirarse, contra la opinión de sus generales, fue un error estratégico de primer orden y el rival también juega.

A mí me parece que el documental fracasa en ofrecer una narrativa coherente de si las fuerzas y el armamento alemanes eran superiores o no, o si el exceso de extensión creaba problemas de abastecimiento que eran más importantes que esa ventaja y también de cuántas tropas disponía la URSS para la operación Urano y desde dónde tenían que transportarlas.


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