El final de la guerra

22/07/2017

Los últimos días

Entre ayer y hoy me he entretenido con The Last Days of the Spanish Republic, de Paul Preston, que compruebo que se ha traducido al español como El final de la guerra: La última puñalada a la República. Es interesante reflexionar sobre estas diferencias en los títulos y el efecto que puedan tener para comunicar información y emociones y lo que eso suponga luego a la hora de vender libros.

En fin, antes de nada diremos que como el título en inglés indica este es un libro sobre los últimos meses de la guerra en la zona republicana desde octubre-noviembre de 1938 hasta finales de marzo de 1939 con más énfasis en la últimísima parte, la del golpe de Casado que es la puñalada a la que se refiere el subtítulo en español. Como sólo aborda el final, que en general se suele tratar con brevedad mi consejo es no empezarlo antes de haber leído algún otro libro sobre la guerra civil española.

Empieza describiendo la precaria situación en que el bando republicano se encuentra tras el fracaso del Ebro y la caída de Cataluña con la pérdida de medios y moral combatiente, el abandono del país por parte de muchos políticos y militares y las diferencias políticas entre los restos defensores que quedan en las zonas controladas por la República. Hay mucho de espionaje, conjuras y contactos con la quinta columna y por último el golpe de Casado y su Junta a principios de marzo, que suele ocupar poquitas páginas en cualquier volumen sobre el conflicto en su conjunto. Lo que quiere contar Preston es, dicho en dos líneas, que Negrín tenía razón, que fue el único que estuvo a la altura y que a la postre haber seguido resistiendo habría salvado vidas.

Esta tesis también me pareció que era la idea que cerraba la breve introducción a la GCE de Helen Graham, que ahora no tengo a mano. Por un lado entiendo lo que quieren decir y también las razones de Negrín para prolongar la resistencia y organizar la evacuación; por otro lado también se podría defender lo contrario (por ejemplo, si los rebeldes hubieran triunfado el 18 de julio o entrado en Madrid el 6 de noviembre del 36, me parece más razonable creer que habría habido una menos muertes, hay cierta lógica en defender que cuanto antes acabe una guerra menos morirán), no estoy muy seguro de cuánto mejora el conocimiento de la Historia el poner mucho énfasis en escenarios alternativos que no se produjeron.

En esta versión de los hechos no se salva nadie excepto presidente depuesto por el golpe: Tanto Azaña como Rojo como Miaja quedán en un pésimo lugar y si hubiera que etiquetar a lo que acaban resultando los tres personajes principales de marzo Negrín es el bueno, Casado es el malo y Besteiro es el necio.

Cuando uno leía lo que era la historia oficial del PSOE hasta hace bien poco Negrín quedaba obliterado y lo que podía leer es que Besteiro era el hombre bueno e íntegro que se quedaba para entregar Madrid mientras que todos los demás habían huído. De los contactos con la quinta columna y de sus esperanzas vanas nada se decía. Negrín acabó siendo expulsado del partido y en el exilio andaban todos a puñaladas metafóricas Lo interesante de la historia es que siempre se puede reescribir y tiene uno miedo al futuro porque no sabe ni con qué pasado vamos a acabar.


La venganza de don Mendo

01/07/2017

La vengaza de don Mendo

Hoy está el día lluvioso y me han dejado solo en casa. Me ha dado por releer una de aquellas lecturas del bachillerato: La venganza de don Mendo. Y no es la primera vez. La lectura en verso ofrece un estímulo al cerebro similar al de la música. Releo porque olvido, pero hay tres o cuatro momentos que por más que vuelva pasar por ellos creo que siempre me van a hacer mondarme de risa: la descripción del juego de las siete y media es uno de ellos.

Últimamente sólo leo textos clásicos o de calidad contrastada. En general no hay gran cosa que el comentario de un aficionado pueda añadir a un clásico, así que vamos con uno lateral. Esta obrita de teatro la la leímos en clase a varias voces, creo que en 2º de BUP, con gran deleite de un público por lo general desinteresado por todo lo que se aprendía en aquelas aulas, incluido el que esto escribe.

