En Lughnasa Franco no era aún generalísimo

28/12/2019

Dancing at Lughnasa

En estas dos semanas habré visto más películas que en los dos años anteriores. La oficina está cerrada por navidades y entre que unos días son festivos y otros trabajamos desde casa suelo estar en el sofá con la tele puesta, bien leyendo mis cosas o avanzando lo que se pueda en asuntos laborales que, la verdad sea dicha, no es casi nada.

Anoche vi la coproducción de 1998 Dancing at Lughnasa, adaptación de la obra de teatro homónima del dramaturgo Brian Friel (1929-2015) que tiene como escenario el condado de Donegal de la costa del oeste de Irlanda durante el verano de 1936. Lughnasa, que también puede escribirse Lúnasa (mi favorita, ya que es como suena) o Lughnasadh (estereotípico del gaélico irlandés: diez letras para seis sonidos). Lughnasa era un antiguo festival pagano (o es ahora un festival neopagano), que se celebra el primero de agosto para celebrar el inicio de la cosecha. Se hace en honor del dios celta Lug, del que hablamos en una ocasión, un dios tan desconocido en España que la película allí se llamó El baile de agosto.

La película no está mal del todo, trata de una especie de casa de Bernarda Alba en un lugar llamado Ballybeg, que podría ser un Ballycrap, uno de esos contornos rurales en que los hombres emigran y las mujeres sufren y en la que Meryl Streep interpreta su papel de matriarca con un acento irlandés impecable hasta donde mi oído puede determinar.

Sin embargo, el asunto que me trae a escribir estas líneas es que Gerry, uno de los personajes, quiere acudir como voluntario a la guerra de España a luchar contra Franco. Siendo que Lughnasa es el 1 de agosto y que la acción se desarrolla en los días inmediatamente anteriores, el golpe no es aún el de Franco sino más bien el de Mola y Sanjurjo. Franco no fue elegido jefe supremo del bando rebelde hasta el 1 de octubre, por lo cual que un irlandés (o galés) quisiera durante la última semana de julio o la primera de 1936 ir a luchar contra Franco me resulta muy pero que muy improbable.

Ya puestos me dio por consultar algo que debería saber (tengo leído La internacionalización de la guerra civil española de Fernando Schwartz, pero la memoria es falible) que es cuándo se decidió formar las Brigadas Internacionales. Una simple búsqueda en Wikipedia indica que la decisión se tomó el 18 de septiembre y que los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre. La mayoría de los irlandeses que formaron la mitificada Columna Connolly llegaron a España en diciembre. Me imagino que ya habrá habido alguien más que se haya dado cuenta de que las fechas no encajan pero no salían en la primera página de Google.


Yo fui un ministro de Stalin

16/11/2019

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Ahora que parece que puede haber un gobierno con ministros a la izquierda del PSOE es buen momento para revisar los escritos de uno de los dos ministros comunistas que en España han sido: Jesús Hernández Tomás (1907-1971), que formó parte de los gobiernos de Largo Caballero y Negrín al mismo tiempo que Vicente Uribe (1902-1961), en plena guerra civil.

Debe tenerse en cuenta que el libro Yo fui un ministro de Stalin fue publicado en 1953 y que en 1944 Hernández ya había sido expulsado del Partido Comunista de España. Ofrece una interesante perspectiva de muchos aspectos del periodo bélico, empezando por las elecciones de febrero de 1936 en las que, según un pequeño detalle trivial que descubro en la primera página, el escrutinio empezó a las seis de la tarde. Entre los principales temas están el de la caída del gobierno de Largo Caballero en mayo de 1937, la persecución contra el POUM y cómo se produjo el hundimiento de la zona centro-sur tras el golpe de Casado y sobre todo el papel que la dirección del PCE y los agentes soviéticos desempeñaron en todos estos asuntos.

