Uno de los nuestros

28/03/2017

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Lo mismo que dije con la última novela que leí, también podría ser el mayor experto que hay en mi calle sobre la obra de Åsne Seierstad. En general, no me habría animado a leer un libro sobre una masacre terrorista ni la biografía de un asesino múltiple, pero en los libros de ella que leí con anterioridad siempre encontré detalles interesantes sobre las sociedades que eran escenario de la narración.

Así pues, en este One of Us, (En av oss: en fortelling om Norge, que se ha traducido en México como “Uno de los nuestros”) he podido percibir algunos aspectos de la próspera Noruega, país por el que aún no me he pasado. He preferido no fijarme demasiado en los detalles escabrosos de los asesinatos en Oslo y la isla de Utøya y me llamó la atención, por ejemplo, que antes de Gro Harlem Bruntland ninguno de los primeros ministros del partido laborista hubiera tenido un título universitario y sí los más variopintos empleos.

La historia del asesino, intercalada con la de dos de las víctimas de la masacre, también ofrece mucho trasfondo, más allá del interés en conocer si es la psicopatía o la militancia lo que caracteriza su personalidad. Por ejemplo, en los años ochenta su madre se benefició de servicios sociales que en el sur de Europa ni se soñaban. Lo de la madre soltera y el padre ausente me tiene que formar parte del pastel freudiano.

Conecté las biografías de la chica de origen kurdo y el muchacho de Svalbard con los datos históricos que indicaban que Noruega era el país donde el sistema político funcionaba mejor a través de los cauces formales, con niveles de militancia muy altos en los partidos políticos (alrededor del 10%, pero mis datos son viejos). El prestigio de la política formal favorece a mi modo de ver una mejor selección de cuadros y una mejor formación de los mismos. De hecho, en muchos países es difícil imaginar que un partido político tenga la estructura para montar semejante campamento de verano.

Volviendo a la personalidad del asesino multiple, comparado con los terroristas que yo he conocido me ha parecido por desgracia un personaje bastante más dinámico y emprendedor. Me estoy preguntando si los terroristas del gremio individualista no serán más eficientes que los del socialista-comunistarista. Ni cursos de explosivos en campos de terroristas de Argelia ni nada y el tipo ya había montado antes sus propias empresas más o menos ilegales y escrito su manifiesto de mil quinientas páginas. La impresión que tengo de los terroristas que yo conocí en su día es que solían ser bastante incapaces y que en parte por eso acababan en un terrorismo que iba a traer un paraíso en el que no haría falta que demostraran nada por sí mismos.

Además de lo ya mentado de la madre soltera estarán los videojuegos, la falta de vida social, el crecer en barrio marginal, la presión de la inmigración y todo lo que se quiera decir. Al final el cerebro humano es un cóctel y creo que no habrá método ni correlación de causas que pueda explicar porqué a este rayado le dio un día por dejar los grafitis y creerse en caballero templario salvador de la raza blanca y la civilización cristiana occidental.

Algo que tendrá que ver supongo con la cultura jurídica noruega y con algún rasgo que quizá muestre una sociedad más civilizada (y que hasta cierto punto me indignó allá por 2012) es que durante el juicio le permitieran al criminal montarse su propio espectáculo de propaganda. No es que la justicia española no sea esperpéntica en muchos sentidos, que lo es, pero yo creo que en la mayoría de los países le habrían dicho al tipo que respondiera a las preguntas y no le habrían dejado montarse el número. Como en el libro no se critica esto entiendo que los noruegos dan un valor más absoluto al derecho de defensa del que a muchos nos parece óptimo.

Un detalle nimio del juicio es que el tipo se ofende cuando la juez le dice que no tiene trabajo y él se defiende y responde que se dedica a escribir. Leyendo ese arrebato de furia he pensado “mira, un protestante”. Al final lo que importa es que se quede en el trullo y que no salga.

Durante más de cuatro años los hechos de 22 de julio de 2011 fueron el peor atentado terrorista en Europa desde el 11-M; lo cual no sé si hasta cierto punto contribuía a desmentir la alarma por esa supuesta islamización del continente. En 2015 fue superado por islamistas en París y más tarde en Niza, lo cual no creo que cambie demasiado la realidad geopolítica pero creo que sí lo hace el estado de ánimo de la opinión pública. En conjunto cada vez hay menos terrorismo pero cada vez consigue mayor difusión. No hay solución mágica.

