Cerveza sin alcohol a deshoras

10/01/2018

Our beer kills fascists

Últimamente me he aficionado a la cerveza sin alcohol. Hace años, cuando dejé de beber cerveza de verdad (es un decir, porque he hecho más excepciones que la ortografía inglesa), ni se me ocurrió. Ahora me parece una cosa maravillosa que ayuda a la digestión y no deja resaca. A mi viejo le debo este hallazgo. El caso es que hoy tenía que trabajar desde casa y al volver de la escuela esta mañana me he pasado por el supermercado para coger leche y pan y se me ha ocurrido llevarme una caja de cervezas.

Ha venido un empleado desde la otra punta a indicarme que no se puede comprar alcohol a las nueve de la mañana. Yo le he dicho que era cerveza sin alcohol, a lo que me ha respondido que da igual, que por el tipo de código que tiene no podría pasar por la caja. No es menos lógico que el hecho de que la cerveza sin alcohol se exponga en la sección de bebidas alcohólicas en vez de en la de refrescos. En fin.

Los horarios de venta de alcohol en Irlanda siempre me habían parecido una cosa absurda. En otros países no tendrían sentido y aquí son una especie de residuo histórico de la respuesta religiosa a un problema social. Intentando buscarle algún sentido religión aparte, uno llega a la idea de que quizá los individuos realmente perjudicados por el alcohol no tengan el tipo de personalidad organizativo que les permita aprovisionarse con anterioridad. Lo interesante es que el alcoholismo puede haber remitido por otras causas y una medida disfuncional habría ganado apariencia de efectividad. Creo que esto pasa a menudo en políticas públicas.

El caso es que en la práctica y por culpa del programa informático, los horarios de venta de la cerveza sin alcohol son los mismos que los de las bebidas alcohólicas.

 

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Resumen de 2017

01/01/2018
Aquí y pocas veces allí

Aquí y a veces allí

Quizás me equivoque pero me parece que a la gente se le ha hecho 2017 más llevadero de lo que en un principio se suponía que iba a ser, dados los malos augurios de 2016. Las cosas siempre están complicadas, pero no ha acabado de estallar nada. En Irlanda hemos alcanzado el pleno empleo o casi, y las dificultades que el país experimenta están asociadas al hecho de que la economía va quizá demasiado bien y se encarecen la vivienda y los alquileres. En España todo ha girado alrededor de lo del nacionalismo en Cataluña, lo cual ha sido y será un desastre sobre todo para Cataluña, pero también ha reducido al mínimo el espacio de debate disponible para tantas reformas necesarias.

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En lo personal ha sido un año de gran incentidumbre y cambio. El trabajo sigue igual y estoy bastante seguro de que seguiré en el mismo empleo hasta 2020, aunque he oído rumores de que cambiaremos de edificio antes del verano. En cambio la jefa pequeña empezó la escuela y tuvimos que cambiarnos de casa y de población, lo cual está bien como inversión a medio o largo plazo pero en el corto las tres o cuatro horas diarias que me paso yendo y viniendo a la oficina suponen un desastre cotidiano para mi felicidad y mi energía vital. Lo bueno es que, después de semanas y meses sufriendo la incertidumbre, el haberse plantado en un proyecto que quizá no sea el mejor pero que al menos ya es definitivo, me ha supuesto una mejora psicologica notable. A los enemigos no les deseéis desgracias sino mudanzas.

No he salido del país excepto una vez a Tenerife para acortar el invierno en enero y otra a la España peninsular a finales de octubre para ver a la familia. En esta época de la vida no tengo ningunas ganas de viajar. Con las funciones de padre de familia y empleado moderadas por la lectura y el descanso bastante tengo. Quizá sea por eso me da mucha alegría que se nos venga a visitar. Es un cambio de rutina igual y me ahorro el esfuerzo de andar por aeropuertos y hoteles. Las visitas de familia y amigos nos han dejado algunos de los mejores recuerdos de este año.

