Episodios Nacionales: El terror de 1824

29/09/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Tras un lapso de varios meses prosigo con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La séptima novela de esta serie es El terror de 1824, que es el año que da comienzo a la Década Ominosa tras los tres años constitucionales del Trienio Liberal.

Puede que haya sido el episodio que menos me haya agradado desde que empecé con ellos hace un par de años. No en pequeña parte debido a que es la hora de la derrota de los liberales, del prendimiento y ejecución de Riego. En el segundo capítulo llevan al héroe hacia Madrid y se nos ofrece un grito que ilustra cómo la nación española, quién lo diría hoy, fue a lo largo del XIX una construcción de la izquierda:

Era que venían por el camino de Andalucía varias carretas precedidas y seguidas de gente de armas a pie y a caballo, y aunque no se veían sino confusos bultos a lo lejos, oíase un son a manera de quejido, el cual si al principio pareció lamentaciones de seres humanos, luego se comprendió provenía del eje de un carro, que chillaba por falta de unto. Aquel áspero lamento unido a la algazara que hizo de súbito la mucha gente salida de los paradores y ventas, formaba lúgubre concierto, más lúgubre a causa de la tristeza de la noche. Cuando los carros estuvieron cerca, una voz acatarrada y becerril gritó: ¡Vivan las caenas! ¡viva el Rey absoluto y muera la Nación!

Ahí se dio un cambio más de un siglo después que voy a comparar a la inversión de los polos magnéticos por ser a priori improbable o en la experiencia práctica infrecuente. Más continuidad puede verse en la tradición de lo que después se llamó el exilio interior. Galdós llama a los exiliados en Inglaterra emigrados, que es adjetivo más preciso que los participios activos que vemos en estos tiempos. En Madrid, Benigno Cordero sale de presidio y piensa que es mejor dejarse de líos y llevar la disidencia en silenciosa dignidad, cosa que desgraciadamente han tenido que seguir haciendo españoles de los siguientes dos siglos:

-Desde hoy -dijo-, Benigno Cordero no es más que un comerciante de encajes. No adulará al absolutismo, no dirá una sola palabra en favor de suyo; pero no, ya no tocará más el pito constitucional ni la flauta de la milicia. A Segura llevan preso. Yo tengo ideas, sí, ideas firmes, pero tengo hijos. Es posible, es casi seguro que otros, que también tienen mis ideas, las hagan triunfar; pero mis hijos por nadie serán cuidados si se quedan sin padre. Atrás las doctrinas por ahora, y adelante los muchachos. Ahora silencio, paz, retraimiento absoluto… cabeza baja y pico cerrado… pero ¡ay! alma mía, allá recogida en ti misma y sin que te oigan los oídos de la propia carne en que estás encerrada, no ceses de gritar: «¡Viva, viva y mil veces viva la señora libertad!».

Hace ya unas décadas hubo un cambio legislativo para el registro civil y los documentos de identidad. Los ciudadanos del sexo femenino pasaban a denominarse mujeres en vez de hembras, incluidas las que no alcanzaban la edad de ser propriamente mujeres. A quienes se hayan formado tras la incorporación de esa modificación les puede resultar interesante esta muy correcta línea:

Componían tan hidalga familia la señora de Cordero y tres hijos, hembra la mayor y ya mujer, varones y pequeñuelos los otros dos.

No creo que haya muchas dudas sobre si escriben mejor las feministas del PSOE o Pérez-Galdós.

Anuncios

Cosas de la España medieval

21/07/2019

No sé cómo las negras podrían no ganar

Tenía pendiente anotar unas cuantas cosas sobre algunas lecturas de las últimas semanas, paso previo a que los volúmenes acaben en el peor de los estantes que es el del olvido.

Una tarde leí Introducción a la España medieval de Gabriel Jackson, obrita escrita a principios de los años setenta y que ha sido reeditada aunque no mejorada. No es que esté mal del todo pero es una introducción muy básica y creo que pensada para extranjeros.