Selecciono un par de párrafos que me interesan . Es el primero la recreación de una conversación de Hernández con el secretario general  del partido, José Díaz, que resulta curiosa desde la perspectiva de la evolución del pensamiento político izquierdista en relación al problema de España. De aquí salió el folleto de Hernández El orgullo de sentirnos españoles, a cuyo contenido atribuyo la capacidad de incomodar a la militancia comunista o podemita actual más que la descripción detallada de los crímenes estalinistas.

—¿Qué te parece si comenzamos a desplegar una campaña, hábilmente desarrollada, tendiente a despertar en nuestro Partido un sentimiento de orgullo por todo lo español? —me preguntó Díaz.
La mirada de Díaz se había animado. De sus ojos negros se desprendía ahora un reflejo de malicia y de contento. Su ocurrencia le animaba. Prosiguió:
—… Si logramos encender la llama del entusiasmo por lo español, por nuestras costumbres, nuestras glorias, nuestros guerreros, por nuestras tradiciones, será más fácil llevar al Partido hacia una política auténticamente nacional, que en caso necesario, comprenda nuestra posición.
—Me parece excelente la idea.
—Tú debes abrir el fuego —dijo.
—¿Cómo?
—Preparando una serie de artículos en los que exaltes desde el Cid a los Reyes Católicos, desde Numancia a las Germanías, desde los Comuneros al Alcalde de Móstoles. Habla de nuestras glorias y grandezas, de España madre de pueblos, de conquistadores y misioneros, de genios de las letras, de la pintura, de la ciencia. Habla de todo y de todos, desde Viriato a los heroicos milicianos del Cuartel de la Montaña… De todo lo que se te ocurra, pero exalta lo español, despierta entre los comunistas el orgullo de ser español.
El entusiasmo de Díaz crecía con sus propias ideas.
—…Habla con Mije. Dile que el Comisariado de Guerra transmita instrucciones a todas las unidades para que los periódicos y alocuciones de los comisarios sigan esta línea. Nuestras Divisiones —agregó— cantan canciones con música de himnos soviéticos. Que acaben con eso. Que canten con música española, aunque sea de zarzuela. Desde el Agit-Prop del Partido debes tomar inmediatamente medidas para que nuestros camaradas desplieguen una intensa campaña en todas las fábricas de producción de guerra, dando a entender que agradecemos los auxilios de los demás, pero que, en definitiva, todo dependerá de nuestro esfuerzo.
Observaba un poco admirado a Díaz. Debió de comprenderlo, pues me dijo:
—Te asombra oírme hablar así ¿no?
—Me asombra y me entusiasma. ¡Ojalá podamos hacer vibrar a nuestra gente en esta misma pasión!
—De ti va a depender mucho —indicó.
—Por mí no ha de quedar —declaré.
—¡Es increíble! Tener que comenzar a conspirar en nuestro propio Partido y en nuestro propio país para poder hacer una política nacional —comentó Díaz.

El tema principal del libro es la intromisión soviética en España, que puede entreverse en todos los demás asuntos. Uno muy interesante son las relaciones entre los dirigentes comunistas españoles, también mediada en gran medida por Moscú. De José Díaz se suele escribir simplificando que a pesar de ostentar el cargo orgánico teóricamente superior no tuvo demasiado protagonismo durante la guerra debido a sus problemas de salud (se acabó suicidando en Tiflis en 1942 aquejado del dolor de un cáncer estomacal). Sin embargo en política siempre hay algo más en la zona en que lo ideológico se entremezcla con lo personal. Aqui sobre Pasionaria:

Comprendiendo Antón lo inestable de su situación, buscó la manera de afianzarse en un puesto de dirección del Partido. Y dio en la flor de enamorar a Pasionaria. Pasionaria le defendería. Pasionaria intrigaría cerca de la delegación soviética para sostenerle a él. Y no se equivocó. Pasionaria olvidó que era la mujer de un minero; se olvidó de que tenía dos hijos con tantos años como su amante; olvidó que su esposo, Julián Ruiz, se batía en los frentes del norte; olvidó el decoro y el pudor; se olvidó de sus años y de sus canas y se amancebó con Antón sin importarle la indignación de cuantos sabían y conocían sus ilícitas relaciones. Togliatti, Codovila y Stepanov —que ya preparaban a Pasionaria para heredar en vida a Díaz— complacieron a ésta. Antón dejó de ser comisario del frente de Madrid, pero pasó a dirigir la Comisión político-militar del Partido. José Díaz había dicho a Pasionaria:

