Multilingüismo

31/08/2014

 

Sin demasiado orden ni concierto quería dejar unas notas sobre multilingüismo con las ideas que me han quedado de un programa de radio de la BBC que he escuchado esta mañana.

Gustavo Pérez, poeta cubano de Miami, dice que es una persona diferente hablando español y hablando inglés. Es posible o al menos parece corresponderse con mis propias vivencias. Creo la mayor parte de los multilingües muestra una personalidad diferente en función de la lengua que hablan. Puede que sólo ofrezca una cara distinta de una personalidad poliédrica, también es posible que incluso siendo estrictamente la misma persona el modo en que esa forma de ser se recoge en una y otra cultura sea diferente. Mi compañera de trabajo mexicana parece muy agresiva cuando habla inglés y cuando habla castellano conmigo es pura dulzura. A mí me resulta mucho más complicado hablar de temas insustanciales en inglés que en español y supongo que pareceré más reservado. Por un lado esto conecta con la pura competencia en la lengua, pero por otro lado también con el dominio de registros sociales. En parte ser más callado y poner cara de póquer es una estrategia de cautela para errar menos. Curiosamente el cubano relacióna el idioma español con la tristeza y el inglés con la alegría, algo que se puede entender de un exiliado aunque me parece que para la mayor parte del mundo la asociación sería precisamente la inversa.

Antonella Sorace, que es una profesora de universidad italiana en Escocia dice que hay diversos mecanismos para adquirir lenguas en la infancia. Algunos son bastante conocidos como el “una persona, una lengua” (que cada persona se dirija al niño en un único idioma) y el utilizar una lengua sistemáticamente dependiendo del entorno (por ejemplo, la lengua minoritaria en casa y lengua dominante en la calle) pero en realidad esto no es tan importante ya que el multilingüismo se puede alcanzar de varias formas. Lo importante es que el niño tenga acceso a suficientes horas de exposición relevante e interacción real en cada una de las lenguas que va a aprender. Interacción real es una parte importante. Yo me considero monolingüe casi puro con la circunstancia de haber acabado siendo poliglota tardío. En este sentido mi infancia se caracterizó por la exposición no a lenguas sino a asignaturas y creo que muchos se identificarán con esto. Ni después de cuarenta años de fracasos los monolingües castellanohablantes del País Vasco que dicen a sus hijos palabras sueltas en vascuence entenderán esto de la exposición relevante y la interacción real.

Ellen Bialystok, profesora de psicología dice que el bilingüismo tiene ventajas para las funciones ejecutivas del cerebro pero que precisamente se manifiestan como desventajas a la hora de abordar tareas lingüísticas. La experiencia que tengo de esto es la misma que el cubano. Tengo la sensación de que ya nunca podré escribir “bien” en ningún idioma porque todo está mezclado en mi mente. A veces el ideal de pureza es tan elevadamente absurdo que me sorprendo de que en España no llamen zánganos a los drones o tomates de cereza a los cherry tomatos. Quizá un ejemplo numérico obvio es el de que un bilingüe puede conocer 50.000 palabras (25.000 en un idioma y 25.000 en otro) pero en cada idioma concreto parece tener menos vocabulario que un monolingüe con un vocabulario de 30.000 palabras. El trabajo de esta mujer está centrado en ver cómo envejece el cerebro y el efecto del multilingüismo contra el alzhéimer, posibilidades interesantes que también he oído mencionar al respecto del juego del ajedrez y otros ejercicios mentales como los crucigramas.

Respecto a los problemas lingüísticos que plantea el bilingüismo, uno muy típico es que la inmersión en una lengua reduzca la capacidad de expresión en la otra aunque sea la materna. Es algo sobre lo que he leído hace poco. Desde que llegué a Dublín me he ido encontrando con personajes hispánicos que me han contado diferentes grados de este caso. Yo nunca lo he sufrido de modo grave, salvo que a veces me cuesta encontrar una palabra que sé que existe en el diccionario mental y en las peores ocasiones desisto hasta verme asaltado por ella en el momento más impredecible. Ha habido personas que me han llegado a decir casi con orgullo que se les estaba olvidando el español. Encuentro francamente difícil admirar a alguien por olvidar su lengua, pero depediendo la consideración social que le merezcan la de origen y la de destino habrá quien vea en esta metamorfosis un camino hacia la belleza como el del gusano que se convierte en mariposa. En muchos contextos sociales el multilingüismo no ha tenido valor y la expectativa de todos era que el recien llegado se despojara de los modos antiguos y se convirtiera en algo nuevo y si el no lo conseguía que al menos la siguiente generación sí. Estoy pensado en los europeos que llegaban a EEUU a finales del XIX y principios del XX.