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Este fui yo

El blogueo ha seguido un patrón bastante parecido al del año pasado, con similar producción e igualmente concentrado en la primera mitad del año. De hecho en la segunda hubo tres meses de práctico parón, a causa de las tribulaciones de la mudanza. Creo que tengo ideas y lecturas como para seguir dejando una nota cada tres días aquí donde quien quiera puede venir a verme. Las redes sociales ya me han aburrido y sólo suelo mirar Twitter, donde he convertido retweet is not endorsement en retuit significa “aquí dejo esto por si alguién lo ve y ya lo miraré yo también cuando pueda”.

Entre las lecturas del año estuvieron Richard Dawkins, Carl Sagan, Svetlana Alexiévich, Jared Diamond. Volvi a leer tres libros que ya estaban en mi haber, cosa poco habitual en mí. Varios de viajeros españoles en Rusia (esto de los viajeros antiguos quiero hacerlo más) y un poco por casualidad y otro poco un interés sobrevenido en el siglo XIX español me puse con la primera serie de los Episodios Nacionales de Pérez-Galdós… como plan a largo plazo quisiera ir leyendo una serie por año y acabar en 2021 ¿lo haré?

Mi afán de completar la BWV 996 de Bach no fue suficiente para alcanzar un resultado satisfactorio. A causa sobre todo de problemas de memorización en la zarabanda y la giga y falta de tiempo y ganas para tocar delante de los papeles. Entre las cosas que voy haciendo, algunas que dejé pendientes hace veinte años como los Sons de Carrilhões de João Pernambuco o el Invierno porteño de Piazzola. He encontrado solaz en la música renacentista para vihuela (La Fantasía X de Mudarra, Las diferencias del Guárdame las vacas del libro de Narváez) y los romances que recopiló Joaquín Díaz. Esto es un poco el síndrome del emigré, que una vez expliqué como que mientras los españoles del extranjero explican a sus hijos la importancia de Cervantes, en la España real la gente mira programas de cotilleo en la tele.

Guitarra parecida

Guitarra parecida

Otros finales de año, WordPress nos facilitaba unas bonitas estadísticas (2015, 2014, 2013, 2012, 2011) que el año pasado ya no se hicieron y parece que no volverán. En 2017 hemos tenido 76.901 visitas (que son menos aún que las 89.844  de 2016). Un dato en el que nunca me había fijado y que sirve para ilustrar el declive de este medio de expresión es el número de comentarios.  Veo que en 2017 hubo 45 comentarios (y casi la mitad serán respuestas mías a otros, lo cual también es aplicable a ejercicios anteriores). Veníamos de 55 en 2016, 184 en 2015, 179 en 2014, 161 en 2013, 128 en 2012 y 201 en 2011.

Aquí voy a poner lo que más me ha gustado de lo que he escrito en 2017:

12 entradas para leer:

  1. Enero: Svetlana Alexiévich – Últimos testigos
  2. Febrero: Escatologías
  3. Marzo: La dama del ajedrez
  4. Abril: Conexiones entre España e Irlanda
  5. Mayo: Galicismos del XVIII
  6. Junio: Los escolios de Gómez-Dávila
  7. Julio: Más cartas de Rusia
  8. Agosto: El colapso de la República
  9. Septiembre: De vuelta al laberinto (ésta es de marzo, pero en septiembre no escribí nada)
  10. Octubre: Polonia y Rumania: Dos transiciones a la democracia
  11. Noviembre: El problema de las nacionalidades
  12. Diciembre: Convergencia post mortem

12 entradas para mirar por encima:

  1. Enero: El retroceso de los glaciares
  2. Febrero: Un mapa de la Hélade
  3. Marzo: Festival de san Patricio en Merrion sq
  4. Abril: Tulipanes negros
  5. Mayo: Araos aliblancos
  6. Junio: Hugh Lane Gallery (5)
  7. Julio: El que no sabe es como el que no ve
  8. Agosto: Macarroni
  9. Septiembre: Postal de Praga
  10. Octubre: Postal de Teotihuacán (de abril, pero es que en octubre tampoco puse nada)
  11. Noviembre: Buzón georgiano
  12. Diciembre: Mercado de abastos

Resúmenes de años anteriores:

Una de mis próximas entradas será un reto bloguero que se me ha ocurrido para al año que entra. Feliz 2018 a todos. Y ya.


