Macedonia prenacional

22/01/2019

Lo de Sarajevo en 1914

He agarrado el The Balkans de Mark Mazower que leí el año pasado para un rápido intercambio tuitero a propósito del cambio de nombre de la República de Macedonia, que se supone que pronto será Macedonia del Norte.

El interés con que adquirí esta edición de bolsillo que acabé leyendo en el bus era el de averiguar cuánto podría aprender sobre una región relativamente extensa y compleja de Europa en un volumen de apenas 150 páginas. Mi suposición era que bastante poco y como en tantas otras ocasiones minusvaloré mi ignorancia.

Por ejemplo hay un capítulo, el segundo, dedicado a la situación de la zona “antes de la nación”. Y tiene fragmentos bastante interesantes como el que lo inicia:

A principios del siglo XX los patriotas griegos y búlgaros luchaban por la lealtad de los campesinos cristianos ortodoxos de la Macedonia otomana. Resultó ser más difícil de lo que habrían podido esperar. Un activista griego lo describió así “Cuando llegué a Salónica la idea de los campesinos griegos y la gente sobre la diferencia entre la iglesia ortodoxa griega y los cismáticos búlgaros era bastante poco sólida. Me percaté de esto ya que cuando les preguntaba a ver qué eran – Romaioi (griegos) o Voulgaroi (búlgaros) – se me quedaban mirando con cara de no entender nada. Se preguntaban entre ellos para ver qué es lo que querían decir mis palabras y haciéndose cruces me respondían con ingenuidad: “Bueno, somos cristianos… ¿qué es eso de romaioi y voulgaroi?”

En otra parte del mismo capítulo se explica que la palabra romaioi (romanos, en el sentido de habitantes del Imperio Romano de Oriente) se utilizaba para describir a los griegos ya que la antigua palabra “helenos” había pasado a significar algo así como paganos. En otro párrafo del mismo capítulo se comenta que hasta el siglo XIX “turco” era una forma despectiva de referirse a los campesinos de Anatolia “ningún musulmán dice de sí mismo que es turco, llamárselo es un insulto”.

El caso es que como explica el autor:

La indiferencia de los súbditos cristianos del Sultán ante las categorías nacionalistas refleja su sentido de pertenencia a una comunidad definida por la religión en la que las diferencias lingüísticas entre griegos y búlgaros importaban menos que su creencia compartida en el cristianismo ortodoxo. Estos encuentros marcaron el momento en que los heraldos del moderno concepto de política étnica llegaron campo y se encontraron con un mundo prenacional.

Y esto queda ilustrado con la apatía que recibe de los lugareños de los alrededores del lago Prespa un activista búlgaro llamado Danil cuando trataba de explicarles que siendo búlgaros deberían tener sacerdotes búlgaros y oír misa en esa lengua, a lo que ellos replicaban que muchos hablaban griego y que además la liturgia la conocían en griego. Para la frustración del militante las gentes del lugar ni sabían que eran búlgaros, ni que deberían tener clero búlgaro ni les importaba.

Y esto me ha traído a la memoria un programa de la BBC que estuve escuchando unos días después de que Tsipras y Zaev llegaran al acuerdo que se ha llamado precisamente del lago Prespa. El mundo prenacional de identidades fluidas es complicado de entender para mucha gente desde uno en que el que ya están solidificadas. Macedonia era una zona de colisión y mezcla de culturas (no es por nada que el postre se llama así) e incluso a partir de 1913 una vez que las fronteras se consolidaron haciendo que las preguntas de los nacionalistas pasaran a ser comprensibles para los paisanos (y otras cosas como que los dialectos búlgaro y macedonio se consolidaran por separado) ha seguido habiendo eslavos y albaneses en la República Helénica (y el reportaje de la BBC trata entre otras cosas macedónicas de la exclusión de los primeros).

La próxima vez que me dé por traducir un par de párrafos de este libro introductorio será también sobre la fluidez de la identidad pero en el ámbito religioso, episodios parecidos a los que alguna vez copié de un libro de historia de Kosovo.

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La tragedia de España (Rudolph Rocker, 1937)

19/01/2019
The Tragedy of Spain

He estado pasando unos días en familia y me he encontrado con el libro La tragedia de España del anarquista Rudolf Rocker (1873-1958), otro de tantos periodistas, turistas, reformadores sociales o divulgadores que se pasaron por la piel de toro durante la guerra civil. Publicado en Nueva York en agosto de 1937, o sea año y pico antes del final de la fiesta, deja la historia a medias por lo cual no tiene demasiada vigencia excepto para narrar las tensiones entre anarquistas y comunistas en “la guerra dentro de la guerra” con los sucesos de mayo de 1937 por medio. En aquellos años convulsos debió de tener cierta importancia ya que incluso fue traducido al chino.

