La edad de la penumbra

03/04/2019

The Darkening Age

No suelo conseguir libros in español y me han pasado este La edad de la penumbra de Catherine Nixey bastante reciente (2018). Me agrada leer en mi idioma y cosa que hago con mayor velocidad y aprovechamiento aunque las traducciones sean a veces nefastas, como me parece que es el caso.

El libro trata de la destrucción del legado clásico, la antiguas religiones y los monumentos, pero más trágico aún las gentes y los libros. La tradición cristiana de Occidente plantea de modo banal este proceso como algo benéfico, pero hay mucho fanatismo y mucha sangre en la sustitución de un sistema de creencias por otro. Dentro de la complejidad de los siglos el libro ofrece la posibilidad de lamentarse por la pérdida de la biblioteca de Alejandría y de acercarse a figuras de los siglos del declive del mundo clásico como son Damascio, Celso, Teón, Hipatia, Orestes, Demócrito, Porfirio o Amiano Marcelino.

Este es el fragmento que, por sus connotaciones de actualidad, más me ha interesado:

Los objetivos declarados de los historiadores también empezaron a cambiar. Cuando el autor griego Heródoto, el «padre de la historia», se sentó a escribir la primera historia, declaró que su objetivo era hacer «investigaciones» —historias, en griego— sobre las relaciones entre los griegos y los persas. Lo hizo con tanta imparcialidad que fue acusado de traición, de halagar en exceso a los enemigos de los griegos y de ser un philobarbaros, un «amigo de los bárbaros», una palabra insultante y agresiva. No todos los historiadores eran tan imparciales, pero la equidad era un objetivo que persistió. El último de los historiadores paganos, Amiano Marcelino, se esforzó por alcanzarla; la posteridad, escribió, debía ser «testigo justo del pasado».

Los historiadores cristianos adoptaban un punto de vista diferente. Como escribió el influyente escritor cristiano Eusebio —el «padre de la historiografía de la Iglesia»—, el trabajo del historiador no era registrarlo todo sino solo aquello que ejerciera un bien en los cristianos que lo leyeran. No había que dar vueltas a las verdades incómodas, como el inoportuno hecho de que muchos clérigos cristianos, en lugar de saltar a las piras de la Gran Persecución, se hubieran escabullido de ellas con una prisa indigna. «Por consiguiente — anunció cuidadosamente—, no nos hemos dejado llevar por hacer memoria […] sino que a la historia general vamos a añadir únicamente aquello que acaso pueda aprovechar primero a nosotros mismos y luego también a nuestra posteridad». Heródoto había visto la historia como una investigación. El padre de la historiografía de la Iglesia la consideró una parábola.

Libro recomendable. No hace un análisis sistemático pero son pocas páginas, tiene buenas ilustraciones, y trata un aspecto fundacional de la historia europea pero que no se suele considerar demasiado en detalle.

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Sabotaje (Falcó 3)

30/03/2019

Sabotaje

Mi lectura sabatina ha sido el tercero de Falcó (1, 2). Comienza por los alrededores de la patria chica pero la acción principal transcurre el el París de 1937 donde se va a celebrar la exposición universal a la que la República llevó el Guernica. Escenario fascinante de las entreguerras frías.

Tratándose de una novela de espías no conviene desvelar demasiado de la trama. Me voy a quedar con esta exageración revertiana con algo de verdad puesta en boca del espía soviético Kovalenko:

Sus compatriotas son refractarios a demasiadas cosas. Ni el fascismo ni el comunismo calan de verdad en ellos; he visto allí más oportunistas que gente con ideas firmes… Sólo el anarquismo encaja con su carácter, y eso los hace imprevisibles y peligrosos. Incluso los más disciplinados ignoran la palabra disciplina. Eso no les impide morir dignamente, como formidables guerreros que son… Aunque, para su desgracia, seguirán siendo siempre españoles.

Y con la idea de que seguramente sea algo bueno que el posibilismo tenga más adeptos que todas las demás ideologías juntas y que por fortuna desde los años treinta los españoles hayan dejado de ser guerreros formidables para alcanzar bastante más disciplina y organizar un país mucho mejor de aquel que fue. Para vivir, más que para morir dignamente.

