Herrerillo – Blue tit – Cyanistes caeruleus

16/12/2017

Herrerillo – Blue tit – Cyanistes caeruleus

Hace unas semanas una amiga me envió una foto de un carbonero (Parus major) tomada en la bahía que el Bidasoa forma en su desembocadura. Cuando me preguntó si sabía qué ave era respondí: “un herrerillo o un carbonero” y me confirmó la segunda opción. Mi duda estaba en parte causada porque me he interesado por la ornitología viviendo ya en Irlanda y en inglés ambas especies se llaman tit: Blue tit, el herrerillo y Great tit, el carbonero. Si se usa la misma palabra será porque en los días en los que se nombraban la cosas los vieron parecidos. En el herrerillo es característico su color azul y por eso le dicen blue en inglés; el carbonero debe su nombre en español a su color ceniciento.

En el balcón

Recuerdo haber visto un herrerillo de azul reluciente en St Stephen’s Green. Esta mañana se ha posado uno en mi balcón y durante bastante rato y basándome en el color que creía haber visto he estado convencido de que se trataba de un carbonero, pero no. Para empezar, el herrerillo (Cyanistes caeruleus) se divide en subsepecies, entre las cuales la de las islas británicas se llama Cyanistes caeruleus obscurus y lo de oscuro podría complicar un poco la visibilidad del color azul, luego estaba el problema con el ángulo de la luz del día y que yo tomaba las fotografías desde detrás de un cristal. Estos bichos se mueven mucho y son complicados de fotografiar; si paro a abrir la puerta, adiós. Según leo las hembras muestran menos colorido que los machos (el dimorfismo cromático es característico de muchas aves) y otra diferencia sexual es que la banda oscura que tienen en el cuello es más fina en las hembras. El carbonero no tiene esa banda, ni tampoco una especie de antifaz natural que le cubra los ojos. A partir de ahora me fijaré en algo más que en el color.

Cartas

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Grajilla occidental

09/12/2017

La grajilla occidental (corvus monedula) en la playa de Greystones

Voy a aprovechar que el fin de semana pasado en la playa me encontré con este córvido (menos habitual que otros que veo casi a diario) para poner en orden mi vocabulario aviario. Para mí, todos estos pájaros negros han sido hasta ahora “cuervos” y palabras como “grajo” o “corneja” eran en mi mente meros sinónimos. En inglés también hay varias palabras: crow, raven, rook que me venían resultando sinónimas, siendo crow la más genérica de ellas como así es en efecto, aunque me sorprenda descubrir que hay quien mete en el mismo saco al arrendajo, la chova y la urraca. Esos para mí no han sido nunca ni crows ni cuervos.

Grajilla occidental 02.12.2017

Al ave del día se le llama grajilla occidental porque existe otra especie llamada grajilla oriental o dáurica en China, Siberia y por allí. La especie europea se subdivide en cuatro y Corvus monedula spermologus es la subespecie que se existiende más al occidente tanto por las islas Británicas como por la península Ibérica hasta llegar Marruecos y Canarias en invierno. No se me ocurre por qué no habría de gustarle la cornisa cantábrica. Es espermólogo porque recoge semillas. Me llaman la atención sus ojos, muy azules, aunque en mis fotografías apenas se nota.

Me he hecho una tabla trilingüe con mis cuervos habituales. El que más me encuentro es el grajo y la forma más sencilla de distinguirla del cuervo grande es que mientras que éste tiene el pico del mismo color negro del plumaje el del grajo es más claro. Los tengo enfrente de casa y suelen estar juntos comiendo en la hierba, pero siempre hay muchos más grajos que cuervos, more rooks than ravens.

Corvus monedula Western jackdaw Grajilla occidental
Corvus corax Raven Cuervo (grande)
Corvus frugilegus Rook Grajo
Corvus corone cornix Hooded crow Corneja

La corneja de la península Ibérica es la negra mientras que la que hay en Irlanda es la gris. Con esta también me encuentro a menudo, aunque no a diario.

Si tengo un poco de suerte para hacer buenas fotos y algo de tiempo las iré poniendo todas en mi lista de aves de Irlanda.