Temas navideños 2017

25/12/2017

¡Feliz Navidad!

Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Hoy es uno de los días en que  en Irlanda cierra todo y me he quedado bloqueado en mi rincón del condado de Wicklow ya que ni siquiera hay transporte público para aproximarse a la civilización. Ayer me acerqué al supermercado de al lado de casa para acaparar alimentos y allí pude ver que las cosas ya no son como antes. Ahora ya no cierran el día 26 (san Esteban), así que mi carga acabo siendo menor de lo previsto.

Me imagino que en España es raro encontrar un supermercado abierto el día 24 de diciembre a las ocho de la tarde pero es que en Irlanda no se celebra la Nochebuena. Esto me sorprendió hace muchos años y es una cosa que suelo seguir contando en España. Mis interlocutores se sorprenden y me responden que “si son católicos, cómo no celebran la Nochebuena”. Catolicismo significa etimológicamente universalidad pero parece que algunos de sus aspectos no son tan universales.

Esto nos lo enviaron unos clientes a la empresa

El viernes 22 el jefe (irlandés) nos invitó a comer. Estábamos la portuguesa, la austriaca y servidor. Todos de países de cultura catolíca. En Austria y Portugal el día 24 es también más importante que el 25 en cuanto a las celebraciones familiares. El jefe contó que ellos solían ir a la Misa del Gallo (cuyo nombre, como yo aprendí hace relativamente pocos años, no tiene que ver con el ave ya que en inglés se llama Midnight Mass y también al cementerio. Al parecer en Irlanda la Navidad era el momento de ir al cementerio y el día de todos los Santos, pues no.

Escritorio 1

La familia se fue a Alemania y yo me he quedado aquí poniéndome al día con lecturas y cosas. Hay gente a la que le sorprende mucho que alguien pase las navidades solo y todos los años me invitan a cenar a varios sitios, que yo declino porque me resultaría muy incómodo ser el proverbial pobre que la gente lleva a su mesa.

Escritorio 2

En la oficina hicieron un concurso de decoración de escritorios en el que yo fingí participar poniendo por encima cuatro cosas que me habían dado otros a quienes le sobraron. Lo gracioso es que ganó Mohamed de Pakistán, que quizá no sepa demasiado de lo que fue la Navidad, aunque el capitalismo global nos haya puesto a todos en el mismo plano. En todo caso, se demuestra que tres milenios y muchas generaciones de antepasados en la civilización judeocristiana no dan ninguna ventaja a la hora de colocar espumillón con estilo.

La cena de navidad de este año fue el día 14 y estuvo bien. Por cierto, esto también es una tradición que va por países: en nuestra empresa al menos en el Reino Unido no se hace nada, en Suecia se hace una cosa más glamurosa a la que van las parejas de los emplados, en Francia algo parecido a lo nuestro. No me he enterado aún de si la oficina de Madrid hace algo o no y lo tengo que preguntar. Yo comenté un día, aunque no estoy seguro del todo, que me parecía que la cena de empresa española estaba sustituyendo a la tradición, más antigua, de la cesta navideña. Quizá porque la cesta era más fácil considerarla un derecho adquirido. Esto lo tengo que averiguar.

Fue en un restaurante en la que se puede considerar calle más antigua de Dublín, Fishamble st, junto a la catedral de la Santísima Trinidad que llaman Christchurch, donde se estrenó El Mesías de Haendel. Algo muy bueno para mí, aunque recibió críticas, es que empezamos a comer muy temprano (era más una comida tardía que una cena) y a las ocho de la tarde ya estaba en casa.

Aprovecho para enviar mis mejores deseos para estos días y el año por venir a todos los que hayan caído en esta página.