En cuanto apareció en escena el personaje de Boyard intuí que se trataba de Malraux y un par de gugleos me lo confirmaron. Hace un par de años vi “Sierra de Teruel” que recomiendo por su interés histórico ya que no creo que a estas alturas y con todo lo que ha dado el cine en los últimos ochenta años nos aporte gran cosa.


Superfreakonomics

24/03/2019

La edición británica,creo

Creo que fue en 2007 (“el año en que hice muchas cosas”) cuando leí Freakonomics del profesor de economía Levitt y el periodista Dubner. Una lectura muy entretenida sobre economía en el sentido más amplio posible de la palabra sobre cuya aproximación a la verdad fui desconfiando a lo largo del tiempo. Poco después salió una segunda parte: Superfreakonomics y ahora compruebo que eso fue en 2009 y que se me habían pasado diez años pensando que tenía que echarle un vistazo, cosa que no he hecho hasta hoy mismo. Hubo un tiempo en el que estuve suscrito por RSS al blog y otro rato al podcast, pero en alguna de las masacres desintoxicatorias de información desaparecieron de mi rádar.

Así que me he puesto a leer Freakonomics pero con el ceño fruncido y como desconfiando y nada más acabar me he puesto a buscar la opinión de algún comentarista para confirmar que en efecto, tal y como intuía lo que había estado leyendo sobre el calentamiento global era bastante raro y a los coautores les estaba cayendo la del pulpo por su frivolidad. Todo lo relativo a la prostitución me pareció relativamente más creíble, aunque la visión general sea demasiado de color de rosa. Entre lo esquivo que es el mundillo y la guerra cultural en la que estamos inmersos realmente es difícil saber.

La idea de que el salario no depende sólo de la oferta y la demanda sino también de la competencia, los años de educación, como de desagradable y de peligroso sea. Lo cual explicaría que una prostituta pueda ganar más que un arquitecto:

“The delicate balance between these factors helps explain why, for instance, the typical prostitute earns more than the typical architect. It may not seem as though she should. The architect would appear to be more skilled (as the word is usually defined) and better educated (again, as usually defined). But little girls don’t grow up dreaming of becoming prostitutes, so the supply of potential prostitutes is relatively small. Their skills, while not necessarily “specialized,” are practiced in a very specialized context. The job is unpleasant and forbidding in at least two significant ways: the likelihood of violence and the lost opportunity of having a stable family life. As for demand? Let’s just say that an architect is more likely to hire a prostitute than vice versa.”

El tipo de cosas datos que los medios niegan a la opinión pública:

“La probabilidad de que un norteamericano medio muera por un atentado terrorista en un año dado es aproximadamente de uno entre cinco millones. Tiene 575 veces más probabilidades de suicidarse.”

“En las naciones industrializadas, la tasa actual de muerte materna durante el parto es de 9 mujeres por cada 100.000 partos. Hace solo cien años, la tasa era más de cincuenta veces más alta.”

“Es posible que acudir al hospital aumente ligeramente sus probabilidades de sobrevivir si tiene un problema grave, pero aumenta sus probabilidades de morir si no lo tiene.”

Resulta curioso que el ejército de los EEUU estuviera sufriendo más bajas anuales a finales de la guerra fría que a principios del siglo XXI cuando participaba en dos guerras a un tiempo:

From 2002 to 2008, the United States was fighting bloody wars in Afghanistan and Iraq; among active military personnel, there were an average 1,643 fatalities per year. But over the same stretch of time in the early 1980s, with the United States fighting no major wars, there were more than 2,100 military deaths per year. How can this possibly be? For one, the military used to be much larger: 2.1 million on active duty in 1988 versus 1.4 million in 2008. But even the rate of death in 2008 was lower than in certain peacetime years. Some of this improvement is likely due to better medical care. But a surprising fact is that the accidental death rate for soldiers in the early 1980s was higher than the death rate by hostile fire for every year the United States has been fighting in Afghanistan and Iraq. It seems that practicing to fight a war can be just about as dangerous as really fighting one.

