Tango en skai

03/09/2019

Hace muchos años saqué de la biblioteca los cedés por los que descubrí a Roland Dyens y creo que las cintas en las que los grabé podrían estar aún en algún rincón recóndito del trastero de mis padres. Quién sabe. No consigo encontrar los datos de las grabaciones pero me parece que se incluían en los discos obras de Piazzolla y algunas suyas entre las que me fascinó Tango en Skaï, que luego he escuchado muchas veces a muchos intérpretes distintos. Por el sonido nunca he pensado que fuera algo que podía hacer yo con la guitarra hasta que el otro día he visto este vídeo de Paola Hermosín (que tiene un canal de Youtube muy recomendable):

Aunque la experiencia me ha demostrado que no se debe juzgar la dificultad de la obra por los movimientos de las manos este criterio defectuoso me ha hecho cuestionar mi intuición previa, así que he buscado la partitura y después de dos o tres horas para arriba y para abajo que le he echado el fin de semana pasado ya estaba más o menos montada y reconocible al 70%, lo cual ya es mucho.

Encontré un tutorial en el que Tavi Jinariu da unas claves de interpretación. Dado mi escaso tiempo libre se me hace un poco lento, quizá eso suponga que esté planteado para un nivel incluso más bajo que el mío. En todo caso me parece muy interesante y gracias al vídeo he descubierto que la obra alude al escay con el que se hacen o hacían sofás y sillones en el sentido de que es una especie de tango falso, que no es de cuero auténtico sino de escay. Me parece divertido haber vivido en esta ignorancia un cuarto de siglo.

Y aquí está la interpretación auténtica del autor, cuya muerte prematura nos sorprendió a tantos:

Pongamos que la interpretación de Dyans sea el 100% y que la de Paola esté por encima del 95%. ¿Conseguiré llevar la mía por encima del 85%? Ya iremos viendo. Hace años un amigo me dijo que el momento de mayor felicidad al montar una pieza es el de conseguir que se vea reconocible, cosa con la que estuve de acuerdo. Es la ley de rendimientos decrecientes aplicada a la calidad. Quizá una de las cosas que separan a los grandes de los mediocres es que ellos anhelan la perfección y no cejan hasta llegar allí. Ya iremos viendo.

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Nocturnos de John Field

01/05/2019
moni

Abril de 2019

Esto tenía pensado escribirlo desde que hablamos de Jonathan Swift, al que ya volveremos en su debido momento. Resulta que para escapar aunque sea un poco de la monotonía voy cambiando la rutas que hago entre la parada del bus y el trabajo. A veces paso por delante de la catedral protestante de san Patricio. Antes de llegar me paro en un semáforo donde un monumento recuerda a John Field (Dublín 1782- Moscú 1837) “creador del nocturno”, que nació en Golden Lane, el callejón del oro en el que siglos antes se estableció el gremio de orfebres. Field fue bautizado en la iglesia de santa Verburga a unos pocos metros del lugar y en cuya fachada otra placa rememora el hecho sacramental.

Iglesia de santa Verburga

Me puse a leer con interés algo de la biografía de este angloirlandés que fue a parar a la Rusia imperial para ver si podía discernir cuánto había de cierto en que fuera el primero en desarrollar una forma musical cuyo patrón definitorio no es excesivamente rígido. Dentro de lo discutible que esto pueda ser lo que sí que parece cierto es que Field fue el primero en utilizar la palabra nocturne en el título de una pieza.

Más allá de las noches a las que nos refiere la etimología los nocturnos para piano son un tipo de música que le va muy bien a la lectura o al trabajo de oficina. Los de Chopin interpretados por Brigitte Engerer son uno de mis fondos habituales. Aunque los de Field son también muy agradables al oído yo diría que es como si les faltara algo no por otra cosa sino por no ser precisamente los de Chopin. Me pregunto si pensaría lo mismo de haberlos conocido en orden inverso o si no supiera que el canon establece que Chopin es uno de los grandes y Field un compositor relativamente ignorado.


BWV 999

12/03/2018

Julian Bream es un guitarrista que nunca ha sido santo de mi devoción. Creo que se me atragantó por alguna interpretación dudosa de Villa-Lobos. En cambio hay un fragmento de metraje no sé si neorrealista o surrealista en el que creo que clava el preludio en Do menor (para los guitarristas en Re menor) que lleva el número 999 en el catálogo de las obras de Bach. Comprendo bien que no se filme para los guitarristas sino para el gran público pero reconozco que con todo me irritan las tomas que esconden la digitación. Sin embargo en esta grabación del restaurante los personajes secundarios compensan con mucho la pérdida.

Me imprimí la partitura en la oficina (mi agradecimiento eterno al señor Delcamp y otros que llevan a cabo esta labor de editar y subir los papeles a la red) y llevo un par de semanas dedicado a este asunto en concreto en las pocas horas libres que le saco al día. Me sorprendió leer en los comentarios al vídeo de Youtube que hace falta medio año para preparar esta obra y que es de séptimo grado (entiendo que en una escala de ocho). Creo que en Inglaterra los niveles son algo más bajos o eso al menos me pareció una vez que consulté el programa de estudios de un conservatorio.