Se llama islam es una religión y también a una ideología política. La religión es parecida al cristianismo, el tarot y los platillos volantes pilotados por alienígenas. La ideología política es contraria a los valores de la civilización. La mayor parte del tiempo sus partidarios potenciales no son una amenaza mayor que los que simpatizan con el comunismo estalinista, el ultraderechismo racista o el nacionalismo étnico y a todos hay que tenerlos a raya. Occidente no va a caer mañana y cualquiera preferiría tener como vecinos a los indonesios que yo tengo antes que al rubio manipulador de nitrato de amonio que hoy pasa su tiempo entre rejas en el talego noruego.


El último del edificio

19/03/2017

Aravind Adiga, “Last Man in Tower” (2011)

Ayer me leí de un tirón la segunda novela de Aravind Adiga, Last Man in Tower (2011), que veo que ¿aún? no ha sido traducida al español y que creo que podría serlo del modo en que intitulo esta entrada. La razón de la elección de este lector, poco aficionado a la ficción, es que la anterior novela del mismo autor me gustó mucho y creo que puedo aspirar a ser el mayor experto en Adiga de mi barrio.

No nos engañemos: en ésta la trama me ha parecido más floja. Ahora bien, uno lee a autores que provienen de lugares exóticos con ciertas intenciones que aunque modestas están bien definidas. Quisiera entender un poco qué es la India, más allá de lo que las estadísticas dejan entrever y esto es algo que hasta cierto punto se consigue a través de la literatura.

La convención por la cual la importación bruta de extranjerismos es muy aceptable en lengua inglesa me permite el entretenimiento de buscar términos angloindostaníes en los diccionarios, a veces porque son esenciales para la comprensión y otras por puro capricho. Ahora bien, lo que lexicográficamente es una deleite gramaticalmente es un castigo en cierto sentido. Muchas veces aspira uno a mejorar su fluidez por contacto: las expresiones y las formas se le van pegando de modo inconsciente. Esto trataría de evitarlo con dialectos exóticos y mi sistema es leer deprisa, como buscando las claves. Así me acabo una novela de estas de cuatrocientas páginas en cuatro horas. No me preguntéis como se llamaba el hijo de la vecina activista que la vida no me da para más.

Por lo demás. La India es muy grande y la acción se circunscribe a una zona concreta de Bombay que no es el centro Churchgate ni el famoso Dharavi. Me di cuenta de que la legislación sobre la propiedad horizontal tiene aspectos similares en varias zonas que pertenecieron al imperio británico y que en la India o al menos en Maharastra, está más desarrollada que en Irlanda.

El tigre blanco tenía como base Delhi pero acababa en Bangalore. La leí en tiempos en que trabajaba a diario con gente de esa ciudad de los call-centers. En esta novela de Bombay se menciona Puné como destino de escape.

-“¿Por qué querría nadie vivir hoy en día en Bombay?”- El señor Puri increpó a su esposa. -“Vámonos a un lugar civilizado como Puné. A algún sitio al que no lleguen diez mil mendigos en tren cada mañana. Estoy harto de esta ciudad, harto de esta carrera de ratas.”
-“Lo que hay que hacer en una carrera de ratas es ganarla. No escapar.”
-“Un lugar civilizado. Puné es civilizada. Nagpur también.”

La historia va de que unos constructores hacen una oferta a los dueños de un edificio y todos quieren vender menos uno. Aquí en gran medida ya no hay oriente ni occidente que valga. Me temo que en cualquier sitio del mundo que uno se ponga a mirar las comunidades de copropietarios son y serán una puta bomba.


Kebab con Obama

10/02/2016
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Con Obama en mi mesa habitual – febrero de 2015

Hace unos pocos días ha hecho un año desde que comencé en mi empleo actual, aunque al principio teníamos una oficina más céntrica por Candem st y ahora una mas espaciosa en los confines de la civilización. He encontrado una foto que me ha recordado los tiempos en que estábamos en todo el meollo. A cinco minutos del trabajo había dos sitios para comer kebab: uno persa al que iba más a menudo y otro moruno que tenía una foto de Obama que le daba un efecto muy kitsch. Además algunas paredes del sitio estaban empapeladas con unos motivos de banderas yanquis y taxis de Nueva York, digo yo que como para separar el negocio y la comida de cualquier asociación geopolítica del kebab con el islamismo. O a saber.

Is feidir linn, que aparece escrito con letras adhesivas sobre un espejo, es la forma de decir en gaélico “sí, se puede” (yes we can). Uno no sabe gaélico ni como para eso, pero cuando Obama estuvo por aquí en 2011 lo dejó caer.