Mi fragmento favorito trata de terrorismo y tiene que ver con el idiota que en 2001 intentó sin conseguirlo hacer explotar una bomba que llevaba en las botas durante un vuelo, obligándonos a todos desde entonces a quitarnos los zapatos al pasar por la seguridad del aeropuerto lo cual tiene un coste en minutos que sólo en EEUU es equivalente a 14 vidas al año :

The beauty of terrorism — if you’re a terrorist — is that you can succeed even by failing. We perform this shoe routine thanks to a bumbling British national named Richard Reid, who, even though he couldn’t ignite his shoe bomb, exacted a huge price. Let’s say it takes an average of one minute to remove and replace your shoes in the airport security line. In the United States alone, this procedure happens roughly 560 million times per year. Five hundred and sixty million minutes equals more than 1,065 years — which, divided by 77.8 years (the average U.S. life expectancy at birth), yields a total of nearly 14 person-lives. So even though Richard Reid failed to kill a single person, he levied a tax that is the time equivalent of 14 lives per year.

Nuestro viejo amigo Robert Strange McNamara a quien un día nos referimos favorablemente por su defensa del cinturón de seguridad es alabado por la misma cuestión. Esta semana supe de la falacia de McNamara. que consiste en omitir todo lo que no sea fácilmente cuantificable a la hora de tomar decisiones.

Y por último dejo este fragmento por la parte que me toca. Las autoridades irlandesas nunca han comprendido las externalidades del mercado de recogida de basuras.

“A veces, a los políticos les gusta pensar como economistas y utilizan incentivos económicos para fomentar la buena conducta. En los últimos años, muchos gobiernos han empezado a basar sus impuestos de recogida de basura en el volumen. Si la gente tiene que pagar por cada bolsa de basura de más, razonan, tendrán un fuerte incentivo para producir menos. Pero esta nueva manera de gravar también da a la gente un incentivo para llenar aún más sus bolsas (una táctica que los responsables de la basura de todo el mundo llaman ahora «Seattle Stomp») o para tirar su basura en los bosques (que es lo que ocurrió en Charlottesville, Virginia). En Alemania, los evasores del impuesto de basuras tiraban tantos restos de comida por el retrete que las alcantarillas se infestaron de ratas. En Irlanda, un nuevo impuesto de recogida de basuras generó un aumento de la quema de basuras en los patios traseros, que no solo era mala para el medio ambiente, sino también para la salud pública: en el Hospital de St. James de Dublín casi se triplicaron los casos de pacientes que se habían prendido fuego mientras quemaban la basura.”

 

 


Eva, una aventura de Lorenzo Falcó

10/03/2019

Eva

“Eva”, la segunda novela de la serie Falcó de Arturo Pérez-Reverte ha sido mi entretenimiento de este fin de semana. Compruebo que hace ya más de dos años que leí la primera y tengo la siguiente y de momento última en la pila para cuando toque.

Como he leído casi todas las novelas del insigne académico, aparte de las horas invertidas en sus artículos semanales y vistas más de dos y más de tres entrevistas televisadas tengo para mí que conozco sus opiniones mejor que las de muchas personas que forman parte de mi vida real. El mundo virtual forma amistades asimétricas extrañas

En esa especie de portavocía del español normal y corriente que involuntariamente ejerce comparto con él muchos puntos de vista aunque discrepo de varias de las intuiciones morales que más tiempo dedica a propagar. Un ejemplo: me parece muy nociva para el ecosistema la cría de perros, mucho más que la de toros de lidia. Otro: España tiene un fondo de país analfabeto y cainita, pero eso utilizado como argumento queda muy cojo para explicar el enorme progreso experimentado por el país en los últimos sesenta años.

