Segundas partes

12/01/2017

En agosto de 2014 una reclutadora de una de esas compañías de Internet que todos conocéis y en la que la probabilidad de que tengáis cuenta es elevada me escribió un correo para ver si podíamos hablar de un puesto que había disponible en su empresa y que era muy similar al que yo andaba desempeñando en aquel momento.

Ahora no estoy muy seguro de si fue que yo había enviado mi currículum respondiendo a un anuncio o si ella me encontró porque me había dado de alta en varias páginas de búsqueda de empleo. Todo porque unas semanas antes nos habían informado de que hacia finales de año nos echarían a bastantes del sitio en el que por entonces trabajaba.

El caso es que yo respondí: me encantaría hablar y me viene bien cualquier día a tales horas y muy atentamente espero sus noticias y estuve algún tiempo aguardando respuesta pero jamás la tuve ni volví a saber nada de ella. Tampoco me dio por ser yo quien retomara el contacto, ya que aparecer necesitado no suele ser buena estrategia para conseguir ni trabajo ni nada. A la postre, si de verdad le necesitan a uno para algo ya le llamarán y si no llaman o bien han encontrado a alguien mejor o ese puesto finalmente no va a existir o lo que sea. Siempre parece mal que no te llamen ellos, aunque sea para decir que no, pero a veces eso es que tampoco ellos se quieren cerrar la puerta del todo ya que algunos puestos dependen de que se apruebe un presupuesto que no se sabe cuándo va a estar disponible y cosas así. Lo dicho: al final, nunca supe qué pasó.

Meses después supe que una jefa que tuve hace ocho años y tres empresas estaba trabajando allí de mánayer importante y pensé que quizá ella me había bloqueado. No me llevaba mal con ella, pero tampoco conectábamos especialmente, así que no sé. Cuando uno tiene algo no piensa demasiado en otras cosas bastante parecidas que podría tener en vez de la que tiene.

Hoy me ha vuelto a escribir otro reclutador de la misma casa. Lo curioso es que ha sido ofreciendo la descripción de un empleo como de programador que no tiene nada que ver con lo que yo hago. El correo iba dirigido a mi cuenta y a otra que debe de ser de una persona que tiene mi mismo nombre y primer apellido, ya que la cuenta era nombre.apellido@correoraro.com. Es mi nombre y apellido en un servidor de correo que yo ni conocía, pero la cuenta no es mía. En realidad el correo iba a esa cuenta que no es mía y la que sí es mía estaba en copia.

Como veo que tienen liada su base de datos me ha parecido graciosa la idea de que la otra vez, la reclutadora respondiera a mi homónimo y que éste simplemente no le contestara y que esa fuera la causa por la que el asunto no progresó.

Tiene más gracia si se piensa que se trata de una de las redes sociales famosas, que precisamente deberían facilitar el contacto entre personas.

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Cursillo de ética

30/08/2016

Quienes hayan trabajado en multinacionales estadounidenses estarán acostumbrados a tener que hacer una serie de cursillos sobre diversos temas poco relacionados con su empleo. Creo que más que nada sirven para que la compañía se cubra las espaldas en caso de que surja algún problema jurídico-legal. Hoy he tenido que hacer uno sobre ética, sobre “la ética” así, en general. La estructura es siempre la misma: unas presentaciones muy facilitas con casos prácticos y luego unos tests con preguntas que seguramente se podrían resolver sin haber visto el material introductorio. Me ha llamado la atención una pregunta que salía en uno de los test:

Alicia se pregunta si puede cobrar por un producto 1.00$ a los hombres y 0.59$ a las mujeres, ya que de promedio las mujeres ganan menos que los hombres. ¿Sería esto ético?

Bueno, el cursillo lo hace una empresa de California y la nuestra también es de Silicon Valley. Uno conoce y en buena medida comparte los valores liberales imperantes en el gigante norteamericano así que estaba muy seguro de que la respuesta era “no”, ya que tenemos que tratar a todos los clientes por igual y no los podemos discriminar. En cambio tengo dudas de que en España esta respuesta fuera tan clara, cuando se han llegado a ofrecer diferentes precios no ya en los derechos de los consumidores sino en el derecho penal.


La barbacoa

31/07/2016

Llevo toda la semana intentando recuperar el sueño perdido la noche del domingo al lunes, que aunque estuvo entretenida en Urgencias, no me ha permitido disfrutar de una semana en pleno uso de mis facultades mentales. Así pues, hoy mi cuerpo se ha vengado y me ha hecho despertar casi a las once. Para entonces la familia ya me había abandonado ya que sabían que mi plan del día era una barbacoa con unos compañeros de hace dos empleos.

Resulta que ya hacía un par de años que no nos juntábamos, desde aquella vez del restaurante griego, y a uno de ellos se le ha ocurrido hacer una barbacoa en su piso (esto a lo mejor suena raro en otros países, pero en Dublín es más o menos normal). Así he podido enterarme de cómo acabó fracasando por completo mi antigua empresa y de diversas corruptelas, chanchullos y cotilleos.

