BWV 999

12/03/2018

Julian Bream es un guitarrista que nunca ha sido santo de mi devoción. Creo que se me atragantó por alguna interpretación dudosa de Villa-Lobos. En cambio hay un fragmento de metraje no sé si neorrealista o surrealista en el que creo que clava el preludio en Do menor (para los guitarristas en Re menor) que lleva el número 999 en el catálogo de las obras de Bach. Comprendo bien que no se filme para los guitarristas sino para el gran público pero reconozco que con todo me irritan las tomas que esconden la digitación. Sin embargo en esta grabación del restaurante los personajes secundarios compensan con mucho la pérdida.

Me imprimí la partitura en la oficina (mi agradecimiento eterno al señor Delcamp y otros que llevan a cabo esta labor de editar y subir los papeles a la red) y llevo un par de semanas dedicado a este asunto en concreto en las pocas horas libres que le saco al día. Me sorprendió leer en los comentarios al vídeo de Youtube que hace falta medio año para preparar esta obra y que es de séptimo grado (entiendo que en una escala de ocho). Creo que en Inglaterra los niveles son algo más bajos o eso al menos me pareció una vez que consulté el programa de estudios de un conservatorio.

También habría que considerar cómo de limpia creemos que debe salir. En dos semanas me parece he llegado a mi tope. No hay interpretación perfecta (de las mías se entiende, que la de Bream puede considerarse que lo es) y cada vez aparece un pequeño fallo u otro pero hemos llegado ya a un punto en el que  aunque tocara la pieza a diario durante dos años no hay garantías de que al final de los mismos quedara una interpretación más digna de la que nos suele salir hoy por hoy.

Este tema de la línea de base y de qué es necesario para saltar un nivel lo he considerado a menudo en mi actividad profesional, intelectual y aficiones. A veces es necesario un cambio de paradigma y otras veces puede conseguirse por acumulación: se me quedó marcada una frase de un amigo “cuando te sabes todas las palabras del diccionario básico, tu nivel ya es avanzado”.

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Orfeo negro

05/01/2017
Afiche

Afiche

Dados mis intereses y cómo me conozco me resulta extraño a mí mismo el no haber visto la película Orfeo negro hasta hace unos días. La banda sonora es una pieza importante de la guitarra en el siglo XX e incluso tengo un libro con las partituras de Manhã De Carnaval y la Samba de Orfeu.

Si la hubiera visto antesm el día que subimos al Pan de Azúcar habría sido consciente de que el monte que hay junto al lugar donde se toma el funicular, cerca de la playa bermeja, es el morro de Babilonia donde la historia acontece. En Río pensé en Villa-Lobos, que tiene museo pero creo que ni en Bonfa ni en Jobim.

Una reedición del mito de Orfeo y Eurídice. La protagonista de belleza excepcional. Los que crean que el patrón por el que cortan los sueños en la factoría de Los Ángeles no es el único deberían mirar con interés.


En un mercado persa

23/08/2016
In a Persian Market

In a Persian Market

Hará una treintena de años de la escena. Tenía clase de música por la tarde y la profesora puso un fragmento interesante en el magnetofón. Se me ha quedado grabada para siempre la melodía (aunque un tono más baja, como he comprobado) y el nombre de la pieza, que era “En un mercado persa”. En cambio, hasta hoy no se me había ocurrido ponerme a buscarla y según puedo ver nunca he tenido ni remota idea de quién era el autor, cuyo nombre o bien he olvidado o más bien diría que he ignorado siempre: Albert W. Ketelbey.

Lo que ayer activó en mi mente las neuronas específicas necesarias para recordar esta pieza fue el leer el nombre de otro trozo que escuchamos en su día: el “Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy. Esas cosas.

Respecto al mercado persa, dado el tipo de música del que se trata, como hecho a propósito para la banda sonora de una de aquellas películas de Cecil B. DeMille, creo que se puede entender el auge y declive del compositor.


Once is enough

14/08/2015
s

How often? Eleven

En Candem st hay varias tiendas de segunda mano que echan una mano en beneficio de la beneficencia. He entrado varias veces en una que tiene libros a tres por un euro (malos, todo sea dicho) y deuvedeses a un euro. La mayor parte de las películas no las conozco, porque no estoy muy enterado del cine actual, pero había una de la que había oído hablar muchas veces, porque está rodada en el Dublín de hace unos cuantos años.