Creo que gran parte del éxito que este escritor obtiene, al menos conmigo, tiene que ver con el equilibrio en una prosa que salta fluidamente entre registros doctos y coloquiales. Como en este caso se trata de una novela de espías en la que debe mantenerse la emoción hasta el giro final no comentaré nada de la misma. Sólo diré que supone una buena oportunidad para intentar comprender el ambiente extraño del Tanger del estatuto internacional.

Un punto flaco revertiano a mi modo de ver es que no es excesivamente preciso en la arqueología del lenguaje. Por ejemplo a mí me resulta muy extraño que alguien pudidiera utilizar en los años treinta la expresión “absolutamente” para decir “por supuesto” o que se preguntara de alguien si era “heterosexual”. Esto, que me resulta aceptable para el narrador omnisciente, me parece un gran fallo en los diálogos.

– ¿Y cómo es el fulano? -se interesó tras unos pasos-. ¿Furete, entrenado? ¿Profesional? ¿Heterosexual?… ¿Padre de familia?


El diario de Lena Mujina

25/02/2019

Esta edición de 2012

Cuando leí el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado uno de los elementos que me impresionaron favorablemente fue el uso de diarios personales en la bibliografía. No había sido publicado aún el diario de Lena Mujina que he estado leyendo este fin de semana, ya que salió en el mismo 2011 (y en español en 2013).

En general me parece bastante feo el defecto tan habitual en los titulares de prensa de definir algo en función de otra cosa supuestamente superior. Así que el inevitable “la Ana Frank de Leningrado” lo tengo por bastante horroroso ya de por sí, sin siquiera tener en cuenta el relevante hecho cronológico de que el diario de Lena Mujina acaba en mayo de 1942 mientras que el diario de Ana Frank comienza en junio de ese mismo año. El paralelismo interesante está en que ambas comienzan a escribir días antes de acontecimientos históricos importantes que tendrán importantes consecuencias en sus vidas. También me resulta interesante a falta de una mejor explicación (sólo tengo una hipótesis) el hecho de que los diaristas adolescentes más destacables sean del sexo femenino.

Desde mi perspectiva de haber leído el año que abarca el libro en unas pocas horas lo más fascinante es cómo empieza hablando de guerra y bombardeos para acabar hablando de colas y comida. Esto es, la capacidad del ser humano para llegar a considerar que puede ser algo normal y ni siquiera digno de mención el que se estén lanzando bombas incendiarias desde aviones a la población en la que uno vive.

Mi entrada favorita es la del 17 de febrero de 1942, nueve días después de quedarse sola en el mundo:

Siento que soy rica. Tengo un bote con mijo, otro con cebada perlada y otro más con alforfón, un puñado de guisantes en una caja y 125g de carne en el alféizar de la ventana. En cambio no he tenido suerte con el azúcar: aún no he conseguido nada. Ayer comí sopa de guisantes y alforfón con mantequilla y para la cena cebada con mantequilla.

El pan de hoy, a 1 rublo y 25 kópecs, estaba rico y seco, muy bueno y sabroso.

Llevo tres días con la radio encendida. Está bien porque hace que no me sienta sola.

Tengo dinero – 105 rublos -, tengo leña, tengo comida. ¿Qué más me hace falta? Soy completamente feliz.

Hoy hace frío. El sol brilla y no hay ni una nube en el cielo

No tengo una idea muy precisa de lo que es la comida considerada en gramos. Estos simples cálculos y otras peripecias expresadas en este diario y otros similares me hacen suponer que estamos en mucha peor forma para sobrevivir a un colapso de la civilización que implique la renuncia a los niveles de calorías a los que estamos acostumbrados, además de nuestra falta de preparación física y psicológica.

Respecto a esto último siempre me ha fascinado que con una población famélica las escuelas siguieran abiertas y que hubiera exámenes, pero quizá fingir normalidad es la única forma de seguir adelante. En resumen, que mi impresión es que con un golpe mucho menor de lo que fue el asedio para los habitantes de Leningrado los occidentales de cualquier sitio hoy caeríamos como moscas. La inmensa mayoría no estamos nada preparados para el colapso de la civilización, ni para una guerra, ni para un cierre de fronteras, ni para una inflación un poco más elevada.

