Récord indigno

15/04/2018

Todo tipo de sentimientos, en este caso pereza

Este fin de semana he hecho algo en lo que se tarda dos minutos pero que me ha costado trece años hacer. Hay una pieza que me descubieron en la primavera de 2005 y que siempre he querido tocar, pero que requiere una afinación inusual de cinco de las cuerdas. Siempre me había dado mucha pereza ponerme con ella porque tampoco quería destemplar el instrumento y porque me daba mucha pereza leer sin saber dónde está nada. Para este último problema lo inteligente es encontrar la tablatura, para el anterior renunciar a tocar cualquier otra cosa durante un tiempo. La primera de las cuatro partes no ha sido tan difícil como creía pero las tres restantes van a ser bastante más duras. Pero a lo que voy: trece años.

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Chopin contra la lluvia

06/04/2018

Para ir jaqueando a la vida es necesario un repertorio inagotable de recursos. Desde hace años los nocturnos de Chopin nos defienden de los autobuses en días de lluvia. Las notas se esconden en el bolsillo y suben por cables hasta los alrededores del gorro de lana para que el trasiego de la humanidad entera transcurra a cámara lenta y el traslado a la oficina se convierta en una secuencia de metraje de ensueño. El ruido se disuelve hasta parecer silencio y el tráfico denso se difumina para ser mero escenario. Así la prisa es toda ajena, del estado de sueño puede pasarse ocasionalmente al de inspiración y un empleado gris consigue atravesar el espacio semiurbano mientras nada es del todo real. O como mucho unos cuantos bemoles son dolores de emigrado en París si Polonia, en modo menor, ya ha caído.


BWV 999

12/03/2018

Julian Bream es un guitarrista que nunca ha sido santo de mi devoción. Creo que se me atragantó por alguna interpretación dudosa de Villa-Lobos. En cambio hay un fragmento de metraje no sé si neorrealista o surrealista en el que creo que clava el preludio en Do menor (para los guitarristas en Re menor) que lleva el número 999 en el catálogo de las obras de Bach. Comprendo bien que no se filme para los guitarristas sino para el gran público pero reconozco que con todo me irritan las tomas que esconden la digitación. Sin embargo en esta grabación del restaurante los personajes secundarios compensan con mucho la pérdida.

Me imprimí la partitura en la oficina (mi agradecimiento eterno al señor Delcamp y otros que llevan a cabo esta labor de editar y subir los papeles a la red) y llevo un par de semanas dedicado a este asunto en concreto en las pocas horas libres que le saco al día. Me sorprendió leer en los comentarios al vídeo de Youtube que hace falta medio año para preparar esta obra y que es de séptimo grado (entiendo que en una escala de ocho). Creo que en Inglaterra los niveles son algo más bajos o eso al menos me pareció una vez que consulté el programa de estudios de un conservatorio.

También habría que considerar cómo de limpia creemos que debe salir. En dos semanas me parece he llegado a mi tope. No hay interpretación perfecta (de las mías se entiende, que la de Bream puede considerarse que lo es) y cada vez aparece un pequeño fallo u otro pero hemos llegado ya a un punto en el que  aunque tocara la pieza a diario durante dos años no hay garantías de que al final de los mismos quedara una interpretación más digna de la que nos suele salir hoy por hoy.

Este tema de la línea de base y de qué es necesario para saltar un nivel lo he considerado a menudo en mi actividad profesional, intelectual y aficiones. A veces es necesario un cambio de paradigma y otras veces puede conseguirse por acumulación: se me quedó marcada una frase de un amigo “cuando te sabes todas las palabras del diccionario básico, tu nivel ya es avanzado”.


Cerveza sin alcohol a deshoras

10/01/2018

Our beer kills fascists

Últimamente me he aficionado a la cerveza sin alcohol. Hace años, cuando dejé de beber cerveza de verdad (es un decir, porque he hecho más excepciones que la ortografía inglesa), ni se me ocurrió. Ahora me parece una cosa maravillosa que ayuda a la digestión y no deja resaca. A mi viejo le debo este hallazgo. El caso es que hoy tenía que trabajar desde casa y al volver de la escuela esta mañana me he pasado por el supermercado para coger leche y pan y se me ha ocurrido llevarme una caja de cervezas.