Araos aliblancos

19/05/2017

Las aves en el muelle del Liffey.

El viernes pasado fuimos de paseo hasta donde empieza el espigón sur del puerto de Dublín, adonde haría unos seis años que no llegaba. Antes de salir de la ciudad nos encontramos dos araos junto al río. Existen cinco subespecies del arao aliblanco, cuyo nombre científico es cepphus grylle. La que puede encontrarse en Irlanda parece ser la ártica. Abundante en Groenlandia, Islandia y el Báltico su hábitat alcanza las islas Británicas pero es raro encontrarla más al sur.

Arao aliblanco x 2

A mí me parece que arao es una derivación rara de la palabra latina uria que aún se usa en italiano (me parece que esa clase de u inicial se suelen convertir en o en castellano). En inglés se le llama black guillemot, sustantivo francés que viene de Guillermo. Si lo vuelvo a encontrar en invierno lo más probable es que no lo reconozca. Torpe que es uno y lo que el plumaje le cambia hasta quedar en el colorido de una gaviota, como puede verse en el sello groenlandés de 1989.


¿En qué países se mide la presión sanguínea en kilopascales y en cuáles en milímetros de mercurio?

17/05/2017

¿?

No lo sé, pero en cuanto averigüe si la convención médica depende de países específicos aquí estará la respuesta.

Esta curiosidad puede venir de una observación sesgada por mi parte. Hasta donde creo recordar en España miden la presión arterial y te dan un resultado tipo 9-16 (la baja y la alta) que se expresa en kilopascales. En cambio aquí en Irlanda te dan un número tipo 80-120 que está expresado en miligramos de mercurio (lo mismo que en un barómetro atmosférico).

Me pregunto si es el típico caso en el que el mundo anglosajón se aparta del sistema métrico internacional (que es lo que de momento considero más probable) o si alguno de los países que más conozco es un caso raro. También sería posible que mi conocimiento fuera limitado y ambas unidades se utilicen con frecuencia en ambos países o includso en todos sin importar demasiado si se usa la una o la otra ya que son fácilmente convertibles.


“Homo erectus” de Eslava Galán

02/05/2017
sa

Juego de palabras malo

“Homo Erectus” fue una adquisición de última hora en la librería del aeropuerto de Tenerife Sur hace unos meses. Muy motivada sin duda por el agrado que me causó la lectura previa de Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie y El catolicismo explicado a las ovejas. He mirado la página web oficial de Juan Eslava Galán y no me imagino el ritmo de trabajo de este hombre para sacar tres o cuatro libros al año. A mí me gusta mucho (o por lo menos me resulta fácil de leer) su estilo coloquial.

Esta obra, dedicada a la sexualidad humana, me parece de menor importancia que las dos arriba mencionadas, pero en cualquier caso agradable de leer en un par de ratos. Hace un par de décadas habría puesto mayor interés y atención. Sin aprender gran cosa me he quedado con cuatro anécdotas graciosas. Voy a copiar y pegar esta sobre algo que todos conocen pero a lo que en el ámbito científico y en los EEUU se le llama “el efecto Coolidge“:

En una ocasión el presidente norteamericano Calvin Coolidge (1923-1929) y su mujer visitaron una granja avícola y la señora observó que un gallo montaba a una gallina y se interesó por la frecuencia con que copulaba el fogoso animal.
—¡Ah, señora, docena de veces! —le dijo el granjero.
—Por favor, dígaselo al presidente -dijo ella medio en broma.
El aludido preguntó a la vez:
—¿Y siempre lo hace con la misma gallina?
—No, señor presidente —respondió el granjero-, lo hace cada vez con una distinta.
—Por favor, dígaselo a mi señora —le sugirió el presidente.

Al ir a buscar el texto en Internet para no tener que teclearlo he descubierto parte del secreto del autor para procesar su extensa producción… esta anécdota también la incluye en otra obra suya posterior: “Lujuria” (2015).  Me imagino que este hombre debe de trabaja con un sistema de fichas para las citas y las notas a pie de página.