Respecto de la parte sustancial del libro sólo indicaré que a pesar de todos los males que se puedan atribuir al estalinismo me resulta bastante alucinante que ni entonces ni aún hoy alguien pudiera creer que una guerra de frente contra un enemigo militar poderoso y organizado se pueda ganar de un modo descentralizado y poniendo el énfasis en la transformación social de la retaguardia. Malas como son las dictaduras en general el mando único ha demostrado ser eficiente a la hora de dirigir el esfuerzo militar.

Como ni por el lado histórico ni por el político me he encontrado con nada que encuentre especialmente digno de reseñar voy a mencionar como de pasada unos cuantos aspectos relativos a la traducción, ya que el texto original está disponible en internet.

  • Cuando el texto en inglés dice “Andres Nin” el traductor lo vierte al español como “Andreu Nin”. Conocemos la jugada de la retrocatalanización de la Historia.
  • Hablando de la Pasionaria, Rocker escribe “the female communist leader” y el traductor lo transforma en “la líder comunista femenina” con lo que da la impresión de que esta señora lideraba tan sólo a otras señoras comunistas. El idioma español tiene un marcador de género maravilloso en el artículo determinado que evita la utilización redundante de un adjetivo para tal fin: “la líder comunista” o mejor aún “la dirigente comunista” (ya que el leader inglés aún no estaba naturalizado en los años treinta) hubiera resultado más apropiado.
  • La peor de todas las pifias debe de ser la de traducir “organized labor” como “trabajo organizado”, que se da varias veces a lo largo del texto y confunde al lector no avezado. Lo correcto sería decir “los sindicatos” o “las organizaciones sindicales”.

A mi modo de ver el texto de Rocker conserva hoy por hoy un escaso valor más bien de tipo arqueológico. Orwell alucinaba lo mismo pero al menos se considera escribía con más gracia.


Una biografía de Trotski

30/12/2018

Portada

Llevaba unas tardes entretenido con la biografía de Trotski escrita por el británico Robert Service, que tiene además sendas obras sobre Lenin y Stalin. Tenía este libro hace algún tiempo y la causa directa que me impulsó a leerlo fue un programa de radio sobre la madre de Ramón Mercader combinada con el interés por conocer algo mejor los entresijos de la lucha por el poder soviético en los años veinte tras la muerte de Lenin así como las circunstancias precisas de la salida de Trotski de la URSS.

Muy completa visión del personaje que resulta con una imagen menos simpática de la que ha quedado de él en la cultura popular en cuya simplificación se ve muy favorecido por su fotogenia, por ser el archienemigo de un archivillano y por su martirio. Provoca interesantes reflexiones sobre las cualidades específicas que conforman el liderazgo político, los campos de batalla en la lucha por el poder, las pretendidas condiciones históricas aplicadas a las diferentes coyunturas y la capacidad de análisis y predicción.

En mis ratos de descanso he podido ver una película infame de 1972 sobre el asesinato. Más interesante ha estado la entrevista de RT con el nieto que aún vive en México.

 

01-01-2009: No indiqué que el programa radiofónico sobre Caridad del Río me descubrió que en el día de autos ‘la madre del artista’ estaba por los alrededores de la casa esperando en un coche con el agente soviético Eitingon. Aunque siempre había sabido que la ejecución del asesinato había sido muy chapucera y que Mercader fue detenido in situ desconocía este aspecto y quise ver si esta biografía ofrecía más detalles. No los da, de hecho a la madre ni se la menciona y al agente de Stalin se le llama Natan Eitingon, no sé si uno más de los muchos nombres falsos que suelen usar los espías o por mera confusión con el nombre Nahum (mi impresión es que se trata de lo segundo).

Leo que este libro fue criticado for sus muchos errores pero no he encontrado un lugar en el que se ofrezca una lista comprehensiva. Encontré uno en la página 427 en la que en el contexto de 1936 indica que Cárdenas facilitó el exilio a los republicanos españoles tras la victoria de Franco en la guerra al año siguiente. (Este era fácil para mí)

Otra cosa que quise comprobar era cómo de bien se manejaba Trotsky en español ya que la excusa de Mercader para acceder al gran hombre era solicitarle ayuda con la corrección de un artículo. Entiendo que el artículo estaría seguramente en francés ya que Mercader, que usaba el nombre Jacson, se hacía pasar por belga. Parece ser que además del ruso y el ucraniano Trotsky hablaba muy bien el francés y el alemán y que se defendía en inglés. No he encontrado ninguna grabación en español. En el libro se menciona que al llegar a México aprendió algo para manejarse socialmente pero que nunca leyó en castellano.