Ha venido un empleado desde la otra punta a indicarme que no se puede comprar alcohol a las nueve de la mañana. Yo le he dicho que era cerveza sin alcohol, a lo que me ha respondido que da igual, que por el tipo de código que tiene no podría pasar por la caja. No es menos lógico que el hecho de que la cerveza sin alcohol se exponga en la sección de bebidas alcohólicas en vez de en la de refrescos. En fin.

Los horarios de venta de alcohol en Irlanda siempre me habían parecido una cosa absurda. En otros países no tendrían sentido y aquí son una especie de residuo histórico de la respuesta religiosa a un problema social. Intentando buscarle algún sentido religión aparte, uno llega a la idea de que quizá los individuos realmente perjudicados por el alcohol no tengan el tipo de personalidad organizativo que les permita aprovisionarse con anterioridad. Lo interesante es que el alcoholismo puede haber remitido por otras causas y una medida disfuncional habría ganado apariencia de efectividad. Creo que esto pasa a menudo en políticas públicas.

El caso es que en la práctica y por culpa del programa informático, los horarios de venta de la cerveza sin alcohol son los mismos que los de las bebidas alcohólicas.

 


Resumen de 2017

01/01/2018
Aquí y pocas veces allí

Aquí y a veces allí

Quizás me equivoque pero me parece que a la gente se le ha hecho 2017 más llevadero de lo que en un principio se suponía que iba a ser, dados los malos augurios de 2016. Las cosas siempre están complicadas, pero no ha acabado de estallar nada. En Irlanda hemos alcanzado el pleno empleo o casi, y las dificultades que el país experimenta están asociadas al hecho de que la economía va quizá demasiado bien y se encarecen la vivienda y los alquileres. En España todo ha girado alrededor de lo del nacionalismo en Cataluña, lo cual ha sido y será un desastre sobre todo para Cataluña, pero también ha reducido al mínimo el espacio de debate disponible para tantas reformas necesarias.

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En lo personal ha sido un año de gran incentidumbre y cambio. El trabajo sigue igual y estoy bastante seguro de que seguiré en el mismo empleo hasta 2020, aunque he oído rumores de que cambiaremos de edificio antes del verano. En cambio la jefa pequeña empezó la escuela y tuvimos que cambiarnos de casa y de población, lo cual está bien como inversión a medio o largo plazo pero en el corto las tres o cuatro horas diarias que me paso yendo y viniendo a la oficina suponen un desastre cotidiano para mi felicidad y mi energía vital. Lo bueno es que, después de semanas y meses sufriendo la incertidumbre, el haberse plantado en un proyecto que quizá no sea el mejor pero que al menos ya es definitivo, me ha supuesto una mejora psicologica notable. A los enemigos no les deseéis desgracias sino mudanzas.

No he salido del país excepto una vez a Tenerife para acortar el invierno en enero y otra a la España peninsular a finales de octubre para ver a la familia. En esta época de la vida no tengo ningunas ganas de viajar. Con las funciones de padre de familia y empleado moderadas por la lectura y el descanso bastante tengo. Quizá sea por eso me da mucha alegría que se nos venga a visitar. Es un cambio de rutina igual y me ahorro el esfuerzo de andar por aeropuertos y hoteles. Las visitas de familia y amigos nos han dejado algunos de los mejores recuerdos de este año.

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Este fui yo

El blogueo ha seguido un patrón bastante parecido al del año pasado, con similar producción e igualmente concentrado en la primera mitad del año. De hecho en la segunda hubo tres meses de práctico parón, a causa de las tribulaciones de la mudanza. Creo que tengo ideas y lecturas como para seguir dejando una nota cada tres días aquí donde quien quiera puede venir a verme. Las redes sociales ya me han aburrido y sólo suelo mirar Twitter, donde he convertido retweet is not endorsement en retuit significa “aquí dejo esto por si alguién lo ve y ya lo miraré yo también cuando pueda”.