La verdad es que las notas a pie de página muchas veces superan al texto principal. Para mí “libro de notas al pie” (aquel en el que vale la pena leérselas, quiero decir) es toda una categoría elevada de ensayo. A modo de ejemplo, este soneto de Lope de Vega:

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos, cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo,
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata:
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer al fin como sangría,
que a veces da salud, y a veces mata.


El mundo sin nosotros

25/02/2017
Sin nos

El mundo sin nosotros 

Mi lectura de las últimas noches ha sido The World Without Us (El mundo sin nosotros), libro de Alan Weisman (2007). Como voy con diez años de retraso algunos temas me parece que ya los tengo oídos de alguna parte aunque puede que hayan salido de aquí. Nos hemos reencontrado con escenarios que hace mucho que nos fascinan como Pripiat, Varosha, el canal de Panamá, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas y la inmensa balsa de plástico del Pacífico, pero no nos hemos quedado con la sensación de haber aprendido demasiado en el nivel macro. Por otra parte no se puede negar que el libro está lleno de datos valiosos.

Por poner un ejemplo: que si dejásemos de emitir dióxido de carbono mañana mismo aún se necesitarían 100.000 años para llegar a los niveles de CO2 en la atmósfera anteriores a la revolución industrial.

Me gusta este fragmento de macrohistoria del comienzo, cuyo espíritu parece como salido de Armas, gérmenes y acero:

As human beings learned to transport themselves all over the world, they took living things with them and brought back others. Plants from the Americas changed not only ecosystems in European countries but also their very identities: think of Ireland before potatoes, or Italy before tomatoes. In the opposite direction, Old World invaders not only forced themselves on hapless women of vanquished new lands, but broadcast other kinds of seed, beginning with wheat, barley, and rye. In a phrase coined by the American geographer Alfred Crosby, this ecological imperialism helped European conquerors to permanently stamp their image on their colonies.

que enlaza con anécdota trágica y literaria, sobre plagas y Shakespeare:

Some results were ludicrous, like English gardens with hyacinths and daffodils that never quite took hold in colonial India. In New York, the European starling—now a ubiquitous avian pest from Alaska to Mexico—was introduced because someone thought the city would be more cultured if Central Park were home to each bird mentioned in Shakespeare. Next came a Central Park garden with every plant in the Bard’s plays, sown with the lyrical likes of primrose, wormwood, lark’s heel, eglantine, and cowslip—everything short of Macbeth’s Birnam Wood.

Los capítulos son un tanto inconexos y el espíritu de conjetura poco arriesgada que los inspira ha provocado un cierto desánimo en mí según iba avanzando por las páginas del libro. En general me ha frustrado que no se tratara hasta muy tarde el principal problema con el que me he encontrado cuando me he visto inmerso en la pesadilla de quedarme sólo sobre la faz de la tierra: ¿cómo se apaga una central nuclear?

Cuando se hacen cábalas, la humildad es de agradecer. Nadie sabe adónde nos va a llevar la evolución ni con los humanos ni sin ellos:

“There will be plenty of surprises. Let’s face it: who would’ve predicted the existence of turtles? Who would ever have imagined that an organism would essentially turn itself inside out, pulling its shoulder girdle inside its ribs to form a carapace? If turtles didn’t exist, no vertebrate biologist would’ve suggested that anything would do that: he’d have been laughed out of town. The only real prediction you can make is that life will go on. And that it will be interesting.”

Curiosamente, he encontrado ideas bastante sensatas cuya fuente es el dirigente del Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria, a quien un amigo entrevistó hace unos años.

“No virus could ever get all 6 billion of us. A 99.99 percent die-off would still leave 650,000 naturally immune survivors. Epidemics actually strengthen a species. In 50,000 years we could easily be right back where we are now.”

War doesn’t work either, he says. “Millions have died in wars, and yet the human family continues to increase. Most of the time, wars encourage both winners and losers to repopulate. The net result is usually an increase rather than a decrease in total population. Besides,” he adds, “killing is immoral. Mass murder should never be considered a way to improve life on Earth.”