Propaganda soviética

19/11/2018

Opúsculo

Fisgando entre los estantes de mi viejo me encontré con el curioso opúsculo “Junto a los patriotas españoles en la guerra contra el fascismo”. De unas cincuenta páginas y publicado por la editorial de la Agencia de Prensa Novosti de Moscú en 1986 se puede encontrar fácilmente en Internet pero no deja de ser curioso tener en casa algo que viene de tan lejos, ya no tanto en distancia kilométrica como en periodo histórico. Resulta curioso que la URSS a pocos años de implosionar siguiera financiando servicios de propaganda hacia el extranjero.

Ahora que llevo un año y pico interesado en la historia militar me voy a quedar con algunos números sobre los famosos asesores:

En publicaciones occidentales se pueden encontrar cifras fantásticamente exageradas sobre la participación de los soviéticos en las operaciones militares en España. La realidad es que durante toda la guerra española combatieron y pelearon al lado de la República unos 3.000 voluntarios soviéticos, de ellos, 772 aviadores,351 tanquistas, 222 consejeros e instructores de diversas armas, 77 marinos de guerra, 100 artilleros, 52 militares de otras especialidades, 130 obreros e ingenieros de las fábricas de aviación, 156 radiotelegrafistas y otros trabajadores de transmisiones y 204 intérpretes. Con una particularidad: en España jamás estuvieron al mismo tiempo más de 600 u 800 soviéticos.
y la ayuda militar:
El volumen global de los suministros de material de guerra soviético se ve expresado en las cifras siguientes: desde la Unión Soviética se envió al Gobierno español 806 aviones de combate (principalmente cazas), 362 tanques, 120 autos blindados, 1.555 piezas de artillería, cerca de 500.000 fusiles, 340 lanzagranadas,15.113 ametralladoras, más de 110.000 bombas de aviación, cerca de 3.400.000 proyectiles de artillería, 500.000 bombas de mano, 826 millones de cartuchos,1.500 Tm de pólvora, lanchas torpederas, estaciones de reflectores para la defensa antiaérea, camiones, emisoras de radio, torpedos y combustible. No todos estos pertrechos bélicos llegaron a su lugar de destino, pues, como hemos señalado ya, algunos buques soviéticos y buques de otros países fletados al efecto fueron hundidos por los piratas italianos o conducidos a puertos que se hallaban en poder de los facciosos.
Este cuadernillo es poco más que un ejercicio de nostalgia con recuerdos de notables militares soviéticos y digo que es de propaganda porque en él se omite el espinoso asunto del pago de la ayuda soviética y el salto 1939-41 que la narrativa da de hasta la Gran Guerra Patria sin hacer mención del pacto Molotov-von Ribbentrop.

España, república de trabajadores (Iliá Ehrenburg, 1931)

11/11/2018

Libro

Entre mis lecturas de este fin de semana ha destacado la de uno de los libros que me traje de España hace unas semanas. “España, república de trabajadores” publicado en la URSS a principios de 1932 a partir de las experiencias españolas del interesante año anterior de Iliá Ehrenburg (lo encontrarán como Ilya y como Erenburg, Ehrémburg y varias combinaciones de formatos).

El título invita a presuponer un tipo de relato mucho más político que el que se acaba presentando, que en el fondo es más bien costumbrista y me recuerda a nuestro Camba salvando lugares y décadas. El propio autor admite en el prólogo a la edición española que es un libro escrito en ruso y para rusos, lo cual se deja ver en varios lugares de la obra, que no contiene notas explicando, por ejemplo, que el nombre de un establecimiento madrileño llamado Sakuska (закуска) significa entremés o que Jlestákov (hay un capítulo dedicado a los jlestakov españoles) es el personaje de una obra de Gógol.

Es un libro muy del año treinta y uno en el sentido de que no recoge la tradición española o la historia de longue durée y sí acontecimientos que resultaron de importancia en su momento (por ejemplo las apariciones marianas en Ezquioga, Guipúzcoa) y que luego acabaron en lo que Trotsky llamó el basurero de la Historia. En otro momento Ehrenburg comenta que en España no existe el subsidio de desempleo: curiosamente y tras décadas de atraso en esta materia acabó implantándose al año siguiente (1932). Por decirlo de otro modo, es un libro de corresponsal más que de historiador.

Oigo y leo con cierta frecuencia una frase de un por lo demás para mí oscuro autor inglés que dice que the past is a foreign country. Mira uno hacia atrás ochenta años y se encuentra con una país irreconocible de niños famélicos que hoy no aparecen salvo en la propaganda de Podemos y servicios de tren lamentables en Extremadura, que aunque en esto haya cierta continuidad me imagino que ya no se tarda ocho horas en hacer los 100 km que separan Cáceres de Badajoz. (Leo también que el trayecto Granada-Murcia eran quince horas).