Vacaciones de otoño 2017

07/11/2017

El sagucho

El nivel de estrés del último año y medio ha sido significativo y la mudanza ha sido el mayor causante. Ahora parece que las cosas se han estabilizado y, finalmente, hemos podido tomar una semana de vacaciones. Tampoco es que la hayamos elegido ya que estamos totalmente condicionados por el calendario escolar, pero algo es algo. La semana que pasamos en Tenerife allá por enero serán las últimas vacaciones improvisadas en muchísimo tiempo. Miro atrás y no hacíamos turismo que no fuera para visitar a la familia desde que fuimos a Malta en 2014. Los próximos años serán necesariamente de viajes a España y Alemania. Con eso y los días de vacaciones que me tome cuando venga alguien a visitarnos se me irán los 25 días que dan las multinacionales gringas en Irlanda (y que no están mal del todo, ya que la ley dice que 20).

Así pues, en esta semana blanca de octubre-noviembre el destino ha tenido que ser forzosamente Vasconia, lo cual no está nada mal, incluso para el turista. Para nosotros es además el hotel gratis, el vuelo a Biarritz con eficientes chóferes que nos recogen y devuelven al aeropuerto, excelente comida casera y magnifico servicio de guardería. Ninguna obligación de hacer nada si se descuentan algunos compromisos familiares y lo más parecido al auténtico descanso que alguien que tenga hijos pequeños pueda encontrar.

Hace dieciocho años que salimos de allí y lo que me más me choca cada vez que vuelvo es el invierno/infierno demográfico. Acostumbrado a la vida en una ciudad dinámica y llena de jóvenes mis paseos renterianos son una experiencia un tanto extraña condicionada por el sesgo de selección, ya que debo pasar por delante de la residencia de ancianos casi todos los días. En general el sitio es mucho mejor urbanísticamente y en cuánto al tráfico, la contaminación, la droga, el terrorismo y la tensión política que como lo conocimos en la infancia. A la vez, es imposible que yo pueda volver allí antes de la jubilación, tanto por falta de perspectivas profesionales como por un aspecto importante de la crisis de Cataluña de las últimas semanas (meses, años) como es el hecho de que no me parecería sensato cambiar la educación en inglés de mi niña  trilingüe por otra en una lengua menor.

Hablando de Cataluña, puedo decir sin miedo a equivocame que en noviembre de 2017 uno veía en los balcones y pintadas de Rentería más banderas catalanas independentistas (las de las estrellas) que ikurriñas (banderas vascas), lo cual para mí corrobora la intuición de que en muchos nacionalistas la antiespañolidad es un impulso más fuerte que la vasquidad. Mi hipótesis es que el frente del Cantábrico no se va a abrir hasta que se cierre el del Mediterráneo y se haga balance de la operación, como durante tanto tiempo hicieron primero por allá. No he dejado de oir hablar de Cataluña y de posibles soluciones a algo que en sentido estricto no tiene solución. Según el día que sea lo puedo seguir con interés, juliganismo o hastío.

Y lo que hemos hecho por allí… pues ahora vamos a fiestas infantiles de cumpleaños, también a visitar a los tíos y mucho por el carril bici que llega hasta Arditurri. Hay alguna gente que todavía quiere vernos y a la que se lo agradecemos muchisimo. También comprendemos mucho a los que están atrapados por la vida y no pueden sacar tiempo porque estamos igual que ellos. Ha habido varios reencuentros y todos muy agradables. Una revelación triste: en mis muchas horas de transporte público mantengo conversaciones imaginarias con los amigos de ayer que pospongo para cuando haya ocasión de verse ya que son temas banales por los que no vale la pena llamar, enviar un correo, etc. Semanas como la pasada confirman que nunca habrá tiempo.

Lo único medio turístico que hicimos fue subir al ratón de Guetaria (creo que sólo estuve allí otra vez, y hará ya treinta años) y volver caminando entre la villa de Elcano y la playa de Zarauz. Yo le cuento a la jefa las historia de la primera circunnavegación del globo, la conquista de las Filipinas, la defensa heróica de Cartagena de Indias y otras gestas protagonizadas por guipuzcoanos pero causan menos impacto en su consideración favorable de la provincia que los pinchos de tortilla de los bares. Me parece justo.