Flashback: Por aquellos primeros noventa puede ver también (luego la he visto más veces), una película de 1977, dirigida por Garci que se llamaba Asignatura pendiente. Ofrece una visión de ciertas clases urbanas en el momento de la Transición. Por generación y tal me recuerdan un poco a mis viejos. En los créditos del final viene un “Y a Miguel Hernández, que se murió sin que nosotros supiéramos que existía” con el que creo que muchos de esa generación se identificaron mucho porque era verdad que de algún modo les habían robado la oportunidad de haber conocido a Machado (Antonio) y a Lorca y a Miguel Hernández y tantos otros.

En cambio yo, creciendo en los años ochenta siempre tuve muy presente al menos la biografía de estos tres autores que he citado. Pero a pesar de haber leído el Don Mendo en BUP, tan sólo hace unos pocos años que he sabido cuál fue el triste final de su autor, Pedro Muñoz Seca, nada desmerecedor su infortunio del de los otros. Esto es alguna venganza de la Historia. Será imposible pero tendríamos que olvidarlo o recordarlo todo.


“Falcó” de Arturo Pérez-Reverte

08/11/2016
Tipografía años treinta

Tipografía años treinta

Llevaba yo mucho sin leer del tirón y hoy también ha caído una novela entera, ésta de menos de 300 páginas. “Falcó” de Arturo Pérez-Reverte a quien le tengo leído casi todo según compruebo en el listado extensivo de la solapa. Novela del género de los espías, detectives  y mercenarios ambientada en los inicios de la guerra de España, con el mérito de dejar al ambiente afectar a la trama lo justo y de no caer en la dinámica ideológica ni moralista con la que se acostumbra a mirar al pasado y más a ese en concreto.

No debo decir demasiado de un tipo de novela que depende tanto del suspense. La labor de documentación en la novela histórica debe de ser árdua. Dados mis escasos conocimientos armamentísticos y tecnológicos tiendo a preguntarme si una palabra, una expresión o un modo de hablar se corresponden con cierta época. Me ha parecido acertado utilizar la grafía inglesa en palabras como cocktail y smoking que no se han naturalizado hasta anteayer. Me he preguntado cuándo se habrá utilizado por vez primera etcétera como sustantivo (Lázaro Carreter lo criticaba en los setenta).

Si acaba saliendo una serie tan exitosa como Alatriste, espero ver por las calles de Salamanca algún día  placas en las que se indiquen las andanzas de Lorenzo Falcó.


El reñidero español

02/04/2016
Portada

Portada

El mes pasado entre unas cosas y otras he tenido que interrumpir mi ritmo de lectura. Pude recuperar “El reñidero español”  y me ha dado por leerlo muy deprisa, mientras otras deudas se van apilando.

Franz Borkenau, judío austriaco ya afincado en Londres (el adverbio es por la década infame) viaja a España en dos ocasiones, a finales de 1936 y principios dee 1937 para comprobar in situ la evolución de la guerra civil. No tengo la sensación de haber aprendido demasiado con este libro, que contiene errores obvios, pero hay que valorar mucho algunos aspectos .

Si se compara con el Homenaje a Cataluña de Orwell, se ve que el autor llega con mucha mejor formación y capacidad de obtener información sobre España. Me parece fascinante que el libro se publicara en abril del 37 con el conflicto aún por concluir. Me imagino que eso sólo podría pasar en Londres, París o Nueva York. Hoy en día la cobertura de guerras es muy diferente y aunque estos libros urgentes aparecen, el flujo cuasi inmdiato de noticas evita la necesidad de desplazarse sobre el terreno.

El “carácter nacional” es un concepto volatil. Muchas de las cosas que se cuentan en el libro no tienen, por fortuna, demasiado que ver con el país de ocho décadas después, pero hay una frase que me parece acertada y no sólo para España:

The gap between ideals and reality is sometimes grotesque in Spain, and people are completely satisfied with their own good intentions without bothering to put them into effect. 


Homenaje a Cataluña

27/11/2015
Primera edición (1938)

Primera edición (1938)

Debe de ser este mes de noviembre en que hace cuarenta años del fin de los cuarenta años el que me ha provocado este renovado interés por la guerra por antonomasia. Se me ha ocurrido leer el Homenaje a Cataluña de Orwell. La primera edición, de 1938, que acabo de enterarme de que después trastocó el orden de los capítulos. Yo había leído Rebelión en la Granja de joven y es uno de los escasísismos libros que habré leído dos veces y me parece un libro fantástico para vacunarse de muchas cosas en la vida (tengo amigos de mi misma de tribu que no entienden mi escepticismo por Podemos). También 1984, que no me gustó tanto y desde hace unos cuantos años lo tengo algo desvalorizado. Nunca había caído en la cuenta de que Homenaje a Cataluña fuera anterior a las otras dos, que tienen en cambio más renombre.