Servidor no es partidario de buscar voluntariamente lo que seguramente podríamos conseguir sin ni siquiera hacer el esfuerzo de proponérnoslo. Sí que sería interesante considerar mecanismos y procesos para reducir la población humana hacia unos dos mil millones de individuos, que es lo que a mí me parece que podría ser sostenible a medio plazo entendido en tiempo ecológico (unas veinte generaciones). El consenso político está muy lejano así que seguramente la Naturaleza será la que se encargue de determinar el equilibrio preciso.

Mi consideración final es que seguramente se puede hacer un libro más preciso que este, quizá confinado a una zona geográfica más reducida, en el que se detallen mejor los efectos de la ausencia humana. Mi veredicto es que seguramente El mundo sin nosotros no alcanza a dar lo que el título parece prometer.


El mundo y sus demonios

14/01/2017
Diablo mundo

Diablo mundo

He estado leyendo The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark, llamado en español El mundo y sus demonios, que publicado en 1995 un año antes de la muerte de Carl Sagan fue su penúltimo libro. Es un poco extraño en el sentido de que se mezcla de todo un poco, hablando de unas cuantas cosas malas que me supongo que son los tales demonios pero en realidad no me parece que haya una idea que lo unifique.

Es hijo de su tiempo ya que comienza hablando de ovnis y de platillos volantes, que han pasado un poco de moda desde hace dos décadas, no sé si por lo que dijo xkcd de que ahora llevamos todos una cámara de fotos encima. Pero mira, no sólo me he enterado de las presuntas causas del origen del pensamiento en Grecia, sino que también de dónde salió la expresión “platillo volante”, en los EEUU allá por 1950.

Nos hemos reído a menudo de que a causa de Hollywood los platillos volantes siempre aterrizan en Kansas y nunca en Jaen, pero a cambio la Virgen María se aparece siempre en Andalucía y no en el Midwest, excepto quizá en algunos sángüiches. No abusemos del tópico del sur paleto y rural que el propio Sagan cita un caso en Santander allá por los años sesenta del que nunca había oído hablar. Me parece a mí que la virgen, como las brujas medievales, ya ha dejado de aparecerse en la España  de María santísima o al menos en las noticias ya no sale.

Por cierto que a pesar de la leyenda negra la caza,, proceso y quema de brujas en España fue históricamente una cosa mínima gracias a algún personaje como Alonso de Salazar y Frías, del que apenas se sabe en España y que aquí aparece mentado por el autor estadounidense. Las brujas se borraron del mapa antes que las apariciones marianas y los ovnis. Me pregunto cuál será la moda de este lustro y a qué se estará dedicando la gente que necesita creerse fricadas y por desgracia me temo que los quiromantes y otros farsantes siguen haciendo su agosto.

Luego hay otra parte del libro, también muy ochentera o noventera, dedicada a lo mala que es o era la televisión y lo útil que podría ser para mejorar la formación científica en especial la de los adolescentes. Ahora casi nadie ve la televisión y los que menos los jóvenes aunque no estoy muy seguro de que se haya sustituido por nada especialmente mejor. Me gustaría creer que la sustitución de la televisión generalista por nichos de interés puede contribuir mejor al desarrollo de las inquietudes de algunos, pero no lo sé.

En las ideas sueltas, me quedo con las lecciones de Luciano de Samósata sobre cómo se debe escribir la Historia, que sigue pareciendo apropiado en la época de la posverdad.

Otra idea suelta: tengo que averiguar más sobre el rebosamiento estocástico (stochastic ooze), no por miedo a que suceda sino porque ni empiezo a comprender cómo tal cosa es posible.

En el capítulo de biografías que deberían conocerse mejor voy a poner a Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno como el malo de la película y a Frederick Douglass o Linus Pauling como los buenos. También para investigar mejor en un futuro.

Veredicto: Aunque sea un título que venda más no me parece a mí que ni la televisión basura ni los ovnis sean los grandes demonios que acechan al mundo. Este libro no está ni por asomo a la altura de Cosmos, pero sirve para una reflexión ligera sobre temas como la persistencia de la irracionalidad en la era científica y algunos de los problemas de la educación.