Me encabroné un par de veces con el traductor. Para empezar habría que justificar mucho la utilización de formas como Abd al-Rahman y Al-Mansur en vez de las ya establecidas como Abderramán y Almanzor. También me encontré con la palabra cossante, que veo que no es sino cantiga. Otro momento de gran enojo fue aquel en el que se habla de “granjas” y “granjeros”. Y sobre todo cuando dice que las “granjas” tenían entre 3 y 12 acres. Uno se pregunta ¿en el contexto de la España medieval, qué cojones es un acre?

Respecto a lo de las granjas voy a establecer una de las leyes de la retrotraducción de alfanje. El 95% de las veces que leais granja o granjero en algo traducido del inglés está mal. Lo correcto sería para lo primero finca, fundo, terreno o explotación y para lo segundo campesino, agricultor o incluso la incómoda fórmula de agricultor y ganadero.

Con respecto a esas fincas valencianas agrimensuradas en agrios acres (cojones tiene la cosa) el buen traductor tiene dos opciones. La ideal es ponerse en contacto con el autor y ver de qué fuente primaria proviene el dato y de esa joya de documento en romance o árabe andalusí (en inglés seguro que no) extraer la unidad de medida, consista ésta en fanegas, almudes o atahullas. Si eso no es técnicamente posible siempre es legítimo recurrir a las hectáreas y al sistema métrico internacional. De los momentos que he pasado en la vida leyendo historia ibérica este ha sido este el más acre.

Cuando tenga algo de tiempo intentaré ponerme al día con las biografías de algunos personajes de la España hebrea o islámica cuyos nombres he tomado a vuelapluma: Zag de la Maleha, Al-Mushafi, Yahva ibn Yahva, Ibn Hud, Abu Fath Nasr, Tarub, Subh umm Walad, Abraham de Barchilón.

Me resulta curioso que los tratados que fijaron las fronteras entre los reinos hispánicos no sean demasiado conocidos. Otra cosa para investigar en algún rato ocioso:

Los tratados sucesivos de Tudilén (1151), Cazorla (1179) y Almizra (1244) definieron claramente las esferas respectivas de Castilla y de Aragón: Andalucía y la mayor parte del reino de Murcia quedaron en Castilla, mientras que Valencia, las Baleares y Alicante se atribuyeron a Aragón.  Hubo acuerdos semejantes entre Castilla y Portugal que asignaron el Algarve para Portugal.


Episodios Nacionales: Los cien mil hijos de san Luis

26/05/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

De nuevo con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La sexta novela de esta serie lleva nombre de Los cien mil hijos de san Luis, que es el que se dio a las tropas francesas que entraron en España en auxilio de absolutismo en 1823, lo que acabó poniendo fin al Trienio Liberal.

Es este un episodio curioso del que siempre me ha llamado la atención la facilidad y la rapidez con las que se produjo la entrada en España de un ejército francés pocos años después de una guerra cruenta contra invasores de la misma nación extranjera. Bien dejó escrito Chateaubriand en sus Memorias de ultratumba que:

Enjamber d’un pas les Espagnes, réussir là où Bonaparte avait échoué, triompher sur ce même sol où les armes de l’homme fantastique avaient eu des revers, faire en six mois ce qu’il n’avait pu faire en sept ans, c’était un véritable prodige!

Como de costumbre las peripecias de los personajes ficticios se entremezclan con la trama histórica. Tenemos a Jenara Baraona que pasa por Urgel y va a París donde no me ha quedado claro si el señor de la Bourdonnais, partidario del conde de Artois, al que visita es el eximio ajedrecista, que bien podría serlo por los datos esenciales de su biografía: (1795-1840). El párrafo en el que aparece, además de brindar la bella expresión “Ministro de lo Interior” ofrece el paradójico conflicto entre los valores y los intereses geopolíticos que sigue dándose hoy día:

A los dos días fue a pagarme la visita a mi alojamiento de la calle del Bac, y en su breve entrevista me pareció que huía de mencionar los oscuros asuntos de la siempre oscura España. En los días sucesivos visité a otras personas, entre ellas al Ministro de lo Interior, Mr. de Corbiere, y a algunos señores del partido del conde de Artois, como el príncipe de Polignac y Mr. de la Bourdonnais. También tuve ocasión de tratar a dos o tres viejas aristócratas del barrio de San Germán, ardientes partidarias de la guerra de España y no muy bien quistas con el Rey filósofo y tolerante que gobernaba a la Francia, convaleciente aún de la Revolución y del Imperio. De mis conversaciones con toda aquella gente pude sacar en limpio el siguiente juicio, que creo seguro y verdadero. Las personas influyentes de la Restauración deseaban para Francia una Monarquía templada y constitucional fundada en el orden, y para España el absolutismo puro. Con tal que en Francia hubiera tolerancia y filosofía, no les importaba que en España tuviéramos frailes e inquisición. Todo iría bien, siempre que en ninguna de las dos Naciones hubiese franc-masones, carbonarios y demagogos.

A fecha de hoy el artículo sobre esta campaña militar que hay en la Wikipedia española es relativamente pobre en detalles y sugiero confrontarlo con el de la wiki francesa dedicado a la Expédition d’Espagne, como lo llaman en el país vecino.

Como curiosidad toponímica, quienes hayan subido a la torre Eiffel seguramente la hayan contemplado antes desde los jardines del Trocadero, nombre de resonancia hispánica que tiene su origen en el fuerte de la marisma gaditana homónima y su razón en cierto episodio de la invasión de 1823.

No fue ciertamente el hecho del Trocadero una de aquellas páginas de epopeya que ilustraron el Imperio; fue más bien lo que los dramaturgos franceses llaman Succés d’estime, un éxito que no tiene envidiosos. Pero a la Restauración le convenía cacarearlo mucho, ciñendo a la inofensiva frente del Duque los laureles napoleónicos; y se tocó la trompa sobre este tema hasta reventar, resultando del entusiasmo oficial que no hubo en Francia calle ni plaza que no llevase el nombre del Trocadero, y hasta el famoso arco de la Estrella, en cuyas piedras se habían grabado los nombres de Austerlitz y Wagram, fue durante algún tiempo Arco del Trocadero.

El resultado de la jugada es bien conocido, el rey felón abjuró de su promesa el 1º de octubre, Riego fue colgado el 7 de noviembre en la plaza de la Cebada y comenzaba la década ominosa.

En suma; todo ha pasado, mudándose considerablemente, e infinitas personas han pasado a ser recuerdos. Lo que siempre está lo mismo es mi país, que no deja de luchar un momento por la misma causa y con las mismas armas, y si no con las mismas personas, con los mismos tipos de guerreros y políticos. Mi país sigue siempre a la calesera


Episodios Nacionales: El 7 de julio

23/05/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La quinta novela de esta serie es El 7 de julio, que sigue teniendo como escenario la España y más concretamente el Madrid de 1822.

Y la fecha no se refiere a los sanfermines sino al momento histórico de la fallida sublevación de la Guardia Real contra la Milicia Nacional y en especial a la escaramuza acontecida en los alrededores de la Plaza Mayor en la calle hoy llamada del 7 de julio y por aquel entonces calle de la Amargura:

Ya se sabe que la Plaza Mayor tiene dos grandes bocas, por las cuales respira, comunicándose con la calle del mismo nombre. Entre aquellas dos grandes bocas que se llamaban de Boteros y de la Amargura, había y hay un tercer conducto, una especie de intestino, negro y oscuro: es el callejón del Infierno. Por una de estas tres bocas, o por las tres a un tiempo, tenían los guardias forzosamente que intentar la ocupación de la Plaza, de aquel sagrado Capitolio de la Milicia Nacional, o alcázar del soberano pueblo armado.

Estos sucesos se produjeron durante el Trienio Liberal o Constitucional que surgió a resultas del pronunciamiento del teniente coronel Rafael del Riego, que en la novela aparece citado de un modo que me hace suponer que la imagen política de los “descamisados” es muy anterior no ya a Alfonso Guerra sino a también teniente coronel Juan Domingo Perón y a Evita a quien suelen atribuírsela:

el caudillo de la libertad, el héroe de las Cabezas, el ídolo de los hombres libres, el hijo más querido de la madre España, el padre de los descamisados.