Entre las lecturas del año estuvieron Richard Dawkins, Carl Sagan, Svetlana Alexiévich, Jared Diamond. Volvi a leer tres libros que ya estaban en mi haber, cosa poco habitual en mí. Varios de viajeros españoles en Rusia (esto de los viajeros antiguos quiero hacerlo más) y un poco por casualidad y otro poco un interés sobrevenido en el siglo XIX español me puse con la primera serie de los Episodios Nacionales de Pérez-Galdós… como plan a largo plazo quisiera ir leyendo una serie por año y acabar en 2021 ¿lo haré?

Mi afán de completar la BWV 996 de Bach no fue suficiente para alcanzar un resultado satisfactorio. A causa sobre todo de problemas de memorización en la zarabanda y la giga y falta de tiempo y ganas para tocar delante de los papeles. Entre las cosas que voy haciendo, algunas que dejé pendientes hace veinte años como los Sons de Carrilhões de João Pernambuco o el Invierno porteño de Piazzola. He encontrado solaz en la música renacentista para vihuela (La Fantasía X de Mudarra, Las diferencias del Guárdame las vacas del libro de Narváez) y los romances que recopiló Joaquín Díaz. Esto es un poco el síndrome del emigré, que una vez expliqué como que mientras los españoles del extranjero explican a sus hijos la importancia de Cervantes, en la España real la gente mira programas de cotilleo en la tele.

Guitarra parecida

Guitarra parecida

Otros finales de año, WordPress nos facilitaba unas bonitas estadísticas (2015, 2014, 2013, 2012, 2011) que el año pasado ya no se hicieron y parece que no volverán. En 2017 hemos tenido 76.901 visitas (que son menos aún que las 89.844  de 2016). Un dato en el que nunca me había fijado y que sirve para ilustrar el declive de este medio de expresión es el número de comentarios.  Veo que en 2017 hubo 45 comentarios (y casi la mitad serán respuestas mías a otros, lo cual también es aplicable a ejercicios anteriores). Veníamos de 55 en 2016, 184 en 2015, 179 en 2014, 161 en 2013, 128 en 2012 y 201 en 2011.

Aquí voy a poner lo que más me ha gustado de lo que he escrito en 2017:

12 entradas para leer:

  1. Enero: Svetlana Alexiévich – Últimos testigos
  2. Febrero: Escatologías
  3. Marzo: La dama del ajedrez
  4. Abril: Conexiones entre España e Irlanda
  5. Mayo: Galicismos del XVIII
  6. Junio: Los escolios de Gómez-Dávila
  7. Julio: Más cartas de Rusia
  8. Agosto: El colapso de la República
  9. Septiembre: De vuelta al laberinto (ésta es de marzo, pero en septiembre no escribí nada)
  10. Octubre: Polonia y Rumania: Dos transiciones a la democracia
  11. Noviembre: El problema de las nacionalidades
  12. Diciembre: Convergencia post mortem

12 entradas para mirar por encima:

  1. Enero: El retroceso de los glaciares
  2. Febrero: Un mapa de la Hélade
  3. Marzo: Festival de san Patricio en Merrion sq
  4. Abril: Tulipanes negros
  5. Mayo: Araos aliblancos
  6. Junio: Hugh Lane Gallery (5)
  7. Julio: El que no sabe es como el que no ve
  8. Agosto: Macarroni
  9. Septiembre: Postal de Praga
  10. Octubre: Postal de Teotihuacán (de abril, pero es que en octubre tampoco puse nada)
  11. Noviembre: Buzón georgiano
  12. Diciembre: Mercado de abastos

Resúmenes de años anteriores:

Una de mis próximas entradas será un reto bloguero que se me ha ocurrido para al año que entra. Feliz 2018 a todos. Y ya.


Temas navideños 2017

25/12/2017

¡Feliz Navidad!

Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Hoy es uno de los días en que  en Irlanda cierra todo y me he quedado bloqueado en mi rincón del condado de Wicklow ya que ni siquiera hay transporte público para aproximarse a la civilización. Ayer me acerqué al supermercado de al lado de casa para acaparar alimentos y allí pude ver que las cosas ya no son como antes. Ahora ya no cierran el día 26 (san Esteban), así que mi carga acabo siendo menor de lo previsto.