Almanya

13/01/2016
Bienvenidos a Almanya

Willkommen in Deutschland

Un poco en contra del Zeitgeist de las últimas semanas pero quizá a favor de los vientos que soplaban hace pocos meses hemos visto hoy esta película de 2011, una comedia basada en la relativamente exitosa experiencia de los turcos que emigraron a Alemania. Hace cosa de un año estábamos todo el tiempo oyendo hablar de Grecia y de sus pensionistas, sus ahorradores, sus jóvenes. O se los ha tragado la tierra o los han enterrado los sirios. La agenda de los medios es tan veleidosa. Creo que entre bambalinas hay una lucha más o menos ideológica (a veces entre dos buenismos enfrentados) por el control del relato de la infame nochevieja de Colonia y tengo curiosidad por saber cuál será el resultado, dentro de unos meses.

Almanya no tiene nada especialmente duro ni desagradable in problemático. Los típicas anécdotas cómicas de los problemas de comunicación y algunos chistes visuales y la clásica reflexión del emigrado y la segunda generación sobre la identidad. Hace pocos meses vi una película sobre la emigración española a Suiza que en el fondo era la misma película. Aquella me hizo más gracia porque en alemán apenas me defiendo y de la cultura alemana casi tengo que defenderme. Con eso último me refiero a que aun estando expuesto a ella ni la comprendo ni practico mecánicamente. Esta película, que se deja ver, es especialmente buena si se compara con la que Hollywood hubiera hecho a partir de la propaganda del sueño americano. Hoy por hoy puede que el patriotismo alemán sea el más decente que haya.

Almanya es, obviamente, Alemania en turco.

"Alemania" en diferentes idiomas

“Alemania” en diferentes idiomas


La violencia según Pinker

12/01/2016
Portada

Portada

“Los ángeles que llevamos dentro” es el cuarto libro de Steve Pinker que he leído. He tardado varios meses en atreverme a empezarlo porque intuí que sería un libro importante y que requeriría mucha atención. Es Pinker un autor que me gusta debido a que su campo de estudio se solapa en gran medida con mis intereses. No sólo los temas de lingüística sino también lo que puede verse tanto Tabula Rasa como en este libro y que toca aspectos básicos para entender al ser humano prepolítico tal cual, un poco por debajo de los cimientos de la teoría política, que sería otro de los asuntos con los que me peleo.

Lo de los ángeles del título viene de una cita de Lincoln. La entrada de la Wikipedia en inglés sobre el libro hace un buen resumen de los temas principales que se tratan, que coinciden con los capítulos. Aquí pongo una especie de esquema:

Cinco fuerzas históricas pacificadoras: El Estado-Leviatán, el Comercio, la Feminización de las sociedades, el Cosmopolitismo y la Razón.

Seis tendencias reductoras de la violencia: (Proceso pacificador con la agricultura, Proceso civilizador entre Edad Media y s.XX, Revolución Humanitaria con la Ilustración, la Pax Longa posterior a la Segunda Guerra Mundial, La Pax Nova tras 1989 y, por último, la Revolución de los Derechos para diferentes grupos humanos).

Cinco demonios interiores que generan violencia: Violencia instrumental, Dominación, Venganza, Sadismo e Ideología

Cuatro ángeles buenos que evitan la violencia: La Empatía, el Autocontrol, el Sentido moral y la Razón.

En cuanto a las tendencias históricas, entiendo que tiene mérito saber separar todos estos procesos que pueden complementarse o incluso darse simultáneamente. Uno podría ver una gráfica de declive más o menos constante y aceptar que hay una única variable que puede explicarlo todo y llamarla “civilización” y usar las guerras mundiales como excepciones que confirman la regla.

También es interesante ver los diversos modos en los que se produce violencia en función del objetivo. Hay datos científicos que muestran que la testosterona sólo es relevante en la violencia por dominación. Las estrategias para reducir la violencia deben tener en cuenta de qué tipo de violencia se trata. En un país como España donde la gender violence se ha convertido en asunto de Estado uno esperaría oír citar a menudo la ley de Verkko, tanto a favor como en contra. Diagnosticando la violencia intrafamiliar como machista por defecto es posible que se le estén intentando aplicar los remedios de libro contra la violencia ideológica, cuyo éxito en aplacar esta ha sido hasta cierto punto limitado (ni el contador de mujeres asesinadas ni las manifestaciones de repulsa frente a edificios públicos tienen demasiado sentido cuando se trata de eliminar violencia instrumental y/o de dominación).

