Gulag de Anne Applebaum

17/06/2018

Portada

He estado un par de semanas enredando con este libro de la biblioteca local. Gulag: A History de Anne Applebaum. Me gusta el apellido hebreo e híbrido angloalemán de la autora, que significa manzano. Quería completar ciertas carencias de conocimiento. La información sobre el Gulag nos llegó tarde a Occidente y en algunos sectores no quisimos creerla o al menos no del todo. En los años ochenta todavía había quien creía que la Unión Soviética era la patria de los trabajadores de la Tierra y si se escarba un poco todavía se encuentra uno a alguno así en Tuíter o en algún foro, sea por puro despiste o por pura maldad. El caso es que los campos de trabajo forzados soviéticos no han dejado la impronta en la memoria colectiva que sí dejaron los de los nazis. Esto es bastante sorprendente para un sistema de castigo y muerte por el que pasaron dieciocho millones de personas. En parte será debido a la menor documentación visual, en parte porque se considera un asunto de política interna y no internacional y también porque en los genocidios hay categorías y uno puede por ejemplo hacer apología, revisionismo o negacionismo del genocidio camboyano hasta puntos inimaginables si se compara con el exterminio de los judios europeos. Y en esto el Gulag no anda lejos.

Una idea interesante es que a diferencia de los campos de concentración y exterminio nazis los del Gulag no estaban herméticamente separados del exterior. Los que estaban en lugares remotos a los que no llegaban carreteras no necesitaban estarlo. Hay una idea que parece ser solchenichiana y que me gustó (aunque sea más que discutible), que la de que los prisioneros llamaban al perimetro del campo “la zona pequeña” y al resto del territorio “la zona grande”. Considerar a la URSS un inmenso campo de concentración da lugar a ciertas comparaciones interesantes y tiene valor propagandístico pero quizá no ayude lo suficiente a la comprensión de lo que era el Gulag ni de lo que era la URSS.

Siempre me interesa lo relacionado con Norilsk, una ciudad que hace años que me fascina estéticamente hasta el punto de que he recorrido todas sus avenidas en el streetview de Yandex:

Hacia los años cuarenta, las ciudades que estaban en el centro de los complejos de campos más vastos (Magadán, Vorkutá, Norilsk, Ujtá) eran asentamientos grandes, animados, con tiendas, teatros y parques. Las oportunidades de vivir bien habían aumentado enormemente desde los primeros días del Gulag. Los jefes superiores en los campos más grandes conseguían salarios más altos, mejores casas y vacaciones más largas que aquellos que trabajaban en el mundo laboral ordinario. Tenían mejor acceso a alimentos y a bienes de consumo que eran escasos en otras partes. “La vida en Norilsk era mejor que en cualquier otra parte de la Unión Soviética”, recordaba Andréi Cheburkin, un capataz en Norilsk, y después burócrata local.

No he conseguido averiguar más sobre el español que se menciona en el libro y que escapó a Irán tras un terremoto. Hace unos años vi el interesante documental Los olvidados de Karagandá, que trataba el destino de varias decenas de españoles que experimentaron el infortunio de aquel campo en Kazajistán soviético.

Historias terribles hay a patadas así que omitiré la brutalidad de la tortura y el hambre y la muerte y para ilustrar el sistema me quedaré en la temperatura:

En teoría, cuando hacía demasiado frío o cuando la tormenta era inminente, los prisioneros no debían trabajar en absoluto. Vladimir Petrov afirma que durante el régimen de Berzin en Kolimá, los prisioneros dejaban trabajar cuando la temperatura a -50ºC. En el invierno de 1938-39, tras la caída de Berzin la temperatura tenía que bajar a -60ºC para que cesara el trabajo. Pero ni siquiera esta norma se seguía siempre, escribe Petrov, ya que el único de la mina que tenía un termómetro era el capataz.

No me resisto a una barbaridad. Al parecer ocurrió varias veces que dos prisioneros se compinchaban para escapar y convencían a un tercero que habría de ser el avituallamiento.