Me imagino que en España es raro encontrar un supermercado abierto el día 24 de diciembre a las ocho de la tarde pero es que en Irlanda no se celebra la Nochebuena. Esto me sorprendió hace muchos años y es una cosa que suelo seguir contando en España. Mis interlocutores se sorprenden y me responden que “si son católicos, cómo no celebran la Nochebuena”. Catolicismo significa etimológicamente universalidad pero parece que algunos de sus aspectos no son tan universales.

Esto nos lo enviaron unos clientes a la empresa

El viernes 22 el jefe (irlandés) nos invitó a comer. Estábamos la portuguesa, la austriaca y servidor. Todos de países de cultura catolíca. En Austria y Portugal el día 24 es también más importante que el 25 en cuanto a las celebraciones familiares. El jefe contó que ellos solían ir a la Misa del Gallo (cuyo nombre, como yo aprendí hace relativamente pocos años, no tiene que ver con el ave ya que en inglés se llama Midnight Mass y también al cementerio. Al parecer en Irlanda la Navidad era el momento de ir al cementerio y el día de todos los Santos, pues no.

Escritorio 1

La familia se fue a Alemania y yo me he quedado aquí poniéndome al día con lecturas y cosas. Hay gente a la que le sorprende mucho que alguien pase las navidades solo y todos los años me invitan a cenar a varios sitios, que yo declino porque me resultaría muy incómodo ser el proverbial pobre que la gente lleva a su mesa.

Escritorio 2

En la oficina hicieron un concurso de decoración de escritorios en el que yo fingí participar poniendo por encima cuatro cosas que me habían dado otros a quienes le sobraron. Lo gracioso es que ganó Mohamed de Pakistán, que quizá no sepa demasiado de lo que fue la Navidad, aunque el capitalismo global nos haya puesto a todos en el mismo plano. En todo caso, se demuestra que tres milenios y muchas generaciones de antepasados en la civilización judeocristiana no dan ninguna ventaja a la hora de colocar espumillón con estilo.

La cena de navidad de este año fue el día 14 y estuvo bien. Por cierto, esto también es una tradición que va por países: en nuestra empresa al menos en el Reino Unido no se hace nada, en Suecia se hace una cosa más glamurosa a la que van las parejas de los emplados, en Francia algo parecido a lo nuestro. No me he enterado aún de si la oficina de Madrid hace algo o no y lo tengo que preguntar. Yo comenté un día, aunque no estoy seguro del todo, que me parecía que la cena de empresa española estaba sustituyendo a la tradición, más antigua, de la cesta navideña. Quizá porque la cesta era más fácil considerarla un derecho adquirido. Esto lo tengo que averiguar.

Fue en un restaurante en la que se puede considerar calle más antigua de Dublín, Fishamble st, junto a la catedral de la Santísima Trinidad que llaman Christchurch, donde se estrenó El Mesías de Haendel. Algo muy bueno para mí, aunque recibió críticas, es que empezamos a comer muy temprano (era más una comida tardía que una cena) y a las ocho de la tarde ya estaba en casa.

Aprovecho para enviar mis mejores deseos para estos días y el año por venir a todos los que hayan caído en esta página.


Vacaciones de otoño 2017

07/11/2017

El sagucho

El nivel de estrés del último año y medio ha sido significativo y la mudanza ha sido el mayor causante. Ahora parece que las cosas se han estabilizado y, finalmente, hemos podido tomar una semana de vacaciones. Tampoco es que la hayamos elegido ya que estamos totalmente condicionados por el calendario escolar, pero algo es algo. La semana que pasamos en Tenerife allá por enero serán las últimas vacaciones improvisadas en muchísimo tiempo. Miro atrás y no hacíamos turismo que no fuera para visitar a la familia desde que fuimos a Malta en 2014. Los próximos años serán necesariamente de viajes a España y Alemania. Con eso y los días de vacaciones que me tome cuando venga alguien a visitarnos se me irán los 25 días que dan las multinacionales gringas en Irlanda (y que no están mal del todo, ya que la ley dice que 20).