En cambio siempre había tenido la sensación de que me conocía el rollo porque hará unos veinte años vi la película aquella de Ken Loach, Tierra y libertad, que también trataba de un guiri que se alistaba para ir a defender la República o algo y pasa por Barcelona y acaba en el frente de Aragón. Es muy parecida, aunque el de la peli se convierte de comunista a poumista y Orwell va con el POUM desde el principio, más que nada porque estaba vinculado a su partido de Inglaterra. En la peli de Loach estaba muy surrealista y poco creible la escena del debate aquel en el que el alcalde español de un pueblo de paletos de los años treinta chapurrea inglés.

Por cierto, que creo que este libro lo compran muchos catalanes (es que lo he visto en la estantería de varios amigos catalanes) y creo que algunos se sentirán defraudados de que el autor en realidad pase más tiempo en Aragón que en Cataluña y no haya casi nada específicamente catalán en él (en algunos momentos al parecer alguien habla algo en catalán, pero casi dudaría de si Orwell -que hablaba muy poquito castellano- podía establecer la diferencia). En realidad es un detalle de saber vender libros. “Homenaje al POUM” o “… al ejército de milicias” o “… a la revolución española” hubieran envejecido mucho peor. No hay más que ver al POUM, primero masacrado por Moscú, y al final disuelto en el PSC. Esto último pasó hace 35 años y seguiro que hace quince sonaba mejor que ahora, pero en estos tiempos acabar en el PSC suena a lo peor de lo peor.

Entonces, Orwell llega a Barcelona y va a la guerra con su mujer a la que ni nombra en el libro pero que se pasa la vida en un hotel mientras él anda por los frentes de Huesca. Esto no lo entiendo mucho, lo de llevarse a la guerra a la mujer. También el libro se tendría que escribir hoy de modo muy distinto si se tiene en cuenta lo que llaman “perspectiva de género”. Orwell y Hemingway y compañía es difícil que den otra impresión que la de haber venido a España a nada más que a divertirse y a sus aventurillas y que en el fondo lo que les pasara a los españoles les importaba un carajo. En total pasa medio año por aquí, que puede parecer mucho o poco. Obviamente en una guerra una semana es mucho, pero para comprender un país, con medio año aún falta bastante. Me fascina cómo para no conocer la lengua parece enterarse de matices sutilísimos de la inaprehensible situación política de la época (lo cual me hace suponer que muchas cosas las dice de oídas o se las inventa) y defiende bastante lo de que es posible hacer la revolución a la vez que se intenta ganar una guerra, que ya se vio en lo que quedó. Lo bonito es que con suerte y dinero se sale de todos los sitios y de ahí a Inglaterra a escribir en el cottage y a no colectivizar nada. Tiene una frase buena en lo de que el carácter español no sirve mucho para el totalitarismo. Falta mucha fe y fuerza de voluntad como para eso, ahí si que acertó.

Yo quiero ser una fábrica de independentistas y se me ocurre intentarlo con la máquina de dar saltos en el tiempo para atrás y para adelante. Me pongo en Barcelona (precisamente en 1984) y me acuerdo de aquel anciano del polvorín que criticaba el pujolismo en su momento de mayor gloria y decía que esa forma de ser catalán no podía ser “nosotros liberamos Cataluña, y cuando la habíamos liberado nos fuimos a liberar Aragón”. Me parece ahora que había intuido mejor el egoismo pujolista que el amigo charnego que me explicaba una nochevieja vieja lo bueno que Pujol había sido para Cataluña. En estas semanas de 2015 me parece interesante ver como el postpujolismo anda arrastrándose ante un grupo antisistema y me parece difícil no imaginarme a la Generalidad de Companys y la CNT de 1936-37. No es que estemos precisamente ante los sucesos de mayo, todo es como más de broma pero ¿Si Mas y sus amiguetes no doblegan a la CUP cómo van a doblegar a España? ¿Y cómo va la CUP a destruir el capitalismo si no consigue ni destruir a Mas? La primera como tragedia y la segunda como farsa.


