Trotski en España

16/04/2019

Mis peripecias en España

Como descubrí recientemente leyendo una de sus biografías, en el otoño de 1916 León Trotski pasó un par de meses en España tras ser expulsado de Francia. Luego en 1924 ya siendo comisario del pueblo escribió sus impresiones de España para la revista literaria Krasnaya Nov, textos que acabaron convertidos en un libro que se publicó en 1926 y que Andrés Nin tradujo al español para una edición que salió a la luz en 1929, cuando Trotski estaba ya en su exilio turco. El hecho de que a ciertos otros rusos no les agradara demasiado la amistad de Nin con Trotski y que hicieran desaparecer al catalán en algún momento de 1937 supone que la traducción llamada “Mis peripecias en España” esté ya libre de derechos y al alcance de todos. Anoche mismo la leí con curiosidad.

Voy a meter unos párrafos para contar de qué va, aunque lo que ocurre es casi lo de menos. Básicamente son aventurillas y descripciones costumbristas de un ruso que no habla español y que intenta desenvolverse en francés en un país donde casi nadie lo habla. La historia empieza cuando a Trotksi lo echan de Francia. La policía lo acompaña hasta Hendaya y se lo empaqueta a la policía española. Lo dejan un poco a su aire y se va en tranvía desde Irún a San Sebastián. Me hace gracia pensar que el gran revolucionario usó el Topo para pasar por mi pueblo. Tras ascender a San Sebastián a la categoría de capital de los vascos sale pitando de la ciudad, que le parece cara. Deja un paisaje elogioso de su paisaje y otro menos favorable de su guardia municipal.

De San Sebastián Lev Davidóvich sale para Madrid, donde acaba en el talego. Antes de eso tiene tiempo de contactar con gente. Estuvo buscando a Daniel Anguiano pero no lo encontró porque se le había adelantado en ingresar en prisión. Intenta ir a los toros. Nin dice que hace un juego de palabras en ruso que es intraducible. He pasado la versión original por un traductor y parece que las corridas de toros se llaman en ruso luchas de toros…. Trotski se pregunta por qué si no hay toros luchando entre sí.

Antes de llegar a España Trotski ya había pasado tiempo en los Balcanes. Tiene una frase que teniendo en cuenta que es un siglo anterior a los Ceaușescu de Galapagar, resulta graciosa:

España, en la medida en que he podido verla (y casi no la he visto), se parece a Rumania, o para decirlo mejor: Rumania es una España sin pasado.

El primer fragmento en el que habla de Madrid plantea similitudes de la Europa meridional subdividida en tres penínsulas:

Madrid. La estación. Me hacen pedazos. Un gran número de existencias problemáticas. Mozos de cuerda, vendedores de periodiquitos, limpiabotas, guías, comisionistas de no se sabe qué y de todo, mendigos. En una palabra: esa multitud de la cual son tan ricas las tres penínsulas de la Europa meridional: la ibérica, la apenina y la balkánica.

Al leer lo de la península apenina he recordado un chiste que vi hace unas semanas y gracias al que descubrí que la península Ibérica se llama en ruso “península Pirenáica”. Ahora el nombre de la Radio Española Independiente conocida como “La Pirenaica”, que empezó a emitir en Moscú en 1941, adquiere una resonancia diferente: ¡Pirenaica es Ibérica!

Pireneiski poluostrov – Balkaniski poluostrov:

Donde más tiempo pasa Trotski es en Cádiz adonde lo llevan para sacarlo del país en un transatlántico que iba a La Habana pero pierden el barco y acaba pasando semanas en la ciudad más salerosa:

Un poco de estadística social: durante media hora que he pasado en el café, los chicos me han ofrecido doce veces el ABC, diario madrileño ilustrado; cuatro individuos me asediaron con billetes de lotería; tres pordioseros me pidieron limosna; tres vendedores ambulantes pasaron ofreciéndome cangrejos cocidos; dos trataron de venderme dulces misteriosos, y si los limpiabotas no vinieron a ofrecerme sus servicios, fue porque uno de ellos ya estaba lustrándome los zapatos desde que entré en el establecimiento.