Así pues, en esta semana blanca de octubre-noviembre el destino ha tenido que ser forzosamente Vasconia, lo cual no está nada mal, incluso para el turista. Para nosotros es además el hotel gratis, el vuelo a Biarritz con eficientes chóferes que nos recogen y devuelven al aeropuerto, excelente comida casera y magnifico servicio de guardería. Ninguna obligación de hacer nada si se descuentan algunos compromisos familiares y lo más parecido al auténtico descanso que alguien que tenga hijos pequeños pueda encontrar.

Hace dieciocho años que salimos de allí y lo que me más me choca cada vez que vuelvo es el invierno/infierno demográfico. Acostumbrado a la vida en una ciudad dinámica y llena de jóvenes mis paseos renterianos son una experiencia un tanto extraña condicionada por el sesgo de selección, ya que debo pasar por delante de la residencia de ancianos casi todos los días. En general el sitio es mucho mejor urbanísticamente y en cuánto al tráfico, la contaminación, la droga, el terrorismo y la tensión política que como lo conocimos en la infancia. A la vez, es imposible que yo pueda volver allí antes de la jubilación, tanto por falta de perspectivas profesionales como por un aspecto importante de la crisis de Cataluña de las últimas semanas (meses, años) como es el hecho de que no me parecería sensato cambiar la educación en inglés de mi niña  trilingüe por otra en una lengua menor.

Hablando de Cataluña, puedo decir sin miedo a equivocame que en noviembre de 2017 uno veía en los balcones y pintadas de Rentería más banderas catalanas independentistas (las de las estrellas) que ikurriñas (banderas vascas), lo cual para mí corrobora la intuición de que en muchos nacionalistas la antiespañolidad es un impulso más fuerte que la vasquidad. Mi hipótesis es que el frente del Cantábrico no se va a abrir hasta que se cierre el del Mediterráneo y se haga balance de la operación, como durante tanto tiempo hicieron primero por allá. No he dejado de oir hablar de Cataluña y de posibles soluciones a algo que en sentido estricto no tiene solución. Según el día que sea lo puedo seguir con interés, juliganismo o hastío.

Y lo que hemos hecho por allí… pues ahora vamos a fiestas infantiles de cumpleaños, también a visitar a los tíos y mucho por el carril bici que llega hasta Arditurri. Hay alguna gente que todavía quiere vernos y a la que se lo agradecemos muchisimo. También comprendemos mucho a los que están atrapados por la vida y no pueden sacar tiempo porque estamos igual que ellos. Ha habido varios reencuentros y todos muy agradables. Una revelación triste: en mis muchas horas de transporte público mantengo conversaciones imaginarias con los amigos de ayer que pospongo para cuando haya ocasión de verse ya que son temas banales por los que no vale la pena llamar, enviar un correo, etc. Semanas como la pasada confirman que nunca habrá tiempo.

Lo único medio turístico que hicimos fue subir al ratón de Guetaria (creo que sólo estuve allí otra vez, y hará ya treinta años) y volver caminando entre la villa de Elcano y la playa de Zarauz. Yo le cuento a la jefa las historia de la primera circunnavegación del globo, la conquista de las Filipinas, la defensa heróica de Cartagena de Indias y otras gestas protagonizadas por guipuzcoanos pero causan menos impacto en su consideración favorable de la provincia que los pinchos de tortilla de los bares. Me parece justo.

Un tema clásico en el género de los españoles por el mundo es hacer visitas médicas cuando se retorna a los orígenes. Había dejado una cita en el dentista para el penúltimo día ya que me tenían que sacar una muela que estaba como el mapa de Santorini. Por fortuna estaba allí un doctor distinto al de la última vez y me dijo que la podía salvar. Y así fue: me hizo una reconstrucción artística que me ha dejado bien contento ya que esperaba volver con la muela en el bolsillo. Su consejo, que pongo aquí a disposición de todos, es que siempre que a uno le digan que le tienen que extraer una pieza dental hay que pedir otra opinión, ya que hay veces que las muelas se sacan por pura desidia. No nos esperamos que en el sector médico enfrenten a su trabajo con la misma actitud que ponemos nosotros en el nuestro.

Hasta el año que viene.