—«Me tienen sin cuidado tus asuntos privados, pero ya que tengo que ser forzosamente alcahuete de tus amoríos (pues si el hecho trasciende se vendría al suelo todo tu prestigio, y tu nombre lo hemos convertido  en bandera moral y de ejemplo de mujeres revolucionarias), debes saber que todo el aprecio que tengo por Julián lo siento de desprecio por Antón».

Era la de Pasionaria una de esas pasiones seniles que en su desenfreno saltan sobre toda clase de obstáculos y que a ella habría de llevarla hasta el sacrificio de su propio hijo. Rubén Ruiz, capitán del Ejército Rojo, se haría matar en la U. R. S. S. para huir de la vergüenza de ver a su padre comido de piojos y muerto de hambre en una fábrica de Rostov y a quien, además, no le permitieron visitar por prohibición expresa de su madre, mientras veía a Antón vivir espléndidamente y pasearse por Moscú en el automóvil de su madre. Esa pasión provecta, insana, que motivaría también la muerte de Julián en medio de la más negra desesperación y maldiciendo el nombre de Pasionaria y de Stalin, esa pasión era un odio inextinguible contra José Díaz, que le había escupido su desprecio en plena cara.

La ruptura sentimental de Pasionaria y Antón tiene luego rasgos de crueldad inusitada. Es curioso como la mujer ha acabado ocupando un espacio de santa laica de la memoria histórica que da nombre a calles y plazas en Vasconia y por toda España cuando tiene actuaciones más que discutibles en el plano politico y en el moral (en cambio los ministros Hernández y Uribe son dos vizcaínos olvidados en términos memorialísticos en un espacio geográfico e ideológico en el que hay más casos, como Óscar Pérez Solís, con una biografía  más que reseñable.

También y dada las circunstancias actuales me interesa un párrafo en el que se trata la capacidad de sembrar cizaña entre los socialistas que el PCE tuvo durante la guerra. Esto condicionó la división en facciones y la práctica desaparición del venerable partido obrero durante los años cuarenta, lo obliteración de Negrín de la historia oficial del PSOE hasta tiempos muy recientes y una desconfianza mutua que no estoy seguro de que se haya superado, aunque estaré atento a los acontecimientos. El PSOE que salió de Suresnes lo tenía muy claro, el sanchista no lo sé.

Si nos proponíamos demostrar que Largo Caballero, o Prieto, o Azaña, o Durruti, eran responsables de nuestras derrotas, medio millón de hombres, decenas de periódicos, millones de manifiestos, cientos de oradores darían fe de la peligrosidad de estos ciudadanos con tal sistematización, ardor y constancia que, a los quince días, España entera tendría la idea, la sospecha y la convicción del aserto metidos entre ceja y ceja. Alguien ha dicho que una mentira, cuando la enuncia una persona, es simplemente una mentira; cuando la repiten millares de personas, se convierte en verdad dudosa; pero cuando la proclaman millones, adquiere categoría de verdad establecida. Es esto una técnica que Stalin y sus corifeos dominan a las mil maravillas.
Para nuestro combate político contábamos, además, con algo de que carecían las demás organizaciones: la disciplina, el concepto ciego sobre la obediencia, la sumisión absoluta al mandato jerárquico y el hombre de un solo libro… Ello generaba toda la energía de la acción cerrada, maciza, rectilínea, absoluta de los comunistas ante no importa quién ni qué.
¿Qué había frente a esta tromba granítica? ¡Helo aquí!: un partido socialista roto, dividido, fraccionado, laborando en tres direcciones divergentes; con tres hombres representativos: Prieto, Caballero y Besteiro, que luchaban entre sí, y a los que poco después se agregaría uno más: Negrín. Nosotros logramos sacar de sus suicidas antagonismos ventajas para arrimar el ascua a nuestra sardina. Y hoy apoyábamos a éste para luchar contra aquél, mañana cambiábamos los papeles dando un apoyo a la inversa, y hoy, mañana y siempre empujábamos a unos contra otros para que se destrozaran entre sí, juego que practicábamos a ojos vistas y no sin éxito. Así, para aniquilar a Francisco Largo Caballero nos apoyamos principalmente en Negrín y, en cierta medida, en Prieto; para acabar con Prieto utilizamos a Negrín y a otros destacados socialistas; y de haber continuado la guerra, no hubiéramos titubeado en aliarnos con el diablo para exterminar a Negrín cuando éste nos estorbase, o bien habríamosle invitado a tirarse de un balcón como más tarde harían los comunistas checoslovacos con Massarik. Es el destino de todos cuantos se alían con el engendro comunista de Stalin.

