Ali y Nino

03/07/2017

Ali und Nino (1937)

Hace ya más de seis años que leí una interesante entrada sobre el misterio de Essad Bey. Por mera coincidencia eso fue unos pocos meses antes de llegar al Transcáucaso, destino que nunca me había planteado. De las lecturas previas y posteriores al paso por Georgia, Armenia e incluso podía decirse que Azerbaiyán me quedó la voluntad de leer el “Ali y Nino” y con gran fortuna esta semana ha caído una traducción española en mi manos. Al parecer existen otras tres anteriores en castellano pero ésta es la más reciente (2012). De entre las varias versiones  cinematográficas debe de haber alguna más reciente aún.

La historia de amor entre una princesa georgiana y un noble azerí sirve muy bien para hacer comparaciones y alegorías  de la tensión compleja entre Oriente y Occidente o entre el cristianismo y el islam. Hay muchas frases muy interesantes a este respecto, pero la que me resulta más destacable es el alegado del padre de Ali Kan en el capítulo 22, no por nada específico de lo del choque de civilizaciones sino por cómo se puede observar el mismo fenómeno en muchos contextos políticos diferentes. El conflicto identitario empieza como conflicto interior :

«Eres un hombre valiente, Alí Kan. Pero ¿qué es el valor? Los europeos también son valerosos. Tú, y todos los que lucharon contigo, ninguno de vosotros sois ya asiáticos. Yo no odio a Europa. A mí Europa me resulta indiferente. Tú sí la odias, porque tú llevas dentro de ti un trozo de Europa. Fuiste a un colegio ruso, estudiaste latín, tu mujer es europea. ¿Acaso sigues siendo asiático? Si hubieras vencido tú, tú mismo hubieras introducido a Europa en Bakú sin darte cuenta. Da lo mismo que sean los rusos o nosotros quienes construyan las carreteras y abran las fábricas. No podía ser ya de otra manera. Cuando un hombre asesina a tantos enemigos con tal sed de sangre, ya hace tiempo que no es un buen asiático.»

La reacción identitaria la protagoniza siempre un mestizo que ya ha perdido la supuesta pureza ideal y pretende recobrar aquel pasado glorioso, que suele ser una ensoñación sin demasiado contacto con la realidad.

Luego lo de Occidente y el Islam. A mí me gustan estas metáforas novelescas porque le dan a uno la sensación (falsa) de que se puede comprender con un destello la complejidad de procesos históricos de gran calado. Por suerte y por desgracia esto no es así y en planteamientos como ¿cuáles son las diferencias entre Oriente y Occidente? no sólo las respuestas son bastante malas sino que lo más probable es que la pregunta y las categorías que pretende comparar también lo sean. Al menos invita a reflexionar, que no es poco.

En todo caso, es un bonito paseó por el corredor que va de Tiflis a Bakú, con excursiones al Alto Karabaj y hasta Teherán. Recomendable para quienes estén interesados en la historia del Imperio Ruso en Asia y en aquella visión romántica del Cáucaso como Far West que desde el principio dejó su impronta en la tradición literaria rusa.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.


Espacio aéreo ucraniano

22/07/2014
En el avión

Sur de Ucrania desde el avión

Motivado por la desgraciada actualidad subo esta foto que hice en el avión de la extinta BMI atravesando el espacio aéreo ucraniano en agosto de 2011. Creo que la razón por la que la tiré era que en ese momento pasábamos cerca de Crimea, que se veía bien en el mapa. Me había quedado con la lástima de no habernos acercado a la península el año anterior, pena que después de la incorporación a Rusia se intensificó ya que me parece que en los próximos años va a quedar fuera de la lista de destinos practicables o al menos de los fáciles para los viajeros.

No recuerdo la trayectoria del avión, pero es imposible que siguiera hacia las zonas hoy por hoy complicadas de Donetsk y Lugansk. De hecho, creo que a partir de ese punto por encima de Crimea en el mapa, tuvo que producirse un cierto desvío del rumbo más hacia el sur para poder llegar a Tiflis evitando el Cáucaso.