Once, que es una vez y no once. La he estado viendo esta noche y me ha parecido bastante mala. Para mí tiene hasta cierto punto su gracia ya que al fin y al cabo sale la ciudad en la que vivo y puedo deleitarme viendo modelos de autobuses retirados y cabinas de teléfono que han dejado de existir, el típico náquer medio yonqui con su chándal, zonas reconocibles de la ciudad: Temple Bar, Grafton, St Stephen Green y también calles de esas de aspecto chungo por las que, si estuvieran en EEUU, no nos atreveríamos a entrar (“eso así oscuro no sé dónde está, pero seguro que a menos de dos kilómetros de aquí”).

Seguramente no he entendido muy bien el sentido de la trama pero la voy a resumir con la etiqueta”tensión sexual irresoluta como pretexto para presentar canciones”. Los protagonistas me han parecido malos hasta el punto de que se podría decir que a a veces estaban leyendo. A la chica checa, que sabe inglés bien, la han hecho hablar inglés mal de un modo imposible y no le sale. Si a uno le gusta Dublín y cierto tipo de pop, que hay gente para todo, puede que le agrade ver este filme sin pensárselo mucho ni prestar atención.

No vale decir “me gusta la banda sonora”, porque la banda sonora es la película.


Doce sonidos

27/01/2015

Leyendo una partitura me he caído en la cuenta de una similitud que me ha tenido que rondar durante mucho tiempo y que nunca había notado de modo consciente:

  • Los doce semitonos de la escala cromática, que hay que escribir con siete notas musicales.
  • Los doce sonidos vocálicos de la lengua inglesa, que hay que escribir con cinco letras

Se trata pues de dos sistemas para aprehender la realidad que se comenzaron a utilizar antes de que supiéramos que era más compleja de lo que en un principio se sabía. Tanto la escala diatónica como el alfabeto latino se han convertido en importantes piezas de la civilización occidental pero también sabemos que ni son la única forma, ni sirven para describirlo todo y que seguramente no son siquiera la mejor manera de hacerlo. Es claro que tiene que haber otra forma mejor de escribir la música y el inglés. Si los costes de transacción no fueran tan elevados…


El sombrero de tres picos

17/12/2014

El año pasado la hermana de la señora de la casa le regaló un Kindle de Amazon. Me pareció una tontería de regalo porque ya teníamos dos tabletas que funcionaban la mar de bien e incluso en una de ellas había instalado la aplicación de Kindle, que en realidad me parecía bastante peor que los lectores de ficheros epub y pdf con la pega añadida de que utilizaba sus propios ficheros mobi no compatibles y que había que convertir. Como forma de expresar inmaduramente mi protesta ni lo miré.

Y la jefa siendo como es tampoco. Ayer me he dado cuenta de que la caja estaba en una estantería y he tenido el dudoso honor de quitarle el plástico protector. Si las damas con las que ustedes tratan son en algo parecidas a la mía, mejor no les regalen cosas tecnológicas. He estado mirando qué posibilidades tenía el aparato y tras un rato de jugueteo he sido capaz de descargarme unos cuantos libros viejos de los que no tienen derechos de autor desde páginas como la del Proyecto Gutémberg o la del Internet Archive. Debe de haber más de esas. Agradezco sugerencias o archivos interesantes.

He visto que hay otros modelos del Kindle que van en color y todo. El que tenemos es el 4.1. y es mi primera experiencia con eso de la tinta electrónica. Sí que tengo la sensación de que puede ser más descansado para la vista que la pantalla luminosa habitual, pero en cualquier caso tengo que darle algo más de tiempo al periodo de prueba.

Para estar leyendo un rato he cogido uno de los libros que había descargado ayer, “El sombrero de tres picos” de Pedro Antonio de Alarcón. Creo que es uno de los que se solían leer en el bachillerato, pero a mí no me tocó. En cambio tengo oída la obra homónima de Falla en multitud de ocasiones e incluso solía tocar con la guitarra una adaptación de la “Danza del molinero“. Hace años tuve la ocasión de visitar la que fue casa del compositor en su exilio argentino de Alta Gracia.

