Muerte del sueño americano

16/11/2017

Hace unas semanas escuché un buen programa de radio de la BBC que trataba sobre los orígenes de la idea del “sueño americano”. Estadounidense. La idea central es que tanto la expresión como el concepto son más modernos de lo que suele creerse. Muchos tienden a ubicarlo con George Washington cruzando el Delaware o en la colonización del Oeste pero es de los felices veinte.

Además de su periódo histórico en el programa discutían la esencia del concepto: si se trata de un sueño de libertad individual, de democracia, de trabajo, de condiciones de vida, de materialismo… También a quién está abierto ya que en gran medida ha sido un sueño “blanco” en el sentido de que ha estado limitado étnicamente.

A mí me parece que el concepto dentro de la cultura sociopolítica estadounidense da para mucho y no soy muy partidario de una definición cerrada y de libro de texto de propaganda como es la que dan a día de hoy en la página de referencia de casi todo el mundo:

The American Dream is a national ethos of the United States, the set of ideals (democracy, rights, liberty, opportunity and equality) in which freedom includes the opportunity for prosperity and success, as well as an upward social mobility for the family and children, achieved through hard work in a society with few barriers. In the definition of the American Dream by James Truslow Adams in 1931, “life should be better and richer and fuller for everyone, with opportunity for each according to ability or achievement” regardless of social class or circumstances of birth.  Library of Congress. American Memory. “What is the American Dream?”, lesson plan.

Será que yo no tengo que convencer a nadie de nada. Siempre fui muy escéptico con esto del “sueño americano”, aunque en general, habiendo vivido en el mundo anglo tantos años tiendo a ideas bastante más liberales que las de la mayoría de los hispanos. También es verdad que no soy lo que podría llamarse un liberal “puro”. No entiendo la dejación del Estado en sanidad ni me parece tolerable que la medicina se convierta en un negocio del que se pueda excluir a los que no tienen. En Estados Unidos hay mucha gente así y esto me parece parte de lo que convierte al sueño en pesadilla.

Hubo un día de hará unos cuatro años en que percibí el American Dream como un fraude mayor que todas las cosas y fue ojeando un informe del Credit Suisse sobre la riqueza en el mundo. Los EEUU eran uno de los países del mundo con mayor riqueza per cápita. En cambio si en lugar de mirar la media se miraba la mediana, resultaba que el español mediano (o sea, de los 46 millones de españoles el que esté en el puesto 23 millones si se ordena a todos por su riqueza) poséia bienes por valor de unos 70.000 dólares; mientras que el estadounidense mediano (de los 300 millones el que esté en el 150 millones o por ahí) tenía unos 50.000 dólares.

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Brooklyn y Enniscorthy

18/03/2017

Saoirse Ronan es bien mona

Me imagino que la razón de que uno de nuestros museos favoritos haya puesto hoy en su sala de proyecciones la película Brooklyn (2015) es que estamos en el fin de semana de San Patricio y está la ciudad llena de turistas, muchos de ellos de Norteamérica. Estos suelen sentirse halagados por las menciones a la conexión entre las dos orillas del Atlántico y hay bastante de papanatismo sumiso en la actitud isleña hacia la primera potencia mundial.

A mí me parece que el título de la película es un poco engañoso. Vale que querrían respetar el título dle libro, pero no es sólo que las escenas de Brooklyn estén rodadas en Montreal, es que creo que menos de la mitad de la película ocurre en Nueva York.

Enniscorthy es un pueblo por el que pasa el tren que yo tomaba cada mañana a las 8.36 y que acababa en el puerto de Rosslare. Yo me bajaba mucho antes, pero dado que tiene buena conexión desde Dublín debería acercarme algún fin de semana aunque sólo sea para echar un vistazo. De hecho tengo este plan hace meses y si acabo llevándolo a cabo pondré alguna foto aquí.

Diría que un tema importante de la peli es ese clásico de la emigración y la evolución en la mente del emigrante sobre su lugar en el mundo, cuando parte con la intención de volver y cómo luego se va dando cuenta de que su nuevo sitio es su sitio. La distancia, la tristeza de no estar con la familia en los momentos difíciles y todas esas cosas.

Pero el más importante de todos es la contraposición entre la mierda de mundo que era la Irlanda de los años cincuenta (y eso que el cura que hace algo más que dar misa está en Nueva York y es bueno). Era la isla verde y gris un agujero sin perspectivas en el que la injusticia campaba a sus anchas en la forma de personas siniestras que ejercían el poder de amargarle la vida a todos aquellos a quienes pudieran para mantener sus privilegios.