El género del costumbrismo y los viajes da mucho margen de maniobra para la hipérbole. En dos párrafos consecutivos se dice que Madrid se pone en marcha cuando los funcionarios comienzan a trabajar alrededor del mediodía. Y si eso tan exagerado era así parece que ha cambiado a mejor, aunque la desidia de los empleados públicos siga siendo proverbial al menos está ya en otra dimensión y a continuación se comenta una peculiaridad inextirpable de la idiosincrasia española que ha condicionado el tipo de lucha política que se ha producido en el país durante al menos cinco siglos: todo el mundo es individualista y a la vez quiere cobrar del estado.

Entre las contradicciones que Ehrenburg percibió en la España de 1931 menciona la que se daba la entre el lenguaje político revolucionario y la situación de subyugación de la mujer o el caso del incendiario de iglesias que tras su jornada acudía a misa en un templo intacto. Yo diría que los revolucionarios de salón que no aplican sus convicciones en el ámbito privado y los anticlericales devotos son figuras que han llegado hasta nuestros días.

Hay más continuidades como lo del cambio de nombres de las calles, el cambio de actitudes de los políticos que llegan al poder y mantienen a su servicio las estructuras que antes llamaban a destruir, esos catalanes que se las dan de más europeos o más avanzados que el resto de los españoles. Cuando tenga ocasión me pondré con el diario del diputado pacense que había viajado a la URSS y dejó escrito que los popes eran judíos, afirmación o broma que Ehrenburg mienta.

Por último, el autor comenta que al llegar a Madrid lo registraron acaso en busca del “oro de Moscú”. Como estamos hablando de 1931 este no puede ser el famoso oro con el que la República pagó a Stalin el armamento soviético. Tras una búsqueda en varios idiomas veo que la expresión ya estaba consolidada a finales de los años veinte en el sentido de pagos o salarios que Moscú hacía en el exterior a cambio de propaganda o de favorecer sus intereses. Pero era oro que Moscú pagaba.


El general de Stalin

14/10/2018

Portada

Hace unas semanas me preguntaron por guasap a ver qué se puede hacer para leer más Historia. Algo que no se me ocurrió en aquel momento y que yo de hecho hago es centrarse aproximadamente en un país. Yo leo muchas cosas rusas, aunque en conjunto sería bastante correcto decir que no tengo ni idea de la Historia rusa. Aspiro a tener una idea más clara algún día pero de momento me conformo con los hallazgos sorprendentes que el pasado de este país me depara. Es la suficiente distancia como para que todo sea exótico y extraño y a la vez la suficiente cercanía como para que parezca que se alcanza a entender.

Durante el último año me he aficionado a algo que antes no me interesaba nada: la Historia militar. La culpa de esto la tiene la ingente cantidad de horas que paso en la carretera. El canal de esta nueva afición son los podcasts y recomiendo mucho el de Histocast cuyos episodios he disfrutado en su totalidad (van por la octava temporada, pero uno va al trabajo todos los días) y algunos incluso en dos o más ocasiones. La Historia militar me proporciona valiosas metáforas con las que explicar lo que hacemos en el trabajo, especialmente las muy sustanciales pifias que a menudo perpetramos. Al final tanto la guerra como el mercado son cadenas de distribución. Sigo siendo muy ignorante en asuntos bélicos pero intento enterarme de las cosas y tengo la sensación de que como lego las disfruto más.

Puede que la confluencia de estas dos esferas de ignorancia sea lo que haya provocado mi última lectura: Stalin’s General: The Life of Georgy Zhukov, biografía escrita por Geoffrey Roberts (2013) sobre el más destacado de los generales soviéticos de la Segunda Guerra Mundial: Gueorgui Zhúkov (o Yúkov, como también se suele ver escrito con y sin acento ortográfico y que se parece más a como se pronuncia).

Si partimos en tres la vida de Zhúkov (1896-1974) y hacemos que esas partes se correspondan con los periodos de antes, de durante y de después de la Segunda Guerra Mundial, diría que la parte que más me ha interesado es , curiosamente, la tercera. Mi expectativa inicial era el periodo bélico habría de ser lo que más llamara mi atención y ciertamente hay aspectos muy interesantes incluso con anterioridad a la Gran Guerra Patria. De la primera etapa, caraterizada por los orígenes humildes, el paso por el ejército zarista y el posterior alistamiento en el Ejercito Rojo quizá pueda decirse que sea típica en una biografía militar de la época pero a partir de ahí, por ejemplo, resulta fascinante pensar que en un lugar remoto de Mongolia la frontera con China forma una extraña línea recta alejada del cauce del río y que eso es debido al conflicto entre los rusos mandados por Zhúkov y los japoneses en Jaljin Gol en 1939.