La novela es muy cortita y debería haberla leído antes. Se podría decir que es una precursora sencilla de las comedias de enredo que hemos visto en el cine en el siglo siguiente. A veces lamento no estar más en contacto con mi idioma y volver a los clásicos es el mejor camino. Si me dedico a seguir el audiovisual que se hace en España hoy por hoy no voy a aprender la palabra “caz” ni que en el siglo XIX “czarina” parecía una grafía aceptable. Siempre hay que volver a los clásicos.

Es curioso, porque el Kindle da el porcentaje del fichero que uno lleva leído. Pues bien, la novela se me ha acabado en el 26%. El siguiente cuarto eran notas en inglés explicando el contexto histórico y aspectos lingüísticos y el 50% era un glosario-diccionario que incluía prácticamente todas las palabras. Con este formato de edición un podría casi leer cualquier novela en cualquier idioma.


Cómo estudio guitarra clásica

14/12/2014
Guitarra parecida

Guitarra

Esta entrada no trata ningún aspecto técnico del aprendizaje. Empiezo con una reflexión sobre cómo me parece que eran las cosas hace veinte años y cómo veo que están ahora. Cuando yo empecé a estudiar guitarra clásica un poco en serio utilicé varios manuales que me recomendó mi profesora, recuerdo mucho especial el de Sagreras y otro que no sé cómo se llamaba pero en el que aparecían muchas cosas de Carulli y Carcassi, y piececitas como el nº 7 de Dionisio Aguado y el nº 22 de Sor. Sor me pareció mejor que los italianos así que acabé comprándome un libro con todos sus estudios.

Salvo excepciones el repertorio antiguo de guitarra era bastante poco digno del instrumento. Eso se lo he llegado a oír decir a Andrés Segovia en un documental viejo. En general, la mayor parte de la música compuesta en los siglos XVIII y XIX me desagradaba. Hay cosas anteriores que me gustan más, aunque sean adaptaciones de cosas escritas para laud o vihuela. En el XX las cosas mejoraron mucho. Mi profesora, consciente como era de los bodrios que había que tragarse para adquirir técnica, intercalaba mis obritas con cosas modernas que me facilitaba en fotocopias. Yo era totalmente ignorante de las cosas que se habían hecho y lo peor es que no sabía ni donde mirar. También, para saber si algo me iba a gustar lo suficiente como para montarlo o no tenía que pasarme mi par de horitas leyendo hasta que más o menos me daba cuenta de cómo sonaba aquello y de la dificultad técnica que implicaba.

Casi igual que ahora, en los tiempos en los que damos por descontado tener Internet. Sin buscar demasiado puedo encontrar cosas en Youtube que me apetezca tocar y las partituras en pdf están al alcance de la mano. Creo que la última vez que intenté hacer algo, hará diez años, no era tan sencillo encontrar música escrita como me está resultando ahora. He estado escuchando a músicos buenos tocar cosas de lo que era mi repertorio viejo y me he dado cuenta de errores en los que he estado cayendo durante años sin que nadie me advirtiera, he visto digitaciones alternativas que mejoraban el rendimiento instantáneamente y que nunca se me habrían ocurrido y todo a dos clics de distancia.

Mis objetivos no son especialmente ambiciosos y tengo más interés por acabar cosas que dejé inconclusas que por embarcarme en nuevas travesías. La Cavatina de Myers ya suena bastante decente después de varias semanas. Ahora estoy con la segunda parte del Capricho árabe de Tárrega, también con la segunda parte del Choros nº1 de Villa-Lobos. Son piezas en las que me di por satisfecho con dejarlas por la mitad, lo cual es hasta cierto punto una lástima.

El único consejo que puedo dar, y es a lo que va el título de esta entrada, es la incorporación que he hecho de Gmail al proceso de aprendizaje. No quiero acumular demasiados pdfs. Las cinco o seis cosas que quiero hacer las tengo identificadas. Me he mandado un correo a mí mismo con la partitura y todos los he etiquetado como “guitarra”. En el cuerpo del correo va también el enlace a Youtube donde está el vídeo en el que un guitarrista más que decente la interpreta. Con esto consigo ver la partitura en previsualización y cuando quiero ver el vídeo sólo tengo que pulsar el cursor y estoy en él. No es que sea una genialidad, pero se ahorran unos segundos preciosos y a lo mejor a alguien le sirve.