Es curiosa la velocidad con la que evolucionan los acontecimientos. Han pasado ya unos meses de la anexión de Crimea en marzo. Muchos de mis compatriotas tienen el fútbol por medida de todas las cosas y es curioso pensar que la selección española de fútbol jugó partidos en Donetsk contra Francia y Portugal  en junio de 2012 y que más reciéntemente la Real Sociedad de San Sebastián ha hecho lo propio contra el equipo de la localidad en noviembre de 2013. Teniendo en cuenta el estado político-militar de la zona hoy por hoy, son ocho meses que parecen ocho décadas.


Coros georgianos

02/06/2014

coro-georgiano-rustavi-dublin

Tras las danzas del día anterior me quedé con ganas de ver más cosas de la cultura georgiana y ayer fue la actuación de coros del conjunto Rustavi. Cuando estuve en Georgia sólo pude escuchar la polifonía del país en las catedrales, tanto en Tiflis como en Misjeta y me pareció que es un tipo de música a través de la cual uno puede facilmente olvidarse del mundo y entrar en trance.

A bordo de la nao Argos traen el vellocino de oro desde Cólquida

A bordo de la Argos traen el vellocino de oro desde Cólquida

El coro estaba completamente formado por varones con el típico traje negro y con cartucheras. Han cantado piezas de las diferentes regiones de Georgia. Canciones que se entonan en las bodas y también algunas patrióticas, como la que surca el universo a bordo del Voyager desde 1977. Respecto a las regiones, al menos hubo una pieza de Imeretia,  dijeron que la mejor polifonía proviene de Guria, y algo que me pareció contraintuivo fue lo que indicó el presentador respecto a las canciones de la región vitivinícola de Kajetia. Dijo que la música era más lenta y relajada debido a la cultura del vino.

Tres quedaron sobre el escenario

Tres quedaron sobre el escenario

En un momento en el que la mayor parte del coro tomó un descanso, el presentador y otros dos miembros hicieron un tema musical con una flauta de nogal llamada salamuri y dos instrumentos de cuerda que desconozco, parecidos a laúdes.  El momento apoteósico fue cuando el flautista se sacó una segunda salamuria del bolsillo y tocaba soplando ambas mientras las apoyaba en los labios formando una uve.

Creo que para ser un espectáculo de la calidad que tenía había relativamente poco público y supongo que la razón es que fuera gratis. Creo que es perfectamente posible que el mismo grupo viniera tres días a un teatro y se llenaran todas las sesiones con entradas a cincuenta euros. De entre las cosas raras que hay en las actuaciones musicales en estos últimos años hay que destacar a la gente que se empeña en grabar todo el concierto en el móvil y si es con tableta ni les cuento. Yo hago tres fotos feas y luego siempre podré aprovechar el trabajo que alguien con cámara profesional haya colgado en Youtube. La página oficial del coro también tiene algunos fragmentos interesantes.


Folklore georgiano

31/05/2014

barco-bandera-georgia-dublin

Desde hace varios años durante el primer fin de semana de junio hay una especie de festival en los muelles del río Liffey de Dublín. Antes se llamaba Maritime Festival  y era más grande, después de la crisis ha quedado reducido y parece que se llama Riverfest. Al final se trata de que unos cuantos barcos atracan y en los muelles hay barracas de feria, puestos de comida y los clásicos tiovivos.

danzas-georgianas-dublin-mayo-2014

Ayer nos acercamos a dar una vuelta y me percaté de que en un barco de bandera holandesa que se llamaba “León dorado” había un par de banderas de Georgia y varios estandartes con lo que parecían escudos de armas, algunos de los cuales tenían letras georgianas. Luego, más adelante, en el escenario principal había una demostración folklórica. Primero vimos un conjunto de música bastante curioso, con acordeón, dos timbales y dos guitarras eléctricas y luego un espectáculo de danza. A mí la danza nunca me ha interesado demasiado y en especial los bailes regionales siempre me han resultado especialmente aburridos. En mis estudios sobre la identidad siempre me resultó curioso que se mentaran como fuente o esencia de algo. El caso es que estas danzas georgianas del grupo Rustavi sí que me han gustado. Creo que en general las danzas de la península Ibérica son bastante más monótonas y lo mismo puedo decir del jig dance irlandés. Los bailes que evocan lucha y guerra siempre son más dinámicos y despiertan más interés.