El resto de las experiencias las gestionamos como podemos. En mi caso con mucho diccionario y la obsesión de construir dos mundos mentales para dos idiomas, a veces es el recurso a cierta forma tolerable de espanglis, como considerar nombres propios los nombres de cosas que podrían ser traducidas y decirlos directamente en inglés en medio de conversaciones en español como se puede decir John sin decir Juan. Así hacemos mi compañera mexicana y yo cuando hablamos de las funciones de los programas informáticos que utilizamos. Si la traducción no es obvia y no hay masa crítica para sostener un estándar no vale la pena hacerla.

Si he oído bien, en el programa de radio ha pasado algo curioso, que es que el cubano ha dicho que en Miami existe la palabra nilingüe para definir al que no habla “ni español, ni inglés”. Luego una de las contertulias ha repetido el concepto, pero me parece que ha dicho “nihilinguism”. Nihilingüismo me parece un término bastante gracioso. Muy salado también el poema que recita y el concepto “Cuba de Rubik”.


Los chicos están bien

25/08/2014
Poster

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Hacía mucho tiempo que no veíamos una peli en casa y nos hemos puesto con ésta The Kids Are All Right, de 2010, que va de una pareja de lesbianas que se han inseminado por un mismo donante tiempo atrás y empieza en el momento en el que los muchachos, moza y mozo, tienen 18 y 15 años respectivamente y quieren contactar con su padre biológico. No estoy muy avezado en bioética y me pregunto cómo de posible será en el mundo real ir a buscar esperma de la misma botella tres años después, cosa que me parece complicada de averiguar porque las leyes y los principios morales van por países, regiones y barrios.

Que yo recuerde nunca he visto un filme en el que el lesbianismo sea un aspecto central y ahora puedo meter aquí un oh wait de esos como irónicos. La película contribuye a normalizar situaciones que sin duda se producen y con las que algunos no tenemos ningún contacto real. Entiendo también que la homosexualidad sea un fenómeno de diferentes implicaciones sociales en California  y en mi pueblo, donde adolecía de una estética especialmente difícil de presentar al gran público. Por otra parte, ni siquiera la proximidad altera prejuicios arraigados y menos aún opiniones políticas.

Al final es una película que se salva por el lesbianismo. Tiene un la sensación de haberla visto mil veces. La misma historia con un matrimonio adoptante es un bodrio ya visto mil veces. Muchas veces se queda uno con la sensación de que en Hollywood hacen las pelis con plantilla y con tópicos previsibles. Aquí lo primero se nota mucho lo primero en cómo el resto de protagonistas rota para maravillarse con el donante y lo segundo en cómo las sáficas están bien predispuestas a aceptar la homosexualidad del hijo y no tanto su búsqueda de las raíces.  Con todo, me parece que se deja ver más que la media. 6.5/10.


Curiosa señal

24/08/2014
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Peligro: torpedos en paracaídas

Después de dejar atrás Clontarf (que etimológicamente es el prado del toro) y tras cruzar el puente de madera llegamos a la isla taurina de North Bull Island. Un poco antes del final del espigón nos metemos en la artificial playa de Dollymount, donde encontramos esta curiosa señal.

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Al fondo la península de Howth

Habría sido difícil adivinar qué significaba si no estuviera escrito debajo y si los practicantes de kitesurf no hubieran estado a la vista.

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Jugando con la cometa en Dollymount Strand

El porqué de la palabra más germánica que es “strand” con respecto a “beach” lo ignoro, pero dicen los diccionarios que en Irlanda es sinónimo de orilla. Hay una zona de Dublín que está bastante cerca del centro y se sigue llamando The Strand. Su distancia de lo cual da una medida de la cantidad de terreno ganada por la ciudad al mar.