Una palabra del Gulag que puede ser interesante importar es tufta, que define al trabajo de poca calidad hecho para aparentar que se está cumpliendo con la cuota asignada.

Hace años descubrí unos libros que trataban el el tatuaje en el mundo criminal ruso. Un submundo apasieonante. Una de las curiosidades ha sido el detalle de que había prisioneros que se tatuaban el rostro de Lenin o el de Stalin en el pecho en la creencia de que ningún pelotón de fusilamiento dispararía sobre ellos.

El Gulag era kafkiano en el sentido de El Proceso por la cantidad de gente que acababa allí sin saber por qué. Esto puede que sea una excepción histórica. Quizá el caso camboyano pueda añadirse ahí. En general a lo largo del tiempo la gente que sufre un destino semejante suele saber por qué lo cual hace más factible guardarse, defenderse o cuidarse de no acabar ahí. No sé cuánto de lección encierra más allá de que es muy importante defender los controles y contrapesos. Si la revolución rusa hubiera instaurado un sistema de garantías quizá no hubiera degenerado del modo en que lo fue haciendo en sucesivas ocasiones. En nuestro mundo política occidental persisten siniestros payasos de elevados ideales que no se compadecen demasiado con su conducta personal. Aunque acumulan el sectarismo necesario para desear algo así ni su poder ni su capaz organizativa dejan entrever que fuera posible, pero en todo caso y con vistas a impedir este escenario en la lección es que la superviviencia de la civilización está en la defensa de las leyes y las fronteras.

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SPQR de Mary Beard

13/05/2018

SPQR

Entre muchas experiencias intelectuales fallidas me viene a la memoria una asignatura llamada Derecho Romano que cursé a los 18 años y con total ignorancia sobre la Roma antigua y del latín más básico. Aquello fue un despropósito del que apenas recuerdo cuatro nombres de contratos (la mancipatio me cayó en el examen oral) y alguna de esas frases sueltas como “la concesión de la latinindad por Vespasiano y la de la ciudadanía por Caracalla en el año 212” para adornar cualquier respuesta independientemente de cuál fuera la pregunta.

Este fin de semana nos hemos puesto con un libro en el que nos hemos enterado de que con aquel acto Caracalla “legalizó a más sin papeles” (unos 30 millones) que nadie en ningún otro momento de la Historia. SPQR es un libro sobre la historia de Roma que no llega a ser un tratado intensivo pero que arroja algo de luz o al menos ciertas preguntas hacia zonas que suelen quedar en la oscuridad cuando se mira al Imperio Romano como una sucesión de emperadores, batallas y conquistas territoriales. Los problema que yo experimenté de joven con los tomos de Arias Ramos pueden manifestarse aquí de idéntico modo así que quizá recomendaría comenzar por el cronograma del final y hacer primero ciertas averiguaciones que hoy en día están a golpe de tecla. Hay quien ha escrito que SPQR es el segundo libro que uno debería leer sobre la historia de Roma.

Se verán muchas cosas, de entre las cuales las que a mi más me ha interesado tienen que ver con la evolución del pensamiento, que suele dejar menores restos arqueológicos que las infraestructuras. Para tener un ejemplo, traduciré este fragmento que aborda las diferencias entre la religión romana y la moderna:

En Roma no había doctrina como tal, ni libro sagrado ni tan siquiera lo que podríamos llamar un sistema de creencias. Los romanos sabían que los dioses existían, no creían en ellos en el sentido internalizado que es común a las religiones modernas del mundo. La antigua religión romana tampoco se preocupaba especialmente de la salvación personal o la moralidad. En vez de esto se concentraba en la práctica de ritos que prentendían conservar las buenas relaciones entre Roma y los dioses para así asegurarse el éxito y la prosperidad.