Riego era a la sazón presidente de las Cortes, que por entonces se reunían en donde hoy se encuentra el Senado.

Otra biografía interesante que aparece en este episodio es la del Duque del Parque (cap. III):

El duque del Parque fue uno de los generales españoles que más descollaron en la guerra de la Independencia. Después de Álvarez, el más heroico; de Alburquerque, el más inteligente; de Castaños; el más afortunado, y de Blake, el más militar, aunque el más desgraciado, es preciso colocar al duque del Parque, que, mandando el ejército de Galicia, ganó en 18 de octubre de 1809 la batalla de Tamames. En ella fue derrotado el general Marchand y sus doce mil franceses con pérdida de dos mil hombres, un cañón y una bandera. No fue igualmente afortunado Su Excelencia en la política, a la cual se dedicó con el afán propio de los ineptos para tan escabroso arte.
O el trato de ciertas personas, o lecturas revolucionarias, o quizás desaires que no creía merecer, lleváronle al partido exaltado. Grande de España, se sentó en la silla presidencial de La Fontana de Oro, desde la cual oyó apostrofar a los duques. Diputado en el Congreso de 1822, figuró en el grupo de Alcalá Galiano, de Rico, que había sido fraile y guerrillero; de Isturiz y otros. Este grupo no quería el orden, y fuer de sostenedor de los libres, se ocupaba en asaetear constantemente al otro partidillo compuesto de ArgüellesÁlavaValdés, etc. De la misma lucha, y como transacción, salió la presidencia de Riego. Ya tendremos ocasión de ver cosas muy saladas que ocurrieron en aquellos días y en aquel sillón presidencial.
Volviendo al duque. Su Excelencia poseía gran fortuna; era generoso, amable, ilustrado hasta donde podía serlo un duque y general y español por aquellos tiempos…

El resumen es que era una época acelerada que habría de acabar con la intervención de la potencia extranjera y el ejército que da nombre al siguiente episodio:

El rey era absolutista, el gobierno moderado, el congreso democrático, había nobles anarquistas y plebeyos serviles. El ejército era en algunos cuerpos liberal y en otros realista y la Milicia abrazaba en su vasta muchedumbre a todas las clases sociales.

Fililí (delicadeza) ha sido el hallazgo léxico de esta ocasión


Los dos años en Rusia de Juan Van-Halen

18/05/2019

Dos años en Rusia

La lectura de los Episodios Nacionales me ha hecho interesarme por la biografía del general español Juan Van-Halen (1788-1864). Veo que don Agustín Mendía escribió un libro a partir de las notas del general que había pasado dos años en Rusia y más concretamente en la guerra del Caúcaso en 1819-1820, es decir por territorios hoy en las actuales Georgia y Azerbaiyán.  Parece que fue volumen de relativo éxito ya que si bien la primera edición es de 1849 yo he consultado una segunda edición publicada en Valencia en 1862.

Van Halen llega a San Peterburgo desde Londres y gracias a la descripción de su periplo un servidor, visitante habitual de la ciudad de Hamburgo, ha podido enterarse de que el pequeño archipiélago de Helgoland perteneció al Reino Unido hasta 1890 (“otro Gibraltar, abrigo de contrabandistas”) y que el elegante barrio de Altona había pertenecido a Dinamarca hasta 1864. Hay un largo recorrido hacia Berlín y por tierras de Prusia que hoy llevan nombres polacos y rusos en vez de alemanes y van acercándose a tierras del área de influencia rusa. Parece ser que el caviar no se conocía en la España de principios del XIX:

A mitad del camino, en la casa de postas que llaman de Nidden, adonde se adelantaron á pie con ánimo de estirar sus entumecidas piernas, encontraron al primer mercader moscovita que vio Van-Halen en su vida. Pasaba al interior de la Alemania y al Rhin con un cargamento de huevas de pescado que llaman Ikra ó Cabyard, que suele gustar mucho á todo el que llega á probarlas algunas veces.