Como indiqué al principio el libro se escribió en 1953. El nombre de Santiago Carrillo no aparece ni una sola vez. Un efecto retrospectivo de la memoria histórica creada en la Transición es atribuirle a Carrillo un papel de mayor importancia en la guerra del que realmente tuvo.

Seguramente nada de lo que en este libro se indica tenga relevancia presente y aún y todo me resulta muy difícil sustraerme a la tentación de comparar.


Sabotaje (Falcó 3)

30/03/2019

Sabotaje

Mi lectura sabatina ha sido el tercero de Falcó (1, 2). Comienza por los alrededores de la patria chica pero la acción principal transcurre el el París de 1937 donde se va a celebrar la exposición universal a la que la República llevó el Guernica. Escenario fascinante de las entreguerras frías.

Tratándose de una novela de espías no conviene desvelar demasiado de la trama. Me voy a quedar con esta exageración revertiana con algo de verdad puesta en boca del espía soviético Kovalenko:

Sus compatriotas son refractarios a demasiadas cosas. Ni el fascismo ni el comunismo calan de verdad en ellos; he visto allí más oportunistas que gente con ideas firmes… Sólo el anarquismo encaja con su carácter, y eso los hace imprevisibles y peligrosos. Incluso los más disciplinados ignoran la palabra disciplina. Eso no les impide morir dignamente, como formidables guerreros que son… Aunque, para su desgracia, seguirán siendo siempre españoles.

Y con la idea de que seguramente sea algo bueno que el posibilismo tenga más adeptos que todas las demás ideologías juntas y que por fortuna desde los años treinta los españoles hayan dejado de ser guerreros formidables para alcanzar bastante más disciplina y organizar un país mucho mejor de aquel que fue. Para vivir, más que para morir dignamente.

En cuanto apareció en escena el personaje de Boyard intuí que se trataba de Malraux y un par de gugleos me lo confirmaron. Hace un par de años vi “Sierra de Teruel” que recomiendo por su interés histórico ya que no creo que a estas alturas y con todo lo que ha dado el cine en los últimos ochenta años nos aporte gran cosa.


La tragedia de España (Rudolph Rocker, 1937)

19/01/2019
The Tragedy of Spain

He estado pasando unos días en familia y me he encontrado con el libro La tragedia de España del anarquista Rudolf Rocker (1873-1958), otro de tantos periodistas, turistas, reformadores sociales o divulgadores que se pasaron por la piel de toro durante la guerra civil. Publicado en Nueva York en agosto de 1937, o sea año y pico antes del final de la fiesta, deja la historia a medias por lo cual no tiene demasiada vigencia excepto para narrar las tensiones entre anarquistas y comunistas en “la guerra dentro de la guerra” con los sucesos de mayo de 1937 por medio. En aquellos años convulsos debió de tener cierta importancia ya que incluso fue traducido al chino.