Arte falangista

15/11/2015
df

“De Corte a Cheka”

El fin de semana pasado hice caso a Pérez-Reverte y me puse a ver “Rojo y Negro” (1942), película de Carlos Arévalo, director de cine de filiación falangista. A los amantes del cina de la edad dorada de Hollywood les tiene que gustar. Para lo que se suele esperar del cine español la película tiene aportes técnicos indiscutibles, siendo a mi modo de ver lo más interesante corte en sección – estilo 13 rue del Percebe – de la famosa checa de Fomento. Sin embargo, al no ser yo un gran cinéfilo mi comentario se tendrá que circunscribir a aspectos políticos, campo en el que se acepta que el amateurismo sea la norma.

 

 

 

El laureado escritor y académico lo explica mejor, pero básicamente es una película del bando de los vencedores de la guerra civil que describe las maldades del bando derrotado y las calamidades del régimen anterior. En cambio, a cualquiera que haya visto cine del que los franquistas consideraban “patriótico” le llamará la atención que la película es más ponderada y presenta más matices que el cine propagandístico al uso en la época. Los malos no son satanizados sin más, sino que aparecen como personajes equivocados y víctimas de demagogos. También asoman críticas (de mucha menor entidad si se quiere) que apuntan hacia bando ganador. Probablemente por estas causas cayera en desgracia, quedando olvidada en un cajón durante varias décadas y abandonando el director la cinematografía.

Por la temática (primeros meses de la guerra en Madrid y la persecución a los quintacolumnistas), he creído que podría resultar similar a una novela que no había leído pero sobre la que había leído varias veces: “Madrid, de corte a checa” del aristócrata, diplomático y también falangista Agustín de Foxá (1906-1959), así que anoche me puse con ella. La novela fue concluida en Salamanca en 1937 y publicada en San Sebastián en 1938 y a pesar de ello tampoco es propaganda pura, pero me resulta bastante menos mesurada que el filme de Arévalo. Se divide en tres partes llamadas “Flores de lis”, “Himno de Riego” y “La hoz y martillo” que más o menos vienen a corresponderse con la etapa final de la monarquía (pre 1931), la república (1931-1936) y la guerra civil (1936-1939). Tengo la impresión de que la primera está bastante bien escrita y que luego la calidad literaria va descendiendo en beneficio del mensaje político.

La primera parte me gusta porque resulta una especie de caleidoscopio del final de reinado de Alfonso XIII (sus estertores en tiempos del gobierno de Miguel Primo de Rivera y la posterior dictablanda de Berenguer) y creo que se recogen bien las personalidades políticas y artísticas y las ideologías que había en España en los estertores de la década de 1920, una situación que en nada se parecerá a la polarización de pocos años después. Foxá, que parece tener más talento para el relato corto que para la complejidad de la trama de novela trama tiene momentos graciosos:

-¡Muera el Rey! -clamaba un estudiante encaramado en el brazo de piedra de la estatua de Recesvinto-. ¡Muera! -atronaba la muchedumbre.
Frente a los jardines de la calle de Bailén, en el rincón callado de la fuente, las celosías y los chamerots del convento de la Encarnación, se había estacionado el grupo de los tiradores de estatuas. Rodeaban con un cable el cuello blanco
de una reina de piedra.
-Traed picos.
Interrogó José Félix:
-¿Por qué vais a tirarla?
-Es la madre de Berenguer.
José Félix se acercó al pedestal. Leyó en la piedra una inscripción, entre una hormiga que subía y la mancha caliente del sol: “Doña Berenguela, Reina de León.”

Luego, llegadas la República y la guerra el narrador en primera persona se va metiendo en harina. Tengo para mí que algunas cosas que se tienen por Historia cierta pueden provenir de ficciones como esta novela y que episodios como el asedio al alcázar de Toledo y las últimas frases de los fusilados en las sacas de noviembre de 1936 han sido embellecidos por propagandistas y la propia dinámica selección natural de memes.