La parte de la guerra contra Alemania es seguramente la mejor conocida. Los fracasos en la operación Marte y las de Viazma han alcanzado menor fama que éxitos como la brecha en el cerco de Leningrado, la victoria total de Stalingrado, Kursk o la carrera con Konev hacia Berlín. En esta parte, además de la organización de los frentes, son muy interesantes las relaciones con Pepe Stalin. La suerte o habilidad de haber sobrevivido a la Gran Purga de 1938 parece que van a seguir ayudando a Zhúkov en su siguiente etapa.

Para ilustrar que el libro no es una de esas hagiografías que abundan traduzco aquí un fragmento dedicado al pillaje en Alemania tras la victoria:

En lo relativo al pillaje el propio Zhúkov no estaba libre de pecado. Mientras estuvo en Alemania amasó una fortuna. En su tesoro en el que se incluían 70 joyas de oro, 740 objetos de plata, 50 alfombras, 60 cuadros, 3.700 metros de seda y 320 pieles. Zhúkov dijo luego que compró estos objetos o que fueron regalos pero su adquisición no era muy coherente con los principios socialistas que se le suponían ni con su insistencia moralista, tanto en aquella época como en sus memorias, de que el Ejército Rojo fue un ejemplo de disciplina en la invasión y ocupación de Alemania.

Como digo, lo realmente fascinante es la habilidad de sobrevivir física y políticamente tras la guerra en un periodo de camarillas y confabulaciones y eso tras pasar por dos caídas en desgracia con degradación y destierro incluidos. Desconocía la participación de Zhúkov en el arresto de Beria. Comparado con tiempos actuales me resulta curioso el uso del pasado que para sobrevivir en su presente político hace continuamente la nomenklatura soviética.

En vez de a Stalin, Zhúkov culpaba a Abakúmov y Beria de su castigo. De hecho Zhúkov creía que el dictador soviético lo había protegido evitando su arresto. Tras la muerte de Stalin, Abakúmov fue juzgado y ejecutado por abuso de poder y se convirtió en un conveniente chivo expiatorio para muchas de las purgas de la era de Stalin, incluida la de Zhúkov. Pero Abakúmov sólo habría podido actuar contra alguien de la estatura de Zhúkov con la bendición de Stalin y seguramente sólo tras ser incitado por él. El dictador soviético fue el responsable de la purga de Zhúkov y fue el propio Stalin quien determinó el nivel del castigo. El castigo en sí mismo (retirada de prebendas y destierro a las provincias) fuer relativamente moderado. Probablemente la mayor indignidad fue el ser eliminado de la Historia de la Gran Guerra Patria. No apareció en los cuadros que representaron el gran desfile de la victoria. En un documental de 1948 sobre la batalla de Moscú apenas se mencionaba a Zhúkov. En agosto de 1948 murió el general Rybalko y el nombre de Zhúkov fue omitido en la esquela de Pravda que contenía la lista con todos los demás mariscales de la URSS. En un póster de 1949 que mostraba a Stalin y sus generales planeando la gran contraofensiva de Stalingrado Zhúkov no aparecía por ningún lado.

Al final de su vida Zhúkov se dedicó a defender su legado y leyenda escribiendo memorias que como las de cualquiera tienen su parte de verdad y su parte discutible.

Cuando le preguntaron por los errores de Hitler durante la guerra Zhúkov dijo que en el nivel estratégico el dictador alemán había infravalorado la capacidad de la Unión Soviética y en el nivel táctico Hitler no había apreciado suficientemente la importancia de la coordinación de las diferentes ramas de las fuerzas armadas y que infravaloró la artillería por oposición a la aviación. “La fuerza aérea es un arma delicada. Depende mucho del tiempo y de otros factores”.

Me guardo un par de fragmentos para futuras entradas.

 


Un viaje por la historia de Ucrania

28/07/2018

Portada

Ese episodio del otro día con tropas griegas patrullando por Odesa durante la guerra civil rusa me ha recordado que tenía por leer un libro que compré diría que hace tres años, después de haber leído otro de la misma autora sobre el cerco de Leningrado. Se llama Borderland: A Journey through the History of Ukraine y como ya dije una vez borderland bien podría traducirse como extremadura. Lamentablemente el volumen no está en español ni he sido capaz de encontrar manuales de historia ucraniana que me hayan parecido solventes en nuestro idioma, así que me he puesto a leer en inglés con la intención de aprender y rememorar cosas de aquel viaje de 2010.