Este otro trata de la situación de la mujer romana y del desequilibrio entre los sexos. Son cuestiones que a veces se consideran prepolíticas y que en cierto modo nos ponen al imperio en el mismo plano que algunas zonas rurales de Afganistán. Seguramente tienen más que ver con condiciones sociales estructurales, modos de producción, desigualdades sociales y demografía de elevada mortalidad que con lo que hoy denominamos política, pero interesante pensarse las diferencias entre aquel mundo y el nuestro:

Que el primer matrimonio de una joven romana se produjera a la edad de catorce o quince años no tenía nada de especial. El compromiso de Tulia el que habría de ser su primer marido se acordó cuando tenía once años y el matrimonio fue a los quince. Cuando en el año -67 Cicerón habla de desposar a la pequeña Tulua con Gayo Calpurnio Piso “pequeña” ha de tomarse en el sentido literal. Ático ya estaba considerando futuros maridos cuando su hija tenía seis años. Se podría esperar que la elite pactara estas alianzas más temprano pero  entre los epitafios de la gente común hay numerosas muestras de chicas casas en la adolescencia y en ocasiones tan jóvenes como con diez u once años. Si estos matrimonios se consumaban o no es una pregunta incómoda e imposible de responder. Del mismo modo parece que los hombres se casaban por primera vez a los veintitantos años de edad con una diferencia de edad con la novia de unos diez años de promedio. Algunas mujeres acabarían casándose con un hombre más viejo aún en su segundo o tercer matrimonio. Fuera cual fuera el grado de libertad de las mujeres romanas su subordinación tenía una base importante en el desequilibrio entre un hombre adulto y lo que hoy llamaríamos una esposa niña.

Podría poner muchos más como estos, la idea es mostrar diferentes áreas de la vida romana. A mí me llaman la atención los relacionados con la logística: el tráfico de aceite de la Bética a la urbe que produjo el monte Testuccio de Roma o el traslado del granito del monte Claudiano de Egipto convertido en columnas para el Panteón de Agripa y Adriano, que me sugieren que al igual que muchos imperios Roma había abarcado de más  y no podía apretar.

Veredicto: Hay erudición más que de sobra pero les será poco útil sin la estructura. Consíganse el andamiaje y vuelvan a por el conocimiento. Yo intentaré volver a echarle un vistazo dentro de una década o algo así.


Estadounidenses en la Guerra Civil Española

07/05/2018

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En el mundo anglosajón el 1º de mayo no ha tenido tanto éxito como en el resto y no suele ser festivo. En Irlanda el festivo es el primer lunes de mayo. Estoy aprovechando el fin de semana de tres días para ponerme al día con lecturas. Ayer me metí un chute de guerracivilismo con un libro de 2016 que lleva el nerudiano título Spain in Our Hearts y trata sobre los estadounidenses y algunos ingleses que estuvieron en la guerra de España. No creo que sea un libro que vaya a despertar demasiado interés entre el público español (hasta donde sé ni siquiera está traducido), pero viviendo en una isla que fue parte del imperio Británico es el tipo de volumen al que tengo acceso y no está mal del todo lo de mirar desde el punto de vista del otro, aunque en general España y los españoles quedan reducidos en este texto a poco más que el decorado en el que una serie de periodistas sobre los que ya se ha escrito mucho y de idealistas proyectaron con mayor o menor fortuna su compromiso con ciertas ideas y su afán aventurero.

Libro de periodista y no de académico, con el molesto inconveniente de que no haya numeritos que lleven a las referencias, me ha parecido bastante deudor de los de Paul Preston . Más que en la bibliografía su mérito reside en la cantidad de fuentes no publicadas que se citan. La prueba del algodón por la que no supera mi prejuicio es que al autor ¿Por quién doblan las campanas? y Homenaje a Cataluña le parezcan libros admirables.

Hablando de prejuicios,, hay ciertos detalles en el texto que están hechos a la medida de las ideas preconcebidas del público en lengua inglesa, como aquí una referencia fuera de lugar a la Inquisición, a la que parece considerar un periodo histórico per se (el Tribunal de la Inquisición operó entre 1478 y 1834).

[…]the “key plotter” was General Francisco Franco. “Ambitious and pu­ritanical, an architect of the elite Spanish Foreign Legion, he was driven by a fierce belief that he was destined to save Spain from a deadly conspiracy of Bolsheviks, Freemasons, and Jews (no matter that King Ferdinand and Queen Isabella had expelled the latter from their realm in 1492, during the Inquisition, and that few had ever returned).