Hay en Irlanda una larga tradición de soltar vapor y reducir la presión social mediante la emigración, sistema que ha permitido que las clases potencialmente revolucionarias o reformistas acaben en Australia mientras aquí todo seguía más o menos igual. La contraposición entre la vida semirrural y opresiva del pueblucho que era Enniscorthy en los años cincuenta y el mundo grande y abierto que prometía Nueva York es uno de los temas centrales. Yo le habría puesto Adiós, Enniscorthy o De Enniscorthy a Brooklyn.

No es una gran película y es un poco larga para lo que cuenta, pero no sólo se deja ver sino que es emotiva además. La fotografía es más que decente. Hay que verla en versión original para disfrutar el choque de acentos.

Cuando se encendieron las luces me sorprendió que en entre el centenar de asistentes sólo hubiera tres varones. Ojalá sea una extraña coincidencia. Quisiera pensar que no hay límites de público para los filmes protagonizados por mujeres.


Lolita de Nabokov

23/01/2017
Portada de la edición de 1955

Portada de la edición de 1955

Creo que ya nos hemos curado de la gripe, pero aún sentimos la debilidad. Aunque hoy sí que tomamos la decisión sensata de salir de casa todavía ha quedado suficiente tiempo entre las cuatro paredes como para hacer alguna cosa más. La lectura del día: Lolita de Vladimir Nabokov, que es un libro que a mi modo de ver está sobrevalorado debido a consideraciones de orden moral.

En estos tiempos estamos curados de espanto y si la novela hubiera visto la luz del día como hija de un autor no consagrado y en este siglo seguramente habría llegado a poquísimo o a nada. Yo me he aburrido bastante, excepto por algún que otro juego de palabras y poco más. Hay veces que si no leo según que obra del tirón, la dejo y ya no vuelvo y esta era candidata. Seguramente tendría que haber comenzado al autor por La Defensa Luzhin (vi la peli). Tampoco es que la temática lo salve todo: de hecho, los problemas de ajedrez compuestos por Nabokov son del estilo de mate en X en un tablero plagado de piezas que no me interesan nada.

Ahora bien y volviendo a Lolita, hay algo muy admirable en escribir una novela en una lengua que no es la propia. Nabokov escribe un inglés impresionante, no en el sentido en que lo es el inglés de Steinbeck (que no sé si viene a cuento compararlos, pero es que a Steinbeck lo leí ayer) sino en un estilo mucho más profesoral y cosmopolita. Yo diría que no es un lenguaje natural, pero lo aprecia quien forma parte de esa capa cultural. No sé hasta qué punto se perdería elementos la tropa con la que uno suele tratar aquí en Anglolandia y que no sabe ni tres palabras en francés, pero creo que muchos sí.

El ejemplo que se suele poner de escritor destacado en inglés y que no era hablante nativo es el del polaco Joseph Conrad. He encontrado una lista en la que además de Nabokov aparecen otros como Chinua Achebe. Me preguntó si ha habido escritores destacados en lengua española que no hayan sido hablantes nativos. No me viene a la cabeza ningún nombre (si su primera lengua es otra lengua de España puntúa menos de la mitad, y lo mismo de aquellas lenguas de América que tienen un contacto intenso con la castellana: el Inca Garcilaso no sería un gran ejemplo).


De ratones y hombres

22/01/2017
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Portada (1937)

La gripe ha pegado fuerte este año. Llevamos seis días jodidos en casa. Entre semana lo llevo mejor porque yendo a la oficina se me olvida, pero este sábado además han bajado bastante las temperaturas invitando a la dudosa decisión de no salir en todo el día, que he aprovechado para la hibernación, la sopa y alguna lectura dispersa. Vida de ratón.

Y en un rato entre siestas y sin fijarme mucho he leído por encima Of Mice and Men, de Steinbeck, que es uno de esos clásicos de la literatura estadounidense del siglo XX. Literatura social, antihéroes, la Gran Depresión, el desencanto del sueño americano y tal. Se podrían decir muchas cosas del libro y al final la cuadrilla de siempre lo acaba criticando porque sale mucho la palabra nigger. A mí no es que me haya interesado mucho, pero sí que me deja con la idea de que a la mayor parte de la ficción le sobran páginas. Aquí se cuenta lo que se tiene que contar en un espacio razonable.

Tiene la obra algo en mi opinión muy admirable, que es la capacidad del autor para capturar en una grafía los giros dialectales y argóticos. Me piden a mí que escriba en el dialecto de mi provincia y apenas se me ocurre meter de vez en cuando (no siempre) algún condicional en el lugar de un subjuntivo y quitarle la d a algún participio.