Un tema clásico en el género de los españoles por el mundo es hacer visitas médicas cuando se retorna a los orígenes. Había dejado una cita en el dentista para el penúltimo día ya que me tenían que sacar una muela que estaba como el mapa de Santorini. Por fortuna estaba allí un doctor distinto al de la última vez y me dijo que la podía salvar. Y así fue: me hizo una reconstrucción artística que me ha dejado bien contento ya que esperaba volver con la muela en el bolsillo. Su consejo, que pongo aquí a disposición de todos, es que siempre que a uno le digan que le tienen que extraer una pieza dental hay que pedir otra opinión, ya que hay veces que las muelas se sacan por pura desidia. No nos esperamos que en el sector médico enfrenten a su trabajo con la misma actitud que ponemos nosotros en el nuestro.

Hasta el año que viene.


El laberinto de la soledad

09/07/2017

Primera edición (1950)

En el comentario de texto de la Selectividad me tocó un artículo de Octavio Paz. Siempre me quedé con el remordimiento de no haber escrito el circunloquio “el premio Nobel mexicano” (que omití al dar por consabido), que quizá me hubiera hecho ganar alguna décima de propina. Poeta y ensayista en español, acaso la academia quiso darle el premio que negó a Borges. Su poesía nunca me ha dicho gran cosa y a excepción de alguna lectura suelta como el programa de radio en el que supe de sus andanzas por la España bélica he permanecido lejos de su obra, hasta hoy que me ha dado por leer una edición vieja de El laberinto de la soledad.

Como se trata de un grupo de ensayos variado en el que se toca lo divino y lo humano entresaco diversos fragmentos que me han interesado. Por ejemplo este sobre los llamados “pachucos” de la fea ciudad de Los Ángeles, cuya situación identitaria me recuerda un poco a la situación de los maketos y charnegos del País Vasco y Cataluña en España.

Al iniciar mi vida en los Estados Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles, ciudad habitada por más de un millón de personas de origen mexicano. A primera vista sorprende al viajero —además de la pureza del cielo y de la fealdad de las dispersas y ostentosas construcciones— la atmósfera vagamente mexicana de la ciudad, imposible de apresar con palabras o conceptos. Esta mexicanidad —gusto por los adornos, descuido y fausto, negligencia, pasión y reserva— flota en el aire. Y digo que flota porque no se mezcla ni se funde con el otro mundo, el mundo norteamericano, hecho de precisión y eficacia. Flota, pero no se opone; se balancea, impulsada por el viento, a veces desgarrada como una nube, otras erguida como un cohete que asciende. Se arrastra, se pliega, se expande, se contrae, duerme o sueña, hermosura harapienta. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer.

Algo semejante ocurre con los mexicanos que uno encuentra en la calle. Aunque tengan muchos años de vivir allí, usen la misma ropa, hablen el mismo idioma y sientan vergüenza de su origen, nadie los confundiría con los norteamericanos auténticos. Y no se crea que los rasgos físicos son tan determinantes como vulgarmente se piensa. Lo que me parece distinguirlos del resto de la población es su aire furtivo e inquieto, de seres que se disfrazan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de desnudarlos y dejarlos en cueros. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndulo, un péndulo que ha perdido la razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado de espíritu —o de ausencia de espíritu— ha engendrado lo que se ha dado en llamar el “pachuco”.

Como es sabido, los “pachucos” son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del Sur y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los “pachucos” no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión —ambigua, como se verá— de no ser como los otros que los rodean. El “pachuco” no quiere volver a su origen mexicano; tampoco —al menos en apariencia— desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: “pachuco”, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. ¡Extraña palabra, que no tiene significado preciso o que, más exactamente, está cargada, como todas las creaciones populares, de una pluralidad de significados! Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano.