Por otra parte hay ocasiones en las que en vez de bajar el nivel al de su público intenta elevar a este último. Me gusta la siguiente explicación, en especial debido a que con el tiempo voy encontrando referencias en español a “los nacionalistas” o “el bando nacionalista” que parecen ser retrotraducciones:

The military rebels called themselves Nacionales, a term “rather stronger”, the historian Paul Preston explains, in its connotations of ‘the only true Spaniards’ than the usual English rendition of `Nationalists´.

En otras ocasiones pequeños detalles delatan que el autor no es precisamente un experto en España. Muchas veces he contado que deseché un sesudo análisis sobre el chavismo al ver que el autor escribia “chávismo” con acento en la a. El autor de este libro no parece ser consciente de que Guernica o Gernika suenan exactamente igual y que entre una lengua y otra no cambia el nombre sino lo que ellos llaman spelling. Lo de que los vascos hayan sido independent-minded a lo largo de la historia anterior a 1890 sería muy discutible, pero es otra confirmación tópica. Son pistas de calidad.

Guernica (today usually called by its Basque name, Gernika) had long had a special place in the history of the independent-minded Basques.

Lo que más interesante me ha resultado es la historia de Torkild Rieber, el presidente de la Texaco que concedió un crédito ilimitado de combustible a Franco, un campo este que no se suele destacar cuando se cuenta la guerra a grandes rasgos. Se habla mucho de la asistencia extranjera en armamento y poco de lo que ese armamento necesita para operar. En este libro se cuenta cómo Texaco operando en el puerto de Constanza en Rumania pasó información al bando rebelde sobre qué barcos estaban abasteciéndose con petróleo destinado a la República, un nivel de colaboración inédito para un empresa petrolera. El barco rumano fue bombardeado y hundido con posterioridad.

Me hubiera gustado mayor exhaustividad al tratar la XV Brigada Internacional. Quizá una historia de la Brigada Abraham Lincoln habría sido un libro diferente. Quizá hubiera sido más justo subtitular: algunos estadounidenses.

Mi veredicto: Aprobado raspado. Sólo para los muy interesados en la guerra civil española o en Hemingway.

 


Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.


La decadencia de España

11/12/2017

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He pasado varios meses arrastrando la lectura de la Historia de la decadencia de España que Cánovas del Castillo escribió sobre el siglo XVII español (1598-1700). Lo hizo en 1858 a la edad de 26 años (lo cual es especialmente admirable cuando uno piensa con qué andaba entreteniéndose a esa edad) antes de convertirse en uno de los grandes políticos españoles del siglo XIX. Aviso de que no lo voy a recomendar. Creo que sólo he podido acabarlo gracias a que lo tenía en el Kindle y así, a ratos de autobús de los que por desgracia no ando escaso, he ido tragando páginas y millas de un modo que llevando a cuestas el mamotreto de más de ochocientas páginas hubiera sido imposible.

Mi veredicto sobre el libro es bastante negativo y sí se me ocurre que una de las causas de la decadencia de España podría ser el haberse mirado a sí misma desde este ángulo y haber escrito Historia así. La erudición de Cánovas era monumental aunque me da la sensación de que no estaba demasiado bien estructurada.

Mi primera inclinación es por negar la mayor y suponer que quizá ni en su dorado siglo XVI España alcanzara tanta grandeza como se suele suponer. Este tipo de relato histórico basado en alianzas matrimoniales, batallas, tratados de paz e intercambio de territorios dista de ser la historia del país real. A mí me parece que quedan confundidos los intereses del país y la protonación con los de la casa reinante centroeuropea que los gobernaba.  No soy partidario del tipo de narración histórica que una vez oí denominar “acontecimental” (término horrible, soy consciente) por oposición a la historia social que nos hubiera explicado, qué sé yo, si el excedente de cereal en Castilla en el siglo XVI permitió la financiación de una flota, o cuantas calorías podía consumir al día un campesino en los diferentes reinos o cuán altos o bajos eran el indice de alfabetización y la tasa de mortalidad infantil.