También habría que considerar cómo de limpia creemos que debe salir. En dos semanas me parece he llegado a mi tope. No hay interpretación perfecta (de las mías se entiende, que la de Bream puede considerarse que lo es) y cada vez aparece un pequeño fallo u otro pero hemos llegado ya a un punto en el que  aunque tocara la pieza a diario durante dos años no hay garantías de que al final de los mismos quedara una interpretación más digna de la que nos suele salir hoy por hoy.

Este tema de la línea de base y de qué es necesario para saltar un nivel lo he considerado a menudo en mi actividad profesional, intelectual y aficiones. A veces es necesario un cambio de paradigma y otras veces puede conseguirse por acumulación: se me quedó marcada una frase de un amigo “cuando te sabes todas las palabras del diccionario básico, tu nivel ya es avanzado”.


Orfeo negro

05/01/2017
Afiche

Afiche

Dados mis intereses y cómo me conozco me resulta extraño a mí mismo el no haber visto la película Orfeo negro hasta hace unos días. La banda sonora es una pieza importante de la guitarra en el siglo XX e incluso tengo un libro con las partituras de Manhã De Carnaval y la Samba de Orfeu.

Si la hubiera visto antesm el día que subimos al Pan de Azúcar habría sido consciente de que el monte que hay junto al lugar donde se toma el funicular, cerca de la playa bermeja, es el morro de Babilonia donde la historia acontece. En Río pensé en Villa-Lobos, que tiene museo pero creo que ni en Bonfa ni en Jobim.

Una reedición del mito de Orfeo y Eurídice. La protagonista de belleza excepcional. Los que crean que el patrón por el que cortan los sueños en la factoría de Los Ángeles no es el único deberían mirar con interés.


En un mercado persa

23/08/2016
In a Persian Market

In a Persian Market

Hará una treintena de años de la escena. Tenía clase de música por la tarde y la profesora puso un fragmento interesante en el magnetofón. Se me ha quedado grabada para siempre la melodía (aunque un tono más baja, como he comprobado) y el nombre de la pieza, que era “En un mercado persa”. En cambio, hasta hoy no se me había ocurrido ponerme a buscarla y según puedo ver nunca he tenido ni remota idea de quién era el autor, cuyo nombre o bien he olvidado o más bien diría que he ignorado siempre: Albert W. Ketelbey.

Lo que ayer activó en mi mente las neuronas específicas necesarias para recordar esta pieza fue el leer el nombre de otro trozo que escuchamos en su día: el “Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy. Esas cosas.

Respecto al mercado persa, dado el tipo de música del que se trata, como hecho a propósito para la banda sonora de una de aquellas películas de Cecil B. DeMille, creo que se puede entender el auge y declive del compositor.


Once is enough

14/08/2015
s

How often? Eleven

En Candem st hay varias tiendas de segunda mano que echan una mano en beneficio de la beneficencia. He entrado varias veces en una que tiene libros a tres por un euro (malos, todo sea dicho) y deuvedeses a un euro. La mayor parte de las películas no las conozco, porque no estoy muy enterado del cine actual, pero había una de la que había oído hablar muchas veces, porque está rodada en el Dublín de hace unos cuantos años.

Once, que es una vez y no once. La he estado viendo esta noche y me ha parecido bastante mala. Para mí tiene hasta cierto punto su gracia ya que al fin y al cabo sale la ciudad en la que vivo y puedo deleitarme viendo modelos de autobuses retirados y cabinas de teléfono que han dejado de existir, el típico náquer medio yonqui con su chándal, zonas reconocibles de la ciudad: Temple Bar, Grafton, St Stephen Green y también calles de esas de aspecto chungo por las que, si estuvieran en EEUU, no nos atreveríamos a entrar (“eso así oscuro no sé dónde está, pero seguro que a menos de dos kilómetros de aquí”).

Seguramente no he entendido muy bien el sentido de la trama pero la voy a resumir con la etiqueta”tensión sexual irresoluta como pretexto para presentar canciones”. Los protagonistas me han parecido malos hasta el punto de que se podría decir que a a veces estaban leyendo. A la chica checa, que sabe inglés bien, la han hecho hablar inglés mal de un modo imposible y no le sale. Si a uno le gusta Dublín y cierto tipo de pop, que hay gente para todo, puede que le agrade ver este filme sin pensárselo mucho ni prestar atención.

No vale decir “me gusta la banda sonora”, porque la banda sonora es la película.


Doce sonidos

27/01/2015

Leyendo una partitura me he caído en la cuenta de una similitud que me ha tenido que rondar durante mucho tiempo y que nunca había notado de modo consciente:

  • Los doce semitonos de la escala cromática, que hay que escribir con siete notas musicales.
  • Los doce sonidos vocálicos de la lengua inglesa, que hay que escribir con cinco letras

Se trata pues de dos sistemas para aprehender la realidad que se comenzaron a utilizar antes de que supiéramos que era más compleja de lo que en un principio se sabía. Tanto la escala diatónica como el alfabeto latino se han convertido en importantes piezas de la civilización occidental pero también sabemos que ni son la única forma, ni sirven para describirlo todo y que seguramente no son siquiera la mejor manera de hacerlo. Es claro que tiene que haber otra forma mejor de escribir la música y el inglés. Si los costes de transacción no fueran tan elevados…