Estos otros párrafos quizá no sean los más representativos de los que tratan la soledad, pero es interesante cómo la relaciona con la hombría y como la concepción mexicana de la virilidad (y por extensión la hispánica) se diferencia de otras al ser un rasgo de carácter, más que un resultado de la lucha. Educado en el ejemplo literario del Cid o de Machado partiendo al destierro nunca me ha dejado de sorprender que en inglés loser sea un insulto y que la derrota se pueda echar en cara a quien ha luchado como un hombre.

El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza. Muestra que instintivamente consideramos peligroso al medio que nos rodea. Esta reacción se justifica si se piensa en lo que ha sido nuestra historia y en el carácter de la sociedad que hemos creado. La dureza y hostilidad del ambiente —y esa amenaza, escondida e indefinible, que siempre flota en el aire— nos obligan a cerrarnos al exterior, como esas plantas de la meseta que acumulan sus jugos tras una cáscara espinosa. Pero esta conducta, legítima en su origen, se ha convertido en un mecanismo que funciona solo, automáticamente. Ante la simpatía y la dulzura nuestra respuesta es la reserva, pues no sabemos si esos sentimientos son verdaderos o simulados. Y además, nuestra integridad masculina corre tanto peligro ante la benevolencia como ante la hostilidad. Toda abertura de nuestro ser entraña una dimisión de nuestra hombría.

Nuestras relaciones con los otros hombres también están teñidas de recelo. Cada vez que el mexicano se confía a un amigo o a un conocido, cada vez que se “abre”, abdica. Y teme que el desprecio del confidente siga a su entrega. Por eso la confidencia deshonra y es tan peligrosa para el que la hace como para el que la escucha; no nos ahogamos en la fuente que nos refleja, ciso, sino que la cegamos. Nuestra cólera no se nutre nada más del temor de ser utilizados por nuestros confidentes —temor general a todos los hombres— sino de la vergüenza de haber renunciado a nuestra soledad. El que se confía, se enajena; “me he vendido con Fulano”, decimos cuando nos confiamos a alguien que no lo merece. Esto es, nos hemos “rajado”, alguien ha penetrado en el castillo fuerte. La distancia entre hombre y hombre, creadora del mutuo respeto y la mutua seguridad, ha desaparecido. No solamente estamos a merced del intruso, sino que hemos abdicado.

Todas estas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para otros pueblos consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad.

Aquí una certera reflexión sobre el surgimiento de las naciones iberoamericanas tras el fin de la Colonia…

Las nuevas Repúblicas fueron inventadas por necesidades políticas y militares del momento, no porque expresasen una real peculiaridad histórica. Los “rasgos nacionales” se fueron formando más tarde; en muchos casos, no son sino consecuencia de la prédica nacionalista de los gobiernos. Aún ahora, un siglo y medio después, nadie puede explicar satisfactoriamente en qué consisten las diferencias “nacionales” entre argentinos y uruguayos, peruanos y ecuatorianos, guatemaltecos y mexicanos. Nada tampoco —excepto la persistencia de las oligarquías locales, sostenidas por el imperialismo norteamericano— explica la existencia en Centroamérica y las Antillas de nueve repúblicas.

…que continúa con el interesante ejemplo mexicano:

No es esto todo. Cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de la Independencia, una constitución más o menos (casi siempre menos que más) liberal y democrática. En Europa y en los Estados Unidos esas leyes correspondían a una realidad histórica: eran la expresión del ascenso de la burguesía, la consecuencia de la revolución industrial y de la destrucción del antiguo régimen. En Hispanoamérica sólo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. La ideología liberal y democrática, lejos de expresar nuestra situación histórica concreta, la ocultaba. La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente.

El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad. Durante más de cien años hemos sufrido regímenes de fuerza, al servicio de las oligarquías feudales, pero que utilizan el lenguaje de la libertad. Esta situación se ha prolongado hasta nuestros días. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma. Éste parece ser el sentido de los actuales movimientos latinoa-mericanos, cuyo objetivo común consiste en realizar de una vez por todas la Independencia. O sea: transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos y turistas. En esta lucha nuestros pueblos no sólo se enfrentan a la vieja herencia española (la Iglesia, el ejército y la oligarquía), sino al Dictador, al Jefe con la boca henchida de fórmulas legales y patrióticas, ahora aliado a un poder muy distinto al viejo imperialismo hispano: los grandes intereses del capitalismo extranjero.