Se documenta bien sobre la historia de España en la biblioteca a través de Adam y Bourgoing. En cambio no llega a conocer el milagro de Empel:

Hoy se celebra aquí una gran fiesta, la Inmaculada. La Inmaculada es la protectora de Cádiz y del Ejército español, mejor dicho, de la Infantería, pues la Inmaculada, no sé por qué, se especializó en este Cuerpo. Con motivo de esta fiesta hubo toros, a puerta cerrada, en los cuarteles.

Al final acaba haciendo la ruta Cádiz-Madrid-Zaragoza-Barcelona en tren para tomar un barco que sale de la ciudad condal el día de Navidad de 1916 y que le deja en Nueva York el 13 de enero del año en el que iba a cambiar el mundo.

Mucho mejor lectura que la mayoría de las cosas de Trotksi que había leído con anterioridad.

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La edad de la penumbra

03/04/2019

The Darkening Age

No suelo conseguir libros in español y me han pasado este La edad de la penumbra de Catherine Nixey bastante reciente (2018). Me agrada leer en mi idioma y cosa que hago con mayor velocidad y aprovechamiento aunque las traducciones sean a veces nefastas, como me parece que es el caso.

El libro trata de la destrucción del legado clásico, la antiguas religiones y los monumentos, pero más trágico aún las gentes y los libros. La tradición cristiana de Occidente plantea de modo banal este proceso como algo benéfico, pero hay mucho fanatismo y mucha sangre en la sustitución de un sistema de creencias por otro. Dentro de la complejidad de los siglos el libro ofrece la posibilidad de lamentarse por la pérdida de la biblioteca de Alejandría y de acercarse a figuras de los siglos del declive del mundo clásico como son Damascio, Celso, Teón, Hipatia, Orestes, Demócrito, Porfirio o Amiano Marcelino.

Este es el fragmento que, por sus connotaciones de actualidad, más me ha interesado:

Los objetivos declarados de los historiadores también empezaron a cambiar. Cuando el autor griego Heródoto, el «padre de la historia», se sentó a escribir la primera historia, declaró que su objetivo era hacer «investigaciones» —historias, en griego— sobre las relaciones entre los griegos y los persas. Lo hizo con tanta imparcialidad que fue acusado de traición, de halagar en exceso a los enemigos de los griegos y de ser un philobarbaros, un «amigo de los bárbaros», una palabra insultante y agresiva. No todos los historiadores eran tan imparciales, pero la equidad era un objetivo que persistió. El último de los historiadores paganos, Amiano Marcelino, se esforzó por alcanzarla; la posteridad, escribió, debía ser «testigo justo del pasado».

Los historiadores cristianos adoptaban un punto de vista diferente. Como escribió el influyente escritor cristiano Eusebio —el «padre de la historiografía de la Iglesia»—, el trabajo del historiador no era registrarlo todo sino solo aquello que ejerciera un bien en los cristianos que lo leyeran. No había que dar vueltas a las verdades incómodas, como el inoportuno hecho de que muchos clérigos cristianos, en lugar de saltar a las piras de la Gran Persecución, se hubieran escabullido de ellas con una prisa indigna. «Por consiguiente — anunció cuidadosamente—, no nos hemos dejado llevar por hacer memoria […] sino que a la historia general vamos a añadir únicamente aquello que acaso pueda aprovechar primero a nosotros mismos y luego también a nuestra posteridad». Heródoto había visto la historia como una investigación. El padre de la historiografía de la Iglesia la consideró una parábola.

Libro recomendable. No hace un análisis sistemático pero son pocas páginas, tiene buenas ilustraciones, y trata un aspecto fundacional de la historia europea pero que no se suele considerar demasiado en detalle.