Cánovas escribe desde un patriotismo decimonónico que hoy nos resulta patriotismo mal entendido y tiene ideas que en nuestra época resultan extrañísimas como que la frontera natural de España esté en los montes del Atlas o que Francia sea y siempre vaya a ser enemiga natural de España. La mera idea de que la grandeza del país se alcanza mediante la conquista de territorios lejanos y la guerra es en sí pensamiento decadente y causa de decadencia. La casa de Austria tendría muchos intereses en Lombardía y Flandes, pero los españoles ninguno. Todo lo que haya contribuido a retrasar la aparición de los españoles como sujeto político y todo lo que haya supuesto falta de desarrollo científico y mejora de las condiciones materiales de vida es, si no decadencia, atraso. Otra extraña idea canovista (las naciones no pueden prescindir del honor) siguió trayendo más decadencia al solar patrio en décadas por venir.

No recomiendo perder demasiado tiempo con este libro, pero sirve para echar un vistazo al estado de la historiografía a mediados del XIX y el marco cognitivo del que provino la acción de uno de los próceres españoles que marcaron su siglo. Creo que sería sencillo hacer un análisis de la decadencia de España en pocas páginas que fuera mucho más certero y en el que aparecieran mucho algunas palabras que aparecen poco el texto de Cánovas, como ciencia y comercio, y otras que no aparecen nada como absolutismo, analfabetismo y superstición.


Los muchachos de zinc

04/12/2017

Boys in Zinc

El domingo por la mañana había empezado a leer Boys in Zinc de Svetlana Alexiévich y el Embajador me manda un artículo sobre transliteración rusa. El propio apellido de la Nobel bielorrusa plantea una de las elecciones típicas: Alexiévich o Aleksiévich. Los muchachos de zinc trata sobre la invasión soviética de Afganistán y es de nuevo un mosaico con las experiencias de soldados, enfermeras, viudas y parientes cuyas vidas se vieron afectadas por la decisión que tomó la Unión Soviética en 1979 de “proteger” su frontera meridional a través de lo que se suponía que iba a ser una misión internacionalista que iba a construir puentes, hospitales y escuelas. En el avispero afgano, precisamente.

Mi mujer conoce a una rusa que estuvo allá como enfermera. De hecho, una de las historias me ha recordado mucho a la suya. Por lo que he oído, esta señora, que tendrá ya unos sesenta años, perdió su posibilidad de concebir a causa de la metralla de una explosión y también ha acabado teniendo problemas con el alcohol.

Este fragmento que recojo de la traducción española de Yulia Dobrovolskaia me recordó las historias de los cubanos que me contaba uno de Angola que trabajó conmigo:

Sí, nuestros muchachos se lo vendían todo. No se lo reprocho… No… En la mayoría de los casos. ¡Morían por tres rublos al mes! El sueldo mensual de nuestro soldado era de ocho vales. Eso equivale a tres rublos… Los alimentaban con carne podrida, con pescado pasado que olía a herrumbre.. Todos padecíamos escorbuto, a mí se me cayeron los dientes incisivos. Ellos vendían las mantas y compraban hachís. O algo dulce. O bagatelas… Los tenderetes allí son tan llamativos… Había montones de baratijas atractivas. Aquí en la Unión Soviética, no hay nada parecido, ellos nunca lo habían visto. Así que vendían sus armas, hasta los cartuchos, y después con esos mismos fusiles y con esos cartuchos los mataban. Compraban chocolate… Bollos…

Estaba buscando el texto de la edición española para otro trocito que había anotado y sin haber visto la original me parece que a los españoles se lo dan más mascado que a los anglos:

At the political awareness sessions they spoke to us about heroism. Afghanistan, they told us, is the same as Spain all over again.