Ligada con esta idea de buen hacer a la hora de constatar un registro lingüístico está la de que me resulta una obra que tiene que ser muy difícil de traducir a otros idiomas, o necesariamente puede haber una pérdida de matiz importante si se decide hacer caso omiso de estas cuestiones o incluso la versión final puede acabar resultando ridícula dependiendo de la decisión que se tome sobre cómo convertir esas variaciones sobre el habla estándar de la lengua A en variaciones sobre el habla estándar de la lengua B. Por poner un ejemplo de esto último: la versión doblada de la película El color púrpura, donde la negra sureña hablaba no sé si como los gitanos españoles o como exactamente quien.


Sylvia Plath atrapada en la campana

10/01/2017
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La 1ª edición y el nombre de pluma

Descubrí el nombre de Sylvia Plath hará década y media en uno de esos diccionarios de citas memorables que me interesaban mucho en aquel entonces por la razón de que me permitían asimilar la lengua inglesa en trozos digeribles. Los poetas tienen la ventaja de que porciones significativas de su obra quepan en estas compilaciones. Se la solía presentar como diarista y al ser convención que el año de nacimiento y el de la muerte aparezcan entre paréntesis tras el nombre, puede darme cuenta de que la moza había muerto joven. Supe luego que se había suicidado y siempre quedó en mí la idea de una Alejandra Pizarnik gringa, pero sin saber si era precisa, aproximada o totalmente carente de sentido.

He leído su novela The bell jar, que escribió con seudónimo y cuyo título es el nombre de la campana gigante de vídrio que se utiliza en los laboratorios. La lectura invita a pensar –post hoc ergo propter hoc- que hay suicidas que saben que lo serán con mucha anterioridad. La historia, que es cuasiautobiográfica, no me ha entusiasmado pero sí el estilo conciso y directo. Pueden entreverse algunos de los cambios sociales que transformaon la sociedad estadounidense entre la década de 1950 y la de 1960 y que comienzan y acaban en las mentes individuales de personas concretas.


Zen y motocicletas

06/01/2017
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Título que mola mucho

Hace unos cuantos años descubrí que en las secciones de clásicos modernos o literatura de culto de las varias librerías dublinesas que suelo visitar aparecía con frecuencia un título Zen and the Art of Motorcycle Maintenance – Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta que me provocaba un deseo irrefrenable de leerlo a ver en qué consistía. Luego he sabido que es más o menos una de esas lecturas habituales en el bachillerato anglosajón que no sé por qué razón no ha tenido el mismo éxito atravesando la frontera con el mundo hispano que otra literatura estadounidense del s. XX como El guardián entre el centeno y algunas más del mismo corte que se me ocurren.

Diría yo que la narración transcurre en dos niveles: Uno es en el mundo físico, un viaje en moto en plan road movie del autor y su hijo con unos amigos por sitios del noroeste de los EEUU haciendo parada en sitios de los que un españolito de provincias no habrá oído ni hablar. El otro es el universo de las pajas mentales. El importante es el segundo y a mi modo de ver el primero no aporta demasiado a la reflexión, más allá de que algunas circunstancias sirvan como pretexto para iniciar una línea de razonamiento determinada.

 

Pongamos un mapa

Pongamos un mapa

 La primera vez que oí la palabra zen tenía diecisiete años y aún no me he enterado bien de lo que es más allá de que tiene que ver con la meditación, ahora he llevado esto un paso más allá y tengo un nuevo concepto llamado metafísica de la cualidad para ignorar. En general creo que este libro puede omitirse si no se ha leído en la adolescencia o que una selección de frases que rumiar puede tener el mismo efecto sobre el aprendizaje. Eso cree al menos este mal lector de ficción.

Así pues, aquí dejo mi fragmento preferido traducido por mí mismo y que tiene bastante más que ver con lo que servidor entiende como realidad de las cosas que casi todo el resto del libro:

Hablar del gobierno y de ciertas instituciones consolidadas como de “el sistema” es hablar con propiedad ya que estas organizaciones se basan en las mismas relaciones conceptuales y estructurales que una motocicleta. La gente llega a una fábrica y realiza tareas sin sentido de ocho a cinco sin preguntarse por qué debido a que la estructura precisa que así sea. No hay villano, no hay malvado que quiera obligarles a vivir unas vidas sin sentido, tan sólo ocurre que la estructura -el sistema- lo requiere y nadie tiene la fuerza de voluntad necesaria para la formidable tarea de cambiar la estructura por la mera razón de que no tenga sentido. Destruir una fábrica, revolverse contra un gobierno o evitar las reparaciones de la motocicleta porque son el sistema es atacar a los efectos y no a las causas y mientras el ataque recaiga sólo sobre los efectos no habrá cambio posible. El auténtico sistema -el sistema real- es nuestra actual construcción de pensamiento sistemático en sí mismo, la racionalidad en sí misma. Y si se derriba una fábrica mientras que la racionalidad que la produjo permanece en pie entonces esa racionalidad producirá sin más una fábrica nueva. Si una revolución destruye un gobierno del sistema pero los patrones de pensamiento del sistema que crearon ese gobierno siguen intactos, los patrones se repetiran en el siguiente gobierno. Se habla mucho del sistema… y se entiende tan poco.

Y bueno, hemos vuelto a Platón y Aristóteles y hay mucha frase citable con la que estar de acuerdo y con la que discrepar. Me he enterado de qué quiere decir chautauqua y de que areté no es exactamente virtud y además se aproxima a dharma. La obra es de 1974 y en el postfacio de la edición del décimo anivesario que me tocó leer lamenté la muerte trágica del hijo. Del mismo modo la última línea me resultó cercana y nada metafísica y esa me encantó.


Sapiens

22/11/2016
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Portada

Hace unas semanas, leyendo a Dawkins, me quedé en algún momento con la duda de si el adjetivo “humano” debía entenderse como aplicado exclusivamente a nuestra especia o a todo el género homo. En esta breve historia de la Humanidad (que en español se ha subtitulado “de animales a dioses”) el autor israelí resuelve la ambigüedad llamándonos sapiens a secas a los humanos modernos.

Ahora me ha dado por buscar controversias cada vez que termino un libro. Así me he enterado de que el autor es vegano y homosexual. Lo primero se puede intuir a ratos en el texto y lo segundo diría yo que no. Es también de origen judío, quién sabe si de creencias. Tiene que haber mucha racionalidad en lo que está escrito para que me parezca razonable, ya que parto de postulados bastante alejados del veganismo judeogay. Si hay un modo de comprender la realidad que es común a todos, y lo hay y se llama ciencia, hay esperanza.

Me parece muy elegante la honradez de admitir que una parte muy importante de la prehistoria, la de qué pensaban los sapiens de sí mismos, no se puede conocer. Siempre me han indignado las teorías esotéricas de que si tal escultura es una diosa de la fertilidad y que si esta columna es de un templo que seguramente sería para un culto solar. La verdad es que no se puede saber y punto.

La caracterización de la agricultura como algo negativo para el sapiens en tanto que individuo a la vez que positivo para la especie (más densidad de población, pero individuos peor alimentados, con peor desarrollo y más vulnerables a enfermedades) es un elemento bien elaborado en el libro y que aún no ha calado en la conventional wisdom de la plebe. No sé cuánto tardará en llegar. Hay un gran detalle narrativo. No me habría sorprendido leer que del mismo modo que la abeja usa a la flor, la flor usa a la abeja; pero el relato de cómo el trigo explota al ser humano para extenderse por el planeta me ha fascinado.

Respecto a la revolución cognitiva y a lo que estamos viviendo en el 2016 de brexit y Trump, y lo que tienen de reacción no ya contra la modernidad sino contra la actualidad hay una idea que no aparece explícita pero que para mí viene a indicar que el regreso al nacionalismo es un rechazo a un mundo para el que no existe un relato más o menos coherente. La pluralidad de relatos de la postmodernidad o la negación de un relato único no sirve para quienes añoran la seguridad del pasado.

  • Caza-recolección  //  Mitología
  • Agricultura // Religión
  • Industria // Nacionalismo
  • Postindustria // ????

En otro orden de cosas, encontré una idea que llevaba conmigo mucho tiempo y que plasmé hace unos días, pero mejor escrita. Yo lo escribí a propósito de Colón pero lo había pensado muchas veces de los Estados Unidos y de la Iglesia Católica Romana, que son tan grandes que están más allá del bien y del mal, por tomar el título de Nietzsche. Puedo asegurar que no la he plagiado. No gano un céntimo ni ningún prestigio por escribir estas líneas.

Más cositas que me gustan, el experimento analítico de meter en una misma categoría a formas de ver el mundo como el cristianismo o el comunismo (la distinción entre religión e ideología es arbitraria ¿no?), la descripción de los méritos del politeísmo y las reflexiones sobre el mundo capitalista moderno y el consumismo.

No es que sea un gran libro, y no tengo demasiado interés en leer el posterior del mismo autor, pero vale la pena una lectura rápida para reflexionar sobre temas consabidos.