Hace algún tiempo me puse a investigar el porqué del nombre “montaña rusa” que se da a las atracciones de feria así llamadas. Con esto descubrí cómo eran las montañas rusas originarias de Rusia, donde curiosamente las llaman “montañas americanas”. Van-Halen las describe:

En medio de tan alegre y variado concurso se levantan de trecho en trecho, cual pirámides egipcias, las montañas rusas, ó montañas de hielo. En la época de las fiestas alzan andamios de cincuenta pies de elevación, con quince ó veinte de anchura. De la plataforma colocada en su cima, adonde se sube por una escalera interior, baja un declive de ochenta á cien pies de longitud, construido con gruesas tablas, que cubiertas de capas de nieve, sobre las cuales se echa agua, se unen en poco tiempo de tal modo, que parecen un espejo. El dia en que dan principio las diversiones públicas, se ven á cientos los pequeños trineos que, montados sobre dos planchas de hierro, reciben á dos personas de diferente sexo, y vestidas con el pintoresco trage nacional.

Aparece una idea a partir de la ubicación ideal de San Petersburgo como capital marítima. Yo había leído con anterioridad que Lisboa y no Madrid debería haber sido la capital de la Monarquía Hispánica. Van Halen sugiere lago así como que Sevilla debería haber sido el San Petersburgo español y Cádiz su Kronstadt.

Después de un tiempo relacionándose en la capital peterburguesa consigue con ayuda de Agustín de Betancourt que el zar le asigne un destino en la guerra del Cáucaso adonde se dirige en siempre complicados viajes en los que viste el burka, que es una prenda de la zona que nada tiene que ver con la que en las últimas décadas conocemos con el mismo nombre.

Es complicado seguir el itinerario con precisión debido a los cambios de los topónimos o la imprecisión en la transcripción de los mismos. Pasa por Mshet y por Tiflis para llegar a su destino en Kajetia (de cuyos vinos dice que son como los de Valdepeñas para más adelante comparar su paisaje con el de La Mancha, si bien más despoblado). Creo que el destino donde más tiempo pasa, Kargatsch, es la Karajala de hoy, aunque no podría jurarlo. Me ha parecido que al fortaleza de Tchirakh es la que hoy se llama Chirag Gala en Azerbaiyán, pero no he sido capaz de encontrar Joserek, que debería estar unos 26 km al sur.

Para desubicarnos lo menos posible siempre hemos de agradecer la imposición del sistema métrico internacional. Al menos en la Rusia imperial nos dan las distancias en verstas (Van-Halen escribe werstas a la alemana) que son muy parecidas a los kilómetros. Las alturas en pies que se dan del Kasbek y el Elborous  (Elbrus) parecen erróneas.

El Cáucaso es el equivalente en Rusia al far west norteamericano. Aquí les dejo una anécdota el tipo de guerra que allí se hacía (223)

Un dia que los oficiales se habían sentado á la mesa, notaron la falta del intérprete, lo que rara vez solía suceder, y ya estaban á los postres cuando se presentó muy placentero con un lío de paño tosco debajo del brazo: dijo que les traía para postres una sandía de las que se suelen conservar en el país para invierno. Como en diciembre las frutas son muy apetecibles, todos se apresuraron á pedírsela: descubrió entonces su pacotilla, y vieron rodar por el mantel de la mesa una rapada cabeza de lesghuin, que era la fruta que acababa de recolectar el bárbaro en un encuentro hostil que había tenido aquella misma mañana, yendo á cazar á la otra parte del Alazan. Aquella hazaña, que los naturales del país tienen por una gloria, disgustó á los oficiales sobremanera. El coronel se levantó de la mesa, volviendo la espalda á aquella escena, siguiéronle todos á otro apostento, donde mientras fumaban sus pipas, el intérprete se hacía servir la comida recreándose á cada bocado con la sandía que tenía sobre la mesa.