Moai dublinés

23/08/2014
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Hoy ha salido un día bastante bueno y hemos ido caminando desde el centro por los barrios de North Wall e East Wall hasta Clontarf, y de allí a la isla del toro y su playa y el espigón del norte que flanquea la entrada marítima a Dublín y tras regresar a tierra firme incluso más lejos, hasta el parque de santa Ana. Al principio de la singladura, en el antaño bélico y hogaño privilegiado Clontarf, barrio que yo pisaba mucho hace poco más de una década, nos ha sorprendido encontrarnos con un moai.

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Luego he visto que lleva ahí desde 2004 cuando no es que ya no frecuentara la zona sino que andaba incluso por países más llanos que este. Parece ser que es un regalo de la República de Chile a la Ciudad de Dublín. No sé si es competencia americana pero hay una estatua menos memorable ofrendada por los Estados Unidos Mexicanos en la playa de Sandymount. La razón de que en la placa diga “maoi” en vez de “moai” la ignoro por completo.

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Además de todos los moais que pude ver in situ en la isla de Pascua creo que este ya es el cuarto o quinto que he visto fuera de su entoro original. El anterior fue el año pasado en Barmouth (Gales), aunque aquel ni siquiera era de procedencia chilena. Creo que el moai dublinés no es auténtico rapanui de época, sino una producción moderno. Hasta donde recuerdo, la piedra rojiza de la que está hecho era la que utilizaban en la isla remota para hacer los tocados, impropiamente llamados sombreros, pero no para hacer parte antropomórfica de la estatua.

Ahora, por conectar ideas, unamos el nombre de la isla de Pascua al del levantamiento de Pascua, sin duda uno de los acontecimientos más destacados, si no el que más, en la historia de la capital irlandesa. También este lugar en el que se encuentra el moai fue escenario de la batalla de Clontarf entre vikingos y celtas, de la que este año se ha cumplido el milenario. La tradición indica que la batalla se produjo en el día de Viernes Santo, otro dato que une lo pascual con lo pascuense.

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Aunque ya no paso a menudo por Clontarf sí que lo he hecho unas cuantas veces en los últimos años. Es posible que incluso caminando por el paseo marítimo me haya pasado desapercibida tan colosal figura.


Pamplona, provincia de Santander

19/08/2014

Hace años una compañera de trabajo colombiana llevó a la oficina un libro de fotografías con las más destacadas bellezas naturales de Colombia. Hubo un pie de foto que nos hizo mucha gracia a una compañera andaluza y a mí. Tal como yo lo recuerdo decía “Pamplona (provincia de Santander)”, pero tras la comprobación que hecho hace unos minutos creo que puede que en realidad se tratase de “Pamplona (Norte de Santander)”.

Me he acordado de esto porque ahora otra amiga ha puesto en el Facebook una fotografía del “Monumento a la Santandereanidad” del Parque Nacional del Chicamocha. “Santandereanidad” me parece una palabra tan extraña e intuyo que el concepto que hay detrás ha de ser de un aldeanismo paleto que casi sorprende que no sea español. Se podría traer perfectamente a Europa si la antigua provincia de Santander no se hubiese dado un nombre con más ínfulas hace apenas una treintena de años. El monumento es un engendro que no me parece menos horroroso  y según leo, representa una hoja de tabaco, que no sólo es una droga malísima sino que también es “símbolo de la lucha comunera”. Bien.

 


Fort Augustus

18/08/2014

Hay un lugar en Escocia que se llama Fort Augustus y al que llegamos sin quererlo porque el camino más corto para llegar de Edimburgo a la isla de Skye estaba cortado y hubo que dar un rodeo hasta el lago Ness para llegar a destino. Una vez allí nos bajamos del coche y compramos helados. Como era junio estaba lleno de turistas y se dio la circunstancia de que había un barco bajando por las esclusas del canal de Caledonia. Si se mira en el mapa parece increíble que Escocia se pueda atravesar de este a oeste en barco, y se puede. El barco descendiendo al lago Ness es un pequeño espectáculo aunque el mecanismo hidráulico es de menor tamaño que el que vi en su día en Ottawa. Desde el lugar donde la carretera se cruza con el canal, que podría considerarse el centro de esta pequeña población de unos seiscientos habitantes, fuimos caminando hasta la orilla del lago, donde había una poca gente con lanchas y canoas. Del presunto monstruo ni rastro, como de costumbre, salvo una estatua de homenaje junto al canal.