Nadie puede negar los hechos luctuosos en la capital en el otoño de primer año bélico. La discusión suele centrarse en quién es responsable de la disolución del órden público, si el Gobierno o la facción rebelde del ejército, pero las sacas, paseos, registros, arrestos estuvieron ahí. Acierta bastante Foxá al describir cierto lumpen que forma parte de la turba y que aprovecha el río revuelto. Esas clases que aprovechan la causa de la izquierda no por que crean en un reparto más justo sino porque quieren mejorar su posición en él.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas, abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro.  Era el gran día de la revancha, de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos. Porque odiaban toda superioridad. En las “checas” triunfaban los jorobados, los bizcos, los raquíticos y las mujerzuelas sin amor, de pechos fláccidos que jamás tuvieron la hermosura de un cuerpo joven entre los brazos.

-Hay que darles a esas señoritas del pan pringao.

Querían ver los bellos cuerpos humillados en la muerte, desnudos, los hermosos senos sonrosados, a la altura de sus tacones torcidos. Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica
Tenían reflejos rojos en sus caras renegridas y una sonrisa feroz, casi con espuma de salivilla. Olían a sangre, a sudor, a alpargatas. El instinto del mal les dada agudeza. Y obreros ignorantes que jamás habían pisado el museo, sabían destruir los mejores lienzos, rasgar los “Riberas” más difíciles.
No eran ateos, sino herejes. No ignoraban a Dios, sino lo odiaban. Le decían al cura, tembloroso, junto al zanjón de la Casa de Vacas en la “checa” de la Casa de Campo:

-Blasfema y te perdonamos la vida.

Entre tantos curas heroicos, aquél era una excepción. Tenía miedo. Dijo una irreverencia. Entonces le pegaron un tiro. Y comentaba el jefe, con una preocupación teológica:

-Así es seguro que va al infierno.

Por eso fusilaban en el Cerro de los Ángeles al Sagrado Corazón y serraban las cabezas de los ángeles de los retablos. Eran creyentes vueltos del revés.

Lo de “creyentes vueltos del revés” me parece que se aplica a muchos procesos políticos, que funcionan por negación y oposición incorporando gran parte de lo que pretenden rechazar. Los modos de los autodenominados antifascistas no de los años treinta sino de esta última hora son un ejemplo bastante representativo, pero más en general en todas las etapas históricas he observado una parte de las izquierdas cuyo agravio no es la forma en que se reparten los recursos sino su posición relativa en la misma, esa visión de socialismo como capitalismo de los pobres, similar al anticlericalismo como religión de los desheredados que Foxá ilustra.

En cambio tiene otros fragmentos en los que se expresa un clasismo que me gustaría que a día de hoy a todos nos pareciera deleznable. El párrafo que viene a continuación me ha desagradado especialmente y  no he sido el único al que le ha llamado la atención:

Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.

En resumen on me parece que la novela tenga demasiado valor por lo que es como novela en sí, sino por la descripción que hace del ambiente de aquel Madrid revolucionario. Las tramas de amor de los protagonistas no me han parecido demasiado buenas. Sí que me ha parecido ver aspectos de “Rojo y negro” en los registros domiciliarios. Supongo que es posible que Carlos Arévalo hubiera leído el libro de Foxá, pero las coincidencias pueden deberse simplemente a que las cosas fueran aproximadamente así.


El último estalinista

12/11/2015
Mola

La portada,muy buena. La tipografía de época me encanta

El otro libro de Preston que tenía en la recámara era la biografía de Santiago Carrillo (1915-2012), volumen que en español se ha llamado “el zorro rojo” y en inglés “el último estalinista”. Lo de estalinista venderá más en el mundo anglosajón… a nosotros que tuvimos nuestra dictadura estilo años treinta hasta los setenta, el estalinismo no nos puede evocar tanto como a húngaros, checos o polacos. Ciertamente, los modos estalinistas con los que se dirigía el PCE desde Moscú, París y Bucarest en casi nada afectaban a la población española del interior. El caso es que una de las partes más interesantes del libro es la de cómo se las traían a salto de mata entre París y Moscú en la pelea por conservar el cetro del PCE. La idea central del relato es que Carrillo acabó traicionando a todo aquel que se le acercó en sus seis décadas de actividad política. Las habilidades de politburó del Carrillo exiliado pueden ser lo que provoque que quien lea el libro salga de él con un peor concepto del protagonista que el que tenía antes de haberlo empezado.