El diario de Lena Mujina

25/02/2019

Esta edición de 2012

Cuando leí el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado uno de los elementos que me impresionaron favorablemente fue el uso de diarios personales en la bibliografía. No había sido publicado aún el diario de Lena Mujina que he estado leyendo este fin de semana, ya que salió en el mismo 2011 (y en español en 2013).

En general me parece bastante feo el defecto tan habitual en los titulares de prensa de definir algo en función de otra cosa supuestamente superior. Así que el inevitable “la Ana Frank de Leningrado” lo tengo por bastante horroroso ya de por sí, sin siquiera tener en cuenta el relevante hecho cronológico de que el diario de Lena Mujina acaba en mayo de 1942 mientras que el diario de Ana Frank comienza en junio de ese mismo año. El paralelismo interesante está en que ambas comienzan a escribir días antes de acontecimientos históricos importantes que tendrán importantes consecuencias en sus vidas. También me resulta interesante a falta de una mejor explicación (sólo tengo una hipótesis) el hecho de que los diaristas adolescentes más destacables sean del sexo femenino.

Desde mi perspectiva de haber leído el año que abarca el libro en unas pocas horas lo más fascinante es cómo empieza hablando de guerra y bombardeos para acabar hablando de colas y comida. Esto es, la capacidad del ser humano para llegar a considerar que puede ser algo normal y ni siquiera digno de mención el que se estén lanzando bombas incendiarias desde aviones a la población en la que uno vive.

Mi entrada favorita es la del 17 de febrero de 1942, nueve días después de quedarse sola en el mundo:

Siento que soy rica. Tengo un bote con mijo, otro con cebada perlada y otro más con alforfón, un puñado de guisantes en una caja y 125g de carne en el alféizar de la ventana. En cambio no he tenido suerte con el azúcar: aún no he conseguido nada. Ayer comí sopa de guisantes y alforfón con mantequilla y para la cena cebada con mantequilla.

El pan de hoy, a 1 rublo y 25 kópecs, estaba rico y seco, muy bueno y sabroso.

Llevo tres días con la radio encendida. Está bien porque hace que no me sienta sola.

Tengo dinero – 105 rublos -, tengo leña, tengo comida. ¿Qué más me hace falta? Soy completamente feliz.

Hoy hace frío. El sol brilla y no hay ni una nube en el cielo

No tengo una idea muy precisa de lo que es la comida considerada en gramos. Estos simples cálculos y otras peripecias expresadas en este diario y otros similares me hacen suponer que estamos en mucha peor forma para sobrevivir a un colapso de la civilización que implique la renuncia a los niveles de calorías a los que estamos acostumbrados, además de nuestra falta de preparación física y psicológica.

Respecto a esto último siempre me ha fascinado que con una población famélica las escuelas siguieran abiertas y que hubiera exámenes, pero quizá fingir normalidad es la única forma de seguir adelante. En resumen, que mi impresión es que con un golpe mucho menor de lo que fue el asedio para los habitantes de Leningrado los occidentales de cualquier sitio hoy caeríamos como moscas. La inmensa mayoría no estamos nada preparados para el colapso de la civilización, ni para una guerra, ni para un cierre de fronteras, ni para una inflación un poco más elevada.

 


Demografía para entender el siglo XVI

24/02/2019

Este libro

Estaba empezando a leer The Ottoman Empire 1700-1922 de Donald Quataert, que creo que está traducido al portugués, no así al castellano, y me ha parecido interesante esta descripción de un mundo que solemos interpretar eurocéntricamente haciendo caso omiso del resto del globo:

Durante el siglo XVI el Imperio otomano compartía el escenario mundial con otro pequeño grupo de estados ricos y poderosos. En el lejano occidente se encontraban la Inglaterra de Isabel I, la España de los Austrias y el Sacro Imperio Romano Germánico así como la Francia de los Valois y la República de los Países Bajos. Los otomanos tenían más cerca a las ciudades-estado de Génova y Venecia, más importantes para ellos a corto plazo debido al enorme poder político y económico que ejercían gracias a sus flotas de largo recorrido y las redes comerciales con las que unían la India, el próximo Oriente, el Mediterráneo y el mundo europeo occidental. Hacia el este había dos grandes imperios que en aquel momento se encontraban en la cumbre de su poder y riqueza: el estado safávida con base en Irán y el Imperio mogol del subcontinente indio. Entre los imperios otomano, safávida y mogol abarcaban desde Viena hasta los límites occidentales de China y durante el siglo XVI los tres prosperaron al cuidado de administradores que los hicieron enriquecerse con el comercio entre Europa y Asia. Probablemente los tres juntos mantenían el equilibrio del poder económico y político mundial en el momento en que España y Portugal conquistaban el Nuevo Mundo y sus tesoros pero sin lugar a dudas era la China de la dinastía Ming era el estado más poderoso del mundo en aquella época.

Entre los elementos que me llaman la atención destaca el de que con la salvedad del paso por el Himalaya o el Tíbet se pudiera llegar desde Viena hasta el mar del Japón atravesando solamente cuatro entidades políticas, por vaga que fuera su efectividad en el control del territorio.

Lo de que en nuestra visión eurocéntrica de la Historia no tengamos en cuenta al Oriente para casi nada puede que sea un error y puede que no. Al fin y al cabo creo que por mucho que se nos hable de la importancia de la ruta de la seda… a grandes rasgos se puede decir que se trataba de un mundo conformado por compartimentos estancos.

No está claro a qué momento del siglo XVI se refiere el párrafo. Parece que más bien hacia la segunda mitad ya que Isabel I de Inglaterra comienza su reinado en 1558. En todo caso me parece que se adelanta en algo a la grandeza de Inglaterra. Puntos extra negrolegendarios por alusión poco velada a los tesoros del Nuevo Mundo.

En la Wikipedia hay una lista precaria con un cálculo de la población de distintas entidades políticas en el año 1600.

  1. China Ming 160 millones
  2. Imperio mogol 115 millones
  3. Unión Ibérica (con posesiones americanas) 30 millones
  4. Imperio otomano 29,5 millones
  5. Sacro Imperio 20,3 millones
  6. Francia 20 millones
  7. Japón 18,5 millones
  8. Rusia 14 millones
  9. Corea 9,9 millones
  10. Polonia-Lituania 8 millones
  11. Inglaterra (con Irlanda y Gales) 5,6 millones
  12. Imperio Habsburgo 5,5 millones
  13. Vietnam 4,4 millones
  14. Imperio safávida 3,2 millones

La evolución demográfica es algo a tener muy en cuenta a la hora del análisis histórico. Creo que todos sabemos lo suficiente como para tener en cuenta que la población ha ido aumentando en casi todo lugar y en casi todo período histórico, sin embargo la inercia nos hace considerar la razón entre las poblaciones de dos países como si fuera  constante.

Este aspecto me ha interesado en años recientes e ilustra como Irlanda fue una pieza más importante en el pasado tanto en las islas Británicas como en Europa de lo que su exigua población del siglo XX podría hacer pensar.

La dispar evolución demográfica es un elemento que se suele dejar de lado en consideraciones histórico-políticas de la realidad española (por ejemplo Cataluña tiene hoy siete veces más población que Extremadura pero a principios del siglo XX era apenas el doble). A lo mejor hago algo curioso con esto si me lo permiten mis otras aficiones.

 


Declive y caída del Imperio Austrohúngaro

10/02/2019

by Alan Sked

He leído relativamente deprisa Decline & Fall of the Habsburg Empire (1815-1918), de Alan Sked (1989) que es un volumen de unas 250 páginas, la longitud ideal para mi grado de interés en la historia centroeuropea. He llegado a él buscando claves de organización política y territorial y errores flagrantes que causen la desintegración de una unidad política. No he encontrado nada necesariamente convincente ni que me sirva para construir un modelo. Al final pareciera que todos somos contingentes y que todo es contingente. De hecho, el autor reconoce que “declive y caída” es una frase hecha y que de hecho en muchos sentidos el imperio estaba mejorando cuando la guerra lo tumbó.