Lo tenía marcado porque parece indicar que en la URSS a principios de los años ochenta la mera mención de España aún evocaba la guerra civil en la memoria colectiva, En la versión inglesa sólo dice España, pero en la traducción española habla de “las brigadas internacionales que lucharon en España contra los nazis” y si la traductora se lo ha inventado dando por supuesto que muchos españoles no entenderían que quiere decir “España” en ese contexto, creo que se ha equivocado y mucho, ya que en las brigadas internacionales no hubo apenas soviéticos y la referencia tendría que hacerse a los dos mil asesores militares, pilotos y tanquistas que Stalin envió a la República. Y me da rabia, porque ahora ya tengo que buscar un libro en un idioma que desconozco para encontrar una página y satisfacer mi curiosidad.

En fin, otro Vietnam pero sin Hollywood, mucho síndrome de estrés postraumático, mutilados, alcoholismo y suicidios y la injusticia de una suciedad y que la victoria tiene muchos padres y las derrotas ninguno. En general leo a Svetlana Alexiévich como hojeo los informes del trabajo, hasta que de pronto se me clava una de esas frases punzantes de alguno de sus protagonistas. He vuelto a pensar hasta que punto no falsea la realidad su selección personal de horas y horas de grabaciones en cintas y cuántos otros libros distintos no podrían haberse escrito a partir de estrictamente el mismo material.

Me ha parecido que @unesceptico y yo hemos ordenado la bibliografía de la autora en el mismo orden de prelación. Creo que sólo habrá otro par de piezas que intercalar.


Muerte del sueño americano

16/11/2017

Hace unas semanas escuché un buen programa de radio de la BBC que trataba sobre los orígenes de la idea del “sueño americano”. Estadounidense. La idea central es que tanto la expresión como el concepto son más modernos de lo que suele creerse. Muchos tienden a ubicarlo con George Washington cruzando el Delaware o en la colonización del Oeste pero es de los felices veinte.

Además de su periódo histórico en el programa discutían la esencia del concepto: si se trata de un sueño de libertad individual, de democracia, de trabajo, de condiciones de vida, de materialismo… También a quién está abierto ya que en gran medida ha sido un sueño “blanco” en el sentido de que ha estado limitado étnicamente.

A mí me parece que el concepto dentro de la cultura sociopolítica estadounidense da para mucho y no soy muy partidario de una definición cerrada y de libro de texto de propaganda como es la que dan a día de hoy en la página de referencia de casi todo el mundo:

The American Dream is a national ethos of the United States, the set of ideals (democracy, rights, liberty, opportunity and equality) in which freedom includes the opportunity for prosperity and success, as well as an upward social mobility for the family and children, achieved through hard work in a society with few barriers. In the definition of the American Dream by James Truslow Adams in 1931, “life should be better and richer and fuller for everyone, with opportunity for each according to ability or achievement” regardless of social class or circumstances of birth.  Library of Congress. American Memory. “What is the American Dream?”, lesson plan.

Será que yo no tengo que convencer a nadie de nada. Siempre fui muy escéptico con esto del “sueño americano”, aunque en general, habiendo vivido en el mundo anglo tantos años tiendo a ideas bastante más liberales que las de la mayoría de los hispanos. También es verdad que no soy lo que podría llamarse un liberal “puro”. No entiendo la dejación del Estado en sanidad ni me parece tolerable que la medicina se convierta en un negocio del que se pueda excluir a los que no tienen. En Estados Unidos hay mucha gente así y esto me parece parte de lo que convierte al sueño en pesadilla.

Hubo un día de hará unos cuatro años en que percibí el American Dream como un fraude mayor que todas las cosas y fue ojeando un informe del Credit Suisse sobre la riqueza en el mundo. Los EEUU eran uno de los países del mundo con mayor riqueza per cápita. En cambio si en lugar de mirar la media se miraba la mediana, resultaba que el español mediano (o sea, de los 46 millones de españoles el que esté en el puesto 23 millones si se ordena a todos por su riqueza) poséia bienes por valor de unos 70.000 dólares; mientras que el estadounidense mediano (de los 300 millones el que esté en el 150 millones o por ahí) tenía unos 50.000 dólares.