Eso sí, la primera versión del libro es de 1997 y la que tengo, de 2015 no es una edición revisada sino que a los diez capítulos originales (que yerran en varios de sus augurios) les han metido cuatro de propina para actualizar. A diferencia de otros países para los que una historia que llegara hasta finales del siglo XX reflejaría lo esencial, en el caso de Ucrania no es así y si no se cuenta lo que ha pasado desde la llegada de Putin al poder en Rusia y especialmente a partir de 2014, parece que no se entera uno de nada.

El libro de 1997 en vez de hacer un recorrido en orden cronológico presentaba una a una diversas partes del país para ilustrar procesos históricos de mayor calado. A mí me parece que peca un poco de la “enfermedad de la unidad de destino en lo universal”, enfatizando los elementos que invitan a pensar en una etnogénesis ucraniana más sólida, separada y  distintiva con respecto a la formación de Rusia de la que a mí (en mi ignorancia) me parece intuir que pudo darse.

Aquí me he enterado de que Joseph Conrad, del que sí sabía que era polaco, nació en un lugar que hoy es parte de Ucrania, lo que parece no importar demasiado a los actuales habitantes ucranianos del pueblucho, como suele suceder. Como los grandes villanos de la historia de la zona son alemanes y rusos la tensión entre polacos y ucranianos se suele dejar pasar aunque no sea poca cosa.

A pesar de su antagonismo circunstancias históricas parejas empujaron a Polonia y Ucrania hacia estrategias de supervivencia parejas. Para los polacos del siglo XIX y para los ucranianos hasta 1991 la idea de nacionalidad tomó un significado religioso, casi metafísico. Del mismo modo que los ucranianos de la diáspora se consideran a sí mismos parte de Ucrania a pesar de haber nacido y crecido en Canadá o Australia los exiliados polacos del siglo XIX no se consideraban menos parte de Polonia por haber pasado sus vidas en París o Moscú. Sus países existían en una especie de hiperespacio mental independiente de banalidades tales como gobiernos o fronteras. “Polonia no se ha perdido aún” era el título de una marcha napoleónica, “Ucrania no ha muerto aún” el poco inspirador primer verso del actual himno ucraniano.

Hablando de la cuenca del Donetsk se dice que esta ciudad se llamó antes Yuzovka en honor al industrial minero galés John Hughes y que la palabra minero en ruso –shajtior– tiene un tono mítico (su equivalente ucraniano es shajtar, tal y como se llama el equipo de fútbol local). Veamos lo que decía la autora en 1997 de esta zona del país ahora convertida en la poco reconocida República Popular del Donetsk:

Para conservar su independencia Ucrania debe mantener contento al este rusófono que, densamente poblado y muy industrializado, tiene mucho que decir en el país. En las primeras elecciones tras la independencia fueron los votos orientales los que entregaron la victoria a Leonid Kravchuk, antiguo jefe del Partido ante Vyacheslav Chornovil, antiguo disidente y dirigente del movimiento independentista. En 1994 fueron los votos orientales los que echaron a Kravchuk, que para entonces era el niño bonito de los nacionalistas, favoreciendo a Leonid Kuchma, exdirector de una fabrica de misiles en la ciudad rusófona de Dnipropetrovsk. Curiosamente, el año anterior Kuchma había tenido que dimitir como primer ministro cuando miles de mineros del Donbass llegaron a Kiev pidiendo aumentos de sueldo. La peor pesadilla de los políticos ucranianos es el separatismo del Donbass, el temor de que un día Ucrania oriental quiera la autonomía o apueste por volver a unirse a Rusia.

Hablando de la batalla de Poltava (1709) se nos dice que en los noventa “descendientes de los soldados allí abandonados pueden verse ante la embajada sueca en Kiev para solicitar la ciudadanía de un país que sus antepasados dejaron tres siglos antes”. No me parece que pueda haber tantos descendientes de suecos como para que ni en los peores momentos hubiera una cola más o menos permanente pero sí que recuerdo que antes de ir a Ucrania me sorprendió saber del pueblo de Gammalsvenskby donde algo de la cultura sueca ha sobrevivido durante muchas décadas casi en el mar Negro.