Casi todo lo anterior es aplicable a México, con decisivas salvedades. En primer término, nuestra revolución de Independencia jamás manifiesta las pretensiones de universalidad que son, a un tiempo, la videncia y la ceguera de Bolívar. Además, los insurgentes vacilan entre la Independencia (Morelos) y formas modernas de autonomía (Hidalgo).

La guerra se inicia como una protesta contra los abusos de la Metrópoli y de la alta burocracia española, sí, pero también y sobre todo contra los grandes latifundistas nativos. No es la rebelión de la aristocracia local contra la Metrópoli, sino la del pueblo contra la primera. De ahí que los revolucionarios hayan concedido mayor importancia a determinadas reformas sociales que a la Independencia misma: Hidalgo decreta la abolición de la esclavitud; Morelos, el reparto de los latifundios.

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación. Por eso el Ejército (en el que servían “criollos” como Iturbide), la Iglesia y los grandes propietarios se aliaron a la Corona española. Esas fuerzas fueron las que derrotaron a Hidalgo, Morelos y Mina. Un poco más tarde, casi extinguido el movimiento insurgente, ocurre lo inesperado: en España los liberales toman el poder, transforman la Monarquía absoluta en constitucional y amenazan los privilegios de la Iglesia y de la aristocracia. Se opera entonces un brusco cambio de frente; ante este nuevo peligro exterior, el alto clero, los grandes terratenientes, la burocracia y los militares criollos buscan la alianza con los restos de los insurgentes y consuman la Independencia.

Se trata de un verdadero acto de prestidigitación: la separación política de la Metrópoli se realiza en contra de las clases que habían luchado por la Independencia, El virreinato de Nueva España se transforma en el Imperio mexicano. Iturbide, el antiguo general realista, se convierte en Agustín I. Al poco tiempo, una rebelión lo derriba. Se inicia la era de los pronunciamientos.

Breve balance histórico de la Revolución Mexicana:

La Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la Historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución mexicana ha muerto sin resolver nuestras contradicciones. Después de la segunda Guerra Mundial, nos damos cuenta que esa creación de nosotros mismos que la realidad nos exige no es diversa a la que una realidad semejante reclama a los otros. Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar. La Historia universal es ya tarea común. Y nuestro laberinto, el de todos los hombres.

Breve balance histórico del comunismo que a menor escala me parece aplicable a muchas instituciones  y políticas que pretenden corregir las injusticias del mercado, pero que al final sólo generan mercado negro e injusticias mayores:

Los métodos de “acumulación socialista” —como los llamaba el difunto Stalin— se han revelado bastante más crueles que los sistemas de “acumulación primitiva” del capital, que con tanta justicia indignaban a Marx y Engels. Nadie duda que el “socialismo” totalitario puede transformar la economía de un país; es más dudoso que logre liberar al hombre. Y esto último es lo único que nos interesa y lo único que justifica una revolución.

Por supuesto hay mucho más de entre lo que destaco por lo leven una entretenida disquisición sobre la variación léxica del tema “chingar” pero además en el campo de las ideas: la soledad, la muerte, la destrucción del mundo politico y religioso precolombino, el catolicismo, la proyección de Europa en la Nueva España, sor Juana Inés, el interesante siglo XIX mexicano y la situación de lo que durante el XX llamábamos el mundo en vías de desarrollo,

Leo que hay ediciones posteriores que añaden tres ensayos a los ocho y apéndice de la primera. Intentaré hacerme con una de esas cuando vuelva a esta obra.