Paracuellos. Quizá no sea un episodio que explique demasiado su biografía, pero sí es el que más juego ha dado. La opinión de Preston es que Carrillo no es “el responsable”, pero que tampoco es del todo inocente. A mí me parece que es un asunto en el que nunca será posible delimitar con precisión la responsabilidad individual. Visto lo que pasó parece que hasta cierto punto habría sido posible haber evitado las sacas, pero hacían falta dos cosas: voluntad y suerte. Probablemente Carrillo seguramente ni tuvo la voluntad, pero también puede entenderse que entre tanta muerte y en una ciudad a punto de ser invadida por un ejército enemigo hay muchas cosas de las que ocuparse y que en esa jerarquía de cosas las vidas de los amigos de los enemigos pueden ocupar un lugar bajo de la lista. Si el caos atenúa la culpa por omisión culpable es algo que podremos discutir toda la vida desde los planos moral, político y bélico. En el continuum entre la inocencia y la culpabilidad la visión de Preston mueve la aguja de mi barómetro unas décimas hacia esta última.

Puñaladas. Cuando esta tropa andaba en la URSS donde pasaron tantos años uno se imagina que hablarían ruso como quien respira. Al parecer sólo Líster aprendió y el resto se defendía a lo sumo con un francés pasable pero pobre. Casi se pregunta uno de qué le servían al Kremlin. A veces incluso parecería que le estorbaban más que ayudar. Me ha parecido muy interesante el punto de vista de que la conocida reunión de 1948 con Stalin en la que les recomienda que se infiltren en las estructuras del franquismo, lo que el georgiano les estaba pidiendo en realidad es que no molestaran en la dinámica de Guerra Fría y que se olvidaran de hacer una guerra convencional. Del mismo modo, he podido reintepretar la famosa carta de Carrillo a su padre en 1939 a la luz de las purgas de los procesos de Moscú, que cuando uno la leyó creyó que de verdad iba dirigida al destinatario y no era eso. También del periodo y estilo soviético, la parte más chunga de la biografía de Carrillo (obviando Paracuellos) son todas las traiciones a los camaradas a los que limpiaron el forro por sospechas más o menos infundadas de colaboracionismo, unas purgas a pequeña escala supongo que por el pequeño poder del que disponía el pequeño partido derrotado y exiliado pero que le hacen a uno plantearse cómo habría sido este partido en el gobierno de un país.

Más tarde, diría que al inicio de la Transición hubo una oportunidad de que el PCE hubiera ocupado el espacio de referente de la izquierda que tenía el Partido Comunista Italiano y qur fueron sobre todo los errores de Carrillo la causa de que no fuera así. El gran error habría sido presentar a las elecciones de 1977 a la galería de ancianos derrotados de la guerra civil, o por decirlo con otras palabras: al PCE le faltó un Suresnes. En cambio, para el país fue bueno que de las dos fuerzas a la izquierda y las dos a la derecha saliera reforzada la más centrada de cada lado. No sé si la reflexión servirá de algo en un momento en el que nos acercamos a otro escenario tetrapartito. El gran mérito de Carrillo es haber hundido al PCE para que el cambio brutal que tenía que experimentar España fuera más llevadero.

(Creo que una prueba de su naufragio absoluto puede ser mi humilde ignorancia de licenciado en Ciencias Políticas que sigue las noticias de España desde lejos. Al descubrir que José Díaz se suicidó en Tiflis he buscado a ver quién era el actual secretario general del Partido Comunista de España. El actual lleva en su cargo desde 2009. No había oído su nombre en mi vida).

Lo que queda del libro. Al final, Carrillo es un personaje con el que sólo puede simpatizar el español más o menos “de centro”. Para el de derechista será siempre el asesino de Paracuellos; para el izquierdista, el hombre que manejó con mano de hierro el PCE hasta traicionarlo y dejado reducido a escombros electorales en beneficio tan sólo de su ego. Creo que de entre esos españoles poco ideologizados que lean este libro la mayoría acabará con un concepto del personaje peor del que tenían. Pero ahí está, una pieza importante del siglo XX español. En las aguas de la política ser capaz de mantenerse siempre a flote es un todo un arte.