Hay partes de la explicación que tienen que ver con personajes y decisiones concretas. Estas suelen ser las que menos me agradan, por oposición a otras de tipo más estructural que son las que sirven para modelar. Por tanto los jueguecitos de diplomacia y espías de Metternich y el príncipe Schwarzenberg y básicamente todo lo que va entre el Congreso de Viena y las revoluciones de 1848 casi que me lo salto. Lo que me interesa mucho tiene que ver con la articulación lingüística de Bohemia, con la recomendación de Palmerston respecto a cómo se debe ser conservador y la comparación entre las diversas articulaciones de los territorios de la Monarquía a partir de su diversidad étnica.

En un momento del prólogo se indica que el imperio de los Habsburgo tiene en el momento de la accesión al trono de Francisco José (1848) unos 667.000 km2 (algo más que la península Ibérica) y unos 37,5 millones de habitantes; de los cuales 8 son alemanes, 5.5 magiares, 5 italianos, 4 checos, 3 rutenos, 2.5 rumanos, 2 polacos, 2 eslovacos, 1.5 serbios, 1.5 croatas, 1.5 eslovenos, 0.75 judíos y 0.5 más entre gitanos, armenios búlgaros y griegos. Me sorprende la cantidad de italianos porque tengo en la cabeza el mapa de 1914 con apenas el Tirol del Sur y la península de Istria sin caer en la cuenta de la previa pérdida de Lombardía (1859) y Venecia (1866).

Hay una frase que me resulta fascinante porque describe con elegancia algo que habrá ocurrido en un sinfín de ocasiones:

Los estudiantes de la Monarquía, como los de todas partes, recogieron las ideas más críticas de su época del modo más acrítico y habrían de convertirse en el grupo social más implicado en los acontecimientos de 1848.

No me he quedado convencido de que más allá de la Gran Guerra haya una causa clara que causara el derrumbe de esta polity tan peculiar. Es claro que mirada desde hoy parece un modelo insostenible, pero también supone un arcaísmo muy extraño la Mancomunidad Británica de Naciones y ahí sigue. Con todos sus problemas y limitaciones si no hubiera mediado un gran choque el Imperio Habsburgo podría haber aguantado mucho más.


Un par de ideas llegadas de Kosovo

23/01/2019

This post was originally written in English here.

'Kosovo: A Short History' by Noel Malcolm

‘Kosovo: A Short History’ by Noel Malcolm

14-OCT-2009 Durante las vacaciones tuve la ocasión de volver a hojear este libro. Buscaba un par de ideas que me llamaron la atención la primera vez que lo leí. La primera de ellas tiene que ver con las reivindicaciones territoriales tanto de serbios como de albaneses en Kosovo pero también se puede considerar un pensamiento genérico sobre la condición humana y el nacionalismo :

Todos los orígenes acaban resultando misteriosos si nos remontamos a buscar lo suficientemente atrás en el pasado. Y cuando miramos a los orígenes más tempranos casi todos los pueblos parecen haber venido de algún otro lugar. Antes de embarcarnos en estas búsquedas de los orígenes sería bueno tener en mente unos principios calificativos. Primero, nunca se dirá demasiadas veces que las cuestiones de prioridad cronológica en la historia antigua (quién llegó primero) son irrelevantes sin más para decidir lo que está bien y lo que está mal en cualquier situación política contemporánea. En segundo lugar, los relatos de movimientos de antiguos pueblos o tribus dan una impresión engañosa cuando se los trata como si hubieran sido elementos unitarios con identidades inmutables que se movīan de lugar en lugar jugando al corro de modo etnohistórico. En muchos casos (como el de las migraciones de los francos en la Europa altomedieval) es la llegada de un pueblo a un nuevo territorio o sociedad lo que le confiere una identidad que previamente no tenía. Las identidades continúan desarrollándose a lo largo del tiempo: ‘Serbio’ era una etiqueta tribal en el siglo VI, no asī en el XVI por lo que tratar a ‘los serbios’ como una categoría inmutable es tan ridículo como tratar de encontrar jutos y anglos entre los súbditos de la reina Isabel I de Inglaterra. Y en tercer lugar, nunca debemos olvidar que todos los linajes de un individuo son mezclas, especialmente en esta parte de Europa. Si un serbio de hoy lee sobre la llegada de los primeros serbios puede que no se equivoque si supone que lee sobre sus antepasados pero no puede estar en lo cierto si imagina que todos sus ancestros se encuentran en esa población. Lo equivalente es cierto para los albaneses y, por supuesto, para cualquier otro grupo étnico de los Balcanes.