Una incineradora

30/05/2017

Planta incineradora más estilizada de lo que uno pensaría

Hace unas semanas vinieron los abuelos de visita y por echarle una mano al viejo en sus diez o veinte mil pasos diarios me lo llevé de paseo por la zona portuaria hasta sórdidos desiertos postindustriales. Hacía bastantes años que no me acercaba a las chimeneas de Poolbeg y creo que es el modo en que la peste de la depuradora se me quedó grabado en la memoria olfativa la última vez lo que me ha impedido volver hasta ahora. Al menos en esta ocasión no hedía como la anterior. Luego, de entre todas las cosas del mundo, a mi señor padre le pareció una buena idea que le hiciera una foto frente a una incineradora nueva y reluciente que, tras años construyéndose, dentro de unas pocas semanas iniciará su labor. Es fascinante el modo en que el mundo mecánico fascina a los hombres de la generación anterior: mirar las zanjas de las obras desde las vallas, los vagones de los trenes acoplándose, una fábrica de cualquier cosa trabajando a pleno rendimiento y una incineradora por qué no.


Falsos amigos: Cumpleaños – Birthday

22/04/2017

Acabará por no entenderse

Siempre cuento lo de que cuando llegué a Irlanda no tenía inglés ni para pedir cerveza en la barra de un bar. Otra mítica es que le pedí que me ayudara a hacer el currículum a un amigo “que sabía”, a resultas de lo cual acabo emergiendo un folio con cuatro datos del DNI, dos mentiras y tres exageraciones. Entre los datos destacaba birthday (cumpleaños) ocupando el lugar en el que debería haber aparecido date of birth (fecha de nacimiento). Con este cv fui a dos entrevistas y no conseguí ninguno de los empleos. Tampoco es que esta minucia fuera la causa determinante (eso nunca se sabrá) pero la lección de que más vale que uno falle por sí mismo me parece valiosa.

Más sobre birthday. Hace unos años me di cuenta que en esos dibujos que Google pone para conmemorar algún aniversario escribían 138th birthday of X y ahí me di cuenta de que esa persona no podía seguir viva y que birthday es birth day, o sea el día del nacimiento y no exactamente lo mismo que el cumpleaños. Me parece a mí que para cumplir (completar) años hay que estar vivo mientras que el aniversario del nacimiento seguirá produciendose cíclicamente mientras la tierra gire alrededor del sol. Y me parece a mí que uno se le felicita en su cumpleaños por el mérito que tiene sobrevivir, que hoy es sin duda menor que el que tenía en el mundo de ayer del que provienen nuestras tradiciones.

En fin, esta es mi opinión. No estoy muy seguro de que el diccionario me respalde y de hecho a un escritor en boga le he leído utilizar la voz cumpleaños refieriéndose a alguien que llevaba mucho tiempo criando malvas. A mí me parece muy ridículo decir “feliz cumpleaños” para conmemorar en la fecha en que nació alguien que ya ha muerto, aunque lo he visto hacer por Twitter y en Whatsapp

Para mí el récord guasapero lo tiene un primo mío que expresó su buen deseo dirigiéndose en vascuence a nuestro común abuelo salmantino, que de ese idioma no sabía ni tres palabras. Esto fue en el centenario de su nacimiento y tres lustros después de su óbito. Si siguiera vivo no tendría ni teléfono móvil, claro, y mejor para él.

Me gusta pensar que es todo culpa de un fallo de traducción pero en realidad la gente es así de boba y esta idiotez en gran medida habrá nacido de modo totalmente independiente, quiero decir sin intervención anglosajona. Eso sí, tal y como hemos descrito más arriba el engendro viene respaldado por los líderes de la civilización occidental que sí, que en su idioma tiene algo más de sentido (lo de birthday sí aunque lo de happy birthday no), pero ya dijimos otro día que fueron los que inventaron el “literalmente” no literal.

Pues ahora parece que uno cumple años hasta cuando deja de cumplirlos. Y feliz día le dicen al fiambre. La realidad superando al humor negro.

Uno nació en los setenta, pero la viñeta de la tumba que hizo Summers en “Hermano Lobo”, con el pastel y las velas sobre la lápida y el deseo de ¡feliz cumpleaños! algún día dejará de entenderse.