También para comprender el viaje de regreso hacen falta ciertos conocimientos previos. Leópolis / Lviv se cita como Leopoldo y Brno / Brünn como Brimm. Entiendo que será cosa de quien pasara a limpio los manuscritos.

 


Trotski en España

16/04/2019

Mis peripecias en España

Como descubrí recientemente leyendo una de sus biografías, en el otoño de 1916 León Trotski pasó un par de meses en España tras ser expulsado de Francia. Luego en 1924 ya siendo comisario del pueblo escribió sus impresiones de España para la revista literaria Krasnaya Nov, textos que acabaron convertidos en un libro que se publicó en 1926 y que Andrés Nin tradujo al español para una edición que salió a la luz en 1929, cuando Trotski estaba ya en su exilio turco. El hecho de que a ciertos otros rusos no les agradara demasiado la amistad de Nin con Trotski y que hicieran desaparecer al catalán en algún momento de 1937 supone que la traducción llamada “Mis peripecias en España” esté ya libre de derechos y al alcance de todos. Anoche mismo la leí con curiosidad.

Voy a meter unos párrafos para contar de qué va, aunque lo que ocurre es casi lo de menos. Básicamente son aventurillas y descripciones costumbristas de un ruso que no habla español y que intenta desenvolverse en francés en un país donde casi nadie lo habla. La historia empieza cuando a Trotksi lo echan de Francia. La policía lo acompaña hasta Hendaya y se lo empaqueta a la policía española. Lo dejan un poco a su aire y se va en tranvía desde Irún a San Sebastián. Me hace gracia pensar que el gran revolucionario usó el Topo para pasar por mi pueblo. Tras ascender a San Sebastián a la categoría de capital de los vascos sale pitando de la ciudad, que le parece cara. Deja un pasaje elogioso de su paisaje y otro menos favorable de su guardia municipal.

De San Sebastián Lev Davidóvich sale para Madrid, donde acaba en el talego. Antes de eso tiene tiempo de contactar con gente. Estuvo buscando a Daniel Anguiano pero no lo encontró porque se le había adelantado en ingresar en prisión. Intenta ir a los toros. Nin dice que hace un juego de palabras en ruso que es intraducible. He pasado la versión original por un traductor y parece que las corridas de toros se llaman en ruso luchas de toros…. Trotski se pregunta por qué si no hay toros luchando entre sí.

Antes de llegar a España Trotski ya había pasado tiempo en los Balcanes. Tiene una frase que teniendo en cuenta que es un siglo anterior a los Ceaușescu de Galapagar, resulta graciosa:

España, en la medida en que he podido verla (y casi no la he visto), se parece a Rumania, o para decirlo mejor: Rumania es una España sin pasado.

El primer fragmento en el que habla de Madrid plantea similitudes de la Europa meridional subdividida en tres penínsulas:

Madrid. La estación. Me hacen pedazos. Un gran número de existencias problemáticas. Mozos de cuerda, vendedores de periodiquitos, limpiabotas, guías, comisionistas de no se sabe qué y de todo, mendigos. En una palabra: esa multitud de la cual son tan ricas las tres penínsulas de la Europa meridional: la ibérica, la apenina y la balkánica.

Al leer lo de la península apenina he recordado un chiste que vi hace unas semanas y gracias al que descubrí que la península Ibérica se llama en ruso “península Pirenáica”. Ahora el nombre de la Radio Española Independiente conocida como “La Pirenaica”, que empezó a emitir en Moscú en 1941, adquiere una resonancia diferente: ¡Pirenaica es Ibérica!

Pireneiski poluostrov – Balkaniski poluostrov:

Donde más tiempo pasa Trotski es en Cádiz adonde lo llevan para sacarlo del país en un transatlántico que iba a La Habana pero pierden el barco y acaba pasando semanas en la ciudad más salerosa:

Un poco de estadística social: durante media hora que he pasado en el café, los chicos me han ofrecido doce veces el ABC, diario madrileño ilustrado; cuatro individuos me asediaron con billetes de lotería; tres pordioseros me pidieron limosna; tres vendedores ambulantes pasaron ofreciéndome cangrejos cocidos; dos trataron de venderme dulces misteriosos, y si los limpiabotas no vinieron a ofrecerme sus servicios, fue porque uno de ellos ya estaba lustrándome los zapatos desde que entré en el establecimiento.