Respecto de la parte sustancial del libro sólo indicaré que a pesar de todos los males que se puedan atribuir al estalinismo me resulta bastante alucinante que ni entonces ni aún hoy alguien pudiera creer que una guerra de frente contra un enemigo militar poderoso y organizado se pueda ganar de un modo descentralizado y poniendo el énfasis en la transformación social de la retaguardia. Malas como son las dictaduras en general el mando único ha demostrado ser eficiente a la hora de dirigir el esfuerzo militar.

Como ni por el lado histórico ni por el político me he encontrado con nada que encuentre especialmente digno de reseñar voy a mencionar como de pasada unos cuantos aspectos relativos a la traducción, ya que el texto original está disponible en internet.

  • Cuando el texto en inglés dice “Andres Nin” el traductor lo vierte al español como “Andreu Nin”. Conocemos la jugada de la retrocatalanización de la Historia.
  • Hablando de la Pasionaria, Rocker escribe “the female communist leader” y el traductor lo transforma en “la líder comunista femenina” con lo que da la impresión de que esta señora lideraba tan sólo a otras señoras comunistas. El idioma español tiene un marcador de género maravilloso en el artículo determinado que evita la utilización redundante de un adjetivo para tal fin: “la líder comunista” o mejor aún “la dirigente comunista” (ya que el leader inglés aún no estaba naturalizado en los años treinta) hubiera resultado más apropiado.
  • La peor de todas las pifias debe de ser la de traducir “organized labor” como “trabajo organizado”, que se da varias veces a lo largo del texto y confunde al lector no avezado. Lo correcto sería decir “los sindicatos” o “las organizaciones sindicales”.

A mi modo de ver el texto de Rocker conserva hoy por hoy un escaso valor más bien de tipo arqueológico. Orwell alucinaba lo mismo pero al menos se considera escribía con más gracia.


Propaganda soviética

19/11/2018

Opúsculo

Fisgando entre los estantes de mi viejo me encontré con el curioso opúsculo “Junto a los patriotas españoles en la guerra contra el fascismo”. De unas cincuenta páginas y publicado por la editorial de la Agencia de Prensa Novosti de Moscú en 1986 se puede encontrar fácilmente en Internet pero no deja de ser curioso tener en casa algo que viene de tan lejos, ya no tanto en distancia kilométrica como en periodo histórico. Resulta curioso que la URSS a pocos años de implosionar siguiera financiando servicios de propaganda hacia el extranjero.

Ahora que llevo un año y pico interesado en la historia militar me voy a quedar con algunos números sobre los famosos asesores:

En publicaciones occidentales se pueden encontrar cifras fantásticamente exageradas sobre la participación de los soviéticos en las operaciones militares en España. La realidad es que durante toda la guerra española combatieron y pelearon al lado de la República unos 3.000 voluntarios soviéticos, de ellos, 772 aviadores,351 tanquistas, 222 consejeros e instructores de diversas armas, 77 marinos de guerra, 100 artilleros, 52 militares de otras especialidades, 130 obreros e ingenieros de las fábricas de aviación, 156 radiotelegrafistas y otros trabajadores de transmisiones y 204 intérpretes. Con una particularidad: en España jamás estuvieron al mismo tiempo más de 600 u 800 soviéticos.
y la ayuda militar:
El volumen global de los suministros de material de guerra soviético se ve expresado en las cifras siguientes: desde la Unión Soviética se envió al Gobierno español 806 aviones de combate (principalmente cazas), 362 tanques, 120 autos blindados, 1.555 piezas de artillería, cerca de 500.000 fusiles, 340 lanzagranadas,15.113 ametralladoras, más de 110.000 bombas de aviación, cerca de 3.400.000 proyectiles de artillería, 500.000 bombas de mano, 826 millones de cartuchos,1.500 Tm de pólvora, lanchas torpederas, estaciones de reflectores para la defensa antiaérea, camiones, emisoras de radio, torpedos y combustible. No todos estos pertrechos bélicos llegaron a su lugar de destino, pues, como hemos señalado ya, algunos buques soviéticos y buques de otros países fletados al efecto fueron hundidos por los piratas italianos o conducidos a puertos que se hallaban en poder de los facciosos.
Este cuadernillo es poco más que un ejercicio de nostalgia con recuerdos de notables militares soviéticos y digo que es de propaganda porque en él se omite el espinoso asunto del pago de la ayuda soviética y el salto 1939-41 que la narrativa da de hasta la Gran Guerra Patria sin hacer mención del pacto Molotov-von Ribbentrop.