En otro orden de cosas y aunque no tengo el tiempo ni la energía necesarios para verificar la demostración, me ha agradado que no crea la explicación de Freakonomics que conecta el descenso de la delincuencia en EEUU en los años noventa con el aborto. Esto es algo que más o menos me tragué en 2007 y de lo que posteriormente he ido desconfiando.

Recuerdo una clase en ciencias políticas en la que se dijo que era imposible explicar el fenómeno del terrorismo suicida desde el punto de vista de las teorías de la elección racional. Es obviamente muy difícil cuando se toma como referencia el individuo, pero teniendo en cuenta los genes egoístas parece que sí se puede hacer y me ha fascinado leer las cifras. Sólo por eso ya habría valido la pena leer el libro.

Algo que no me termina de convencer es que la literatura de ficción haya sido tan importante a la hora de generar empatía con otros seres humanos como Pinker defiende. Mi primera reacción ha sido incredulidad hacia la propuesta de que imaginarnos las vidas de otros en libros nos genere mayor afinidad hacia ellos que cuando vemos sus sufrimientos en la vida real. Después he pensado que quizá en el pasado la gente no tenía tanto acceso a los otros y llevaba vidas bastante segregadas, por ejemplo por sexos en instituciónes como escuelas, monasterios, ejército… también hoy día sigue siendo cierto que los productores de Hollywood muestran mayor talento para hacernos saltar las lágrimas que el mendigo de la esquina. Es una idea que me parece difícil de demostrar, por lo que tendré que oír más cosas, para decantarme.

Este libro y el de Fukuyama sobre el orden político me parecieron los más importantes que leí en 2015. Ambos contienen una cantidad ingente de ideas y a ambos tendré que volver.


Garden of Remembrance

03/01/2016
Cruz acuática

Cruz acuática

Dejémosle el título en inglés –Garden of Remembrance– por las diversas posibilidades de traducción: jardín conmemorativo, memorial, de la memoria, del recuerdo… El otro día en que me acerqué a la Hugh Lane Gallery paré primero en este parquecito que tiene enfrente y que rinde homenaje a los que dieron su vida por la libertad de Irlanda. Ha llegado 2016, centenario del levantamiento de Pascua, y resulta que este petacho de zona verde al norte de O’Connell st le ha pillado en obras. Ya veremos cómo está para la Semana Santa o cuando quieran celebrar el aniversario. Lo de Moore st también ha sido un despropósito, así que seguramente no destacará.

Obras

Obras

Al oír el enunciado de su propósito cualquiera creería que el jardincito es para los irlandeses poco menos que tierra venerable y sagrada con la llama eterna y la tumba del soldado feniano desconocido. Nada más lejos de la realidad. Es un solar urbano olvidado y planteado con bastante poco gusto urbanístico, medio inaccesible y que la mayoría de los dublineses ignora. Tiene en su centro un enorme estanque en forma de cruz, porque la separación entre iglesia y estado es una idea continental difícil de entender. Los mosaicos de fondo de piscina del estanque son bastante poco sofisticados. Al fondo hay un conjunto escultórico que a mí me parece que es lo único que se salva y que representa la leyenda de los hijos de Lir, que se parece un poco a la del Ave Fénix. También un muro con un poema de escaso significado para quienes tengan escaso sentido patriótico.

Que yo sepa, la única vez que este trocito de terreno ha adquirido algo de signifiación en los últimos años fue en 2011 cuando vino la reina de Inglaterra y la llevaron ahí a poner una corona de flores. Esa gente tiene la Abadía de Westminster y cosas así, por lo que no creo que un parquecito más pequeño que el de los columpios de tu barrio y sin ninguna grandeza la impresionara en absoluto. Al fin y al cabo ella representa en el imaginario colectivo a los que mataron a esos que dieron su vida por la libertad irlandesa e hizo el gesto y acto de contrición de venir así que lo menos que podían haber hecho era darle elementos estéticos de rival poderoso y adversario digno.

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Plan de mejoras

Según el panel del departamento de obras públicas le van a meter varias mejoras entre las que destaca un ascensor un tanto exagerado que no sé quién va a querer utilizar y la limpieza a chorro de las estatuas de los cisnes y figuras humanas, que falta le iba haciendo. En este parque hay un puñado de bancos que siempre están vacíos ya que nadie pasa su tiempo aquí pero yo sí que pasaré para contar cómo queda.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.