 


Los setenta días de Ángel Pestaña en la Rusia soviética

17/02/2019

70 días en Rusia

El anarquista español Ángel Pestaña (1886-1937) representó a la CNT en el II Congreso de la Tercera Internacional (1920). Al volver a España redactó un informe para la Confederación y sendos libros titulados Setenta días en Rusia: Lo que yo vi y Setenta días en Rusia: Lo que yo piensoque ochenta años después del de la muerte del autor pasaron al dominio público y que, al ser de fácil acceso, he estado leyendo estos días.

En otra ocasión había comentado el viaje de Fernando de los Ríos al mismo tinglado. Creo que dejó un libro algo más curioso. Estando juntos en los mismos lugares es interesante cómo ni se mencionan el uno al otro. Además de ellos Daniel Anguiano (PSOE) fue el otro español que estuvo en el Congreso y cuyo informe favorable provocó la escisión . El ya convencido Ramón Merino Gracia llegó tarde al congreso y parece ser que décadas después acabó en el sindicalismo vertical franquista. Manuel Fernández Alvarez, fue el otro españoles que andaba en el epicentro del mundo en aquellas fechas, aunque como prisionero de la Checa: murió en Guadarrama al empezar la guerra de España. En todas partes hay españoles:

“En las pocas horas que pasamos en Petrogrado, por azar, dimos con dos españoles: catalán el uno, valenciano, el otro. El catalán era cocinero: lo había sido de Zinoviev, del jefe de la Tercera Internacional, al principio de la revolución. El valenciano, era repostero y confitero. Los dos, en tiempos del zarismo, habían ocupado plazas importantes en los mejores hoteles de Petrogrado, Moscú y otras poblaciones rusas. Habían ahorrado unos miles de rublos y que para más seguridad los colocaron en un Banco. Al confiscar los Bancos y sus existencias la revolución, quedaron, cocinero y repostero, sin un céntimo, lo que les hizo maldecir de la revolución y de todos los revolucionarios. Pero cuando les preguntamos si querían volver a España, contestaron que no.
—Esto cambiará —decían—, y como cuando cambie faltarán obreros de nuestro oficio y nosotros conocemos bien el país y sus costumbres, lograremos recuperar lo que nos ha confiscado la revolución. Además —agregaron— hemos pasado ya lo peor y queremos ver en qué para todo esto.”

De los dos libros de Pestaña el de “lo que yo vi” me ha resultado bastante más interesante que el de “lo que yo pienso“. Será que el retroturismo tiene más vigencia o simplemente me llama más que las retroideología y la retropolítica.

Además de por Petrogrado y Moscú, Pestaña recorre Nizhni Novgorod, Samara, Marx Stadt, Simbirsk, Saratov, Ivanovo-Vosnosienski y luego Tula, además de ir a Dimitrov a ver a Kropotkin.

Ya desde el principio parece ser bastante más consciente de lo que puede ver que muchos compañeros de viaje que hicieron el tour soviético en las siguientes décadas.

“Los dos días que pasamos en Saratof fueron animados y provechosos. Solo una cosa les faltaba para llenar nuestra ambición. Que el pueblo, el verdadero pueblo, no aquél que nos servía de comparsa y de coro en nuestras visitas, recepciones y mítines, hubiera también intervenido en los festejos y participado de las demostraciones de contento y algazara que parecíanos presidir con nuestra presencia.”

Algunos de estos prosoviéticos solían aderezar las discusiones sobre el problema territorial de España con loas al modelo de la URSS y el supuesto derecho a la autonomía y hasta a la secesión de las repúblicas. A Pestaña lo que ve en este respecto no parece impresionarle demasiado:

“Visitamos también la República Chuvasky, una de las muchas Repúblicas comprendidas en la República Socialista Federativa de los Soviets Rusos. Después de explicarnos las características del país, nos interesó saber en qué consistía la autonomía que gozaban dentro del régimen centralista ruso. Nos lo explicaron ampliamente. Ellos eran autónomos, pero venían obligados a acatar todas las órdenes, leyes y decretos que los Soviets establecieran, sin poder modificarlos en lo más mínimo.
Ajustar a la característica de las leyes y decretos de Moscú las condiciones económicas, sociales y políticas del país; pagar los impuestos, igual y en las mismas condiciones que las demás provincias; dar al Ejército Rojo los hombres que éste pidiera y acatar la disciplina del Partido Comunista y la dictadura del proletariado.
Como a través de todas estas manifestaciones, no viésemos la autonomía concedida y que ellos mismos decían gozar, insistimos en nuestras demandas y aclaraciones, llegando a la conclusión de que toda aquélla autonomía quedaba reducida a nombrar de entre los naturales del país sus propios funcionarios y autoridades, aún cuando el número de los mismos y sus atribuciones, era en Moscú en donde se determinaba. En resumen, que no había tal autonomía.”

En un encuentro con Zinoviev plantea cuestiones interesantes sobre la imposibilidad práctica del comunismo. Esta parte que las fuerzas sindicales e izquierdistas siempre han aceptado, de que haya trabajadores privilegiados por estar en sectores tocados por la varita mágica del poder político siempre me ha resultado fascinante, incluso en el Occidente próspero, capitalista y explotador. A Pestaña también:

“El comunismo, sobre todo el bolchevizante, según Zinoviev, era el mágico talismán, el sésamo, la panacea que ha de dar al hombre la felicidad.
Me atreví a objetarle que no comprendía qué clase de comunismo era el implantado en Rusia, ya que, según mi creencia, el comunismo era solo posible en la fórmula de “a cada uno según sus necesidades, y de cada uno según sus fuerzas”, y que, además, creía que en un régimen comunista, el salario, y menos el salario con categorías, no se avenía con lo que yo entendía comunismo.
—Que haya treinta y cuatro tarifas de salarios, y que los funcionarios del Estado trabajen seis horas, mientras la jornada legal de las fábricas es de ocho, no me parecen prácticas de comunismo —añadí.”

Otro tema clásico es cómo a las clases populares las representan políticos izquierdistas que provienen de otras y están acostumbradas a unas condiciones de vida superiores, sea el salario de Lenin o el chalet de Galapagar:

“El punto de partida para otorgar una de estas cuatro tarifas extraordinarias era una de las treinta y seis tarifas establecidas; pero el límite, como ya hemos dicho, no estaba fijado. Se dejaba al arbitrio de la Comisión.
De este sistema arranca uno de los engaños más propagados en todo el mundo al principio de la revolución rusa y que nos presentó a los personajes más conspicuos de la misma rodeados de una aureola de austeridad y de sacrificio muy lejos de ser cierta.
Se nos dijo que Lenin, Trotsky, Radek y demás personajes dirigentes del Partido Comunista y de la revolución, dando pruebas de su amor al pueblo y de sacrificio por la revolución, se sometían a todas las privaciones y escaseces a que la falta de productos les obligaba y que, considerándose proletarios y obreros, se hablan asignado un salario como los demás y un racionamiento como el de los obreros intelectuales.
En teoría así era. Pero la práctica era muy otra.”

En fin, no va a ser todo arrearle a los comunistas, que el autor también tiene su sesgo y a su ideología no le faltan esqueletos en los armarios. A falta de mayor conocimiento sobre las condiciones de la vivienda en el Petrogrado inmediatamente posterior a la Revolución, mis prejuicios sobre el anarquismo me empujan a creer que Pestaña idealiza el potencial autoorganizativo de la gente para regular socialmente un mercado:

“Pronto, con esa intuición profunda que tiene el pueblo y que solo necesita el estímulo para manifestarse, se organizaron comisiones de vecinos que proveían a las necesidades de cada calle y de cada edificio.
Fijaron el precio del alquiler de cada habitación; levantaron estadísticas de los alojamientos disponibles; dispusieron y realizaron —cosa que después no se continuó— las reparaciones precisas; establecieron repartos más equitativos que los efectuados en el primer impulso y, por fin, ordenaron todo de la mejor manera posible…”

He leído el libro en el formato epub disponible en la página de la Biblioteca Nacional de España. En esta versión hay una errata distinta a la que aparece en el original escaneado. Al puente de la Trinidad, que sería el Puente Troitski, lo llaman “Puente Trotsky” en el epub y Troistky en el pdf (página 25 del pdf, numerada 19 en el original). También Kronstadt o Cronstadt aparece de un modo un tanto extraño.