Estadounidenses en la Guerra Civil Española

07/05/2018

Portada

En el mundo anglosajón el 1º de mayo no ha tenido tanto éxito como en el resto y no suele ser festivo. En Irlanda el festivo es el primer lunes de mayo. Estoy aprovechando el fin de semana de tres días para ponerme al día con lecturas. Ayer me metí un chute de guerracivilismo con un libro de 2016 que lleva el nerudiano título Spain in Our Hearts y trata sobre los estadounidenses y algunos ingleses que estuvieron en la guerra de España. No creo que sea un libro que vaya a despertar demasiado interés entre el público español (hasta donde sé ni siquiera está traducido), pero viviendo en una isla que fue parte del imperio Británico es el tipo de volumen al que tengo acceso y no está mal del todo lo de mirar desde el punto de vista del otro, aunque en general España y los españoles quedan reducidos en este texto a poco más que el decorado en el que una serie de periodistas sobre los que ya se ha escrito mucho y de idealistas proyectaron con mayor o menor fortuna su compromiso con ciertas ideas y su afán aventurero.

Libro de periodista y no de académico, con el molesto inconveniente de que no haya numeritos que lleven a las referencias, me ha parecido bastante deudor de los de Paul Preston . Más que en la bibliografía su mérito reside en la cantidad de fuentes no publicadas que se citan. La prueba del algodón por la que no supera mi prejuicio es que al autor ¿Por quién doblan las campanas? y Homenaje a Cataluña le parezcan libros admirables.

Hablando de prejuicios,, hay ciertos detalles en el texto que están hechos a la medida de las ideas preconcebidas del público en lengua inglesa, como aquí una referencia fuera de lugar a la Inquisición, a la que parece considerar un periodo histórico per se (el Tribunal de la Inquisición operó entre 1478 y 1834).

[…]the “key plotter” was General Francisco Franco. “Ambitious and pu­ritanical, an architect of the elite Spanish Foreign Legion, he was driven by a fierce belief that he was destined to save Spain from a deadly conspiracy of Bolsheviks, Freemasons, and Jews (no matter that King Ferdinand and Queen Isabella had expelled the latter from their realm in 1492, during the Inquisition, and that few had ever returned).

Por otra parte hay ocasiones en las que en vez de bajar el nivel al de su público intenta elevar a este último. Me gusta la siguiente explicación, en especial debido a que con el tiempo voy encontrando referencias en español a “los nacionalistas” o “el bando nacionalista” que parecen ser retrotraducciones:

The military rebels called themselves Nacionales, a term “rather stronger”, the historian Paul Preston explains, in its connotations of ‘the only true Spaniards’ than the usual English rendition of `Nationalists´.

En otras ocasiones pequeños detalles delatan que el autor no es precisamente un experto en España. Muchas veces he contado que deseché un sesudo análisis sobre el chavismo al ver que el autor escribia “chávismo” con acento en la a. El autor de este libro no parece ser consciente de que Guernica o Gernika suenan exactamente igual y que entre una lengua y otra no cambia el nombre sino lo que ellos llaman spelling. Lo de que los vascos hayan sido independent-minded a lo largo de la historia anterior a 1890 sería muy discutible, pero es otra confirmación tópica. Son pistas de calidad.

Guernica (today usually called by its Basque name, Gernika) had long had a special place in the history of the independent-minded Basques.