Como lo de cambiar nombres de calles es un tema muy hispánico, un fragmento sobre cómo se produjo en Odesa tras el fin del comunismo:

Más deprisa que ningún otro lugar Odesa se está desprendiendo de su monocromático barniz soviético para revelar la antigua identidad multiétnica que subyace. La calle de Carlos Marx ha vuelto a ser Yekaterniskaya; la de Lenin, Richelyevskaya; la de Karl Libknecht, Griecheskaya (griega). Babelya, que llevaba el nombre del gran novelista odesita Isaac Babel se ha convertido en Yevrevskaya (calle hebrea). Del mismo modo que fueron extranjeros quienes construyeron la ciudad son extranjeros los que le están volviendo a dar vida. Una empresa suiza ha reformado el antiguo y grandioso Hotel Londonskaya, que es ahora una de las guaridas preferidas de negociantes confabuladores. Unos chipriotas han abierto un casino en el edificio de la antigua bolsa de valores donde ahora trabajan croupiers de Liverpool y son italianos los que han renovado el puerto desde el que pequeños comerciantes y prostitutas recorren de nuevo las antiguas rutas que van a Haifa, Alejandría o Estambul.

Odesa es una ciudad sobre la que me gustaría saber más cosas. La autora dice que fue fundada por un mercenario hiberno-español (o hispano-irlandés que tanto monta). No puede ser otro que José de Ribas, pero no le he encontrado la conexión irlandesa y el apellido Boyons no me parece prometedor. Tampoco encontré nada sobre las tropas griegas (en apenas dos líneas dedicadas al episodio sólo se habla de los franceses). Eso sí, por fin me ha quedado claro que el Duque de Richelieu cuya estatua está al final de la mítica escalera era sobrino nieto del famoso cardenal. Me hace falta un buen libro con la historia de Odesa.

La perspectiva rusa de las cosas está basada en la escasa entidad o importancia de la identidad y la lengua ucranianas:

La rusificación no se dio sólo en Ucrania. La sufrieron todas las naciones del imperio tanto bajo el zariano como bajo el comunismo. Sin embargo, la rusificación se dio con mayor determinación y éxito en Ucrania que en ningún otro lugar. En primer lugar Ucrania se unió al imperio más temprano: Las tierras ucranianas al este del Dniéper fueron a Rusia en 1686, Estonia y Letonia fueron conquistada veinte años después, el Cáucaso y Finlandia no lo fueron hasta finales del siglo XIX. Ucrania fue para Rusia lo que Irlanda y Escocia fueron para Inglaterra – no una posesión imperial como Canadá y la India, sino parte del centro irreductible. De ahí que el comentario (probablemente apócrifo) de Lenin de que “perder Ucrania sería perder nuestra cabeza” y el sueño de nacionalistas románticos como Solzhenitsyn de que Rusia, Ucrania y Bielorrusia un día volverán a unirse.

En segundo lugar, los rusos consideraban y aún consideran a los ucranianos como una subespecie de rusos antes que nada. Cualquier diferencia que existiera entre ellos seria la obra artificial de los pérfidos papistas polacos, que en la imaginación rusa actual han sido sustituidos por la intromisión de Occidente en general. En lugar de atacar a los ucranianos y a la identidad ucraniana como algo inferior lo que los rusos hacen es negar su existencia. Los ucranianos son una “nación no histórica”, el idioma ucraniano un dialecto de broma, Ucrania misma una Atlántida -una ensoñación legendaria de ciertos intelectuales ucranianos” en palabras de un parlamentario de Donetsk. La proximidad de las culturas rusa y ucraniana, la sutiliza de las diferencias entre ellas es algo irritante. La razón por la que los lituanos y los kazajo rechazan considerarse rusos es perfectamente obvia pero que los ucranianos quieran hacer lo mismo es simplemente indignante.

El Edicto de Ems:

En 1876 la rusificación alcanzó su culmen mediante el Edicto de Ems. Mientras tomaba las aguas en esa ciudad balnearia alemana Alejandro II firmó un decreto que prohibía la importación y publicación de libros y periódicos en ucraniano así como  todo tipo de conciertos, conferencias y espectáculos en ucraniano, toda la educación en ucraniano incluida la preescolar. Los libros en ucraniano serían eliminados de las bibliotecas escolares y los maestros ucraniófilos transferidos a la Gran Rusia. Durante las epidemias de cólera incluso los avisos sanitarios se pondrían sólo en ruso.

Entre las cosas leopolitanas y en general de la otrora multiétnica Galizia oriental me sorprende esta anécdota que si ya sería rara en los noventa del s XX hoy en día debe de ser imposible:

De todos los gobernantes de Lviv son los austriacos los únicos por los que los ucranianos retienen algún tipo de afecto. Todavía puede encontrar uno ancianos que silban la marcha “Ich hat’ einen Kameraden” (Yo tenía un camarada) y babushkas que cuando se les pregunta la hora responden “¿la vieja o la nueva?” ya que sus relojes están aún puestos a la hora oficial en tiempos del benigno y patilludo emperador Francisco José.