‘Kosovo: A Short History’ p. 22

Albanian population in the Balkans

Población albanesa en los Balcanes

La segunda idea no me pareció nada obvia. En nuestros tiempos damos por sentado que la identidad religiosa es una única etiqueta excluyente de las demás y que desempeña un papel similar en cierto sentido al de la identidad nacional. Podría incluso ser más excluyente aún dado que hemos conocido personas con doble nacionalidad, pero aunque el sincretismo es bastante habitual los sistemas de dobles creencias no se aceptan tan bien. Los heterodoxos se suelen considerar herejes. Hasta cierto punto así era también en la Edad Media, pero si hoy la religión es una etiqueta identitaria en un mar de escepticismo intelectual en el pasado fue magia en uno océano de credulidad. Así pues veamos como los habitantes de los Balcanes medievales mezclaban los diferentes ritos y credos.:

Francesco de Leonardis escribía tras una visita a Pec en 1645:

“Aunque muy están muy apegados a su propia liturgia, ni su clero ni sus legos muestra aquel odio por nuestras prácticas religiosas que tenía la Iglesia Griega original… En estos territorios no sólo visitan y frecuentan nuestras iglesias asistiendo a misas y otros servicios y escuchando los sermones, sino que también se arrodillan y reciben los sacramentos de nuestros sacerdotes quitándose el sombrero y observando muchos de nuestros ritos.

Leyendo este tipo de relato es siempre necesario tener en cuenta que la función principal de la religión para la gente corriente en este tipo de sociedad era casi marginal: la religión era un conjunto de prácticas para alejar el mal, curar enfermedades, asegurarse buenas cosechas, etcétera. (Entre los ortodoxos la unción era especialmente preferida para estos propósitos y, tal y como de Leonardis relataba en 1640, la usaban al construir una casa, al plantar un viñedo al celebrar una boda o para llevar a cabo cualquier otro ‘acto solemne’). En las zonas en las que se mezclaban dos o tres religiones obviamente la gente intentaba hacer uso de todas las formas disponibles de remedios y protecciones mágicamente eficientes. Por ejemplo, la tumba curativa del rey Esteban Dečanski en el monasterio de Dečani, la visitaban tanto católicos como ortodoxos y están documentados ejemplos de católicos adoptando otras prácticas religiosas ortodoxas.
Este sincretismo de ritos y creencias populares también llegaba a los musulmanes. La popularidad del bautismo cristiano entre ellos se debía a varias creencias: que les alargaría la vida, les protegería de ser devorados por los lobos, les protegería de las enfermedades mentales o  evitaría que oliesen como perros (una idea extraña pero muy extendida). El hecho de que se pudieran compartir tantas prácticas contribuye a explicar la habitual falta de hostilidad religiosa de la gente común a nivel personal. Tras su visita a Kosovo, Fray Querubín describió censurándola la práctica de los católicos que elegían padrinos musulmanes para sus hijos y que permitían a los musulmanes aplicar los santos óleos a sus propios hijos ya que habrían de protegerles de las enfermedades de la vista.”