Lo que más interesante me ha resultado es la historia de Torkild Rieber, el presidente de la Texaco que concedió un crédito ilimitado de combustible a Franco, un campo este que no se suele destacar cuando se cuenta la guerra a grandes rasgos. Se habla mucho de la asistencia extranjera en armamento y poco de lo que ese armamento necesita para operar. En este libro se cuenta cómo Texaco operando en el puerto de Constanza en Rumania pasó información al bando rebelde sobre qué barcos estaban abasteciéndose con petróleo destinado a la República, un nivel de colaboración inédito para un empresa petrolera. El barco rumano fue bombardeado y hundido con posterioridad.

Me hubiera gustado mayor exhaustividad al tratar la XV Brigada Internacional. Quizá una historia de la Brigada Abraham Lincoln habría sido un libro diferente. Quizá hubiera sido más justo subtitular: algunos estadounidenses.

Mi veredicto: Aprobado raspado. Sólo para los muy interesados en la guerra civil española o en Hemingway.

 


El final de la guerra

22/07/2017

Los últimos días

Entre ayer y hoy me he entretenido con The Last Days of the Spanish Republic, de Paul Preston, que compruebo que se ha traducido al español como El final de la guerra: La última puñalada a la República. Es interesante reflexionar sobre estas diferencias en los títulos y el efecto que puedan tener para comunicar información y emociones y lo que eso suponga luego a la hora de vender libros.

En fin, antes de nada diremos que como el título en inglés indica este es un libro sobre los últimos meses de la guerra en la zona republicana desde octubre-noviembre de 1938 hasta finales de marzo de 1939 con más énfasis en la últimísima parte, la del golpe de Casado que es la puñalada a la que se refiere el subtítulo en español. Como sólo aborda el final, que en general se suele tratar con brevedad mi consejo es no empezarlo antes de haber leído algún otro libro sobre la guerra civil española.

Empieza describiendo la precaria situación en que el bando republicano se encuentra tras el fracaso del Ebro y la caída de Cataluña con la pérdida de medios y moral combatiente, el abandono del país por parte de muchos políticos y militares y las diferencias políticas entre los restos defensores que quedan en las zonas controladas por la República. Hay mucho de espionaje, conjuras y contactos con la quinta columna y por último el golpe de Casado y su Junta a principios de marzo, que suele ocupar poquitas páginas en cualquier volumen sobre el conflicto en su conjunto. Lo que quiere contar Preston es, dicho en dos líneas, que Negrín tenía razón, que fue el único que estuvo a la altura y que a la postre haber seguido resistiendo habría salvado vidas.

Esta tesis también me pareció que era la idea que cerraba la breve introducción a la GCE de Helen Graham, que ahora no tengo a mano. Por un lado entiendo lo que quieren decir y también las razones de Negrín para prolongar la resistencia y organizar la evacuación; por otro lado también se podría defender lo contrario (por ejemplo, si los rebeldes hubieran triunfado el 18 de julio o entrado en Madrid el 6 de noviembre del 36, me parece más razonable creer que habría habido una menos muertes, hay cierta lógica en defender que cuanto antes acabe una guerra menos morirán), no estoy muy seguro de cuánto mejora el conocimiento de la Historia el poner mucho énfasis en escenarios alternativos que no se produjeron.

En esta versión de los hechos no se salva nadie excepto presidente depuesto por el golpe: Tanto Azaña como Rojo como Miaja quedán en un pésimo lugar y si hubiera que etiquetar a lo que acaban resultando los tres personajes principales de marzo Negrín es el bueno, Casado es el malo y Besteiro es el necio.

Cuando uno leía lo que era la historia oficial del PSOE hasta hace bien poco Negrín quedaba obliterado y lo que podía leer es que Besteiro era el hombre bueno e íntegro que se quedaba para entregar Madrid mientras que todos los demás habían huído. De los contactos con la quinta columna y de sus esperanzas vanas nada se decía. Negrín acabó siendo expulsado del partido y en el exilio andaban todos a puñaladas metafóricas Lo interesante de la historia es que siempre se puede reescribir y tiene uno miedo al futuro porque no sabe ni con qué pasado vamos a acabar.