La mirada del que vuelve

17/08/2014
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Portada

Ayer comentábamos La caravana avanza de İrfan Orga un escritor turco de los años cincuenta del siglo XX que llevaba años viviendo en Londres cuando vuelve a su país para visitar a su familia y hacer lo que hoy llamamos turismo. Me pareció interesante que a diferencia de la mayoría de relatos de viajes por el Oriente, escritos por occidentales, este libro está escrito por un turco oriundo que ha crecido en esa cultura pero que tiene la perspectiva de la de sus lectores británicos y por decirlo de algún modo se encuentra en tierra de nadie, que salvando las distancias es algo que nos suele ocurrir a los que vivimos en un país distinto del de nuestro pasaporte.

Me parece que esta distancia con la cultura de origen se va acrecentando con la edad y a su vez se llega a un punto en la que la distancia con la cultura de destino ya no se reduce. En general, la gente con la que me entiendo mejor son los otros europeos de mi generación que viven en un tercer país (con los españoles más aún) y de entre los irlandeses, con los que han vivido en el extranjero. La gente de la ciudad natal de uno va quedando lejos en el pasado, la barrera con la generación anterior -la de los padres- va aumentando también aunque creo que esta la cultiva uno desde la adolescencia para facilitar el convivir y qué decir de las nuevas generaciones, a las que los adultos llevan milenios incomprendiendo. Hace meses volví de vacaciones a casa de mis viejos e iba a poner unas líneas con unas fotos, pero luego me parecieron demasiado despectivas hacia el municipio y su población. Y eso que no lo eran tanto como las palabras con las que Orga describe el almuerzo en casa de su hermano en İzmir (Esmirna):

El almuerzo se servía en un balcón lleno de plantas en flor. Cuando empezábamos a comer y la charla se detenía me di cuenta que no tenía nada en común con ellos. Esto me hacía sentir a la vez incómodo y superior. La mayor parte del tiempo hablaban del pasado, supongo que en la creencia de que ello me agradaría. Resucitaban a los muertos o hablaban de personas a las que nunca llegué a conocer. A pesar de sus nociones de cultura general no sabían nada del mundo fuera de Turquía excepto lo que los estandartes al viento de sus periódicos les indicaban. Eran tan soberbiamente indiferentes a los acontecimientos del mundo y las conferencias internacionales como cualquier tribu de montaña. El poder de la bomba de hidrógeno les sobrepasaba.

A mí esto no me ocurre ya que mis dos países se encuentran en un estadio similar de civilización. Si acaso creo que es aquí en Irlanda donde me encuentro con personas más desinformadas y con las que acabo hablando del tiempo. Ignorancia hay en todas partes y si bien sería aconsejable reducirla tampoco creo que se pueda criticar demasiado a quien no tiene interés por los asuntos del mundo que no le conciernen. Eso sí, hay un tipo de ignorancia autosatisfecha que me parece especialmente despreciable: la necedad del nacionalista o del patriota que cree qne en un mundo (compuesto por doscientos países y seis mil lenguas aunque él ignore el dato) su propia cultura, o país o tribu es algo especial o más importante o de más valor o digno de respeto o mejor que cualquiera de las demás. Así porque sí. Por ejemplo, los funcionarios que Orga se encuentra en Afyon:

Me preguntaron exhaustivamente y depués de descubrir que había vivido en Londres cerca de diez años pasaron a un tono recriminante ¿Por qué no estaba viviendo en mi propio país? ¿Qué hacía para ganar dinero? ¿Creía el resto del mundo que Turquía iba bien? ¿Reconocían que era una nación moderna? Divagué. No tenía sentido explicar a estos severos funcionarios que al resto del mundo Turquía no le importaba una mierda, de cualquier manera no lo habrían creído. Su orgullo y su fe en sí mismos eran enormes. Uno me contó que había comprado un frigorífico para su mujer, el otro se jactaba de que pronto enviaría a su hijo a la Universidad de Ankara.