Aquí gracias a un fragmento de la Baedecker me he enterado de que la colina de las ruinas del gran castillo leopolitano por donde subimos años ha (Vysoky Zamod) se llamó en sus tiempos Franz-Josef-Berg. Veamos un chiste austrohúngaro de finales del siglo XIX:

Un policía para a un socialista polaco que va a cruzar la frontera de Galitzia. Cuando le pregunta a qué se refiere cuando habla de “socialismo” el polaco responde “es la lucha de los trabajadores contra el capital” a lo que el policía replica “En ese caso puede usted entrar en Galitzia ya que aquí no tenemos ni de lo uno ni de lo otro”.

Era la región más pobre del imperio austrohúngaro, lo cual supuso muchas cosas:

Para muchos la ruta de escape fue la emigración. En los veinticinco años anteriores a la Primera Guerra Mundial más de dos millones de campesinos tanto ucranianos como polacos abandonaron Galitzia. De ellos unos 400.000, que suponían el 5% de la población de la provincia lo hicieron en 1913. Unos fueron a las nuevas fábricas de la Silesia polaca y otros a Francia o Alemania pero la mayoría embarcó hacia Canadá o los Estados Unidos fundando la diáspora ucraniana en Norteamérica que a día de hoy está conformada por unos dos millones de personas.

Identidad nacional a la carta, que también es una cosa muy española:

Para los habitantes de Ucrania con estudios la identidad nacional era una cuestión de gusto personal. En muchas familias hubo individuos que se convirtieron en prominentes ucranianos mientras que otros seguían considerándose a sí mismos rusos o polacos.

La primera gramática ucraniana apareció en 1818 (su compilador creía que estaba registrando un dialecto en extinción) y el primer diccionario breve en 1823:

El ucraniano está aún en estado de flujo. El vocabulario técnico está subdesarrollado y necesita tomar préstamos a mansalva del alemán y del inglés (de cualquiera menos del ruso). También hay variaciones entre el ucraniano influenciado por el ruso de las provincias centrales y el influenciado por el polaco de Galitzia, que fue anatemizado por los soviéticos como nada ucraniano sino una forma bastarda de polaco. Un amigo ucraniano que creció cerca de Lviv recuerda que en la escuela le decían que “el idioma que hablamos es impropio, muy malo, incorrecto, un tipo de dialecto…. y que en algún lugar existe el ucraniano correcto pero que es diferente, no el que hablamos, claro.”

A continuación dejo apenas tres datos sobre tres momentos históricos pero cuya la magnitud se debe tener en cuenta por los millones de de seres humanos a las que afectaron:

La Gran Guerra:

En el momento en que se declaró la guerra en julio de 1914 los ucranianos se encontraron divididos en dos ejércitos opuestos: tres millones y medio de soldados en el ruso y un cuarto de millón en el ucraniano.

La hambruna de 1932-33

Con más muertos que todos los de la Primera Guerra Mundial en todos los bandos juntos la hambruna de 1932-33 fue y aún es una de las atrocidades de la historia humana de la que menos se ha informado, un hecho que contribuye poderosamente al persistente sentido de victimización ucraniano.

La Segunda Guerra Mundial:

En los meses finales de la guerra miles de prisioneros fueron empujados hacia el oeste en marchas de la muerte similares a las de los campos de concentración. En total, de los 5,2 millones de soldados soviéticos hechos prisioneros por Alemania durante la guerra dos millones están registrados como muertos en campos y otro millón trescientos mil cae en la categoría de “huidas, exterminaciones, no contabilizados, muertes y desapariciones en tránsito. Tomando la cifra más conservadora de dos millones de muertes los campos de prisioneros del Frente Oriental causaron un tercio de las muertes de las que causó el Holocausto.

Tras mucho hablar sobre Chernóbil y el fin del comunismo el libro de 1997 se cierra con una serie de conjeturas sobre el futuro de las cuales la que más me divierte es esta, de un analista de Reagan:

“Hay una historia de Turgenev” dice “un hombre está tumbado al sol en la hierba. Una campesina llega y le trae pan y leche. Piensa para sus adentros – “¿Para qué necesitamos Constantinopla?” Rusia está así ahora con respecto a lugares como Crimea.

Dejo los cuatro capítulos agregados y que cubren (1997-2015) para comentarlos tras una relectura. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde el 97, seguramente en Ucrania más que en ningún país de Europa occidental. Entre las pequeñas pude ver en Leópolis hecha realidad la estatua de von Masoch que se había propuesto y Kirovogrado se llama Kropyvnytskyi. Entre las grandes las hay que van muy despacio, y otras que llaman más la atención como todo aquello de la revolución anaranjada, pero sobre todo la guerra que se inició en 2014 y la pérdida de Crimea. Ahora se ha dejado de poner el foco en aquella parte del mundo pero aún hay mucho por escribir.