Uno de mis antiguos colegas acabó en Paypal, donde me ofrecieron trabajo hace años, empresa que acabó trasladando gran parte de sus operaciones a Dundalk, cerca de la frontera de Irlanda del Norte. Me dice que con lo del bréxit les va a ir de pena ya que la mitad de la gente de su oficina vive al otro lado de la línea.

Por cierto, que este irlandés ha llevado una botella de Etxeko patxarana. Yo tengo en casa sin abrir una que compré en el aeropuerto de Bilbao hará cosa de siete años. La querría regalar pero tampoco quiero envenenar a nadie. Ojalá un alma caritativa me indicara cuanto tiempo dura sin abrirse una botella de pacharán.

Yo he llevado unas belgas para la gente ya que sigo sin catar alcohol. Hemos comido unas buenas hamburguesas y unos pedazos de pollo. Había guitarras suficientes para hacer el tonto con estándares de jazz, así que el rato ha estado entretenido. En lo laboral se ha llegado al consenso de que el trabajo que hacíamos estaba bastante bien, comparado con lo que hay por ahí… así que por mi parte me tengo que alegrar de haber cambiado dos veces a mejor.


Cena del equipo

07/07/2016
Pad thai

Pad thai

La vida cotidiana transcurre sin demasiado que contar, pero ayer tuve un compromiso social agradable: cena del trabajo, con la gente de nuestro equipo y con la del equipo de pagos con los que nos llevamos muy bien ya que empezamos todos a la vez en la empresa.

Fuimos a un restaurante tailandés que hay cerca de Grafton st al que sólo había ido una vez y tiene que hacer ya siete u ocho años. El sitio es medio elegante sin ser demasiado caro. Yo voy a lo fácil y sé que el pad thai es el plato más típico de Tailandia y que no defrauda. Es un poco como ir a un restaurante español y pedir una tortilla de patatas, pero bueno.

En la cena hubo uno de esos momentos fascinantes de embriaguez cuando mis compañeras mediterráneas (Italia y Portugal) comentaron cómo otro tipo de la compañía, que está en la India y con el que a veces hacemos videoconferencia, se parece al famoso juguete Mister Potato. En ese momento, si he leído bien la jugada (que también puede que me equivoque), mi jefe y el sector anglófono se han puesto primero pálidos y después de todos los colores por las connotaciones racistas que pudiera tener la asociación. Una de esas diferencias culturales.

Lo bonito de una cena a las seis y media es que a las nueve y algo ya estaba en casa.

afds

Cheesecake de fresa y ruibarbo


Tres en raya

03/03/2016
Tres en raya

Tres en raya

La dama de las ventanas ataca de nuevo. Aquí he capturado un tres en raya en un bloque de esos de pisos del ayuntamiento cuya estética es de una sordidez inenarrable acaso sólo superada por la de mi idolatrada Norilsk.

No es que un tres en línea sea difícil. De hecho, la frecuencia con la que el icono del cutrerío se manifiesta con reiteración sólo puede añadir más misterio aún a su leyenda. Emparenta con la cábala. Una vez más, este barrio del sur demuestra que la mala fama del norte sin ser del todo inmerecida sí que es muy extensible a la rive droite del Liffey.

Belleza urbana

Belleza urbana

Estos bloques quedan cerca de mi oficina, alejándose del centro de Dublín en dirección hacia el oeste, un poco más adelante del obelisco con futiles relojes solares y en llegando, por la calle del mismo nombre, al hospital de Santiago o Saint James. Los diez minutos por la acera del sol cuando lo hay hasta la parada de tranvía del hospital son un tour de las sensaciones negativas que atraviesa el urbanismo infame, la suciedad rampante, los estragos del alcohol y el esperpento. La semana pasada, un tipo en pijama salía con la sonda a comprar patatas fritas a un chipper grasiento.


Reflexiones antihuelguistas

15/02/2016
Caminando junto a las vías me encontré con este payaso

Caminando junto a las vías me encontré con este payaso

El jueves 11 y el viernes 12 de febrero hubo huelga de tranvías en Dublín. Los empleados del Luas quieren aumentos de sueldo (en algunos casos de hasta el 51%) y mejoras laborales. Me ha tocado ir al trabajo andando que son tres cuartos de hora y así he podido reflexionar mientras caminaba y ese es siempre un buen ejercicio. Mis ideas sobre la huelga son bastante parecidas a las que ya plasmé en 2012 a propósito de una huelga general que hubo en España.

En principio, espero que la huelga haya resultado un fracaso y que a los conductores de los tranvías no les suban el sueldo demasiado. A ver, si lo hacen reduciendo el beneficio de la concesionaria tanto me da, pero me temo que si se lo suben un 50% y no un 5% al final va a salir de mi bolsillo a través de unos cuantos céntimos diarios que al cabo del año resultarán acaso cien euros. Prefiero ir un par de días caminando al trabajo que palmar cien euros, en una ciudad donde el transporte público ya es bastante caro y cuyo nivel de servicio (puntualidad, fiabilidad, comodidad) es relativamente bajo.