Los planteamientos de estos gañanes con gorra me recuerdan un poco a la historia de la radio que me contó mi compañera polaca el año pasado. Al menos en las estadísticas Irlanda es uno de los países más patrióticos de Europa occidental, pero aunque dicen mucho lo de proud to be Irish en general es un patrioterismo bastante pragmático y banal. Mi forma cínica de verlo es “ocho siglos luchando por la independencia para acabar teniendo envidia del NHS y de la BBC”. El aldeanismo que hay en la raíz es significativo, pero no muy diferente del que pueda haber en España donde por razones históricas y de mayor extensión territorial el mismo aldeanismo se expresa en diferentes visiones del “mundo”, pequeñas todas pero contrapuestas. En realidad el culchie irlandés y el paleto español son el mismo tipo, aunque al primero le guste más beber y al segundo comer.

Para ilustrar la diferencia entre el nivel de desarrollo del Reino Unido y de Turquía en la década de 1950 tomemos por ejemplo el fragmento en el que se habla de Muradköy un pueblecillo cercano a Muram. La mirada del que vuelve es diferente pero dentro del país también hay disparidad de miradas y opiniones:

Un joven que trabajaba su propia tierra me dijo que esperaba que no diera una falsa imagen de la vida campesina a mis amigos.
“Somos una nación progresista” dijo con orgullo y hemos hecho un largo recorrido en poco más de un cuarto de siglo. Hay gente a la que le gustaría creer que estamos tan atrasados como en tiempos de nuestros padres, pero no es así. Tenemos todo que queremos, gracias a Dios, y nos gustaría que todo el mundo lo supiera”.
Escupió con desprecio, enojado porque se le hubiera cuestionado.
Un hombre de mayor edad tenía una historia muy diferente que contar:
“Estamos igual que siempre” dijo “Sólo mandamos a nuestros hios a la escuela por miedo a los gendarmes. Se ha construido una nueva escuela y una mezquita, pero eso no pone pan en nuestros estómagos. El trabajo es duro y la vida es dura. Quien le diga que somos progresistas está mal de la cabeza. No puede juzgarnos viniendo aquí y haciendo un montón de preguntas tontas. Hace falta vivir entre nosotros, ver lo que tenemos para comer y cómo los niños se van a dormir con hambre en una noche de invierno. Eso le mostrará cuánto hemos cambiado. No se vaya con la idea de que sabe todo sobre la vida rural sólo por habernos visto un día de verano.”

Tras una descripción exhaustiva del pueblacho de casas de adobe, la dieta pobre del campesinado, los problemas sanitarios y de higiene y la influencia omnipresente de la religión que ni siquiera sirve para detener la deshonestidad, la infidelidad y el crimen; el maltrato de los animales y la consideración de la mujer como mera propiedad Orga llega a la siguiente conclusión:

Me parece que la occidentalización ha afectado al campesino sólo e que le ha dado maquinaria agrícola (que no pocas veces se queda en los campos oxidándose), escuelas, derechos y otras ventajas. Todas ellas son, sin duda, cosas exteriores. No dejan huella en el espíritu, que sigue siendo brutal, insensible y trágico. El conjunto de la vida rural en Anatolia es trágico. Uno sólo tiene que mirar a los ojos a los niños y a las mujeres que llevan tanto tiempo sufriendo. La vida parece una lucha inacabable contra la naturaleza o contra otros con más mundo que ellos y que les estafan continuamente. A pesar de todas las mejoras obvias la vida rural es dura y seguira siéndolo durante mucho tiempo, hasta que la propia gente empiece a apreciar la finura de vivir.

 Y esto es sólo en la llanura de Anatolia, antes de llegar al terreno montaño de los Tauros donde vive la gente ruda de verdad: los yürük que va a conocer como antropólogo aficionado. En resumen es un punto de vista con el que me he podido sentir identificado y del mismo modo que él se ve en el atraso de los campesinos turco, reflejado me veo yo en los problemas y circunstancias de mi país natal. Está muy bien eso que dice de que “no despreciamos ningún defecto que no tengamos”.


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