Se documenta bien sobre la historia de España en la biblioteca a través de Adam y Bourgoing. En cambio no llega a conocer el milagro de Empel:

Hoy se celebra aquí una gran fiesta, la Inmaculada. La Inmaculada es la protectora de Cádiz y del Ejército español, mejor dicho, de la Infantería, pues la Inmaculada, no sé por qué, se especializó en este Cuerpo. Con motivo de esta fiesta hubo toros, a puerta cerrada, en los cuarteles.

Al final acaba haciendo la ruta Cádiz-Madrid-Zaragoza-Barcelona en tren para tomar un barco que sale de la ciudad condal el día de Navidad de 1916 y que le deja en Nueva York el 13 de enero del año en el que iba a cambiar el mundo.

Mucho mejor lectura que la mayoría de las cosas de Trotksi que había leído con anterioridad.


La edad de la penumbra

03/04/2019

The Darkening Age

No suelo conseguir libros in español y me han pasado este La edad de la penumbra de Catherine Nixey bastante reciente (2018). Me agrada leer en mi idioma y cosa que hago con mayor velocidad y aprovechamiento aunque las traducciones sean a veces nefastas, como me parece que es el caso.

El libro trata de la destrucción del legado clásico, la antiguas religiones y los monumentos, pero más trágico aún las gentes y los libros. La tradición cristiana de Occidente plantea de modo banal este proceso como algo benéfico, pero hay mucho fanatismo y mucha sangre en la sustitución de un sistema de creencias por otro. Dentro de la complejidad de los siglos el libro ofrece la posibilidad de lamentarse por la pérdida de la biblioteca de Alejandría y de acercarse a figuras de los siglos del declive del mundo clásico como son Damascio, Celso, Teón, Hipatia, Orestes, Demócrito, Porfirio o Amiano Marcelino.

Este es el fragmento que, por sus connotaciones de actualidad, más me ha interesado:

Los objetivos declarados de los historiadores también empezaron a cambiar. Cuando el autor griego Heródoto, el «padre de la historia», se sentó a escribir la primera historia, declaró que su objetivo era hacer «investigaciones» —historias, en griego— sobre las relaciones entre los griegos y los persas. Lo hizo con tanta imparcialidad que fue acusado de traición, de halagar en exceso a los enemigos de los griegos y de ser un philobarbaros, un «amigo de los bárbaros», una palabra insultante y agresiva. No todos los historiadores eran tan imparciales, pero la equidad era un objetivo que persistió. El último de los historiadores paganos, Amiano Marcelino, se esforzó por alcanzarla; la posteridad, escribió, debía ser «testigo justo del pasado».

Los historiadores cristianos adoptaban un punto de vista diferente. Como escribió el influyente escritor cristiano Eusebio —el «padre de la historiografía de la Iglesia»—, el trabajo del historiador no era registrarlo todo sino solo aquello que ejerciera un bien en los cristianos que lo leyeran. No había que dar vueltas a las verdades incómodas, como el inoportuno hecho de que muchos clérigos cristianos, en lugar de saltar a las piras de la Gran Persecución, se hubieran escabullido de ellas con una prisa indigna. «Por consiguiente — anunció cuidadosamente—, no nos hemos dejado llevar por hacer memoria […] sino que a la historia general vamos a añadir únicamente aquello que acaso pueda aprovechar primero a nosotros mismos y luego también a nuestra posteridad». Heródoto había visto la historia como una investigación. El padre de la historiografía de la Iglesia la consideró una parábola.

Libro recomendable. No hace un análisis sistemático pero son pocas páginas, tiene buenas ilustraciones, y trata un aspecto fundacional de la historia europea pero que no se suele considerar demasiado en detalle.