Hoy intentaré ir a ver los coros, que en su día leí que eran espectaculares. Al fin y al cabo uno sólo pasó dos días y medio en la república transcaucásica y no dio tiempo a casi nada.


Ávaros

14/04/2013
Los ávaros del Cáuscaso cerca del Caspio

Zonas donde los ávaros son mayoría en el Cáucaso, cerca del Caspio

Un trocito que he tomado de este blog cuyas entradas leo siempre con sumo interés, pero la fuente original es el libro The Ghost of Freedom: A History of the Caucasus de  Charles King. Es un trozo de la biografía del imán Shamil (1797-1871) que trata la imposibilidad de referirse al pasado en los actuales términos de nacionalidad. (Traducción mía a vuelapluma):

Se puede decir que el imán era ávaro en el sentido de que había nacido en la región del Daguestán controlada por el kan avaristaní. Su lengua de comunicación oficial era el árabe y es probable que hablara alguna variedad de turco –lingua franca de las montañas- en las conversaciones cotidianas. Puede que hablase ávaro, pero no hay ningún dato que nos haga pensar que se considerase a sí mismo ávaro en el moderno sentido etnonacional del término. También pasó gran parte de su vida luchando contra los gobernantes hereditarios de la región de la que era nativo.

Abro un paréntesis para mencionar que no sé si es convención unánimemente aceptada que la palabra “ávaro” referida al pueblo del Cáucaso sea esdrújula, pero resulta bastante útil. Lo digo porque en ruso se acentúa sobre la sílaba “var”, (supongo que la palabra nos viene del ruso, ya que en la lengua de los ávaros ellos se llaman a sí mismos maglarulal o algo así). Quizá todo es producto de  una confusión con los ávaros del siglo IX. En cualquier caso, casi parece mejor que sufra la etimología que llamar avaros a los miembros de un grupo étnico.

Volviendo al asunto de la identidad colectiva en el pasado preindustrial, y que es un asunto que ya he traído varias veces, por ejemplo referido a la prehistoria centroeuropea y  los Balcanes medievales.

En aquella entrada en inglés referida a la historia de Kosovo también apunté algo interesante de lo que hace poco he vuelto a contemplar un ejemplo. No sólo la identidad nacional es un fenómeno moderno sino que también la religiosa lo es, y del mismo modo que los balcánicos medievales se apuntaban a recibir las bendiciones del pope o del imán cuando estaban enfermos para mejorar sus probabilidades, la semana pasada vi un reportaje televisivo sobre los coptos de Egipto en el que un sanador cristiano practica exorcismos y milagrea, ante una feligresía compuesta fundamentalmente por otros coptos en la que también hay musulmanes[1].


[1] “En Portada”, RTVE “Mi vecino copto”, 24 de enero de 2013 4’20’’


Yermákov y yo

26/08/2012

Hace un año que volvimos de nuestro viaje por Georgia y Armenia. Siempre se pueden decir frases altisonantes como que en realidad nuestro corazón sigue allí, que son una forma de mentir como otra cualquiera. Lo que sí que es verdad que después de pasar por un sitio suele quedar el interés por el lugar.

Estaba mirando fotografías de Yermakov (1846-1916), el gran fotógrafo del Cáucaso, de quien ya publicamos una imagen de la antigua capital georgiana: Misjeta. Me he encontrado con una de un lugar que me ha resultado conocido.

Yermákov

Me ha parecido que tenía que ser la subida a la fortaleza de Narikala por la cuesta que va de Abanobatuni hacia la mezquita y el jardín botánico. Me lancé a conquistar el castillo el día de las lluvias torrenciales dejando al resto de mi expedición en compañía de unas cervezas. Me he puesto a repasar mis fotografías para ver si tenía alguna del lugar. Precisamente allí me crucé con un  atleta que venía zumbando cuesta abajo, no sé si por puro deporte o para escapar de la lluvia.

Botanikuri (2011)

  • Fotografías de Tiflis de Dimitri Yermákov: (enlace)