“Nos dirigimos hacia el Neva, río que, como se sabe, divide a Petrogrado y lo une con la base naval de Crostand. Llegamos hasta el puente Trotsky, que desemboca entre el Palacio de Invierno, residencia habitual del Zar en Petrogrado y el Almirantazgo.”

Es una mania personal no confundir a Trotski con Troitski. Los errores y transliteraciones incoherentes son una plaga en la bibliografía del lugar y época son muy comunes y es una lástima que vayamos a peor cuando precisamente las ediciones digitales se podrían aprovechar para hacer correcciones. Entiendo que es un problema de falta de recursos.

De entre los recursos que he utilizado mientras leía estos libros quisiera destacar:


Declive y caída del Imperio Austrohúngaro

10/02/2019

by Alan Sked

He leído relativamente deprisa Decline & Fall of the Habsburg Empire (1815-1918), de Alan Sked (1989) que es un volumen de unas 250 páginas, la longitud ideal para mi grado de interés en la historia centroeuropea. He llegado a él buscando claves de organización política y territorial y errores flagrantes que causen la desintegración de una unidad política. No he encontrado nada necesariamente convincente ni que me sirva para construir un modelo. Al final pareciera que todos somos contingentes y que todo es contingente. De hecho, el autor reconoce que “declive y caída” es una frase hecha y que de hecho en muchos sentidos el imperio estaba mejorando cuando la guerra lo tumbó.

Hay partes de la explicación que tienen que ver con personajes y decisiones concretas. Estas suelen ser las que menos me agradan, por oposición a otras de tipo más estructural que son las que sirven para modelar. Por tanto los jueguecitos de diplomacia y espías de Metternich y el príncipe Schwarzenberg y básicamente todo lo que va entre el Congreso de Viena y las revoluciones de 1848 casi que me lo salto. Lo que me interesa mucho tiene que ver con la articulación lingüística de Bohemia, con la recomendación de Palmerston respecto a cómo se debe ser conservador y la comparación entre las diversas articulaciones de los territorios de la Monarquía a partir de su diversidad étnica.

En un momento del prólogo se indica que el imperio de los Habsburgo tiene en el momento de la accesión al trono de Francisco José (1848) unos 667.000 km2 (algo más que la península Ibérica) y unos 37,5 millones de habitantes; de los cuales 8 son alemanes, 5.5 magiares, 5 italianos, 4 checos, 3 rutenos, 2.5 rumanos, 2 polacos, 2 eslovacos, 1.5 serbios, 1.5 croatas, 1.5 eslovenos, 0.75 judíos y 0.5 más entre gitanos, armenios búlgaros y griegos. Me sorprende la cantidad de italianos porque tengo en la cabeza el mapa de 1914 con apenas el Tirol del Sur y la península de Istria sin caer en la cuenta de la previa pérdida de Lombardía (1859) y Venecia (1866).

Hay una frase que me resulta fascinante porque describe con elegancia algo que habrá ocurrido en un sinfín de ocasiones:

Los estudiantes de la Monarquía, como los de todas partes, recogieron las ideas más críticas de su época del modo más acrítico y habrían de convertirse en el grupo social más implicado en los acontecimientos de 1848.

No me he quedado convencido de que más allá de la Gran Guerra haya una causa clara que causara el derrumbe de esta polity tan peculiar. Es claro que mirada desde hoy parece un modelo insostenible, pero también supone un arcaísmo muy extraño la Mancomunidad Británica de Naciones y ahí sigue. Con todos sus problemas y limitaciones si no hubiera mediado un gran choque el Imperio Habsburgo podría haber aguantado mucho más.