Respecto al derecho de huelga, estoy bastante en contra de que exista como institución (obviamente debe existir como extensión de la libertad personal, pero uno debe asumir las consecuencias de romper un contrato). Cuando digo “bastante” voy a explicar el matiz: Por ejemplo, si las condiciones laborales son peligrosas para la vida o la salud me parece muy legítimo negarse a trabajar hasta que se resuelvan. Si una empresa adeuda salarios también me parece legítimo no trabajar hasta que se ponga al día. En cambio, me parece que no debería permitirse una huelga para pedir un salario más alto y que perjudica a terceros con derechos (que ya han pagado su abono de transporte público).

El derecho de huelga es una legitimación de la ley del más fuerte. Aunque en teoría parezca que sí, dependiendo de las condiciones fácticas no todos los trabajadores tienen el mismo derecho de huelga. No es un derecho de clase. Seguro que todo esto ya está teorizado y hay bibliografía al respecto, lo que apuntaba en 2012 es que hay varios tipos de trabajos dependiendo de la capacidad de presión social y si la carga de trabajo es o no acumulable.

Así tendríamos (aquí quedaría bien un cuadrado o unos ejes x,y en los que ubicar las profesiones):

  • Trabajos con capacidad de presión y sin carga acumulable (transporte público)
  • Trabajos con capacidad de presión y con carga acumulable (limpiezas)
  • Trabajos sin capacidad de presión y sin carga acumulable (guardabosques)
  • Trabajos sin capacidad de presión y con carga acumulable (administrativos)

Otras dimensiones, son la seguridad en el empleo y el nivel adquisitivo de la profesión. Cuando más de eso, mayor derecho real también. Al final, es un día de vacaciones no pagadas y una inversión incierta sobre posibles mejoras en la calidad de vida.

Las profesiones que indico entre paréntesis no son ejemplos puros de lo que quiero decir. Por ejemplo, una huelga de guardabosques en principio no afecta a nadie si lo entendemos como una profesión que sólo consiste en estar por el monte por si pasa algo. Seguramente los puestos de trabajo están diseñados para que haya que llevar a cabo algunas tareas que si pueden acumularse si no se hacen a tiempo (podar árboles y cosas así). Lo mismo con las demás, hasta los administrativos tenemos alguna capacidad de presión, aunque la de mi puesto por ejemplo no es excesiva.

Al final, un gremio va a la huelga si tiene capacidad de presión social y no va a tener que recuperar el trabajo no realizado. También tiene que ver con cómo se mide la productividad del trabajador. Aquellos en los que la carga de trabajo no es acumulable el empleo se tiende a pagar por función y categoría. Como los salarios se determinan colectivamente, la acción colectiva es la que puede favorecer la mejora de los mismos. Si hubiera alguna forma de medir mejor el rendimiento de los conductores de tranvía para pagar más a los mejores, probablemente la dinámica sectorial se rompería.

Mientras los empleados del transporte público tienen un gran incentivo para montar huelgas, otros que tienen condiciones laborales bastante peores no pueden permitírselas. Mi primera huelga en Dublín fue de los autobuses. Por aquel entonces el salario mínimo de un conductor era cuatro veces lo que yo ganaba como hamburguesero.

Al final no es una lucha de clases, sino una lucha de un grupo de presión organizado con objetivos comunes e incentivos claros frente a una masa desorganizada sin demasiado interés y ninguna organización.

He estado obviando el papel de la concesionaria de la línea, cuyo beneficio también debe ser mirado con lupa dado que está beneficiéndose de una infraestructura pagada por la gente con sus impuestos.


Kebab con Obama

10/02/2016
adw

Con Obama en mi mesa habitual – febrero de 2015

Hace unos pocos días ha hecho un año desde que comencé en mi empleo actual, aunque al principio teníamos una oficina más céntrica por Candem st y ahora una mas espaciosa en los confines de la civilización. He encontrado una foto que me ha recordado los tiempos en que estábamos en todo el meollo. A cinco minutos del trabajo había dos sitios para comer kebab: uno persa al que iba más a menudo y otro moruno que tenía una foto de Obama que le daba un efecto muy kitsch. Además algunas paredes del sitio estaban empapeladas con unos motivos de banderas yanquis y taxis de Nueva York, digo yo que como para separar el negocio y la comida de cualquier asociación geopolítica del kebab con el islamismo. O a saber.

Is feidir linn, que aparece escrito con letras adhesivas sobre un espejo, es la forma de decir en gaélico “sí, se puede” (yes we can). Uno no sabe gaélico ni como para eso, pero cuando Obama estuvo por aquí en 2011 lo dejó caer.