‘Kosovo: A Short History’ pp. 129-130


Macedonia prenacional

22/01/2019

Lo de Sarajevo en 1914

He agarrado el The Balkans de Mark Mazower que leí el año pasado para un rápido intercambio tuitero a propósito del cambio de nombre de la República de Macedonia, que se supone que pronto será Macedonia del Norte.

El interés con que adquirí esta edición de bolsillo que acabé leyendo en el bus era el de averiguar cuánto podría aprender sobre una región relativamente extensa y compleja de Europa en un volumen de apenas 150 páginas. Mi suposición era que bastante poco y como en tantas otras ocasiones minusvaloré mi ignorancia.

Por ejemplo hay un capítulo, el segundo, dedicado a la situación de la zona “antes de la nación”. Y tiene fragmentos bastante interesantes como el que lo inicia:

A principios del siglo XX los patriotas griegos y búlgaros luchaban por la lealtad de los campesinos cristianos ortodoxos de la Macedonia otomana. Resultó ser más difícil de lo que habrían podido esperar. Un activista griego lo describió así “Cuando llegué a Salónica la idea de los campesinos griegos y la gente sobre la diferencia entre la iglesia ortodoxa griega y los cismáticos búlgaros era bastante poco sólida. Me percaté de esto porque cuando les preguntaba a ver qué eran – Romaioi (griegos) o Voulgaroi (búlgaros) – se me quedaban mirando con cara de no entender nada. Se consultaban entre ellos para ver qué era lo que querían decir mis palabras y haciéndose cruces me respondían con ingenuidad: “Bueno, somos cristianos… ¿qué es eso de romaioi y voulgaroi?”

En otra parte del mismo capítulo se explica que la palabra romaioi (romanos, en el sentido de habitantes del Imperio Romano de Oriente) se utilizaba para describir a los griegos ya que la antigua palabra “helenos” había pasado a significar algo así como paganos. En otro párrafo del mismo capítulo se comenta que hasta el siglo XIX “turco” era una forma despectiva de referirse a los campesinos de Anatolia “ningún musulmán dice de sí mismo que es turco, llamárselo es un insulto”.

El caso es que como explica el autor:

La indiferencia de los súbditos cristianos del Sultán ante las categorías nacionalistas refleja su sentido de pertenencia a una comunidad definida por la religión en la que las diferencias lingüísticas entre griegos y búlgaros importaban menos que su creencia compartida en el cristianismo ortodoxo. Estos encuentros marcaron el momento en que los heraldos del moderno concepto de política étnica llegaron al medio rural y se encontraron con un mundo prenacional.

Y esto queda ilustrado con la apatía que recibe como respuesta de los lugareños de los alrededores del lago Prespa un activista búlgaro llamado Danil que trataba de explicarles que siendo búlgaros deberían tener sacerdotes búlgaros y oír misa en esa lengua, a lo que ellos replicaban que muchos hablaban griego y que además la liturgia la conocían en griego. Para la frustración del militante las gentes del lugar ni sabían que eran búlgaros ni que deberían tener clero búlgaro. Ni les importaba.

Y esto me ha traído a la memoria un programa de la BBC que estuve escuchando unos días después de que Tsipras y Zaev llegaran al acuerdo que se ha llamado precisamente del lago Prespa. El mundo prenacional de identidades fluidas es complicado de entender para mucha gente desde uno en que el que ya están solidificadas. Macedonia era una zona de colisión y mezcla de culturas (no es por nada que el postre se llama así) e incluso a partir de 1913, una vez que las fronteras se consolidaron haciendo que las preguntas de los nacionalistas pasaran a ser comprensibles para los paisanos (y otras cosas como que los dialectos búlgaro y macedonio se consolidaran por separado) ha seguido habiendo eslavos y albaneses en la República Helénica (y el reportaje de la BBC trata entre otras cosas macedónicas de la exclusión de los primeros).

La próxima vez que me dé por traducir un par de párrafos de este libro introductorio será también sobre la fluidez de la identidad pero en el ámbito religioso, episodios parecidos a los que alguna vez copié de un libro de historia de Kosovo.